Un día de abril, 2006.

Primavera; los cerezos en flor hacían de las suyas, bajo el cielo despejado el clima cálido se temperaba con una sutil brisa fría, haciéndolos volar sobre plazas, calles y el cabello de los transeúntes. Los últimos rezagados circulaban por las calles a paso apurado a sólo minutos de las ocho de la mañana. Telas escocesas en azul y rojo, chaquetas en gris o verde oscuro, camisas, corbatas e insignias variadas según institución a la que pertenecían. El nuevo período escolar estaba comenzando.

La preparatoria pública Hibiya, claro, estaba entre aquellas instituciones. En el soleado patio se alineaba el alumnado oyendo las palabras de bienvenida del presidente de la junta de estudiantes.

Sakura oía atentamente. Ella era la delegada de su grupo y sabía a ciencia cierta que el próximo año sería su turno de ocupar aquél puesto. Se imaginaba a sí misma en el podio y al mismo mar de personas poniéndole atención a ella, comentando además lo bonita que era, cuán confiable y responsable se comportaba siempre, lo popular había llegado a ser y qué brillante futuro le esperaba… se relamía los labios ante sus megalómanos pensamientos, pero se lo tomaba con una relativa calma. Disfrutaría el viaje hacia la cima. El mundo era definitivamente suyo.

—… por mi parte, disfrutaré mi último año en esta preparatoria, esperando que el honor y las tradiciones se mantengan en las generaciones a futuro. Que los lazos hechos y las lecciones aprendidas no se borren jamás. Les deseo un buen período escolar a todos, muchas gracias —finalizó el muchacho, recibiendo aplausos formales de toda la escuela. Este fue a sentarse y tomó el podio una jovencita de flequillo recto y lindos ojos grises.

Sakura pestañeó, intranquila. La chiquilla era realmente guapa. ¿Esa era la del mejor puntaje de admisión ese año? Dejó de pensar, sólo puso atención.

—Eh… etto… ari… arigatou gozaimashita. Wa… wa-watashi wa Hy-Hyuuga Hinata d-desu…

Tartamudeaba, su voz se oía débil, carecía de carácter. Tenía que ser una broma, esa nena apenas sabía dónde estaba parada, era imposible que fuera el puntaje de admisión más alto a una de las preparatorias más prestigiosas de Tokio. Finalmente la chica bajó del podio, recibiendo un aplauso notablemente más tenue que el anterior. Después habló el rector para cerrar la ceremonia y se autorizó a los estudiantes a volver a sus aulas.

Para Hinata el asunto de su presentación tampoco había sido gracioso. La pobre estaba devastada. De haber sabido que se podría haber ahorrado aquél ridículo habría errado a propósito diez o veinte respuestas del examen. Su discurso era impecable, su criterio se lo dictaba, pero hablar en público no era y jamás sería lo suyo. Sus piernas las sentía tiritar y no podía subir la cabeza por la vergüenza. Toda la escuela la había visto arrastrar la lengua con tanta torpeza que era casi lo mismo que poner a leer un niño de cinco años. Quería desaparecer y ser olvidada por todos los testigos del bochornoso episodio para siempre.

Ninguna de las dos quiso volver a pensar en el asunto. Pero mientras que la una simplemente no podía dejar de darse palmetazos mentales por la humillación, la otra era arrastrada a la fuerza a seguir comentándolo. Para ambas se había convertido en un largo camino hasta su respectivo salón.

—Nee, Haruno-chan, tu discurso fue un millón de veces mejor que el de la recién llegada —le dijo una compañera mientras caminaban por el pasillo.

—¡Es verdad! Tu discurso fue impecable —la aduló otra alumna, alcanzándolas a saltitos con una alegre sonrisa.

Sakura sólo sonreía, tranquila, complacida al saber que tenían razón.

—No digan eso, la nueva sólo estaba nerviosa. Estoy segura de que me vi igual cuando me tocó dar mi discurso de bienvenida.

—¡Ni de broma! Estuviste perfecta.

—¡Sí, tienes mucho carácter, Sakura-chan!

