IV Tentación del beso
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El comendador había pedido que las esclavas se retiraran, ya que no necesitaban sus servicios por el momento. A lo que Leoncio miró a Isaura con cierta empatía, hasta el punto de sonreír de lado y esperando a que ella pueda leer el papel que le dio. La esclava sentía como unos penetrantes ojos verdes la devoraban con la mirada, eso le hizo dudar de leer aquel papel que le dieron en su momento; porque todavía tiene ese presentimiento que él intentaría acosarla de nuevo y ella no quiere eso, por lo menos… Que se gane su corazón.
Cuando Juaquina e Isaura entraron a la cocina para acomodar un par de cubiertos y lavar otros, la anciana no dejaba de mirar a su pequeña e inocente niña. Tan pura, tan frágil que no le gustaría verla con Leoncio, es más prefiere que se aleje de ese hijo del diablo. Porque no cree nada de que las personas pueden cambiar.
—Mi niña, ten cuidado con el señorito —le advirtió la anciana, mientras que secaba los cubiertos.
—Lo sé, Juaquina. Ahora que el señorito va a casarse, es mejor alejarse — contestó la joven sintiéndose triste.
— ¿Por qué estás triste, mi niña? —preguntó, estando desconcertada al escuchar esa voz quebrada.
—Es que cada día, sueño mi libertad, mi madrina quiere que me case con un hombre de la alta sociedad y así poder obtener mi libertad —respondió, al aclararse la garganta. Isaura sabe que su madrina quiere verla casada con un joven caballero, que tenga dinero y bueno, también que surja ese amor el uno hacia el otro. —Mi madrina no quiere que me case por amor.
—Mi niña, esas cosas pasan cuando vas conociendo a esa persona con el tiempo, ya va llegar ese joven caballeroso —insinuó Juaquina, cuando le daba pequeñas palmadas en la espalda de la muchacha —Pronto aparecerá ese caballero que tanto deseas.
En ese momento, Isaura se quedó perpleja al imaginar a Leoncio con un ramo de flores de su persona. Sosteniendo su sombrero de copa y su bastón en su mano derecha, mientras que en la otra lleva el ramo; ella pestañeó dos veces, creyendo que todo es un producto de su imaginación y sí, lo era. Trató de respirar profundo y exhalar al sentirse acalorada, también sus mejillas habían tomado un color algo más rojizo, sintió un escalofrío por tener otra visión de sus sueños.
Ella se sentía tan perdida, que sus latidos retumbaban como un profundo eco… ¿Acaso le sigue gustando Leoncio? ¿A pesar de ser alguien…Malo?
La esclava aprovechó en leer el papel que le había entrado el señorito, obviamente, Juaquina ya no se encontraba en la cocina, sino afuera junto con el padre de André. Abriendo su puño, agarró el trozo de papel y lo fue leyendo, una caligrafía tan bonita y prolija, incluyendo esos trazos de tinta negra… La recordaba tal cual, como aquellos tiempos en donde se escribían cartas entre ellos. Sintió una pequeña corazonada al ir leyendo una petición;
Isaura, ven al escritorio de mi padre. Creo que encontré algo que nos puede interesar, tiene algo que ver con nuestro pasado.
Leoncio A.
Cuando ella terminó de leer, decidió ir cuidadosamente y sin ser vista, hacia la planta alta de la casa. Por suerte, los esclavos estaban circulando hacia afuera, podía escuchar las voces de Almeida y de Gertrudis que se encontraban hablando afuera de la casa, al parecer estaban hablando sobre los preparativos para el Sarao en donde sería la fiesta para celebrar el compromiso de Malvina y de Leoncio. Isaura miró de izquierda a derecha en los recorridos del pasillo, solo podía escuchar a Rosa barrer en la plata baja, sosteniendo su amplio vestido con ambas manos continúa caminando hasta llegar casi al final del pasillo, en la puerta de la izquierda; en donde se encuentra el escritorio del comendador.
La puerta se abrió de golpe y alguien la agarró del brazo para arrastrarla hacia adentro de la habitación. Leoncio le tapaba la boca con su mano izquierda y en la otra sostenía un sobre abierto.
