La verdad detrás del espejo

Caos, confusión y alivio. Esos fueron las sensaciones por las que pasó Hermione durante los últimos tres días.

De alguna manera se las había ingeniado para volar con Ron a cuestas hasta la enfermería sin matarse en el intento. Madame Pomfrey insistió mucho en que ambos se queden hasta estar totalmente recuperados, así que no tuvo más opción que escabullirse a escondidas mientras la enfermera estaba ocupada con Ron.

Incapaz de recuperar la escoba, que fue incautada en cuanto llegaron, Hermione corrió por los pasillos lo más rápido que sus piernas le permitían e ignorando el dolor en sus rodillas.

El plan de Harry era absurdo ¿Enviarle una lechuza a Dumbledore hasta el ministerio de magia? Si Quien-tu-sabes conseguía la piedra estarían todos muertos antes de que la carta llegue a destino.

¿Qué otra opción tenía? A esta hora de la madrugada todos los profesores estaban recluidos en su torre, donde ningún estudiante, excepto los prefectos, tenían autorización para entrar. A pesar de tener cierta práctica, no era una gran fanática de romper reglas, pero era una emergencia y, teniendo en cuenta que era eso o correr como pollo sin cabeza por los pasillos esperando cruzarse con Filch, la decisión estaba tomada.

Por suerte no tuvo que pensar mucho más porque, mientras corría de camino a la torre, se topó con el mismísimo Albus Dumbledore en persona.

- ¡Profesor Dumbledore! ¡Harry está en problemas! - llegó a gritar entre jadeos y Dumbledore, que ya parecía estar al tanto, siguió corriendo a toda velocidad por los pasillos. Se movía increíblemente rápido para un hombre de su edad.

- ¡Señorita Granger! ¿Qué fue lo que paso? - McGonagall apareció un segundo después como un torbellino esmeralda. La mujer la escaneó de arriba abajo por unos segundos, intentando descifrar si tenía todas las extremidades en su lugar.

Hermione se lo explicó cómo pudo por culpa de los nervios, intentando resumir los puntos clave de su aventura sin irse por las ramas. Cuando terminó de hablar la profesora estaba tan rígida y pálida que se parecía a la estatua de Lachlan el Larguirucho.

-Una locura- murmuró con voz ida.

Lo que esperaba obtener era un regaño tremendo y bien merecido, que aceptaría de buena gana siempre y cuando alguien ayude a Harry. Sin embargo, la profesora solo le apoyó la huesuda mano en el hombro y la arrastró en silencio por los pasillos.

No se atrevió a abrir la boca en todo el camino, ni cuando entró de vuelta a la enfermería - La señorita Granger necesita descansar – le dijo McGonagall a la enfermera, se dio media vuelta y desapareció por donde había llegado.

Toda la reprimenda que se ahorró McGonagall se la dio Madame Pomfrey, que no estaba dispuesta a tolerar que un paciente se escape de la enfermería y se salga con la suya. Cuando terminó de cantarle las cuarenta la obligó a tumbarse en una de las camillas y la hizo beber una poción.

- Y ahora descanse, ha sido una larga noche para ustedes, niños locos-

La poción tenía un sabor amargo y ácido, similar a la sensación de chupar un limón. Hermione podía jurar que la enfermera sonrió de lado cuando hizo una mueca de asco – Ahora se lo pensarán dos veces antes de ponerse en peligro- le pareció que le dijo con la mirada.

¿Harry y Ron? ¿Dónde estaban? ¿Estaban a salvo? No sabía en qué momento se empezó a sentir tan desorientada pero su actual debilidad y la fatiga que le pesaba como una manta de plomo terminaron por acallar su inquieto cerebro y cayó en un profundo sueño.

Sentía como las raíces serpenteaban por su cuerpo, tenía que relajarse, tomar el control de la situación. Conocía el hechizo y podía invocarlo, pero cuando tomó su varita entre sus dedos y el cosquilleo no apareció supo que algo iba mal. Gritó el conjuro ignorando el presentimiento, pero, justo como esperaba, nada sucedió. Todo esto era culpa suya por creer que podía ser distinta, especial ¿Poderes? ¿Magia? Esas cosas no le pasaban a gente como ella y entonces las raíces del Lazo del Diablo llegaron a su cuello y apretaron con fuerza. Pero de repente, justo cuando estaba a punto de quedarse sin aire, la soltaron tan rápido que perdió el equilibrio y se tambaleó hacia atrás, el suelo desapareció bajo sus pies, y sintió una caída libre que desafió la lógica de la realidad.

