La puerta automática se deslizó con suavidad, abriéndoles el paso con artificial cortesía.

—Esto… ¿no quieres contarlo, Naruto-kun? —le preguntó insegura, viendo cómo ponía el fajo de billetes grandes en el bolsillo interior de su chaqueta, caminando despreocupado mientras que además manejaba el carrito cruzando el estacionamiento.

—Jeje, no pareces una estafadora, Hinata-chan. Creo que puedo confiar en ti.

—D-demo… pude haber contado mal…

—¿Eh? ¿No acabas de sacar el dinero del cajero?

Se quedó callada. En efecto, lo que acababa de decir era estúpido. Sentía el clásico y cansino sonrojo trepar su rostro, pensando que ahora él pensaría que ella era una soberana tonta.

—Gomen… —susurró, pero él no la dejó terminar.

—¡Qué ocurrencias, Hina! —le revolvió el cabello como a un cachorro, sonriéndole y achinando los ojos—. No te disculpes, ¡sólo ríete!

—G-gomen…

—¡Hinata-chaaan! ¡Ríe, ríe! Al menos muéstrame una pequeña sonrisita…

Y así lo hizo. Sus labios liberaron una sincera sonrisa, mirándolo tímidamente. Él irradiaba una energía que parecía renovarlo todo, y eso, a medida que iba descubriendo, le gustaba mucho… muchísimo.

—¡Oh, vamos! —se quejó el chico de pronto, sacando algo del bolsillo de su pantalón—. ¿Otro mensaje?

Sacó su celular y leyó el dichoso mensaje. Ella pudo ver su rostro de concentración, seguido por un quejumbroso puchero.

—Es de nuestro vocalista, Gaara… dice que escribió una nueva canción que quiere mostrarnos…

—Etto… ¿pero eso no es bueno?

—Sí, sí, es genial… pero es que… digamos que él es un tipo muy sombrío, y sus temáticas también lo son. Aun así, sus letras son buenísimas, y siempre llega con una melodía fácil de trabajar. Es un condenado genio.

Hinata ladeó su rostro, analizándolo. Llegaron al auto y comenzaron a meter las bolsas en la cajuela.

—¿Tú también escribes? —le preguntó ella después de dudarlo un momento. Él sonrió.

—Lo intento. Pero ya llegará ese gran golpe, lo sé. Sólo debo… ah, no sé a quién engaño; ni yo sé qué es eso que debo hacer. ¡Pero lo haré, 'tebayo! ¡Ya verás! Será la canción que nos haga famosos… ¡Te lo juro acá mismo!

El juramento llegó con puño en alto y fuego en los ojos. Sin querer, Hinata rio suavemente; en verdad, esa energía era como una brisa refrescante en un día de verano.

—¿Qué? ¿No me crees? —preguntó el bishii.

—¡Oh, claro que sí! Estoy segura de que sí.

Sí, sería una canción vibrante y vívida, tal como él mismo. Aunque se preguntaba cómo era que alguien tan espontáneo y expresivo tuviera problemas de inspiración.

—Um, ¿otro más? Espero que no sea de… —siguió leyendo la pantalla de su móvil. Aparentemente era un segundo mensaje—. Ah, es de Sasuke, me lo mandó hace media…

Se interrumpió en el acto y su rostro se puso serio. Miró a Hinata, luego volvió a mirar su celular. Dio un paso atrás, pero luego se detuvo.

—¿Pasó algo malo?

—Sí… lo lamento, tengo que volver. Me encargó sake, quiere que hagamos un brindis en el almuerzo. ¿Podrías…? —señaló las bolsas que quedaban por guardar.

—Claro, yo me encargo.

—Eres un ángel. Ten, la llave. ¡Ya vuelvo, no demoro!

Se fue corriendo tan rápido que ni las atentas puertas automáticas pudieron adelantarse a su llegada. Hinata tomó una liviana bolsa con papel higiénico para ponerla con las demás mientras que se preguntaba qué sería aquello que lo había perturbado de esa manera.

Luego suspiró, rememorando sus ojos azules portando esa mirada de concentración misteriosa. Incluso su actitud seria se veía bien en él.

—No está bien. No está bien.

Negó con la cabeza.

O O O

El día se estaba nublando. Él debería saberlo bien, ya que durante todo el almuerzo no había hecho más que mirar por la ventana. Ahora el tiempo de colación se terminaba y se veía en la necesidad de tragar a la fuerza si quería terminar bien el resto de la jornada escolar.

—¡Apúrate, baka! —le dijo un compañero.

—Mañam mumfpemef —pudo pronunciar con la boca llena un supuesto "vayan ustedes".

—Mira la hora, tendrás que correr para no hacer enojar a Osaragi-sensei —le dijo otro, restregándole su Casio en la cara.

