Capítulo 13:

Francisco ¿Ex?

ult. vez a las 22:56

"Ayemi, no se que te sucede, no entiendo el porque me estás ignorando. Si estas enojada conmigo, quiero que me lo digas, así que te pido por favor que cuando tengas tiempo me contestes los mensajes o aunque sea las llamadas. Te extraño demasiado mi amor"

Ayemi leyó el mensaje de Francisco una vez más, sintiendo una mezcla de tristeza y culpa. Sabía que no estaba siendo justa con él al ignorar sus mensajes y llamadas, pero tampoco podía negar sus propios sentimientos confusos.

Ayemi se encontraba en una encrucijada emocional. Por un lado, sentía una conexión especial con Kouichi y deseaba poder explorar esos sentimientos. Por otro lado, estaba comprometida en una relación con Francisco, quien la esperaba en Italia.

Con el corazón apretado, Ayemi se sentó en su habitación, mirando fijamente el mensaje de Francisco en su teléfono. Los sentimientos de confusión y culpa la abrumaban. Sabía que estaba ignorando a Francisco y no estaba siendo justa con él, pero también se sentía atraída por Kouichi de una manera que no podía explicar.

Ayemi se mordió el labio inferior mientras su mente se llenaba de preguntas sin respuestas. ¿Qué estaba pasando realmente? ¿Por qué Kouichi había despertado sensaciones tan intensas en ella? ¿Era posible amar a dos personas al mismo tiempo?

Se levantó de su lugar y comenzó a pasear por la habitación, inquieta. Cada paso que daba solo aumentaba su confusión. Quería hablar con Kouichi y contarle lo que estaba sucediendo, pero también temía las consecuencias que eso podría tener.

De repente un golpe en la puerta hizo que Ayemi saliera de sus pensamientos. La muchacha se acercó a su puerta y la abrió y su rostro se iluminó al ver a Kouichi parado frente a ella. Una amplia sonrisa se dibujó en sus labios y sus ojos brillaron de felicidad al encontrarse con él.

"¡Kouichi!" exclamó Ayemi emocionada, mientras se lanzaba hacia él y lo envolvía en un cálido abrazo.

Kouichi correspondió al abrazo, sintiendo la calidez y la felicidad que irradiaba Ayemi. "Ayemi, realmente me alegra verte y estar cerca de ti", dijo con una sonrisa pelinegra, sin soltarla.

Ayemi se separó un poco para mirarlo a los ojos, su rostro ligeramente sonrojado. "Tú también me haces muy feliz, Kouichi", confesó con sinceridad. "Desde que nos conocimos, algo cambió dentro de mí. No puedo explicarlo con palabras, pero eres la única persona que me ha hecho sentir así."

Kouichi sonrió aún más, sus ojos reflejando ternura. "He estado contando los días y las horas para volver a verte", admitió, acariciando suavemente su mejilla. "No sé qué me has hecho, pero no hay un solo segundo en el que no te tenga en mi mente."

Ayemi se sonrojó aún más ante las palabras de Kouichi. Sentía mariposas revoloteando en su estómago y una mezcla de emoción y nerviosismo. Quería confesarle todo lo que estaba pasando por su mente y corazón, pero sabía que las cosas no eran tan simples. Había secretos y complicaciones que los rodeaban, y no quería arruinar lo que tenían.

Kouichi, preocupado, observaba a Ayemi, la chica de cabello oscuro. Hace unos minutos, parecía que ella se había perdido en sus pensamientos, y la mueca en su rostro revelaba su inquietud. Aunque no sabía qué le pasaba, quería ayudarla y ver nuevamente su sonrisa, que tanto le encantaba.

Con delicadeza, Kouichi tomó los hombros de Ayemi, sacándola de su ensimismamiento. Confundida, ella le preguntó: –¿Qué sucede, Kouichi?-

Él, algo preocupado, respondió: –Eso debería preguntarte yo. ¿Estás bien, hermosa?-

Ayemi frunció los labios y pensó: – Sí, eso creo.-

Kouichi la miró con duda y dijo: – Ya sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites. Eres mi amiga–, mientras acercaba su frente a la de ella.