Y así, la conversación siguió un curso similar hasta llegar al salón y tomar asiento: el grupo A de segundo año. Treinta y nueve alumnos de cabello negro y una chica de lustroso cabello rubio que resaltaba entre todos. Pero esa no era la única razón para reparar en ella; todo lo que Sakura hacía era digno de alabanza. Su bonito rostro, su bonito cuerpo, su bonita personalidad. Siempre estaba rodeada de gente, era tan sociable. Sus notas estaban por encima del promedio, y es que era tan inteligente y esforzada. Todos los clubes de deportes le pedían su ingreso al equipo, sencillamente era muy buena en lo que se propusiera. Aquellos eran los días en que se sentía dueña de su destino, que todo lo podía, que nada la haría flaquear. Haruno Sakura era indestructible.

Al otro lado del universo, o más bien en una dimensión paralela, en el salón que daba justo abajo de donde se encontraba la humana más poderosa del planeta tierra, respiraba Hinata, en el grupo A del primer año. Había tomado un puesto junto a la puerta; así era más fácil entrar y salir del aula sin llamar mucho la atención. Junto a ella se sentó un chico callado. Menos mal, no quería que le entablaran una conversación y que él se diera cuenta de que era una fracasada sin personalidad. La profesora guía del grupo entró, se presentó y les indicó que debían elegir delegado de grupo, secretario y otros.

—¡Yo propongo a Hyuuga-san de delegada de curso!

Hinata se preguntaba por qué no tenía la habilidad de decirle a su cerebro que dejara de funcionar y ya, morirse a voluntad. Oyó aquella conversación en la que negociaban su futuro sin que ella fuera capaz de negarse. Todo el curso votó a favor. Apretó los puños bien fuerte bajo su mesa con impotencia, deseando tener la fuerza para negarse. Y después, el niño del asiento de junto levantó la mano para proponerse de secretario. Nadie se negó.

—Aburame-kun será nuestro secretario.

Un último puesto en el comité se sorteó y la profesora indicó que la primera reunión de la junta de alumnos estaba fechada para ese viernes después de clases. Hinata era la persona menos apta para el puesto, lo sabía. Y apostaba que sus nuevos compañeros de salón no se demorarían mucho en odiarla por arruinarlo todo y representarlos de forma mediocre frente al resto de la escuela.

Llegado el primer receso la chica de ojos grises se preguntaba cómo le hacían sus compañeros para conversar tan amenamente, si recién era el primer día de clases. Nadie conocía a nadie… supuestamente. Era como si todos encajaran a la perfección en un sistema que ella no conocía, y a nadie le interesaba mostrarle cómo funcionaba. Se quedó sentada en su puesto, escribiendo garabatos en su cuaderno, ajena al jolgorio armado por los demás compartiendo como hermanos de toda la vida.

—Aburame desu. ¿Cómo te llamas? —oyó decir de pronto junto a ella. Asustada, miró a su compañero, quien se presentaba cortésmente. Le sonrió, no para ser simpática, sino porque esa era su respuesta automática para todas las cosas.

—Hy-Hyuuga desu. U-un gusto, Aburame-san.

Y hubo un silencio. Ella se incomodó, pensando que para él seguramente también era algo incómodo, lo que la puso más incómoda. Buscó en su cabeza algo que una persona normal debiera decir en una situación como aquella.

—Y… ¿de qué… se-secundaria vienes?

—De la Kanto. ¿Y tú?

—To-Tomoeda.

—Esa es privada, ¿no?

Ella asintió. Otro silencio. Más incomodidad. Él dijo:

—Quedan diez minutos antes del siguiente bloque, ¿me acompañas?

Ella lo miró. Él la miró, tranquilo; se puso de pie y comenzó a caminar hasta la salida. Ella se puso de pie a prisa para darle alcance. Llegaron a uno de los patios y se sentaron bajo un gran cerezo. No se dijeron nada en ocho minutos más, que fue cuando decidieron volver a entrar. Era la primera vez que Hinata comenzaba a sentirse cómoda en compañía de un desconocido.

O O O

—¡Sakura-chan!

—¡Kin-chan!

Ambas chillaron al mismo tiempo en la fila del comedor y algunos las quedaron mirando; había llegado la hora de almuerzo. Tsuchi Kin era una chica que Sakura había conocido en su secundaria. A pesar de llevarse por un año se llevaban muy bien y habían estado esperando encontrarse otra vez en preparatoria. Conversaron un poco, poniéndose al tanto de algunas cosas. Que los chicos, que las chicas, que los chismes, que sus nuevos compañeros, que la nueva prepa, que el nuevo año...

