¡Llame ya!
(Batalla acuática en equipos)
Niños en casa: de veras, de veritas, compren todas las piezas de yoblade que puedan. ¡Son un montón!
Baka Survivor!
(¡Comienza la batalla de supervivencia!)
Doji y Ryuuga volaban en uno de los helicópteros de Shining Quasar hacia algún punto indeterminado de un desierto indeterminado. Para una actividad indeterminada, hasta donde Ryuuga tenía entendido. No le había prestado mucha atención a Doji (nunca le prestaba atención, su sonsonete lo aburría rápidamente), pero tenía la vaga noción de que iban a reunirse con alguien. Conociendo a Doji, sería a) alguien de un vivero que vendiera cactus, o b) un yoluchador, posiblemente errante.
Por fin aterrizaron, y Doji no se sintió muy herido porque Ryuuga ignorara su amabilidad, al ofrecerle apoyo para descender del helicóptero. Se limitó a señalarle la silueta que se recortaba contra el horizonte crepuscular, balbuciendo algo que Ryuuga no escuchó bien por el ruido de las hélices. Pero la silueta adoptó la posición de lanzamiento de yoblade, así que Ryuuga asumió, acertadamente, que Doji lo había traído a mitad de la nada para presentarle un yoluchador prometedor. Suspiró internamente. El encuentro podría haber sido en algún lugar menos hostil e incróspido. En fin...
Viéndolo bien, ¿no era un niño demasiado pequeño para soportar las inclemencias de la naturaleza? ¿No había dicho Doji algo así de que había infiltrado las computadoras de Shining Quasar? ¿No era todo demasiado extraño?
Lejos de ahí, en la civilización, o en algo que pasa por serlo, Madoka le explicaba a Ginga, Kenta, Benkei sobre la batalla de supervivencia que organizaba la NQNTNMQHA cada año, sin falla, y de la que ninguno había oído hablar en la vida.
–Y al que gana la NQNTNMQHA le concede un deseo –finalizó Madoka. Benkei sintió una misteriosa aprehensión. "NQNTNMQHA" y "deseo" en la misma frase siempre indicaba que algo saldría mal. Pero Benkei no podía explicarle eso a sus contertulianos. No sin abordar años de historias olvidadas. Probablemente tendría que remontarse al siglo XV para poder explicar todo.
No valía la pena. Al final, todos decidieron participar. Incluida Madoka, que se inscribió como voluntaria en el cuerpo técnico de asistencia yobladística.
El evento tuvo la mala planeación característica de todas sus anteriores ediciones. Los yoluchadores se congregaron en la pista del aeropuerto de la ciudad. Eran alrededor de tres mil. No tenían idea de dónde, cómo, o qué necesitaban. De milagro llevaban sus yoblades. Lo cual no era tan raro en unos yoluchadores.
De repente escucharon una voz desde las alturas que les indicó qué aviones debían abordar. En la confusión del revoltijo del genterío de gente, Madoka terminó subiendo a uno de los aviones destinados a transportar a los participantes. Naturalmente, al no haber organizadores presentes para verdaderamente guiar a la bola de mozalbetes por el buen camino, el error permeó hasta niveles y límites insospechados, valga decir, Madoka empezó a ser considerada una participante más, y nadie notó su ausencia entre el grupo de voluntarios.
Tras un par de horas de vuelo, y sin más indicación que un críptico "colóquense las mochilas que encontrarán debajo de sus asientos", el piso del avión se abrió y cayeron.
Ahora bien, eso no tendría gran importancia si estuvieran debidamente adiestrados y preparados para lo que se avecinaba. Pero no era así. Al menos dos mil yoluchadores fueron eliminados de la competencia (y de la vida) por nimiedades como quedar inconscientes por la descompresión súbita o no descifrar atinadamente el funcionamiento de los paracaídas que no sabían que tenían. Muchos acuatizaron en vez de aterrizar en la isla donde se llevaría a cabo la batalla de supervivencia.
Pero no es importante, porque los personajes que conocemos y amamos aterrizaron todos sanos y salvos por obra de la divina providencia. Su mentalidad de yoluchadores, claro, los llevó a decidir tomar rumbos separados, para encontrarse al final de la batalla.
(Mientras bajaban, Ginga se enteró de que Hyoma también había asistido a la competencia, lo cual era raro. Aparentemente, la noticia del torneo había llegado hasta la remota, oculta, olvidada e inaccesible aldea Koma. Y, aparentemente, de todos los niños suicidables de la aldea, sólo Hyoma se había aventurado a asistir.)
