—Hyuuga-chan, ¿me ayudas con este problema? No puedo llegar al resultado correcto…
—Claro… deja ver… —le sonrió, un poco inquieta. Ya se acostumbraba a hablar con sus compañeros, pero todavía le faltaba práctica— m-muéstrame cómo lo hiciste.
—Síp, mira… partí con esta fórmula…
Un par de ejemplos y esta compañera ya entendía, junto con un par de curiosos más que se habían quedado viendo la explicación de Hinata.
—… entonces ya tienes todos los datos para la ecuación; se los das a la calculadora y… ahí está, ese es el resultado. Es el mismo del libro de texto, o sea que está bien.
—¡Arogatou, Hyuuga-chan!
Tres y media, viernes. El timbre sonó, el profesor autorizó a sus alumnos para salir. Hinata y Shino salieron inmediatamente a la sala de reuniones del comité de estudiantes. Al llegar, ahí estaba Haruno Sakura, delegada del segundo A, sentada junto a una ventana, muerta de la risa conversando con cinco o seis personas más alrededor de ella. La oji-gris apartó la vista inmediatamente, le desagradaba ver a Haruno-senpai siendo rodeada cual pagano ídolo de oro.
Sakura pudo haberse hecho la desentendida, pero notó el momento exacto en el que la chica Hyuuga entró al aula. La señal era las decenas de miradas furtivas hacia ella, un momento de silencio y varias sonrisas bobas de parte de los hombres. Emitió un comentario para retomar la atención de sus amigos y así despegar su vista de Hyuuga-hime.
En la reunión no hubo nada nuevo, por lo que terminó luego. Ya saliendo del salón, Sakura salió al encuentro de Kin, quien aguardaba sentada en el pasillo mientras jugaba con su celular.
—Nee, ¿nos vamos?
—Claro.
Habían quedado de ir a Shibuya a buscar un vestido de fiesta, ya que un tío de Kin iba a casarse. No habían dado ni un paso cuando vieron acercarse a Inuzuka Kiba. Las amigas intercambiaron una mirada cómplice, Kin inmediatamente fue a hablarle.
—Inuzuka-kun —le sonrió—. ¿Cómo has estado? No te había visto en todo el día…
—Nee… hola, Tsuchi —le contestó, distraído—… oi, ¿me disculpas? Vine a buscar a alguien. Hablamos el lunes.
—Claro… —murmuró Kin, viendo cómo él se iba al otro lado del corredor, perdiéndose dentro de la sala de reuniones. Se volteó a Sakura, haciendo un puchero— me odia, Sakura-chan…
—¿Qué dices? No te odia, Kin-chan, son ideas tuyas. Seguramente está apurado, es todo.
—¿No viste cómo me habló? Pasó de mí completamente. Y muero por pedirle que sea mi pareja en la ceremonia…
Sakura consideraba que no tenían confianza suficiente para una invitación a una fiesta familiar, pero no le dijo nada. Intentó darle ánimos, pero justo en ese momento vieron salir a Inuzuka salir con un compañero de grupo y Hyuuga-san. Kin estaba que explotaba de rabia, yéndose del lugar indignada con Sakura siguiéndole el paso.
—Claro, a mí no me quiere ni saludar, ¿pero se queda a esperar a esa Hyuuga después de clases? ¡Maldita sea!
—Kin-chan, cálmate, ¿sí?
—¡Es que no entiendo! ¿Acaso nadie más en esta escuela se da cuenta de quién es realmente esa maldita idiota?
Llegaron al primer piso y Kin no aminoraba el paso. Sakura sólo seguía tras ella esperando a que se le pasara el berrinche.
—No ha pasado mucho desde que inició el año escolar, no tienen por qué darse cuenta inmediatamente. Deja que las cosas pasen solas, ya luego será obvio lo arrogante que es Hyuuga —intentaba consolarla la rubia—… no puedes obligar a la escuela a que odie a esa chica de la noche a la mañana…
Kin se detuvo en seco en el umbral del edificio. Se giró a mirar a Sakura con un brillo nuevo en su rostro. Sonrió.
—Tienes razón. Venga, vámonos luego, quiero probarme un lindo vestido con mucho ruedo. Estaba pensando en uno azul, ¿qué crees?
—¿Eh…? Um, sí, ese color te viene muy bien…
Haruno se vio contrariada por el repentino cambio de actitud de su amiga, pero a riesgo de que volviera a sus humos de recién pensó en no preguntar ni comentar nada. Le seguiría la corriente, tenían toda la tarde para ver lindos vestidos de gala.
