Maybe I'm too busy being yours to fall for somebody new.

El sábado a las diez de la mañana, bajé las escalinatas que llevaban a la entrada del edificio de Alice corriendo, y solté un gritito de alegría antes de arrojarme a los brazos de Alec, quien todavía no había terminado de salir por completo de su coche.

-¡Estoy tan feliz de que estés aquí!-Chillé en su oído, mientras apretaba aún más mis brazos alrededor de su cuello.

Alec soltó una carcajada, rodeando mi cintura con sus brazos y abrazándome aún más fuerte.

-Hola, preciosa.

-Sé que solo llevamos unos cuantos días sin vernos pero te extrañé tanto.-Susurré, y sentí como mi amigo giraba el rostro para depositar un beso en mi frente.

-Te extrañé mucho, Bells.

Desde que conocí a Alec, nunca había pasado más de un día sin verlo. Ni siquiera cuando ambos estábamos con exámenes nos separábamos, él venía a casa o yo iba a la suya, y cada uno hacía lo suyo pero en compañía del otro.

Alec había sido el equilibrio de mi vida durante cuatro largos años, había sido mi compañero, mi hombro para llorar y una de las únicas personas que lograba hacerme reír a carcajadas diariamente. Lo adoraba.

-Ven, rápido, tengo tanto para mostrarte.-Cuchicheé, mientras tomaba su mano y lo arrastraba detrás de mí, hacia el edificio.

-Vaya con tu nuevo hogar.-Susurró, asombrado, mientras me seguía, y solté una carcajada. El edificio en el que vivía Alice, ubicado en una de las mejores zonas de la ciudad, era imponente.

-Sólo es temporario, en cuanto termine de establecerme conseguiré mi propio apartamento.

-¿Quién vive aquí?

-Alice, ya la conocerás.-Ambos entramos en el ascensor, y lo miré con una sonrisa gigante en el rostro. -¿Trajiste el traje que te dije?

-Sí, Bells.

-¿El azul, verdad?

-Sí, Bells, el azul.

-¿Con la camisa que te regalé para tu cumpleaños?

Alec soltó una carcajada y me rodó los ojos.

-Sí, Isabella, seguí tus indicaciones al pie de la letra, lo prometo.-Sonreí aún más ampliamente y ambos nos miramos durante unos segundos. -Oye, sabes que te amo, pero tu cara de maniática en este momento me está alterando un poco.

-¡Es que estoy tan feliz!-Grité, abrazándolo por la cintura, y Alec rodeó mis hombros con un brazo, soltando una carcajada.

-Yo también, cariño, lo estoy.

En principio, Alec iba a pasar la noche en algún hotel de la zona, pero Alice había insistido en que su sala era lo suficientemente grande, y su sillón lo suficientemente cómodo como para que mi amigo pasara la noche allí.

Edward seguramente la querría asesinar por eso.

Alec dejó su bolso en mi habitación, y luego ambos nos sentamos en la enorme isla de la cocina a tomar algo mientras hablábamos de su viaje.

-Bien, ya, dímelo, ¿Por qué es tan importante ese traje?

Le sonreí mientras le daba un sorbo a mi jugo de naranja.

-Esta noche hay una fiesta en casa de Edward. –Alec abrió la boca, dispuesto a rebatir, pero levanté una mano con rapidez y le tapé la boca. -¡Lo sé, lo sé! Pero antes de que comiences a querer asesinarme, déjame decirte que no podré no ir ni aunque quisiera, porque el resto me arrastraría hacia allí… Dejando de lado que ya tengo el vestido.

-¡Isabella!

-Ya, Alec, sé que no tendría que ir y que debería mantenerme alejada de él, pero es imposible, realmente lo es. Él es parte de mi grupo de amigos, el dueño del gimnasio al que voy, uno de mis clientes-

-¡El hijo de puta está por todos lados!

-Sí, está en todos lados. Y decidí que debo dejar de huir, Alec. -Suspiré, sonriendo con resignación. –Quiero vivir mi vida, salir con mis amigos, tener el trabajo que amo. Me niego a dejar de hacer ciertas cosas que de veras deseo sólo por él.

