You'd better not mess with Major Tom
(Los guerreros de la isla desierta / El temible Libra / Camino a Battle Bladers)
Pronto sólo quedaron 100 yoluchadores en la isla, lo que significaba que pronto habría un ganador. Y si había un ganador, Madoka creía, lo más probable sería que fuera Ginga. Y si Ginga ganaba...
Pediría un deseo estúpido. Si tan sólo a ella se le ocurriera algo... podría sugerírselo y darle lata hasta que accediera a pedir lo que ella quisiera. Pero no, no se le ocurría nada, así que sólo corroboró que el deseo de Ginga era estúpido y procedió a regodearse en la tranquilidad que brinda el conocimiento del futuro.
Quizá, si hubiera sabido que, en algún sitio de la isla, Kenta necesitaba atención médica para su muñeca desgarrada, habría pensado que solicitar la cancelación de las batallas de supervivencia sería un buen deseo. Si hubiera sabido tal cosa, y si considerara que cientos de yoblades estaban desgastándose y (horror de horrores) rompiéndose por toda la isla. Pero no era así.
Fue entonces que se toparon con el trío fácil de olvidar.
—¡Hola, Ginga!
—Ah, hola, chicos.
—¡PREPÁRATE PARA SER ANIQUILADO! —clamó de repente el más bajo de los tres, enarbolando una hacheta. La había encontrado en un cofre que, supuestamente, contenía herramientas para los yoluchadores. Y sí, bueno, técnicamente era una herramienta, y sí podía usarse en el contexto de una yobatalla; sólo que no de la forma en que él pretendía usarla: abrir la bóveda craneana de Ginga y extraer su talento yobladístico por algún procedimiento neurofisioalquímico aún no inventado.
Ginga alcanzó a parpadear dos veces antes de que Madoka lo tomara de la mano y, sabiamente, echara a correr. Alcanzaron a avanzar poco más de 200 metros antes de que Ginga se detuviera y decidiera enfrentar la situación como cualquier yoluchador errante haría. Pero claro, tuvo especial cuidado de mencionarle a su atacante que se suponía que usara la hacheta para cortar la cuerda o partir el yoblade a la mitad, no al yoluchador.
Predeciblemente, Ginga derrotó a los tres irrelevantes fácilmente, y ellos perdieron toda esperanza de que su irrelevante deseo se cumpliera.
(Lo cual es triste, porque tenían el mejor deseo de todos los que habían ido a la isla: que el mundo se hubiera acabado hace 60 años).
Ajenos a estas situaciones, Kyouya y Hikaru seguían con su duelo absurdo e intrascendente. Hyoma comenzaba a aburrirse de verlos, pero si bajaba de su arbóreo escondite sabrían que había estado espiándolos y, tal vez, tuviera que entrar a otro duelo absurdo con ellos, lo que no le daba la más mínima gana. Además, ¿qué, se suponía que hablara con Kyouya? Qué indignante. ¡Nunca jamás en la vida! Y Hikaru irradiaba vibras acusadoras de su maldición, lo que la volvía un desperdicio de presupuesto.
Más temprano que tarde, Hyoma dejó de entretenerse en despreciarlos mentalmente: tenía que ir al baño. Tratando de conservar la cabeza fría y los pantalones secos, observó atentamente sus alrededores, dispuesto a aprovechar la primera oportunidad que se le presentara para escapar.
No sin mucho esfuerzo, Benkei había conseguido llevar a Kenta de regreso a la isla. A pesar de no haber hecho ningún esfuerzo por su parte, Kenta seguía gritando y jadeando como si se le hubiera reventado el apéndice o tuviera un calambre generalizado en todos los músculos del cuerpo, incluido el cardiaco.
—B-Benkei... —exhaló—. T-tienes q...
—¡No, no hables! ¡Guarda tus fuerzas! ¡Encontraremos ayuda pronto! —lo interrumpió Benkei, olvidando por un momento que, cuando se interrumpe a un moribundo, de todas formas muere, con el agravante de que se lleva consigo a la tumba información primordial.
—E-escuch-cha...
Benkei no atendió a lo que le decía Kenta, ocupado en otear el horizonte para encontrar alguna señalización que le indicara la presencia de paramédicos o chamanes en la isla.
—No te preocupes, yo me encargaré —le dijo un desconocido a Kenta, aunque tampoco había hecho mucho caso de su última voluntad. Ni de sus gritos renovados y las lágrimas de genuino dolor que le arrancaba al sostener su mano malherida—. ¡Lo juro por mi honor de yoluchador errante prodigio!
A Kenta se le acabó el aire de tanto gritar, así que dejó caer la cabeza, derrotado. Casi como si de verdad hubiera muerto. Pero no, no moriría ese día, al menos no sin saber quién era el rubio desconsiderado que le apretaba la muñeca justo donde más le dolía.
—¿Y tú quién rayos eres? —lo increpó Benkei, súbitamente notando la presencia del desconocido.
—Me llamo Yuu. Los vi a lo lejos y pensé que necesitaban ayuda. ¿Quieren que los guíe al puesto de primeros auxilios?
Extendiendo sus más cumplidas gracias, Benkei volvió a cargar a Kenta y siguió a Yuu hacia la tienda prometida. Una vez los dejó allí, Yuu partió, y se las arregló para eliminar de la competencia a prácticamente todos los demás: sólo quedaban Ginga, Kyouya, Hyoma, Hikaru, Benkei, Kenta y Yuu mismo.
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Sorprendidos por la súbita eliminación del resto de la competencia, Hikaru y Kyouya cancelaron su enfrentamiento (francamente, era tan aburrido que ellos mismos habían olvidado que estaban compitiendo) y tomaron rumbos distintos. Hyoma por fin pudo ir a buscar un baño.