O O O
Era oficial. A donde iban, eran tres: Aburame-kun, Inuzuka-kun y Hyuuga-chan. Algún par de veces una que otra compañera indiscreta le había preguntado a Hinata si le gustaba alguno de los dos, cosa que ella rechazaba energéticamente. No, no… sólo somos amigos, nada más… pero Hinata sabía que era riesgoso que se notaran sus segundas intenciones con Inuzuka-kun.
¡Sí, le gustaba! ¡Y mucho! Pero de pensar en aquello solamente se autocensuraba. ¿Inuzuka, el chico más chispeante de primero, interesado en ella? Imposible. Sí, era temperamental, solía pelearse fuera de la escuela con alumnos de otras instituciones bien seguido y tenía una actitud desafiante, pero hablaba tanto que alegraba el día, era un amigo protector y preocupado, leal y dolorosamente sincero. Hinata lo veía como una persona libre, y esa libertad era lo que más le gustaba. Luego caía a estar otra vez en el espejo del baño de chicas y su feo reflejo le escupía que sería imposible que él estuviera atraído por ella.
Se mojó la cara, se encaminó a la salida del baño. Casi chocaba con la inconfundible Haruno-senpai, cuyo fortuito encuentro sinceramente la había asustado.
—Sumimasen… —murmuró, evitando contacto visual y pasando de largo.
—No hay problema —le contestó la otra chica, fría como el ártico pero guardando la cortesía.
Sakura se volteó a ver cómo Hyuuga se largaba por la puerta. ¡God, cuánto le desagradaba esa muchacha! Ni modo, mejor no darle tanta importancia. Entró a un cubículo, giró el pasador. No alcanzó a bajarse la ropa interior cuando oyó a un grupo de chicas entrar al baño, riéndose efusivamente.
—Yo escuché que alguien vio a Haruno darle sexo oral a Akasuna en un salón vacío después de clases.
—¡Ja, a mí también me contaron eso!
Hold it… What?!
—¡Jajaja! Con la cara de babosa que pone cada vez que está con él, no lo dudo. Ayer escuché que un niño de segundo grabó a Haruno en cuatro teniendo relaciones con un chico de tercero a cambio de los resultados de los parciales de biología, así es como siempre sobresale en calificaciones…
—Nee, y no sólo eso. Se dice lo mismo sobre…
You bitches…
—¡Pues si alguna de ustedes, hijas de puta, tiene la grabación, estaré gustosa de verla con ustedes! —gritó Sakura al abrir la puerta de golpe.
Las cuatro chicas se quedaron pálidas por la sorpresa y el miedo.
—Ha… Haruno-san, nosotras…
—Lo sentimos, de veras que sí… pero…
—¡Nosotras no andamos divulgando nada de eso, es sólo lo que comentan en la escuela!
—¡¿De qué mierda están hablando?! —exigió saber Sakura, fastidiada.
—To… toda la escuela está comentando lo mismo… desde ayer que se escuchan estos rumores y se han esparcido entre todo el mundo… ¡No es nuestra culpa!
Sakura estaba más que indignada. Era la excusa más patética para darse el lujo de hablar tanta mierda a sus espaldas. Miró a las que tenía enfrente y se acercó a la que se esforzaba más en hacerse la valiente. La arrinconó contra la pared y puso su rostro a tan sólo centímetros del de ella.
—Tú pareces la líder de este penoso grupo, escúchame bien. Más les vale no seguir comentando esta porquería sobre mí, ¿entendiste? Tengo oídos en toda la escuela y más amigos en la Hibiya de los que tú harás en tu puta vida, así que será fácil volver a descubrirlas. No querrás comer papillas un mes entero, ¿no? Supongo que entiendes a lo que me refiero…
—Ha… Hai, Haruno-san.
—Ha-ru-no-sa-ma, estúpida perra. Lárgense antes de que les parta la cara.
—Hai… ¡perdón, Haruno-sama!
Las cuatro se fueron corriendo del lugar. Sakura lamentaba no haber podido golpear siquiera a una, pero las consecuencias serían nefastas. Debía controlarse. Apretó tanto sus puños que sus nudillos se volvieron completamente blancos y sus uñas comenzaban a enterrarse en sus palmas.
Necesitaba respuestas.
O O O
—Sou desu ka? Sakura-chan, eso es horrible…
—Lo sé… ah, Kin-chan, no sé qué hacer. Por lo que escuché, todo el mundo está comentando lo mismo, ¿cómo es que recién me vengo a enterar ahora? Y lo que es peor, ¿qué pasa si Sasori-kun se entera?