-Vas a terminar enredándote con él, lo sabes, ¿Verdad?

Me mordí el labio, desviando la mirada.

Él tenía razón. Cada vez que veía a Edward las llamas estallaban y algún día de estos, dejaríamos de gastar todas nuestras energías en discutir y las usaríamos para otra cosa. Era sabido, pero prefería aplazarlo, hacer de cuenta que tenía las fuerzas suficientes para oponerme a eso.

-Lo sé.

-Él va a volver a arruinarte, Bella.

-Ya lo hizo una vez, Alec.-Suspiré.-Ya lo hizo. Y no sé si pueda cambiar el curso de las cosas. De verdad, creo que no puedo.

Alec farfulló algo por lo bajo, negando con la cabeza.

-Lo detesto. Te mereces algo mejor.

Solté una carcajada.

-El problema es, cariño, que nunca le prestamos atención a lo que merecemos. Sólo a lo que queremos.

Alice volvió a casa a la hora de almorzar, con comida china y pegando saltitos.

-¡Alec! ¡Al fin te conozco, Bella no para de hablar de ti!-Chilló, mientras le daba un abrazo. –Vaya, de verdad que eres guapo.

Alec me miró de reojo, levemente sonrojado, y solté una carcajada.

-¡A que es precioso!-Dije, apretando una de sus mejillas, y Alec bufó, apartando mi mano de un empujón.

-Hola, Alice. Muchas gracias por dejar que me quede en tu casa. Y por pensar que soy guapo.

Alice soltó una risita, mientras depositaba nuestra comida sobre la isla de la cocina.

-Oh, no es nada, la sala es grande y ese sillón es súper cómodo.

-¿Y Jasper?-Pregunté luego de un rato, mientras examinaba con ojo crítico una rara mezcla de arroz y quién sabe qué más.

-Almorzando con Edward. Rose y Emmett no han dado señales de vida, lo que significa que todavía están en la cama haciendo…Sus cosas.

Torcí el gesto, y Alice me dio la razón con un asentimiento.

Luego del almuerzo, no le di tiempo a Alec para descansar, y sólo lo dejé cambiarse de ropa antes de salir a arrastrarlo por toda la ciudad.

-¿No es hermoso?-Susurré, apoyándome sobre el hombro de Alec, ese mismo día a las 5 de la tarde.

Estábamos sentados sobre una banca en el lado este del Central Park, mirando hacia un gran lago artificial lleno de graciosos patos que nadaban de un lado hacia el otro.

-Es una ciudad preciosa.-Contestó, rodeando mis hombros con su brazo.

-Ven a vivir aquí.-Me giré en sus brazos, para mirarlo, y Alec soltó una carcajada. –No es en broma, ven. Ya estás por recibirte de abogado, aquí tendrías trabajo, de seguro, amarías la ciudad y… Estarías cerca de mí.-Terminé, batiendo mis pestañas rápidamente y poniendo cara de niña buena.

Alec se mordió el labio mientras me miraba, antes de suspirar.

-No lo sé, Bells…

-¿Por qué no?

-Porque Nueva York es simplemente tan… Abrumadora. Nací y me crié en Maywood, esto es demasiado.

-Te acostumbrarás.

-Y también está mi familia. –Esbocé un mohín, y Alec suspiró. –Lo pensaré.

-¡Eres el mejor!

-Todavía no he dicho que sí, niñita. –Farfulló, mientras yo lo estrujaba en un abrazo de oso.

-¡Hasta podríamos compartir apartamento!

-Oh, rayos. -Lo sentí murmurar, mientras echaba la cabeza hacia atrás.

A eso de las seis regresamos al departamento, luego de que Alice me llamara para quejarse por mi retraso, pues ahora sólo tendríamos tres horas para prepararnos.

Tres horas…

A las ocho y cuarenta minutos, Alec ya estaba listo, despatarrado en el sillón de Alice mirando algún raro programa de televisión, mientras yo seguía en ropa interior, sentada en mi cama mientras Alice me peinaba.

-Llegaremos tan tarde…

-Al, debemos estar allí a las nueve y media, no seas exagerada.