Les hizo señas para que lo dejaran tranquilo. Sabía que no debía llegar tarde, era desordenado e irresponsable pero sólo en su justa medida. Y más le valía: luego de que su hermana se hubiera graduado con honores de la universidad la vara le quedaba demasiado alta. No podía bajar la guardia cuando faltaban apenas meses para los exámenes de admisión, mucho menos cuando era alumno de último año del instituto público más prestigioso de la capital, la preparatoria Hibiya. Aunque, así y todo, de cualquier manera extrañaba las vacaciones de verano…

Pensándolo bien, no las extrañaba tanto.

Buscó en el comedor los ojos claros que quería ver y que no se habían aparecido desde hacía una semana. Dio por terminada su búsqueda cuando su mirada chocó con la de una niña de algún grupo de primero o segundo sonriéndole como heroína de manga shojo. Ya sabía lo que seguía; oh, sí. Al terminar la jornada iría a cambiarse sus sandalias por sus zapatos y dentro de su casillero encontraría una carta rosada tapizada en stickers de corazones y rociada con colonia de bebé de parte de una ingenua y molesta chiquilla cursi confesándole que le gustaba. Y todo, ¿por qué? Por un estúpido intercambio de miradas. Devolvió la mirada a su bandeja, rindiéndose. Buscaría a la persona que extrañaba más tarde, por ahora prefería evitarse malentendidos comprometedores.

Se preguntaba qué demonios había hecho mal en su vida anterior para uno más entre aquellos pobres diablos de la Hibiya que aquellas locas clasificaban con el código clave de súper kawaii.

—Inuzuka-senpai —llamó una voz femenina a sus espaldas. Era Imai Matsuri-chan, una tierna chiquilla cursando segundo año del grupo A.

—Mmm… —respondió mudo, aún con la boca llena.

—Jeje, no te preocupes… sólo venía a decirte que hoy tampoco vino.

Dejó de masticar automáticamente y tragó con dificultad.

—¿Otra vez? ¿Está enferma?

—No lo sé, pero los rumores ya comenzaron…

—Konnichiwa, Inuzuka-kun —sonó otra voz femenina, una con un tono seguro y aterciopelado.

—Tsuchi-san… —saludó él, con obvio desinterés. Esa era Tsuchi Kin, tercer año del grupo A; linda, bien arreglada, sociable y popular. Llevaba la batuta de la mitad del instituto desde la revolucionaria y legendaria pelea de gatas con la ya graduada Haruno-senpai. Siempre le había caído bien, siempre la había considerado una chica atractiva… y cuando se presentó la oportunidad, entre kimonos y alcohol de contrabando en el festival escolar, tuvo su primera vez —una bastante torpe, por lo demás— nada más ni nada menos que con ella, la declarada rival de la muchacha de la cual estaba enamorado. En un principio pensó que podría estar bien. Que lo ayudaría a olvidarla. No fue así. El desinterés de él y el interés de ella crecieron de la mano, y ahora él rehuía con igual insistencia que ella intentaba acercarse. Tsuchi sencillamente no se rendía. Y lo peor era que buena parte del resto del alumnado femenino imitaba como rebaño las actitudes acosadoras de su líder de culto.

Ahora no pasaba un día sin que se arrepintiera de haberse metido bajo la falda de esa mujer. Mujer que él había hecho y que, además, lo había convertido también en hombre.

—Parece que no estás de humor hoy —le dijo ella, tranquilamente.

Tsuchi le dio una fría mirada a Imai, quien se borró del lugar inmediatamente.

—Nos vemos más tarde, Imai-chan —se despidió el chico. Ella sólo lo miró con una temerosa sonrisa antes cruzar la salida.

Se sentó junto a Kiba mientras que él continuaba con su almuerzo. Cuando él finalmente terminó arrojó los palillos sobre la bandeja y la enfrentó.

—¿Qué quieres, Kin?

—Es la primera vez que dices mi nombre.

—Escucha…

—Lo sé.

—No, no lo sabes. Si lo supieras…

—…no estaría aquí, rogándote como siempre. También lo sé.

—Bueno, ¿y entonces?

—Ya lo sabes todo, así que te lo diré sin tapujos. A las cuatro de la tarde mis papás estarán abordando un tren a Okayama.

—¿Okayama? Eso es lejísimos…

—Lo es, ¿verdad? Y me alegro mucho que sea así. No volverán hasta el domingo.

Kiba volvió a mirarla, sorprendido, confundido. Dejó que ella siguiera hablando, temiendo estar entendiendo mal las cosas.

—Te extraño.

No siguió diciendo nada más. Entonces esa era la nueva estrategia… chica lista. Luego ella sacó un papel doblado de su bolsillo, una simple y vana hoja de cuaderno cuadriculada. Se lo extendió, mirándolo a los ojos.

—Aquí están mi dirección, el número de mi casa y el de mi móvil.

—Tsuchi… ¿estás segura que quieres esto?

—Sabes por qué hago esto. Sólo por eso lo estoy haciendo.

El timbre sonó; Kiba reaccionó con torpeza, levantándose sin pensar. Ni se había dado cuenta que se habían quedado solos en el gran comedor de la escuela. Le estaban entregando en bandeja de plata la principal necesidad de cualquier adolescente. Ella estaba en desventaja, lo sabía… pero decidió no darle importancia. Sus ansias crecieron al darse cuenta de lo que estaba a punto de pronunciar:

—¿Qué clase tienes ahora?