—Amiga, yo no tenía idea, estoy segura de que las chicas tampoco han oído nada de eso —le contestó Kin, refiriéndose a las demás de su grupo de amigos—. Pero era de esperarse, ¿quién corre a comentar un rumor con los amigos más cercanos de quien se está hablando?
—Supongo que es verdad… ¡Pero qué coraje! ¡Lo único que quiero es encontrar al responsable y partirle la cara a golpes!
—Um…
Kin se puso pensativa. Sus dedos se colaban entre la rejilla de alambre, mirando al vacío. Ambas chicas estaban en la azotea del edificio principal, aprovechando lo apartado del lugar para hablar sin restringirse. El viento revolvía sus ropas y cabellos, el sol calentaba tenuemente sus espaldas.
—¿Qué pasa, Kin-chan?
—Es sólo que… ¿No has notado cómo Hyuuga se ha vuelto más popular últimamente?
—¿Popular? ¿De qué estás hablando? Sigue igual de petulante que siempre, no habla con nadie, es como si le hubiesen comido la lengua los ratones.
—No, fíjate bien. De a poco ha comenzado a hablar más con más gente. Ya más se atreven a saludarla en los pasillos, está más acompañada. ¿No crees que tal vez ella…?
—¿Hyuuga? ¡No! ¿Qué ganaría con eso?
—Ah, vamos, Sakura-chan; no me digas que no has notado la forma en que te mira…
Sakura de pronto cayó en cuenta que sí, tenía algo de razón. De vez en cuando notaba que ella la miraba fijamente, para luego desviar la mirada y hacerse la desentendida. ¿Envidia? ¿Celos?… ¿Competencia, quizás?
—Tiene sentido…
—Digo, suena como la clase de cosas que haría una pendeja que se hace la mosca muerta… —terminó por decir Kin, ladeando su lindo rostro.
—¿Chicas? ¿Tsuchi-chan? ¿Haruno-chan? ¿Están acá? —se oyó decir desde la escalera de la azotea. Las jóvenes supieron que eran las voces de sus amigas de siempre.
—¡Sí, vengan! —la puerta se abrió, cinco niñas de diferentes cursos se acercaron a donde estaban.
—¡Haruno-chan! Acabamos de oír algo atroz… —dijo una chica, notoriamente consternada.
—No tienen que decirlo, me enteré también —respondió la aludida, bajando la cabeza.
—¡Lo siento tanto, Haruno-chan! ¿Hay algo que podamos hacer?
—No se preocupen, Saku-chan y yo ya sabemos quién inició todo —espetó Kin en una media sonrisa. Demasiado segura de sí misma, pensó Sakura, ya que se trataba de una mera sospecha.
—¡Ah, qué bueno! Entonces sólo hay que poner a la maldita en su lugar, ¿no?
—¿Y cómo saben que es una chica? —preguntó Sakura. Las demás se miraron antes de que alguna contestara.
—Pues… es obvio, ¿no? ¿Crees que un hombre se pondría a inventar esas cosas sobre ti?
—Sí… tienen razón.
O O O
Kin se quedó observando desde lejos, esperando a que todo pasara. Sakura se fue directo a la salida del gimnasio que usaba el equipo de aikido. Ni se tomó el tiempo de cambiarse su karategi, temía que se escapara su oportunidad. Ese día sabía que ella también se quedaba hasta tarde en la escuela para sus prácticas, sólo tenía que…
—Hyuuga-san —llamó Sakura a la chica una vez que dio con ella, saliendo del entrenamiento junto con las demás chicas de su equipo—. Necesito hablar contigo… a solas.
Las demás niñas del club no pasaron por alto lo que estaba pasando, algunas se quedaron viendo desde lejos qué le contestaría Hinata.
—Etto… sí, está bien…
Una mirada asesina de Sakura a las curiosas y éstas se esparcieron como cucarachas huyendo de la lumbre. Se llevó a Hyuuga a un rincón apartado detrás del gimnasio y aprovechó la soledad para poner las cartas sobre la mesa.
A ninguna de las dos le hacía gracia aquel encuentro.
Decir que jamás habían intercambiado palabra distaba mucho de la realidad, olvidar que habían estado así de cerca varias otras veces era imposible. De encontrarse ambas en cualquier otro lugar del mundo definitivamente se reconocerían con facilidad; así de distintiva se hacía el rostro de la una a la otra.
