You've got control of everyone's eyes, including mine.
Durante la cena llegué a comprender lo mucho que la situación había cambiado. Y lo poco que mis amigos lo habían echo.
Seguían siendo un grupo de jóvenes revoltosos, irreverentes y bromistas. Pero en lugar de jugar video juegos, jugaban manejando sus grandes empresas, en lugar de manejarse en motos ruidosas, lo hacían en sus impecables coches de miles de dólares.
Durante la cena, casi llegó a parecerme que nunca me había ido. Nuestro humor, forma de tratarnos y bromas privadas seguían siendo las mismas.
Emmett se contuvo por un pelo de no levantarse de la mesa y darme uno de sus gigantescos abrazos de oso cuando me vio, y solo porque logré convencerlo de que no sería correcto, mientras me sentaba junto a él y lo abrazaba discretamente en su silla. Murmuró un 'a la mierda lo correcto' mientras me estrujaba más fuerte.
A mi derecha, estaba sentado Edward, que no habló mucho durante la comida, pero su presencia era igual de abrumadora que siempre. Sentía su brazo rozar el mío de vez en cuando, y una descarga eléctrica recorría mi cuerpo. A pesar de estar quieto, lucía como un felino a punto de atacar, inmovil, exudando poder por cada uno de sus poros, intimidándome con cada mirada de reojo que me dedicaba.
Parecía una bomba de relojería a punto de estallar, y recién se relajó a la hora del postre.
Agradecí que mis amigos no hicieran ningún comentario, y llevaran la charla como si la tensión infernal entre Edward y yo no existiera.
-¿Ya conseguiste trabajo, Bells?
Asentí en respuesta a Emmett, mientras le daba un sorbo a mi agua con gas.
-NYTourism, es una pequeña empresa de turismo en el Harlem.
-¿Porqué no vienes con nosotros?
Todos en la mesa se quedaron quietos ante una de las primeras interrupciones que Edward hizo en la charla, con la voz tan baja que casi no lo oímos, y sin despegar la mirada de su plato, en donde cortaba un pedazo de carne con fuerza.
-¿Para qué?-Susurré, sin poder despegar mi mirada de él.
Edward se encogió de hombros, sin mirarme.
-Estudiaste Hotelería y Turismo, y nosotros tenemos hoteles.-Respondió, como si fuera lo más obvio del mundo, antes de llevarse el bocado a la boca y echarse hacia atrás.
-Quiero empezar desde abajo.-Susurré en respuesta, y Edward se encogió de hombros antes de desviar la mirada.
-Como sea.
Espiré lentamente, e inmediatamente Alice comentó algo estúpido, para luego ser secundada por Emmett y aliviar el ambiente de manera visible.
No me pude quitar sus palabras de la cabeza durante el resto de la cena.
¿Cómo sabía qué carrera había estudiado? ¿Se lo habría dicho Alice?
Suspiré, aliviada, cuando por fin llegó el postre. Faltaba un poco menos para poder largarme de una vez y tener que dejar de ignorar la forma en que todo el cuerpo me temblaba con el deseo casi incontrolable de tirarme encima de Edward Cullen. Si era para abrazarlo o para asfixiarlo, aún lo lo había decidido.
Hundí la cucharilla de plata en mi mousse de chocolate cuando un hombre alto y moreno se acercó hacia Emmett, y preguntó cómo lo estábamos pasando.
Se llamaba Jean-Luc y comprendí que se trataba de un socio inversionista de los muchachos. Cuando la conversación se desvió hacia temas del trabajo, dejé de prestarle atención a la conversación y desvié mi mirada hacia el resto del local.
A mi lado, Edward se había reclinado en su asiento, sin prestarle un comino de atención a Jean-Luc, mientras paseaba la mirada por la efervescente actividad del restaurante.
-Va a caérsele.-Susurró de un segundo para el otro, lo suficientemente bajo como para que solo yo lo escuchara.
Desvié mi mirada hacia donde él la tenía fija, lentamente reclinándome en mi silla hasta que quedamos hombro con hombro, y localicé al foco de su atención.
Se trataba de una camarera de unos treinta años, que caminaba entre las mesas con una bandeja gigantesca en una mano, y dos platos en la otra. No tenía idea de cómo lo hacía, pero se manejaba por el lugar como si llevara las manos vacías.
-No, no se le caerán.-Le contradije, dándome cuenta de que evidentemente era una profesional en lo que hacía.
