*ACLARAMOS QUE LOS PERSONAJES SON DE MEYER AL IGUAL QUE LA IDEA ORIGINAL, EL CAMBIO EN LA HISTORIA ES FRUTO DE NUESTRA LOCURA COMPARTIDA XD
°.¸¸.·´¯`»«´¯`·.¸¸.° CHAPTER 47: ¿lo sabes? ¿Y cómo demonios? °.¸¸.·´¯`»«´¯`·.¸¸.°
Jacob POV
Estaba eufórico, exaltado, ¿excitado? Aunque siempre estoy así cuando estoy cerca de Leah y aun más cuando ella no está queriendo asesinarme. Eufórico, internamente eufórico… no, mucho, mucho más que eso, ya que esa palabra no señala lo inmensamente feliz que era en estos momentos, no existían palabras para expresar lo que sentía en mi corazón y en mi alma. Caminaba en silencio por el bosque junto con Leah sintiendo su presencia a pesar del espacio que nos separaba, mi cuerpo tenía un sonar detector que iba señalándome exactamente donde se encontraba ella. Poco a poco y culpando como siempre a los árboles me iba acercando y acortando los cinco metros de distancia impuestos por ella, Leah era como mi norte magnético, me era imposible alejarme, las leyes de la naturaleza le exigían a mi cuerpo su cercanía. Seguía sin encontrarle motivo al asunto de la distancia ¿Tanto le molesta mi presencia? No creo que sea eso, sino jamás hubiese aceptado ir a mi hogar, pero algo en esa regla no tenía sentido, al menos yo no se lo veía, era como si no aceptara mi cambio con ella, eso que he sido muy sutil para que no salga arrancando y de pasada me corte la cabeza, quizás y solo quizás ya estoy causando algún efecto en ella y le cueste reconocer que me puede tratar como a un ser humano como lo hacía con el imbécil ese que tiene como amigo, quizás la pongo nerviosa, aunque lo esconde muy bien, espero que sea eso y no que realmente me detesta, pero bueno, no pensaba respetar los cinco metros en todo caso, sea cual sea el motivo, lo importante aquí era otra cosa.
Íbamos camino a mi casa… a mi casa.
Aun me costaba creer que había aceptado, ni siquiera sabía de dónde había salido esa proposición de mi parte, me asombré de mi mismo por no poder contener las palabras en mi boca y dejar que salieran como una estampida. Pero mi cerebro me agradaba más que antes por pensar de manera tan rápida, había sido una idea genial, de la cual pueden solo suceder cosas maravillosas. Leah se quedaría en mi casa, demonios, eso daba cavidad a una enormidad de opciones y fantasías… podía vernos bajo un mismo techo. Desayunando juntos, conversando, saliendo a patrullar… yo ayudándole en la cocina… mi mente vagaba mas allá de lo que debería e incluso hacia imágenes de Leah y de mi tomados de la mano y abrazados en el pórtico de mi casa haciendo planes para el futuro, durmiendo bajo las mismas sabanas abrazados, besándonos, jadeando el nombre del otro… sentí como si mi cerebro fuera a explotar debido a lo mucho que estaba trabajando enviándome maravillosas situaciones junto con Leah.
No podía engañarme de esa manera y lo tenía más que claro, pero la perspectiva de que ella viviese un tiempo en el mismo sitio que yo me alentaba a continuar e incluso iniciar antes lo que tenía planeado para ella. Tendría más tiempo para conquistarla teniéndola más cerca de mí de lo que yo mismo esperaba, tenía la oportunidad para convencerla de que yo era lo que ella necesitaba, y de que la amaba más allá de lo imaginable. Ahora tenía las condiciones para hacer que me amara… demonios estaba más que eufórico.
- ¿Estás seguro que a Billy no le molestará que me quede en tu casa? – me preguntó Leah mientras salíamos del linde del bosque. Mi casa se veía con claridad desde donde estábamos.
- ¡Claro que no! – Exclamé con ánimos, la impaciencia por estar dentro con ella me salió sin intenciones ni esfuerzo, estaba que explotaba de felicidad, tenía que comportarme o Leah se daría cuenta de lo extraño que estoy – estará feliz. Él te quiere mucho Leah, te ve como parte de la familia – "algún día pertenecerás a ella" agregué mentalmente – no habrá problema – terminé diciendo tranquilamente para proyectarle lo mismo a ella, como si fuera lo más natural del mundo irse a alojar a casa de un compañero de manada, claro que nos conocíamos desde pequeños y no debiese ser extraño… pero como nos odiábamos mutuamente en el pasado, esto era de lo mas bizarro.