- ¡Auch! - Hermione se despertó sobresaltada cuando sintió un golpe en las costillas. Su cuerpo temblaba, empapado en sudor frío.

-Si sigues así vas a romperte algo más que las rodillas-

- ¿Eh? -

No fue hasta entonces que se dio cuenta que estaba en la enfermería, más específicamente en el suelo de la enfermería.

Levantó la vista, Ron estaba tumbado en una camilla, justo al lado del lugar donde supuso había estado durmiendo ella hasta hace un minuto. Cuando su cerebro se acostumbró a su nueva situación los recuerdos del día anterior llegaron como un hondazo.

- ¿Ron? ¿Estas bien? Por Merlín, te abrieron la cabeza... estabas sangrando ¿No tienes secuelas? ¿Te sientes mareado? -

-Hermione-

- ¿Y Harry? ¿Dónde está? ¿Dumbledore lo encontró? Dime que está a salvo-

-Hermione-

- ¿Atraparon a Snape? No debí dejar que Harry siga solo, fui tan irresponsable-

- ¡Hermione! -

- ¡Silencio ustedes dos! Esto es una enfermería, no un circo. ¡Señorita Granger! ¿Qué hace en el suelo? Levántese-

-Lo siento- se disculpó mientras se levantaba. Madame Pomfrey se alejó protestando, no sin antes darles una última mirada de reproche.

- ¿Y bien? - insistió Hermione cuando la bruja salió de su vista.

-Bueno, en resumen, mi cabeza está bien, gracias por preguntar. Dumbledore salvó a Harry justo a tiempo, aunque todavía no despierta, Madame Pomfrey dice que solo necesita descansar porque está agotado. Y en cuanto a Snape... es una larga historia. La enfermera dijo que tú y yo podemos irnos en cuanto despiertes ¿Crees que podemos hablar del tema mientras desayunamos algo? Me muero de hambre-

Hermione pensó en discutir, no era momento de pensar en comida, pero para ser sincera ella también tenía hambre, así que juntaron sus cosas y bajaron al Gran Comedor. Ron se tardó unos treinta minutos en explicar todo a detalle, no podía creerlo ¿El profesor Quirrell? ¿El mismo que temblaba cuando alguien reía muy fuerte?

Gracias al cielo ni Quirrell ni Quién-tu-sabes pudieron cumplir el cometido de robar la piedra, aunque ambos desaparecieron del mapa sin dejar rastro, o al menos eso le habían contado a Ron.

Aunque había algo raro en el ambiente, algo que la estaba poniendo nerviosa.

-Ron... ¿Te has dado cuenta de que la gente nos mira? -

- ¿Recién te enteras? Todo el colegio sabe lo que pasó. En fin, Fred y George pasaron esta mañana por la enfermería, creo que parte de la culpa es suya, puede que exageraran un poquito sobre algunas cosas...-

- ¿Les mentiste? - le respondió Hermione con tono de reproche.

-No... no exactamente. Puede que haya omitido unas partes, sobre todo en la que gritaba como una niña, pero eso no es mentir- dijo pensativo- pero todo lo demás fue idea suya, lo juro. Dijeron que sería genial poder decir que eran hermanos del salvador de Hogwarts. No están del todo errados ¿sabes? Somos como héroes-

-Eres imposible- dijo ella frustrada por su actitud.

Cuando terminaron de comer intentaron volver a la enfermería para ver a Harry, pero Pomfrey parecía furiosa por verlos otra vez por allí, así que no los dejaron entrar - ¡Está dormido y no necesita que nadie lo moleste! - fue la excusa que les dio la mujer.

No tuvieron más opción que volver a la torre de Gryffindor, cansados de estar rondando por el castillo. En lo único que podía pensar Hermione es en dormir en su propia cama, todavía se sentía un poco cansada por la aventura y las pesadillas de la noche anterior no ayudaron.

Gracias a Merlín no se cruzaron con los gemelos Weasley, que estaban armando un escándalo por donde pasaban, ni con Neville. Hermione aún no se sentía lista para verlo a la cara después de petrificarlo –Prometiste pedirle perdón de rodillas si te salvabas, y estas vivita y coleando- le recordó su molesta conciencia. Y lo haría, pero luego de una buena siesta.

No tuvo tanta suerte en su dormitorio, donde estaban Lavander y Parvati a la expectativa de su llegada. Tuvo que prometerles que les contaría todo con lujo de detalle más tarde para que la dejen tranquila y, cuando eso no fue suficiente, fingió un dolor de cabeza muy fuerte y no tuvieron más opción que dejarla en paz.