-Tendríamos que haber comenzado antes.

No pude evitar comenzar a reírme de su nerviosismo. Alice necesitaba de por lo menos cuatro horas y media para seguir su riguroso ritual de belleza antes de cualquier evento importante. Yo sólo necesitaba una ducha y un poco de maquillaje.

Unos cuantos minutos más tarde, Alice se marchó a su habitación para terminar de arreglarse y yo, ya enfundada en mi vestido, me subí sobre mis tacones.

Sonreí al mirarme al espejo, dando un par de vueltitas y acomodando mejor mi cabello. El vestido era increíble, estaba completamente enamorada de él.

Cuando estuve lista, tomé mi pequeña cartera y caminé fuera de la habitación, sintiendo las voces de Alice, Alec y Jasper en la sala.

-¿Y cómo fue que la conociste?

-Ella trabajaba en un bar cerca de mi universidad. -Ese era Alec, y como buena cotilla que soy, me acerqué todo lo posible a la sala por el pasillo, sin que llegaran a verme, para oír su conversación. –Todos sabíamos de ella, en Maywood todos se conocen entre ellos, y es raro que una chica joven se mude allí, generalmente los chicos prefieren irse, ¿Sabes? La invité a tomar un café porque me parecía algo… Triste. Y vaya que sí lo estaba.-Susurró.

-Bells nos dijo que fue gracias a ti que hoy está mejor.-Respondió Jazz.

-No sé si fue gracias a mí. Quiero decir, es una chica muy fuerte, a pesar de que en un principio no lo pareciera. Yo solo estuve allí mientras ella iba encontrando su camino.

-De todas formas, te lo agradecemos.-Murmuró Alice. –No debe haber sido fácil para ti.

-En realidad lo fue, Bells es fantástica…

-Lo sé, pero digo que debe haber sido difícil para ti estar allí, viéndola sufrir por otro cuando tú…

-¿Cuándo yo? -Supe por la voz de Alec que realmente no entendía de qué estaba hablando Alice.

-Cuando tú… Quiero decir, parece que tú estás… Enamorado de Bella, ¿Cierto?

Luego de eso, se hizo el silencio, y fruncí el ceño desde mi escondite, tensa, hasta que sentí a Alec soltar una carcajada.

-¿Yo? Oh, rayos, no. -Volvió a reír, incrédulo. -No, claro que no. Quiero decir, amo a Isabella, la amo muchísimo pero es como mi hermana, ¿Sabes?

-¿En serio?-Alice parecía de verdad confundida, y esbocé una sonrisita socarrona.

-Es cierto que en un principio me sentí atraído hacia ella de esa forma, ¿Quién no? Es preciosa. Pero luego de poco tiempo comprendí que eso no sucedería, y terminé adorándola como a una hermana pequeña, ahora sería algo raro.

-Oh, yo pensé… Pensé que estabas enamorado de ella.

Alec soltó otra risita ante la incredulidad de Alice.

-Muchas veces la gente asumió que éramos novios, o que si no lo éramos, estábamos secretamente enamorados.

-Es que eso parece. –Respondió Alice, quien aparentemente no podía creer que se había equivocado con sus conjeturas.

-Lo sé, es que tenemos mucha confianza entre nosotros, pero es sólo eso, no hay ningún otro tipo de interés romántico.

-Oh, bien…

Decidí que ese era el momento perfecto para entrar en escena, y caminé los pasos que quedaban hasta la sala, sonriendo ampliamente.

-¡Buenas noches!

-Wow, te ves hermosa.-Le sonreí a Alec, dando un girito mientras tomaba su mano.

-Tú estás muy guapo.

-¡Vamos que estamos tarde!

Habíamos decidido que Alec y yo iríamos en su coche, porque yo pensaba tomar algo de alcohol aquella noche, y Alec se había ofrecido como chaperón.

-Te ves tan lindo. -Dije, mientras lo examinaba, con su largo y esbelto cuerpo envuelto en un traje azul marino. -No irás a abandonarme en mitad de la noche por cualquier par de piernas largas, ¿Verdad? -Pregunté, mientras me acomodaba en el asiento del copiloto.

