Don't take it so personally.You're not the only onethat time has got it in for,honey.
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-¡Es ese! ¡Ese es el indicado!
Arqueé una ceja al mirar a mi amiga, pero le sonreí de todas formas.
-Ni que fuera a casarme, Al.
-¡Dime que no es hermoso!
Volví a girarme hacia el espejo, echándole una miradita al vestido azul noche que se arremolinaba a mi alrededor.
-Me gusta, me gusta mucho.-Susurré.
-Edward lo adorará.
Solté un gruñido y me giré hacia mis amigas con los brazos cruzados.
-¡No vuelvas a hacer ese comentario! ¡No me estoy vistiendo para Edward, lo hago para mí!-La regañé, aunque muy en el fondo de mi pecho sabía que eso probablemente no era verdad.
Quizás sí que estaba eligiendo aquel vestido de seda tan bonito sólo para impresionarlo, para llamar su atención.
Vamos, cualquiera lo haría.
Nos veríamos en una cena de beneficencia que organizaba la empresa cada año en una de las casas en las afueras de la ciudad de Edward y, por lo que había investigado en internet, habría miles de personas allí, entre ellas, jóvenes guapas y adineradas, desesperadas por atraer la atención de Edward.
En estos cuatro años, Edward había pasado de ser sólo otro muchacho rebelde y enamorado de los problemas, al gran pez gordo que cualquier mujer desearía tener.
Y eso me generaba una chispa de celos, injustificados, lo sé, pero detestaba la idea de que todas ellas lo desearan, porque aunque racionalmente supiera que no era así, en mi corazón él seguía siendo mío.
-Bien, no gruñas, no lo haré más. Ahora, llevaremos ese vestido.-Le informó Alice a la dependienta, sonriéndome traviesamente.
-Esperen, esperen.-Susurré, bajándome de los tacones altos que la tienda me había facilitado para la prueba del vestido.-No sé si puedo con él.
-¿Qué? ¿Por qué no?-Preguntó Rose, y bufé.
-Porque me acabo de mudar, ni siquiera tengo un departamento propio y mi salario no alcanza para pagar un vestido de…-Le eché una miradita inquisitiva a la muchacha morena que me miraba expectante.
-Tres mil quinientos.
-¡Tres mil quinientos dólares!-Jadeé, y Alice chasqueó la lengua.
-Te ves hermosa, y ese el vestido que llevaremos, fin del comunicado, ¿Podrán tener los arreglos terminados para el sábado?-Preguntó Alice a la dependienta, por completo ignorando mi mirada enfadada y señalando la cintura que me quedaba un par de centímetros grande.
-Sí, claro que sí, sólo serán unos pocos, ¿Verdad?
-Sí, eso creo…
Bufé cuando Alice comenzó a tener una charla con la muchacha, ambas girando a mi alrededor y señalando las cosas que habría que arreglar.
-Relájate.-Susurró Rosalie, sonriéndome mientras se apoyaba contra el probador.-Lo pagaremos nosotras.
Ladeé la cabeza, frunciéndole el ceño.
-No, claro que no lo harán.
-¿Por qué no? Somos tus amigas.
-Y este es mi vestido. ¿Por qué lo pagarían ustedes si yo voy a usarlo?
-Porque queremos que te pongas algo que amas, que te sientas bonita.
Bajé la mirada, estudiando nuevamente el vestido.
-Lo adoro.
-Lo sé.- Rose se acercó a mí y acomodó el pequeño cinturoncillo plateado con una sonrisa.-No muestras mucho tus sentimientos últimamente, no tanto como solías hacer antes.
-Antes era transparente.
-Sí, lo eras.-Rose sonrió.-Y lo sigues siendo pero intentas esconderlo. Pero nosotras te conocemos lo suficiente como para notar la chispa en tus ojos cuando te miraste al espejo. Queremos ver esa chispa más seguido, Bells.
Me aclaré la garganta para no llorar, desviando la mirada y notando que de repente la dependienta había desaparecido y Alice estaba parada a nuestro lado, asintiendo ante las palabras de Rose.
-Cambié. No sé si alguna vez podré volver a ser igual que antes.
-No queremos cambiarte, Bells. Sólo queremos verte feliz.-Susurró Alice, y les sonreí con los ojos bañados en lágrimas.
-Lo sé.
Les permití pagar el vestido con la promesa de que les devolvería el dinero. Y lo haría, eso era seguro.
-¿Y bien? ¿Alec vendrá?
-Sí, llegará aquí el sábado.
-Lo llevarás a la fiesta, ¿Verdad?
-¡Claro que lo hará!
