13. Un Escorpio para una amazona
Shaina llevaba despierta una hora desde que una pesadilla donde miles de escorpiones cubrían su cuerpo la había hecho levantarse de un salto de la cama.
Respiró aliviada cuando encendió la luz y pudo comprobar que no había rastro de ningún arácnido por su cabaña, pero el sudor que la empapaba era demasiado agobiante como para continuar durmiendo y decidió darse una ducha en plena madrugada.
Bajo el agua caliente y con el aroma a vainilla del gel de ducha, la muchacha repasó todo lo acontecido durante todos los días que había quedado con cada uno de los caballeros de oro.
Todos, a su manera, le habían mostrado sus puntos débiles, algo que ella no esperaba. El plan no era exactamente eso.
Vertió en su mano un poco de champú y comenzó a masajear la cabeza en círculos.
No. Desde luego que ese no era el plan que había pensado junto a Marin. Ella esperaba, quizás un halago a sus virtudes, cómo seducir a los hombres, trucos para hacerse sentir deseada…sin embargo todos fueron directos a darle palos a su personalidad.
Ahora bien, ella también había descubierto cosas de los caballeros de oro que la dejaron bastante asombrada. Pero ese era un tema que trataría cuando llamara a todos para aclararles ciertos puntos. Hasta ahora, ella había aguantado el chaparrón como pudo, unas veces mejor, otras peor. Pero ella también estaba en su derecho de dedicarles unas palabras.
Mientras se aclaraba el jabón, Shaina pensó en su situación dentro del Santuario a partir de entonces. Las cosas irremediablemente iban a cambiar. Al menos en ciertos aspectos. Se había fijado en cómo Marin trataba a sus subordinados y como ella lo hacía. Esas diferencias eran las que hacían que se decantaran antes por la japonesa que por ella.
Apoyó la frente contra la pared de baldosas mientras el agua seguía escurriéndose. Cerró los ojos y metió la cabeza bajo el grifo de la ducha. Sí. Definitivamente si quería recuperar a Jabu, tendría que tratarle de otra manera.
Tenía que recuperarle, a cualquier precio. No era tanto que apreciaba al chaval, sino que la disputa con Milo era lo que la empujaba a querer recuperarlo.
Entonces abrió los ojos súbitamente. Sacudió la cabeza y cerró el grifo de agua caliente. Se quedó unos segundos de pie, desnuda sobre el plato de ducha y con la nube de vapor de agua alrededor.
Se mordió el labio inferior y miró sus manos. Su cuerpo entero se estremeció con un escalofrío.
—¿Será que lo de Jabu es una mera excusa?— se preguntó, para acto seguido sacudirse de encima ciertos pensamientos.
Alargó la mano y cogió la toalla rosa para comenzar a secar su cuerpo con suavidad. Recordó los momentos recientes vividos en el Santuario. Cuando Milo se hizo pasar por Patriarca y fue a bañarse a la terma sagrada para aliviar los picores que le daba la túnica, estando con Shaina y él la arrojó al agua para evitar que nadie la viera, apretándola contra su cuerpo. Recordó cuánto disfrutaba poniendo contra las cuerdas al caballero de Escorpio mientras era vigilado para que fuera enviado a cabo Sunión y de cómo el hombre seguía el juego. O aquella conversación en la celda, donde Milo le abrió los ojos respecto a Seiya. O la vez que la rescató de morir ahogada. Incluso se revolvió incómoda al recordar el momento en que vio al griego abrazando a la nereida Tethys.
—Si con alguien he sido injusta ha sido precisamente contigo…— musitó la joven, mientras se vestía de nuevo.
Aceptar aquello fue clave. Momentáneamente sintió su cuerpo más ligero. Debía demasiado al caballero de Escorpio como para ignorarlo de aquella manera. Y pensó de nuevo en Jabu, en que quizás era él quien pagaba los platos rotos del enfrentamiento entre dos supuestos adultos.
Shaina se apretó el puente de la nariz y suspiró. No por nada su intuición de dejar al caballero de Escorpio para el final había sido una gran idea. Él despertó las dudas en ella, él debía despejarlas por completo.
Así pues, decidió dormir un poco más hasta que amaneciera. Sabía que él marcharía aquella noche.
Cuando el alba despuntó en el horizonte, la italiana ya estaba preparándose un suculento desayuno, con zumo, leche, pan tostado y mantequilla.
El día iba a ser largo y duro, especialmente en lo que se refería a emociones, pero estaba preparada.
