Advertencias: Drarry/Harco/EWE/OoC

Summary: Harry es un gran fan de los chocolates, por eso cuando empieza a recibir cajas con notas escritas por alguien más, no puede evitar preguntarse quién será. Y disfrutar de los chocolates también por supuesto.

Este fic participa en la "Drarry Week" del foro "El Mapa del Mortífago".

El Chico Dorado y el Príncipe de Slytherin

Por: Hana Usagi

Prompt 2

ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.•. Chocolate .•.¸¸•´¯`•.¸¸. •..ஐ

Cuando Harry era un niño nunca había probado los dulces, el primer dulce que recordaba haber comido en su vida era la rana de chocolate que se había comido en el tren camino a Hogwarts en su primer año.

Después de pasar el resto de su niñez probando todo tipo de dulces se decidió que su favorito era el chocolate.

A partir de su cuarto año en Hogwarts empezó a recibir muchos chocolates -porque sabían que eran sus favoritos- de todas y todos sus pretendientes. Lamentablemente no podía aceptarlos o se deshacía de ellos al primer momento, por miedo a que estuvieran hechizados o envenenados, y ni se diga aquellos que contenían pociones de amor.

Un lunes, a mediados de octubre durante su "octavo año", recibió un extraño paquete mientras almorzaba en el gran comedor. Lo recibió con algo de torpeza y le dio un poco de su tocino a la lechuza, que nunca antes había visto.

Era una caja de cartón muy bella, de color morado y con detalles y sutiles dibujos en dorado. Quitó la tapa y abrió el papel de seda que envolvía pulcramente una caja de chocolates, redonda, del mismo color que la grande y con letras doradas. Inmediatamente se tensó, buscó dentro de la caja una nota y la encontró con facilidad. En ella venía un escueto:

No están envenenados, hechizados y no
caería tan bajo como para darte una
poción de amor.
P.D. Puedes hacer que Granger los verifique.

No tenía firma, la letra tenía una hermosa caligrafía y esas palabras le hicieron darle el beneficio de la duda a quien sea que le haya mandado tan bonito presente y deliciosos -por lo que se veían- chocolates.

Se los pasó a Hermione y después de convencerla que hiciera los encantamientos -y no solo tirarlos inmediatamente-, sonrió victorioso al saber que eran inofensivos. Tomó uno de ellos con rapidez y se lo metió a la boca completo, tuvo que contener un gemido de satisfacción al sentir el delicioso chocolate derretirse en su lengua dando paso un exquisito sabor que nunca antes había sentido sobre su paladar.

Tomó la tapa de la caja de los chocolates y vio que estaban rellenos de rosas y violetas. Preguntándose cómo diablos podían hacer una crema tan exquisita con flores, tapó los chocolates enseguida y encogió la caja al ver como sus amigos Dean, Seamus, incluso Ron, estaban por pedir uno de los chocolates.

No es que fuera egoísta o envidioso, es que se los habían regalado a él y sería una falta de respeto el darle a sus amigos, ¿verdad?

Al siguiente lunes, durante el almuerzo también, volvió a recibir una caja de chocolates de la misma marca que la anterior y por la misma lechuza. Esta vez eran trufas de chocolate oscuro, que se veían igual de deliciosas que las anteriores. Estaba por comer una cuando la mano de Hermione detuvo la suya en su camino hacia su boca.

- Harry, tienes que revisarlas primero, ¿qué tal si ahora si están hechizadas? - Ron la apoyó moviendo la cabeza afirmativamente con la boca llena y él, soltando un suspiro, dejó que lo hiciera.

Cuando Hermione estuvo satisfecha en su inspección, continuó con lo que hacía y esta vez no pudo evitar soltar el gemido de satisfacción, cosa que dejó a su amigo pelirrojo muy intrigado y aprovechando que aún tenía los ojos cerrados disfrutando de su obsequio, trató de robarle uno.

Para sorpresa de los tres -Harry se tuvo que interrumpir en su viaje al paraíso de los chocolates-, la caja tenía un campo de fuerza que no dejaba que Ron los tocara.