Pasaron pocos minutos antes de que comenzara el merequetengue de la descuajaringación. Como en realidad no había reglas, ni arreglo alguno para que los yoluchadores recibieran abrigo, refugio y sustento, comenzaron a darse batallas múltiples a diestra y siniestra, lo que redujo rápidamente el número de participantes. Pero esta misteriosa reducción no se debía a los yoluchadores que conocemos y amamos.
Hyoma había decidido dejar que los demás eliminaran a los competidores de bajo nivel, así que se había escondido por el momento. Pronto se encontró con que Hikaru y Kyouya entraron a su campo visual. Por circunstancias del destino, los dos ignoraban que una terrible maldición pesaba sobre ella, así que supusieron erróneamente que el enfrentamiento valdría la pena.
Ginga, por su parte, eliminaba una cantidad modesta de contendientes. Lo cual era bastante predecible y aburrido.
Benkei y el trío rellenístico de amigos de Kenta estaban atrapados en unas redes. No habían alistado sus yoblades todavía para enfrentarse a nadie, lo que viene a significar que no estaban atados a sus dedos y, dado que sus bolsillos eran muy poco seguros, pronto fueron a dar al suelo, de donde Tetsuya los recogió.
–¡Watarigane! ¡Devuelve eso!
–¿Qué cosa? –preguntó el aludido inocentemente, jugueteando con los yoblades recogidos.
–¡Nuestros yoblades!
–Ah, claro, claro.
Tetsuya se acercó al borde del risco y, algo melodramáticamente, ofreció los yoblades al mar como ofrenda sacrificial. Naturalmente, los capturados protestaron enérgicamente.
–Ustedes no entienden –comenzó Tetsuya con un bufido–. Que el mar te ame trae muchas complicaciones y gastos aparejados. Si no puedo encontrar alguna manera de hacer las paces... Hey, podrían trabajar para mí.
–¿Trabajar?
–Sí, ¿recuerdan mi comisión con la refaccionaria? Si destruimos suficientes yoblades...
Los capturados protestaron enérgicamente por tan espantosa idea. Tetsuya se encogió de hombros y arrojó los yoblades al mar.
El mar le devolvió los yoblades con malos modos. Obviamente, no iba a perdonar al dulce Watarigane tan fácilmente. Fue en ese instante que llegó Kenta, y con un certero yobladazo recuperó los yoblades de sus camaradas y los liberó de las redes.
Procedieron a montonear a Watarigane. Hasta el mar lo salpicó alevosamente.
–De verdad me asusta –soltó Watarigane por lo bajo. En la trepidante conflagración de los sucesos se desmoronó el suelo bajo él. No era el mejor momento para caer al mar, pero no podía luchar contra la gravedad.
Para su fortuna, Benkei y Kenta lo sujetaron en el antepenúltimo segundo, mientras los rellenos se rezagaban malintencionadamente.
Ya en tierra, Watarigane comenzó a llorar. De entre sus sollozos entendieron "bondad", "no aguanto", "espacio", "corazones puros", "my, my / someone fetch a priest" y... y entonces empezó a hablar claramente.
–Ustedes... de verdad me salvaron.
–¡¿Qué todavía no entiendes que los yoluchadores siempre nos apoyamos los unos a los otros?! –bramó Kenta, olvidando que, no mucho tiempo atrás, le había parecido inconcebible que Benkei salvara la vida de Ginga, como si ser un Smiley Chaser le quitara lo yoluchador o la mínima decencia.
–¡Ah, un carrito de volovanes! –soltó Watarigane de repente, señalando a su derecha. Sus interlocutores voltearon en esa dirección. Tetsuya aprovechó para alejarse del borde del risco–. ¡Mar! ¡Te ofrendo estos humanos de corazón puro! –clamó, muy teatralmente, antes de dar de pisotones en en suelo, esperando resquebrajar el suelo bajo sus pretendidos sacrificios.
Considerando que Tetsuya es flaco como un palillo de dientes anoréxico, no debería haberlo logrado. Pero su sacrificio fue aceptado, así que el risco se desmoronó.
Todos cayeron al agua, incluido Watarigane. Después de una transición confusa, Benkei y Kenta se encontraron sobre unas rocas geológicamente improbables, cerca de la costa; y a juzgar por los berridos de Kenta, se había fracturado todos los huesos del brazo izquierdo, las costillas, y la cadera.
¿Podrán nuestros protagonistas sobrevivir a la batalla de supervivencia? ¡Sintonícenos la próxima semana* para averiguarlo!
(*La "próxima semana" puede ser cualquier momento entre la fecha de publicación y el 26 de agosto de 2017).