-Nunca te he hecho eso, Isabella.

-¡Oh, no me hagas empezar!

Alec era un chico guapísimo, y no era ninguna sorpresa que muchas mujeres se arrojaran a sus brazos en las fiestas. A pesar de eso, él no era el típico mujeriego, y muchísimas veces las había rechazado a todas para quedarse conmigo, aunque a fin de cuentas, era un hombre, y es por eso que muchas de esas veces le dije que no me importaba quedarme sola, mientras lo incitaba a que aprovechara y se largara con alguna muchacha guapa. Él, por supuesto, me había hecho caso.

-Ya, cállate. -Farfulló, y solté una risita mientras él arrancaba el coche.

Seguimos a Alice a través de las calles de Manhattan, y luego más allá, hasta entrar en la zona de Staten Island, en donde, según mis amigas me habían contado, Edward poseía una preciosa casa colonial, alejada de todo el ajetreo de la ciudad.

-¿Él vive allí?

-¿Ah?-Me giré, distraída, hacia mi amigo.

-Edward, ¿Vive en la casa hacia la que estamos yendo?

-Oh, no. No. Él vive cerca de Emmett y Rose, en Soho. -Respondí. -O eso me contó Al.

Luego de unos cuantos minutos más de viaje, sentí como todo el aire escapaba de mis pulmones al llegar, finalmente, a la casa de Edward.

Aunque eso realmente no era una casa, era más bien una mansión.

El enorme jardín de entrada estaba decorado con pequeñas lucecillas titilantes, que hacían parecer todo aún más mágico. Luego de bajarnos del coche y dárselo a un muchacho de traje, Alec y yo nos giramos hacia la casa.

-Es muy hermosa.

-Lo es. Y tendrías que ver el departamento de Edward en Soho.-Respondió Alice, apareciendo a nuestro lado.

-Si es que se le puede llamar departamento a eso. Utilizó dos pisos enteros para crearlo, es tan grande que no sé como hace para no perderse a diario.-Musitó Jasper, y solté una risita.

-Oh, como si el tuyo fuera más modesto.-Lo regañó Alice, mientras caminábamos hacia las largas escalinatas que llevaban a la puerta principal de la mansión, junto a bastantes otras personas. –Generalmente, Edward prefiere hacerla al aire libre, y ponen unas tiendas enormes en el parque.

-¿Porqué no lo hicieron este año?

-Según el reporte de clima, va a llover.-Alice arrugó la nariz y yo torcí el gesto. No me imaginaba el desastre que sería si terminara debajo de la lluvia, con todo el maquillaje escurriendo por mi rostro.

-¿Cuánta gente empleó para una fiesta?-Pregunté, sorprendida, al reparar en las muchachas de vestidos azules que te recibían en la puerta con una enorme sonrisa.

Alice soltó una risita.

-Sabes cómo es… Tu Edward nunca hace nada a medias.

"Tu Edward". Le dirigí una mirada de reproche, pero ella se hizo la tonta comentándole algo a Jasper, sin prestarme la menor atención.

Cuando por fin llegamos a la enorme puerta principal, contuve la respiración, sin poder creer lo que estaba viendo.

El espacio era enorme, con techos altísimos y grandes arañas que colgaban a varios metros de altura. Los suelos de madera brillaban, impolutos, bajo los zapatos de cientos de personas que pululaban allí dentro. Todo gritaba a los cuatro vientos que una enorme cantidad de dinero había sido utilizada para llevar a cabo aquello, pero de todas formas el lugar no era ostentoso. Era lujoso, simple y con clase, pero no abrumador. Más allá, a lo lejos, un ventanal enorme dejaba apreciar una vista única de la ciudad a lo lejos, mientras que decenas de camareros se paseaban de aquí hacia allá ofreciendo bebidas y aperitivos.

Caminé, agarrada al brazo de Alec, unos cuantos metros, antes de girarme para mirar a mi amigo, quién tenía la misma expresión de fascinación en el rostro que yo, y solté una carcajada.

-Por favor, dejemos de boquear como peces fuera del agua antes de que alguien lo note.