Ella no me contestó, solo movió su cabeza arriba y abajo asintiendo, se notaba su incomodidad por la situación pero aun no salía huyendo, eso era bueno, al menos para mí era endemoniadamente bueno. Miraba mi casa con ojos recelosos. Podía ver la inseguridad en su rostro. ¿Es que no quería venir conmigo? Obviamente no estaría con la misma felicidad con la que yo me encuentro porque no sentía lo mismo por mí que yo por ella. Pero ni siquiera su vacilación podría quitarme mi alegría. ¿Dije en que estaba eufórico?
Cuando llegamos a la puerta de mi casa y me dispuse a abrir ella tomó mi mano en el aire deteniéndome. Su toque me quemó instantáneamente, a pesar de que tenemos casi la misma temperatura corporal, pude sentir como mi extremidad comenzaba a arder. Miré nuestras manos tomadas y luego sus ojos. Noté como ellos habían seguido el mismo recorrido. Tuve que tragar saliva para contener las ganas de tomarla por los brazos y besarla en ese mismo instante, o al menos tocarla un poco más.
- No le digas a Billy aun, se lo quiero pedir personalmente ya que seré yo la invasora… y tampoco menciones lo que pasó con Sue, aunque estoy segura que ya lo sabe, de todas manera, solo mantén la boca cerrada – me pidió en un susurro. Yo solo pensaba en contener las ganas de entrelazar mis dedos con los suyos y entrar tomados de las manos.
- Lo que quieras – dije. Y esa frase era en todo sentido, lo que ella quiera yo lo haría, sin importar lo que fuera ni las consecuencias.
- Bien – suspiró y me soltó la mano abriendo ella misma la puerta entrando antes que yo. La seguí de cerca. Era todo un espectáculo para mis ojos verla entrar por la puerta de mi casa, hacia que mi desaliñada sala pareciera un palacio, ella y su hermosa postura hacia que todo pareciera más lindo.
Billy estaba en el living mirando en el destartalado televisor un partido de basquetbol. Se giró al escuchar el ruido y nos quedó mirando. Sus ojos pasaron de Leah a mí de manera rápida, noté la sorpresa en sus mirada y luego el entendimiento. Mi padre es todo menos tonto, hay veces en las que creo que sabe más que Dios y todo sin salir de la silla, no deja de sorprenderme que sea tan observador.
- Leah cariño, que sorpresa tenerte por aquí – dijo con una sonrisa sincera. Giró su silla hacia nosotros y avanzó. Fue directamente hacia ella, la cual se agachó para abrazarlo con calidez. Sentí celos. Me estoy volviendo realmente patético ya que siento celos de mi padre
- Hola Billy ¿Qué tal va esa espalda? – le preguntó con una sonrisa. Pude ver la inseguridad en ella.
- Bien, bien, he practicado mis ejercicios y los músculos están más fuertes así que el dolor ya no es tanto.
- Que bien – fuimos hacia el sillón donde nos sentamos. Billy se quedó frente a nosotros. Leah se notaba un poco nerviosa. Nuevamente mi mente comenzó a imaginarse cosas. Como si el hecho de que estuviéramos juntos en un mismo sillón frente a la mirada interrogante de mi padre fuera algo más que solo pedirle asilo para ella… fuera como si le pidiéramos permiso para algo… como estar juntos o casarnos y tener muchos bebes…creo que fui muy lejos… mi mente es increíblemente buena para imaginar cosas.
- Asumo que esta reunión no es para preguntarme como estoy ¿verdad? – preguntó mi padre mirándola solo a ella.
- No, aunque debería preguntarte eso más seguido – dijo Leah sonriendo de lado. Me encanta su sonrisa sincera. Debería decirle que sonría más a menudo, se ve hermosa e ilumina todo el lugar con solo sonreír.
- ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar querida? – preguntó Billy al ver que ninguno de nosotros hablaba. Ella levantó la mirada y fijándose en sus ojos suspiró.
- Tuve un pequeño problema en mi casa y quería pedirte asilo por esta noche – dijo ella con calma y mi corazón casi se vuelve de piedra al escuchar que sería solo por una noche y yo que ya me estaba imaginando que viviríamos por siempre juntos, tuve que contenerme para no gritarle que se quede de por vida si quería, debo encontrar la forma de que sea más de una noche, si es necesario le diré a Seth que me ayude. Billy no cambió su expresión mientras la miraba. Pero cuando puso sus ojos sobre mi se volvió duro.
