Summa cum laude
(El poderoso Gemios / La gran batalla real)
Después de la batalla de Ginga y Ryutaro, siguió la singular batalla entre Hikaru y Kyouya. No es como si alguien hubiera pensado que Hikaru tuviera la más remota posibilidad de ganar: las noticias sobre su maldición ya habían llegado a oídos de muchos yoluchadores, excepto a los de ella misma, por lo que pensaba que ésta era una buena oportunidad para obtener la revancha contra Kyouya, ya que su enfrentamiento en la batalla de supervivencia había quedado a medias. Fue emocionante, según la genérica narración del DJ, pero no significativa, a juzgar por el tiempo que se le dedica en este capítulo.
No es como si se hubiera destinado más presupuesto al melodrama barato de los pasillos del estadio, protagonizado por Ginga, Tsubasa, Yuu, Benkei y Kenta, del cual Madoka y Enata fueron mudos testigos.
—¡Ben-ben! ¡Ken-ji! ¡Chinga-chinga! —saludó Yuu al verlos avanzar hacia él en el pasillo. No es que esa hubiera sido su intención, pero el protocolo a seguir cuando vas en la misma dirección que conocidos a los que no has saludado es hacer algo de plática inconsecuente y fingir que no sabes a qué van.
—¡Yuu! —respondieron los aludidos de inmediato.
—Cuánto tiempo.
—Sí, bueno... ¿cómo va eso de invadir torneos?
—¡De maravilla, es muy divertido! ¿Verdad, Tsubasa? —dijo Yuu, volviéndose hacia el aludido, que se había ido acercando con pasos cortos y silenciosos, como si pretendiera no llegar nunca a donde estaban los contertulianos.
—¡Tsubasa! —exclamó Ginga—. ¡¿Qué haces aquí, con Yuu?!
—Duh, pues obvio. Trabaja para Shining Quasar, igual que yo —respondió Yuu con desparpajo, mientras Tsubasa se mantenía prudentemente callado.
—¡¿Pero por qué?! —insistió Ginga.
—... vámonos, Yuu —Tsubasa se dio la vuelta y comenzó a alejarse con el mismo andar poco eficiente.
—¡Tsubasa! —insistió Ginga inútilmente. Yuu, por su parte, se despidió apresuradamente y fue a alcanzar a Tsubasa.
Ginga vio de reojo a Enata, esperando un "te lo dije", pero tales actitudes sólo les son permitidas a mayordomos de la talla de Alfred. No habiéndole cambiado los pañales, no estaba en posición de cruzar esa línea. Contrariado por el triste semblante de Ginga mientras veía a Tsubasa irse, Kenta decidió irse a su propio duelo sin detenerse a pedir explicaciones. Ginga no se dio cuenta. Benkei se le quedó viendo por un rato, intrigado por lo melodramático del asunto (había creído que Ginga tenía ese efecto en las personas, pero que era inmune a él por completo), pero al final se encogió de hombros y se fue hacia su propio combate.
Ginga y Enata quedaron, pues, solos en silencio viendo hacia donde Tsubasa había desaparecido de su vista, los dos hundidos en teorías conspiracionistas, cada cual más descabellada que la anterior. El aire alrededor del cráneo de Ginga comenzaba a calentarse, lo que espabiló a Enata. Entonces entró en efecto un mecanismo de protección cerebral que hizo que Ginga se encogiera de hombros, olvidara todo (de momento), y se dirigiera a las gradas para ver los combates de sus amigos.
Mientras tanto, el duelo entre Kenta y el contenedor de todos los estúpidos estereotipos sobre gemelos ya había comenzado. Las reglas, claro está, prohibían los enfrentamientos dos contra uno, pero el conteo hacía referencia a los yoblades, no a los yoluchadores. Además, con lo recondenadamente difícil que sería diseñar y manejar un yoblade que pudiera atarse a dos dedos a la vez, los presentes en el estadio estaban más interesados en ver si tal cosa era posible que en reglamentar al respecto.
La realidad fue decepcionante para todos. Sólo uno de los gemelos manejaba el yoblade, lo que quería decir que el otro funcionaba, a lo sumo, como apoyo moral. O, en este caso, todo lo contrario.
Resulta ser que, naturalmente, uno de los gemelos había nacido antes que el otro. Esos segundos extra de respirar aire, creía él, le conferían de una autoridad absoluta sobre lo que su hermano menor hiciera o dejara de hacer. Así pues, dejaba que el menor fuera el que "controlara" el yoblade, pero no dejaba de chincharlo ni por medio segundo, para evitar que se le saliera del huacal. Lo cual, como habrán de suponer, funcionaba a las mil maravillas. Para sus contrincantes.
Como los duelos de Kenta VS los gemelos-no-fantásticos y Kyouya VS Hikaru eran más aburridos que ver una máquina de hacer palomitas funcionando, comenzaron otros dos duelos: el de Yuu contra un tipo inconsecuente y el de Benkei VS Tsubasa. Todos fueron aburridos desde el punto de vista de un yoluchador, pero ricos en drama humano y aprendizaje personal.