Quería ser ella misma, pero una versión mejorada. Con cambios en aquellos aspectos que consideraba fuera de lugar. Pero siendo fiel a sí misma y sus ideas.
Cuando salía por la puerta, vio llegar a Marin, quien la saludó agitando la mano.
—¿Tan temprano y ya despierta?— preguntó la japonesa.
—Duchada y desayunada también— añadió la amazona de Ofiuco.
—¿Vas a ir a ver a Milo ahora?— disparó su amiga.
La italiana asintió con una sonrisa, gesto que no pasó desapercibido para ella.
—Por cierto, cuando termine de hablar con él, acude al templo del Patriarca, ¿de acuerdo? Quiero que estéis todos presentes, incluido Cassios.
Nada más decir esto, Shaina se alejó de allí directa a las escaleras de los templos de oro.
Marin se quedó de brazos cruzados y sonrió tras la máscara.
—¡Buenos días Mu!— saludó la joven al cruzarse con el caballero de Aries, de los más madrugadores, quien devolvió el saludo con una sonrisa.
Escuchó los ronquidos de Aldebarán al pasar por el segundo templo y un silencio sepulcral proveniente de Géminis, que lo cruzó rápidamente.
Al llegar a Cáncer, supuso que su compatriota estaría durmiendo la resaca y que Aioria estaría durmiendo seguramente en el suelo, ya que según Marin, solía caerse de la cama mientras dormía.
Shaka estaba despierto, podía percibir su cosmos protegiendo el Santuario al igual que el de Dohko que estallaba en lozanía.
Finalmente llegó ante la puerta del octavo templo. Shaina inspiró y se adentró entre las columnas hasta pararse frente a la puerta.
Agarró la aldaba con forma de escorpión y antes de que pudiera golpear, la puerta se abrió.
—Buenos días Shun— saludó el caballero guardián—… ah no, que tienes algo de tetas, entonces buenos días Shaina.
La joven alzó una ceja y estuvo a punto de responder una bordería pero decidió contar hasta tres.
—Ya le gustaría a Shun tener mis pechos, para tener algo que rellenar en su armadura.
La respuesta provocó que Milo estallara en carcajadas e hizo pasar a la amazona al interior de su templo.
—¿Cómo sabías que venía?— preguntó ella, olisqueando el aroma a chocolate caliente—. Tenía entendido que sueles dormir hasta tarde…
—Porque estaba espiándote por la mirilla— respondió el caballero de Escorpio, dando vueltas a la cacerola donde estaba fundiendo el chocolate con un poco de leche—. Es coña, es que he dormido mal esta noche y he terminado levantándome antes de lo normal. Y como sentí tu cosmos, supuse que vendrías a torturarme como al resto de mis compañeros, tal y como has ido haciendo durante estos días.
—¡No he torturado a nadie, listo!— exclamó ella, comenzando a perder los nervios—. ¿Y por qué has dormido mal?
Milo alzó la cabeza del cazo sin dejar de remover el contenido.
—Los nervios— respondió—. Esta noche me marcho con Camus a una misión y siempre me pongo algo nervioso, no puedo evitarlo. Quizás la excitación del viaje o que tengo miedo a olvidarme algo importante antes de partir.
—¿Y no tienes miedo a no volver?— preguntó la italiana, mirando con deseo los croissants que reposaban en un plato.
—No, es algo que tenemos que tener asumido siempre que salimos de expedición, no tengo miedo a morir— respondió el griego como si fuera lo más normal del mundo—. Coge un croissant si quieres, no te prives.
Nada más decirlo, la muchacha lo agarró con las manos y comenzó a devorarlo con ansia. A pesar de haber desayunado hacía una hora y media, tenía hambre canina.
El griego se dirigió a un armario y sacó un par de tazas, donde comenzó a verter el chocolate recién hecho, tendiéndole una a la amazona.
—Pero tú no estás aquí para acompañarme en el desayuno, ¿verdad?— preguntó Milo, cogiendo un trozo de otro croissant y sumergiéndolo en el chocolate.
Ella terminó de tragar y dio un trago a su taza.
—No.
—Y tampoco para despedirte de mí— prosiguió el griego fijando sus ojos turquesas en los verdes de la muchacha.
La amazona se agitó incómoda en la silla. A pesar de llevar la máscara, podía sentir como si los ojos del hombre pudieran atravesar el metal. Antes, evitaba a toda costa mirarle a los ojos, como si de la misma Gorgona Medusa se tratase, ya que la máscara se lo permitía. Pero ahora no parecía funcionar y su cuerpo se petrificaba ante la clara mirada del caballero de Escorpio.