En su mente, Ayemi pensó entristecida: "Amiga... quiero ser algo más que tu amiga", pero en voz alta dijo: – Lo sé, pero quédate tranquilo, no me sucede nada–.

Kouichi la observó detenidamente. Aunque llevaban poco tiempo conociéndose, podía percibir que ella le estaba ocultando algo. Sabía que había algo más, pero decidió no insistir. Esperaría pacientemente hasta que ella confiara en él y se lo contara.

De repente, una sonrisa se dibujó en el rostro de Kouichi. – Tengo una idea. ¿Tienes algo que hacer esta noche?-

Ayemi, algo confundida por la repentina actitud de Kouichi, respondió: – No tengo nada que hacer–.

– Genial, ahora tengo que llevar a los chicos a casa porque me tocó ser el conductor asignado, pero te enviaré un mensaje indicando el lugar donde nos encontraremos dentro de dos horas–, mencionó Kouichi mientras sonreía.

Ayemi asintió, algo pensativa.

—-

Izumi posó sus ojos en la pequeña Kazzy, no podía dejar de pensar en cuánto se parecía a su padre. Hasta su personalidad era casi igual a la de él. Ambos rebosaban de energía, eran tiernos pero también tercos.

Mientras Izumi observaba a Kazzy, recuerdos de su querido amigo Takuya inundaban su mente. Recordaba su espíritu vibrante, su determinación y su amor inquebrantable por su familia. Era como si un pedacito de Takuya viviera en Kazzy, recordándole el vínculo que compartían.

Un sentimiento de nostalgia invadió a Izumi.

– Takuya…– murmuró débilmente la rubia ante el recuerdo de la última vez que lo había estado cerca de él.

Izumi dejó escapar un suspiro mientras el nombre de Takuya escapaba de sus labios, evocando recuerdos de su último encuentro. A pesar del tiempo transcurrido, la intensidad de aquel momento seguía grabada en su memoria. La cercanía con Takuya despertaba en ella emociones contradictorias, una mezcla de nostalgia, deseo y arrepentimiento.

La rubia sentía que perdía la cabeza con cada caricia, con cada beso que le daba Takuya, por primera vez en mucho tiempo sentía que no debía fingir, que podía ser ella misma pero aun así…Aun teniendo a Takuya medio desnudo por encima de ella, devorando su cuello, no podía dejar de pensar que esto estaba mal. Ella estaba con John, su novio y quien tomó el rol de padre para su hija, quien daba todo por ellas.

¿Y cómo se lo estaba pagando? Acostándose con el verdadero padre de su Kazzy, supuestamente con la persona que más odia en el mundo. Pero en ese momento, se dio cuenta que eso no era cierto. Aun Takuya le provocaba miles de sensaciones.

Izumi, incómoda por ese pensamiento, se movió un poco en su lugar, causando que Takuya se detuviera.

Takuya alejó su rostro del cuello de la rubia, alejándose un poco para mirarla a los ojos–¿Estás bien Aida? Si no quieres esto podemos parar. – dijo él con la cara un poco sonrojada. El castaño cariñosamente, tomó uno de los mechones del cabello de Izumi, y se lo pasó por detrás de su ojera.

Un pequeño detalle, que hizo que el corazón de Izumi se acelerara.

Será solo una vez, será nuestra última vez– pensó la rubia para autoconsolarse.

Izumi soltó un suspiro, tomando valor, se acomodó de la manera para que estuviera cerca del rostro del castaño.

La rubia colocó una de sus manos sobre el rostro de Takuya, acariciándolo lentamente. – No…no quiero que pares, quiero ser tuya esta noche…hazme tuya.

Luego de escuchar la respuesta de su acompañante, Takuya no esperó ni un segundo más para volver a unir sus labios con los labios de Izumi.

La rubia decidió que debía dejar de pensar, para poder disfrutar ese momento con la persona que alguna vez en el pasado, se había enamorado profundamente.