Alec se giró a mirarme, esbozando una sonrisita condescendiente.

-Creo que por esto, hasta yo me entregaría a Edward Cullen.

-¡Oh, tonto!-Lo regañé, golpeándolo en el brazo.-Sabes que no tiene nada que ver con su dinero.

-Lo sé, lo sé, tranquila, fierecilla.-Farfulló, acercándome a él para depositar un beso en mi frente.

-Buenas noches.

Suspiré.

Como no podía ser de otra forma, Edward había elegido justo ese momento para parecer, detrás de nosotros.

-¡Edward, no sé cómo lo has hecho, pero este lugar parece incluso más grande que de costumbre!-Chilló, Alice, antes de saludarlo con un beso en la mejilla.

Edward le sonrió mientras saludaba a Jasper.

-Le debo todo el mérito a Irina, yo vi el resultado hace sólo un par de horas. –Edward se giró hacia mí, con una sonrisa falsa en el rostro, desviando la mirada levemente hacia el brazo de Alec, el cual yo apretaba con fuerza, arrugando la manga de su traje. –Edward Cullen. –Dijo, estirando su mano hacia Alec, quien le devolvió el apretón.

-Alec Vulturi.

Contuve la respiración mientras ambos se miraban de arriba abajo, evaluándose.

-Bella Swan. –Susurré, intentando romper la tención, mientras movía mi mano a modo de saludo. Edward se giró hacia mí, esbozando una sonrisa adorable y se acercó para besar mi mejilla.

-Es un placer conocerla, señorita Bella.-Susurró en mi oído. –Debo admitir que usted es preciosa.

Me sonrojé, mordiendo mi labio inferior, y lo miré a los ojos mientras se alejaba un paso de mí.

-Gracias.

Gracias al cielo, Edward se había comportado, y en la cena estuve sentada junto a Alec, aunque por supuesto, en la misma mesa que él, quien se encontraba directamente en frente de mí.

Él no despegó su mirada de mí en toda la cena, y me molesta admitir que yo tampoco pude despegar la mía de él. Llevaba un traje negro hecho a su medida, con una impecable camisa blanca debajo. Había hecho un esfuerzo para que su cabello no luciera igual de rebelde que siempre, peinándoselo hacia atrás, y sus ojos verdes brillaban cada vez que me atrapaba mirándolo.

No podía aguantar más. Era el hombre más hermoso que había visto en mi vida y en ese momento todo lo que quería era echarme encima de él y arrastrarlo hacia alguna habitación vacía.

-¿Bells?

-¿Mmh?

-¿Tú qué piensas?

-¿De qué? –Pregunté, girándome hacia Alec y Rosalie, que me miraban expectantes.

-Deja de volar, cariño. –Susurró Rose, y me mordí el labio mientras una sonrisita se extendía por mi rostro.

-Lo siento, chicos. –Farfullé. Había estado despistada toda la comida, y supe que Edward lo había notado cuando al volver la vista a mi plato, capté su mirada chispeante y su sonrisita socarrona.

La cena estuvo deliciosa, y no paré de comer hasta que hube acabado con el postre.

-No sé cómo haré para poder bailar luego de esto.-Susurró Alec a mi lado.

-Mi vestido está a punto de estallar. –Lo secundé, soltando una risita. –No debería haber comido tanto.

-Deberías haber hecho como aquellas pequeñas aves de allá. –Susurró Alec, mirando hacia la mesa frente a la nuestra, en donde un grupo de muchachas delgadísimas apenas habían tocado su comida.

Solté una carcajada.

-Nunca, nunca llegaré a ser una pequeña ave, Alec, lo sabes.

-Sí, lo sé, comes más que yo.

-¡Oh, cállate ya! -Chillé, golpeándolo en el hombro.

Una vez que todos hubieron terminado, la gente comenzó lentamente a avanzar hacia el salón principal otra vez, en donde en una esquina, una banda con sus integrantes vestidos de impecables trajes blancos tocaban algo de música.

A pesar de ser Edward el dueño de la casa, le había cedido a Emmett el papel del anfitrión, quien también dirigiría la subasta benéfica un par de horas más tarde.