—Oi, ahí está la rara —señaló Tsuchi a la chica del discurso con el mentón. Sakura observó a la aludida, que estaba sentada en un mesón conversando con un chico mientras comían.

—Um. Hyuuga Hinata, si no me equivoco, ¿no? Escuché que era millonaria o algo así —sacó una manzana y la puso sobre su bandeja.

—¿Millonaria? Multimillonaria, diría yo. Es una hija de papi y algún día va a heredar montones de dinero sólo por haber nacido. Qué pena que no se pueda comprar algo de ímpetu.

—¿Y qué hace estudiando acá? Digo, esta prepa es buenísima, pero si le sobra el dinero podría haber entrado a una institución privada.

Tsuchi se encogió de hombros, cambiando el tema.

—Y bueno, como te decía… conocí a este chico que está en el primero A, Inuzuka-kun. Es muy lindo, ¿sabes? Y creo que también le gusté, porque…

Ambas bandejas llenas y fueron a sentarse a una mesa llena de gente que ya le había guardado un puesto a Sakura. Eran los mismos de siempre, excepto los que se habían graduado el mes pasado; un grupo de unos quince o más jóvenes y jovencitas de distintos cursos, los más vistosos de toda la escuela. Haruno les presentó a Tsuchi y le hicieron también un puesto. A la amiga de Sakura no le costó nada integrarse y ya luego comenzaron a hacer planes para después de clases.

—¿Van a salir sin mí? Son muy crueles —dijo una voz arenosa detrás de Sakura, cuyo corazón se saltó tres latidos y medio mientras que su sangre subía un grado de temperatura.

—¡Sasori-kun!

Akasuna no Sasori, de tercero, el último que faltaba en el grupo. Le hicieron un puesto y de pronto toda la conversación giraba en torno a él. Si no fuera por su mal comportamiento, seguro que él habría sido el presidente del consejo estudiantil ese año, ya que sin duda habría obtenido el apoyo de todos los alumnos si se lo hubiera propuesto. Tomó asiento junto a Sakura, encontrando su mano debajo de la mesa; sin que nadie lo notara le pasó un papel doblado y todos continuaron conversando normalmente. Sakura sentía que moriría por tener que contener tanta emoción y curiosidad causadas por ese tesoro que habían depositado en su mano. Apretó el puño y procuró actuar con normalidad hasta que la retirada le diera esa victoria.

En el otro lado del comedor Hinata conversaba con Aburame-san. Aún no se tenían tanta confianza, pero sí habían comenzado a entrelazar algunos comentarios para conocerse mejor.

—Tal vez me una al club de astrología. El próximo año me gustaría iniciar el club de entomología…

—¡Oi! ¿Interrumpo?

Ambos se quedaron mirando al tercer individuo que llegaba a donde estaban. Ninguno respondió.

—Me llamo Inuzuka Kiba, compartimos salón. ¿Me puedo sentar con ustedes? —Hinata pestañeó, Aburame se alzó de hombros. El nuevo tomó asiento sin más ceremonia—. Ustedes parecen menos hartantes, a ver si nos podemos llevar bien —sonrió—. Bueno, ¿y cómo se llaman?

—Hyuuga… Hinata desu.

—Aburame Shino.

—Hyuuga-san, Aburame-san. ¡Yosh! Veo que no son de lo más conversadores… bueno, está bien, recién nos venimos conociendo. ¿Y de qué secundaria vienen?

A partir de ese punto, Inuzuka se encargó de llevar la charla. A los otros dos no les molestaba… aunque sí era extraña la manera en que se había aparecido, sobre todo porque aquel sujeto parecía haberle ido muy bien conociendo a sus otros compañeros como para ir a instalarse con los más antisociales del curso.

O O O

"Te espero en la azotea después de clase", decía la nota que había recibido Sakura de su amor platónico, Sasori. Poco le importó el compromiso hecho con sus amigos horas antes, prefería ir con él. Después daría alguna tonta escusa por su ausencia. Impaciente y nerviosa esperaba en la azotea de la escuela por ese chico que la volvía loca desde el año pasado, pero en secreto. Siempre en secreto.

Su móvil sonó dentro de su bolso. Era Kin-chan, seguramente le preguntaría por qué tardaba tanto.

—¿Moshi-moshi?