Ya con la seguridad de saber que todo estaba resuelto, que estaban todos a salvo y que no quedaban exámenes por hacer, cayó en un sueño tan profundo que, cuando se despertó, era de noche.

No fue hasta la tarde siguiente que recibieron la noticia de que Harry estaba despierto. Ron y Hermione, ya totalmente recuperados gracias a los cuidados de Pomfrey, corrieron hasta la enfermería. Tal como esperaba, Madame Pomfrey no parecia feliz de verlos, pero esta vez no los echó.

-Tienen cinco minutos, el muchacho necesita descansar-

-Sí, sí- respondió Ron más ansioso que nunca.

En el interior de la enfermería estaba Harry sentado en una camilla, con el pelo igual de revuelto que siempre, y una sonrisa contagiosa en la cara.

Hermione sintió en ese instante como el último nudo que tenía en el pecho se aflojaba y una intensa felicidad se apoderó de su ser.

- ¡Harry! - dijo un poco más fuerte de lo que pretendía. Estaba tan contenta por verlo a salvo que apenas podía contener las ganas de abrazarlo – Estábamos tan preocupados-

-Yo no estaba preocupado- la contradijo Ron – Todos dijeron que estaba bien - explicó encogiéndose de hombros.

- ¿Cómo te sientes? -le preguntó Hermione.

-No tan mal como esperaba- respondió con simpleza.

-Los rumores corren como locos, Dumbledore me explicó lo que pasó, pero estoy seguro de que omitió algunas cosas. Quiero oír la historia con lujo de detalles- le pidió Ron.

La auténtica historia resultó ser aún más sorprendente y emocionante que los más extravagantes rumores. Harry compartió todos los detalles con Ron y Hermione: sobre Quirrell, el espejo, la Piedra Filosofal y Voldemort. Cuando Harry reveló lo que se escondía bajo el turbante de Quirrell, Hermione no pudo contener un fuerte grito de asombro.

- ¿Detrás de su cabeza? Que asco ¿Cómo hacía cuando tenía que ir al baño? -

- ¡Ron! ¿En serio eso es lo que te preocupa? -

- ¿Y por qué otra cosa debería preocuparme? Ya está todo resuelto-

-Creo que Dumbledore sabía que esto pasaría y, aun así, le dio a Harry la capa. Casi parece que quería que vaya a buscarlo, lo cual es terrible porque podían haberlo matado-

-Me dio una oportunidad- la interrumpió Harry- Piénsenlo con cuidado, Voldemort es parte de mi destino desde siempre y, si logra regresar al mundo de los vivos, vendrá tras de mi tarde o temprano. En vez de esconderme en una caja de cristal me dio las herramientas para poder afrontarlo, no creo que sea casualidad que haya encontrado el espejo en vacaciones de invierno, estaba mostrándome cómo funciona-

-Ya bueno, tenemos que irnos antes de que vuelva Madame Pomfrey- lo interrumpió Ron preocupado porque ya habían pasado más de cinco minutos - Asegúrate de recuperarte, mañana es la cena de fin de año. No ganamos la copa, pero por lo menos cenaremos algo delicioso-

Todo el resto de la tarde Hermione pasó el tiempo resolviendo los pendientes. Guardó sus pertenencias (esta vez se llevó todo) en el baúl, devolvió los libros que le quedaban a la biblioteca, y pasó a recibir sus notas las que, por supuesto, fueron las mejores de su año. Al día siguiente convenció a Ron de ir juntos a despedirse de Hagrid y finalmente volvieron a la torre para esperar que sea la hora de la fiesta.

El momento más temido llegó cuando Hermione estaba en la sala común, esperando a Ron para bajar al Gran Comedor.

-Neville- dijo Hermione poniéndose de pie, rígida como una vara.

-Dime- respondió el chico acercándose con cuidado. Lo evaluó con la mirada, estaba serio, demasiado para su gusto. Aunque no parecía demostrar ningún tipo de enojo ni resentimiento, el ambiente se sentía frío entre ellos.

-Lo siento mucho- dijo bajando la cabeza arrepentida.

-Si bueno, escuché lo que pasó. Supongo que era importante...-

-Aun así, estoy verdaderamente arrepentida. Yo... no lo sé, me dejé llevar por el momento, no hay excusa válida para lo que hice. Estaba tan preocupada por resolver el problema que dejé que mi ambición nublara mi juicio. No pensé en las consecuencias de mis acciones, entiendo que debes haber pasado por momentos difíciles mientras estabas petrificado, y me duele pensar en el miedo y la angustia que debiste experimentar. No puedo imaginar lo terrible que debió ser para ti, soy tan mala como Malfoy- dijo tan rápido que no sabía si se había entendido aunque sea una palabra.