Una sonrisa de medio lado desconcertó aún más a la joven, que permanecía rígida y sin saber qué contestar.
—Pues no es que viniera a despedirme de ti, que ojalá tardes en regresar así me libro de ti una temporada— soltó tranquilamente—, pero sí a preguntarte una cosa.
—Dispara— pidió el griego.
—¿Por qué me has hecho esto?
Milo frunció el ceño y torció los labios.
—¿Esto? ¿El qué esto?— preguntó extrañado.
La amazona depositó el croissant a medio comer sobre el plato.
—¿Cómo que el qué?— bufó molesta—. Ves, es que lo que me jode de ti es que te hagas el loco con estas cosas. Cuando trato de conversar contigo de manera civilizada siempre terminas volviéndome loca.
El caballero de Escorpio compuso un gesto aún más contrariado, no entendía a qué se refería la amazona.
—En serio Shaina, es que no sé a qué demonios te estás refiriendo, habla claro.
—¡Pues…pues…!— dijo titubeando—. ¡ A ti y a mi! ¡A nosotros!
Sin comprender del todo lo que ella quería preguntar, Milo miró primero a la derecha y después a la izquierda.
—A ti, a mí, a nosotros…¿qué?
Entonces ella sintió que su cuerpo se encendía súbitamente.
—¡Que qué pasa con nosotros!
—¿Qué va a pasar?— preguntó él—. Nada, has venido aquí, se supone que a preguntarme movidas pero si no aclaras tus ideas, poco puedo hacer.
La amazona entonces comenzó a llorar. Milo resopló y sacudió la cabeza, retirando los restos de comida y las tazas. Esperó unos minutos hasta que percibió que Shaina comenzaba a serenarse e indicándole un sofá, invitó a la joven a sentarse, frente a frente.
—Ordena tus ideas y ya está— aconsejó el griego—. Tranquilízate, todavía no me ha dado por comerme a nadie, no tengo intención de volverme un caníbal. ¿Mejor ahora?
Shaina tomó aire y tosió un par de veces. Desvió la mirada al suelo y no levantó la cabeza.
—Eh, que no tengo todo el día— dijo Milo llamando su atención al chasquear sus dedos—, si quieres preguntarme algo, dímelo ahora para poder contestarte. Si no te sientes bien, entonces cuando regrese hablamos.
—Tú sabes lo que he estado haciendo estos días con tus compañeros— musitó la joven, a lo que el caballero asintió—. Desde que hablamos en cabo Sunión, no he parado de darle vueltas desde entonces…
Milo se recostó en el sofá y suspiró.
—Y por eso has estado preguntando a mis compañeros sobre temas sentimentales y demás…
—Sí— respondió ella—. Tú sembraste esas dudas en mi, por eso tienes que cerrar la herida que abriste.
—Mis poderes de sanación se limitan a heridas físicas, no a las psíquicas— contestó el caballero de Escorpio—. No puedo ayudarte.
—¡Sí puedes pero no quieres!— espetó ella, recobrando la compostura.
—¿Me estás diciendo que sería tan cruel de no querer ayudarte aunque pudiera?— gruñó el griego—. Venga por favor…
Shaina se quedó callada mirando al hombre. Después desvió la mirada hacia el suelo.
—No tengo derecho pero de verdad necesito tu ayuda— pidió ella—, te lo pido por favor.
El hombre se incorporó del sofá y se dirigió al ventanal del salón. Observó a la gente del Santuario ir y venir, hasta que su mirada se centró en el reflejo de la muchacha sentada en el sofá.
—Shaina— dijo sin volverse—, no puedo ayudarte en esto, y es mi última palabra. Pero— dijo alzando una mano al percibir que ella iba a decir algo—, te diré un par de cosas, por si te sirven. Lo primero de todo, tienes que aprender a ser más independiente y valorar los problemas tú sola, según tus principios. Me consta que poco a poco has ido entrando en razón y has cambiado actitudes que poco o nada te beneficiaban de cara a los demás.
—¿Por ejemplo?— preguntó la italiana, cruzando las piernas y los brazos, mientras se recolocaba para escuchar atentamente.
—Bueno— respondió él, ladeando un poco la cabeza—, de momento no me has insultado, has entrado civilizadamente en mi templo, incluso te has reído con una broma que te hice.
—¿Y qué esperaba que hiciera?— preguntó de nuevo.
