"… ¿Te acuerdas de Rock Lee? Bueno, él es el que conoce al dueño, Uzumaki Naruto. Según lo que me cuenta Lee es un tipo relajado, no se hará problema en alojar a dos chicas en su casa; aunque me dijo no estar seguro sobre el amigo con el que vive (Satoki o algo así). No les estaría dando este dato de no confiar en mi amigo, pero vivir con dos desconocidos es siempre algo inseguro. Tú y Sakura lo saben bien…"

El pobre oji-azul se la pasó casi diez minutos tratando de aclarar la confusión del metro, pero la peli-rosada era de carácter impetuoso y no hacía más que reclamarle ser un hentai que las había seguido hasta ese lugar a propósito. Fuera de la discusión se mantenían los otros dos, observando a sus respectivas amistades hasta que la situación comenzaba a ponerse inaguantable. Hasta que…

—Nee, Sakura-chan… —comenzó a decir la joven de ojos grises— deja que se explique. Es un chico lindo, no creo que esté tan desesperado como para seguir a dos desconocidas desde la estación de metro hasta acá.

El rubio alzó las cejas sorprendido. La bruja de ojos grises era ahora una princesa. La miró regalándole una gran sonrisa de agradecimiento, pero ella sólo pudo corresponderle con un gesto similar mirando hacia el suelo. Ah, era una niña tímida. Lástima, le gustaban las féminas más extrovertidas, como las que había conocido en Alemania. Intercambió una mirada con su amigo, el que sólo con su rostro ya le decía que mantuviera la calma. La paciencia no era el fuerte de ninguno de los dos.

—Ah, está bien —acordó la de ojos verdes, llevándose los puños a las caderas y levantando el mentón para demostrar superioridad—. Puedes hablar.

—Bien, gracias. —No te alteres, no te alteres— Antes que nada, yo no las seguí: esta es mi casa, ¿ven? —le dijo mientras destrababa la cadena que llevaba sus llaves de su pantalón, agitándolas a la altura de sus hombros. Dio dos pasos adelante, pasando entre medio de las dos extrañas y abriendo la puerta de la vivienda. Luego miró al teme, el que se burlaba en silencio por tener que lidiar con todo aquello y encima verse en el papel de mediador civilizado. Estás disfrutando esto, ¿no, teme? Maldito bastardo—. Si pasan les puedo seguir explicando el resto adentro y no en la calle como si fuéramos indigentes. ¿Por favor?

Hinata miró con una suave sonrisa a Sakura, quien tan sólo con sus ojos ya estaba expresando que le parecía una mala idea. Su amiga de cabello oscuro sabía la razón de su recelo y por eso mismo compartía parte de ese sentimiento, pero se lo habían prometido: No dejaremos que esto domine nuestras vidas. Sólo bastó que Hinata alzara su bolso de mano en el que llevaba su spray de pimienta para que la joven caucásica comprendiera el mensaje; suspiró y sonrió resignada, recogió sus cosas del suelo y siguió al dueño de casa al interior de la vivienda, seguida de su casi hermana y el sujeto de ojos misteriosos.

Dejaron los zapatos en la recepción y se sentaron a la mesa sobre alegres cojines de colores saturados, cruzando la amplia, amplia sala.

—De verdad lo sentimos, no fue nuestra intención —se disculpaba Sakura, agachando su cabeza en señal de arrepentimiento después de que todo quedó claro.

—Espero que puedan entender, el problema es que por un par de campañas publicitarias para las que modelamos ahora todos nos reconocen y se las quieren pasar de listos con nosotras. Sakura-chan sólo quería defendernos, de verdad no somos malas personas —seguía diciendo su amiga, su tono de voz era muy dulce por lo bajo que hablaba.

Sasuke, el chico de ojos y cabello de ébano, no decía nada. Frente a él tenía a dos especímenes de 10. Primero estaba la joven japonesa, de expresivos y mansos ojos de un impactante gris claro. Su cabello no era del tradicional negro, unos sutiles reflejos azulados le daban ese je ne sais quoi. Su ceñido vestuario primaveral, jeans pitillos, camisola de algodón, bailarinas de charol azules y un pañuelo enroscado alrededor de su cuello, se resguardaba del frío con un abrigo color violeta acampanado, estilo 1970. Algo de rímel, esmalte negro y sombra azul. Apostaba que vestida de geisha se vería exuberantemente bella.

