Naruto se había llevado a Hinata en brazos al piso de arriba, Sakura sonreía. La verdad, para ser tan lindo no tiene el ego hinchado como los demás hombres buenmozos que he conocido. Es la maldición de los casanovas: el pasar a llevar a todo el mundo por una cara bonita.

—Me disculpo por el dobe, siempre es igual de desordenado.

—Mmm —asintió—, no pasa nada, es muy simpático.

—Hhm, así que simpático…

—¿Qué? ¿Es malo ser simpático?

—Pues, en mi experiencia, cuando a un hombre le dicen que es simpático o que es tierno, quiere decir que no es atractivo.

—¿Ah, sí? ¿Te lo han dicho mucho?

—Hhm, qué tierna. Te aconsejo que te compres unos lentes, así corta de vista te estás perdiendo de mucho.

Sakura se le quedó mirando haciendo un mohín.

—Veo que Sasuke-kun es orgulloso…

Él emitió una sutil y superior sonrisa de medio lado.

—Te diste cuenta, ¿quieres una medalla?

—E irónico, por lo que veo…

—Y tú eres una pequeña y sabionda molestia.

—Qué pesado. Estoy segura de que tienes algo más qué decir de mí, Sasuke-kun.

—¿Algo como qué?

—Umm… no lo sé… detalles… algo que no parezca muy evidente a primera vista. No creo que seas sólo un bonito empaque sin una pizca de cerebro, Sasuke-kun; no pareces uno de esos sujetos.

Sasuke se la quedó mirando casi fastidiado. Esa chica se le hacía infantil, entrometida e insistente, y abusaba groseramente del término Sasuke-kun.

—Hhm. Pues si de detalles se trata, de ti puedo decir que… tu energía no es física, sino pasional; tu comportamiento es fiel reflejo de tu estado anímico. Esa actitud de mujer fuerte e independiente no hace más que esconder una niña sentimental y temerosa —se tomó una pausa para recorrer su cuerpo con la mirada, notando con satisfacción un casi imperceptible gesto de perturbación en el rostro de la chica—. Hueles a miedo, puedo sentirlo emanando de una herida abierta hace poco. Pero tu fuerza es tu cariño por Hinata, ¿me equivoco? Sacas las garras por defenderla como una leona entre sus cachorros y una manada de hienas. Y no creas que me engañaste, sé que eres tan inocente y generosa como la indefensa amiga que quieres proteger.

El silencio de la joven de ojos glaucos le indicó estar en lo correcto. Sin mirarla sonrió de lado, satisfecho. Al levantar la vista supo que sus palabras la habían afectado; lucía repentina e inevitablemente vulnerable.

—Todo eso que dijiste es verdad —se tomó un momento para respirar. Volvió a hablar cuando se sintió lista—. De ti puedo decir que… tu preocupación principal en este mundo eres tú mismo, y tu ocupación es ser perfecto. Nunca te has enamorado, y agradeces que así sea porque no tienes tiempo para esas cosas. Puedo percibir un padre exigente, tal vez incluso machista; eso explicaría tu estoicismo constante. Ya sabes, "los hombres no demuestran sus sentimientos, bla, bla bla". Pero si no tuvieras corazón no te dedicarías a algo tan sensible como la música, ¿verdad? Aunque sean canciones de rock.

—Hhm… —sonrió— supongo que me lo merezco. Pero no soy tan terrible, por algo el dobe me ha aguantado por ocho años.

—Pues entérate que una de las mayores razones que él te aguanta es que sabe lo mucho que lo necesitas. La amistad que él tiene contigo él la podría armar con quien se lo proponga, a diferencia tuya.

El último comentario lo sacó un poco de quicio. Estupideces. El jueguito de las deducciones dejó de ser divertido. Sacó un arma secreta para fastidiar a su delatora.