Harry no pudo evitarlo, al confirmar que su amigo se encontraba bien, soltó una carcajada seguido de Hermione al ver como se chupaba sus dedos que salieron ligeramente chamuscados por la fuerza del hechizo.

Harry notó la tarjeta dentro de la caja y la leyó, provocándole un sonrojo por la vergüenza.

Le coloqué un hechizo de protección a la caja,
al notar tu mirada la semana pasada
y cómo escondiste la caja de inmediato.
Descuida, son todos tuyos.

Las siguientes semanas siguió recibiendo chocolates, trufas de menta, chocolate blanco, de caramelo de banana, fresas, café, incluso de champagne. Todos deliciosos.

En navidad recibió una caja más grande, con trufas diferentes a las redondas que recibía semanalmente, estas eran de diferentes formas, con bonitos decorados y de diferentes tipos de chocolate, pero no lo defraudaron, eras deliciosos. El gusto de su admirador secreto era claramente refinado.

Las notas que siempre acompañaban eran preciosas, tanto por el grabado, el tipo de pergamino y su contenido.

Su admirador -sí, un hombre, no estaba seguro de cómo, pero lo sabía- siempre hacía notar eso, que lo admiraba, pero no porque haya derrotado a Voldemort, porque sea el elegido o sea el niño-que-vivió-para-ser-el-salvador-del-mundo-mágico. No, él siempre le decía como admiraba -no exactamente con esas palabras- sus habilidades en el vuelo -vuelas bien, bueno más que bien, es como si hubieras nacido para vivir en el cielo-, en la defensa -me impresiona el hecho de que sepas defenderte en un duelo sin que se te caigan los anteojos-, el cómo no hacía alarde de su grandeza o su fama -eres mucho más humilde de lo que creí, y no sé por qué eso hace que me atraigas más-, como era capaz de ver lo bueno de otras personas y su modo de dejar todo lo malo atrás y tratar de buscar la felicidad -es increíble que perdonaras todo, que no reproches ni juzgues y sonrías por todo lo bueno que te pasa a ti o a otros-.

Sí, había aprendido a leer entre líneas.

También le decía lo que le gustaba de él, como sus ojos -tienes bonitos ojos Harry, pero los malogras con esos feos anteojos y ese nido de pájaros que tienes por pelo-, sus labios -lo que sea que hagas con tus labios deja de hacerlo idiota, provocas que quiera asaltarte a mitad de pasillo-, o sus manos -me gustan tus manos, son la prueba física de que has trabajado duro por la felicidad que mereces-, esa fue la primera vez que le dijo directamente que algo de él le gustaba.

Poco a poco Harry empezó a caer por su admirador secreto, pero para su mala fortuna, éste no parecía querer salir de su anonimato, todas sus notas tenían ese tinte triste y lleno de resignación, cómo si supiera que aunque Harry supiera su identidad, nunca estarían juntos.

En febrero, descubrió algo que en ese momento no sabía si festejar o lamentar.

Era el fin de semana anterior al del catorce de febrero, iba caminando junto a Ron y Hermione, pero poco a poco se quedaba atrás para darles algo de privacidad. Fue a Honeydukes, para investigar si ahí vendían de esos deliciosos chocolates a los que se había vuelto fanático. Pero antes de llegar escuchó una aparición a uno de los lados de la oficina postal.

Se asomó al callejón y se sorprendió al ver a Draco Malfoy recargado en una de las paredes. Se veía agitado, cómo si hubiera corrido mucho y se preguntó cuál sería la razón. Para su sorpresa lo vio sonreír como nunca antes lo había visto, sin malicia, sin superioridad, sin ser el cabrón que fue por los pasados siete años.

Y si su sorpresa no había alcanzado los límites permitidos, lo fue al darse cuenta del calor en sus mejillas y el latido desenfrenado de su corazón.

Estaba a punto de irse cuando notó lo que tenía en las manos, una cajita redonda de color lila en una y una más grande, de color rojo oscuro y cuadrada en la otra. No supo la razón, pero su corazón se agitó aún más al ver las cajas.