Pasando a la joven extranjera, comenzando por el que al parecer se llamaba Sakura y su acento nipón era perfecto, todo el resto de su persona era una intrigante contradicción. Su rostro era angelical, pero su actitud endemoniada; su voz era dulce, pero su tono era agresivo; se comportaba como una chica independiente pero tan desconfiada al mismo tiempo. El color de su piel no era tan pálido como el de su amiga y eso le gustaba, y para tener permanente rosada tenía el cabello muy bien cuidado. Bueno, era modelo, seguro tendría un escuadrón de afeminados encargados de que su pelo no se descuidara. Vestía también unos pitillos, un sugerente chaleco carmín que dejaba expuesto uno de sus hombros, botines de cuero de medio tacón. Brillo labial de cereza, rímel, delineado perfecto, manicura francesa y unas enormes argollas de plata pendiendo de sus ocultas orejas.

Ambas eran como el Yin y el Yang.

—No se preocupen, no pasa nada, je. ¿Así que son modelos? —preguntó el bishii haciéndose el inocente. Le salía muy bien.

—Sí… de algo hay que vivir, ¿no?, jeje —ahora como si su vida misma dependiera de ello debía ser simpática, aunque le saliera un poco torpe su sonrisa. Estaba nerviosa por su anterior conducta discrepante hacia el dueño de casa—. Bueno, nosotras veníamos para consultar por la pensión… Aunque después de la escenita comprendo que no nos quieran de inquilinas…

—Si no pasa nada, ya les dije. ¿Verdad, teme?

—Hn.

—Ah, no le hagan caso. Yo soy el propietario, Uzumaki Naruto, pero este idiota también podría decirse que es dueño de la casa —le dio un codazo a su amigo antes de seguir hablando—… preséntate, teme.

—Claro. Uchiha Sasuke, un placer. ¿Y ustedes, señoritas?

—Mi nombre es Haruno Sakura, un placer igualmente.

—Hyuuga Hinata… un gusto.

—Ahora que nos presentamos, ¿nos disculpan un momento?

—Cla-claro… —respondió confundida la oji-verde. Se iban a discutir si les daban el pase para vivir ahí o no, era obvio, lo que no lo era era su respuesta.

Dicho esto el peli-negro se llevó a su amigo aparte. Las chicas se quedaron mirando la peculiar decoración de aquel sitio.

Al entrar, lo primero que se notaba era el tamaño de la enorme sala común, la que se extendía por casi toda la planta del primer piso. Enfrentando a la puerta principal había una ancha escalera que parecía perderse al dar una vuelta en U hasta llegar arriba. A la izquierda de la escalera se hallaba la cocina, la que miraba al resto de la estancia a través de un umbral del que pendía una cortina de abalorios y un mini bar, a modo de "cocina americana". Se notaba que de haber habido alguna pared adicional para separar ambientes, algo así como un comedor o un estar o un estudio, había sido derribada, quedando sólo los pilares esenciales para que los pisos superiores no se les fueran encima. Si había alguna denominación que resumiera el aspecto general de la estructura general, debería ser tosca. Los pilares de concreto ni siquiera estaban repasados con estuco para darles un aspecto más agradable; en cambio lucían firmas de marcadores de diferentes colores y otras manchas extrañas. El piso de madera, que en algún momento debería haberse visto brillante y lustroso, estaba rayado, magullado y opaco.

Y en cuanto al resto de la decoración, podía apreciarse una mesita de madera frente a la cocina con sus respectivos cojines, justamente donde ellas estaban sentadas en ese momento. Era lo más cercano a la normalidad que podían encontrar, ya que arrimada a la pared de la izquierda reposaba un caño metálico clásico para bailes exóticos sobre una modesta tarima forrada en terciopelo rojo —en el que se veían claramente pisadas de tacones. Además, como si fuera poco, al otro lado de la habitación había también una batería, dos enormes amplificadores, un micrófono y conexiones de cables enrollados repartidos por el piso. El gustillo general que dejaba era ese de un pub universitario de mala muerte.

Estos tíos mandaron el feng shui al demonio...

—¿Y? ¿Te convencen o no? —preguntó Sasuke a Naruto.

—Ah, teme… Tú sabes y yo sé y hasta la vecina sabe que necesitamos el dinero —respondió Naruto.

—¿Y… crees que nos acepten? —le preguntó Sakura a Hinata.

—Bueno, eso espero… como compañeros de casa no parecen una mala opción, pero antes me gustaría ver el resto de la casa y asegurarnos que no sean unos psicópatas —opinó Hinata.

—Y veo… otra vez te fue mal con el abogado —adivinó el peli-negro.

—La verdad no sé. Tampoco él sabe. Es ridículo que tenga que ir a juicio por una herencia que me pertenece por derecho, y el inútil de Fukoda me sigue exasperando, siento que yo sé mejor del tema legal que él mismo —resopló el bishii.

