Rellenos. Rellenos por todas partes.
(El francotirador Capri / Tsubasa vuela a la oscuridad / Intrusos en el desafío)
Sucedió que, tras varios días de enfrentamientos demasiado fáciles, Kyouya se encontró en una ciudad que había sido modernista 40 años antes, pero en la actualidad casi era una ciudad fantasma. Los mayores de edad se ocupaban en aburridas, silenciosas y asépticas labores desde la salida hasta la puesta del sol. Los niños se entretenían en jugar yoblade por los callejones o ver en lontananza. Y vaya que había montones de callejones y semicallejones en esas barriadas tan pulcramente abandonadas, donde cada familia vivía en un edificio de por lo menos 6 pisos de alto, todos con preocupantes señales de descuido o construcción barata. Ningún vehículo habría podido circular en ese laberíntico trazado, ni aunque su conductor fuera guiado por alguien desde una torre abandonada, que parecía alfil de ajedrez, que se alzaba en el centro de la ciudad.
(Kyouya recordó con una fugaz sonrisa las extrañas fábulas de Benkei sobre la paranoia anti-relámpagos que se contagió por todas las grandes ciudades del país tiempo atrás).
Llegó al final de un callejón que no estaba del todo cerrado. Sólo era una media barda, pero aún así... le dio pereza intentar saltarla. Dio media vuelta para buscar otra ruta. Tres tipos locales le bloqueaban el paso.
—Es Kyouya, ¿no?
—Pues sí, se parece bastante.
Y soltaron chillidos de emoción, como doceañeras en celo. Kyouya pasó por un ladito, ignorando sus desafíos y demás bravatas. No estaba de ánimos para conseguir puntos fáciles.
—Bueno, bueno, es cierto que somos poca cosa, pero estoy seguro que el capitán Capri te daría una paliza.
—¿Capitán Capri? —repitió Kyouya, deteniéndose.
—Uyy, sí —uno de ellos palmoteó alegremente y se aclaró la garganta—. Cuenta la leyenda que hay un yoluchador que puede derrotar a quien sea de un sólo golpe, que ataca desde las alturas sin ser visto, como un fantasma.
—Fantasma —resopló Kyouya quien, como recordarán, detesta toda superstición (¿quizá es por eso que se topa con tantas supersticiones en su camino?). Siguió su camino sin prestar atención al resto de los mitos urbanos que siguieron barbotando los tres desconocidos.
Pasó el resto del día recorriendo la ciudad. Sólo quería salir de ella de una vez: era tétricamente aburrida. Para su desgracia, vio un cartel que anunciaba un torneo de yoblade al día siguiente, así que decidió quedarse para obtener los puntos.
Sus instintos lo salvaron de recibir un certero yobladazo en las sienes. Dio un salto hacia atrás y observó el yoblade saltarín surgir de entre la nube de polvo que había levantado al hacer un tremendo agujero en la banqueta. Soltó otro resoplido y siguió caminando, con la suficiente lentitud para que el yoblade saltarín pudiera ir tras él; pero lo abandonó sin que se diera cuenta. Encontró alojamiento y se retiró a descansar al atardecer.
Analizaba el techo con sumo interés cuando el recondenado yoblade rebotón entró por la ventana. Aburrido, garrapateó una nota de desafío, la ató a un cenicero, y la arrojó con decisión por donde había entrado el yoblade. El cenicero quedó atorado en el afro del capitán Capri, aunque Kyouya no tenía forma de saberlo. Además, su objetivo había sido noquearlo, para ver si ya dejaba de lanzarle su yoblade tan groseramente.
Funcionó, y Kyouya por fin pudo dormir en paz (aunque tuvo un sueño extraño, en el que fue a fastidiarle la existencia a los animales del zoológico y Leo entraba en combustión espontánea y a él le daba un ataque de risas psicópatas), mientras el capitán Capri se debatía entre salir de su estatus fantasmal o no.
