ESPERO QUE HAYA ALGUIEN QUE SIGA LEYENDO ESTA HISTORIA! SI NO u.u ES UN MERECIDO CASTIGO POR ESTOS 3 AÑOS D: AHORA QUE TERMINE LA UNIVERSIDAD Y DEBO VOLVERME UNA PERSONA RESPONSABLE, HARE LO IMPOSIBLE POR TERMINAR ESTE FIC ESTE 2015!
POR FAVOR GENTE ESPERO QUE AUN SE ACUERDEN COMO DEJAR UN REVIEW :D PARA SABER SI DESEAN QUE CONTINUE CON LA ADAPTACION O SIMPLEMENTE LA BOTE.. MIENTRAS MAS REVIEWS, MAS GANAS ME DARAN MAS RAPIDO DE SEGUIR ACTUALIZANDO :P
ADAPTACIÓN DE GRACIA Y EL FORASTERO DE GUILLERMO BLANCO, LOS PERSONAS SON DE S.M. YO SOLO CUMPLO EL ROL DE ADAPTADORA, CONSTE QUE EL FIC COMPLETO ESTA DESDE EL PUNTO DE VISTA DE EDWARD.
QUINCE
El miércoles amanecí prácticamente bien. Supuse que, en vista de mi anterior enfermedad, el medico había exagerado los riesgos y las precauciones. Me sentía renovado. A las diez de la mañana estaba en Castuera, mas no conseguí ver a Bella hasta pasada la hora de almuerzo.
La divise, primero, en la ventana de su cuarto, diminuta y alba sobre el fondo oscuro del interior, y luego en la escalinata, bajando, viniendo hacia mi.
-¿Me has esperado mucho?
-Siglos – reí
-Perdóname. Fue imposible salir antes.
Me explicó que su padre había sufrido un acceso de reumatismo y no se había podido levantar.
-Tuve que leerle los diarios de ayer. Una sesión entera del Senado, en la que trataban el proyecto de aumento de sueldos para las Fuerzas Armadas. Y después, una terrible novela policial. A pesar de eso, pasó el pobré en un ay. Ahora se ha quedado dormido.
-¿No despertará con el dolor?
-No. Ha tomado tantos calmantes que, me imagino, tiene para un buen rato.
-Ojalá.
Llevaba todavía los anteojos ahumados, de nuevo, sin justificación.
-¿Cómo sigue tu ojo?
-Mejor.
-Dejame verlo.
-Despues.
-Ayer me dijiste igual.
Sonrió.
-¿Y que quieres verle? Es un rasguño, con algo de morado alrededor. Un machucon vulgar y corriente…, que no me sienta mucho, además.
-Déjame verlo.
Se negó aun, y yo insistí.
-Vaya –protestó -, no iras a sospechar que me lo hizo alguien. No se me había ocurrido la idea, pero ahora que pensé que tal vez el general, el dia en que ella fue a verme… Se lo insinue.
-Hombre, no seas tonto. Fue una ventana, y punto. Ya te conté.
Y luego de una pausa.
-Mira, don curioso.
Se quito los anteojos, y vi que en realidad no era nada serio. La espina, no obstante, me queda adentro: ¿Por qué se defendía Bella de una suposición que yo no había enunciado?
-Y después dicen que la curiosidad es defecto de mujer – se burlo ella.
Estuvimos poco rato juntos. A pesar del oportuno reumatismo del general, no nos sentíamos tranquillos, ni ella ni yo. Además, el propio hecho de encontrarnos a un paso de lo que ya mirábamos como una solución definitiva, nos daba paciencia y nos disponía mejor a la espera.
Eran apena pasadas las cuatro cuando nos despedimos. Habíamos resuelto subir a la capilla alrededor de las seis de la tarde del día siguiente, cuando Bella calculaba su padre se hallaría cansado, reposando.
-Y en la mañana ¿nos veremos?
-No conviene, Edward.
Pensó un momento.
-Tal vez – agregó – podríamos ir juntos a misa. Comulgar.