Sin ser notado, dio media vuelta y continuó su camino a la tienda de dulces.

El lunes siguiente esperaba ansioso la llegada de los chocolates, incluso más que las veces pasadas y no sabía el por qué. Incluso Hermione lo notó y le preguntó si todo estaba bien.

- Por supuesto Hermione - dijo a la carrera, volteando de vez en cuando a las ventanas.

- Estás algo…

Pero fue interrumpida por el sonido del tenedor de Harry al caer con estrépito en el plato, pues ya había distinguido la figura de la lechuza completamente blanca que siempre le entregaba los chocolates. Cuando recibió la caja cuadrada en la que siempre venían las cajas redondas, se obligó a soltar un suspiro para tranquilizarse. Le dio algo de tocino a la lechuza, como todos los lunes, y con las manos temblando abrió la caja.

Dentro, envuelta en papel de seda color rosa palo, se encontraba una cajita redonda, color lila con trufas de chocolate, frambuesas y champagne.

Por un instante, la imagen de Malfoy recargado en un callejón de Hogsmade, sonriendo y con una cajita redonda y lila se le cruzo por la mente. Sus mejillas se empezaron a calentar y su corazón a latir desenfrenado. Se obligó a permanecer con la vista en la caja de chocolates que acababa de recibir y no a tratar de buscar un par de ojos grises en el gran comedor.

Esta vez no abrió la caja en el comedor, la tomó y salió del lugar con dirección a la torre de Gryffindor, donde al llegar, se fue directo a su dormitorio, se sentó sobre su cama y cerró las cortinas con un hechizo de privacidad.

Se quedó ahí, sentado, mirando fijamente la caja que acababa de recibir. Después de un rato que no se molestó en verificar si fueron segundos o minutos, abrió la caja e hizo los hechizos de inspección que se aprendió al ver a Hermione pero que llevaban más de un mes de no realizar.

Estaban limpios.

Tomó la nota que le había llegado con los chocolates y la leyó.

No esperes un regalo de San
Valentín de mi parte.
No soy tan cursi.

Rodó los ojos por las palabras, pero pareció notar algo. Sacó la caja de chocolates que recibió primero pues ahí guardaba todas las notas que acompañaban a los chocolates, y empezó a releerlas todas.

- ¡Soy un imbécil! - se reprendió al darse cuenta de la manera de hablar o decir las cosas su admirador.

Para Harry quedó claro que era Malfoy, y el hecho de que no lo hubiera reconocido fue porque las cosas que le decía eran amables, incluso tiernas, y nunca lo llamó Potter, siempre que lo mencionaba era con su nombre de pila, no su apellido.

- Entonces… ¿le gusto a Malfoy?

El hecho de que su corazón se acelerara y sus mejillas se calentaran era prueba suficiente de que no le importaba el hecho de que su admirador fuera el rubio. Pero entonces recordó la caja cuadrada y el hecho de que en la nota que le acababa de llegar le decía que no le enviaría un regalo de San Valentín.

No supo cuál fue el sentimiento que lo embargó, si tristeza, decepción o enfado. O los tres juntos.

Celos - le dijo su subconsciente -esos son celos por no ser la pareja oficial de Draco.

¿Cómo que la pareja oficial? ¿Y desde cuando es Draco? No, él no estaba celoso, además, en las notas nunca trató de conquistarlo o convencerlo de tener una vida juntos, siempre fue…

- como si… no tuviera esperanzas - se dijo al entender esa tristeza y resignación que predominaban en las notas.

Y entonces lo comprendió todo.

•.¸¸.•.¸¸.•

El domingo* en la mañana llegó al gran comedor al tiempo justo para recibir los obsequios de San Valentín. Se sentó junto a Hermione y con Ron frente a él.

- ¿Estás nervioso? - le pregunta Hermione fingiendo que no le interesa la respuesta.

- Un poco - confiesa - tengo el presentimiento de que alguien usará la confianza que le he puesto al señor lechuza blanca para darme chocolates alterados.

Hermione hizo una mueca que le hizo saber que ella también ya lo había pensado.