Sin embargo, era la primera vez que Sakura realmente ponía atención en la chica Hyuuga. Caminando hacia detrás del gimnasio podía verla de reojo, que su piel, que su perfil, que sus largas pestañas. Era dolorosa la forma en la que debía admitirse que era una chica sencillamente preciosa. Aunque se le hacía un poco irritante que no fuera capaz de levantar la mirada mientras caminaban. Lo pensó un instante; no recordó haber visto a Hyuuga caminar recta desde que habían comenzado las clases.
Por mientras, Hinata la seguía en silencio. Kami, Haruno-senpai era una muchacha intimidante; y ese son rítmico y firme de sus pasos no ayudaba nada. Bueno, parecía que realmente había nacido para dominar el mundo… si Hinata ni siquiera se atrevía a mirarla un instante pero aun así percibía la seguridad y elegancia de sus movimientos. Conque Haruno-senpai era realmente perfecta, ¿eh? Si así era, ¿qué diablos querría semejante deidad con una chica lastimosa como ella?
Llegaron a un callejón angosto que quedaba entre el límite de la escuela y el final del gimnasio. La una quedó frente a la otra. Sakura puso sus ojos directamente sobre los de Hyuuga sin ningún tapujo, ya molesta de antemano pero guardando diplomacia, irritada todavía un poco más al ver que aquella niña se negaba a corresponderle la mirada.
Pasó por alto las adorables curvas de sus labios para pasar a los negocios de una vez por todas.
—Escucha, hay unos rumores molestos sobre mí en la escuela, ¿qué sabes de ellos?
¿Rumores? Hinata no había oído nada de eso… en realidad, nadie se acercaba a ella para otra cosa que no fuera pedir ayuda en clases o asuntos del consejo estudiantil, excepto por Aburame e Inuzuka.
—I… iie… No sé de qué me estás hablando…
Sakura se salió de sus casillas, esta chiquilla era increíble…
—Escucha, ya corta tu actuación de pobre niña rica, ¿sí? Todo el mundo está comentando lo mismo, si eres alumna de la Hibiya es imposible que no sepas nada.
—E-en serio, yo no…
Las ganas de sacarse las falsas culpas de encima fueron suficientes para que Hinata enfrentara al fin a la chica que tenía encima, pero al hacerlo… ambas retrocedieron un poco. Ese de ahí era realmente su primer contacto, y de alguna manera era chocante. Quizá ninguna se había esperado estar con la otra de esa manera. O quizá solo ninguna de las dos estaba de ánimos para pelear con la otra.
Lo único cierto es que se quedaron mirándose un buen par de segundos directamente a los ojos.
Hinata tragó grueso, intentando sobreponerse al nerviosismo. Su voz salió con toda la fuerza que le había faltado durante toda su vida.
—Yo no hablo mucho con nadie, sólo con dos compañeros de clase, y ellos no me han comentado nada sobre ningún rumor. Es la verdad.
Sakura tomó algo de distancia, viendo todos sus prejuicios maliciosos hacerse pedazos tras verla un par de segundos a los ojos. La otra chica volvió a bajar la vista. Ninguna de las dos dijo nada en un buen rato.
—Discúlpame. Fue un malentendido —dijo finalmente la de ojos glaucos, dejando a Hinata sola.
La morena se sentó en el mismo lugar en el que había estado parada escuchando a Haruno-senpai, todavía nerviosa y confundida. ¿Qué había sido todo eso?
—¿Qué fue todo eso? —le preguntó Kin a Sakura cuando esta iba doblando la esquina junto al gimnasio—. Lo vi todo, tenías la oportunidad perfecta para poner a esa hipócrita en su lugar y la dejaste ir impune, ¿qué te pasa, Sakura-chan? ¿Desde cuándo te ablandaste tanto?
—No soy una hostigadora, Kin-chan. No le deseo a nadie lo que tuve que aguantar en secundaria o en primaria. Hyuuga no fue.
—¿Cómo puedes estar tan segura? —ahora era Kin la que seguía a la cola de Sakura, quien se dirigía a las regaderas para irse a su casa—. ¡Claro, ahora también te unirás al club de fans de Hyuuga-hime! ¡Su maldito acto de víctima te compró también!, ¿no es así?
Haruno se detuvo, ahora era su mejor amiga la que la sacaba de sus casillas.