-Sería maravilloso.
-Mi papa suele despertar tarde. En todo caso, no sospechará que tú puedas venir temprano. A propósito: ¿puedes?
-Por supuesto.
-Entonces, será hasta mañana.
-Hasta mañana, amor.
Me fui con toda calma hasta San Millán. Desde el camino se divisaba, arriba, la antigua capilla del Alto. Se veían también algunos de los muros derruidos del fuerte español. Los miré con cariño, con una suerte de vaga tibieza en el alma. Mi padre me había enseñado a conocerlos y amarlos.
El viento iba llevándose la vaga neblina, y agitaba los arboles del Alto, que se me antojaron penachos de conquistadores.
Recordé los estudios de papa sobre la fundación de San Millán, y me imagine a mi mismo contándosela a Bella, contándole la historia de nuestro pueblo. (¿Por qué necesitaba, ahora, asociar a ella todo lo grato y lo hermoso, todo lo que era emoción íntima?). un eco de bronce resonó dentro de mi. Durante unos momentos cabalgue en la imaginación tras don García Soriano y su hueste escueta de quince hombre, rodeados – ellos y yo – por el inescrutable silencio del contorno.
Me sali del camino. Ya en el bosque, pisando el suelo húmedo, cubierto de hojarasca, me parecía encontrarme de lleno en la alborada de la Conquista; luchar en el encuentro inicial, cuando la algazara ensordecedora de los mapuches rompió, como se rompe un tímpano, la paz arrebujada bajo la sombra del pinar, y comenzó a correr la sangre, y las agujas de los pinos se teñian de roja, y el ámbito del monte oia por primera vez las palabras castellanas, duras, nítidas, viriles: las ordenes, los gritos de ira o dolor, el ruido épico de los hierros que chocaban, o el ruido siniestro, silbante, de los hierros que se hundían en la carne.
Volvi al camino polvoriento.
A poco andar divise las granjas de la orilla del río, y pensé de nuevo en Soriano y los suyos, en el amor con que depositarían en la tierra sus semillas y levantarían sus casa. Me dije que para ellos debió de ser un símbolo poderoso esta fecundación de un trozo de suelo que acababan de regar con su sangre, y que tornarían a regar, ellos, y sus hijos, y sus nietos, con nueva sangre.
Pero, si, al pensar me sentía hablando con Bella, y era como si todas estas imagnes y estas ideas formasen parte de mi permanente comunión con ella. Como si, l tratar de comprender al capitán Soriano, el paisaje, el universo, quisiera en el fondo unirme mas, mas hondamente, a ella.
Eran las siete pasadas cuando llegué. No me detuve en casa, sino que seguí hasta la bodega de don Aro, de la que divisé saliendo al padre Liam. No me vio.
- ¿Venía a hablar contigo? – pregunté después a papá.
- No… - replicó.
- ¿En que andaba?
- En nada… Detrás de una plata para los pobres de su parroquia.
Callé. Lo notaba un poco extraño, y me dije que, de seguro, don Liam no había quedado conforme con nuestra conversación, y venia a prevenirlo. Pero callé. Papá sabría. Si mencionaba el asunto, ya lo discutiríamos. Si no, podría contarle al día siguiente, cuando Bella y yo hubiéramos dado nuestro paso.
- ¿Fuiste a Castuera?
- Si, un rato.
- ¿Sigue difícil Swan?
- No mucho. Tiene bastante que hacer con su reumatismo.
- Ah. ¿Cayó a la cama?
- Si
Me hacia las preguntas con cautela, cual si temiese llegar a un terreno incomodo para mi. Al terreno de mi intimidad. ¿O temía quizá, delatar un temor subyacente, traicionarse?
Ya gente, recuerden hacerme saber cual es el destino que desean para este fic...
Un review hasta de una palabra, "sigue", es suficiente.
Tengan un buen fin de semana, que por lo menos en mi pais (Chile), se descansa pues es el dia del trabajos.
Cariños! :D