- Pero, ¿el señor lechuza blanca te confirmó que te enviaría chocolates? - se habían acostumbrado a llamarlo así pues Harry ya les había dicho sobre sus sospechas de que sea un hombre y por el hecho de que siempre le entregaba los paquetes la misma lechuza.

Harry negó con un suspiro decepcionado, Hermione sonrió.

- ¿Estás triste porque tu enamorado no te regalará nada por San Valentín?

Harry se sonrojó y apartó la mirada.

- ¡Harry! - exclamó ella feliz - ¡Te has enamorado de tu admirador! - escuchó como Ron se atragantaba con su comida.

- Shhh ¡Hermione! - Harry trató de taparle la boca y giró la cabeza a todos lados esperando que nadie la hubiera escuchado pero ella se apartó.

- ¿Acaso me lo negarás?

Harry apretó los labios y para su salvación las lechuzas empezaron a llegar, aunque tal vez hubiera preferido enfrentarse a Hermione que a las decenas de lechuzas que empezaron a dejar sus paquetes frente al moreno.

- Oh por Merlín, ¿esto es real? - dijo con un gemido de sufrimiento al ver montañas de cajas de diferentes colores iguales a las que le enviaba Draco.

Su rostro se calentó, no supo si de vergüenza o de furia. Empezó a escanear el gran comedor y pudo ver unas cuantas caras ansiosas, otras con envidia y unas cuantas indiferentes, hasta que se topó con unos ojos grises y furiosos. Oh si, Draco Malfoy también estaba enfadado.

- Esto es una mierda - dijo para sus amigos que lo miraban con pena -, ahora tengo que revisar todas estas cajas para asegurarme que ninguna es de lechuza blanca pues con el revuelo no pude fijarme.

- Yo tampoco - declaró Hermione.

- ¿Podrías ayudarme?

- Claro, yo revisaré que las cajas no tengan hechizos o trasladores, tú revisas el interior, de esa manera terminaremos más pronto - Harry asintió - ¿No quieres ir a otra parte? - le preguntó al ver cómo todos se les quedaban mirando y al ser domingo tenían todo el día.

- No - dijo enfadado -, quemaré una a una las cajas que sean falsas.

Hermione no dijo más, sabía que su amigo estaba muy enfadado por culpa de esa gente que trataba de abusar de su confianza.

Cuando Hermione le pasó la primera caja y él verificó el contenido para confirmar que era una caja redonda con chocolates de cappuccino como los que había recibido cinco semanas antes, su furia creció. Levitó la caja y cuando estuvo a un metro por encima de los chicos le lanzó un incendio. Escuchó muchos jadeos de sorpresa y un llanto, no giró a ver quién fue, tenía más curiosidad por ver el rostro de Draco, pero se contuvo.

Así pasaron al menos treinta minutos, la mayoría de las cajas fueron incendiadas, otras desaparecidas pues tenían un traslador que se activaba en cuanto las tocaban. Incluso en algunas, Harry pudo encontrar notas con la misma caligrafía de Draco, enfureciéndolo más, pero preguntándose si Draco había sido descubierto o él muy descuidado y las habían copiado.

Hasta que llegaron a una, de color morado en la parte inferior y con la tapa a rayas de colores celeste y lila. Harry la abrió y pudo ver dentro la caja cuadrada de color rojo oscuro que ya había visto anteriormente.

Sus mejillas se calentaron y su corazón se aceleró. Tomó la caja con sus manos y vio la nota de siempre.

Está bien, lo admito, soy cursi.
Sólo mira lo que hago cada semana,
le mando chocolates al chico
del que estoy enamorado.

El latido de Harry aumentó tanto, que podía escucharlo y sentirlo en sus orejas, además de su sonrojo, que estaba seguro, iba desde el cuello hasta las orejas. Pero es que no lo podía evitar, era la primera vez que escribía que estaba enamorado de él tan directamente.

- ¡Harry! - escuchó la voz de Hermione que lo llamaba, salió de su mundo y le puso atención.

- ¿Qué pasa?