—Isaura, silencio —siseó él, estando un poco molesto. Porque aquella joven casi grita al momento que la agarra.
—L-Lo siento, señorito Leoncio —se disculpaba, sintiendo un leve calor en sus mejillas. Más que nada, por la proximidad de ambos y centímetros del uno al otro; Isaura se encontraba retenida contra la pared, mientras que Leoncio seguía tapando su boca con la palma de su mano.
Los recuerdos del sueño que aquella joven había tenido en esta mañana, le jugaban una mala pasada, sentía que todo estaba en su contra, estando ellos solos en esta habitación. Escondiéndose del resto, ella sin saber por qué o quizás sí, pero trata de no creer que fuera por algo íntimo. Mientras que el otro sí lo sabe, descubrió las cartas que ella le mandaba a él y viceversa. Isaura se perdía en esos orbes verdes, con alguna mezclilla de color café, en cambio, Leoncio no dejaba de mirar esos inocentes orbes cafés que hacían contacto visual y parecía que trataban de descubrir algo entre ellos; el brillo especial de Isaura y ver esas mejillas coloradas podía admitir que tenía una bella vista, en parte esa imagen tal cual la recordaba como hace años atrás.
Tan bella, tan inocente…tan frágil, tan…Angelical. ¿Por qué aquella esclava no era su propuesta matrimonial? El amor a primera vista, cada vez se hacía más fuerte para ambos, en especial, para él que estaba sufriendo lentamente por las obligaciones que debía tomar con respecto a su deuda. Sí, él le quitaba su mano de la boca, tiene la certeza de que una locura podría cometer con tan solo besarla. El joven sentía una molestia en su entrepierna y claramente, en parte sí parecía ser un buen momento pero por otro, no, ya que su padre podría aparecer en cualquier momento.
—Isaura, m-me gustaría…B-Besarte —él parecía tartamudear, más que nada por la pequeña molestia y esas ganas que estaban despertando dentro de su ser; intentaba no imaginar un encuentro íntimo con ella.
Isaura sintió un profundo latido, sus piernas temblaban al escuchar como un hombre la deseaba tanto y ella, sabiendo que no es correcto, porque lo primero sería el compromiso. Tiene pocos recuerdos en donde la joven estaba un poco más apegada a Leoncio, que por desgracia nunca llegaron a besarse porque Gertrudis pasaba la mayor parte con ella. Y, el joven estaba siendo controlado por su padre, ya que le hablaba sobre su futuro y sobre la hacienda.
Despacio, el joven quitó su mano de esos labios carnosos y sin dejarla que pronuncie alguna palabra, él aprovechó la ocasión para besarla de manera fogosa. Por más que ella trató de resistirse, se dejó llevar por la tentación de aquel beso; sentía que lo necesitaba para diferenciar aquel sueño, de la realidad. Leoncio insistía en quitarle el vestido pero no podía, la manoseaba por arriba de la ropa, sintiendo como ella trataba de detener con sus manos tras unirlas con las suyas.
—Isaura…—murmuró su nombre, cada vez que pausaba sus besos a algo más tierno —Te deseo…Te deseo tanto, mi amor.
—S-Señorito, no podemos te vas a casar — le dijo al sentir como él besaba parte de su cuello, también el bigote le hacía cosquillas —Y-Yo no soy como Rosa, primero conquista mi amor.
La respiración de aquella esclava parecía algo agitada, el joven se detuvo en seco al escuchar esas palabras de ella. Leoncio se maldecía mentalmente por haberse distanciado de Isaura, teniendo la oportunidad perfecta para desflorarla. Sin embargo, recorre aparte de la habitación, dándole la espalda a la esclava; se acomodaba su traje y luego, se peinaba con la palma de su mano, parte de su cabello despeinado.
—Y, justo quería decirte que seas mi amante —le dijo, al mirarla de reojo.
— ¡Señorito, no! —Espetó la joven, quien se acomodaba los pliegues de su vestido —No es correcto. Además…
— ¿Sí? — se acercó hacia ella para agarrarla de la mano.