¡Sakura-chan! Ya estamos todos acá, ¿dónde te metiste? —de pronto le dolió el estómago.

—¿Todos?

¡Sí! …o sea, no; Sasori-kun dijo que no podía porque no sé qué. Sólo apúrate, ¿sí? —y cortó.

Sakura se halló contrariada. Primero, Kin venía recién conociendo a Sasori-kun y ya se refería a él con tanta familiaridad, y segundo, no pudo evitar sentir que su amiga la había tratado con cierta prepotencia. En ese año que estuvieron distantes, Kin-chan parecía haber cambiado.

—Hm… a ver si esto te pone de mejor humor… —se dijo mientras redactaba un mensaje para decirle que había surgido algo y tampoco podría ir.

La puerta se abría. Pudo escuchar perfectamente mientras detenía los dedos sobre el teclado. Alzó la vista, ahí llegaba. Le sonrió, le indicó que la esperara un momento con el dedo y terminó de mandar el mensaje. Le habló con naturalidad, tenía práctica haciendo eso.

—¿Qué tal, Sasori-kun? ¿Lo pasaste bien en las vacaciones de primavera?

—En realidad no —le respondió con esa voz ronroneante que la traía loca—. Me aburrí horrores, para ser sincero. ¿Qué tal las tuyas?

—Um… bien, no me quejo —contestó haciendo girar sus caderas de un lado a otro y sonriendo como sólo hacía para él—. Mi abuela me invitó a visitarla unos días, así que estuve de viaje en Inglaterra.

—Sou ka. ¿Y viste a tu prima?

—Sí. Conversamos un poco, pero creo que ya no es lo mismo de antes —se quedó pensando un poco. Al ver que él no decía nada, optó por darle frente— Sasori-kun… ¿por qué… me llamaste acá?

Ella vio cómo él sostuvo su mirada un instante, mostrándose más serio que nunca. Se acercó un poco a ella, tomando uno de sus mechones claros entre sus dedos. Estaba tan, tan cerca… y para empeorarlo, apenas ella supo que se había vuelto colorada él se atrevía a sonreírle. Esa maldita sonrisa de engreído que lo hacía ver tan condenadamente bien.

Dejó sus cabellos en libertad y se alejó de ella.

—Nada. Sólo quería conversar contigo a solas.

Decepción. Tranquilidad. Felicidad. Se quedaron conversando de cosas sin importancia hasta que el cielo se tiñó naranja.

O O O

—Traje salsa de soya, ¿quieres?

—No, gracias, Aburame-kun.

El clima seguía siendo agradable, aunque habían pasado algunas semanas desde el inicio de clases. El verano no tardaría mucho más en llegar. Como siempre, Hinata almorzaba con Aburame-kun en el patio. Ni cinco minutos habían pasado desde que se instalaran cuando se apareció Inuzuka acompañado por una chica.

—¡Konbanwaaa! Les presento a Tsuchi-chan. Ella es de primero C.

—Yoroshiku —dijo la chica, haciendo una pequeña reverencia. Hinata y Aburame la saludaron por cortesía y como era de esperarse, Inuzuka se encargó del resto de las comunicaciones.

—Hyuuga-chan y Aburame-kun están en mi salón, hablamos desde el primer día…

Hinata miraba a esta chica con atención. La ubicaba de vista porque estaba en el mismo grupo de amigos de Haruno Sakura, la rubia de segundo que todo el mundo parecía adorar insanamente… quien también era representante de su curso y por eso había tenido la oportunidad de compartir un par de "buenas tardes" con ella en las reuniones semanales. Y claro, Akasuna no Sasori, el galán de tercero. En cada escuela había especímenes de esos y en la Hibiya aquellos dos eran de la realeza. ¿Pero qué hacía esta chica con ellos, los últimos eslabones de la cadena social en toda la preparatoria? Pensándolo mejor, Inuzuka era el responsable. Gracias a él, el resto del salón había comenzado a saludar a Hinata cada mañana y la habían comenzado a integrar poco a poco… y es que él era un chico inquieto y conversador, ya de a poco comenzaba a hacerse un nombre fuera de su curso y por seguirlo a él muchos estudiantes llegaban a Hinata y su amigo sin proponérselo realmente.