Arrastré a Alec hacia el salón, frunciendo el ceño al pasar junto a Edward, que hablaba tranquilamente con dos de las "pequeñas aves".

Cielos, pensé que para esta altura habría madurado. Cuando estábamos juntos, siempre habíamos sido sumamente celosos el uno del otro, pero había supuesto que eso no sería para siempre. Aparentemente, hasta cuando ni siquiera estábamos juntos, los celos al ver cómo otras mujeres se acercaban a él no desaparecían.

-Ya, deja de mirar. –Me susurró Alec en el oído, mientras ahora pasaba a ser él quien me arrastraba hacia el salón.

-No puedo. –Farfullé.

-Ven, baila conmigo. –Dijo, girándome en sus brazos hasta que estuvimos frente a frente, y solté una risita cuando hizo una pequeña reverencia. –Señorita…

-Señor. –Doblé levemente mis rodillas a modo de saludo antes de que Alec me tomara entre sus brazos y comenzáramos a bailar lentamente al ritmo de alguna canción clásica. –Unas bonitas piernas largas no han parado de mirarte en toda la noche. –Susurré en su oído.

Alec giró el rostro para mirarme con una sonrisa traviesa.

-Dime en qué dirección.

-Allí, a la izquierda, con un vestido rojo hasta la rodilla.

-¿La morena?

-Exacto.

-Cielos.

-Te gustó.

-Claro que sí.

Solté una risita, negando con la cabeza.

-Ve por ella campeón. –Susurré, palmeando su hombro.

-No voy a dejarte sola, enana.

-No estoy sola, por allí están Al, Rose y el resto. Tú ve, tonto. –Alec rió, mirándome con ternura.

-Cuando termine nuestro baile, cariño. –Susurró de vuelta, apretándome más fuerte entre sus brazos.

Apoyé mi cabeza en su hombro, mirando al resto del salón mientras nos movíamos al ritmo de la música, y allí lo vi.

Se veían perfectos juntos, para qué mentir.

Edward sostenía entre sus brazos a una muchacha altísima, enfundada en un vestido negro que le quedaba como un guante, mientras ambos bailaban suavemente y ella echaba la cabeza hacia atrás, riendo y balanceando su preciosa cabellera rubia.

Parecían sacados de una película, ambos de impecable negro, ambos guapísimos, bailando y riendo.

Y yo sentí como mi estómago se estrujaba dentro de mi pecho y mis ojos se llenaban de lágrimas. No podía parar de mirarlos, por más que deseara dejar de hacerlo. Ni siquiera pude apartar la mirada cuando Edward me vio, y sostuvo mi mirada. Dejó de sonreír y su semblante se volvió serio.

Sabía lo que debía estar viendo en ese momento. Tenía mi mejilla apoyada en el pecho de mi amigo, con el rostro vuelto hacia ellos, los ojos húmedos y las mejillas sonrojadas por la rabia.

Patética.

En ese justo momento, la música paró, e intenté recomponerme antes de volver a mirar a Alec.

-Anda, ve. –Susurré, acomodando su traje.

-¿Estás bien? –Murmuró, suspicaz, e intenté sonreírle.

-Claro que sí, ve, sácala a bailar, Alec.

-Bells…

-Estoy bien, lo prometo. –Dije, depositando un beso en su mejilla antes de alejarme caminando hacia donde había divisado a mis amigas.

Estaba a punto de salir de la pista de baile cuando sentí una mano grande y caliente sujetar la mía por detrás.

-Baila conmigo.

Cerré los ojos con fuerza, y no pude siquiera contestar antes de encontrarme rodeada por sus brazos, dejándolo guiarme al compás de la canción que había comenzado.

-En realidad, se me quitaron las ganas de bailar. –Mascullé, intentando mantenerme lo más alejada de él que podía, pero Edward rodeo mi cintura con su brazo derecho y me acercó de un tirón, obligándome a pegarme a él. –Basta. –Masculle, colocando mis manos sobre su pecho, intentando mantener la compostura.

-¿Qué te sucede?

-Nada. –Farfullé.