—Debe casarse con la señorita Malvina, si la situación fuera otra cosa…— habló, sin apartar la mirada de sus manos siendo agarradas con delicadeza —Te diría que conquistes mi amor y que me demuestres que no eres el hijo del Diablo.
En ese momento, el muchacho se rió de manera juguetona y algo sarcástica por recordar su apodo entre tantos esclavos de la hacienda.
—Todo demonio tiene el pecado de enamorarse de un ángel —comentó este, sonriendo de lado y de manera sínica —Isaura, a pesar que no acepte un no como respuesta…Creo en el amor a primera vista.
La joven vio a lo lejos y sobre el escritorio algunas cartas sobre la mesa, frunció el ceño por el desastre que el señorito estaba haciendo.
— ¿Qué es todo eso? — preguntó, sintiendo curiosidad.
Leoncio le agarraba de la mano y la guiaba hasta el escritorio de su padre, en donde algunas cartas tenían sus nombres tanto el de ella como los de él. Isaura se sintió rara al ver todas las cartas sobre la mesa, una mezcla de tristeza, angustia y melancolía reflejaban en esos orbes cafés oscuros. Eran las cartas que ellos se enviaban en el pasado, después de las vacaciones, de las fiestas de Navidad y Año Nuevo.
—Descubrí que en Navidad, fue la última carta que recibí de tu parte, Isaura —informó Leoncio, mientras tragaba saliva e intentaba calmarse, porque sentía una cantidad de ira acumularse en su interior.
—…Así es — afirmaba ella, desviando la mirada y agarraba con cuidado algunas cartas para leer lo que él le escribía —Me prometías tantas cosas en aquellos tiempos…Incluyendo mi libertad.
—Pero si te casabas conmigo —aclaró, manteniendo una voz más serena y frívola —La última carta que me mandaste… Me pedias claramente que termine mis estudios y que me olvide de ti… ¿Por qué Isaura?
—El comendador me pidió que escriba eso, mi madrina me decía que no es correcto hablar con su hijo y más cuando me prometiste amor eterno —confesó, mientras que su voz se iba quebrando al ir contando su experiencia —El comendador, me prohibió y me castigó encerrándose en una celda por hablar contigo. Soy una esclava y tú eres un caballero, alguien de la sociedad.
—Te prometí que te iba a dar tu libertad, Isaura… Créeme, una vez que trato de ser…Bueno —musitó Leoncio, al besar las manos de la esclava —Y-Yo te amo, Isaura.
—No es correcto que te enamores de mí, señorito —contradecía, al distanciarse de él.
— ¡Te dije que es Leoncio! — Exclamó, golpeando la mesa —Quiero que leas todas estas cartas, yo no quería que esto pasara. No quiero casarme con Malvina, no la amo.
—Pero…Es la verdad. ¡No podemos estar juntos!
— ¡Cállate! —Exclamó el joven, al taparle la boca con la palma de la mano —Tú negación Isaura; no solo me irrita, sino también me entusiasma más en querer estar contigo, por las buenas y hasta…Por las malas.
Leoncio sentía la necesidad de bajar parte de la tela del vestido, en el lado del hombro derecho de Isaura; sus intenciones eran de besar esa hermosa piel de porcelana, poseerla en este preciso momento, aunque cada vez que se insinuaba hacia ella, algo frenaba sus instintos y ese deseo lujurioso de posesión hacia su merced. Como si una voz interna suya, le impedía hacer tales actos con ella, no después de la última vez que se insinuó. Obviamente, esa voz le pedía que sea más consciente y que la respete, más sí Isaura confesó parte de sus sentimientos hacia él.
Él decidió retroceder y quitarle la mano de su boca.
Ella se sentía un poco insegura, todavía sigue desconfiando en Leoncio, más que nada por su comportamiento tan cambiante. A lo que él creé que es "romántico" hacia una actitud más "posesiva" hacia su merced; a veces tenía miedo de él y teme que algo malo haga ella. Por otro lado, sintió una suave caricia sobre su mejilla, las yemas de sus dedos hacían un ligero contorno desde la frente hasta llegar por la barbilla de su rostro. Isaura experimentaba otra vez, esas extrañas sensaciones algo contradictorias y que hacían querer cambiar de opinión sobre el señorito; calor, la necesidad de que él continúe con esas suaves caricias, de que la bese… Que la abrace y sobre todo, que la seguridad de sentirse cómoda y protegida a su lado.