Milo sonrió divertido.
—¿En serio quieres que te explique la situación que se hubiera vivido aquí si no hubieras cambiado?
—Pues sí, a ver listo, suéltalo— exigió la joven con cierto sarcasmo.
—Para empezar, te hubiera escuchado venir con un cosmos violento, esta vez estaba sosegado. Después— dijo mostrando dos dedos a la joven—, hubieras aporreado mi puerta a base de puñetazos y patadas, acompañados de una retahíla de insultos en italiano y griego, entre los que destacarían "hijo de puta", "cabrón", "escorpión mugriento", "imbécil", "creído" y un largo etcétera.
La amazona frunció el ceño y murmuró un "yo no soy así".
—Sí, hija— espetó el caballero de Escorpio—, sí has hecho esto que he relatado y no una vez sino miles. Pero sigo, porque claro, a nadie le gusta que vengan a la puerta de tu casa a insultarle, ¿verdad?— dijo girándose del todo y apoyándose contra la ventana, esperando un gesto de la amazona, quien negó con la cabeza—. Pues obviamente nunca bajo a abrirte de primeras porque siempre espero a que te calmes, pero como nunca terminas, acabo abriendo sólo para evitar que tires la puerta abajo. Te invito a que veas el estado en el que actualmente está, y esto es culpa exclusivamente tuya.
A continuación se dirigió a la puerta en cuestión y la abrió. Shaina se levantó del sofá y miró donde el caballero de Escorpio señalaba.
—Ahí, marcas de tus tacones al dar coces…ahí arriba sueles golpear con los puños— mostró las hendiduras y trozos astillados de la puerta—. Fíjate, ahí un día te dedicaste a arañarla, que no sé cómo narices no se te rompieron las uñas. ¿Y tienes idea de cuántas aldabas con forma de escorpión he pedido que me reparasen? Salvo una que fue culpa de Aldebarán, que lo arrancó de cuajo porque ya estaba suelto…pero estaba suelto ¿por acción de quién?— preguntó mirando a la joven, quien se ruborizó ante las pruebas que le había mostrado su compañero, quien cerró la puerta y se sentó en el sofá, junto a la joven.
—Lo siento, si quieres pido a Mu que te la repare y los gastos van a mi cuenta— musitó avergonzada.
—Eso me da igual— respondió él—. Lo que no quiero es que se repita ese comportamiento tan agresivo, que además…no sé por qué…entendería que fuera por lo de Jabu, pero es que esto ya lo has hecho en anteriores ocasiones. ¿Por qué? ¿Por qué me detestas tanto? ¿Qué te he hecho?
Shaina comenzó a temblar y se revolvió incómoda en el sofá, tener tan cerca al caballero de Escorpio la estaba desequilibrando de nuevo.
—Quitarme a Jabu— contestó con vehemencia.
—¿Sólo por eso?— exclamó el griego—. ¡Pero Shaina, a ver si te enteras que fue él quien quiso cambiar de batallón, no sólo por todas las barbaridades que has hecho sufrir al chaval sino porque él quiere ver mundo! ¿Vas a anteponer tus deseos solo por capricho, a costa de su felicidad y salud mental? ¿Acaso otros caballeros no puede realizar su labor igualmente?
Ya no sabía qué contestar, se sentía acorralada.
—No lo sé— titubeó aún más nerviosa.
—Sí lo sabes— contestó él—, y sé perfectamente que Jabu está pagando por mi culpa. Esto es un chantaje en toda regla Shaina. Si dejo a Jabu contigo, me sentiré mal porque sé que no estaría a gusto contigo. Y si le libero de tu influencia, no paras de atosigarle y de paso me atosigas a mí. Basta de todo esto Shaina, te lo pido por favor. He intentado escucharte, aclararte las dudas, de que entiendas que no puedes ir por ahí imponiendo tu criterio y condenando a quien no acepta tus propuestas. Libera a Jabu de una vez, sabes de sobra que no es imprescindible para ti. Esto lo haces para fastidiarme, ni más ni menos. O para llamar mi atención.
Sintió un escalofrío recorriendo su columna. Abrió los ojos y miró al hombre, quien se mesaba el cabello y ahora tenía la cabeza ladeada hacia el lado contrario donde estaba ella.
—Milo, yo…— balbuceó—, lo siento.
—¿Qué sientes?— preguntó el caballero de Escorpio volviendo la cabeza.