Ella sonrió.

—Japonés. ¿Y tú?

—Sociales.

—Ambas son importantes, ¿no crees?

—No, no tanto.

Él tomó su mano y corrieron en silencio hacia la salida más próxima, cuidando que nadie se diera cuenta de lo que planeaban.

O O O

Finalmente había encontrado una buena estación de radio cuando escuchó tres golpecitos en el vidrio de la ventana. Se estiró hasta llegar al seguro de la puerta del piloto, dejando entrar al rubio con dos botellas en sus manos.

—¿Las puedes llevar?

Hinata tomó las botellas, acomodándolas entre sus piernas. Se puso el cinturón y esperó a que partieran, pero él estaba estático en su asiento. Otra vez tenía su teléfono en la mano.

—¿Naruto-kun?

Su respuesta fue entregarle el aparato, instándola a que viera la pantalla. Lo que leyó la dejó perpleja, luego avergonzada y finalmente espantada.

"Me di cuenta, estúpido dobe.
Ruega por que Sakura no te interrogue más tarde.

Juro que te castraré si no quitas tus manos de la chica!
Traigan sake."

Lo miró con cara de súplica y sus colores escaparon de su cara.

—Sa-Sa-Sasuke-kun… Sa-Sasuke-kun se… ¿s-se dio cuenta?

—Me temo que sí.

—O… o sea que… N-Naruto-kun, ¡esto es terrible!

—Créeme que es mucho peor para mí que para ti.

—S-si él notó que… Ay, no… S-Sakura-chan n-no debe enterarse…

—Y que lo digas, estoy seguro de que me mataría.

—N-no es que tenga algo en contra tuya…

—No te preocupes, sé que no es así.

—Pe-pero es que ella es muy sobreprotectora y…

—Oi, oi —intentó calmarla—. Cálmate. Respiiira. Así, bien.

Suspiró, descansando su cabeza en el asiento. Ambos se quedaron en silencio, como si observaran algo más allá del vehículo estacionado frente a ellos.

—¿Y ahora qué haremos, Naruto-kun?

—Huir fuera del país es una opción —volvió a suspirar—… Bueno, como decía mi madre, pedir perdón no arregla nada. Ya metimos la pata, tendremos que vivir con eso.

—¿Q-quieres que les digamos?

—¡Claro que no! Es lo peor que podríamos hacer. Conozco a Sasuke, no me preguntará nada si no hablo con él primero. Tal vez haga un acercamiento por tu parte para asegurarse que no fui un cretino contigo. Si eso pasa, actúa normal. No te lanzará ninguna indirecta, sólo hazle entender que tú y yo… ya sabes, ¡normal!

—Bien.

—En cuanto a Sakura-chan… ¿crees que puedas… omitirle información?

—No estoy segura.

Otro silencio. Él se apoyó en el manubrio un instante y luego recobró el ánimo, encendiendo el motor.

—¿Naruto-kun?

—¿Um?

—N-nada. Olvídalo.

A Hinata no le gustaban los secretos, mucho menos si involucraba a la persona que más confiaba en ella en el planeta, aquella que más la había necesitado en toda su vida. Sólo esperaba que el pequeño secretillo no siguiera creciendo. Si Sakura llegaba a pensar que Hinata no le era cien porciento sincera, su mundo terminaría de desmoronarse completamente. No quería ni pensar en las consecuencias si eso sucedía.

Eran demasiadas emociones extremas para un solo día. Sentía su cuerpo acalorado, sobre todo sus mejillas. No era sólo un problema inconveniente, sino también sumamente vergonzoso y confuso.

Extendió su mano sobre su regazo. La bandita adhesiva seguía ahí, cubriendo su dedo. El automóvil paró en una esquina esperando la luz verde. Aprovechó ese instante para ver al chico sentado a su derecha.

—¿Qué sucede? —se percató él.

Un bocinazo le avisó que debía avanzar y la pregunta quedó en el aire.

O O O

Toda la loza estaba ya lavada, seca y guardada en sus respectivas gavetas. El piso barrido y trapeado. Los mesones despejados, al igual que la mesa al centro de la cocina. El congelador limpio, vacío, listo para recibir la comida fresca, al igual que las alacenas ya libres de basura y golosinas caducadas.

—Bien, aún falta desempolvar y limpiar algunas cosas, ¡pero creo que quedó bastante bien! —sonrió Sakura con ambos puños en sus caderas. Su voz satisfecha era como la de un comandante dando aviso a su general que acababan de ganar una imposible batalla.

—Hmp…

Sasuke, en cambio, sólo pasó de largo a su lado para dejar un par de bolsas grandes en el tacho de basura que tenían en el patio trasero.

—Amargado —masculló ella. Decidió no darle importancia. Le dio otro vistazo a la renovada cocina -con renovado olor a limpio- y se fue a buscar sus preciadas argollas de plata encima de la mesa de la sala—. Iré a cambiarme, seguro los chicos no demoran.

