Capítulo 24
Votos de amor
Afuera era un ajetreo. Podría escuchar a la organizadora de bodas como repartía órdenes a diestra y siniestra casi al borde de la locura. Incluso repasando la posición de las únicas dos damas.
Una pequeña risa se le escapó de los labios cuando escuchó a Jacky protestar en contra de la organizadora justo al otro lado de la habitación.
― ¡Mi corbata está perfecta, querida! – respondió de forma indignada ― ¿Cómo qué no?
― ¡Jacky!
El resto del grupo lo cayó y ya no se volvió a escuchar ninguna protesta más en contra de la mujer. Probablemente habían decidido darle tregua y dejarla hacer su trabajo.
Suspiró al ver el par de anillos qué llevaba en su dedo corazón. Parecía que había sido ayer cuando Inuyasha le propuso matrimonio junto con la pequeña Kenna en uno de esos viajes de excursión, sin mencionar que estaba rodeada por todos sus amigos los cuales fueron cómplices y testigos de aquel momento.
Flashback
Era la tercera vez que salía de excursión en "Lucy" pero por algún motivo extrañamente aparente se sentía un poco incomoda y no sabía con exactitud la razón. Las maletas habían encajado a la perfección en el compartimiento de arriba, aunque no veía la necesidad de cargar con tantas, ya que solo serían dos días.
La que sin duda parecía animada por el viaje era Kanna. Tomó asiento en el vehículo y se dedicó a observarla. Tal parecía que este era su primer viaje en coche ya que no paraba de observar cada detalle y si, tomaba una que otra foto. Si supiera que antes era una simple chatarra que nadie quería, pero que ella la vio como un tesoro y poco a poco se fue construyendo. Todo gracias a su hermano, quien se la regaló con cariño.
― ¿Te gusta?
La niña levantó la vista de uno pequeño gabinete y asintió con una sonrisa.
―Es muy bonita.
Kagome le devolvió la sonrisa y observó su reloj. Faltaban aproximadamente veinte minutos para partir y no veía a ninguno. Inuyasha estaba arriba en su despacho arreglando unos asuntos de fiscalía y bueno, el resto de sus amigos aún no se dignaba en aparecer. Algo que se le hizo extraño, ya que ellos jamás la acompañaban en sus expediciones ya que preferían las comodidades y tecnología que ofrecía la ciudad en comparación de estar unos días rodeados de naturaleza.
Si no estaban aquí en diez minutos se montaría en Lucy para iniciar el recorrido.
Pero no fue necesario, pues el coche de Jacky se aparcó justamente detrás de la camioneta. En cuando Kanna lo vio por la ventanilla de atrás salió corriendo en su encuentro. Él se puso de rodillas para recibir a la pequeña y le dio varias vueltas en el aire.
― ¡Bájala! ¡La vas a marear!
Pero él hizo caso omiso. Kanna rodeó con sus pequeños brazos el cuello de Jacky y lo vio discutir con Kagome.
―No es mi culpa que ahora yo sea su tío favorito. ¡Sopórtalo!
La verdad es que no había nada que soportar. Él se había ganado fácilmente a Jacky, así como el resto del grupo. De hecho, esa niña cohibida que conoció en el pasado poco a poco se fue dejando atrás. Ahora era mucho más abierta y expresiva, mostrando de vez en cuando empatía con los demás.
― ¿Quién es tu favorito, Kanna? ― le preguntó Jacky ― ¿Kagome o yo?
En eso, apareció Erick con una caja de cervezas y la empujó en el interior de la camioneta.
―Eso es fácil, soy yo.
Ahora la que le ofrecía los brazos era él y de inmediato la niña corrió en su dirección. Algo que hizo fruncir el cejo a Jacky.
― ¡Traidora!
Kagome rompió a reír cuando ese par comenzó a discutir por el cariño de Kanna. Le daba mucha alegría que por fin su mejor amigo se hubiera animado a profundizar más esa relación. Erick también había llegado para hacerle la vida más alegre a Jacky.
En seguida otro coche se estacionó atrás del coche de Jacky y en seguida bajaron Sango y Kikyo, uniéndose al grupo. Jacky al verlas no perdió la oportunidad de discutir con la CEO.
