Esta velocidad de actualización no es normal, lo sé. Sobre todo para un cap que solo tiene 600 palabras, pero en mi defensa diré que no tengo mucho tiempo para escribir... o algo así. Pero tranquilos, no tendrá muchos capítulos, aún no tengo claro cuántos serán, aunque dudo que exceda los 6 o 7. Gracias a daniela hervar y tsukasa por comentar. Agradeceré por aquí desde ahora porque se me suele olvidar responder a los comentarios y para los que no pueda contestar porque no tienen cuanta.

Estaba esperando en la sala del trono, tenía el presentimiento de que ese día Hinata también le iba a traer una flor. De hecho lo había estado haciendo cada día desde hacía una semana cuando empezó todo, lo cual lo hacía muy feliz. Pasar tiempo con ella era simplemente mágico, Hinata tenía un encanto único que para él nadie más poseía. Por lo que a pesar de la diferencia de edad ellos dos ya habían entablado una relación de amistad bastante cercana, la consideraba casi como una hermana pequeña.

Aproximadamente una media hora desde que la comenzó a esperar Hinata llegó, tan encantadora como siempre y con un iris blanco en la mano. Siempre que la veía así, con una sonrisa dulce y una flor que complementaba su belleza, no podía evitar pensar que quería retenerla en algún lugar donde solo él la pudiera contemplar. Sabía que era muy egoísta, pero era imposible no serlo una vez uno había conocido a un ser tan tierno como ella, no quería que el mundo la dañara

-Buen día -saludó Hinata cuando llegó a donde él se encontraba

-Buenas, Hinata -le devolvió el saludo a la vez que observaba sus mejillas volverse un poco más rojas- ¿Qué tal están tus heridas? -siempre que la veía le preguntaba esto, no le gustaba la idea de que estuviera herida y definitivamente haría todo lo posible para que no hubiera una próxima vez

-Muy bien, no hace falta que se preocupe, mamá dice que están sanando correctamente -una vez contestada la pregunta le ofreció la flor a la vez que ensanchaba su sonrisa- Hoy le he traído un iris

-Gracias -lo aceptó sin dudar- ¿Qué significa? -durante esa semana había adoptado la costumbre de preguntarle a Hinata qué significaba cada flor distinta que le regalaba

-Esperanza -contestó mientras lo miraba directamente con sus grandes ojos lilas- A mí me gusta mucho, porque creo que la esperanza es lo último que debe perderse. Es lo que nos ayuda a seguir adelante a pesar de los problemas -explicó tímidamente como temiendo expresar su opinión

-Tienes razón -a veces Hinata decía cosas demasiado maduras para su edad, incluso sentía que era más madura que él en muchas ocasiones- Eres realmente inteligente -le dijo con una sonrisa mientras posaba una mano en su cabeza y la despeinaba un poco, se preguntaba si ella tenía siquiera algún defecto

-Muchas gracias -todo el rostro de Hinata se volvió de un tono rojo intenso

-De nada -contestó mientras se deleitaba con su reacción, le encantaba hacerla sonrojar- Por cierto, hay algo que quiero decirte -dijo serio- No hace falta que me traigas una flor cada día

-¿Le molesto? -a pesar de que podía ver como Hinata intentaba ocultar su tristeza la delató que la sonrisa desapareciera de su rostro y que sus ojos se humedecieran ligeramente

-¡No! -se golpeó mentalmente por hacer que su dulce niña pusiera esa clase de expresión- No me he explicado bien. Lo que quería decir es que sé que traes las flores del jardín que tu madre y tú cuidáis No hace falta que arranques una cada día, ya que es una pena porque se van a marchitar. Así que una de vez en cuando está bien- explicó rápidamente- Pero a pesar de eso, me gustaría que me visitaras cada día si tú quieres

-Sí -la sonrisa volvió al rostro de Hinata

Así la conversación siguió durante un rato hasta que se tuvo que ir porque le habían llamado por un asunto urgente que concernía al reino. Esperaría ansioso hasta el día siguiente para poder volver a ver a Hinata.

No sé por alguna razón Hinata vestida de sirvienta se me hace muy tierna, sobre todo cuando es pequeña. Porque cuando es grande hace que piense más bien en cosas pervertidas, muy pervertidas.