Ya arriba, abrió la puerta de su habitación y su corazón saltó de alegría. Su nueva habitación era preciosa. Siendo sincera, no era tan lujosa como el viejo cuarto de Hinata, pero tenía un encanto que sólo podía imaginarse sacar de un libro de fábulas para niños.

Bien, su maleta.

Sacó unos viejos y desgastados shorts de mezclilla y unos gruesos calcetines arremangados en los tobillos. Decidió dejarse el chaleco carmín que mostraba uno de sus hombros. Se tomó el cabello en dos colas. Luego buscó entre sus cosas sus pañuelos de limpieza y se quitó el maquillaje.

El sonido de un motor la alertó. Se asomó a la puerta, oyendo movimiento en el primer piso.

—¡¿Ya llegaron?

¡Ahora mismo comenzaré a cocinar, Saku! —le contestó Hinata.

Estuvo a punto, a punto de bajar corriendo a ver que nada extraño sucediera entre su amiga y ese Naruto, pero se contuvo. Dale espacio, no la ahogues… Cerró la puerta y decidió distraerse con algo. Entonces bajó a buscar una escoba, trapos y pala.

—¡Dejaré este cuarto reluciente!

O O O

Tal vez haga un acercamiento por tu parte para asegurarse que no fui un cretino contigo, recordaba mientras que iba acomodando unas jarras de mermelada en uno de los cajones altos. Percibía el ruidoso silencio de forma incómoda entre los tres mientras que guardaban las compras, rogando por que Naruto no la dejara a solas con Sasuke.

Pero, por supuesto, esa no sería ni la primera ni la última vez que sus secretas súplicas no fueran escuchadas.

—¿A dónde vas? —la asustó el moreno en un tono amenazante que helaba la sangre. Al menos la de Hinata, creyendo confundida que le hablaba a ella a pesar de no haberse movido de donde estaba.

—¡Sigue tú, yo debo ir al baño! —contestó su amigo, importándole un rábano su trato para con él.

El corto diálogo había atraído la atención de la chica, tomada por sorpresa cuando Sasuke reparó en que se había volteado. Retomó su labor inmediatamente e hizo como si no existiera.

¡Viene hacia acá!

Y en efecto, se estaba acercando. Podía escuchar sus pasos hasta donde estaba mezclados con el rumor de las bolsas plásticas que había comenzado a doblar para actuar como si no importara. Vaya que sí importaba. Tenía el miedo inyectado desde esa conversación con su amigo tensando fibra por fibra de sus músculos.

—Hina —la llamó cuando estuvo junto a ella, cruzado de brazos, recto e imponente como podía permitirse.

—¿S-sí, Sasuke-kun? —contestó amablemente, pero sin atreverse a verlo a la cara.

—¿Quieres que lave algo mientras llega este sujeto? Cuanto antes se pongan a cocinar será mejor.

—N-no, no… yo puedo hacerlo, tú y Saku-chan ya hicieron su parte —olvidó las bolsas y se fue directo a buscar el pescado que pensaba hervir para el estofado, pero ni alcanzó a abrir la bandeja sellada al vacío cuando cayó en cuenta de que acababa de caer en su trampa. Se detuvo sin saber qué hacer ahora.

—¿Qué sucede…? Ah, es cierto. No puedes mojarte las manos… no querrás que se te infecte esa herida, ¿verdad? No es problema, sólo quítate el parche y…

—No es necesario —admitió, rendida. Apretó sus labios, sabiéndose ahora el objeto de un incómodo interrogatorio. Se atrevió con mucho esfuerzo a mirarlo de reojo, pero lejos de encontrarse con un rostro de indignación o prejuicio, se veía más bien preocupado.

—¿Por qué te llevó ese baka al tercer piso?

Inhaló y exhaló igual que como hacía durante sus campeonatos de aikido y respondió:

—Para esconderme. Estuvimos conversando y… él me preguntó algo… soy muy tonta, todo es mi culpa… de la nada… recordé cosas… casi me pongo a llorar mientras que ordenábamos acá. Él sólo intentó animarme, n-nada más.

Escuchó cómo él suspiraba, notó que su figura se relajaba.

—Entonces eso era. Ese idiota me preocupó por un momento.

—¿Eh? —¿eso era todo? ¿No le preguntaría más? ¿Se había salvado de confesarle a Sasuke la impúdica escenita que se había armado en el cuarto de Naruto en esos míseros diez minutos que habían estado solos?

—Ya no importa, no me hagas caso —ahora que ella se permitía verlo sin temor pudo ver bien cómo sus ojos la evitaban, dudando lo que diría a continuación—. Es sólo que… te pareces a alguien que…

Un fuerte portazo lo interrumpió, seguido de veloces pasos atravesando la sala.

—¡Ya llegué! —exclamó el rubio mientras corría la cortina de cuentas de la puerta de la cocina, encontrándose a esos dos como si nada—. ¿Qué estás haciendo, teme? Aun no terminas de guardar lo tuyo.