- Te preguntaba que si ya la habías encontrado, pero por tu cara es obvio que si - dijo en tono de emoción y desapareció el resto de las cajas.

Harry enrojeció y esta vez no pudo evitarlo, volteó a ver a Draco y pudo verlo sonriendo antes empalidecer y cambiar su expresión a una de terror cuando se dio cuenta de que Harry lo sabía todo. Se levantó con estrépito de la mesa y salió corriendo del lugar. Harry tomó la caja de chocolates y se dirigió a la salida después de decirles a sus amigos que los alcanzaba en la sala común.

Al salir del Gran Comedor sacó el mapa del merodeador y empezó a buscar la motita de Draco, la encontró en las escaleras del cuarto piso, cosa que le extrañó pues pensó que iría a las mazmorras. Cuando lo vio continuar hasta el séptimo y dar vuelta en un pasillo en específico supo a dónde se dirigía.

Abrió la puerta de la Sala de los Menesteres, y encontró un extraño saloncito con sillones, mesas de té y una cama. Draco estaba sentado en un sillón grande de tres plazas, con los codos sobre las rodillas, la cabeza agachada y se estrujaba los cabellos con las manos; cuando se dio cuenta de la presencia de Harry movió su mano rápidamente para tomar la varita -que Harry le había devuelto el primer día de clases-, pero Harry en un movimiento rápido lo desarmó.

Aun apuntándole con la varita, Harry se acercó hasta quedar frente al rubio con la mesita baja y rectangular en medio de ambos, su rostro no mostraba nada, tal vez un poco de desconfianza, falsa por su puesto, pero lo que si tenía eran dudas, pues si Draco sólo estaba jugando con él, le dolería, y mucho.

- ¿Es esto cierto? - preguntó dejando caer la caja con los chocolates que acababa de recibir.

Draco se mordió el labio inferior, Harry pudo notar algo de miedo y tristeza en sus ojos. Sacó de su bolsillo la caja de chocolates con el resto de las notas, le devolvió su tamaño y también la dejó caer en la mesa haciendo que se abriera y mostrara su contenido.

- ¿Todo es verdad? Y por favor Malfoy, espero sinceramente que me digas la verdad.

Draco cerró sus ojos, apretó el sofá con sus manos y asintió.

- Cada palabra de cada una de las notas - declaró con la cabeza agachada y los ojos aun cerrados como si estuviera esperando un veredicto, o hechizo, y por esa razón no pudo ver cómo Harry se acercaba y se hincaba frente a él.

Harry soltó su varita en cuanto estuvo de rodillas frente a Draco, lo tomó del rostro y le hizo mirarlo a los ojos.

- Eres un imbécil, Malfoy - sonrió -, pero un imbécil que logró enamorarme con unos deliciosos chocolates y unas cuántas notas bonitas.

Draco abrió la boca con sorpresa y estuvo a punto de decir algo pero Harry lo interrumpió estampando su boca con la propia. Cuando fue capaz de devolverle el beso lo hizo con toda la entrega y amor que le había enviado en las notas, y sin poder creerse que Harry Potter estuviera junto a él, besándolo, lo rodeó con sus brazos y lo atrajo a su cuerpo.

Cuando al fin se separaron, Harry sonrió risueño y habló:

- ¿Cómo supiste que los chocolates son mis dulces favoritos?

- Soy bueno observando - dijo, con todo ese orgullo Malfoy que esta vez no le molestó a Harry.

- O acosando más bien - rio.

- Claro que no Potter, ese eres tú - arrugó la nariz de una manera que a Harry le hizo reír más y darle un beso suave, se quedaron con las frentes unidas hasta que Draco volvió a hablar - ¿Cómo supiste que era yo? - preguntó, esta vez serio.

- Te vi, en Hogsmade, la semana pasada cuando te apareciste a un lado de oficina postal, llevabas la caja de chocolates del lunes y ésa - apuntó a la caja que estaba sobre la mesa.

- ¿Y no me reclamaste nada? - preguntó más con sorpresa que confusión.