"Entonces, ¿Así se siente? cuando la persona que tanto amas con sus defectos, también corresponde ese amor" se dijo en sus pensamientos, cuando sus párpados se abrieron para encontrarse con esos ojos verdes claro, que la miraban con alguna mezcla de suavidad e intensidad por esa pizca de lujuria hacia su merced.
Se notaba cuando Leoncio tenía sus instintos y deseos lujuriosos activados.
Él se distancia de ella para agarrar del escritorio las cartas que había sacado entre los cajones.
—Quiero ver que te lleves todas las cartas y yo me llevo las tuyas —ordenó al entregarle unos diez o quince sobres. Él hizo lo mismo, guardó algunos sobres para tener en cuenta al momento de comparar la existencia de alguna falsificación.
Antes de que Leoncio se fuera, tenía que ir a revisar los preparativos. Le dio un suave beso en la mejilla de Isaura, dejándola desconcertada y perdida en sus pensamientos.
—Quiero que hoy toques el piano, también quiero verte en una de las habitaciones de la planta alta —le ordenaba, en tono sereno.
—Me va doler, verlo con otra mujer —murmuró en voz baja, desviando su atención hacia las cartas que sostenía entre sus manos. Ella no quería llorar, pero sus ojos se cristalizaban al saber que nunca serán felices porque él estaría casado y ella esclava hasta que ese señorito tenga descendencia.
— Entonces. Sé mi amante, Isaura —sugirió Leoncio, sonriendo de manera cínica.
Isaura abrió sus parpados a la par, estando sorprendida por la sugerencia tan descabellada de parte de él, aunque viniendo de su parte le parecía algo obvio que se lo sugiriera.
— ¿Acaso está loco, señorito Leoncio!? —reaccionó la joven un poco alterada, ante tal propuesta.
—Isaura, te dije que me digas Leoncio, así en la intimidad — dijo él, cuando su sonrisa desapareció al volver escuchar esas formalidades —. Era una broma Isaura, ¿Qué puedo hacer para que no llores?
La esclava se sonrojó al escuchar un tono más sereno y suave por cómo él se dirigía hacia su merced —; No lo sé. Desearía que las cosas terminaran de otra manera.
—Digo lo mismo, Isaura —comentó sin apartar la mirada hacia Isaura —Me hubiese gustado que esto fuera diferente y que terminé de otra manera.
—Dios, nos pone en el camino del otro por alguna extraña razón —habló ella, sonriendo de lado.
Leoncio sintió un profundo latido y trató de ignorar esas palabras o sermones "religiosos" de su esclava favorita. Aunque verla así, hablando de esa manera, se acordó de su madre cuando le hablaba así en su niñez. Por unos segundos, tuvo la corazonada de que quizás… Solo quizás, ambos estén representando la juventud de sus padres: El comendador Almeida y Gertrudis. ¿Y si fue así la historia de sus padres? Un amor imposible que pudo ser posible. ¿Quién sabe? Tal vez, su padre tenía otro compromiso pero él estaba enamorado de su madre, Gertrudis, habrán tenido sus propios obstáculos incluyendo cuando su madre deseaba profundamente tener hijos pero los perdía dos meses o quizás semanas después.
—Nos vemos luego, Isaura. Pero quiero hablar sobre mis cartas, en la primera habitación, que está en la derecha.
—Sí, seño…Digo, Leoncio —asintió, para retirarse junto con él de la habitación.
Continuara…
N/A: Se viene la fiesta del compromiso, quiero confirmar que van a ser veinte capítulos de este fanfic. Quizás algunos no les esté gustando el giro que le estoy dando a Leoncio o quizás no, si es así igual me disculpo. Trato de no joder mucho las personalidades de los personajes. Muchas gracias por el pequeño apoyo que le están dando a esta historia, se los agradezco :3
¡Saludos y cuídense!
Atte. J.H ©
