Aquí tienen el próximo capítulo, no lo publiqué exactamente a tiempo, pero al menos no tuvieron que esperar meses esta vez, ¿Eh?
Agradecimientos para: Marlasca, rocio46, brennangirl y Always1415. Aprecio que se tomen el tiempo de comentar, añadir a favoritos o seguir mi historia. Y también aprecio a aquellos que leen y no comentan o hacen cualquiera de las anteriores, cada hit en mi historia me hincha un poco más el corazón :D.
Disclaimer: Si lo reconoces, no me pertenece.
Dureza.
Una de las primeras cosas que me llamó la atención sobre ti, fue el balance que tienes entre la dureza y la feminidad. Verás, durante el corto tiempo que he trabajado en sitios "dominados" por hombres, -por favor nota el uso de las comillas- he notado que muchas mujeres se masculinizan para parecer más aptas para el trabajo, para encajar más fácilmente. Pero tú no. Tú seguías, y sigues abrazando esa parte tan coqueta de ti que nunca deja de hechizarme.
Tienes el balance perfecto entre fuerza y fragilidad. Puedes ser ruda y letal en un momento, y al siguiente ser compasiva y delicada. Estoy totalmente enganchado a ese baile continuo que mantienes con aparente facilidad.
Mientras escribía esas palabras, la imagen de un estilete me ha venido a la mente. La manera en que su forma tan elegante y estilizada la hace una de las armas más letales y precisas, me recuerda a ti. Verte en acción, ya sea en un interrogatorio, en una persecución, o en un tiroteo, es una de las visiones más fascinantes y adictivas que he tenido el placer de presenciar.
Probablemente lo he dicho antes, pero para un escritor como yo, hay ciertas situaciones que quedan grabadas en mi mente para siempre, que por más que las escriba de mil maneras, no estoy satisfecho con el resultado, porque siempre hay más detalles a los cuales sacarles provecho; el verte trabajar es una de esas situaciones.
He perdido la cuenta de cuántas veces he descrito a Nikki observando el pizarrón buscando una solución a un caso, y aun sin saber el número exacto, sé que en ninguna de esas escenas he logrado capturar perfectamente la expresión de concentración en tu rostro, la manera en que te sostienes mientras tu mente trabaja a hectáreas por hora, la forma en que tus delgados dedos tocan un ritmo irreconocible contra la madera del escritorio con fuerza restringida, o la motivación que te hace quedarte en el precinto aun cuando todos se han marchado. Así como tampoco he logrado poner en palabras la gracia felina con la que te mueves cuando estás al acecho de algún otro asesino, la fuerza líquida que recorre tus músculos cuando entrenas o la flexibilidad de tu cuerpo cuando haces yoga o llevamos nuestra pasión a una dimensión física.
Probablemente nunca lo logre, y eso me emociona. Porque significa que podré mantenerme tratando de descifrar tus misterios bajo el pretexto de tener que escribir más novelas.
Lo sé, hace tiempo que no necesito una excusa para meterme en tu cabeza. O al menos intentarlo, pero al menos pensar eso me hace sentir un poco más profesional. Sí, ni yo me lo creo.
Estoy divagando un poco, pero mientras escribo esto, me siento como si estuviese hablando contigo, y ya sabes que pocas cosas superan el placer que me producen nuestras conversaciones.
Volviendo al tema. Hay otra razón por la que estoy enamorado de tu personalidad dura y al punto, y es que durante gran parte de mi vida, pocas personas se atrevían a enfrentarme en mis opiniones, llevarme la contraria o mandarme a callar, no sé si por mi larga lista de bestsellers en el New York Times, por la cantidad de cifras que existe en mis cuentas bancarias o la asiduidad de mis apariciones en la prensa, hasta que llegaste tú.
Literalmente entraste en mi vida cuando menos lo esperaba, y probablemente cuando más lo necesitaba. Tu actitud irreverente hacia mi fama o fortuna era refrescante, y el que me rechazaras tan brutal y seguidamente, hizo que el bloqueo en el que me hallaba sumido se desvaneciera y un nuevo personaje con tu francamente confusa personalidad, tomase forma en mi mente.
Incansablemente has pulido mis ángulos con tu marmolea perseverancia, y me gusta pensar que he hecho algo parecido por ti, así que nos hemos suavizado mutuamente hasta crear esta relación tan maravillosa que tenemos.
Tengo que agradecértelo Katherine Beckett, porque fue tu dureza de trato y personalidad la que me ha transformado en el hombre que soy hoy. No hay palabras suficientes para decírtelo.