Aunque,.. le doliera admitir, nunca había dejado de amar a Takuya. Ahora que estaba entre sus brazos, podía confirmar que ese sentimiento nunca había desaparecido.

"Con un solo toque tuyo, todo cambió", pensó Izumi, recordando cómo cada caricia de Takuya había despertado en ella una pasión que creía olvidada. En ese instante, se dio cuenta de que había sido incapaz de resistirse a él, a pesar de todas las razones que tenía para hacerlo.

Sin embargo, entre sus pensamientos de deseo y pasión, también surgía un sentimiento de culpa y responsabilidad. Izumi estaba consciente de que tenía una vida establecida con John, su novio y quien había sido un padre amoroso para su hija. No podía permitirse traicionar esa relación, aunque las emociones la llevaran en dirección opuesta.

POV Izumi.

De pronto, sentí un movimiento suave entre mis brazos, lo que me hizo volver al presente. Miré hacia abajo y allí estaba Kazzy, dormida y buscando una posición más cómoda. Me sorprendió darme cuenta de que, sumergida en mis pensamientos, no me había dado cuenta de cuándo se había quedado dormida.

Una sonrisa se formó en mis labios al contemplarla dormir pacíficamente en mis brazos. Aunque pronto cumplirá cuatro años, siempre la veré como mi pequeña bebé. Faltan seis meses para su cumpleaños y John ya está emocionado planificando la celebración.

Pero mi sonrisa se desvaneció rápidamente. De repente, la imagen de John sosteniendo a Kazzy en sus brazos cuando apenas tenía horas de nacida vino a mi mente. En sus ojos se reflejaba un amor inmenso y en su rostro una sonrisa radiante. Fue amor a primera vista.

Recuerdo claramente las primeras palabras que John le dijo a Kazzy... "Hola, mi pequeñita. Soy tu papá y te quiero más de lo que puedas imaginar". En ese momento, supe que mi hija tendría un padre amoroso y dedicado, y me sentí agradecida por tenerlo en nuestras vidas.

Desde entonces, John ha sido el cimiento de nuestra familia. Ha estado presente en cada paso del camino, brindándonos apoyo, cuidado y un amor incondicional. Ha sido un padre excepcional para Kazzy, siempre dispuesto a jugar, enseñarle cosas nuevas y colmarla de cariño.

Mi vista se nubla y no puedo evitar que algunas lágrimas se escapen, mientras siento una fuerte opresión en mi pecho.

"John, no te mereces lo que te hice. Si pudiera cambiarlo, lo haría. Si pudiera borrar todos los sentimientos que tengo por él, te juro que lo haría", murmuro con tristeza mientras sollozo.

Anhelo desesperadamente olvidarlo, por favor, Dios, ayúdame a dejar atrás todos los sentimientos que tengo por Takuya.

De repente, escucho un sonido proveniente de mi teléfono. Me ha llegado un mensaje.

Mi niña se remueve en mis brazos y de sus labios se escapa un ronquido. Una débil sonrisa se dibuja en mi rostro.

Con cuidado y lentamente me levanto de mi lugar, para no despertar a Kazzy. Camino hacia la cama y la acuesto, arropándola con delicadeza. Antes de alejarme de mi pequeña, me arrodillo para acercarme a su rostro dormido.

"Te amo, mi amor. Eres lo más importante en mi vida", le digo con suavidad, y luego le doy un beso en la frente con sumo cuidado.

Camino despacio hacia mi teléfono y, al tenerlo entre mis manos, una risa escapa de mis labios.

"Sabía que me ibas a reclamar", pienso mientras me río suavemente.

"Buenas noches, mi querido amigo. Ya sabía que me reclamarías. Estaba esperando tu mensaje para quejarte", contesté con un tono juguetón.

A los pocos segundos de enviar ese mensaje, mi teléfono comenzó a sonar. Una amplia sonrisa se dibujó en mi rostro al leer su nombre en la pantalla, y sin esperar un segundo más, contesté la llamada emocionada.