—Sólo quiero que comiencen a cocinar de una buena vez, tú termina de ordenar todo ese desastre.

—Sasuke-kun se ofreció a lavar el pescado por mí, Naruto-kun.

—¿Sasuke… tú? ¿Te dejo solo un momento y de la nada te conviertes en un humano considerado?

—Suficiente, termina tú.

—¡Oye, vuelve acá! ¡Sasuke…!

Al fin solos. El rubio retomó la tarea que había dejado su compañero, impidiendo que lo hiciera la muchacha.

—¿Te dijo algo mientras no estuve?

Ella asintió.

—Fue tal como me dijiste, sólo quería saber que…

—Que no fui un cretino, puedes decirlo así. ¿Y de cuánto se enteró?

—Al parecer… de nada.

O O O

La tarde anterior había ido a recoger las tarjetas a la imprenta. La emoción no se iba a borrar nunca, sentía ella. Para no estropear ninguna, se prometió esperar hasta el día siguiente a ver si podía controlar un poco mejor su mano, porque, si bien estaba consciente de que su caligrafía era femenina, suave y fluida, temía que su entusiasmo fuera demasiado y se saliera de control. Todas ellas eran demasiado perfectas en todo sentido como para arruinar siquiera una.

Sonrió con ternura. Preparó la tinta china, remojó el pincel, acercó la punta y escribió el primer nombre de la lista de invitados:

Uchiha Itachi

—Kireii… —susurró.

Kasahara Yahiko y Katashiru Konan se unirán en matrimonio este 22 de noviembre del presente y desean compartir la dicha de este día con usted…

Era tal y como siempre lo había deseado. Ella misma había ayudado a diseñar o confeccionar los tres vestidos que usaría ese día. El uchitaki para su ceremonia shinto, el vestido blanco para la ceremonia civil y el de gala que usaría en la recepción. Y la primera persona en sus pensamientos era su amigo del alma, Itachi.

Su celular sonó, sabía de quién era ese tono.

—¿Moshi moshi? —respondió, casi riéndose de la felicidad.

¿Qué tal, preciosa?

Ella sólo rió, sin contestarle.

¿Estabas pensando en mí?

—Tal vez… —juguetona, mirando el nombre escrito en la tarjeta de papel.

Yo sí estaba pensando en ti. ¿Estás ocupada?

—Acabo de comenzar a escribir las invitaciones. Son perfectas.

Tú lo conviertes todo en perfecto.

—Jajaja, no sigas. ¿Qué pasaría si Yahiko te oye hablar así?

Bueno, tendría que explicarle que estoy loco por su flamante novia.

—Itachi…

Silencio. Cada silencio entre ellos era cómodo, incluso en el teléfono.

No puedo creer que te vayas a casar.

—Yo tampoco —suspiró—… nee, quiero entregar tu invitación en persona. ¿Puedo verte hoy?

Puedes hacer lo que quieras conmigo, preciosa. Demo, hoy tengo un asunto. Almuerza conmigo mañana, hay un restorán nuevo en Shibuya que me han recomendado mucho.

—Encantada. ¿Otra vez te quedarás hasta tarde en la oficina?

No… voy a ir a ver a mi hermano, quiero asegurarme de que aún está vivo.

—¿Una llamada no es suficiente?

Hhm, él al parecer no quiere contestarme, así que me veo en la necesidad de molestarlo en persona. A veces no puedo creer que ya tiene veinte años, se comporta como un adolescente.

—¿Sigue enfadado contigo?

Aparentemente. Pero ya ha pasado más de un mes desde que peleamos y hasta el día de hoy me ha evitado de todas las formas posibles.

—Sigue viviendo con su amigo, ¿no?

Hai, se cambiaron hace poco. Tengo la dirección anotada, creo que sé cómo llegar en auto.

—Supongo que no te la dio Sasuke-chan.

No, fue Naruto.

—Es un buen amigo, Sasuke-chan es afortunado.

Y un malagradecido. Podría estar estudiando en la universidad, tiene el cerebro y los recursos para hacerlo, sinceramente no lo entiendo. Se está aferrando a un estilo de vida sin futuro, esto no es lo que hubieran querido… —la voz se cortó de pronto.

—¿Tus papás?

—…Hai —otro silencio—. Espera… disculpa, Konan; tengo una llamada en la otra línea.

—Está bien. Llámame para ponernos de acuerdo.

Te llamaré esta noche. Hasta entonces, bella novia.

—Hasta entonces, guapo.

La bella novia cortó el teléfono, observándolo un momento. Eran sólo dos personas las capaces de hacerla sonreír con esa dulzura irradiando de su rostro, su amigo del alma Itachi y su prometido y desde siempre novio, Yahiko. En un par de horas tendría una cita junto al segundo con una florista muy recomendada por su futura suegra y después debía cumplir con su turno en la librería. De momento quería seguir preparando algunas invitaciones más, quería seguir saboreando su dulce felicidad.

—Kasahara Konan… —murmuró pensativa. Ese sería su nombre de casada.

Qué lástima no poder ver a Itachi el día de hoy…

Volvió a mojar el pincel y continuó en su silenciosa tarea.