―Tu coche es muy lento. Llegamos primero que ustedes.
―Y el tuyo necesita una bombilla para funcionar.
Desde luego que todos, exceptuando a Kanna tomaron eso como un doble sentido. El chico abrió la boca en forma de "o" y ofendido, se llevó una mano al pecho.
―Pues no he oído quejas al respecto – le guiñó un ojo – Al contrario, me dicen que mi coche está en perfecto estado. Que es una fiera en comparación de un Ferrari.
Kagome le cubrió los oídos a Kanna y reprendió a sus amigos.
― ¡Ya basta! – les señaló con la mirada a la niña – Hay menores presentes.
―Pero si solo hablábamos de coches.
La protesta de Jacky resonó en todo el estacionamiento, pero se aclaró la garganta al ver la mirada fulminante de su amiga y decidió guardar silencio.
Kikyo estiró los brazos y bostezó un poco.
― ¿Ya será que podemos irnos?
―Aun no, mi papi está buscando el anil…
Pero cuatro pares de ojos la miraron y al comprender que estaba a punto de cometer un error decidió guardar silencio. Rogando porque Kagome no se hubiera dado cuenta de ello. Afortunadamente Inuyasha salió del edificio y todos, exceptuando a su hija y a Kagome aplaudieron.
Kagome no perdió oportunidad de analizarlo, tenía un semblante un poco pálido, como si algo le preocupara. Sabía que no era momento de hacerlo, así que esperaría a tener la oportunidad de preguntar.
―Nos preguntábamos cuando iba a aparecer, señor fiscal – comentó Jacky.
―Estaba arreglando unos asuntos, Jakotsu.
―Para ti y los amigos soy Jacky.
Tuvo un recuerdo muy vago cuando lo conoció, pues la primera vez le había coqueteado. Pero en esta ocasión, su novio Erick lo tomó del brazo y se lo llevó directo al coche, para así emprender la marcha de una vez.
― ¿Me puedo ir con Jacky, papá? – preguntó Kanna
―Yo… ―Observó el coche del amigo de Jacky y posteriormente a su pequeña.
Observó el coche del amigo de Jacky y posteriormente a su pequeña. Pero en esta ocasión su mirada era analítica, observaba todo a su alrededor. Prefería tenerla junto a él, así sabría dónde estaba y sobre todo podría protegerla si algo pasaba.
―Preferiría que vinieras con nosotros.
Una pequeña mueca de decepción se dibujó en el rostro de la niña y Jacky tuvo que intervenir.
―No sucederá nada – aclaró él, tomando de la mano a la niña – Además, mi sobrina ira bien cuidada tanto por Erick como por mí.
Sintió el brazo de una persona apoyada en su hombro y vio a Kagome, sonriendo para calmarlo un poco. Ya que ella misma había notado esa inquietud en el fiscal.
―No hay nada que preocuparse. Jacky es buen conductor.
Después de tanto analizarlo asintió y lo último que vio fue como su hija se alejaba agarrada de la mano de su "tío" con una sonrisa en los labios. Un profundo pesar lo invadió al ver que cada vez se estaba haciendo un poco más independiente y tomaba sus propias decisiones.
Tomó el lugar del conductor y antes de dar marcha al auto, leyó detenidamente el mensaje de texto. Frunció el cejo cuando iba pasando las líneas y rápidamente envió su respuesta.
― ¿Todo va bien?
Guardó su móvil en su chamarra y sonrió, pero dicha sonrisa no reflejaba ningún sentimiento en sus ojos dorados.
―Perfectamente bien dulzura.
Si bien lo había dicho para tranquilizarla presentía que le estaba mintiendo. Esa mirada de preocupación se quedó marcada a fuego en su mente ya que nunca lo había visto de ese modo. Tal vez tenía algo que ver su nueva función como fiscal y la responsabilidad que estaba bajo sus hombros.
En cambio, Inuyasha había planeado esa excursión durante todo el mes. Sobre todo, tuvo que hacer un esfuerzo humano por convencerla. Le pidió apoyo a Jacky para que lo ayudara y con eso tuvo que revelar sus intenciones, de ahí todo fue un chisme de radio pasillo porque llegó hasta la misma Kikyo. No se enfadó, sino más bien les agradeció su apoyo ya que en conjunto organizaron todo lo que sucedería en ese viaje.
