9. Un Capricornio para una amazona
Por alguna razón que desconocía, Shaina se había despertado de madrugada. Miró el reloj despertador de la mesilla y vio que eran las cinco y media.
Dándose media vuelta en la cama, terminó retirando la manta hacia atrás y se incorporó. Se había desvelado sin causa aparente, ya que cuando el día anterior llegó a su cabaña, se tumbó en la cama y se quedó frita al instante. Igual se había dormido demasiado pronto.
En cualquier caso, decidió darse una ducha rápida y ponerse la ropa nueva. Se sentía cómoda y a gusto con aquellos vaqueros azules claros, una camiseta blanca, y las botas marrones. La verdad es que era una ropa mucho más femenina que la que solía llevar. Sonrió al verse en el espejo de aquella manera antes de dar una vuelta completa.
Con ese aspecto más juvenil, fue a prepararse una taza de chocolate caliente, que metió en un termo. Después, recogió una pequeña manta de color lila y se la echó a los hombros. Cuando iba a salir de su cabaña, divisó la máscara de plata sobre una silla. Alargó la mano para recogerla, pero en última instancia, la dejó donde estaba.
Salió de la cabaña y caminó con la manta sobre los hombros y el termo en la mano. Aún estaba oscuro, pero el firmamento parecía que estaba diluyéndose poco a poco en el horizonte, y con ella, desapareciendo el brillo estelar.
Por unos instantes quiso subir los templos del Zodiaco, pero supuso que la gran mayoría de los inquilinos estarían durmiendo apaciblemente. Y seguramente muchos de los guardias nocturnos que supuestamente deberían vigilar los alrededores.
Shaina suspiró y apretó el termo contra su cuerpo. Ella no quería ser tan dura, pero un mundo de hombres, ¿qué era lo que debería hacer? ¿Mostrarse débil? ¿O fuerte?
Ella optó por la segunda opción, o eso creía. Si no hubiera endurecido su carácter, jamás hubiera logrado obtener el rango de plata. Y tampoco la hubieran elegido como líder de un escuadrón.
Pensó en que Shion era el único que valoraba su esfuerzo…
Entonces la italiana contó mentalmente. Si ella tenía dieciséis años cuando transcurrió la guerra interna, significaba que Saga tenía veintiocho. Con lo cual, se llevaban unos doce años de diferencia. Osea, que él tenía doce años cuando ella nació, y se supone que el caballero de Géminis asesinó a Shion cuando tenía quince.
—Yo era un bebé de apenas dos o tres años cuando usurpó el puesto de Patriarca…— musitó comprendiendo las palabras que Saga le había dicho.
Si ella consiguió la armadura de plata de Ofiuco cuando tenía once años, y ascendió a líder del grupo de caballero de plata con quince…
—Fue Saga quien confió en mí para hacer el trabajo— murmuró sorprendida—. No fue Shion…
La italiana se sentó sobre los restos de una columna derruida, abrigándose más con la manta y dando un sorbo al chocolate para entrar en calor.
El lubricán en el cielo comenzaba a iluminar todo tenuemente, con un tono rosáceo. El astro rey tardaría aún un rato en salir y ofrecer un amanecer completo. Pero si ayer contempló el ocaso, hoy tenía la posibilidad de contemplar el alba.
El atardecer supuso la quiebra de sus convicciones. Había estado sumida en una larga noche oscura, sin luna ni estrellas. Y ahora tenía ante sí una posibilidad de poder cambiar y demostrar a sus compañeros que ella podía ser mujer en un mundo de hombres, siendo ella misma.
Pensó que quizás su actitud de mostrarse tan inflexible y ruda se debía más bien a una coraza invisible, de protección. Y realmente la necesitaba, ya que en los meses previos al estallido de la guerra para derrocar al falso Patriarca, muchos de los guardias y soldados se mostraban muy altivos y ávidos de tener un buen contacto con algunas de aquellas mujeres.