Ahora les venía a presentar a Tsuchi-san, esta niña bien arreglada y de modales muy pulcros. A Hinata le pareció una dama muy propia, muy correcta y hasta agradable…

—Bueno, ha sido un gusto —Tsuchi volvió a hacer una reverencia y luego le habló a Inuzuka—: ¿Nos vamos ya, Inuzuka-kun?

—¿Qué? ¡No, vinimos a almorzar con mis compañeros! —le sonrió—. Ven, siéntate acá.

—Demo… Sakura-chan y los demás nos deben estar esperando, siempre almuerzo con ellos y te los quería presentar…

El la miró serio.

—No recuerdo haber hecho ninguna cita con nadie. Si te quieres ir, bien por ti.

Ella se lo quedó viendo, armándose una estática sonrisa. Inuzuka comenzó a abrir su bento sin siquiera mirarla, la estaba ignorando. Hinata sintió algo de pena por ella, pero entonces Tsuchi se la quedó mirando gélidamente. Luego se fue sin decir nada.

—Yo pensaba que podría almorzar con nosotros, ya saben, una chica más en el grupo hace falta… lamento que haya resultado así —comentó él después de que la chica se perdiera de vista.

O O O

—¡Al fin, Kin-chan! ¿Por qué vienes llegando tan tarde?

—Sí, ¿dónde estabas?

—¡Yo sé! ¡Te apuesto que estabas con Inuzuka-san!

Sakura miraba cómo todos en la mesa molestaban a su vieja amiga en silencio. Tenía la boca tiesa, igual que cada vez que estaba a punto de estallar de ira. Pensó que lo mejor era cambiar el tema antes de que explotara frente a todo el mundo.

—Ven, Kin-chan, te guardé un asiento. Estábamos hablando sobre el festival escolar del año pasado…

—Sakura-chan, eres tan correcta. Es obvio que Kin-chan tuvo una pelea con Inuzuka-kun, ¡mírale la cara! —dijo un chico de tercero. Kin no decía nada.

—Es que le salió competencia, ¿no? Hyuuga-san, la de los ojos claros de primero.

—¡Nee, es cierto! Inuzuka-san siempre almuerza con ella, ¿no le gustará?

—Jajaja, qué pena, Kin-chan… es un amor imposible. ¡Y encima tu competencia es guapísima!

Casi todo el grupo la molestaba y Tsuchi Kin no respondía a nada. Finalmente se paró y se fue, tenía un aspecto de querer golpear al primero que se le cruzara en frente. Sakura no tenía idea cuándo era que sus amigos se habían vuelto tan apáticos.

—Eso no era necesario. ¿Vieron cómo se puso Kin-chan?

—Qué importa. Ella es peor con el resto del mundo.

—Es verdad. Es una recién llegada y aún así a veces se pone tan altanera…

—¿De qué están hablando? Kin-chan es mi amiga, la conozco bien. La están prejuzgando injustamente.

—Creo que quien hace eso eres tú, Sakura-chan —terminó por decir Sasori. Sakura se heló al oírlo hablar así de su protegida. Ya no sabía qué pensar. ¿Qué era eso que todos veían que a ella se le estaba escapando?

O O O

—Kin-chan, tenemos que hablar —le dijo sin preámbulos al día siguiente.

—Ay, ¿qué quieres ahora, Sakura-chan?

—Los chicos dicen cosas de ti a tus espaldas, dicen que eres otra persona cuando no estoy presente. ¿Me quieres decir a qué diablos se refieren con eso?

Estaban sentadas en la escalera de emergencia que daba a la multicancha, ambas miraban la práctica del club de tenis a la distancia. Las clases recién habían terminado y Sakura quería aprovechar de conversar con su amiga para aclararlo todo por las buenas.

Kin agachó la mirada. Hizo un pequeño puchero y frunció el ceño, desconforme. Su voz salió dura.

—Era obvio que te fueran a decir esas cosas. Digo, eres "Haruno-san", la chica estrella de la prepa Hibiya...

—¿De qué mierda me estás hablando? —la rubia no podía creer que le estuvieran diciendo semejantes estupideces. No Kin, aquella chica que la conocía de cuando aún la trataban de gaijin y la hacían a un lado por sus ojos verdes y su cabello claro.

—Pues estoy hablando de que desde que llegué yo les estoy quitando a su princesita. ¡Están celosos, están muertos de envidia! No pueden aguantar que esta aparecida les esté robando a la líder del grupo y me quieren quitar de en medio, ¿que no es evidente?