—Tú quieres convertir a Hinata en una copia de ti misma. Estoy seguro de que quien la convence para que se maquille y se vista así eres tú; le dices qué hacer, qué decir, cómo comportarse. Piensas que ella sola no podría sobrevivir en este mundo hostil, así que te encargas de que imite todo lo que haces para endurecer su carácter. Así no le estás haciendo ningún favor.

La joven golpeó la mesa con su mano.

—No hables de lo que no tienes idea.

Pero él siguió hablando.

—La de la herida eres tú, no ella. Tienes miedo de que ella pase por lo mismo que tú, pero no hay nada que puedas hacer para protegerla, lo sabes. Todo lo que puedes hacer es estar ahí con ella cuando eso ocurra. Déjala madurar como corresponde.

Sakura casi estallaba de ira. Era verdad, todo era verdad.

—¿Y tú qué sabes? —le dijo con fastidio. Se fue a la cocina a botar su lata de cerveza. Aún estaba medio llena pero necesitaba alejarse de aquél sujeto. Lo que ambas hemos pasado… no tienes idea.

Sasuke se quedó sentado mirando el espacio vacío que antes ocupaba la chica. Suspiró pesadamente, se le había pasado la mano. La siguió a la cocina.

—No debí haber dicho todo eso. Sólo quería vengarme por lo que dijiste de Naruto —le dijo apoyándose en el marco de la puerta, las hileras de mostacilla celeste se escurrían por su espalda—. Lo que pase entre ustedes dos no es de mi incumbencia.

—No, está bien, fui yo la que empezó. Además es cierto… el modelar, maquillarse, usar tacones, incluso la permanente azul de su cabello… todo ha sido decisión mía sobre ella. Soy un monstruo —miraba la lata acostada dentro del lavaplatos y su contenido escurrirse por el drenaje. Aún dándole la espalda ardía la presencia del joven tras ella.

—Esa es una manera de verlo… la otra es pensar que si Hinata escucha todo lo que tú le dices es, primero, porque es parte de su forma de ser, y segundo, porque confía en que lo haces con las mejores intenciones.

Las palabras son poder. Con ese pequeño discurso el peso en el corazón de Sakura se hizo ligero. Se quedó analizando lo que había dicho, tenía razón.

—La verdad no sé qué es lo que está pasando ahora en tu vida, ni cuál es tu historia —continuó diciendo Sasuke—. Lo que sí sé, y es que se nota, es que ella es la última persona que te va quedando, te estás aferrando tanto a ella que ahora no se pueden separar ni para dormir. Aunque bueno, supongo que será también porque son novias…

Sakura levantó la cabeza bruscamente. La broma que Neji había hecho en ese mail… se había cumplido. Ahora ella podía aclarar todo el asunto o dejar a Sasuke como un idiota todo el tiempo que se le antojara. ¿Qué sería, qué sería…?

Por su reacción parece que es verdad. Rayos, ¿habrán pensado que pasaban desapercibidas?

—Jajaja… ¡Jajajajajajaja! —Sakura pasó inmediatamente de la pena a la risa, no podía evitarlo.

¿Y ahora qué mierda le pasa?

—¿Qué es tan gracioso?

—Ah… lo siento, Sasuke-kun, traté de aguantar la risa, pero es que no pude…

—Sólo dime qué es lo que te da tanta risa, ¿quieres?

—Es que… es que… ¡jajajajaja!

Maldita sea, ya comienzo a sentirme un estúpido. Caminó hasta ella, la tomó de un brazo y la volteó hacia sí. Ella dejó de reírse automáticamente. Él tenía plena conciencia de lo profundo que eran sus ojos, le sorprendió que una mujer como ella no fuera inmune.

¡Sasori-kun…!

—¿Quién es Sasori?

—¿Qué?

—Que quién es Sasori.

Sin darse cuenta la peli-rosada había dicho ese nombre en voz alta. Pero es que Sasuke le recordaba tanto a ese hombre… ¿Demo, por qué?