"No te preocupes, claro que te voy a reclamar. ¡Te encontraste con Kouji! No me parece justo", continuó, imaginándome su puchero mientras lo escuchaba.

Una carcajada escapó de mis labios al imaginar su expresión. Desde que llegué a Japón, no nos habíamos visto y realmente extrañaba a esa persona especial.

"Sí, es cierto. Nunca imaginé volver a verlo y hasta me desmayé cuando lo vi", respondí sinceramente.

"Me enteré de que te desmayaste. ¿Estás bien ahora?", preguntó preocupado.

"Sí, estoy mejor. Fue solo el impacto de ver a Kouji", aseguré.

"Me alegra saber que estás bien, Izumi. Volviendo al otro tema, no me parece justo que te hayas encontrado con Kouji. Quiero verte, quiero abrazar a mi sobrina por primera vez", dijo, expresando su deseo.

"Está bien, celosito. Mañana tengo el día libre. Si puedes, nos vemos mañana", propuso.

"¡Claro que puedo! Dime dónde y a qué hora para encontrarnos", respondió emocionado.

"En el parque de Odaiba, a las 11 a.m. Nos vemos allí", acordamos.

"Entendido, Zoe. Tengo muchas ganas de verlas, pero por favor, no te desmayes cuando me veas", bromeó.

Continuemos por mensaje por favor, Kazzy está durmiendo y no quiero que se despierte.

Claro…- me dijo para luego cortar la llamada y a los segundos recibí su mensaje.

Rodé los ojos y reí después de leer su mensaje. Empecé a teclear en mi teléfono para responderle, sabiendo que sería una larga conversación con él, como siempre, enviándonos mensajes hasta tarde.

Fin de POV de Izumi.

La noche había caído sobre la ciudad. Ayemi y Kouichi habían decidido encontrarse en un lugar especial para disfrutar un tiempo juntos. Se habían citado en un mirador ubicado en lo alto de una colina, desde donde se podía contemplar toda la ciudad iluminada.

Ayemi llegó primero, con el corazón latiendo de emoción. El viento acariciaba suavemente su cabello mientras esperaba impaciente la llegada de Kouichi. La luz de la luna iluminaba su rostro, resaltando su belleza natural y su sonrisa radiante.

Aunque estaba feliz de encontrarse con Kouichi, en su corazón sentía inquietud. Sabía que no estaba haciendo lo correcto, pero no podía evitar dejarse llevar por la fuerte emoción que sentía al estar al lado del pelinegro.

Escuchó una rama romperse, su mirada miró el lugar donde provenía ese ruido y puedo ver como Kouichi aparecía, caminando hacia ella con paso decidido. Sus ojos se encontraron y un destello de felicidad cruzó entre ellos. Kouichi extendió su mano hacia Ayemi. – ¿Vamos? - dijo invitándole a unirse a él en este mágico encuentro.

Ella no dijo nada, solamente asintió y mientras lo tomaba de la mano.

Juntos, subieron al mirador y se detuvieron frente al barandal. Se quedaron mirando las luces de la ciudad se volvían más brillantes, creando un ambiente íntimo.

Kouichi clavó su mirada en Ayemi, percibiendo la inquietud y preocupación en sus ojos.

-Ayemi... si lo que te tiene tan preocupada es que no sabes cómo decirme que tienes novio, quiero que sepas que ya estoy enterado de eso. Y bueno, tampoco me importa que lo tengas -dijo Kouichi con sinceridad, mirando fijamente a Ayemi.

Ayemi sintió un nudo en su estómago al escuchar esas palabras. No esperaba que Kouichi supiera sobre su relación, y no sabía cómo reaccionar ante su aparente indiferencia.

-¿De verdad estás bien con eso? -preguntó Ayemi, buscando en los ojos de Kouichi alguna señal de disgusto o decepción.

Kouichi sonrió suavemente y tomó las manos de Ayemi entre las suyas.