Al día siguiente, los participantes del torneo, por alguna extraña comunicación telepática entre yoluchadores, sabían que el capitán Capri se les iba a aparecer. Y eso los aterraba. Kyouya espió discretamente hacia arriba, preocupado por la posibilidad de que insistiera en intentar descalabrarlo a traición. Pero eso no pasó.
No, la aparición de Capri fue bastante menos agresiva. Y, para alguien con tal cantidad de leyendas sobre su persona, francamente desconcertante. No escondió ninguno de sus extraños rituales para apuntar su yoblade correctamente, incluida la danza de adoración hacia El Gran Francotirador, una deidad inventada por su familia (según él, la primera de las torres gigantes no era otra cosa sino un proyectil lanzado por él, y el resto de las torres del mundo eran altares a su precisión y justicia). El rebotar caótico de su yoblade noqueó por accidente a su primer contrincante.
El resto del torneo fue irrelevante. Previsiblemente, Kyouya y Capri se enfrentaron en las finales. Hablaba bastante mal de los anteriores rivales de Kyouya el que Capri le hubiera parecido un oponente digno, pero no se daría cuenta de eso hasta muchos años después, cuando sus días de yoluchador errante ya no eran más que un recuerdo. Además, probablemente el que le hubiera dado una paleta al ser derrotado lo había predispuesto a su favor.
Lejos de ahí, Yuu conseguía puntos, Ginga vagaba hacia su próximo torneo, Doji veía vídeos de gatos en internet, Madoka hacía reparaciones distraídamente, Feregrak espiaba a Sodbreid con sospechosismo, los pingüinos nacidos ese año aprendían a pescar por su cuenta, y Tsubasa iniciaba un complicado plan para infiltrarse en Shining Quasar.
El plan era simple en principio, pero complicado en ejecución. Implicaba lograr que Shining Quasar supiera que sabía quiénes eran y que quería unirse a ellos y que era una buena opción de reclutamiento. Ser espía de la NQNTNMQHA le había permitido conservar su águila mascota, a pesar de los convenios CITES, y era bastante lucrativo. Necesitaba el dinero para pagar el veterinario de su águila, que en honor a la verdad, no debería tener como mascota.
Mientras ganaba torneo tras torneo, esperando establecer contacto con algún miembro de Shining Quasar, recordó algunas lecciones al azar de su breve entrenamiento como espía. Particularmente, la parte de "si es obvio que eres un espía, pero no para quién trabajas, seguro te aceptan para saber más". Aunque ése fuera el trasfondo, le daba mala espina el que su "instructor" hubiera sido tan claramente cínico al respecto, como si fuera un espía que estaba acostumbrado a ser descubierto. ¿Era sensato arriesgar su vida por una organización tan negligente con su personal?
(—Estarás bien —le había dicho el presidente de la NQNTNMQHA con una beatífica sonrisa, mientras el director fruncía el ceño, como si estuviera pensando todo lo contrario—. No es la primera vez, ni será la última, que la NQNTNMQHA intente enviar a un yoluchador a espiar a una corporación maligna que intente apoderarse del mundo usando yoblades.
—... ¿Y lo dice tan despreocupado? —preguntó Tsubasa con una voz en bemol.
—Solía preocuparme mucho, sí. Pero como dije, estarás bien.
—Cuando te descubran —intervino el director secamente—, te sacaremos rápidamente.
—Y una vez afuera, sólo intentarán vengarse de ti a través del yoblade, porque no saben hacer otra cosa —remató su entonces futuro instructor de espionaje con sorna.)