Solté una carcajada desde el asiento trasero del Porsche de Alice.
-No sé si querrá ir… No es realmente su estilo.
-¿Cómo que no?
-Es más… Tranquilo, ¿Saben? Siempre creí que era la antítesis de nosotros en nuestra juventud.
-Él era el que se quedaba leyendo encerrado en casa…
-Mientras nosotros nos emborrachábamos y terminábamos en la comisaría.-Completó Rose.
Solté una carcajada.
-Exactamente.-Susurré.
Nos pasamos el resto del domingo cotilleando en la cocina de Rosalie, mientras mis amigas me informaban cómo habían seguido las vidas de todas aquellas personas con las que solíamos rodearnos luego de que todo eso terminara para nosotros.
-¡No puedo creer que Judy se casara con ese idiota!
-Se divorciaron un año y medio después, era algo anunciado.
-Totalmente.-Masculló Rose, mientras masticaba una galleta enorme.-Nadie podía creerlo cuando se casaron, y…-Rose se quedó callada cuando oímos el ruido de la puerta siendo abierta, y dejé mi taza de café sobre la encimera, reconociendo inmediatamente las voces que se acercaban más y más a la cocina.-Está con Edward.-Susurró Rose, mirándome con el gesto torcido, y me encogí de hombros forzando una sonrisita.
-No te preocupes.-Dije, tomando mi bolso.-Ya debo irme de todas formas.
-Bells…
-Chicas.-Las corté, mirándolas resignadamente.-No puedo quedarme, lo siento.
Alice suspiró.
-Iré contigo.
-No tienes que hacerlo.
-Pero lo haré, vinimos en mi coche, vamos.
Asentí y me giré hacia la puerta, mordiéndome el labio inferior con nerviosismo cuando los vimos entrar, cargando con un par de cajas mientras Emmett estallaba en carcajadas al oír algún comentario de Edward.
-¿Hay reunión de consorcio?-Preguntó Emmett, divertido, cuando nos vio a todas allí, y se acercó para saludar a Rose con un beso en los labios mientras Edward se paraba en la puerta y me miraba fijamente.
-La hubo ayer y ambos nos olvidamos.-Susurró Rose, torciendo el gesto, y Emmett soltó una risita mientras nos saludaba a Alice y a mí.
-Buenos días, muchachas.
-Hola, Emm.-Susurré, inmediatamente desviando la mirada hacia Edward, que saludó a Rose, luego a Alice, y finalmente se inclinó sobre mí para besar mi mejilla.
-Debemos hablar.-Susurró contra mi oído, y me estremecí, dando un paso atrás.
-Lo siento, pero debo irme.
-Bella…-Masculló, entrecerrando los ojos y tensándose. Estaba enfadado.
-Debo irme.-Repetí, como un mantra, y caminé fuera de la cocina soltando un rápido 'Adiós' al resto de mis amigos.
Sentí unos pasos detrás de mí sólo un minuto después, y me giré, con la esperanza de encontrar a Alice allí.
Claro que no era ella.
-Hablaremos.
-¿Otra vez?-Gruñí, echando una miradita a su espalda, deseando ver la presencia salvadora de Alice aparecer por allí ahora mismo.
-Le dije que me diera cinco minutos.-Farfulló, dando otro paso, y jadeé mientras levantaba una mano para impedir que se me acercara todavía más.
-¡Deja de actuar como si fueras el dueño del Universo!-Exclamé, frustrada.- ¡Haces lo que quieres y ordenas lo que quieres y todo el mundo se amolda a ti! ¡Estoy harta de eso, estoy harta de ti y tu maldito imperio, maldita sea!
-Pues lo siento si estás harta pero las cosas no van a cambiar.-Gruñó, acercándose todavía más y acorralándome contra el brazo del sillón.-Sabías a qué te exponías cuando volviste y lo hiciste de todas formas asique ahora atente a las consecuencias.
-Decidí volver a Nueva York porque extrañaba a mis amigas y porque adoro esta ciudad, ciudad que todavía no es tuya. Asique no digas esas idioteces.
-Decidiste volver a mí, cariño, y ya no hay vuelta atrás.-Masculló ferozmente, tomándome con fuerza por la cintura para impedir que siguiera revolviéndome, intentando apartarlo de mí.
-Eso no es cierto.
-¿Irás a la fiesta el sábado?
Desvié la mirada, avergonzada de decirle que ya hasta tenía el vestido.
-Eso no te importa-
-Es mi fiesta en mí casa asique sí que me importa. ¿Irás?
Suspiré.
-Sí.
-Bien, irás conmigo.
-Claro que no iré contigo.