Ella lo sabía. Y Marin también. Por eso ambas se cerraron en banda a cualquier atisbo de amor por parte de sus propios compañeros, pero más por protección ante aquellos soldados de manos excesivamente largas.
Afortunadamente, fueron aniquilados cuando los caballeros de bronce entraron en el Santuario. Muchos cayeron a manos de Jabu y el resto de jóvenes. Nunca fueron devueltos a la vida como el resto de caballeros. Sólo aquellos puros permanecieron vivos.
Entonces, ¿cómo era ella realmente? ¿Qué hubiera pasado si nada de aquello hubiera sucedido?
Sintió una mano posándose en su hombro derecho y a su lado se posicionó Cassios. La joven sonrió a su alumno.
—Buenos días— saludó ella, tomando un sorbo de chocolate—. ¿Qué haces aquí?
El gigante miró a su maestra unos segundos, para después desviar la mirada hacia el horizonte.
—Me desvelé y vine a dar una vuelta, me sorprende más que estés tú aquí despierta a estas horas, con lo que te gusta dormir.
Shaina dejó escapar una risa y se arrebujó en la manta.
—Tengo muchas movidas en la cabeza— musitó ella—, y no sé por dónde tirar. Todo lo que creía sobre mí, se ha hecho añicos y las dudas me atormentan.
—¿Sobre algún tema especial?— preguntó el griego—. Porque si hay algo en lo que pueda ayudarte…
Pero la italiana negó con la cabeza.
—Cassios, hay muchas preguntas que me planteo respecto a nosotros antes de que llegaran los caballeros de bronce— planteó ella—, ¿realmente somos tal y como somos porque realmente es así, o somos fruto de una serie de condiciones externas que nos afectaron al carácter?
El hombre se rascó la cabeza confundido con esas palabras.
—¿Quieres decir si éramos malas personas porque realmente somos así, o porque las condiciones en el Santuario eran las que nos obligaron a comportarnos de tal manera?
Shaina asintió, apurando lo que quedaba de chocolate en su termo, mientras observaba a su alumno pensando la respuesta.
Él giró la cabeza y miró a su maestra.
—Capricornio.
—¿Eh?— contestó ella ante aquella respuesta extraña—. ¿Qué quieres…?
Pero el muchacho simplemente repitió aquella palabra y se marchó, dejando a la amazona sola. Shaina desvió la mirada hacia los templos de oro y sus ojos pararon en el décimo templo, comprendiendo lo que su alumno quería indicarle. Pero a su vez, ella sintió que él sabía algo de su plan con Marin.
Con el sol lanzando sus rayos de luz, la muchacha se retiró de la columna y se dirigió de nuevo a su cabaña.
Arrojó la manta sobre la cama, dejó el termo en el fregadero y se dirigió a la mesa donde estaba el papel con el nombre de los caballeros de oro. Subrayó el nombre de Shura.
Al cabo de dos horas, sin esperar a que Marin irrumpiera como siempre, la italiana se dirigió rauda a las escaleras que daban a los templos de los caballeros de oro.
Mientras ascendía, pensaba en las consecuencias que todo aquel embrollo estaba generando en su ser. Si bien al principio quería cambiar para gustar a los hombres, poco a poco fue entendiendo que no debía cambiar para ellos sino para gustarse a sí misma. Y que para ello debería hurgar en heridas del pasado que probablemente le dolerían en lo más profundo del alma.
Cuando se paró frente al templo de Capricornio, dudó unos instantes. Seguramente aquella introspección podría tener no sólo consecuencias para ella, sino también para los demás.
El español abrió la puerta cuando escuchó los golpes de la amazona y la hizo pasar dentro.
—¿Estás ocupado?— preguntó ella antes de atreverse a adentrarse, pero él sacudió la cabeza.
—Iba a ponerme a forjar unas espadas para los guardas, ya que las hojas están, en muchos casos, rotas y dañadas.
