Notas de la autora: Bueno, aquí estoy actualizando esta pequeña historia (que tristemente aun no puedo terminar porque no encuentro el final perfecto o mejor dicho: mas adecuado jiji) quiero agradecer a mi querida Afrodita por seguir leyendo esta historia y comentarla! (mil gracias chica! eres lo máximo~) y saludines super especiales a Jess Granger S por pasar a leerme aqui tambien! wow! no lo esperaba! mil gracias! -llora de felicidad-

Ahora, ya no los entretengo más y a leer se ha dicho! espero que les guste el siguiente capi kukuku~*


Parte 4: Negociación

Subió tranquilamente al segundo piso meditando un poco lo que sucedió con antelación. Jamás creyó que ese torpe Gryffindor le correspondiera tan fervientemente y le devorara la boca como si de un animal hambriento se tratara, recorriendo cada recóndito rincón, probándolo, haciéndole jadear con tal ansiedad que debía admitir que le fascinó y deseaba que aquello se repitiera.

Scorpius notó la puerta cerrada del cuarto del mayor de los Potter-Weasley y mordió nervioso su labio inferior aun probando el sabor de las moras mezclado con el sabor natural de James.

Tenía claro en su mente lo que haría y estaba a punto de hacer, pero una parte de él dudaba si era lo adecuado por el momento. Jugársela al 100% era peligroso y algo que un Slytherin precavido no hace, pero las recompensas que conllevaría si todo salía bien eran considerables.

"Que mas da" se dijo con media sonrisa metiéndose a dar una ducha rápida.


James golpeaba su frente contra la pared. Seguía sin poder creer que se atrevió a tocar al riquillo niño creído. "No se sintió bien, claro que no" se trataba de auto convencer inútilmente pues su cuerpo se estremeció al recordar esa delicada piel emanando esa calidez pegándose a su cuerpo que casi podía sentirla en sus manos vacías provocando tremenda erección que podría hacer un hoyo en la pared.

Apretó en puño sus manos "primero muerto a volver a tocarme pensando en él" negó con la cabeza ahogando un jadeo. No lo haría, bueno, ya lo hizo una vez, pero no repetiría, tenía principios aunque no lo pareciera.

-No siento nada por él más que repulsión…- dijo en voz baja, que no sonaba nada segura con aquella afirmación –maldición…- se jaló los cabellos con nerviosismo, estaba perdiendo la cabeza y la cordura y todo por un niñato que jugueteaba con su mente, envenenándolo como la serpiente rastrera que era.

"¿Qué carajo?" se preguntó cuando escuchó entre sus cavilaciones el sonido del grifo abierto. Podía haber jurado que estaba solo, que todos se habían marchado junto con su madre, pero… "¿y que tal si…? Se preguntó con algo de ¿esperanza?

-¡Oh no!- chilló apretando su rostro con ambas manos –no, no, no es posible…- esperaba que fuera Lily quien le estaba haciendo compañía en la casa vacía o los extraños hermanos Scammander, incluso al enano de su hermano podría soportarlo, a todos menos a… ese.

Vaciló si salir o no a investigar. Su curiosidad demandaba ser atendida, pero apretando la mandíbula se recordó el refrán muggle que siempre le decía su abuelo Arthur "la curiosidad mató al gato" y se contuvo. Aparte, él estaba muy bien en el resguardo de su cuarto, muchas gracias (o eso quería creer).

Se cruzó de brazos y se sentó en la cama tratando de apartar su mente de todo lo demás.


Se sobresaltó cuando percibió la puerta del baño de invitados abrirse y tragó duro "¡maldición! Esto es psicótico…" se mordió la uña evitando a toda costa ponerse en pie y averiguar lo que había tras su puerta.

-¡Jodido Merlín!- gruñó levantándose de un brinco al no podérselo sacar de la mente y abrió su puerta con sumo cuidado de no hacer ruido y por si las dudas conjuró un silencius que aprendió de su padre cuando practicaba sus maniobras de auror experto en la casa.