-¿Cuánto?-Susurró Edward, y entrecerré los ojos, sin que ninguno de los dos despegara la mirada de la camarera.
-Diez dólares.-Respondí de la misma forma, y Edward asintió.
La chica pasó a unas cuantas mesas de la nuestra, y torcí el gesto cuando una señora mayor empujó de repente su silla hacia atrás, golpeándola en la cadera y haciendo que la muchacha trastabillara.
Por el rabillo del ojo, vi a Edward sonreír ladinamente, y rodé los ojos. Seguía siendo un hijo de perra.
Pero, milagrosamente, la camarera se recompuso, respiró hondo y luego de recibir las disculpas por parte de la señora, se dirigió en un santiamén hacia la barra antes de desaparecer detrás de una puerta.
Fruncí los labios con sorna y lo miré de reojo, mientras una sonrisita se extendía por mi rostro, y extendí una mano frente a él, cerrándola y abriéndola.
Edward bufó, antes de removerse y rebuscar en el bolsillo de su traje la billetera. Extrajo y billete de diez dólares y lo puso de mala gana en mi mano.
-Te lo dije...-Canturreé, guardándome el billete entre los pechos, y Edward me rodó los ojos.
-Cállate, Isabella.
Solté una risita antes de enderezarme y finalmente volver la vista hacia mis amigos.
Jean-Luc había desaparecido, y todos en la mesa nos miraban a nosotros dos, algunos con expresión sorprendida, y otros, como Alice, con una media sonrisita en el rostro.
-¿Qué?-Mascullé, tomando mi cuchara y volviendo a hundirla en la mousse.
Todos se encogieron de hombros, murmuraron un rápido 'nada' y siguieron con una conversación algo forzada.
Torcí el gesto, y me negué a volverme hacia Edward.
Una punzada de dolor me recorrió de arriba abajo al caer en la cuenta de que me había dejado llevar, de que me había permitido hacer como si todo hubiera vuelto a ser igual.
El estómago se me estrujó y deseé largarme a llorar.
Lo había echado tanto de menos.
La cena terminó unos cuantos minutos más tarde, y caminé fuera del restaurante a la cabeza, seguida por mis amigos, que bromeaban sobre lo deseosa que estaba por marcharme.
-¡Quiero ir a GO!-Chilló Alice, dando saltitos bajo el brazo de Jasper y Rosalie asintió, entusiasmada.
-¡Si, si!
-¿Qué?-Susurré envolviéndome en su chal y cruzando los brazos frente al pecho.
Había refrescado y a pesar de que recién eran las once de la noche, ya estaba agotada. Entre el esfuerzo titánico que había hecho para sobrevivir a mi primera sesión en el gimnasio, y el desgaste emocional de ese día, lo único que deseaba era acurrucarme bajo una pila de mantas y dormir por doce horas seguidas.
-Es un pub.-Susurró Edward, parándose junto a mí, y tirité.
-Nuestro.-Agregó Emmett, sonriendo orgulloso y rodé los ojos.
-¿No te pusiste tu tan deseado cabaret, Emm?
-Rose no me dejó.-Farfulló, frunciendo el ceño, y solté una risita.
-¡Vamos, Bells, lo adorarás!
Torcí el gesto, comenzando a negar con la cabeza.
-No creo...
-Oh, vamos, Bells...-Alice esbozó un mohin y negué con la cabeza.
-Estoy muy cansada, Al... Pero vayan ustedes.
-Nosotros te trajimos, Bella.-Me dijo Jazz con una ceja arqueada y me encogí de hombros.
-Puedo pedir un tax-
-Yo te llevo.
Todos nos quedamos en silencio y no me atreví a girarme hacia Edward, cuya acotación nos había dejado de piedra a todos.
-Gracias, pero no.-Susurré.-Pediré un taxi.-Les informé a mis amigos, y Edward bufó junto a mí.
-La casa de ALice queda de paso a la mía-
-Volveré en taxi.-Mascullé, tajante, antes de girarme y comenzar a despedirme de cada uno de mis amigos con un beso en la mejilla.
Cuando llegué a Edward, levanté una mano a modo de saludo y, luego de que todos se despidieran de mí y Alice me preguntara si estaba segura de no querer ir, volví a entrar al restaurante para pedir un taxi.
Estaba a punto de hablar con la muchacha de la entrada, que se acababa de desocupar, cuando sentí la puerta abrirse detrás de mí y un segundo después Edward me tomó por el brazo.