—¡¿"Líder del grupo"? —exclamó, exasperándose por las ridículas acusaciones. Suspiró—. Entonces dices que me están mintiendo.

—¡Pues claro que sí! Sakura-chan, mírame, ¡soy yo, Kin-chan! ¡Me conoces desde antes de llegar a este lugar! ¿O es que le vas a creer a tus "nuevos amiguitos" en vez de a mí?

Sakura sentía una desazón en el estómago. No quería tener que darle la razón a nadie y mucho menos quería estar en la situación de enfrentar una amiga del pasado contra sus amigos del presente. Y no sólo eso, sentía que estaba haciendo algo muy muy mal y no sabía ubicar bien qué era. Se rindió, le daría tiempo al tiempo.

—Nunca he desconfiado de ti, Kin-chan, no voy a comenzar ahora… mira, lo siento, pero es que debes aceptar que has estado rara últimamente.

—Sí, lo sé. Pero creo que es un poco obvio…

—Entonces sí te gusta Inuzuka-san.

—¡Muchísimo! Es que… no sé, es tan… pero ahora ni siquiera puedo acercarme. Te conté de la chica Hyuuga, ¿no?

—Claro, la misma que dio el discurso de bienvenida después de Kotaro-senpai y que me dijiste que estaba sobrada de dinero. Y ayer te molestaron con que era… ¿tu competencia o algo así?

—Hm, de competencia nada. Verás, de alguna manera ella e Inuzuka-kun se han hecho muy amigos, almuerzan juntos casi todos los días y ella no deja que ninguna otra chica se le acerque. Ayer mismo él me invitó a almorzar con ellos pero ella se portó como una verdadera perra.

—¿A qué te refieres?

—Pues, primero, con cada cosa que yo decía ella me estaba interrumpiendo. Y después se acercaba a Inuzuka-kun y le daba pequeños empujoncitos o se reía de nada y decía "Ay, qué gracioso eres, Inuzuka-kun"… ¡Y hubieras visto la cara de muerte que ponía cada vez que él me preguntaba algo! Te juro que con todo el dinero que tiene es capaz de contratar a alguien para hacerme desaparecer sin dejar evidencia.

Sakura estaba consternada con todo lo que estaba oyendo.

—¿Estás segura de que es la misma Hyuuga que tartamudeaba mientras hablaba frente a toda la escuela el primer día?

—Créeme, Sakura-chan. La maldita se hace la mosca muerta. Al final me disculpé con ambos, les dije que había quedado en juntarme con alguien antes de que terminara el almuerzo y me fui de ahí. Yo le gusto a Inuzuka-kun, lo sé, y ella también se dio cuenta, por eso tengo miedo de que le venga con cuentos inventados de mí para que se aleje definitivamente.

—Guau… Kin-chan… nunca me habría imaginado que Hyuuga fuera así. Yo creo que lo mejor es que hables a solas con Inuzuka-san, tú sabes, para aclarar las cosas.

—Sí, creo que tienes razón.

Luego de eso se despidieron y Sakura se fue corriendo a su práctica del club de karate. El campeonato anterior habían llegado a las finales nacionales y este año iban por la victoria.

—¡Ya llegué! —saludó a todos en el gimnasio, deteniéndose de pronto al ver que había más gente de lo normal.

—Haruno-senpai —le sonrió una chica de primero—. La capitana nos había dicho que llegarías un poco tarde.

—Sí… ¿qué es toda esa gente? —señaló el grupo al otro lado del gimnasio.

—Ah, esto… son del club femenino de aikido —volvió a sonreír—. Hoy vamos a compartir el gimnasio porque el suyo lo están pintando.

En realidad no tenía ningún problema con el asunto, juntando ambos clubes calculaba que no harían más de sesenta personas y la estancia era lo suficientemente grande. Pero después notó a cierta persona entre sus vecinos. Ahí estaba Hyuuga Hinata, la rival de Kin, haciendo volar a una enorme muchacha por los aires después de esquivar una potente arremetida frontal.

Ya sentada en seiza y esperando su turno para las prácticas de combate cuerpo a cuerpo, Sakura observaba a la elegante joven. Mirándola con detenimiento, su rostro era realmente bello, sobre todo cuando ponía esa cara de concentración. Sus movimientos eran delicados y determinados, dibujaban líneas curvas y fluidas por el aire con todo su cuerpo.