-No irás sola.-Gruñó, y levanté la barbilla hacia él, en un claro gesto de desafío.
-No, no lo haré.-Edward entrecerró los ojos y le sonreí perversamente.-Iré con Alec.
Vi como me observaba en silencio durante unos minutos, con sus ojos lanzando llamas, pero sin mostrar ningún tipo de emoción.
-No lo harás.
-Ya lo invité. Llegará a Nueva York el sábado por la mañana e irá a la fiesta conmigo.
-No lo dejaré entrar.
-Entonces tampoco iré yo.-Anuncié, encogiéndome de hombros, y sentí como sus dedos se presionaban todavía más en mis caderas.-Suéltame, me estás dañando.
-No puedes hacer esto.
-¿Ah no? Oh, cierto, aquí sólo puede hacerse lo que tú consideras correcto, ¿No es así?
Edward cuadró la mandíbula.
-Sí.
Bufé, harta de su actitud controladora.
-Suéltame, ya es suficiente.-No lo hizo, y lo golpeé en el pecho mientras gritaba.- ¡Alice, ya pasaron cinco minutos, ven aquí!
Edward gruñó.
-¡Ni se te ocurra venir!
-¡Ya pasaron cinco minutos!
-En realidad, Bells… Sólo pasaron tres y medio.-La atemorizada voz de Alice nos llegó desde la cocina, y Edward sonrió engreídamente mientras tomaba mi barbilla con una mano para obligarme a elevar el rostro hacia él.
-No irás con ese idiota a la fiesta.
-Lo haré, te guste o no. Y deja de llamarlo así porque no tienes idea de cómo es él.
-¿Y cómo es él, Bells? ¿Es interesante, divertido, te vuelve loca?-Preguntó, bajando la voz e inclinándose sobre mí.-Realmente, lo dudo.
-No es asunto tuyo.
-Te lo dije de todas las formas posibles, cariño, tú eres asunto mío.
-Ya no.-Susurré, ladeando el rostro.-Dejé de serlo en el segundo en el que decidiste irte.- Edward cuadró la mandíbula y se apartó un centímetro, con sus ojos brillando furiosos, y supe que era el momento de huir.-Debo irme.
Me giré hacia la puerta, pero no llegué a dar un paso antes de que Edward sostuviera mi brazo derecho con una de sus grandes manos, dirigiéndome una fría mirada.
-Nunca renuncié a ti.-Masculló.-Y nunca lo haré.
Espiré lentamente, frunciendo los labios antes de retirar lentamente mi brazo de su agarre y alejarme de él.
Gracias al cielo, no me siguió, y estuve fuera del edificio de Rose en un segundo.
Respiré entrecortadamente cuando salí a la calle, y me sequé un par de lágrimas perdidas con el puño de mi chaqueta.
No debería afectarme de esta forma, no debería hacerlo, pero no podía evitarlo. Cada vez que lo veía, que lo tocaba, algo se activaba en mi interior. No podía parar de temblar, de respirar agitadamente y de desear volver a sus brazos.
¡Rayos! Deseaba con todas mis fuerzas volver arriba, arrojarme a sus brazos y pedirme que nunca más me dejara ir, y lo hubiera hecho sino fuera por Alice, que salió del edificio en el mismo momento en que yo estaba a punto de volver a entrar.
-¡Oh! ¿Olvidaste algo?-Preguntó, frunciendo el ceño, y negué con la cabeza mientras tragaba saliva y suspiraba.- ¿Estás bien? Lo siento por eso, pero sabes cómo es…
-No importa. Vámonos, me quiero ir.
-Claro, sí…-Al tomó las llaves de su bolso y suspiré aliviada cuando nos alejamos de aquel edificio.
Necesitaba urgentemente aclarar mi cabeza.
El lunes, martes y miércoles se pasaron para mí como un borroso flash de trabajo, trabajo y trabajo.
El martes logré zafarme de una cena en la que vería a Edward gracias a que mis compañeros de trabajo decidieron cenar juntos, y el miércoles suspiré aliviada cuando almorcé con los chicos y me informaron de que Edward no se presentaría porque estaba hasta el cuello de trabajo.
Era jueves, y estaba terminando de redactar un e-mail hacia una clienta cuando Jacob se me acercó con una enorme sonrisa en el rostro.
-¿Buenas noticias?
-Más que buenas. Tienes un nuevo cliente, uno grande, y vino especialmente por ti.
Fruncí el ceño.
-¿Cómo dices?-Era demasiado nueva como para que alguien viniera aquí preguntando por mí.
Jacob se encogió de hombros, sin perder la sonrisa.