Su respiración comenzó a acelerarse como si estuviera haciendo algo indebido "es mi casa, con un demonio, soy libre de hacer lo que me plazca" se dijo no tan convencido, pero un poco más tranquilo y avanzó a donde se escuchaba el sonido de movimiento. Era en el cuarto contiguo perteneciente a su huraño hermano y la mayor parte del verano, al entrometido heredero de los Malfoy. Apretó los ojos antes de decidirse a echarle un vistazo.

"Salazar bendito…" rechistó su mente.

El golpe de calor lo embriagó cuando sus ojos cafés captaron aquel atrevido espectáculo. Su quijada casi se cae al suelo y estuvo seguro que por un poder divino no comenzó a babear como un maniaco.

Scorpius "Jodido exhibicionista" Malfoy estaba muy quitado de la pena con la puerta abierta secando su cabello platinado con una toalla morada que traía entre sus manos. Se encontraba de espaldas ajeno a que era observado y analizado por la profunda mirada de James que sentía su garganta seca al ver ese magnífico torso desnudo, tan blanco y carente de vello que le provocaba ligeros espasmos en su cuerpo.

Los delicados músculos de su espalda se marcaban con la acción mecánica que estaba haciendo y con su lasciva mirada recorrió esa deliciosa línea de su espina dorsal hasta llegar a la pequeña cintura cubierta solamente por una delgada toalla; que realmente decir "cubrir" era exagerado, puesto que el mísero trozo de tela, gracias a algún extraño poder evitaba caer ligera al suelo para dejar expuesto esas respingonas y apetecibles nalgas que se lograban entrever.

La única opción plausible en ese momento era salir huyendo como alma que se la lleva el diablo sin siquiera voltear atrás. No era sana aquella depravación, de eso estaba seguro, sin embargo, su cuerpo como si tuviese mente propia, se abalanzó a estrechar la curvatura de esa cadera tan alabastrina que merecía ser marcada.

Sintió el pequeño cuerpo vibrar bajo sus palmas, pero eso solamente le obligó a apretar su afiance. Como en medio de un trance comenzó a olfatear ese brillante cabello platinado, embebiéndose su esencia con ese gesto. Olía tan delicioso a pesar que era el mismo jabón que él ocupaba ¿Por qué olía mucho mejor en ese cuerpo? No tenía idea, pero estaba empecinado a averiguar el porqué.

-James…- jadeó Scorpius cuando percibió el ardiente aliento del pelirrojo sobre su cuello.

-¿Qué es lo que me haces Malfoy?- bufó recorriendo esa longitud con su lengua, degustando ese peculiar sabor en esa piel limpia y perfecta.

-Na…da…-gimoteó sofocando su voz al sentir los dientes de James imprimiendo su brío en su piel –que tu no quieras…- se sitió tan ligero que sus piernas temblaron. James gruñó apretando los dientes. Ser puro instinto mandando de vacaciones a su razón lo hacía más susceptible y tomándole por esos delgados hombros lo volteó al instante.

Relamiéndose sus jugosos labios se le quedó viendo como si de una batalla de miradas se tratase, Scorpius no sabía que mirar, si esos gloriosos y arrebatadores ojos castaños que lo miraban con tantas cosas entremezcladas, que iban desde la lujuria y bravura, tempestad hasta la locura, todo eso le emocionaba; o sus deliciosos labios humedecidos por esa lengua que se sentiría tan bien que siguiera recorriendo su cuerpo.

Soltó un chillido cuando James decidió por él, jalando su cabello demasiado fuerte, pero antes de poder rezongarle, lo atacó con un fiero beso que le quemaba las entrañas silenciándolo de palabras pero no de gimoteos.

-Eres un jodido demonio Scorpius Malfoy… venido del maldito infierno…- jadeó en su boca, mordisqueando sus labios, lamiéndolos como si fuera un delicioso caramelo del cual no tendría abasto.

