He aqui con el segundo capitulo, ojala les esté gustando la historia, aunque al principio es un poco lenta, luego se pone muy romantica y tierna.
Y bueno, las invito tambien a pasarse por mi traduccion, ''milagro'' .
Recuerden que esta historia es una ''ADAPTACIÓN'' de libro '' Gracia y el forastero'' de Guillermo Blanco, asi que no estoy plagiando ni nada por el estilo XD, y los personajes pertenecen a S.M.



DOS

ISABELLA. Nos conocimos en la estación, una tarde. Su padre y ella habían venido en tren, y

buscaban un taxi para seguir a Castuera. No había ninguno. Papá, que acababa de retirar la correspondencia, se detuvo de pronto frente e ambos.

- ¿No es Swan? – dijo

El general lo observó a su vez.

- ¡Cullen! – exclamó.

Se abrazaron, cambiaron esas frases habituales de los viejos amigos que ya no son amigos, pero se alegran de verse. Un alegrón que dura para el comienzo del dialogo: en seguida se imponen distancia, el frío que se ha ido forjando entre ellos, y los amigos se van encontrando distintos, van dándose cuenta de que son sólo dos desconocidos que se saben los nombres y han cometido el error de entablar conversación.

Isabella me miró, y me sentí sonrojar, torpe.

En ese instante, el padre de ella preguntaba al mío por sus ocupaciones.

- Yo – replicó papá, como cada vez que le planteaban la pregunta – trabajo en frutos del país,

Era una respuesta amplia, después de la cual siempre hablaba mucho, para que no le pidieran detalles. Para no tener que decir que era apenas ayudante de contador en una bodega, que ganaba un sueldo miserable, que en las tardes solía hacer clases particulares para redondear nuestro sustento. Hablaba, hablaba, tapando con palabras estos hechos, igual que si tapase agujeros. O los lamparones de su ropa, que brillaban ahora implacablemente , al sol.

Isabella me tendió la mano.

- Buenas tardes – sonrió.

Yo le sonreí también, aunque debo de haber tenido un aire estúpido. Ruboroso, bobo, asustado, sin saber que hacer ni saber que contestar, avergonzado por mí y por mi padre, y quizás si incluso, un poco, por mi pueblo, por San Millán, que no tenía muchos taxis ni edificios ni buenas hosterías ni grandes comercios.

- ¿Iremos a tener buen tiempo? – preguntó Isabella.

- Sí – contesté – yo creo que sí.

Hubo un silencio. Mi padre hablaba, por hablar algo, de la última cosecha.

- No se ha sentido el invierno – agregué.

Isabella dio unos pasos por el andén. La seguí.

- Nosotros venimos a pasar una temporada en Castuera – explicó – Mi papá sufre de presión alta, y le recomendaron el clima.

- Es famoso.

- ¿Yo? - tronaba en ese instante el general - ¡Hombre!, ¿No me has visto en los diarios? Soy comandante de división, jefe de plaza. Yo liquidé, hace un par de meses, la huelga de Asfotar.

- Ah, claro: Charlie. No se como no relacioné.

Comenzaron a andar.

Sentí una inexplicable vergüenza de que papá no pudiera ofrecer: ''Los llevaré en mi auto''. El no poseía automóvil, ni llegaría a poseerlo. Luego tuve vergüenza de mi propia vergüenza, y desee mortificarme, humillarme.

- Este es un villorio sin nada de interés – espeté a Isabella, con los dientes apretados, bruscamente, absurdamente - : cuatro casa viejas, que se caen solas, unas viñas en los alrededores, el río. Una lata. Y la gente es pobre y opaca. Somos.

Ella mantenía la vista fija en el suelo.

- A mí me gustan las casas antiguas – murmuró.

Y volvió a mi los ojos, y ahora comprendí: Madame Henriot(cuadro en mi perfil)

Del muro de mi cuarto pendía un bello grabado en colores del cuadro de Renoir (pintor del cuadro), y en Isabella había algo de la esencia de Madame Henriot. La hondura, la paz, la vitalidad, la ternura de la mirada; la finura de la boca, pálida, con un toque de estilización. Yo estaba enamorado de Madame Henriot, hasta donde es posible estarlo a través de los años y de la muerte.

Y ahora, Isabella, a mi lado, viva, real… Se diría un milagro.

Seguía mirando al suelo, de nuevo. Y era Madame Henriot varios años antes del retrato. (¿Cómo se llamaría Madame Henriot? ¿Francoise? ¿Claire? ¿Odette? ¿Suzanne?)

- Hasta hace poco, nosotros vivíamos en un departamento.