- No sabía que eras tú, a pesar de haberte visto con las cajas, la del lunes pudo haber sido una coincidencia, tenía que esperarme a la de hoy, si es que me mandabas una - dijo lo último con un puchero.

- Oh Potty - bromeó, pero cuidando de no haberlo enfadado, Harry lo dejó pasar - ¿Estabas triste porque no recibirías regalo de San Valentín del hombre del que te enamoraste?

- La verdad, sí - se mordió el labio y desvió la mirada.

- ¿Qué pasa Potter? - tenía el ceño fruncido al notar como lo evadía.

- Nada.

- No me vengas con eso, dime qué pasa.

- Es sólo que… - volvió a morderse el labio -, al ver que los chocolates del lunes eran iguales a los que te vi en Hogsmade, o al menos las cajas, mis sospechas incrementaron, releí las notas pasadas y cada vez me convencía más de que eras tú y recordé que cuando te vi en Hogsmade también traías la caja cuadrada - se detuvo y Draco asintió para que continuara - y por un momento, me pregunté si se la darías a alguien más, si tendrías una pareja oficial o algo así y por un momento me sentí… ya sabes, celoso.

La sonrisa de Draco fue igual a la que tenía ese día en Hogsmade, y Harry sintió su pecho calentarse al igual que sus mejillas. Recibió un profundo beso y cuando se separaron Draco habló:

- Ya sabía yo que me amabas desde hace mucho tiempo - picó.

- Oh, ni te creas tanto Draco Malfoy - se separó un poco para verlo fijamente y con seriedad -, créeme que si hubiera sabido que eras tú desde el principio te hubiera rechazado sin mirar atrás - lo sintió tensarse y continuó sin pausa -, esa fue una de las cosas de las que me di cuenta, antes de empezar a recibir esos chocolates no te amaba, pero cuando supe que eras tú no me importó, como no me hubiera importado que fuera Neville, o Seamus, ni siquiera me hubiera importado si fuera el profesor Flitwick - vio como Draco hacía una mueca y sonrió -, yo me enamoré de la persona que me abría su corazón cada semana - sonrió y le dio un casto beso-, por eso necesitaba saber si todo era cierto, si me hubieras dicho que todo era un juego te hubiera cruciado el culo hasta la cena.

Vio como Draco sonrió y se mordió el labio, indeciso.

- Te quiero… Harry.

Harry sonrió.

- Y yo te quiero a ti, Draco.

Se quedaron viendo un poco incómodos. Era extraño estar de este modo cuando un año atrás estuvieron a punto de matarse el uno al otro, Harry soltó una risita por la estupidez de ambos y se deshizo de sus dudas y todo lo que esa nueva situación le provocaba, dejando solo el hecho de que estaban enamorados y que después de tanto tiempo, por fin tenía al señor lechuza blanca entre sus manos.

- Oye Draco, ¿qué es lo que piensas al ver mis labios? - preguntó para quitar tensión.

- Oh, ya recuerdo cómo me provocabas casi todos los días a mitad de un pasillo - sonrió, con esa estúpida sonrisa de yo soy el mejor y más guapo, que hizo que Harry girara los ojos, y lo atrajo para besarlo.

ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.•. .•.¸¸•´¯`•.¸¸. •..ஐ

La marca de los chocolates que Draco le mandaba a Harry es Charbonnel Et Walker, son reales y son ingleses. Pueden buscar imágenes en google y les saldrán inmediatamente las cajitas redondas que menciono.

El catorce de febrero de 1999 fue domingo.

Este prompt me salió mucho más largo que el primero, cuando lo planee en mi cabeza no creí que fueran más de dos mil palabras y llegue casi a las cuatro mil, rayos, espero que no se haya vuelto una lectura tediosa y lo hayan disfrutado tanto como yo escribiéndolo.

Gracias infinitas a los que se pasan a leer y a dejar un comentario.

Hasta el próximo prompt.

::: (_( :* .¸¸.•Hana
*: (=' :') :* .¸¸.• Usagi
.. (,(")(")¤°.¸¸.•´¯`» 25/03/2016