-No lo sé, pero pidió por ti, está subiendo ahora mismo.-Mi jefe me dirigió una mirada que pretendía ser estricta.-Hazlo bien.
Le dediqué una sonrisita.
-Lo haré, no te preocupes.
Jacob estuvo a punto de decir algo, pero la puerta a sus espaldas sonó cuando alguien llamó, y se giró para atender al 'gran cliente' mientras yo miraba con los ojos muy abiertos a Riley, que me giñó con ojo, levantando ambos pulgares. Fruncí levemente el ceño cuando lo vi mirar hacia Jacob y abrir la boca como un pez, y me giré, mientras me levantaba de la silla, hacia mi nuevo cliente.
-Señor Cullen, le presento a Isabella Swan.
Iba a asesinarlo.
No me importaba que me despidieran. Ni que me encerraran de por vida.
Iba a asesinarlo ahora mismo.
Observé con furia a mi cobrizo, mientras me tendía una mano, esbozando una sonrisa cortes.
Como siempre sucedía, su presencia parecía haberse apropiado de todo el oxígeno de la habitación, y todas las miradas se encontraban fijas en él.
-Edward Cullen.-Murmuró, arqueando una ceja, y le eché una mirada a mi jefe, que me miró expectante, antes de tenderle mi mano muy lentamente.
Le sonreí perversamente mientras clavaba mis impecables y rosadas uñas en la palma de su mano, intentando dañarlo de alguna forma, mientras él fruncía los labios y apretaba su mano aún más alrededor de la mía.
-Bien, los dejaré trabajar.-Jacob nos dedicó una sonrisa y se dirigió a su oficina, y quité mi mano de un tirón de la de Edward, fulminándolo con la mirada.
-¿¡Qué mierda crees que haces aquí!?-Mascullé, bullendo de ira, mientras abría y cerraba mi mano en un intento de ignorar las cosquillas que su contacto había ocasionado en mí.
-Parece que la gatita ha sacado sus uñas.-Susurró, estudiando las marcas de mis uñas en su palma, con una sonrisa en el rostro. Una sonrisa que desee borrarle de una patada.
-¿Qué haces aquí?-Repetí, cruzándome de brazos e intentando lucir algo más calmada.
-Vine a planear un viaje.-Respondió felizmente, sentándose en la silla frente a mi escritorio y dedicándome una sonrisa de satisfacción.- ¿No te sientas?-Preguntó inocentemente, señalando mi silla, y cuadré la mandíbula antes de elevar la mirada hacia mis compañeros de trabajo, que nos observaban con la boca abierta.
Todos comenzaron a gesticular hacia mí, Bree tirándose de los pelos y Riley saltando en su lugar mientras se tapaba la boca con una mano y señalaba a Edward con la otra, quien se giró levemente para mirarlos, arqueando una ceja.
Casi suelto una carcajada cuando mis compañeros pasaron de estar como locos a concentrar la mirada en la pantalla de la computadora, intentando lucir ocupados.
Edward me volvió a mirar con una ceja arqueada y bufé antes de sentarme.
-¿Qué quieres?
-Ya te lo dije, cariño… ¿Estás algo distraída hoy?-Preguntó, esbozando una sonrisita.-Vine a planear un viaje.
-Ahora dime qué viniste a hacer, a realmentehacer.
Edward se apoyó contra el respaldo de la silla, suspirando.
-Vine a planear un viaje.
-¿Porqué aquí?
-Dicen que es una buena agencia de viajes.
-¿Porqué conmigo?
-Dicen que eres una buena agente de viajes.
-¿Quién dice eso?
Edward esbozó una sonrisa traviesa, como la de un niño que ha sido descubierto con las manos en la masa.
-Yo.
Suspiré, echándome hacia atrás en mi asiento y sintiendo como mi corazón se derretía levemente.
-No puedes saberlo. Quizás sea una pésima agente de viajes.-Susurré, y Edward negó con la cabeza inmediatamente.
-No, eso no es posible.
No pude evitar sonreír antes de suspirar y mirarlo fijamente.
-Bien. ¿Asique quieres viajar?
-Sí.
-¿Y no tienes una especie de asistente que prepare todos tus viajes?-Pregunté perspicazmente con una ceja arqueada.
Edward suspiró.
-La tenía, hasta que me enteré de que mi… De que tú trabajabas en una agencia de turismo. Asique no la necesito más.
Rodé los ojos.
-Oh, no, ¿Acabo de dejar sin trabajo a alguien?
Edward sonrió torcidamente.
-No, cariño, ella tiene otras cosas de las que encargarse.