Si, ella vivía hoy, en un mundo que, si no era bien el mío, estaba más cerca de serlo que el de la hermosa modelo de Renoir. Pensarlo me produjo una especie de gozosa turbación.

- Este es mi chiquillo – dijo entonces mi padre, acordándose recién de nosotros.

- Y ésta, mi chancleta (forma de decir mi niña, mi mujercita en la época de 1960 aprox. en Chile - a los hombres acá cuando tiene muchas hijas se les dice chancleteros) – anunció el general.

Rió con breves carcajadas, cual si quisiera excusarse por no tener un hijo varón.

- Hola muchacho - me saludó

Le estreché la mano.

- Isabella – indicó él, señalándole a mi padre - : aquí tienes a Carlisle, el de la historia de las manzanas del colegio. ¿Recuerdas que te la he contado?

- Sí, papá.

Hubo un silencio algo tenso. Habíamos llegado a la salida de la estación, y yo sabía que mi padre pensaba en su obligación de invitarlos a tomar té y en la vergüenza que le producía llevarlos a nuestra casa.

- ¡Ahí viene un taxi! – exclamé.

Lo había salvado.

Se estrecharon las manos, se palmotearon – viejos amigos de nuevo – e Isabella y su padre partieron en el auto, envueltos en una nube de polvo.

- ¡Ya nos veremos! – gritó el general, asomándose por la ventanilla.

- Claro, claro – contestó papá.

Yo habría jurado que el ya nos veremos le sonaba igual que una amenaza.

Sí, a veces mi padre se encogía, como esta mañana en la estación, y era yo el maduro. Una especie de hermano mayor.

Esa tarde caminamos un buen rato en silencio, sumidos en reflexiones que me imaginaba muy semejantes. Íbamos despacio: ninguno de los dos tenia ganas de llegar a la bodega de don Aro, donde el desaparecería, como si lo devorara una cueva, por la boca sombría del portón. Atravesaría en medio de las hileras de sacos y toneles para hundirse tras la portezuela grasosa de la oficina. Hasta las siete, siete y medio, las ocho. Dependía de don Aro.

- ¿Hay mucho trabajo? – le pregunté.

- Mucho – respondió papá - y muy aburrido.

Esperaba algo así.

- Cualquier trabajo ha de ser aburrido después de un tiempo – comenté, en un tono que trate de hacer ligero.

- Si, sin duda. Solo que el mío ya lo era al empezar.

Habría dado no se que por animarlo.

- ¿Y que trabajo es ameno? – Insistí – Yo creo que ninguno. Y si a uno le gusta. Debe ser peor, porque siempre, a la larga, estará la rutina para hacerlo pesado y despojarlo de encanto. Hasta que al fin se llegue a odiarlo. Y eso es odiar algo que a uno de gustó. Es un agrado deshecho. Una perdida.

Sonrió.

- Te estas poniendo muy raciocinador… que no es igual que ser razonable.

- No. No es igual. Pero yo nunca he querido ser demasiado razonable.

- ¿Ah, no?

- Evidente que no. El razonador es un deportista, y el razonable suele ser un esclavo.

Pensó un momento, burlón:

- Bonita frase – dijo

Pero lo dijo sin crueldad. Luego, entre broma y en serio:

- Tal vez sea un buen comienzo de independencia el que pienses así. Tal vez tu te libres de llevar una vida rigurosamente normal. Yo no lo conseguí.

- No seas tan duro contigo mismo papá. Parece que quisieras… ¿No te enorgullece prolongarte en mí; darme educación, principios, ideales; haber podido entregarme tantos libros, y haberme enseñado a leerlos; haber hecho tan exigente en lo espiritual, y haberte ganado mi admiración en eso precisamente? ¿Que vendes tus horas? Sí, la cascara. Pero por dentro sigues siendo un hombre libre y un hombre culto y un hombre que vale. Y eso, papá, no es ''normal''.

Me palmoteó con suavidad la espalda.

- No deja de reconfortarme que veas las cosas así – murmuró.

- También es obra tuya. Y no es que las veas, son así.

Habíamos llegado a la bodega.

Mi padre me apretó el brazo, pareció que iba a decir algo, mas luego se arrepintió y se fue, lento, por entre las oscuras hileras de sacos. Sentí crujir la puerta donde colgaba el cartel ''OFICINAS''. Una luz amarilla asomó, envolviéndolo. Una luz anémica, malsana. Vi que papá sonreía. Me hizo una seña y desapareció tras la portezuela, la lápida grasienta. Pero sonreía.


Y?, que creen?, meresco un pequeño review? =D