—¿Qué mierda te pasa? ¡Te estoy diciendo que no fue ella! ¡En vez de insistir en este absurdo deberías ayudarme a encontrar quién fue realmente el que reparte todas esas mentiras sobre mí! ¿Qué sucede? ¿No puedes aguantar que la niña que te roba el chico que te gusta no sea la mala de la historia? ¡Inuzuka no está interesado en ti y no hay nadie a quien puedas culpar! ¡Vive con eso!
Ni un segundo después de haberle dicho todo eso, Sakura ya estaba arrepentida. Kin la miró con una rabia y un odio absolutos, echando carrera para alejarse de ella lo más rápido posible.
—¡Kin-chan…!
Ya era tarde. Sólo quedaba una cosa por hacer.
—Bloody hell! —gritó al cielo, lo más fuerte que le permitieron sus pulmones. Es que quería a Kin, y mucho. No se explicaba cómo se había permitido perder la cabeza de esa forma para decirle algo tan doloroso.
Bueno, mañana arreglaría las cosas con ella. Por ahora sólo quedaba esperar que se enfriaran los ánimos de todo el mundo…
—Sabía que había escuchado una voz familiar —dijo alguien detrás de ella. Se dio vuelta de golpe para verlo de frente.
—Sasori-kun…
—Ve a cambiarte, te espero. Necesito hablar contigo —le dijo…, demasiado serio para su gusto.
Regaderas. Secarse. Uniforme. Bolso deportivo y mochila con cuadernos. Todo en diez minutos, un récord para Sakura. Salió al encuentro de Sasori, ansiosa, rogando porque no fuera lo que ella creía que podría ser. Llegaron a una sala en desuso del edificio de talleres, en el último piso. Eran cerca de las seis de la tarde, así que era improbable que hubiera alguien más en ese lugar. Aún así, el muchacho cerró la puerta tras de sí.
Sakura tomó asiento en una mesa, dejando sus cosas en el suelo. Sasori la imitó, sentándose frente a ella.
—¿Y bien?
—Sí… bueno, no es algo fácil, supongo que ya oíste eso que dicen sobre nosotros… —soltó Sasori, quien a pesar de todo todavía era capaz de sonreírle y mirarla directamente a los ojos.
—Claro, eso… —susurró ella, rompiendo el contacto visual. Era justamente lo que creía que podía ser.
—No sé qué habrá gatillado esos cuentos idiotas, pero debemos hacer algo al respecto antes que lleguen a los profesores y se convierta en un problema para ti. Mi reputación ya es mala de por sí, pero tu currículo escolar es perfecto.
Sakura lo miró, enternecida. Que él se preocupara de ella llenaba algo en su pecho, se sentía… feliz y estúpida al mismo tiempo.
—Gracias, Sasori-kun.
—No agradezcas, no hace falta.
Silencio…
—¿Pero qué crees que podamos hacer con lo que está hablando todo el mundo? —preguntó ella, inocentemente.
Él la miró de modo felino, dando una sonrisa de medio lado que instantáneamente le gritó a Sakura que algo sospechoso estaba tramando ese hombre.
—Pensé que nunca preguntarías.
Se puso de pie, llegando ante ella, llevando sus manos a sus rodillas desnudas. Se agachó, avanzando medio camino hasta su boca, girando su rostro levemente, lo justo para que ella se acercada y girara el otro poco que hacía falta para el beso perfecto. El corazón de Sakura estaba al máximo. Nunca había estado tan consciente del cuerpo de Sasori como en ese momento. Él paseó sus labios por los de ella lentamente, relamiéndolos de a poco, enseñándole a ella que lo imitara. En un primer intento, Sakura pasó de dar un beso de principiante a un insinuante beso francés. Lo sentía todo, desde la lengua del joven dentro de su boca, al pulso de sus labios apretando los suyos propios, a las manos que apretaban sus rodillas juntas, al sonido de la respiración de ambos, sincronizadas.
Se separaron. Lentamente.
—No podemos seguir jugando al gato y al ratón, Sakura-chan. Hemos sido novios desde hace mucho, lo sabes. La única diferencia ahora será que nos atreveremos a admitirlo a todo el mundo, incluso nosotros mismos.
Sonaba absurdo, pero era verdad. Sakura había sido fiel a Sasori desde que había descubierto que estaba loca por él. Había guardado su primer beso especialmente para ese momento, en el que Sasori se lo robaría, como debía ser. Siempre se había preguntado si él se sentía igual por ella, ahora sabía que sí, que la espera había valido la pena. No podía explicarse la magnitud de su felicidad, era todo tan absurdamente perfecto…
Depositando su cabeza en el espacio que quedaba en su pecho, entre sus gruesos brazos, mientras que él apoyaba su mejilla sobre su cabello. Qué buen lugar para guardarse del resto del universo era ese.