—Nadie; un ex-novio, no tiene importancia.

—Hhm. ¿Y por qué te estabas riendo? —no le soltaba los brazos, ella comenzaba a ponerse nerviosa.

—Por… porque… Hina-chan y yo no somos yuri.

Muy estúpido.

—¿Me estás jodiendo?

Ella sólo se alzó de hombros para responderle. Eso no tenía sentido, la mirada que ambas sostenían, la confianza con el cuerpo de la otra, no era típico de una amistad entre mujeres. Sakura vio la cara de confusión de Sasuke, era la gloria hacerlo pasar por un imbécil, pero se controló para seguir explicándole ya que él tomaba otra vez distancia de ella.

—Te vez confundido —suspiró—. Bueno, Hinata es mi hermana, mi novia y mi mejor amiga, todo al mismo tiempo. No eres el primero ni el último que nos malinterpreta…

—Ya, no digas más. Por lo menos no fui el único, Naruto también pensó lo mismo.

Naruto-kun… ¡Hina-chan! Sakura se dio cuenta de todo el tiempo que había pasado desde que habían subido. Ese tipo… más le valía no…

Pasó por el lado de Sasuke sin tomarlo en cuenta. A paso furioso se proponía subir a ver qué tanto los estaba entreteniendo.

—¿Sakura?

—Ha pasado mucho tiempo, ya deberían haber bajado.

—Oi, espera.

Sasuke la llamaba con el tono más relajado y ajeno del mundo, pero ella hacía caso omiso.

—¡¿Qué? ! —se dio vuelta impaciente. La leona sacaba las garras por sus cachorros amenazados.

—¿Pero qué te pasa? ¿Crees acaso que Naruto está abusando de Hinata o algo así? —le preguntó en broma.

Congelada en medio de la sala común intentó controlar los agonizantes escalofríos. ¡Cómo aborrecía esa palabra!

—Sólo espera, seguramente están hablando y se les pasó la hora. Ahora llamo al teme para que se apuren —sacó su móvil del bolsillo y marcó el primer número registrado en su discado automático. Se quedó con la vista pegada a la muchacha como si eso la retuviera en su sitio. Cuando dio el tono apretó el botón del altavoz—. Está sonando, ¿ves?

—Bien, bien, sólo diles que se apuren, que tengo hambre —musitó, como si no fuera obvia su incomodidad.

¿Mm… moshi-moshi?

El teme tartamudeó.

—Dobe, ¿qué están haciendo? Tenemos hambre.

Claro… Gomen, es que nos entretuvimos conversando…

Su respuesta fue dubitativa.

—Pueden conversar mientras van a comprar los ingredientes para cocinar, apúrense y bajen de una buena vez.

Hai, hai… ya vamos.

Conozco ese tono; es aquél que pone cuando lo han pillado y quiere hacerse el desentendido.

Cortó el teléfono, con lo que por un segundo desvió la vista de la peli-rosada. La volvió a ver con ojos calmos.

—Ya bajan, tranquila.

—Gracias —le dijo casi en un susurro.

Algo pasó. Ella tiene todas las razones para sospechar. Típico de las mujeres… Él conocía a su amigo, ella sólo se basaba en un presentimiento. Cuando dos personas forman un vínculo tan fuerte…

—Mejor volvamos a sentarnos.

De vuelta en la mesa él agarró su cerveza con ambas manos sobre el mueble. Fueron diez segundos de vacío larguísimos.

—¿Y cómo es que pudiste sacar tantas conclusiones sobre mí?

Ella alzó las cejas sorprendida, no se esperaba que volvieran a hablar.

—Esto… pues es fácil. Con el rato que pasamos viendo la casa fue posible observar algunas cosas de ustedes dos… —ahora ese sería su hogar, se sintió con derecho a apoyar los brazos y su mentón sobre la mesa—. ¿Y tú cómo pudiste saber todo eso de mí?