-Bella…

-¿Quién es ella?

Quise sonar desinteresada, como si simplemente hubiera sido una pregunta al pasar, pero mi voz salió como la de una novia loca y psicóticamente celosa.

-Es sólo una amiga.

-¿Ah sí? –Mascullé. Diablos, estaba tan enfadada.

-Su nombre es Irina, trabaja con nosotros para organizar todos los eventos que hacemos.

-¿Te has acostado con ella?

-¡No! –Edward se había enojado. Me miraba con el ceño fruncido y sus ojos brillaban, enfadados. -¿Por qué dices eso?

Tragué saliva, desviando la mirada, mientras caía en la cuenta de que realmente no se trataba de Irina. No era ella con quien estaba molesta, ni a quien envidiaba. Mi inseguridad surgía del conocimiento de que Edward sí que había vuelto a estar con otras luego de mí, mientras yo siquiera había podido volver a besar a ningún otro chico luego de él.

-¿Estuviste con muchas?

Edward prefirió no hacerse el tonto, y se lo agradecí en silencio. Desvió la mirada, suspirando.

-Isabella, no es momento para hablar de esto.

-Oh, ¿Pero sí lo era para hablar de mí en el baño del departamento de Alice? –Mascullé, enfadada. –Yo te he dado todas las respuestas que me has exigido, así que por una vez has tú lo mismo por mí. Dímelo.

Edward cerró los ojos durante un segundo.

-No significó nada.

-¿Fueron muchas?

-Bella…

-¡Edward, dímelo! –Desvié la mirada para comprobar si alguien más había oído mi pequeño arranque de furia, pero no parecía ser así.

Todo el mundo estaba pasándola bien, bailando y riendo a carcajadas, totalmente ajenos al volcán que bullía en mi interior y amenazaba con hacer erupción en cualquier momento.

-Sólo dímelo, por favor…

Lo vi tragar saliva antes de abrir la boca para hablar, titubeando.

-Fueron un par.

-¿Un par?

-Quizás más. -Cerré los ojos, asqueada, intentando dejar de reproducir la espantosa imagen de Edward tocando a otras mujeres, haciéndolas suyas. –Bella, basta, deja de pensar en ello.

-No puedo. –Susurré, frunciendo el ceño a la vez que intentaba con todas mis fuerzas que las lágrimas no se derramaran por mis mejillas.

-Sí que puedes, sólo… Basta. –Edward me había tomado por los brazos, apretándome. Ya no estábamos bailando. Estábamos parados en medio de la pista, atrayendo ya un par de miradas hacia nosotros. –No fue nada para mí, Bella, era sólo sexo. Era un maldito intento para sacarte de mi cabeza aun que sea unos cuantos minutos.

-Eres un hipócrita. –Farfullé. –Estabas tan enfadado ante la idea de que yo haya estado con otro, ¡Y todo este tiempo tú te tirabas a quién sabe cuántas otras!

-No he vuelto a estar con nadie desde que volviste.

-¡Me importa una mierda! –Para este punto, ya no podía contener las lágrimas, y me las sequé de un manotazo mientras me alejaba un paso de Edward, desasiéndome de su agarre. -¿Qué se supone que debo hacer? –Susurré, mordazmente. -¿Hacer de cuenta que nunca sucedió? ¿Tú qué harías si yo te dijera que he estado tirándome a otros hombres en mi intento por olvidarte? –Lo vi apretar la mandíbula y los puños, y esa fue toda la respuesta que necesité. -¿Ya ves? Supongo que puedes comprenderme, entonces.

Cansada de armar un escándalo en medio de la fiesta, giré sobre mis tacones y salí de la pista de baile, no paré hasta llegar a la puerta principal, y de ahí a bajar corriendo las escalinatas. Ni siquiera paré al darme cuenta de la tormenta que estaba cayendo, y de las gruesas gotas que comenzaron a calarme hasta los huesos.

-¡Mierda!-Chillé, quitándome el agua que había caído sobre mis ojos. No tenía idea de a dónde ir o qué hacer. Alec estaba allí adentro, probablemente ni enterado de mi pequeña escena, y yo no traía ni mi teléfono celular encima. –Diablos.