O O O
Ese día Hinata llegó un poco más tarde de lo normal, pero aún así con tiempo suficiente antes de que comenzara el primer bloque. En la entrada ya notaba un ambiente más dicharachero de lo normal. Se topó con una niña de su salón conversando con alguien, que la saludó a la distancia. El encuentro del día anterior con Haruno la había dejado pensando, así que se armó de valor para acercarse y hablarle.
—O… Ohayo, Ikuhara-san.
—¡Ohayo, Hyuuga-chan! A que no adivinas…
Hinata negó con la cabeza, no tenía idea de qué podría estar hablando todo el mundo.
—¡Akasuna-senpai al fin se le declaró a Haruno-senpai! Hoy cuando llegué ya todo el mundo se había enterado, ¿no es genial?
Hinata pestañeó. No le parecía genial en absoluto, había varias parejas en la escuela y nadie hacía ningún escándalo por ello. ¿Por qué todos insistían en poner a Haruno en ese bendito pedestal?
—Etto… Claro… —pensó en algo qué decir para no parecer tan apática, así que agregó—: ¿Y… ya son pareja, entonces?
—Jajaja, ¡por supuesto! ¿Quién sería capaz de rechazar a Akasuna-senpai?
Esa frase la alcanzó a escuchar Sakura, quien iba llegando en ese momento al instituto. Cuánta razón tenía esa desconocida… era simplemente imposible rechazar a Akasuna no Sasori, no importaban las circunstancias.
Hinata alcanzó a ver a Haruno pasar junto a Ikuhara, quien ni se percató de su presencia. Irradiaba una luz distinta a la misma Haruno del día anterior. Se hizo paso entre sus compañeros con la barbilla en alto, su largo pelo rubio estaba recogido en dos moños bajos, su uniforme igual de impecable de siempre y, su aunque estaba seria, sus ojos sonreían por ella.
Hyuuga llegó a su salón, en el primer piso. Saludó a sus compañeros; desde hacía algunas semanas que todos la saludaban, no importaba si le dirigían la palabra regularmente o no. Y es que con las reuniones de curso dirigidas entre ella y Aburame-kun (un poco más el segundo que la primera, a decir verdad), era imposible no comenzar a trazar lazos con ellos. Tomó asiento, Aburame-kun aún no había llegado. Y en eso apareció Inuzuka-kun.
—Ohayo, Hyuuga-chan —la saludó, solemne.
—Ohayo, Inuzuka-kun. ¿Pasó algo malo?
—Podría decirse. ¿Podemos hablar a solas en el almuerzo? Es importante.
—Claro…
En ese instante, en la sala del piso de arriba, Sakura iba cruzando la puerta ante todos sus compañeros. Algunos la veían con algo de temor en sus gestos. Otros, con admiración. Y el resto no le dio ni la mínima importancia. Como sea, a Sakura le daba igual. Su mundo estaba cubierto de rosas y si los demás ardían en el infierno le importaba un pepino.
La chica perfecta había obtenido a su príncipe adecuado. Como mandado a hacer…
—Ohayo, Haruno-chan —la saludó Maruyama-chan, una de las chicas de su grupo de amigos de otro salón.
—Ohayo —le sonrió—. ¿Qué haces acá, Maru-chan?
—Akasuna-senpai se encargó rápido de que toda la escuela se enterara de la buena nueva. Siendo su novia, eres su protegida, ¿no? Felicidades, ya nadie dirá nada desagradable sobre ti, te libraste de tu problema.
Sakura se molestó de pronto, el tono de la joven no le agradaba.
—Sí, ¿y?
—"¿Y?" Tsuchi-chan está destrozada por lo que le dijiste ayer en la tarde. ¿Tan pronto te olvidaste de tu amiga que apenas te surge un novio te haces la desentendida con ella? Demonios, Haru-chan; si es así, el resto de nosotras se la pensará mejor sobre si seguir hablando contigo o no.
Y tan repentinamente como apareció, Maruyama se desapareció por la puerta.
Sakura tomó asiento automáticamente con la vista perdida. Debía arreglar las cosas con Kin… por todo lo que había pasado con Sasori el día anterior se le había olvidado completamente su discusión con ella.
Redactar mensaje. Destinatario: Kin-chan. Mensaje: Necesitamos hablar. Enviar.