—Estás viendo a Hyuuga-san, ¿verdad? —le preguntó la misma chiquilla que la había recibido al llegar. Sakura rio sutilmente.

—Entonces tú también has oído hablar de ella, ¿no?

—Bueno, es un poco difícil no notarla —Sakura le dio la razón. Seguro que al caminar por la calle decenas de desconocidos se la quedaban mirando—. Es habitual que se comente de ella, es heredera de una gran fortuna, sus notas son sobresalientes, es muy educada, callada, amable y encima es preciosa. Ya en algunos cursos comenzaron a llamarla Hyuuga-Hime —volvió a sonreír—. Pero yo la conocía desde antes de entrar a esta preparatoria.

—¿En serio? ¿Fueron compañeras en secundaria?

—Oh, no. Ella viene de la Tomoeda, es imposible que mis padres hayan podido pagarme la secundaria ahí. Pasa que el año pasado yo estuve en el club de aikido. Ella era la capitana del equipo de su escuela, llegaron a cuartos de final del campeonato nacional. Nuestro equipo era tan bueno que creíamos que ganaríamos, pero sólo llegamos a octavos de final porque nos tocó contra Tomoeda. Hyuuga-san derrotó a nuestra mejor estudiante, todos creían que gracias a ella los derrotarían a todas fácilmente.

—Pero sólo llegaron a cuartos de final…

—Claro, porque Hyuuga-san tuvo que retirarse. Se decía algo de una emergencia familiar, nunca supimos bien qué pasó. Al final otra escuela se llevó el campeonato y no esperaba volverla a ver nunca más, imagínate mi sorpresa cuando me enteré que había entrado en mi misma preparatoria.

—¡Sato-chan, tu turno! —la capitana llamó a la niña de primero de pronto.

—¡Hai! Bueno, deséame suerte —le dijo a Sakura antes de ponerse de pie a intentar taclear a la fornida joven de tercero.

La maldita se hace la mosca muerta, resonó dentro de la cabeza de Haruno. Ya en algunos cursos comenzaron a llamarla Hyuuga-Hime. Capitana del equipo de aikido en secundaria, y al parecer sería participante estrella en preparatoria también… bella, inteligente, rica, talentosa. Dueña de unos ojos únicos, la admiración creciente de media escuela y mucho misterio rodeando todo lo que se refería a ella. Sakura bufó, ya lo entendía todo. Lo tenía todo en la vida y no era suficiente. Sólo bastaba con mirarla para saber que se creía mejor que el resto. Lo que los demás veían como timidez era en realidad desinterés por mezclarse con gente que no llegaba a su nivel, porque ¿qué clase de persona es capaz de llevar un equipo a cuartos de final nacionales pero no dar un discurso en público apropiadamente? ¡Kin tenía razón, la maldita se hacía la mosca muerta!

—¡Haruno-chan, te toca!

—¡Hai!

Al ir a sentarse, Hinata fue felicitada por la capitana. Esta le sobó la cabeza como a un cachorro y tuvo que volver a hacerse la cola de caballo. Había echado de menos las prácticas desde el campeonato del año anterior, cuando su madre había sido internada de urgencia por aquel espantoso aborto.

—Qué envidia me da tu cabello, Hyuuga-chan —le dijo una chica sentada junto a ella. Se lo habían dicho algunas veces, su brillante cabello negro le llegaba a las caderas.

—A-arigatou —le sonrió. Se sentía en la obligación de darle otro cumplido, pero no se le ocurría qué. La joven se volteó a seguir viendo el entrenamiento y dejó de ponerle atención a Hinata.

—¡Eres muy fuerte, Hyuuga-chan! —le dijo otra chica que llegó a sentarse junto a ella.

—Ari… gatou… Eh… en mi familia todos practicamos… aikido.

—Sou ka, entonces con razón eres tan buena. Algún día podríamos practicar juntas, a ver si me puedes enseñar tu técnica secreta.

—Cla-claro… —Hinata sentía que se ponía roja, esperaba que algún día dejaran de hablarle sólo para adularla. Algo así como "¡vamos al centro comercial!", "¿comparamos resultados de este ejercicio de física?" o "mira qué gato más feo".

La segunda joven también desvió su atención hacia otra parte y finalmente volvió a estar sola. Se perdió dentro de su cabeza, esperando pacientemente a que comenzaran a repasar los katas o que la llamaran nuevamente.