Kenta y Benkei habían encontrado a Yuu nuevamente, y se habían enterado de que él había sido el responsable de la eliminación masiva. Hikaru se encontró con los tres, y, ¡naturalmente! se hicieron de palabras e intercambiaron bravatas alegremente. En esa tertulia tan pintoresca estaban cuando llegaron los demás competidores restantes. Dado que todos querían enfrentar a todos (excepto Madoka), decidieron sabiamente que lo mejor sería tener una batalla multitudinaria.
Al final, ganó Yuu. Y así fue que lo declararon vencedor del torneo, cuando los organizadores notaron que Madoka, en realidad, no se había inscrito como concursante, así que no tenía caso considerarla como tal. Los organizadores, que de repente se habían vuelto competentes, reunieron a los vencidos en la playa para la ceremonia de premiación. La mayoría de ellos estaban satisfechos de la experiencia (Watarigani no se veía por ningún lado). Llegó el momento esperado:
—¡Deseo que el mundo se hubiera acabado hace 60 años! —soltó Yuu muy sonriente. A Benkei le dio un tic. Los demás nomás se le quedaron viendo al pequeño rubio, confundidos en diversos grados y por variadas razones (el trío fácil de olvidar comenzaba a indignarse, con justa razón)—. Nah, sólo bromeo. Lo que verdaderamente deseo es... —buscó en sus bolsillos y extrajo un papel, que desdobló. Aparentemente estaba al revés, así que lo giró. Se aclaró la garganta y entrecerró ligeramente los ojos para empezar a leer—. Deseo que la NQNTNMQHA patrocine un torneo individual de yoblade a nivel nacional, que será organizado por Shining Quasar. Sólo podrán inscribirse aquellos yoluchadores que tengan 50,000 puntos acumulados al inicio del torneo, que será dentro de tres meses. Ryuuga será el único yoluchador del país con pase directo a la recta final —levantó la mirada, e ignoró las expresiones atónitas de su auditorio para agregar—: Ryuuga es genial, así que deberían hacerse a la idea de que de todas formas perderán —volvió su atención al papel y buscó el punto donde había dejado la lectura—. Ah... sí, la recta final, en la que los 16 mejores se enfrentarán para decidir quién es el mejor yoluchador del país. Que, insisto, es Ryuuga.
Para los que no conocían a Ryuuga, la evidente admiración que le profesaba Yuu era testimonio suficiente de su fuerza. Después de todo, Yuu había casi volado la octava parte de la isla con sus ataques, y estaba afirmando tácitamente que él tampoco podría derrotar a Ryuuga.
Los que conocían a Ryuuga y Shining Quasar estaban al borde de un ataque. ¿El dulce Yuu, con sus poderes de destrucción masiva, era fandeRyuuga? ¿Trabajaba para Shining Quasar? ¿Y todo se revelaba así, tan sosamente? Kyouya resopló, agradeciendo mentalmente que Doji y Ryuuga no se habían apersonado en el lugar, llegando en helicóptero, sólo para irritar más a Ginga. Habría sido insoportablemente melodramático. No, presumiblemente, Doji había redactado la nota que tenía Yuu, y dejaría que entre él y el DJ (en representación de la NQNTNMQHA) se hicieran bolas solos.
Nah, Doji estaba cantando "Ashes to Ashes" en un karaoke. Ryuuga estaba ocupado en practicar poses malvadas y miradas amenazantes frente al espejo.
Y los dos estaban en un helicóptero, camino a recoger a Yuu de la isla y aclarar con la NQNTNMQHA cualquier duda que pudiera surgir.
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—Es una trampa —advirtió Madoka poco ceremoniosamente, una vez hubieron regresado a casa sanos y salvos.
—¡Pero es la única forma de enfrentarme a Ryuuga!
—Y tienes que derrotarlo para salvar al universo, ya sabemos —salmodió Kyouya con sarcasmo.
Hubo una breve pausa. Kenta apretó los puños.
—Pero no importa, ¿cierto? —soltó, viendo a Ginga.
—Nop, no importa —corroboró Ginga.
—Por supuesto que no importa —resopló Kyouya.
—¡Así se habla, chicos! —bramó Benkei.
—... ¿O sea que de todas formas entrarán al torneo? —tradujo Madoka.
—¡Sí! —respondieron con entusiasmo.
Enata suspiró y siguió revisando sus enseres de viaje mochilero. Ignoraba qué llevaría Ginga en su equipaje, pero podía estar seguro de que no sería nada que le fuera útil para sobrevivir a la intemperie y/o fuera de la civilización.
Al día siguiente partirían todos, tomando rumbos diferentes para no coincidir en los múltiples eventos que la NQNTNMQHA había preparado para repartir puntos.
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Doji sonrió complacido mientras servía otra copa de su jugo de frutas ridículamente caro.
—Entonces, ¿aceptaron? —quiso saber Yuu, balanceando las piernas por el borde del sillón.
—Por supuesto que aceptaron. El director de la NQNTNMQHA no estaba muy complacido, pero el presidente estaba bastante entusiasmado con la idea —hizo una pausa y caviló en voz baja—. Es como si le tuviera alguna especie de rencor y se estuviera desquitando.
—¿Ah?
—Nada importante.
—Entonces, supongo que no queda nada más por hacer, que esperar a que comience el torneo —canturreó Yuu alegremente.
—¿Seguro? —Doji enarcó la ceja—. ¿No se te olvida algo?
—¿Mmmh? ¿Como qué?
—Tú también tienes que reunir 50,000 puntos.
—Ah, cierto. ¡No importa, será pan comido!