O O O

Ese día estaba particularmente motivada. Ya tenía la mitad del aseo listo, ahora debía guardar las pocas pertenencias que ella y su amiga habían traído consigo. Comenzaría por la ropa de las dos.

Abrió el armario, notando que estaba hecho de madera sólida. Antes que nada lo limpió por dentro, asegurándose de no toparse con ningún bicho extraño alojado en un rincón. Odiaba los bichos. Notó con agrado las perchas de madera, prestas para colgar toda la ropa. Una a una, dispuso las prendas ordenadas, primero las camisas, los pantalones de vestir, luego los blazers, uno que otro vestido.

—¿Su uniforme?

Lo encontró entre su ropa, justo al fondo de la maleta. Su corazón se estrujó al ver la falda plisada y la chaqueta azul marino con la insignia de la Hibiya. Era cierto… aún no le preguntaba a Hinata qué pretendía hacer respecto a la escuela. Pero entonces, ¿para qué hacer una nueva vida y negar todo lo que arrastraba la anterior? No tenía sentido. Más tarde debía hablar con ella.

Apartó una percha especialmente para el uniforme de Hinata, cuidando de esconderlo al fondo del armario. Luego guardó la ropa interior de ambas en cajones separados —las únicas prendas que no se prestaban— y alineó sus zapatos junto a la puerta; ya luego decidirían si los dejaban en su habitación o en la genkan de la casa.

Notó que la puerta tenía un par de ganchos. Colgó algunas carteras y pañuelos. Le molestaba un poco no tener cortinas. Después pensó que les hacía falta una mesa o escritorio, ya que no había dónde dejar sus menjurjes de niña. Un espejo de cuerpo entero tampoco estaría mal…

—A ver…

Decidió guardar algunas cosas en el baúl a los pies de la cama. Lo demás lo pondría en los veladores. Con toda tranquilidad tomó el bolso de mano de Hinata y comenzó a vaciarlo para poner sus cosas en una de las gavetas.

—Tal vez le pueda preguntar a Sasuke-kun si hay un escritorio en la casa que podamos usar.

Algo chispeó en su mente. Tú quieres convertir a Hina-chan en una copia de ti misma, recordó. A pesar de todo, respetaba a Sasuke-kun por haberle dicho esas palabras.

Qué tipo más extraño. ¿Cuál era su apellido? No lo recordaba. De verdad que le chocaba la manera en que la trataba a veces, aún así le entretenía. Le recordaba… a Sasori-kun. Un escalofrío la atacó, sus ojos se humedecieron automáticamente. Pestañeó a la fuerza, debía aprender a no llorar. Cuánta rabia, ¡es que era absurdo! ¿Por qué tendría que encontrarle algún parecido a este recién llegado con el hijo de puta de Sasori?

Volvió su atención a las cosas de Hinata. Ahí estaban su agenda, algo de efectivo, joyas, maquillaje, su perfume y otros cachivaches. Sacó la pequeña libreta púrpura, buscando aquella foto. Incluso sabía en qué página se encontraba: 28 de marzo. Su cumpleaños. Dentro de una camioneta de doble cabina, desde el asiento del copiloto viendo al asiento de atrás se encuadraba una pareja abrazada. Eran ella y el primo de Hinata, Hyuuga Neji. Él la abrazaba por la espalda, ambos estaban tendidos de costado a lo largo del asiento. En realidad esa foto había sido tomada la mañana del 29, se habían dormido con sus chaquetas puestas y acurrucados como podían en el vehículo que se había conseguido el joven para escaparse a la costa. Observó su rostro, somnoliento, de sonrisa desganada. Observó el rostro de Neji, también somnoliento, pero de sonrisa cautivadora. Esa noche Hinata había insistido en dormir adelante para que ella pudiera estar junto a él… estaba profundamente agradecida sabiendo lo friolenta que era la oji-gris, si alguien habría necesitado dormir abrazada era ella. En cambio, le cedió la compañía y el calor de su primo para que la confortara la primera noche de sus dieciocho años.

Desde entonces siguió necesitando la misma compañía y el mismo calor de esa misma persona. Neji… la segunda y última persona a quien le había confesado la razón de sus lágrimas durante las últimas semanas del 2007. Y también, quien había logrado zurcir de a poco los pedazos de corazón que le quedaron después de la violenta ida de su ex-novio. Sin embargo, no tenía fe en que sus sentimientos fueran correspondidos por él. Lo deseaba, enérgicamente, pero lo creía improbable.

O O O

¡Feliz cumpleaños! ¡Ahora sopla y pide un deseo!

Arigatou —agradeció la rubia, quedándose mirando la solitaria vela sobre el pastelillo que sostenía Hinata. Cerró los ojos pensando un instante.

Recuerda que no se lo tienes que decir a nadie, ni siquiera a mí. Los deseos son secreto —le dijo su amiga, entregándole el pastelillo.

Lo sé… vamos a la playa, quiero escuchar más de cerca el mar —le rogó Sakura a los dos primos.