—Mira, mira, ahí está Haruno-senpai —dijo alguien sentada cerca suyo. No fue difícil ubicar a quien se referían: era la única cabeza cubierta de amarillo en toda la escuela.

—Y pensar que una chica tan linda puede patear así…

—Jajaja, tienes razón. Seguro este año ganan.

—¿Con Haruno-san en el equipo? Seguro. Ayer la vi conversando con Sasori-senpai.

—¡Ay, es tan kawaii! Ambos harían una pareja hermosa.

—Es verdad, si fuera cualquier otra chica, todas las estudiantes le harían la vida imposible por acercarse a él, pero Haruno-san puede hacer lo que le venga en gana.

—¡Oi, ustedes! ¡Den veinte vueltas alrededor de la cancha por habladoras!

Y la charla llegó hasta ahí, pero Hinata se quedó viendo cómo Haruno-senpai le pateaba el trasero a una chica de tercero.

Su cuerpo esbelto y fuerte. Su exótico y bello rostro occidental. Su agradable carácter, poder de liderazgo, su confianza en sí misma. Las mejores notas de segundo y un archisabido futuro brillante en medicina. Haruno-senpai era la prueba de que la justicia divina no existía, no podía haber alguien tan maravilloso como ella en la tierra por sobre el resto de los demás mortales. ¡Lo tenía todo! ¡Todo! Y como si no fuera suficiente, todos la amaban y seguían ciegamente. Todo lo que hacía se llevaba odas de alabanza, a donde fuera era el lugar donde todos querían ir, lo que ella dijera era juzgado como lo puramente correcto. Era como si todos se hubieran olvidado que era una persona para tratarla como a una diosa. Podría jurar que no era ni la mitad de buena para merecer que la trataran con tantos favores. Le pareció tan absurdo.

Al terminar la práctica, ambos clubes deportivos se fueron a las regaderas. Ni Sakura ni Hinata volvieron a dirigirse la mirada, pero ambas se internaron en el consciente de la otra de una manera agudamente molesta.


lo que acaban de leer es en realidad el capítulo 8. no fueron necesarios muchos cambios, por lo que lo pude tener listo en apenas un par de días. siendo que no afecta el avance de la historia, lo subo ahora para agilizar el proceso de reedición.

las invito a todas (y todos) quienes tengan una cuenta en fanfiction a contestar mi nuevo poll: "eres virgen?". es de participación anónima. los resultados los haré públicos el 25 de diciembre. sé que es raro, pero créanme que tiene un buen propósito y no es sólo por morbo. muchas gracias!

Kuroneko aww! me alegro mucho de haber sacado tu quinceañera interna! después de todo, es mi quinceañera interna la que escribe por mí, así que la comunicación se vuelve simétrica, jaja. bueno, no fue necesario esperar taaanto para este capítulo. ojalá lo pilles luego porque es anormal que me demore tan poco en actualizar! te contaré algo... yo también me siento como una niña en navidad cuando veo un aviso de nuevo review en mi bandeja de entrada. muchas gracias por el review y por las buenas vibras! al final me llegaron varios comentarios. espero que nos sigamos leyendo. muchos saludos, que estés muy muy bien!

Guest lectora silenciosa, te entiendo (también soy tímida... mucho). pero aprecio mucho, mucho, que después de tanto tiempo sigas al tanto de lo que escribo y me hayas hecho llegar tus palabras. que creas que a pesar de tu silencio me merezco un comentario es como "...guau, gracias! debo estar haciendo algo bien", jaja. me alegro mucho que esta nueva versión te guste igual que la anterior, y que tengas paciencia de leerla igual... si hasta te acuerdas del nombre del capítulo 11! me halagas, en serio. y bueno, sé que también debes tener ganas de saber qué pasa después de "party time", así que intentaré actualizar lo más rápido posible (lo que no es muy rápido, pero está dentro de mis posibilidades). espero poder terminar algún día esta historia y todos los que la siguieron con la misma paciencia que tú me has tenido sigan ahí, espero no decepcionar a nadie. muchas gracias por salir del anonimato para darme ánimos. sería genial si te llego a leer otra vez, pero como dices que tienes problemas, entenderé si no es posible. te mando muchos saludos, que estés muy pero muy bien!