—Quizás no sean unos psicópatas, pero considerando cómo ha ido nuestra suerte últimamente esperaría cualquier cosa —se quejó la peli-rosada.

—No seas pesimista, Saku-chan. Hemos tenido buenas y malas rachas, yo creo que ha llegado la hora de que cambie nuestra suerte —la animó su amiga.

—Sólo espera la decisión del juez y procura no alterarte antes de tiempo —le aconsejó el oji-negro.

—Sí… supongo que tienes razón. Aún quedan otros sitios con pensión por descartar, sino siempre podremos quedarnos con Neji-kun… —murmuró la de ojos verdes.

—¿Y a ti te convencieron? —preguntó el rubio.

—Para ser las primeras interesadas en quedarse no está nada mal. Es cierto que la de pelos colorados es un poco paranoica, pero yo le creo a su amiga muda, no parecen malas personas —le respondió su amigo.

—¿Te fijaste? El bombón de ojos negros miró hacia acá… podrán ser unos psicópatas, pero ambos están como quieren —siguió diciendo Sakura. Ambas chicas se miraron un instante en silencio y después se pusieron a reír como un par de brujas en un aquelarre.

—Jeje, qué bueno, porque aunque no necesitara el dinero las aceptaría igual, 'ttebayo!

—Eh, concuerdo contigo, dobe —dicho esto los dos se miraron con malicia y el rubio comenzó a reír como Butthead.

Ellas interrumpieron sus bobas risas para mirarlos a ellos, mientras que ellos se voltearon para ver de qué se estaban riendo ellas. Ambas partes habían llegado a un acuerdo, sólo faltaba que los chicos anunciaran su decisión.

—Venga, dobe, escúchame bien. Queda prohibido meterse con las clientas, ¿vale?

Su amigo se le quedó mirando pensativo. Sabía que era lo correcto… lo dolorosamente correcto.

—Cómo odio cuando tienes la razón, teme. Está bien… pero lo que no se toca… se puede mirar, ¿verdad?

—Ya nos entendemos, dobe. ¿Promesa entonces?

—Promesa.

Y se fueron a sentar nuevamente con las chicas. En el camino hasta allá ellas esperaron en silencio. Temían lo peor, esperaban lo mejor.

—Pues… si aún están interesadas en vivir acá, será un placer mostrarles la casa. Espero que se convenzan al ver las habitaciones disponibles.

—¿De verdad, Uzumaki-san?

—Claro que sí, yo nunca miento —eso es como 99% efectivo, pero no tienen por qué saberlo—. Y me pueden decir Naruto-kun, eso de tratarse por los apellidos me trae malos recuerdos de la escuela. ¿Están de acuerdo?

—¡Perfecto entonces! Hina-chan y yo estaremos encantadas.

Ambos amigos se miraron mientras Sakura abrazaba con fuerza a su acompañante. Naruto sonreía de lado, Sasuke lo miraba con fastidio, siempre le habían molestado esas muestras de afecto escandalosas.

—Ejem —carraspeó el Uchiha—. Ahora toca hablar de negocios. ¿Les interesaría una o dos habitaciones?

—Eh… pues, la verdad no habíamos pensado en eso… —meditó Sakura, ambas chicas se miraron.

—Creo que una —dijo con seguridad Hinata, tomando de la mano a la pelirrosada. Para ambas era un gesto natural de inocente intimidad amistosa entre chicas, lo que fue confundido colosalmente por los residentes de la casa.

¡LESBIANAS! Se les pasó por la cabeza a los dos al mirarse con pavor, luego mirándolas pervertidamente. Te felicito, teme, he acá la fantasía sexual de toda una vida y me haces prometer algo que repercute en que me duelan las bolas pensó uno, Por la mierda, que justo cuando pensé que podría aguantarme ¡me refriegan la tentación en la cara! Ah, el dobe debe estar queriendo asesinarme, pensó el otro.

—También nos gustaría cómo se las arreglan con la convivencia, ¿nos explican el sistema de comidas, si es que hay horarios, reglas? Oh, bueno, podemos hablar de eso después de ver la casa. ¿Tú nos la vas a mostrar, Naruto-kun?