- Jacob mereces una paliza – dijo de pronto.
- ¿Qué? ¿Y por qué? ¿Qué hice ahora? – pregunté con rapidez y sorpresa. Con Leah nos miramos sin entender la reacción de mi padre.
- ¿Qué clase de hombre eres al permitir que una señorita como Leah pida asilo? - ¿Qué? ¿Es que se supone que ahora soy un mal caballero? ¡Pero si he intentado ser uno desde que ella llegó! ¡Qué injusto!
- Espera Billy…
- Tranquila Leah, esta casa es tuya tanto como de Jacob… de hecho creo que es más tuya que de él – la sonrisa de Billy nos tranquilizó a ambos. Mi padre bromeaba, por un segundo horrible pensé que diría que no podía dormir aquí – que feo que Jacob te hiciera hablar a ti.
- ¿Yo? Fue ella la que…
- Me obligó Billy, fue horrible – dijo ella sonriendo cómplice no sin antes hacer una especia de puchero sufrido… un hermoso puchero sufrido debo agregar
- Claro que te obligó – secundo él.
- Pero si…
- De hecho no quería que viniera, tenía planeado que durmiera en el bosque ¿puedes creerlo? Esa es la clase de hombre que estás criando – ella me miraba y no vi acusación en sus ojos, solo alivio y algo parecido a la diversión. Jugaba con mi padre como si fuera parte de la familia… quise imaginarme que lo hacía como si fuera su nuera… ni si quiera me molestó ser el blanco de sus burlas ni de sus juegos. Ser el malo se volvió algo bueno ya que ella sonreía… de hecho… ella me sonrió antes de volver la mirada a Billy… me sonrió… por primera vez lo hizo con calidez y no ironía ni pesar. Me inundó la paz.
- Vamos cariño, te prepararé un café.
- Déjame hacerlo ¿tienes algo para cocinar? Podría hacerles la cena – se ofreció Leah levantándose de su sitio y caminando hacia la cocina, se veía mucho mas animada. Billy la siguió de cerca y yo me quedé donde mismo. La vi alejarse con gracia, hermosa con ese vestido negro… tuve razón al elegirlo. Se veía increíble con él. Fue una completa mentira cuando le dije que había tomado lo primero que tuve al frente, al contrario, cuando llegué a su casa Seth me contó lo que había pasado, sin mucho detalle obviamente ya que el niño aun estaba afectado por todo, pero fue él quien me detuvo cuando me giré hacia el bosque con intensiones de encontrarla. "no creo que sea buena idea Jacob, mira el piso, se transformó en pleno vuelo y no lleva cambio con ella. Odiara que la veas así" me dijo Seth, pero no lo escuché y me giré en dirección al cuarto de Leah.
Su maleta aun sin deshacer sobre la cama. Mi intención era, efectivamente tomar lo primero que viera, pero al abrirla no pude evitar ver lo que había dentro, su guarda ropa había dado un cambio radical, nada de camisetas anchas, nada de shorts de hombre o chalecos viejos. Todo cuanto vi era ajustado, que marcaba las curvas, femenino y tentador, sobre todo si lo imaginabas en su cuerpo. Me tenté en llevarle una camisita de tirantes y unos pantalones cortos… solo con verlos se me hacia agua a la boca ya que harían de ella una mujer irresistible. Peroluego pensé en ella, en cómo se sentiría después de todo lo que pasó, imaginándome su incomodidad si le llevaba ese conjunto preferí tomar ese vestido negro. Simple, hermoso… como ella. Y no me equivoqué.
- ¡Jake! – el grito de Billy me sacó de mis recuerdos – ¡pero muchacho despierta!
- ¿Qué pasa? – pregunté levantándome y caminando hacia él.
- Menos mal que volviste a la tierra, quería preguntarte si querías espaguetis con estofado – dijo él sonriéndome divertido. Fue entonces cuando comencé a sentir el aroma a comida, estaban calentando carne. El estómago me rugió escandalosamente.
