Disclaimer: Los personajes no me pertenecen a mí, sino a Sir Arthur Conan Doyle y a la BBC. Los utilizo simplemente con fin de entretenimiento y sin ánimo de lucro. Es puro entretenimiento.

Notas: Este fanfic participa en el Rally "The game is on!" del foro I am Sherlocked, para el equipo "El sabueso de Baskerville".

Advertencias: AU. John reportero. Sherlock naturalista. Johnlock.

Beta: Lady Amoran (gracias por tu tiempo querida :3 )

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Tuvalu, Tuvalu…

Capítulo 3

5.

Habían pasado ya dos días desde que lo viera por última vez. John se había hecho a la idea de que ya nunca volvería a cruzarse con aquel hombre, qué seguramente habría abandonado ya el lugar, regresado a su casa… fuera dónde fuera. Y aquel pensamiento lo hacía entristecer, como si hubiera perdido algo importante en su vida.

Era pequeño el mercado que cada día se instalaba cerca de la casa de gobierno. Al tener una economía de subsistencia, cada cual exponía sus productos recién sacados del campo. Magníficos si le preguntáramos a él, que había recorrido medio mundo. Lo que más le maravillaba del lugar, era la calidez de las personas. Esas que ya le saludaban al pasar, no es que hubiera hablado con todos y cada uno de los habitantes de aquel remoto país. Pero casi. Ese era su trabajo en aquel lugar. Reunir el máximo de vivencias, para poder montar un gran reportaje, uno que según le habían indicado en la revista tenía reservado al menos de las cuatro páginas centrales de la misma.

Estaba presenciando un ritual de trueque. Muy común en aquel lugar. Cámara en mano, intentaba mostrar todos y cada uno de los pasos de ese sencillo intercambio de productos, cuando por el objetivo vio algo que llamó su atención.

Vestido todo de beige oscuro, al más puro estilo explorador, estaba aquel de cuyo recuerdo no había podido librarse por días. Su perfil era inconfundible, incluso con aquel ridículo sombrero a lo "Indiana Jones". Bajó la cámara y lo observó largo tiempo. Parecía esperar algo. Su mirada viajaba constantemente hacia un punto exacto al otro lado de la plaza.

John miró hacia allí y no entendió que era aquello que tanto llamaba la atención del joven, que parecía incluso resguardarse tras una palmera. La curiosidad fue tan grande que poco a poco se fue acercado al hombre. Iba pensando formas normales de comenzar una conversación, tal vez un apretón de manos mientras intercambiaban nombres sería lo más adecuado. Pero justo cuando iba a llamar su atención el hombre giró de improviso con clara alarma en su semblante. Parecía que quería huir. Parecía que valoraba mil cosas a la vez. Pero jamás consideró posible lo que ocurrió…

Aquel hombre de ojos imposibles lo miró con intensidad mientras se acercaba a él, hasta que sus rostros quedaron lo suficientemente cerca como para imposibilitar esa mirada, sus labios se rozaron en un tímido beso y el mundo alrededor de John dejó de existir. Al principio no era más que un ligero toque, y hasta podía jurar que sin más intención por parte de la otra persona, pero no, eso no quedaría así, no con él. Pasó sus manos alrededor de ese cuerpo con el que llevaba días soñando y lo apretó contra él mientras saboreaba con deleite la calidez de esos labios. Mientras los mordía y succionaba. Y cuando el primer gemido se escapó de aquellos no dudó en explorar todo lo que tenía a su alcance. La reacción se hizo esperar demasiado, por momentos temió que se separara contrariado por tal atrevimiento de su parte, pero muy al contrario se encontró con una mano alrededor de su cabeza, atrayéndolo, profundizando aquel beso con pasión, mientras la otra acariciaba su espalda. Ambos suspirantes, ambos profundamente alterados.

Pronto el aire fue necesario y tuvieron que separarse.

— ¡Wow!

— ¡Vaya!

Ambos se mantuvieron por largo tiempo las miradas, estaban sofocados. John miró esos labios enrojecidos y deseó tomarlos de nuevo. El joven pasó nervioso las manos por su cabello tirando en el movimiento el sombrero con el que claramente intentaba ocultarse, con prontitud se agachó para recogerlo y por momentos los más sugerentes de los escenarios pasaron por la mente de John. ¡Para, John, para! ¡Este no es lugar!

John miró a un lado y otro de la plaza, esperando ver miradas de recriminación por lo que acababa de pasar, pero muy al contrario de lo esperado, nadie les hacía el más mínimo caso. Al regresar la mirada a su "acompañante" este miraba un punto fijo al lado contrario de aquel punto que antes tenía toda su atención, y al mirar John pudo ver la espalda de un grupo de hombres, que para nada pasaban por nativos.

— ¿Te escondías de ellos? — la pregunta se escapó de sus labios con cierto deje amargo, descubrir que únicamente había sido una distracción, una forma de evitar ser visto lo hizo sentirse utilizado. ¿Pero John que esperabas? La gente no suele saltar así a tus brazos…

— Así es. — Una contestación sincera era sin duda lo peor que podía escuchar en esa situación. Y ver que no existía ni una mínima muestra de arrepentimiento en esa cara lo empeoraba.