El DJ estaba algo aburrido, así que canceló los octavos de final y decidió que sería mejor resolver todo en una batalla de todos contra todos. Fue ahí que Tsubasa vio a un miembro de Shining Quasar, con el logotipo de la organización claramente bordado en su chaleco, y con su gafete pendiendo de los tirantes que no usaba para mantener sus pantalones en su cintura. Aprovechó el momento en que el susodicho había mandado a volar al resto de los participantes para atacarlo, llamar su atención, mencionar a Shining Quasar, y derrotarlo con más fuerza de la necesaria. Tuvo suerte de que Doji hubiera decidido justo dejar de perder el tiempo con los vídeos de gatos y empezar a prestar atención a los torneos. En cuanto vio tal demostración de poder, él y Merci comenzaron a ciber stalkearlo a discreción y con sumo entusiasmo. Pero no encontraron mucho. Más bien, nada. Se rindieron tras un par de días de seguir pistas falsas, que los llevaron a tener el perfil completo de un jugador de soccer de casi 100 años atrás.
Fue en esa ominosa noche, de luna llena y cielo parcialmente nublado con tormenta eléctrica sin precipitación, que Tsubasa llegó a las puertas de las oficinas principales de Shining Quasar. Naturalmente, era un edificio ridículamente grande, considerando que sólo tenía algunos gimnasios para entrenamiento de yoblade y algunas habitaciones de dimensiones apenas apropiadas para los niños (habría que considerar, claro, que Doji tenía reservados unos 4 pisos y medio para sus actividades profesionales y de esparcimiento; mientras que Ryuuga tenía uno para vivir sin que nadie lo molestara y L-Drago necesitaba 2 para estirar sus múltiples cuellos). Encima, estaban en proceso de construir más instalaciones de proporciones faraónicas.
Tsubasa entró sin gran problema, ya que no había guardias de seguridad de ningún tipo. Se suponía que ése era trabajo de Merci, así que decidió empezar a hacer la vida de Tsubasa un infierno, pero Doji lo detuvo. Esperaron pacientemente en la espaciosamente vacía oficina de Doji a que Tsubasa llegara. No tuvieron que esperar mucho, considerando que Tsubasa no usó el elevador y tuvo que buscar una ruta que siguiera los puntos ciegos de Merci.
Cuando por fin llegó, el desarrollo de los eventos siguió justo el curso que le habían descrito. Doji intentó provocarlo, y Tsubasa, aunque le resultara difícil no estallar en carcajadas, intentó venderse como mercenario. Cuando eso no funcionó, intentó amenazar a Doji sutilmente, recordándole que el 90% de los yoluchadores que tenía en nómina eran francamente inútiles. Doji, a pesar de todo, se resistió a aceptar, alegando que no había espacio disponible en las barracas. Tsubasa enarcó las cejas y acto seguido declaró que podía acampar en la azotea. Doji capituló y aceptó probarlo, en un vano intento de conseguir más información sobre él.
Decidió que la mejor manera de hacerlo sería haciendo que Tsubasa volviera a enfrentar al peón genérico que había derrotado en el torneo, pero esta vez contaría con la ayuda de sus igualmente genéricos hermanos. Lo único que descubrió fue que Tsubasa era lo bastante fuerte como para derrotar peones genéricos reciclables. Yuu, que había descubierto que podía sintonizar el circuito cerrado del edificio en la televisión que tenía en su cuarto, decidió que quería enfrentar a Tsubasa. Doji agradeció la excusa adicional para negarse a contratar a Tsubasa otra vez. De verdad no quería incrementar la nómina.
Pero sus esfuerzos fueron en vano. Tsubasa logró derrotar a Yuu, por lo que Doji tuvo que aceptar contratarlo. Pero claro, agregó en un momento de inspiración súbita, ya que durante la batalla habían destruido el techo, descontaría los costos de reparación de sus salarios. Además, juró para sus adentros, se aseguraría de exprimirles hasta el último aliento con labores que harían que los doce trabajos de Hércules parecieran cosa de niños.
Para empezar, los envió a corroborar el incremento de habilidades yobladísticas de Ginga y sus amigos. Así fue que partieron en su épica gesta de intervenir en torneos a los que no estaban inscritos y ganarlos, para gran frustración del DJ y sus clones.