Neville estaba quieto, procesando toda la información. Se quedó callado durante un minuto que a Hermione le pareció una eternidad y finalmente dijo- A decir verdad, al principio me enoje mucho, pero creo que lo entiendo y ya no estoy molesto. Solo me hubiera gustado que confíes en mi ¿sabes? Eso es lo que hacen los amigos-

-Lo sé y lo siento. Si hay algo que pueda hacer para enmendar mi error, por favor, házmelo saber -

-Bueno, para ser sincero, me he vuelto bastante popular en estos días. No estoy seguro por qué la gente cree que tengo algo que ver con toda esta historia, pero he hablado con más niños en estos días que en todo el año- dijo con una sonrisa tímida asomando en la comisura de su boca - ¿Crees que puedes darme algunos detalles? Solo lo suficiente para tener credibilidad-

-Bueno técnicamente estuviste involucrado los primeros cinco minutos así que, como eres parte de esto, no veo porque no podría contarte algunos detalles- le respondió ella con sonrisa alegre.

Unos diez minutos más tarde llegó Ron y los tres bajaron al Gran Comedor juntos. Cuando ya estaban todos sentados en la mesa apareció Harry, caminando solo y en silencio hasta donde estaban. Se veía bastante incómodo, y no era para menos: la mayoría de los alumnos estaban murmurando por lo bajo y, los más desvergonzados, se levantaban de sus asientos para mirarlo.

Por suerte Dumbledore llegó justo después de Harry y todos tuvieron que hacer silencio.

- ¡Otro año que se va! -dijo el hombre alegremente- esperemos que sus cabezas se vayan un poco más llenas de lo que llegaron, ahora tienen todo el verano por delante para volver a vaciarlas- bromeó haciendo reír a los alumnos y profesores- Creo que este es el momento de entregar la copa de la casa, el conteo de puntos es el siguiente: En cuarta posición Gryffindor, con trecientos doce puntos; tercera posición Hufflepuff con trecientos cincuenta y dos puntos; segunda posición Ravenclaw con cuatrocientos veintiséis puntos; y en primer lugar con cuatrocientos setenta y dos puntos la casa de Slytherin.

Mientras todo el resto del colegio permanecía en silencio la mesa de Slytherin estalló en aplausos. Hermione tuvo que apretar los labios para evitar comentar algo fuera de lugar cuando vio que Draco Malfoy estaba golpeando su copa contra la mesa –Repugnante- fue lo primero que se le vino a la cabeza.

-Sin embargo, debido a los acontecimientos recientes hay algunos puntos más que deben ser asignados- interrumpió Dumbledore haciendo que las sonrisas de los Slytherin se enfríen- En primer lugar, para el señor Ronald Weasley, cincuenta puntos; por el mejor juego de ajedrez que Hogwarts ha visto en muchos años-

Todos los Gryffindor aplaudieron y vitorearon al chico, que estaba tan rojo como su cabello. A lo lejos se escuchaba a Percy presumir sobre su hermano menor, diciendo algo como "venció al ajedrez gigante de McGonagall"

Hermione aplaudió con tanta fuerza que le quemaban las manos, sentía un nudo en el pecho un tanto difícil de explicar. Todo el esfuerzo, el miedo y el estrés que habían pasado estaba siendo recompensado.

-En segundo lugar, para la señorita Hermione Granger por utilizar su intelecto mientras otros corrían grave peligro, cincuenta puntos-

Eso fue suficiente para derrumbar el poco autocontrol que le quedaba, enterró la cara entre sus manos intentando atrapar las lágrimas con sus dedos. Por suerte se recompuso rápido y disimuló lo mejor posible aplaudiendo junto con el resto del alumnado. Ron y Harry la miraban con sonrisas cómplices - Espero que nadie haya notado eso-

-Y ahora, para el señor Harry Potter, por su sensatez y su asombroso valor, le doy a la casa de Gryffindor sesenta puntos-

Todos gritaron y aplaudieron emocionados, esta vez no solo los Gryffindor, también los Ravenclaw y los Hufflepuff, que notaron que habían alcanzado en puntos a Slytherin.

-Y finalmente, se necesita mucho valor para enfrentar a tus enemigos, pero se necesita más para enfrentar a nuestros amigos. Le doy diez puntos a Neville Longbottom-

En un segundo todo se volvió una locura, los niños saltaban y aplaudían como locos, emocionados por todo lo que estaba pasando. Cuando quiso darse cuenta Hermione estaba de pie encima del banco levantando el brazo de Neville en el aire como si se encontraran festejando la victoria de un partido de Quiddich. El chico estaba tan pálido y rígido como el día que le lanzo el "Petrificus Totalus", pero empezó a sonreír cuando el resto de los chicos lo felicitaron.