Nuevo mensaje de Kin-chan: Almuerzo, patio de deportes.
Bien…
O O O
Le daba un poco de pena dejar a Aburame-kun almorzando solo, aunque él hubiera dicho que no tenía problema. Sólo cuando lo vio sentarse con un grupo de compañeros de otro curso para comer fue cuando recién Hinata se pudo sentir más tranquila. Después sólo tuvo que ver a su costado y recordar que estaba yendo a un lugar poco concurrido con Inuzuka-kun a almorzar… y se fue al diablo.
Tranquila, Hinata… Tranquila… No pasa nada… No pienses estupideces…
Se sentaron en una banca fuera de uno de los gimnasios, frente a la cancha de tenis que quedaba atrás del edificio principal de la escuela. Hinata jugaba con los dedos de una de sus manos, escondida de Inuzuka para que no se diera cuenta.
—Y… ¿de qué querías hablar… Inuzuka-kun?
—Hyuuga-chan, tú sabes que te aprecio. Eres una buena persona y no creo que merezcas que nadie te pase a llevar, te lo he dicho antes.
—Eh… sí… —asintió, sonrosada. ¿A qué venía todo esto?
—Pero hay cosas que por mucho que uno intente negarlas, están ahí. Y hay otras cosas que aunque uno ignore y sea feliz, es mejor afrontarlas… aunque te hagan sentir mal… digamos, muy mal.
—¿Qué… qué me quieres decir, Inuzuka-kun?
Él frunció sus labios y el cejo, gruñendo levemente. Después la miró a los ojos, acentuando el rosa de las mejillas de la chica.
—Hay unos… rumores de ti en la escuela. Me enteré antes de ayer, empezaron a surgir casi al mismo tiempo que se comenzaron a murmurar unas obscenidades sobre Haruno-senpai. Mentiras, obviamente, pero que mantienen entretenidos a todos; las van repitiendo de boca en boca y agregándole detalles grotescos de su propia cosecha. Ya sabes cómo es…
—Sí, pero… ¿rumores? Alguien me había comentado algo, pero pensé que… sólo era sobre Haruno-senpai…
—Pues quien sea que te contó aquello, sólo te dijo la mitad de la historia —el muchacho aún no abría su bento. De ser un asunto ligero para conversar, estarían comiendo y charlando al mismo tiempo, pero ese pequeño gesto de parte de él le dio a entender a Hinata que la parte fea estaba por escucharla—… dicen que… tú y Haruno-senpai fueron vistas con un chico de tercero… ya sabes…
Hizo un gesto con sus manos, sacudiéndolas en el aire, que podría significar cualquier cosa. Pero dado el contexto, ella lo entendió demasiado bien.
—Na-na… ¡¿Nani…?! —se puso de pie de un tirón, por suerte recordó sujetar bien su bento o habría perdido más que sólo sus palillos.
—Hyuuga-chan, escucha, siéntate…
—De… demo, ¡¿por qué haría algo así?! —quiso saber, sin alzar la voz, pero visiblemente alterada y confundida. No oía a la petición de Inuzuka, quería saber qué diablos…
—Para conseguir los resultados de los parciales de biología. Los que te conocemos sabemos que eres la más lista de nuestro salón, los que inventaron esto claramente no saben de lo que están hablando. Hyuuga-chan, en serio, respira… hay más —la volvió a ver a los ojos, poniéndose un poco más serio—. Se ha dicho… que nos han visto…
Balde de agua fría. Hinata comprendió aún sin que él hubiera terminado la oración, cosa que evidentemente él no pretendía.
—A ti y a… mí… —susurró, perdiendo la vista en el más abismal foso abriéndose bajo sus pies.
Tan absorta estaba ella que cuando volvió a reaccionar, estaba sentada junto a Inuzuka otra vez. Él la abrazaba, le daba palabras de ánimo. Se disculpaba, incluso, aunque no tuviera culpa de nada.
—Ya golpeé a algunos idiotas por decir esas cosas en estos días, pero te juro que seguiré pateando a quien sea necesario hasta que esas historias se acaben definitivamente.
Ella no dijo nada. Era un abrazo agridulce.
—¿Y bien? —comenzó a decir Kin con sus manos en sus caderas, mirando fijamente a Sakura hacia abajo.
—Lo siento Kin-chan, soy una idiota —le contestó, con sincera tristeza en sus palabras.