Por el otro lado comenzaron a llegarle extraños mensajes anónimos, los cuales ya estaban bajo investigación, pero sin resultado aún.
Habían dejado el grupo para en busca de leña, al parecer la única que sabía de excursiones era ella ya que para el resto era la primera vez que lo hacían. Pero eso no dejaba de preocuparse por dejar sola a Kanna con el resto.
―Estará bien.
Se sobresaltó al escuchar la voz de Inuyasha a sus espaldas y se apartó un poco. Ahora era él quien la tranquilizaba. Pero estaba más preocupada por sus amigos que por la propia Kanna. Ya que era una niña muy ocurrente y probablemente pondría en jaque a uno que otro.
―No me preocupo por ella si no por los demás.
Adicional contempló los troncos de madera que lleva entre sus brazos su novio, el fiscal.
―Esos troncos están húmedos. De nada te servirán para hacer una fogata.
Pero la sonrisa que le regaló Inuyasha la hizo ponerse nerviosa en cuestión de segundos. A veces odiaba que la mirara así, porque era plenamente consciente que terminarían cometiendo una completa locura.
Apiló los troncos en un rincón y comenzó a avanzar lentamente hacia ella, al grado de acorralarla en un árbol. Kagome solo era capaz de ver sus ojos dorados y aquellos labios que la incitaban a besarlos. La cordura le decía que no era el lugar ni momento para hacer algo aquí, ya que a pocos metros estaba el grupo y no deseaba que Kanna pudiera ver una muestra del inmenso cariño que se tenían.
Pasó una mano por melena y la posó en su mejilla.
― ¿Qué tan húmedos se necesitan estar?
Ante esa pregunta que cobraba doble sentido la hizo morderse el labio inferior.
―Inuyasha…
Su protesta se ahogó ante un ligero beso que no duró menos de diez segundos. Dado que él se había apartado y comenzaba a recolectar troncos, esta vez que cuidando que no estuvieran húmedos.
―De prisa señorita. Nos esperan con la leña.
No sabía porque, pero esperaba que la persuadiera un poco más a hacer algo aquí dentro del bosque y debía admitir que estaba profundamente decepcionada. Así que ya no dijo más y continuaron con su encomienda.
Tras volver de recolectar leña y demorarse un poco más por otros asuntos personales, no esperaba ver lo que estaba frente a sus ojos.
Los troncos de leña se resbalaron de sus manos al ver las grandes letras led que formaban la palabra "Marry Me". En medio de ella se encontraba un corazón rojo iluminado con luces rojas y todo el conjunto adornado por globos blancos y dorados. A un lado estaban sus amigos y en medio de las letras se encontraba la pequeña Kanna.
Su mirada iba de las letras a Kanna y de sus amigos, quienes sin duda habían planeado todo esto.
Inuyasha pasó a un lado de ella y se colocó junto a su pequeña, la cual sacaba algo de su bolsita para entregárselo.
― ¿Quieres ser mi mamá?
La niña abrió la cajita y revelo en su interior un anillo de princesa en color rosa chicle en forma de corazón. Ante tal ternura no pudo evitar sonreír. Pero la sorpresa no paraba ahí porque ahora era el turno de Inuyasha, el cual esta vez le mostraba un anillo de oro bañado en plata y un diminuto y elegante diamante.
Todo era silencio, experto por el ulular de un búho y de los grillos, pero fuera de eso el grupo permanecía callado ante la expectativa de una respuesta por parte de Kagome.
― ¿Tú lo planeaste? ―preguntó en un tono bajo qué sólo era audible para él, Kanna y ella.
Inuyasha se encogió de hombro.
―Entre todos – respondió en un susurró ― ¿Entonces dulzura? ¿Aceptas pasar el resto de tu vida con nosotros?
Le causo ternura cuando cargó a Kanna para que estuviera a la altura de ellos y pudiera escuchar la respuesta. Al fin de cuentas la propuesta era de los dos.