—Las muchachas apasionadas son más fáciles de leer. Cualquiera habría deducido lo mismo que yo.

No, no era eso solamente. Uchiha Sasuke no se daba el lujo de analizar a cualquiera. Esa niña era irritante, pero había algo que llamaba su atención en ella, y estaba decidido a averiguar qué mierda era.

—Espero que podamos llegar a ser amigos —le dijo ella, celebrando que la charla daba un giro más amable.

—Salud por eso —le respondió él alzando su trago.

O O O

Naruto no le dijo nada a Hinata. No había nada más que agregar. Sin palabra adornando lo incómodo de sus compañías bajaron la escalera. Al dar la vuelta llegando al segundo piso el rubio fingió no inmutarse por el desvío que tomaba la de ojos grises a su habitación, cuando en realidad estuvo pendiente desde el olor de su cabello hasta la sintonía de sus pasos por el pasillo. Se sentía lo peor.

Llegó a la mesa, se encontró a Sasuke y a Sakura donde los habían dejado. La oji-verde apoyaba el mentón sobre sus brazos cruzados, sobre la cubierta. Cambiaba su sonrisa por un rostro serio al verlo acercarse.

—¿Y Hinata?

—Pasó al baño, ya viene —dijo como si no notara que lo miraba como culpando de algo terrible.

Se fue a sentar y abrió una cerveza. Se registró en los bolsillos traseros del pantalón y sacó una cajetilla de cigarros.

—¿Quieres? —le ofreció a su nueva compañera de casa.

—No, gracias.

—¿Teme?

—Es muy temprano, dobe.

Encendió un cigarro y se fue a la cocina a buscar un cenicero.

O O O

Hinata estaba que explotaba de ira, vergüenza, tristeza. Un montón de sensaciones amargas cuyo sabor resultante no era para nada agradable. Llegó al cuarto, se tiró en la cama y pataleó descargándose que sea un poco. Cuando se calmó otra vez tenía los ojos llorosos. Está bien, no pasa nada… Si a él no le importa entonces a ti tampoco. Como sea. Parecía que en realidad todos los hombres eran como se los pintaba Sakura: un puñado de miserables descorazonados con una sola cosa en la cabeza. Pero es que no importaba cuántas veces le dijera su amiga las verdades a la cara, ella simplemente seguía y seguía y seguía errando una y mil veces. Se sentó, se pegó en las mejillas. Buscó su bolso para sacar su sweater, ese que solía usar cada invierno cuando se quedaba en su antigua casa viendo la lluvia a través de la ventana. Con esa camisola era difícil mantener la misma sensación de comodidad, además, estaba segura que por andar mostrando demasiado era que ese tipo se le había tirado encima.

¿Entonces él tiene toda la culpa? Porque sabes que al principio fue amable genuinamente. El primer beso no fue robado, fue un encuentro de los dos.

No, no quería defenderlo. Revolvió entre su ropa algo más cómodo para vestirse. A ver… su camisa de algodón, aquella falda tableada, unas calcetas holgadas de algodón y encima su chaleco consentido. Una última parada al baño para lavarse la cara definitivamente y bajó víctima de uno de sus habituales episodios de nerviosismo ansioso.

El bishii se había quedado terminando las labores de recolección de congelados descompuestos de la cocina con el cigarro en la boca. Chupaba como contratado. Le daba la última larga bocanada a su segundo cigarrillo cuando escuchó la alteración de la calma en la sala.

¡Te cambiaste! Parece que ya te estás adaptando a nuestra nueva casa.

Hai, con esto voy a estar más cómoda para cocinar.

Te ves mejor así, Hina… el dobe te está esperando en la cocina.

Arigatou, Sasuke-kun, ya voy a ayudarle.