Ambas chicas se encontraron en el pasaje que quedaba entre la cancha de tenis y uno de los gimnasios. Sería difícil ubicarlas puesto que la cancha de tenis estaba bordeada de altos y densos arbustos. Sakura había llegado antes, tomando asiento para esperarla.
—Sí, eres una idiota. Una imbécil, en verdad. Y te odio, te aborrezco. Te mereces que te de una buena bofetada, eso es lo que debería hacer.
Sakura la miró arrepentida, esperando que su amiga descargara todas sus palabras de furia contra ella. Era lo justo.
—Eres lo peor de lo peor, no sé cómo me rebajo a venir a ver tu horrible cara y a respirar el mismo oxígeno que tú. Realmente, Sakura-chan, ¡eres la peor amiga del mundo!
La acusada bajó la mirada, tapándose la cabeza con ambas manos como si le arrojaran basura encima.
—Demo… eres mi amiga. Supongo que tendré que conformarme —añadió, mirando hacia otra parte, haciendo un puchero—… Ay, claro que te perdono, baka. Lo dijiste sin querer, lo sé.
Finalmente, ambas sonreían. La rubia se puso de pie para darle un fuerte abrazo, separándose inmediatamente al notar que Kin estaba incómoda. Japonesas, claro… en Inglaterra todos eran un poco más efusivos, pero sólo un poco.
—¡Arpía, hechizaste a Sasori-kun!
—¡Ahh, lo sé!
—Ay, ¡dime qué hiciste con él, para hacer lo mismo con Inuzuka-kuuun!
—Jajajaja, amiga, si supiera te juro que serías la única en conocer el secreto.
—Pero cuéntame, dímelo todo, ¿cómo fue?
Se lo contó todo, detalle por detalle.
—…Yo pensaba que hoy todo seguiría normal, pero ni llegué a la escuela cuando noté que todo el mundo ya sabía. Seguramente Sasori-kun le contó a sus amigos y ellos corrieron la voz, porque yo no le conté a nadie.
—Así debe ser, ¿no? Si yo no tengo la exclusiva, nadie más la tendrá —Sakura rió por el comentario de Kin, cómplice—. Demo, me dices que estaban solos en ese edificio… ¿Y no pasó nada más?
Haruno se demoró un poco en responder.
—Iie. No pasó nada más…
—Pero mira cómo te pones nada más insinuar algo… ¿O sea que aún eres…?
—Haaai —confesó, escondiendo su cara con sus manos—… Y lo peor es que me parece que… Él quiere…
—¿Y bien? ¿Cuál es el problema? Él te gusta, ¿no? ¡Además es Sasori-kun! Kami, sólo imaginarlo y me da algo…
—¡Nee, cuida la lengua! ¡Recuerda que ahora es mi novio!
—Jajaja, si no le das lo que él quiere, no creo que sea tu novio mucho tiempo…
Kin había soltado una inocente broma, pero Sakura retuvo su atención en sus palabras. Almorzaron, conversaron, se pusieron al día con la tarde que habían perdido de charla telefónica por culpa de su desencuentro del día anterior. Que el problema de los rumores estaba prácticamente solucionado, Sasori había llegado en el momento justo. Que a Kin le gustaba Inuzuka cada día más. Que las vacaciones de verano estaban cerca. Que los exámenes trimestrales, también…
—Bueno, andando. Ya va a comenzar el siguiente bloque… —dijo Kin poniéndose de pie. Se quedó estática mirando algo al otro lado de la cancha de tenis.
—Síp, vamos… ¿Qué estás viendo?
Inuzuka, sentado en una banca junto con Hyuuga. Ambos guardaban sus bentos, conversando de algo. La chica se veía más recatada de lo normal. Él, más serio. La abrazó. Y la seguía abrazando… y no la soltaba. Parecía que le susurraba algo o algo así.
—Recuerda, no importa lo que sea, yo estaré ahí. Los dos estamos metidos en este problema, ¿sí? Ya verás que en unas semanas nadie se atreverá a seguir diciendo mierda sobre ti —le dijo Inuzuka antes de partir a su salón.
—Arigatou, Inuzuka-kun.
Hinata se ablandaba como chocolate en un día de verano al oírlo hablar así. Se separaron y se encaminaron a entrar.
Las dos chicas al otro lado del patio de deportes se quedaron viéndolos hasta que se perdieron detrás de una pared. Sakura giró a ver a su amiga. Su mirada era igual a la que le había dedicado el día anterior: puro odio, pura furia.
Kin-chan era un año menor, pero a veces una sola de esas miradas era capaz de intimidar hasta la misma Sakura.