-Bella, cariño… -Me paré en seco, y cerré los ojos con fuerza.

-Vete ya. –Mascullé, frustrada y sin poder controlar los sollozos que me recorrían de arriba abajo. –No quiero estar cerca de ti ahora.

-Por favor, Bella. –Me tensé cuando Edward me tomó en sus brazos y me hizo girar, hasta quedar frente a él. Estaba empapado, al igual que yo, pero parecía no importarle. –Por favor, no huyas de mí. No lo soporto más, te amo tanto, cariño-

-Estoy tan enfadada. –Susurré, en medio de mi llanto histérico. –Y celosa.

-No tienes por qué estarlo, cariño, oye… -Edward alzó mi barbilla con su índice, haciendo que lo mirara a los ojos. –Tú eres la única mujer en mi vida, la única a la que he amado, la única a la que amaré por el resto de mi vida, eres la única mujer con la que he hecho el amor. Eres la única.

Solté un sollozo.

-Detesto imaginarte con otras mujeres.

-Lo sé, lo sé, cariño, y lo siento, yo… Diablos, estaba destrozado, no sabía qué hacer. –Edward se inclinó hasta apoyar su frente sobre la mía. –Lo siento, lo siento, amor.

Solté otro leve sollozo, mientras tomaba su empapada chaqueta entre mis dedos.

-Estoy tan cansada.

-Lo sé.

-Estoy harta de pelear. –Sorbí por la nariz, temblando. –De pelear contigo, de pelear contra lo que siento, estoy tan cansada…

-Deja de hacerlo, Bells. –Edward se movió para besar mi mejilla, y luego mi frente, sosteniendo mi rostro entre sus manos. –Deja de pelear conmigo, y deja de pelear contra esto. Sabes cómo terminará, pequeña.

-No quiero…

-Sí, lo quieres. –Susurró, bajando el rostro hasta que sus labios quedaron a sólo un par de centímetros de los míos. –Lo quieres tanto como yo.

Suspiré, abriendo levemente los ojos para mirarlo, allí, empapado, dolido y hermoso.

Lo amaba, y por primera vez sentí el deseo de rendirme, de dejarme ir entre sus brazos y que no me importara qué sucedería luego. Anhelaba con todo mi corazón, mi alma, y mi piel, perderme en él, dejar que me llevara a aquellos lugares a los que sólo él me podría llevar.

Con un último suspiro de resignación, alcé el rostro y busqué sus labios. Edward entendió en un segundo lo que quería, y bajo la cabeza para besarme más profundamente, enredando una de sus manos en mi cabello y rodeando mi cintura con su brazo.

Me aferré a sus hombros, abriendo la boca bajo la suya y entregándome por completo a él.

-Pequeña, mi Bella… -Susurró, deslizando sus labios por mi mejilla y luego por mi cuello, generándome un delicioso escalofrío. –Te amo tanto.

-Y yo a ti. –Susurré lastimeramente, con un hilo de voz, comprendiendo que aquello siempre sería así, y no importaba cuánto peleara contra ese sentimiento, nunca dejaría de amar a Edward Cullen. –Te amo.

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Buenos días, ¿Cómo están? Espero que bien, y que hayan pasado unas hermosas fiestas. Como ya dije, esta es la historia en la que voy a concentrarme por ahora, en mi lento retorno hacia Fanfiction. Lo siento por desaparecerme, por cierto. Este fue mi primer año de Universidad y de verdad que me costó adaptarme, tuve muchísimas cosas que hacer y una vida personal bastante acelerada. De todas formas, voy a intentar no volver a hacerlo.

Muchas gracias por seguir leyéndome a pesar de todo, espero que les haya gustado el capítulo. Debo admitir que estoy enamorada del personaje de Alec como su mejor amigo, y me entusiasma cambiar un poco el cliché del mejor amigo enamorado para convertirlo en un mejor amigo que la adora y la ve como a una hermana pequeña.

De verdad que estoy amando esta historia jajaja. Muchas gracias a todas, de nuevo.

Les mando un abrazo enorme.