Debido a una extraña conjunción de circunstancias, resultaron 6 finalistas en el torneo: los 5 ganadores de los duelos mencionados (Ginga, Hyoma, Yuu, Tsubasa, y Kenta) y Hyoma, que clasificó sin tener que ganarle a nadie. La computadora había procesado a los gemelos como dos participantes separados, lo cual arruinó los cálculos y dejó a Hyoma sin adversario.
Cualquiera pensaría que un torneo con un premio tan significativo atraería a cientos de yoluchadores, y estaría en lo correcto. Pero Ryutaro había disuadido a la gran mayoría de inscribirse, por lo que al final sólo hubo 12 participantes.
Aunque lo más justo y potencialmente provechoso hubiera sido un arreglo en el que cada participante tuviera varios duelos, para así quedar con 4 semifinalistas, los encargados del torneo arrojaron todos los papeles, frustrados por los cálculos que habría que hacer y el número de platos que tendrían que reponer, dado el mal hábito de Yuu de desintegrar cualquier plato en el que participara. En un arranque de iluminada desesperación, uno de ellos deseó en voz alta que se enfrentaran todos contra todos, y el diablo los confundiera.
—¡Y aquí vienen los participantes del primer combate de la semifinal! —anunció DJ Jazzman, mientras todos los finalistas de facto entraban, con aspecto confundido—. ¡Así es! ¡Todos pelearán entre sí y el que sobreviva a esta masacre se lleva los 10,000 puntos!
Naturalmente, a todos les pareció una idea excelente. Así, todos podrían intentar derrotar a Ginga, que era la mayor amenaza y cuya victoria sería un franco desperdicio de puntos. No es como si recordaran que Yuu ya los había derrotado a casi todos con anterioridad, y que era directamente responsable de toda esta situación, y que su fanatismo por Ryuuga, indudablemente, lo llevaría a cometer mayores locuras en un futuro. También Hyoma, aparentemente, había olvidado su intrínseco deseo de mandarlos a todos al diablo para recuperar la exclusividad del afecto de Ginga. Kyouya, oliendo la extraña atmósfera del encuentro, decidió que lo mejor era ocultar su ki y esperar a que la mayoría de sus oponentes se eliminaran los unos a los otros en su afán de poder enfrentar a Ginga en combate singular. Kenta siguió la misma estrategia, con más facilidad todavía porque su ki era tan bajo, en comparación al de los demás, que pasaba desapercibido de por sí. Ginga pasó el rato huyendo y preparándose para contraatacar, pero cada vez que planeaba iniciar un ataque a alguien, otra persona le robaba a su blanco y los dos involucrados comenzaban a pelear entre sí. Así pues, Hyoma, Tsubasa y Yuu estaban tan ocupados en pelear entre ellos que no se daban cuenta de cuando alguno de ellos golpeaba a Ginga de pura chiripa.
Tsubasa, por mucho el más pragmático de ellos, se volvió hacia Yuu y sonrió.
—Al final, tú y yo somos del mismo equipo, ¿no? ¿qué tal si nos deshacemos de los demás?
—Está bien —asintió Yuu tras pensarlo por dos segundos—. Después, decidiremos cuál de los dos enfrentará a Ginga.
Es lo más razonable que obtendré de él, pensó Tsubasa. Al fin y al cabo, a cualquiera de ambos les caerían bastante bien los 10,000 puntos. Seguro podría manipular a Yuu para que intentara derrotarlos a él y a Ginga en un mismo golpe.
Como tras varios minutos nadie lograba nada todavía, Yuu decidió lanzar su ataque especial destruye platos. Sabedores todos de que tal cosa significaba el fin del encuentro, decidieron lanzar sus ataques especiales también, excepto Kenta, que se vio atrapado por el de Kyouya, ya que ambos estaban apartados de los demás.
Cuando se aclaró la tormenta de polvo que había levantado la explosión de cosmos, fue evidente para todos lo que los participantes ya sabían: todos los yoblades se habían enredado entre sí, menos los de Kyouya y Kenta.
—Meh —resopló Kyouya, y con un rápido movimiento de muñeca hizo que Sagitario saliera del plato. Kenta por fin reaccionó, y se encogió de hombros. No era como si pudiera ganarle a Kyouya, de todas maneras. El estadio estalló en ovaciones por tremenda demostración de pirotecnia yobladística y la consecuente destrucción del plato.
Y fue así que Kyouya fue el primero en conseguir los 50,000 puntos necesarios para entrar al torneo real por el que se habían iniciado todos estos torneos secundarios. No en vano se había graduado el primero de su clase en "Primer Rival Que Se Convierte En Amigo", con especialidad en "El De Los Entrenamientos Ridículamente Estrictos". Todo va de acuerdo al plan, se felicitó internamente. Sin embargo...
Sí, no podía negarlo. Intuía que no volvería a ganar un encuentro importante en un largo rato, así que intentó prepararse mentalmente para una serie de derrotas contra las personas que conocía actualmente. No le hizo la más mínima gracia.