-Si… por eso te quemaré lentamente con mi fuego James… haciéndote rogar por más…- su lengua bulliciosa exploraba su boca deleitándose con su sabor, frotándose de vez en cuando con la suya sacándole pequeños sollozos por lo maravilloso que se sentía; sus manos nada perezosas recorrían su espalda, ávidas de abarcar toda esa maleable superficie.

La toalla por fin cayó libre dejando a Scorpius tan vulnerable, que James no perdió tiempo en deslizar sus manos en sus carnosas nalgas. El rubio se estremeció al sentir aquellas calientes manos apretándolo, trazando aquella redondez asombrándose con su suavidad y turgencia que le hacía agua la boca queriéndole hincar los dientes.

-Eres mío Scorpius…- siseó en su oído lamiendo su lóbulo, succionarlo hasta enrojecerlo.

-Si…- El rubio se prendió de su cuello, pues sus piernas amenazaban con vencerse al más mínimo esfuerzo. Era demasiado por soportar, pero haría su mayor esfuerzo para resistir lo que el Gryffindor estaba dispuesto a darle.

-Solo mío…- recitó recostándolo en la pequeña cama sin despegar sus labios de esa pálida piel, succionando su cuello que se estremecía con cada arremetida de su lengua que viajaba de arriba hacia abajo dejando pequeños cardenales en pleno vuelo.

Desprendiéndose de su playera contempló escasos segundos ese lampiño pecho que subía y baja expectante, ansioso por sus caricias –mío…- prosiguió dándole una mordida en su clavícula para después dirigirse a esos rosados botones que no dudó en trazar pequeños círculos alrededor, fascinándose por la completa sumisión del rubio que parecía derretirse en su calor solo por complacerle.

Volvió a chupar esa suave textura tan apetecible hasta dejarlos totalmente erectos, solo para seguirlos mordisqueando y torturándolos dulcemente. Sus manos acompañaron a su lengua, trazando caminos por la piel susceptible de Scorpius, apresó sus caderas y volvió a subir viendo como se estremecía bajo de él.

Como un flashazo recordó lo unido que era esa serpiente a su hermano. No quería ni imaginarse que Albus también lo probó de esa manera, mordió infinidad de veces esa piel tan blanca hasta enrojecerla, clamándola como suya. Apretó los ojos tratando de negárselo. Pero ¿acaso también sedujo a su a su hermano?

De tan fuerte que lo mordió lo hizo chillar, pero eso a James no le importó y comenzó a lamer la herida, friccionando su fogosa piel contra la de Scorpius, que entrecerraba los ojos mordiendo sus delicados labios.

-No volverás a pertenecerle a nadie ¿me escuchaste?- dentro de la nube de éxtasis en la que estaba sumergido, Scorpius trató de seguirle el hilo de lo que decía "¿a qué se refiere?" se preguntó –no dejaras que nadie más te toque… ni si quiera mi hermano…- siseó.

Scorpius sonrió hundiendo sus dedos en ese alborotado cabello oscuro con destellos rojizos; aquella actitud le resultaba tan adorable; realmente seguía pensando que tenía algo con Albus y eso le hizo sonreír. "mi tan idiota leoncito" pensó acariciando las hebras oscuras.

–Eres mío… Dilo…- demandó en ese extraño azoramiento en el que se encontraba que no podía despegarle los ojos, encendiendo solo por él.

Mientras su raciocinio le recordaba que aquello no era correcto, pidiendo a gritos que no lo tocara; su cuerpo se empeñaba aullando enloquecido en que debía hacerlo, desmoronándose en miles de sensaciones solo por él.

Era tan contradictorio, pero tan llenador e intoxicante como jamás pensó que solamente podía exigir aquello que tan profundamente deseaba pero que ni él mismo tenia noción de ello.

-Soy tuyo James… todo tuyo…- murmuró dándole una juguetona mordida en el lóbulo de su oreja deleitándose por el gutural gruñido con el que le contestó.