Lagrimas brotaban de sus ojos, sus palabras se atoraban en la garganta ante todas las emociones que experimentaba. Lo único que fue capaz de hacer para dar su respuesta era mover su cabeza de arriba abajo.
Todo terminó con un abrazo de tres y los gritos eufóricos del resto del grupo.
Miró ambos anillos. El que le había dado Kanna y el de Inuyasha. Sin duda su favorito era el rosa chicle qué la pequeña le había obsequiado.
―Este es mi favorito.
Fin flashback.
Se puso de pie y contempló su figura en un espejo de cuerpo completo. Sonrió al ver el magnífico vestido de novia que llevaba. Había sido un odisea dar con él. Romántico, con ligera falda de tul. Los delicados pétalos y el ramaje de encaje decoran el corpiño y la espalda con sofisticación.
La puerta continua a la otra habitación se abrió y de inmediato sus amigos empezaron a entrar.
― ¡No puedo creerlo! – Sango se llevó una mano al pecho al verla.
― ¡Santo cielo! – Jacky empujó a Kikyo y a Sango para abrirse y ser el primero en darle un abrazo – Cuando tu fiscal te vea no va a dudar en querer arrancarte ese vestido con los dientes.
― ¡Jacky! – exclamó apenada, dándole un golpecito en el hombro.
―Y pensar que fue ayer cuando nos pusimos ebrios en mi departamento y me pediste que si en cinco años no estábamos casados haríamos hijos bellos.
Claro que lo recordaba. Jakotsu siempre había estado con ella en las buenas y en las malas. Por algo eran tan inseparables, porque ambos sabían que estarían ahí uno para el otro.
―Gracias – lo abrazó como lo hacía una hermana a un hermano – Por siempre estar a mi lado.
―Siempre podrás contar conmigo, pequeña.
―Por cierto, no entiendo como tu prometido tiene rodeado todo el lugar de puros guardias ―comentó Sango.
Ni ella misma sabía el porqué, tal vez como era fiscal debía tener cierto tipo de seguridad.
―No sé, tal vez porque ahora es fiscal.
― ¿Qué? – Jacky curvó la boca ― ¿Está protegiendo a un mafioso Italiano?
Kagome frunció el cejo, desde luego que no. Inuyasha era un hombre justo y sobre todo un hombre que siempre buscaba justicia. Realmente no lo veía involucrado en eso. Sin quieres protestar con su amigo fue a una mesita de noche y sacó un papel que contenían los votos. Esos que diría frente a miles de personas. Unos votos que había planeado con mucho amor y cariño.
XXX
Levantó a Kanna para sentarla sobre una mesita redonda adornada por un florero con azares blancas.
Contempló a su pequeña y no puedo evitar sonreír. Se veía hermosa con su vestido rosa y una diadema de flores lilas. Estaba emocionada por ser ella quien llevaría los anillos.
Pero a él acudió un recuerdo. La vez que el doctor se la había entregado en sus brazos al nacer, con un peso de 2.400 kilos y una medida de 49 centímetros la hacían la bebé más pequeña. Era tan temía apretarla de más y hacerle daño. Cuando sus ojos se abrieron y compartieron una larga mirada, supo sin duda alguna que la protegería y amaría siempre y a la fecha lo estaba cumpliendo.
― ¿Qué tal?
Giró sobre sí mismo mostrando su esmoquin. Kanna observó a su papi de arriba abajo y jamás se le había parecido tan atractivo como hasta ahora.
―Pase lo que pase siempre serás mi primera chica ¿Lo sabes?
Kanna asintió y volvió abrazar a su papi.
―Te quiero, papi.
Llamaron a la puerta y la organizadora de la boda entró a la habitación seguida de sus padres.
―Disculpe la interrupción señor Taisho. Pero ha llegado el momento. Necesito llevarme a su hija.
La bajó de la mesa, Kanna caminó hacia la mujer, pero cuando intentó tomarla de la mano ella se la retiró. Le hizo una señal a uno de los guardias que custodiaban la puerta y él las siguió a muy poca distancia.
― ¿Te preocupa algo? – preguntó su madre cuando se quedaron solos.
Evitó esa pregunta con una sonrisa, no debía preocuparla.