– Si, por ahora lo estoy, pero debes saber que en algún momento deberás tomar una decisión.- dijo Kouichi sin dejarla de mirar a los ojos- Ahora lo mejor es que nos sigamos conociendo, para ver si es una simple atracción lo que sentimos o si es que estamos enamorando. Se que es pronto pero cuando estoy a tu lado siento que te conozco de toda la vida, siento que eras la mujer de mi vida pero no te voy a presionar en que tomes una decisión, tomate tu tiempo

Ayemi se quedó sin palabras ante la respuesta de Kouichi. Sus ojos se llenaron de emoción mientras contemplaba la calidez y la sinceridad en su mirada. Sin pensarlo dos veces, siguió su instinto y lo abrazó. Kouichi no pronunció ninguna palabra, pero su gesto habló más que mil palabras. La envolvió en sus brazos con ternura. En ese momento, las palabras parecían que sobraban, pues el abrazo sellaba la conexión que existía entre ellos. Juntos, se perdieron en ese abrazo reconfortante, dejando que sus corazones hablasen por sí solos en la suave oscuridad de la noche.

Al día siguiente.

Izumi y Kazzy paseaban por el parque de Odaiba, maravillados por la belleza de las flores de sakura que adornaban el lugar. Izumi no podía apartar la vista de esas preciosas flores, quedando completamente cautivada por su encanto.

- Mami, ¿a dónde vamos?-preguntó Kazzy, curiosa.

– Pronto lo sabrás, cariño– respondió Izumi. –Aprovecha y admira la belleza de Japón. Desde que llegamos aquí, no tuvimos la oportunidad de salir las dos solas y para que puedas conocer el lugar, que en su momento fue mi hogar–.

–¿Viviste aquí, mami?- preguntó Kazzy, sorprendida.

- Sí, amor. Japón es mi país natal, donde nací y viví por muchos años– explicó Izumi. – Fue aquí donde hice amigos, a quienes tú puedes llamar tíos, porque son personas muy importantes para mí–.

–¿Tengo tíos? ¡Eso es increíble, mami! ¡Tengo más personas con las que jugar y con mis muñecas!" exclamó Kazzy emocionada.

–Ya los quiero conocer. ¿Falta mucho para eso?-preguntó impaciente.

– Solo falta un poquito, pero hoy es tu día de suerte porque vas a poder conocer a uno de ellos. Bueno, en realidad, ya lo conoces–, reveló Izumi con una sonrisa.

–No entiendo, mami– respondió Kazzy confundida.

–Para que entiendas, date la vuelta y mira bien a la persona que está parada ahí- indicó Izumi.

– ¡Es mi tío favorito! –exclamó Kazzy emocionada al reconocer a la persona frente a ella.

–Sí, amor. Ve y dale un fuerte abrazo– animó Izumi.

–¡Tío Tommy!- gritó Kazzy mientras corría hacia él.

– ¡Mi pequeña y hermosa Kazzy! ¡Qué lindo es poder abrazarte!- exclamó Tommy, emocionado.

– Tío, me abrazas muy fuerte–, dijo Kazzy un poco apretada.

– Perdón, mi niña. Estoy muy feliz de poder conocerte personalmente–, respondió Tommy con ternura. – Sabes, durante todo este tiempo te veía solo por videollamada y siempre soñaba con poder abrazarte, sentirte cerca de mí–.

–Yo también soñaba con abrazarte, tío Tommy–, dijo Kazzy con una sonrisa.

–Claro, y a mí que me parta un rayo, ¿no?" bromeó Izumi,-Mejor ven y abrázame–.

– Te extrañé mucho, Zoe–, expresó Tommy sinceramente.

– Yo también te extrañé, Tommy–, respondió Izumi, abrazándolo con cariño.

En ese momento, los lazos familiares se fortalecieron aún más. Kazzy estaba emocionada de conocer a su tío y Izumi estaba feliz de reunirse con su amigo de toda la vida. Era un momento de alegría y afecto compartido entre todos, mientras continuaban abrazados, celebrando su reencuentro en Japón.