—Todo esto…yo no pensaba que…te estuviera haciendo tanto daño— consiguió soltar rápidamente. El nudo iba deshaciéndose lentamente, permitiéndola respirar.
—¿Vas a seguir con el tema de Jabu o vas a parar ya de una vez?— preguntó él, mirándola a los ojos.
—Te juro que pararé— dijo ella aguantando la incisiva mirada de Milo—, no volveré a molestarte ni a ti ni a él. Entiendo tu postura y sé que no me he portado bien.
—Perfecto — dijo el griego esbozando una sonrisa—, bueno voy a ir preparando mi maleta que esta noche me marcho— prosiguió levantándose del sofá, pero sintió que Shaina le cogía de la mano, por lo que volvió a sentarse—. ¿Qué pasa ahora?
—¿Puedo hacerte unas preguntas?— pidió ella.
Milo observó el reloj de la pared y aceptó, viendo que aún tenía un poco de tiempo.
—Después de hablar con todos vosotros, me habéis ido dando consejos de todo tipo. Algunos los he tenido en cuenta, otros me han mostrado una cara de mi ser que no sabía que existía…he ido aprendiendo. Incluso de aquellos que nunca pensé que me enseñarían nada bueno— dijo rememorando la conversación con su compatriota—, pero ante todo, quería agradecerte que me dieras ese empujón en cabo Sunión, ya que fue una de las razones que me incitaron a realizar este experimento.
—¿Puedo preguntarte yo algo?— pidió el griego, a lo que la amazona asintió—. ¿Cuál es la razón principal? Porque me parece bien que quisieras someterte a nuestros escrutinios, pero me da que también buscabas algo más, ¿me equivoco?
—No, no te equivocas— respondió ella—, la razón principal era muy tonta, ahora que me paro a pensar más detenidamente…
—Dímela— incitó el caballero de Escorpio—, porque me imagino cuál es.
—Entonces dila tú y te digo si sí o si no— dijo la muchacha, pensando en que jamás lo adivinaría.
—Que buscabas la manera de atraer a los hombres porque quieres tener pareja.
La joven empalideció y se separó del hombre.
—¿Cómo?— preguntó ella asustada.
—Bueno— respondió él—, cuando estuvimos en las ruinas del Titanic, recogiste un guardapelo con una inscirpción, ¿te acuerdas?
—Sí.
—Pues solamente ver tus ojos me indicaron que tu hubieras deseado eso para ti— dijo él suavemente—, igual que te celas cuando ves a una pareja besarse en público, que siempre gruñes diciendo que eso deberían hacerlo en la intimidad, cuando realmente lo que te pasa es que tienes envidia de esa pareja feliz, porque tú quisieras que un hombre hiciera eso contigo.
Justo en el corazón. Milo había resumido en una frase aquello que siempre había temido decir en voz alta. Aquello que solamente en confidencia sabía Marin, pero no hasta qué punto lo ansiaba tanto.
La amazona se incorporó del sofá tambaleándose, respirando con dificultad.
—Milo…¿crees que algún día yo…?
El hombre se levantó del sofá y se acercó a ella, colocando una mano sobre su hombro.
—Sí— murmuró—, ahora sí. Para que te amen, tienes que saber amar y proyectarlo hacia fuera. Y tú— dijo cogiéndola de la barbilla—, ahora estás preparada para poder amar y ser amada. No te tortures más, que al fin ha salido la verdadera Shaina, no tengas miedo.
Ella se pegó al cuerpo de Milo y comenzó a llorar, mientras él la sujetaba entre sus brazos, dándole tiempo para desahogarse.
El nudo interior que tanto la bloqueaba se había deshecho completamente. Ya no lo sentía por ningún lado.
—Venga, venga— dijo él palmeando la espalda de la joven—, ya está, ya pasó. Si es que eres una niña pequeña…
Shaina alzó la mirada llorosa y musitó un casi inaudible "¡que no soy una niña!". Se limpió las lágrimas y se quedó unos segundos abrazada a Milo, quien finalmente se deshizo del abrazo, alegando que tenía mucho que hacer antes de partir.
—¿No vas a venir a la reunión?—preguntó la italiana—. Tenía pensando hablar con todos junto al Patriarca.
—Mucho me temo que no va a ser posible— informó el griego—. Se está haciendo tarde y no creo que Camus tarde mucho en venir a presionarme para que apure con la maleta. En cuanto termine, seguramente partiremos.
Shaina se quedó un poco apenada y Milo la acompañó hasta la puerta para abrirla e invitando a la muchacha a despedirse.