Era justamente lo que esperaba escuchar y Scorpius lo sabía. Claro que podía ver más allá de sus tontas acciones y sabía que el Gryffindor estaba colado por él y eso le daba tal satisfacción que procedió a tomarlo por las mejillas para volver a besarlo; suave y a la vez rudo, acompasado y frenético, sus besos inteligentemente repartidos que no desatinaban en profesar todos sus anhelantes secretos.

Estrechándose con fuerza frotaban con vehemencias sus acalorados cuerpos que sus respiración entrecortadas y ahogados clamores era lo único que se escuchaba en la habitación.

-Oh por Merlín…- lloriqueó Scorpius sintiéndose desfallecer, sus manos estaba entumidas y demás sentidos enturbiados. Entre más lo aplastaba James acompasando su movimiento de caderas, más pulsaciones mandaba a su más que despierto miembro que descaradamente se restregaba con el de James aun enfundado en sus pantalones de mezclilla. Sabía que no aguantaría mucho si seguían así y pudo ver al mayor que también estaba igual de excitado que él.

-Maldición…- jadeó volviendo a atacar ese delicioso cuello deslizando sus manos nuevamente a las caderas para seguir descendiendo para apretar aquellos glúteos que se sentían tal cual se los imaginaba.

-James…- suspiró abrazando su sudada espalda al percatarse como sus curiosas manos trazaban círculos en sus muslos, tan cadenciosamente marcando un pausado ritmo que solo lograba deshacerse en suspiros.

Reptando su cuerpo, siguió besando mas porción de su piel, repartiendo húmedos besos como si realmente lo deseara y no quería perderse el sabor de ningún centímetro de su cuerpo.

–Sabes delicioso…- susurró con voz ronca dándole un lengüetazo en su pelvis arrancándole un melodioso gimoteo. Tomando sus dos piernas, las flexionó sobre la cama para poder tocarlas y repasarlas con trémulo roce, perdiéndose en su suavidad.

Tal vez jamás había tocado a otro hombre de esa forma, pero estaba seguro que ninguno se compararía a esa sensación de piel de seda, tan caliente y vibrante que creyó que al ver ese miembro erecto rodeado por ese escaso vello rubio oscuro su excitación menguaría, pero aquello no ocurrió, sino al contrario; tenerlo ahí tan expuesto con las piernas abiertas dándole la bienvenida, con sus hinchados labios rojos y los incontables chupones en la piel blanca, solo hizo que su erección más dura que la roca, doliera en su rígida prisión de mezclilla.

Relamiéndose los labios, se limitó a obedecer a sus instintos, mordiendo el interior de su muslo haciéndole gemir sonoramente.

-¡Oye!- protestó -¿Por qué...? ahh…- no pudo seguirle reclamando pues la mano del pelirrojo apresó sin mucha delicadeza su miembro. James reprimió un jadeo ante la maravillosa respuesta de Scorpius que aventurándose a mover su mano de arriba abajo, el menor correspondió de igual manera arqueando su espalda apretando las sabanas en un puño.

Sintió que sus ojos se llenaron de lágrimas. Aquello se sentía demasiado bien para soportar. La mano de James hacia maravillas alrededor de su hombría que se sentía tan sensible que solo era un manojo de sensaciones y estremecimientos que permanecer consiente era imposible y más aun cuando quería ver los resplandecientes ojos castaños de James que lo miraban fijamente, expectante y ansioso, brindándole tal placer como nunca pensó que apretó sus ojos acallando un traicionero gemido con su mano.

James al notar aquello apartó su mano para seguir besándolo mientras el ritmo de su mano aumentaba. Dándole unas mordidas a sus labios, lo jaló a la orilla de la cama y se hincó ante él. Scorpius comenzó a respirar más rápido, ansioso por saber que haría y James con una sonrisa llena de suficiencia, engulló la cabeza del falo para probarlo.

-Ja-James… no…mgh… Oh mi dios…- sollozó apretando sus cabellos rojizos entre sus temblorosos dedos.