Los caballeros de oro no sólo dedicaban su tiempo a proteger el Santuario o realizar misiones. Cada uno tenía una tarea asignada dentro del lugar, bien dedicado al estudio, a actividades físicas, o como en los casos de Mu y del propio Shura, reparación de armaduras y forja de armas para los soldados respectivamente.
Al igual que el caballero de Aries, el español tenía un taller en su templo, donde se encargaba de las protecciones de los guardias. Lanzas, escudos, yelmos, espadas…utensilios de guerra que no necesitaran energía cósmica para su reparación o creación. Porque de eso último sólo Mu podía encargarse.
Así pues, el caballero de Capricornio era conocido también como el herrero del Santuario. Y no era raro verle encerrado en su taller, forjando hojas de espadas realizadas en acero, aprendido en su infancia de los talleres toledanos más prestigiosos de la península Ibérica.
Quizás de ahí la frialdad de su mirada acerada, igual que el material que labraba día a día. Y el rostro serio, que rara vez esbozaba una sonrisa. Pero ante todo, Shura desprendía una nobleza y porte de hidalgo español. Otro hombre mediterráneo, tal y como le dijo Deathmask, pero que tenía diferencias con los italianos.
Parco en palabras, apenas giró la cabeza para preguntar a la joven por su presencia.
—Quería saber si tendrías un rato para mí— dijo ella, un poco acobardada por la compostura del caballero—, no será mucho, te lo prometo.
Shura volvió el rostro y callado, permitió a la joven seguirle hasta su taller, donde reposaban las armas en las que se hallaba actualmente trabajando.
—Tienes media hora, porque como ves, tengo mucho trabajo que hacer— informó el español, cogiendo entre sus manos la hoja de una espada sin pulir.
Shaina tragó saliva. No sabía por dónde empezar y se sentía incómoda. Por alguna razón sentía que estaba importunando al caballero de Capricornio, sin embargo él fue en todo momento correcto con ella.
Cassios había apuntado a él como el que le daría respuestas a sus preguntas, pero no sabía qué hacer al respecto.
—Shura— tanteó ella—, ¿tú has amado alguna vez a alguien?
El hombre permaneció en silencio, permanecía absorto observando la hoja. Cerró los párpados antes de responder.
—¿Por qué quieres saber eso?— preguntó de vuelta.
—Bueno— comenzó ella, intuyendo cierto cooperativismo por parte del español—, como ambos hemos sido traidores del Santuario, pues ando preguntando a los compañeros cosas sobre mi persona. Y es que tengo la sensación de que muchos de nosotros no sabemos qué es el amor y por ello hacemos cosas que no deberíamos o que no están bien vistas y por eso…
Shura se giró y miró a la muchacha. El ceño fruncido indicó a la joven que no iba por buen camino.
—¿Y de veras crees que puedo ayudarte?— cortó él—. O más bien, que quiera hacerlo.
—No— tartamudeó ella—, no, claro que no. Solamente preguntaba pero si no quieres no pasa nada…
—Shaina, no te hagas la inocente conmigo— musitó él, dándose la vuelta y cogiendo una espada terminada, dando unos mandobles en el aire, hasta depositar la hoja en el cuello de la muchacha—. Te conozco desde que eras muy pequeña y todos nos hemos criado en el Santuario. Incluido Seiya. ¿Por qué él decidió tomar partido por la verdadera Atenea y nosotros por Saga? Responde.
La piernas de la muchacha temblaban. Sabía la razón. Pero darse cuenta de ello le estaba empezando a doler más de lo que esperaba. Sintió que Shura apretaba más la hoja de la espada contra su cuello.
—Contesta sin miedo— pidió él, retirando la espada y colocándola en su lugar.
—Porque él quiso hacerlo— respondió ella, con la respiración entrecortada—. Él entrenó con nosotros, con Marin. Pero una vez consiguió la armadura de Pegaso se marchó del Santuario. Él podía haberse negado a seguir a la verdadera Atenea y haberse quedado con nosotros.