-Eso significa que la copa de la casa es para Gryffindor- gritó Dumbledore arengando aún más los festejos.

El momento fue la cosa más mágica que vivió hasta ese entonces. Los adornos verdes se volvieron rojos, los platos plateados cambiaron al dorado, y en los banderines apareció el símbolo de la casa de Gryffindor: el León; y todo mientras los alumnos festejaban llenos de emoción. Hermione pensó, y con mucha razón, que nunca en su vida podría borrar ese recuerdo de su mente.

Por mucho que quería quedarse, a la mañana siguiente Hermione bajó junto con el resto de sus compañeros hasta el Expreso de Hogwarts. Durante el viaje todos charlaban y reían, pero, detrás de todas las sonrisas, se sentía un aura de tristeza y nostalgia, nadie quería volver a casa.

Bajar en el andén de King Cross fue todo un desafío, sobre todo porque todo el mundo parecía querer despedirse de Harry, sobre todo ahora que volvía a ser el héroe de Gryffindor. Los tres cruzaron juntos por la plataforma nueve y tres cuartos, donde sus familias estaban esperándolos.

La primera en aparecer fue la señora Weasley, que estaba acompañada de una niña pelirroja muy parecida a Ron. Las mujeres saludaron cálidamente a Ron y a Harry mientras intercambiaban algunas palabras.

En segundo lugar, apareció el tío de Harry. Cuando Hermione lo vio la primera cosa que se le pasó por la cabeza fue que tenía ciertas similitudes con una morsa enojada, pero luego se sintió culpable por pensar de esa manera de una persona que no conocía.

- ¿Ya estás listo? - preguntó el hombre con una mueca de desprecio que resaltaba su bigote.

-¿Es usted la familia de Harry? Es un placer- dijo la señora Weasley, que era tan amable como se veía.

-Algo así- respondió de mal humor-camina chico, no tengo todo el día- Hermione ya no se sentía tan mal como un minuto atrás por sus pensamientos negativos sobre el hombre, había algo sobre él que no le gustaba.

-Nos veremos durante el verano- dijo Harry antes de darse media vuelta para marcharse.

-Espero que tengas unas buenas vacaciones- murmuró ella mirando de reojo al tío de Harry.

-Lo serán, no te preocupes- respondió el moreno con una sonrisa traviesa- no saben que no podemos hacer magia, voy a divertirme con Dudley este verano-

Cuando Harry se marchó la señora Weasley volteó a verla - ¿Dónde están tus padres querida? - le preguntó con una sonrisa dulce.

-Deben estar por llegar- dijo ella poniéndose en puntas de pie para mirar alrededor.

- ¿Quieres que esperemos contigo hasta que lleguen? - le preguntó Ron.

-Oh, no es necesario- dijo ella señalando a Fred y a George que estaban molestando a Percy- tu madre parece ansiosa por volver a casa antes que esos dos hagan una locura. Será mejor que vayan, nos vemos en el verano-

Ron no parecía muy convencido, pero fue arrastrado por su madre, así que no le quedó más opción que marcharse. La mujer se despidió con una sonrisa entre avergonzada y culpable – ¡Fred! Deja a tu hermano tranquilo-

-Yo no soy Fred mujer ¿no reconoces a tu propio hijo? -

-Lo siento, George-

-Era broma, en realidad soy Fred- fue lo último que escuchó Hermione de la familia Weasley antes de verlos desaparecer entre la multitud.

No tuvo que esperar mucho, menos de un minuto después su padre apareció con las mejillas sonrojadas por el esfuerzo, y ella corrió a su encuentro dándole un fuerte abrazo. Detrás de él apareció su madre sonriente.

Después de un año lleno de aventuras, peligros y sacrificios en Hogwarts, Hermione Granger finalmente regresó a casa para pasar el verano con sus padres. El reencuentro fue un momento muy emotivo y lleno de alegría para Hermione, quien había extrañado mucho a su familia durante su tiempo en la escuela.

El reencuentro con sus padres fue un recordatorio para de lo importante que significaba su familia para ella y de que Hogwarts, a pesar de todo lo que tenía para ofrecerle, no podía reemplazar el amor y el apoyo que encontraba en su hogar. Con la seguridad de volver a casa, Hermione se preparó disfrutar de sus vacaciones, sabiendo que siempre tendría el amor y el respaldo de sus padres, quienes eran su mayor fortaleza.