De acuerdo. Pero que ninguna de las dos se aleje de mí, es peligroso —dijo Neji con tranquilidad.

Los tres se pusieron de pie, dejando la fogata consumiéndose solitaria. Estaban en una playa desierta, la luna en cuarto menguante era su guía en la oscuridad. Era viernes. Esa tarde, después de un par de extravagantes argollas de plata de parte de Neji y una novela divina de parte de Hinata, parecía que nada podría levantarle el ánimo a Sakura. Cuando le preguntaron qué podían hacer para sacarle una sonrisa ella no pensó que su "Desearía desaparecer" se lo tomaran tan en serio. Luego de cuatro horas conduciendo hacia el norte encontraron el sitio perfecto para regalarle a su amiga de corazón roto. Nadie más sabía que ellos estaban ahí, así que técnicamente… estaban desaparecidos.

Ella eligió un punto a la orilla de la playa para sentarse, Hinata y Neji quedaron junto a ella. Las olas nocturnas eran impetuosas, brillaban a la luz de la luna. La oscuridad del lugar era maravillosa, la hacía sentir a salvo. Se comieron el pastelito mientras que conversaban. Rieron como no habían podido desde hacía semanas. Y ellas se dieron el lujo de gritar a todo pulmón pidiéndole los más absurdos deseos al mar.

A propósito, te tengo otro regalo —le dijo Hina.

¿Otro más? Creo que no me lo merezco…

¡No digas eso! —le pidió su amiga. Sacó un trozo de papel de periódico de su bolsillo y se lo pasó, iluminándolo con la luz de la pantalla de su celular—. Léelo.

"Necesitamos jovencitas de entre 15 y 20 años…" ¿Qué es esto? ¿Me… me estás diciendo que audicione?

El aviso era de una agencia de modelos buscando caras nuevas, para ninguna campaña en particular. Hacía dos días la habían corrido de su anterior empleo, necesitaba trabajar pero no tenía ganas de seguir intentándolo.

Creo que estarías estupenda en un trabajo así —opinó el muchacho—. Servir hamburguesas no va contigo.

¿Tú también sabías de esto, Neji?

Sí. ¿No te gustaría intentarlo? Sabes que eres bonita, incluso te podrías divertir.

Se quedó pensativa, mirando el aviso hasta que la luz del celular se apagó automáticamente y volvieron a quedarse a oscuras. Él le había dicho que era bonita… sólo por eso quiso darle una oportunidad.

Sí, me gustaría intentarlo.

O O O

El día anterior le había escrito un mail a su prima para darle una nueva esperanza de arriendo. Confiaba en la referencia que le había dado Lee, preocupado tanto como él por el futuro incierto de esas dos descarriadas. Su amigo le guardaba mucho aprecio a su prima… y un muy especial cariño hacia Sakura. Él lo sabía, más bien todo el mundo lo sabía; por eso mismo se le había hecho tan difícil conversar con él para confesarle sus intenciones con ella.

Pero Lee tenía este estricto código de honor que superaba lo humanamente aguantable. Con lágrimas en los ojos pero con la voz tranquila y solemne le daba su bendición. A ambos. Como símbolo de su amistad ("más fuerte que el amor por mi querida princesa", según las mismas palabras de su amigo) le había entregado los datos de la casa en los suburbios ubicada en una calle llamada Konoha. Que pertenecía a un conocido, que era buena persona, que se podía confiar en él.

Suspiró. La noche anterior había vuelto a tocar el asunto de Hinata con su tío Hiashi, obteniendo los mismos resultados que los intentos anteriores. Ni una palabra más, Neji. Hinata ya no vive aquí y eso es definitivo. Y por el otro lado estaba la misma Hinata… estaremos bien, Neji; agradezco tu invitación, pero creo que lo mejor es buscar algo para nosotras solas. Entre los dos parecían haberse puesto de acuerdo para atormentarlo. Encima de todo, entre las clases y la pasantía esa semana no había tenido tiempo ni para invitarlas un café para asegurarse de que efectivamente estuvieran bien. Lo único que había obtenido de las dos era el teléfono y el internet, dándose recados más corteses que amistosos.

Miró la hora. Pasaba de mediodía. Según la respuesta que le habían enviado en la mañana ya deberían haber visitado la dichosa casa. Decidió cerciorarse. Tomó su celular y llamó a su prima, deseando escuchar buenas noticias de una buena vez por todas.

Daba tono. No contestaba. Intentó de nuevo. Nada. Intentó otra vez…

¿Neji?

Reconocía la voz. No era Hinata.

—¿Sakura?

Hey! Guess what!

—¿Les ha ido bien con el dato de Lee?

¡Hai! ¡Ya encontramos casa, y es preciosa! ¡La casa es lindísima, amplia, súper occidental! ¡Y nuestra habitación es encantadora!

—Magnífico. ¿Y qué tal sus nuevos compañeros de residencia?

El dueño es un escandaloso y su amigo es un engreído, pero son simpáticos.

—Sou ka… —respiró tranquilo— ¿Y Hinata?