James no daba acopio a sus ganas y jugueteó con su lengua alrededor de aquella pequeña hendidura que comenzaba a gotear con pre-semen. Lamiendo y succionando, saboreó ese amargoso sabor tan peculiar que no quería dejar de degustar.

Quiso saber que tan profundo podía llegar pero Scorpius no dejaba de empujarse que en un momento le produjo arcadas por movimiento, pero no desistió.

Alejándose un poco dio una profunda inhalación y volvió a intentarlo lentamente sosteniéndolo por sus caderas para él marcar el ritmo. El rubio impaciente se derretía cual mantequilla con su estimulación, quería ver como aquella cabeza pelirroja se perdía entre sus piernas, pero era casi imposible, esos ojos cafés lo taladraban y más aun esa deliciosa y húmeda boca que comenzaba a subir y bajar formando círculos a su alrededor, usando un poco sus dientes para arrancarle esos deliciosos gritos de pasión que lo motivaban a ir mas adentro.

Con su mano estimulaba sus testículos masajeándolos, sintiendo su firmeza y alternando, mordisqueó la sensible piel sintiendo como Scorpius arañaba su espalda pidiéndole más.

Volviendo a meterse el miembro a la boca, no dudó en abrir su cremallera para dejar en libertar su más que necesitada erección que comenzó a masajear salvajemente. Necesitaba correrse pues ese desvergonzado espectáculo del rubio de movimientos serpentéales, jadeos y palabras vulgares lo llevaba al delirio.

Ambos se corrieron al mismo tiempo, Scorpius en la boca de James y este a su vez en su temblorosa mano. Comenzó a toser con la gran cantidad de corrida que al rubio le emocionó que cuando lo vio tratando de acompasar su respiración, lo atrajo hacia el por su nuca y le plantó tremendo beso blanco para degustar de esos labios su propia esencia.

-Te detesto…- murmuró para divertimiento de Scorpius pues su voz sonaba realmente rara por la felación previamente realizada y rió a plena voz haciendo sonrojar débilmente al Gryffindor.

-El sentimiento es mutuo Jimmy~- canturreó su nombre para el colmo del mayor. Controlando los temblores post orgásmicos de su cuerpo, se acomodó el cabello platinado que se le pegaba al rostro y lo contempló absorto, James era tan delicioso así de alborotado como se encontraba que de solo pensarlo quería brincarle encima. Pero no se lo demostraría, a menos, no por el momento.

–Pero creo que después de esto… cambia un poco las cosas ¿no crees?- el mayor apretó los labios ante la nueva cercanía de Scorpius que inocentemente pasó su dedo índice desde su ombligo hasta su mandíbula que le hizo jadear.

-Entonces… ¿tregua?- James miró aquella mano extendida y un escalofrió recorrió su espina. No estaba seguro de nada. Ni mucho menos la erupción de sentimientos en su interior que estaban más revueltos que otra cosa. No entendía que se apoderaba de él cada que estaba en esa presencia del insufrible Slytherin, porque le hacía reaccionar de esa manera brutal y tan sensitiva.

"Demandándole que es mío" pensó avergonzado de sí mismo, no entendía ni de donde había salido tal insensatez.

Pero si algo se aclaró en su interior con aquel encuentro era que tal vez no lo odiaba tanto como pensaba y eso le asustaba. "¿entonces qué es lo que siento por él?" pensó mientras se mordía inquieto su labio inferior y se le quedó viendo escasos segundos a su cabello platinado todo revuelto, su blanca piel perlada de sudor y su saliva remarcada con innumerables manchas rojas hechas por él, para terminar en su rostro con sus brillantes ojos ligeramente más azules que de costumbre rematando con esa curiosa sonrisa que le dedicó sin ápices de ironía que debía de estar prohibida en todos los estados. Soltó un largo suspiro.

-Seguro…- murmuró con su voz aun pastosa apretando esa suave mano arrepintiéndose en el acto. Aquello no podría estar bien ¿o sí?