-No hagas esto aquí.-Mascullé entre dientes, girándome para fulminarlo con la mirada. La muchacha recepcionista nos miró de hito en hito, con la boca ligeramente abierta, pero Edward no reparó en ella, y no apartó sus abrasadores ojos verdes de los míos.
-No te comportes como una niña, Isabella.
-Voy a tomar un taxi.
-No, no lo harás.
-¿Quieren que pida un taxi?-Se atrevió a susurrar la muchacha, y le dirigí una mirada suplicante.
-Si, por fav-
-No.-Gruñó Edward, tajante, y la chica, evidentemente intimidada por su actitud de imbécil, decidió obedecerle a él.
-Pídelo.-Susurré, y ella me dirigió una mirada confundida un segundo antes de que Edward se sacara a rastras de allí.
Cooperé para no armar un escándalo aún mayor, pero en cuanto salimos a la calle me revolví entre sus brazos hasta que me soltó, y ambos nos fulminamos con la mirada durante lo que parecieron horas.
-Isabella-
-No.
-¿¡Qué demonios sucede contigo!?-Exclamó, frustrado.-¡Sólo quiero llevarte hasta tu puta casa, no voy a violarte en el maldito auto, Isabella!
-¡Pues no quiero viajar contigo!
-Suficiente.-Gruñó, tomándome por los brazos y acercándome a él.-Dejarás de ser tan malditamente tozuda, ¿Me oíste? Quiero darte tiempo, quiero entenderte pero no puedo hacerlo cuando te comportas como una niña caprichosa.
Tragué saliva, mientras mis ojos se llenaban de lágrimas y lo miraba de hito en hito.
Odiaba que me llamase así. Y él lo sabía.
Siempre que peleábamos solía decirme que no era más que una niña caprichosa y consentida. Yo solía ponerme furiosa y llorar hasta que nos reconciliabamos.
-Vete a la mierda.-Mascullé, y Edward suavizó su expresión, mientras aflojaba la presión que ejercía en mis brazos.
-Lo siento...-Susurró, y cuando pensé que iba a soltarme, me acercó más a él y me rodeó con sus brazos.-Lo siento, nena. Perdóname.-Dijo contra mis cabellos una y otra vez, con una mano sujetando firmemente mi cabeza y con la otra rodeando mi cintura.
Y no pude evitar la oleada de satisfacción que recorrió mi cuerpo al verme envuelta una vez más por sus brazos. Me dejé acurrucar contra él y suspiré.
-Está bien.
-Lo siento, Bells.
-Está bien.-Repetí, inhalando aquel aroma a loción de afeitar y hombre que había sabido conocer tan bien.-Está bien.
-Déjame llevarte a tu casa.
Solté un gemido y Edward me apretó más entre sus brazos.
-No, por favor...
-No puede ser de otra forma, cariño, lo sabes...
Supe que no se refería al transporte que tomaría hasta casa. Hablaba de nosotros. De nuestra eterna e inevitable relación.
-Edward.-Dije, con un quejido, y él se separó de mí para tomar mi rostro entre sus grandes manos y fijar sus ojos en los míos.
-Te daré todo el tiempo que necesites. Te esperaré hasta cuando deba hacerlo, mi vida, pero no huyas de mí. No me apartes, déjame formar parte de tu vida.
Comencé a negar con la cabeza, sintiéndome invadida por una mezcla de sentimientos tan profunda y compleja que me asustó.
La expresión desolada en los ojos de Edward era algo a lo que nunca antes me había enfrentado. Edward era fuerte, sólido, inamovible. Nunca expresaba sus sentimientos con tanta liviandad y ver su rostro suplicante y el profundo dolor que emanaba de él me rompió el alma.
Él también había sufrido. Había sufrido muchísimo porque me había amado muchísimo.
-Tengo tanto miedo.-Conseguí susurrar, con un hilo de voz, y Edward asintió mientras secaba las dos gruesas lágrimas que se habían desbordado de mis ojos.
-Lo sé, pequeña, lo sé. Pero no tienes porqué temer.
Cerré los ojos e inhalé hondo, sin poder evitar que mi rostro se ladeara levemente hacia la derecha, hacia su palma. Edward se acercó más y besó mi frente durante unos cuantos segundos hasta que suspiré.
-Llévame a casa.-Él se echó hacia atrás y me dirigió una mirada inquisitiva.-A casa de Alice.-Aclaré, y él suspiró, esbozando una sonrisita algo triste.
-Claro que sí.