—Pero no lo hizo— dijo Shura, apoyándose sobre el yunque—. ¿Y sabes por qué no? Porque tenía otros intereses, que era encontrar a su hermana Seika. Porque Marin le enseñó bien. A saber distinguir entre el bien y el mal. Y no solo eso, sino a elegir siempre hacer el bien.
—¿Qué pretendes decir con eso?— preguntó la amazona, cruzándose de brazos—. ¿Que sabíamos distinguir entre el bien y el mal y no quisimos hacerlo?
El caballero de Capricornio sonrió socarronamente.
—¿Te sorprende tanto bucear en tu lado oscuro, Shaina?— dijo él mirando a la muchacha—. El pasado nos pesa a todos, de una manera u otra. Tratar de ocultarlo, tratar de hacer creer que todo está bien y que lo que hiciste entonces fue fruto del azar, sería negar las evidencias. ¿Hago un repaso a las bajas que causaste con tu escuadrón? ¿Eh? No por nada Saga te ascendió al rango de plata, sino por tu crueldad.
Aquel ataque enfureció a la muchacha quien se puso inmediatamente a la defensiva.
—¡Eso no es cierto!— exclamó airada—. ¡Lo hice porque se me ordenaba hacerlo! ¡Yo no quería!
Shura comenzó a reírse.
—¡Claro que no!— dijo volviendo a componer su rictus serio—. Sólo obedecías órdenes, como Misty, como Deathmask, como Afrodita…o como yo.
—Tú mataste a Aioros— espetó la joven—, por orden de Saga.
—Un pretexto para salvar mi conciencia Shaina— respondió secamente—, pero todos y te incluyo, hemos seguido a Saga por convicción, sabiendo que lo que nos pedía no era del todo lógico en un Sumo Sacerdote, que igual eran medidas extremas exterminar a niños como hiciste o como yo de matar a Aioros, ese fue nuestro pecado. Saber que lo que hacíamos estaba mal y libremente lo ejecutábamos.
—Yo no era así— cortó ella, dándose la vuelta y saliendo del taller y del templo de Capricornio—. Yo no era así…
Dolor y rabia. No quería creer las palabras de Shura. Simplemente no podía. ¿Cómo iba a aceptar que ella, ahora que era una ardiente defensora del Santuario y de Atenea, que había ayudado a Seiya cuando se dio cuenta de que estaba enamorada de él, que se había enfrentado a un dios y había liderado los ataques frente a la invasión de espectros en el Santuario…que en el pasado fue una traidora cruel y sanguinaria?
Aquello era inaceptable. Una mancha demasiado oscura en su currículum como para poder borrarla sin más. Temor. Es lo que sentían sus compañeros cuando la veían. Por eso huían de ella. Porque ellos tenían una visión más objetiva de su comportamiento.
Shura salió de su templo, viendo a la joven saltando las escaleras a un ritmo frenético. La mirada acerada se recreó en aquel momento. Si la joven no iba a ser capaz de reconocer su pasado, poco podría cambiar en su presente.
Él, más que nadie, sabía el dolor que sufría la muchacha. Debido a ello, sus ojos se humedecieron.
NOTAS:
Muchas gracias a todos los que habéis leído el anterior capítulo. Espero que haya sido de vuestro agrado y que os siga gustando este fic.
Sslove: Un poco de las dos cosas. Demasiadas emociones a la vez, necesita ir una por una. Vaya, menudo tortazo debiste llevarte…espero que no fuera muy grave. Muchas gracias por tus palabras y espero que este capítulo te haya gustado.
Leonor: Intento publicar dos capítulos por semana, pero si estoy muy ocupada tengo que cambiar la rutina. Gracias por el comentario y por leer el fic, espero que sea de tu agrado.
Yunmari: nunca deseo ni he deseado tales males a nadie, especialmente por lo que implica y por lo que me toca ese tema de cerca. Y no, no va por orden zodiacal, voy colocándolos en función de la historia, ya que viene de otro fic. Gracias por tu review y espero que te guste este nuevo capítulo.
¡Nos vemos en el siguiente capítulo! ¡Feliz semana a todos!