―Para nada.
Pero sabía que, si debía hacerlo y más preocuparse tanto por Kanna y Kagome, por eso había mandado a custodiar su habitación.
Kanna estaba frente a la puerta con una canastita repleta de pétalos blancos. Estaba junto a la organizadora esperando por la novia. Sus ojos se iluminaron cuando una puerta se abrió y de esta salía una mujer alta con un hermoso vestido de novia, la cual iba acompañada por su padre.
Dejó la canastita en el piso y no pudo evitar correr a ella, ignorando las protestas de la mujer que dejaba atrás. Kagome se agachó para recibirla y así ambas se fundieron en un abrazo.
― ¡Qué bonita te vez! – comentó ella – Pareces una princesa.
Kagome la volvió abrazar con todo el amor que sentía por esa pequeña. Rogándole al cielo porque fuera la madre que ella necesitaba.
―Y tu una pequeña princesa.
Otra vez la organizadora los acomodó por orden, contando las horas por que este evento se terminara. Pero aun así no podía quejarse, el fiscal le había pagado generosamente así que todo era soportable.
Los presentes se levantaron cuando la novia entró y avanzó hacia el altar. Kanna iba un poco nerviosa, manteniendo la concentración en ir tirando los pétalos. Su abuela Izayoi la tomó de la mano y la sentó a su lado justo cuando llegó al final. Tomó asiento y contempló como su futuro abuelito entregaba la mano de Kagome a su padre.
Realmente parecía un cuento de hadas, el altar estaba adornado por un arco repleto de flores, los amigos de Kagome se habían colocado del lado de la novia como damas y caballeros de honor (en el caso de Jacky y su novio).
Llegó el momento de leer los votos, la primera que los tenía que decir era ella. así que, sin dudarlo, miró a Inuyasha, pero se desvió y contempló a Kanna. Haciéndole una señal, la invitó a pasar al altar junto a ellos. Dudó un poco, pero su padre la animó. Dio unos pequeños pasos para colocarse junto a su papá. Lo miró confundida y luego a Kagome, la cual ya estaba de rodillas frente a ella, mientras que Jacky sostenía el ramo.
Kagome estiró sus manos y aguardó un poco a que la pequeña uniera las suyas con las de ella.
―Hola de nuevo.
―Hola – respondió ella.
Todos los que estaban a su alrededor iban desapareciendo uno a uno, incluso su propio padre. Era como si las únicas que ocupaban ese espacio eran ellas dos.
―Estos votos son para ti y no fue fácil elegir cada palabra.
Era verdad, había ocupado toda una noche en ir armando cada uno de ellos.
―Sé que no estuve allí el día que llegaste a este mundo. Mucho menos cuando diste tus primero pesos o sonreíste por primera vez. No estuve allí para verte dar tus primeros pasos o escuchar tus primeras palabras.
Un fuerte sollozo inundó el lugar, pero eso no le dio importancia, su concentración estaba en esa pequeña niña que la miraba con brillo especial bajo esos ojos dorados.
―Pero te prometo que estaré allí para muchas más de tus primeras experiencias. Prometo no perderme ninguno de tus logros.
Ahora sí que una lagrima comenzaba a inundar el pequeño rostro de Kanna. Kagome con ternura se lo retiró.
Inuyasha se cubrió la boca con una mano para evitar decir o hacer algo. Realmente eso lo había descolocado ya que no se lo había esperado.
―Prometo amarte como si fueras mi hija. Te prometo que seré la mejor madrastra que tú necesitas y sobre todo la mejor amiga. Te prometo que a partir de ahora voy a cuidar de ti y de tu papi.
Finalizó ella llevándose un aplauso por parte de todos los presentes, al mismo instante en que Kanna la abrazaba con fuerza. Kagome se levantó con ella en brazos y miró a Inuyasha.
―A ti te amo y acepto.
Para él esas últimas palabras contaban como voto de amor, porque no había mejor prueba que una mujer que amaba a una hija que no era de ella.
Acortó la distancia que los separaba y se fundió en un abrazo con las dos mujeres que amaba en esta vida. Sellando así el inicio de un futuro para los tres.