—Ahí viene el rey de Roma— gruñó el caballero de Escorpio—, no fallo nunca— dijo señalando la figura del caballero de Acuario que bajaba las escaleras desde Sagitario, vestido de civil y con la caja de Pandora a sus espaldas.
Shaina miró hacia donde indicaba el hombre unos segundos y al ver que él seguía de perfil mirando hacia Camus, aprovechó para ponerse de puntillas y darle un beso en la mejilla a Milo, quien se sorprendió ante tal acto.
—¿Y ese beso?— preguntó él alzando una ceja.
—Si lo prefieres te arreo una bofetada como hacía antes— espetó ella esbozando una sonrisa y alzando la mano—. Me marcho antes de que Camus me vea y se ponga celoso…
Milo empezó a reírse y sacudió la cabeza, mientras veía a la joven desaparecer por las escaleras que daban al templo de Libra.
Se quedó aguardando a que el francés llegara a su altura.
—Shaina en tu templo, quién lo diría— dijo el caballero de Acuario—, ¿te ha dejado otra de sus marcas en la puerta? Ah no…— la malicia en sus palabras se tornó oscura cuando vio la marca del beso de ella en la mejilla de su compañero—, esta vez la ha dejado en tu cara…
El caballero de Escorpio miró con suspicacia a su compañero.
—¿Estás celoso?— susurró tirando de un mechón de pelo de Camus suavemente—. Si me vas a tener para ti solito todo el tiempo que dure la misión…además, un beso en la mejilla no me dice nada, ya sabes dónde los prefiero…
Cuando comenzó a sentir frío, Milo emitió un quejido de dolor e hizo pasar al interior de su templo al caballero de Acuario y cerró la puerta.
Shaina corría feliz escaleras abajo cruzando de nuevo todos los templos y pidiendo a los habitantes que acudieran en media hora al templo del Patriarca. Se sentía ligera como una pluma al viento y con una energía capaz de arrasar todo a su paso. ¿Acaso aquello era sentirse feliz?
—¿Dónde vas, desbocada?— gritó una voz conocida, y al girarse vio a Marin acercándose a ella.
—Tengo que ir primero a mi cabaña, y después al templo del Patriarca. ¿Has avisado a Cassios?
—Sí, ya se lo he dicho, no te preocupes que de hecho ahora íbamos para allá. ¿Y a que quieres ir a tu cabaña?
—Me voy a poner la armadura de Ofiuco, no puedo ir de civil. Aparte quiero lavarme un poco, que debo tener la máscara hecha un asco por dentro de tanto llorar.
—¿Qué máscara?
Shaina frenó en seco. Miró a su compañera, que tenía la suya puesta.
—Pues, la mía, cuál va a ser— dijo palpándose el rostro—. Por todos los dioses…
—¿Qué pasa?— preguntó Marin preocupada, al ver la inquietud en la cara de su amiga que poco a poco se tornó roja—. Shaina, di algo, que me estás asustando…
La italiana se sentó en el suelo con la respiración agitada.
—Todo este rato…todo este rato que he estado con Milo…he estado…sin máscara…
La amazona de Águila alzó las cejas sorprendida.
—¿Y…?
Shaina se quedó callada súbitamente. Miró a su amiga y se encogió de hombros.
—Nada— soltó, aparentemente tranquila—, no pasa nada. ¿Qué va a pasar?
La japonesa torció los labios en lo que era una pícara sonrisa. Dio la callada por respuesta, dejando marchar a su amiga hacia la cabaña.
NOTAS:
Último caballero completado, al fin. Ya sólo queda el epílogo.
Sslove: sí, creo que cuesta mucho más rechazar a alguien que verse rechazado. A mí me ha pasado muchas veces el tener que rechazar a gente que quería mucho, pero que no podía ser y lo pasaba realmente mal. Hay que tener muchísimo tacto, pero también sinceridad sin ser hirientes. Pero afortunadamente con la gran mayoría superé el trago y seguimos siendo muy buenos amigos. Otros no se tomaron bien mi rechazo, quizás porque fui más dura ya que la situación lo requería (cuando se ponen insistentes), pero bueno, es un precio que hay que pagar y a veces es mejor dejarles marchar. Espero que te haya gustado el capítulo con Milo. ¡Un saludo y gracias por leer el capítulo y dejar comentario!
Guest:Gracias por pasarte y dejar un comentario. ¡Espero que te guste la historia!
¡Nos vemos en el último capítulo!