Fruncí los labios.
-Bien.-Detestaba oírlo hablar de otras mujeres. No tenía sentido, pero así era.- ¿A dónde quieres viajar entonces?
Edward ladeó la cabeza.
-Estaba pensando en México…
Arqueé una ceja.
-México, bien. ¿Cuántas personas irán al viaje?
-Seis.
Le eché una mirada enfadada.
-¿Qué?
Edward me miró confundido.
-¿Qué qué?
-¿Seis?
-Mis amigos y yo, sí.
-¿Tus amigos y tú?
-Sí.
-Alice, Rosalie, Emmett. Jasper, tú… ¿Y?
-Tú.
-No.
-Claro que sí.
-Claro que no.-Mascullé, y Edward rodó los ojos.
-No comiences ahora.
-¿México? ¿De qué estás hablando, Edward?
-Las vacaciones comienzan en dos meses. Siempre hacemos algún viaje juntos en el verano.
-Ustedes.
-Y ahora tú también.
-Nadie me habló de eso, aparte, no tendré unas vacaciones muy largas, soy nueva en el trabajo y esa es la época en la que más trabajamos.
Edward bufó.
-Podemos arreglar eso.
-No podemos, y no lo haremos. No lo haré. ¿Por qué nadie me lo mencionó?
-Porque sabían que reaccionarías así.
-¿Reaccionar cómo?-Farfullé, frunciendo el ceño.
-Enloqueciendo.
-Claro que no estoy enloqueciendo.
-Lo estás haciendo asique simplemente respira y relájate de una vez.
-Bien, no. No voy a hacer eso, no voy a relajarme. Y definitivamente, no voy a ir a México contigo.
-Isabella-Edward se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en el escritorio y mirándome fijamente.-No te estoy pidiendo tu opinión, o tu permiso, asique deja de discutir conmigo y haz tu trabajo.-Ordenó fríamente, y fruncí los labios, molesta, antes de comenzar a teclear en la computadora sin dirigirle ni una mirada más.
-¿Ha pensado a qué parte de México quiere ir?
-Nos interesaba Puerto Escondido.
-¿Cuántos días?
-Dos semanas… O tres.
-¿Dos o tres?
Sabía que estaba arqueándome una ceja pero no me giré hacia él, y lo oí suspirar antes de contestar.
-Tres.
-Bien.
Mandé un par de e-mails y revisé un par de carpetas antes de escribir un presupuesto aproximado en un pedazo de papel.
-Esto incluye los aéreos y la estadía, aproximadamente, pero tendrás que especificarme cuáles serán sus intereses cuando estén allí y las exigencias para el hotel así podré conseguir algo más detallado. También debemos esperar a que respondan a los e-mails, en un par de días podré ser más específica.
-Perfecto, podrías pasarte por mi oficina cuando los tengas, es muy cerca de aquí.
-Sí, lo sé.-Mascullé.
Edward suspiró.
-Cierto.
Desvié la mirada de sus penetrantes ojos verdes y tragué saliva.
-¿Eso es todo?
-Creo que sí.
-Perfecto.
No cambié mi cara de póker cuando lo acompañé a la puerta, ni cuando besó mi frente como despedida, ni cuando cerré la puerta y toda la oficina estalló en gritos, preguntas y gestos de sorpresa.
-¿¡Y eso!?
-¿¡Quién era!?
-¡Es Edward Cullen, tonto, el de la página 6!-Le chilló Bree a Riley, mientras ambos parlot4eaban sin parar. Angela me miraba con curiosidad, y una sonrisita en el rostro.
-¿¡De dónde salió!?-Chilló Riley, y solté una risita mientras me sentaba detrás del escritorio.
-Somos viejos amigos.
-Parecían más que viejos amigos.
-Mucho más.-Susurró Bree.
Me mordí el labio, poniéndome roja como un tomate, y ante sus miradas curiosas, terminé cediendo.
-Es mi ex novio.
El reguero de gritos de sorpresa y emoción que siguió a aquella confesión me hizo reír, y me distrajo de mi principal preocupación en ese momento.
Él quería que viajara con ellos, y no pude evitar enfadarme conmigo misma cuando me di cuenta de que realmente deseaba hacer ese viaje. Por más de que me encantaría no hacerlo, deseaba ir con ellos, deseaba vivir algo así con mis amigos, con aquellas personas que había extrañado tanto. Con Edward.
Y como siempre que realmente deseaba algo, era muy probable que lo terminara haciendo.
Y estaba segura de que no sería una decisión inteligente.
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¡Espero que disfruten de la historia! Muchas gracias por todo a todas.
Las quiero.