—Ehh… ¡sí, claro, Sakura-chan! No te molesta que te diga así, ¿verdad? Jejejejeje… Ahh… ejem… —Naruto frunció el ceño tratando de juntar la información en su cabeza, lo cual le resultaba algo difícil siendo que en ese mismo instante debía antes vaciar su cerebro de las imágenes hentai y sólo después comenzar a pensar algo coherente. Cambió su tono de voz al seguir hablando— comenzando por el primer piso, pues está dedicado a la actividad social. Subamos al segundo piso, ahí están la mayoría de las habitaciones. Espero que les gusten, jejeje. Cuando terminemos el recorrido podemos hablar de la plata, ¿bueno?

Estúpido dobe.

Las chicas dejaron sus bolsos y acompañaron a sus anfitriones a la planta superior. Llevaban cierta distancia de ellos, Sakura tomaba el brazo de Hinata muy cerca suyo, parecía que no quería soltarla ni un momento; con cada mirada de reojo que daban los otros dos más se convencían de su retorcida teoría. Ya en el segundo piso se veía la diferencia de ambientes.

La escalera llegaba a una pequeña sala común, con dos poltronas, una banca de madera cubierta de cojines, un puf, un teléfono sobre una mesita redonda bajo una ventana que daba a la calle principal. La salita era pequeña, muy bien iluminada, sus paredes claras repartían la luz bellamente en la estancia, filtrada delicadamente por una cortina de encaje muy europea. En la mesita también había una lámpara de pantalla de género, con un pañuelo de seda rojo sobre ella. En una de las paredes colgaba un retrato de una bella mujer pelirroja.

Las chicas se maravillaron de la delicadeza de la decoración, no parecía que alguno de esos dos vividores pudiera ser el responsable del aspecto de aquél cuarto. Ambas miraron confundidas a Naruto, el propietario.

—Sé lo que están pensando. Aquella encantadora dama es la responsable del decorado, ni el teme ni yo somos maricas, ¿eh? —bromeó con una sonrisa desganada, señalando al cuadro.

—Es algo que no hemos querido cambiar de la casa original. Cuando viene gente los fines de semana no dejamos que suban al segundo piso, es mejor dejar los desastres en el primero y en el patio. Podría decirse que es la primera regla. Por acá están los cuartos —dijo Sasuke en una frase sorprendentemente larga. No le gustaba que su amigo recordara cosas dolorosas, él había pasado por lo mismo y sabía bien cómo se sentía.

Desde el lugar donde se encontraban salían dos pasillos que cruzaban el piso de lado a lado y convergían al medio, en el pequeño estar. Siguieron al pelinegro por el de la derecha, pobremente alumbrado; la claridad disminuía a medida que el pasillo avanzaba, pero aún así se podían ver las dos puertas por cada lado de éste. La solitaria ventana al final del corredor no ayudaba mucho a disipar la penumbra, estaba tapada de tablones clavados y había algunos vidrios rotos bajo ella. Posiblemente los habían robado hacía poco y ni se habían tomado la molestia de limpiar los rastros del ladrón.

Los muchachos fueron abriendo las puertas de cada una de las cuatro habitaciones de esa ala. Cuando la luz llegó al fin se veían las motas de polvo brillar entre los rayos solares, flotando en abundancia. No se paseaban mucho en esa parte de la casa al parecer. Los cuartos eran de tamaños similares, amplios para una sola persona, pero no era suficiente para las dos jóvenes. Había una cama, un velador y un armario en cada uno, tapados por gruesas sábanas.

—Llegamos a esta casa hace como un mes… tal vez menos. Antes vivíamos en la casa del teme, pero la tuvo que poner en renta y nos vinimos para acá. Mis papás me dejaron algunas propiedades, de momento nos mantenemos de rentas y trabajos que aparecen de repente. Cuando llegamos nos topamos con la sorpresa de que algún borracho la había agarrado a piedrazos, por eso algunas ventanas están selladas.

—Sou ka —susurró Sakura mientras observaba uno de los cuartos con ventana entablada. Daba un poco de miedo asomarse, tendrían que limpiar todo el piso si querían vivir ahí. Luego de eso cambiar las ventanas, instalar cortinas… de seguro que no demorarían en llegar más inquilinos, le emocionaba pensar en todas las posibilidades. Siempre había sido una persona sociable y aquella casa le recordaba su niñez, era perfecto. Se volteó sonriente hacia Naruto—. Nee, Naruto-kun, ¿nos muestras el resto?

—Claro, por acá —contestó contagiado del entusiasmo de la joven.

Se fueron hasta el otro extremo, al pasillo que quedaba a la izquierda de la escalera. Tenía tres puertas, pero una ya estaba abierta, la primera de la derecha (que daba a la calle). Dentro se veían muchas pesas apiladas en una pared, dos caminadoras, una bicicleta de ejercicios y una radio, más algunas revistas de contenido adulto y una copia de Zwanzig Liebesgedichte und ein Lied der Verzweiflung (Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada).