Necesitaba pensar. Y eso fue algo que no pude hacer durante el recorrido hasta la casa de Al. El ambiente estaba electrizado y recordé cómo era antes, cómo era esa constante energía que corría entre ambos, esa sensación de pertenencia, de saber que todo era perfecto así.
En cuanto Edward estacionó el coche frente al edificio y fue a bajarse del coche, volví a hablar.
-No te bajes.
Edward suspiró y se giró hacia mí. Le dediqué una sonrisita forzada y me encogí de hombros. Él asintió antes de inclinarse hacia adelante para despedirse de mí.
-Adiós, Bella.
-Adiós, Edward.-Susurré, recibiendo su beso en mi mejilla, un beso que duró más de lo normal y alteró todas las células de mi cuerpo.
-Piensa en lo que dije.-Lo oí decir desde dentro del coche con la voz ronca cuando ya estaba parada en la acera, y mi corazón se detuvo durante un segundo antes de que pudiera asentir y girarme para entrar en el edificio.
Entré al departamento, y en menos de diez minutos ya estaba en la cama cubierta por una pila de cobijas y suspirando nerviosamente.
Edward quería que pensara en lo que había dicho. Sabía que debería hacerlo y de todas formas la idea me aterrorizaba.
Durante un par de minutos, cuando había estado junto a él, fue como si mi corazón y mi alma estuvieran completos de nuevo. Como si realmente pudiera curarme.
Pero sabía que si volvía a caer en él, no lo sobreviviría.
Quizás él realmente no me lastimaría a propósito, pero de alguna forma u otra, lo haría. No podía ignorar que ahora Edward no era el mismo de hacía cuatro años. Era un empresario, un adicto al trabajo, estaba constantemente rodeado de mujeres elegantes y que de seguro se morían por estar con él, sólo había que reparar en un par de sus 'socias' que se acercaron a saludarlos en la mesa y que no dejaron de mirarlo con expresión depredadora en lo que duró la charla.
No. Volver a tenerlo y luego perderlo me destruiría. Simplemente, no era la suficientemente fuerte.
Me quedé dormida vagando en una nebulosa de pensamientos desesperados y anhelo, sabiendo que aquello que más amaba en mi vida era lo que más dolor me causaba.
-¡Mañana empiezas a trabajar!-Me informó Alice en el desayuno al otro día, y le dirigí un gruñido antes de caminar hacia la cafetera.-¿Qué sucedió con Edward anoche?
Suspiré, y una vez que tuve mi taza de café caliente en mis manos, me giré hacia ella.
-¿Cómo haces para estar tan despierta y animada cuando te dormiste horas más tarde que yo?
Alice se encogió de hombros, con una sonrisita socarrona, y volvió a insistir.
-¿Qué sucedió con Edward?
-Cierto, mañana es lunes...-Susurré, sin prestarle atención, y Alice entrecerró los ojos en mi dirección.
-Qué. Sucedió. Con. Edward.
Bufé, alzando la vista al cielo.
-Me trajo a casa. Fin.
Alice arqueó una ceja y suspiró.
-Isabella, no soy idiota. ¿Qué sucedió?
Le fruncí el ceño mientras me movía nerviosamente, antes de soltar un suspiró exagerado y dejar mi taza de café sobre la isla de la cocina.
-Hablamos, él dijo que... Que me esperaría.-Mascullé, incrédula, y Alice me dedicó una lenta sonrisa.-Y que no huyera de él.
-Esto se va poniendo bueno...
-¡Mi vida no es una maldita novela, Al!
-¿¡Qué más quisiera una chica que eso, Bella!?
-Normalidad.-Gruñí.-Estabilidad. Seguridad.
-Tenías eso cuando estabas con Edward.
-¡Si! ¡Y luego el maldito decidió abandonarme y nunca más podría volver a sentir algo así!-Refunfuñé.-Nunca podría volver a confiar.
Alice suspiró y ladeó la cabeza.
-Quizás sea difícil, pero lograrás hacerlo.
-No quiero hablar más de esto.-Mascullé, saliendo de la cocina y tomando mi bolso.
-¿¡A dónde vas!?-Oí a Alice corriendo detrás de mi mientras abría la puerta del departamento.
-A visitar a mi padre.
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Yyyy como dijo Alice, la cosa se va a poner interesante... ¡Espero que les vaya gustando la historia! Muchísimas gracias por los reviews, son hermosos. Un beso gigante a todas, ¡Emma!
("Tienes el control de todas las miradas, incluyendo la mía")