Tragó grueso. Sintió el ligero arrastrar de un par de pantuflas avecinándose. Sacó la cara del refri para verla. ¿Qué? ¿Era posible acaso? Hhm, pues sí: Se sentía más basura todavía.

Con la mano en la que tenía la bandita adhesiva apartaba los abalorios colgando del umbral de la cocina, con la otra sujetaba unas Converse amarillas. Un bolso de peluche cruzaba el enorme chaleco color lavanda, apartado en una de sus caderas. Llevaba además una falda de tablas de tela escocesa, en tonos púrpuras y rosados. Se había puesto calcetines hasta abajo de la rodilla y encima polainas blancas. Su rostro estaba completamente limpio, parecía un angelito. Su ropa acompañaba la niñez de sus rasgos, los tonos pastel de su atuendo hacían juego con su piel pálida, y resaltaban sus ojos y su cabello. Ese enorme chaleco la hacía ver más pequeña, indefensa, inocente…

Soy un violador de menores. De estar en Alemania me condenarían por estupro.

—Hi… Hina-chan…

—Etto… no hay mucho para cocinar, mejor nos apuramos. ¿Hay algún almacén cerca? —dulce, sonrojada. Volvía a su volumen de voz más bajo. Se esforzaba por dirigirle la palabra, pero ni se molestaba en verlo a la cara.

—Hai, hai… —bajó la vista, calculó su respuesta, levantó la vista otra vez—. Vamos al auto, hay un supermercado a diez cuadras de acá.

Sakura los vio salir de la cocina. Tú y yo vamos a tener una conversación, Hinata. Naruto sacó un tercer cigarro, lo encendió apurado. La oji-verde se fijó en el lindo encendedor cromado, una pequeña inscripción que parecía decir Ich liebe dich, Mein Kind. ¿Regalo de una novia? Más razones aún para sospechar.

—Mejor dame uno —le pidió Sasuke extendiéndole la mano.

—Espera… —le dio una larga probada al que tenía entre los dedos y se lo pasó— no me quedan más, termínate ese. La cocina es un desastre, vamos a comprar y volvemos. Limpien mientras estamos fuera.

—Vale. ¿Van en el carro?

—Hai —caminó hasta la entrada, había una cajita colgada al lado de la puerta, la abrió y sacó una de las llaves que guardaba—. ¿Vamos? —llamó a Hinata.

Lo siguió silenciosa, volteando un instante para mirar sonriente a su amiga, recibiendo la misma respuesta de parte de ella. Sabía lo sobreprotectora que era ella, mejor actuar lo más normal posible. Tenía su gas de pimienta dentro de su cartera, sabía que era una precaución estúpida, pero recurría a lo que fuera que la hiciera sentir más segura. ¿De qué? ¿De la tentación?... Imposible.

Se calzaron. La puerta abierta, él la sostuvo y salió detrás de ella. Puerta cerrada. Sala silenciosa.

—Nos toca trabajar, entonces —le dijo Sasuke a la peli-rosada poniéndose de pie.

—¡Uhm! —convino mientras lo seguía—. Tal vez también me cambie y me saque el maquillaje después de terminar.

—Eso sería interesante.

Sakura ladeó la cabeza. ¿Acabo de oír un cumplido acaso?

—¿Por qué lo dices?

—¿Puedo ser sincero?

—¡Por favor! —le dijo ya intrigada.

—Eres un raro espécimen.

¿Nani? Pero claro, viniendo de un sujeto así, no podría esperarse palabras más halagadoras. Bueno, creo que era verdad… no parece ser alguien tan terrible. Ella ya había llegado a la cocina al notar que él se demoraba; trajinaba algo en su móvil.

—¿Qué estás haciendo?

—Escribo un mensaje de texto. Olvidé pedir que compraran sake, hay que celebrar.

"Me di cuenta, estúpido dobe.

Ruega por que Sakura no te interrogue más tarde.

Juro que te castraré si no quitas tus manos de la chica!

Traigan sake."