Está abajo, cocinando. Yo por mientras ordeno nuestro nuevo cuarto. Ya casi terminaba cuando escuché el teléfono.

—Parece que todo funcionó bien. Ahora ya podré dormir en paz.

Jajaja, no tenías que preocuparte tanto, te dije que todo saldría bien.

—Lo sé. Tenías razón. Mira, ahora tengo que partir a clases, pero me gustaría ir a visitarlas cuando esté libre.

¡Claro! Tienes que conocer nuestra nueva casa.

—No compraron la casa entera, Saku, sólo están arrendando una habitación.

¡Pero viviremos mucho tiempo acá, es como si fuera nuestra! Nee, si vas a venir dime a qué hora vas a estar acá, ya que luego de almorzar estaremos fuera. Hinata quiere visitar a su mamá, yo aprovecharé la tarde para buscar un colchón para nuestra nueva cama.

—Ya veo. Déjame ver… luego de clases tengo una pequeña reunión en la oficina. Supongo que podré visitarlas a las ocho.

¡Perfecto! Hina compró pasteles en el súper, te voy a guardar uno, ¿sí?

—Te lo agradezco. Dale mis saludos a Hinata. Y felicitaciones por su nuevo hogar.

¡Arigatou! No puedo esperar a que sean las ocho… take care, bye-bye!

—Sayonara, darling.

Suspiró largamente después de apretar el botón rojo. Acababa de liberarse de un enorme peso entre sus preocupaciones más importantes. Sus dos chicas estaban finalmente seguras y asentadas en una residencia estable, y por lo que tenía entendido con gente decente en un barrio tranquilo.

Él tampoco podía esperar a que dieran las ocho. No ahora, que sabía que podía reparar a Sakura. Justo ahora, que sólo quería estar con ella.

O O O

Sakura cortó el teléfono. Se quedó estática un momento, sin mover un músculo, mirando la pantalla del celular de Hina.

Ultima llamada: Neji
Duración última llamada: 01'21"

Cómplice consigo misma, sonrió mordiéndose el labio inferior. Tomó la almohada más cercana y la abrazó fuerte, dejándose caer sobre la cama, acurrucándose como un gatito. Neji, Neji, Neji… pronunciado en su mente un millón de veces, su deliciosa voz de whisky seco y almendras, esa mirada que la dominaba cada vez que caía en sus hermosos ojos grises. Que cada vez que se hallaba cerca de su cuerpo se sentía de su propiedad, con cada roce su pecho vibraba pidiendo un poco más, sólo un poco más de él.

¿Y por qué no… todo?

Con cuidado se secó la única lágrima que no pudo contener. Se aclaró la garganta. Debía acostumbrarse a la idea, ella y él eran un rotundo y definitivo "no, no". Lo más saludable que quedaba por hacer era guardar el dolor de saberse en un imposible y vivir esos pequeños intensos deseos en silencio, porque él siempre sería parte de sus días por su parentesco con Hinata. Se puso de pie y giró sobre sus talones para contarle a su amiga que Neji le mandaba saludos y que más tarde…

En la puerta, toc, toc.

—Ah, Sasuke-kun…

La miró serio, callado. Observándola.

—Encontré algunas cosas que les pueden servir, sábanas y frazadas limpias para su cama. Eran de la antigua dueña de este cuarto —sin mucha ceremonia dejó la enorme caja de cartón en el suelo y procedió a retirarse—. Ayudaré a los cocineros a poner la mesa, baja cuanto antes.

—Claro… ¡gracias, Sasuke-kun!

Gracias por no preguntar nada, Sasuke-kun.


Kuroneko de hecho, sí. esta historia ha estado abandonada desde hace mucho. recién ahora la retomo porque… no sé, pero supongo que si la empecé debo terminarla, jaja. me desanima un poco que no sea tomada muy en cuenta, pero aún así hay gente que sí lee y que sí comenta, así que esto sólo es por ellas. igual es loco que se sigan apareciendo personas diciendo "hey, yo leía este fic hace años y ahora lo volví a encontrar y me sigue gustando… no lo abandones!" (que no son pocas, lo que es más increíble todavía)… me hacen sentir recordada, ¿y qué mejor que eso? ahora, si bien en los datos del fic dice "128 reviews", en realidad son mucho menos. pasa que aquí llegué a subir 11 capítulos y borré la mayoría para reeditarlos (porque soy una histérica y me gusta arreglar mis historias para que queden bonitas y gorditas); al final se borró el contenido de estos capítulos desaparecidos, pero no los reviews que recibieron cuando los publiqué. para el minuto que subí este capítulo tenía 53 reviews repartidos entre los primeros 5 capítulos. y no, no suenas egoísta, jaja. te entiendo completamente. por reviews como el tuyo es que sigo escribiendo, me gusta saber que las tonterías que escribo pueden vivir en la cabeza de otra persona al otro lado del monitor. muchas gracias por el review, espero que te guste lo que leas en adelante. me demoraré en actualizar, pero de momento no me rindo con esta historia. muchos saludos, que estés bien!