—Entonces, me alegro de haber sido de ayuda. — El sarcasmo no era lo suyo, y al parecer tampoco lo del otro hombre, que lo interpretó al pie de la letra.

—Sí. De mucha. — El joven miró el camino por el que aquellos habían ya desaparecido— Ahora debo irme.

—De nada. Cuando necesites otro de esos, ya sabes dónde estoy. — Aquel ya no era un momento para ser el bueno de John, sin duda debería notar que estaba ofendido, cualquier persona normal lo haría. Pero aquel que ya había comenzado a andar, seguramente ni lo había escuchado.

El joven se alejó en silencio sin voltear a verlo más. Tal vez porque no le dio importancia, tal vez porque estaba sonrojado en extremo y todavía sentía el calor ajeno sobre sus labios. John nunca lo sabrá. Únicamente lo vio alejarse una vez más y perderse entre la gente.

Después de aquel encuentro en el mercado ya nada tuvo sentido a su alrededor. El día había sido en extremo aburrido. En su cerebro la idea de tenerlo entre sus brazos se hacía demasiado fuerte y recordar la suavidad de sus labios un motivo de suspiro.

A la noche acudió con prontitud a la cena, esperando encontrarse con aquel, para aunque fuera intercambiar nombres que poder pronunciar en la soledad de su habitación. Pero no estaba. Era casi imposible que estuviera en otra isla, y aquel era el único restaurante abierto en aquella época del año. La mirada de John se perdía en la cortina de agua que descendía por los laterales del tejado, mientras su cabeza daba vueltas a todo.

Normalmente cuando salía a un reportaje, nada de esto ocurría. A su alrededor podían estar ocurriendo verdaderas barbaridades, pero él se mantenía fuerte, porque era necesario. Sin embargo, en aquel destino perdido, sin nada emocionante que hacer, únicamente podía darle vueltas a su vida. A su solitaria vida.

Permaneció en el restaurante más tiempo del necesario. Observando sin emoción el espectáculo y volteando a cada sombra que recorría la pasarela que daba acceso a aquel lugar. Lo esperaba. A él. Y no ocurrió.

Desanimado regresó a su habitación y se acostó. Había estado lloviendo toda la tarde y ahora el sonido cadencioso del agua era su única compañía. Cerró los ojos y regresó a aquel momento en el que lo tenía entre sus brazos. Recordando la suavidad de sus labios y la fogosidad de aquel beso. Pero de repente fue consciente de datos que había dejado a un lado, el evidente hecho de que se escondía de alguien, el nerviosismo con el que actuó y el cómo continuó su camino tras aquellos de los que se escondía. Por un segundo consideró que tal vez le había ocurrido algo. ¿Pero qué podría ocurrir en un lugar como aquel?

Aquel pensamiento no lo dejó dormir en toda la noche.

6.

John se levantó aquella mañana con prontitud. Había tomado una decisión. Tal vez la equivocada, tal vez una locura… pero debía localizarlo y saber en qué estaba metido.

Se duchó, colocó en su mochila todo lo que consideró necesario en el caso de no poder regresar esa noche. Tomó un desayuno ligero y tras comprobar que no estaba en su habitación, comenzó a recorrer el pueblo con la única intención de averiguar su paradero. El día anterior estaba en el mercado, comenzaría por allí.

Aprovechó para comprar algo de fruta que llevar consigo, y unos pequeños panes, realmente densos que eran típicos de allí. La gente con la que pudo hablar a esas horas tan tempranas, no recordaban haber visto nada extraño, y lamentaban no poder ser de más ayuda en la búsqueda de su amigo.

El camino que recorrió, el mismo que el día anterior lo había visto tomar, se dirigía hacia uno de los dos puertos navegables del país. Desde el cual se realizaban la mayoría de importaciones. Paseó cámara en mano, tomando una fotografía de aquí otra de allá, dejando claro que no era más que un reportero haciendo su trabajo.

Su mirada se paseó por las pocas embarcaciones que allí estaban, y realmente nada resaltaba de ellas. Barcos pesqueros y mercantes de las más bajas categorías. Una pequeña barca a motor se aproximaba al puerto en ese momento, era una de esas que podías contratar para que te llevase a otra isla en el caso de que te sobrara el dinero y las horas en que el ferry llegaba a cada una de ellas no fuera completamente de tu agrado. En ella dos hombres regresaban. Uno nativo. Otro demasiado blanco y rubio para serlo.

En esos momentos el sol resplandecía con gran energía sobre el agua, y aquel hombre puso sobre su cabeza un sombrero que consiguió que a John se le helara la sangre pues era prácticamente imposible que dos personas en aquella isla llevaran el mismo. ¡Mierda!

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N/A: ¡Bueno pues aquí continuamos con la aventura!

¿qué creen que pasará? O.o

Besos, Lord.