—¡¿Qué es esto? —preguntó Sakura escandalizada.

—Porno, ¿te suena? —contestó Sasuke.

—No eso, teme… —contraatacó la chica.

—Jajajajaja, ¡ya se sabe tu nombre, teme! —se rió Naruto.

—… esto —dijo alzando el librito—. No puedo creerlo, ¿Neruda?

—Ah… eso es mío —le quitó el libro el rubio.

—Ya sabe que eres marica, dobe —le dijo su amigo, luego se dirigió a la peli-rosada:— ¿Sabes alemán?

—Mi mamá me enseñó un poco.

—¿Alemana? —se interesó el oji-azul.

—Inglesa… pero ya saben, Europa es pequeña y el inglés y el alemán no difieren mucho. ¿Tienes ascendencia germana, Naruto?

—¡Oh, no! ¡¿Se nota? —preguntó emulando estar asombrado.

—Al menos eso explicaría tu nombre tan ridículo —le respondió ofendida por la broma.

—¿Ah, sí? Pues…

—Anno… Mejor vamos a ver el resto de los cuartos, ¿sí? —le interrumpió Hinata, evitando que se pelearan nuevamente.

—Sí, antes de que tenga que…

—Ya cállate, dobe —se le adelantó Sasuke, empujándolo a la fuerza. Iban saliendo cuando quedó al lado de Hinata, a buena distancia de los otros dos—. Gracias —le susurró a la oji-gris, levemente sonrojada.

Naruto se fue a la solitaria puerta del otro lado del pasillo. Se tomó un instante para mirar con rencor a Sakura y girando el pomo muy suavemente abrió la puerta.

Era una habitación muy amplia, abarcaba cuatro ventanas que daban al patio trasero más una en el costado, la luz la llenaba magníficamente. Ninguna de sus ventanas estaba rota, pero carecía de cortinas o persianas. Estaba amoblada con una cama matrimonial, dos veladores con sus respectivas lámparas, un gran armario de madera y un amplio baúl a los pies de la cama; lo básico, pero siguiendo un exquisito estilo art nouveau. Hinata y Sakura entraron poniendo atención a los detalles, su distribución, las vibras que emitían las pálidas paredes cubiertas de un delicado papel mural floreado en tonos damascos. Era maravillosa.

—¡Aaahhhh! ¡Kireeeiii! —chilló Hinata dando saltitos—. ¿Te gusta, Sakura-chan?

—¡Me encanta! Demo… tiene una sola cama…

—Pues a mí no me hace problema, si quieres podemos comprar un par de camas para que estés más cómoda…

—No, no te preocupes, no es necesario —la abrazó cálidamente y sonrió—. Si estoy contigo está bien, y si a ti tampoco te molesta compartir la cama mejor todavía. Además me encanta dormir contigo. —Me sentiré más tranquila si no nos separamos.

—A mí también —le respondió estrechándola. Tú y Neji son la única familia que me queda.

La chica inglesa era alta, algo así como un metro setenta, pero la japonesa no se quedaba atrás tampoco, a pesar de su etnia era casi tan alta como su amiga. Quedaban justo, justito para ese abrazo lesbiano perfecto… o bueno, casi: sólo faltaban las camisetas mojadas, la bañera llena de barro o que estuvieran peleando con almohadas en ropa interior. Los dos idiotas observándolas no podían hacer nada por evitar imaginárselo.

—¡Entonces nos quedamos con esta! —decretó Sakura una vez separadas de su fugaz abrazo, mas ahora tomadas de ambas manos.

Estaba decidido: las nenas habían conseguido su nuevo hogar.

"Saben cuanto me fastidia que una mujer diga que todos somos iguales, pero lamentablemente para muchos la regla es la misma: se guían por sus instintos animales y no entienden bien cuando una chica les da una negativa. Si se da tal caso en esa casa sólo digan que son lesbianas y asunto arreglado.

Sólo bromeaba. ¿Qué tan idiota habrá que ser para creer algo semejante de ustedes dos? Ni en un millón de años".


Poly-Uchihaahì ta, sabìa que me encontrarìa a alguien de la otra cuenta por acà. gracias por el review, si sigo igual de bien con los comentarios pus no borro esta cosa. tate bien.

Anna-Walkermuchas gracias, me alegra que se fijen en los detalles. espero que te guste la conti.

mary8876okey

ETOLPLOW-KUNcomo que no era prólogo pero igual... gracias

NEHEZ-UCHIHAokey. saludos.