- ¡Demonios claro que sí! – dije con entusiasmo, no había notado lo hambriento que estaba, la preocupación por Leah había borrado todo signo de malestar en mi, solo quería que ella estuviera feliz y lo estaba consiguiendo en algún grado, esta noche yo comería comida de verdad, pero mejor que eso, comería comida hecha por ella. Llegué a la cocina en dos zancadas. Me detuve en la puerta al ver a Leah de lado usando hábilmente un cuchillo para cortar un par de zanahorias. Se demoró solo unos segundos en tenerlas como finas rodajas y echarlas a la sartén donde sonó el aceite que hervía. El aroma llenó el espacio. Se me hizo agua a la boca, y no solo por la comida. Ella se veía exquisita en mi cocina… haciendo la cena para mi… bueno para mi padre también pero podría ignorarlo por un momento y fantasear con que sería algo hecho por ella solo para mí. Aunque si quería mejorar esa frase tenía que ser 'ella solo para mí'. Pero vamos por pasos.
- ¿Te ayudo? – pregunté ingresando donde ella estaba. Haría realidad mi imagen de nosotros cocinando juntos. Comenzaría con eso, el resto vendría de a poco.
- ¿Tienes salsa de soya? – me preguntó como si yo supiera qué diantres realmente hay en la cocina de esta casa.
- MMM mmm… - fue todo lo que dije antes de que rápidamente fuera al refrigerador e inspeccionara si de verdad existían ese tipo de cosas en esta cocina – aquí hay una botella con un líquido negro y en la etiqueta dice…So…mmm…ya.
- ¿Sommmya? Eso es nuevo – dijo ella riendo.
- sí, sacada hace poco al mercado, es mucho mejor que la soya – dije en un intento ocultar mi equivocación
- mas te vale que tu sommmya sea mejor que mi soya Jakob – dijo siguiéndome el juego – pásamela por favor – me pidió sin sacar sus ojos de la sartén. La movía hábilmente haciendo saltar su contenido en el aire y volviendo a caer donde mismo. Sonreí al notar que me había pedido algo con un "por favor".
- Aquí esta – ella tomó la botella de mis manos y echó un poco dentro. Bajó la potencia del fuego y tapó la sartén concentrándose ahora en la olla con agua hirviendo. Tomó el paquete de fideos y partiendo a la mitad el contenido lo puso dentro. La miré fascinado por la gracia que tenia al cocinar, además de todo era una excelente cocinera. Esta mujer era perfecta
- Espero te quedes varios días Leah, así comeremos decentemente – bromeó mi padre desde la puerta de donde no se había movido, por un momento me había olvidado de su presencia.
- Nunca te quejaste de mi arroz – dije sonriendo, él hizo una mueca de desagrado.
- Esa mazamorra blanca no se considera arroz en ningún país Jacob – dijo él. Escuche una risa burlesca y supe que era de Leah.
- Pues tu masa de fideos tampoco se considera comida – devolví. Billy soltó una carcajada que me hizo reír al igual que a ella.
- Somos un desastre en la cocina – dijo, yo solo asentí.
- Es una suerte que no nos hayamos envenenado antes.
- No te confíes, puede que te envenene hoy – Leah se sumó a nuestras bromas con una sonrisa, yo volví a reír, solo por reflejo a ella – no te rías que lo digo en serio, ten cuidado cuando comas – Billy rio cuando vio que yo dejé de hacerlo – idiota – murmuró ella volviendo sus ojos a la ensalada que estaba cortando. No es de miedo ni de idiota, pero conociendo a Leah de toda mi vida… pues si es capaz de envenenarte.
Billy salió del sitio alegando que quería terminar de ver el partido, yo lo dejé frente al televisor y volví rápidamente a la cocina. Leah estaba agachada mirando por el vidrio del horno. Curioso me acerqué y miré por sobre su hombro. La carne que se cocinaba se veía exquisita, podía ver los jugos saliendo y la superficie dorándose.
- Hay que poner la mesa – dije ella con voz alta, no se había dado cuenta de que estaba a poco espacio de su cuerpo – Jacob ayúdame porque no sé donde tienes los cubre mesas y… - tenía mis ojos en la carne y mi mente en su voz, por lo que no vi cuando se giró para levantarse. No alcanzó a hacerlo, ya que con su vuelco quedó a centímetros de mi rostro.
Fue como si el tiempo se detuviera, como si todo lo demás se hubiese evaporado y solo estuviésemos nosotros. Mi corazón comenzó a latir de manera desenfrenada e intenté con todas mis fuerzas controlar la respiración. Nos paralizamos, o quizás solo lo hice yo y reflejé mi actitud en ella. No lo sé, la poca distancia no me dejaba pensar con claridad. Podía sentir el calor de su aliento en mi rostro. Podía ver el brillo de sus ojos verdes frente a mí, dilatados por la sorpresa, teniéndola tan cerca pude ver los diferentes matices de sus exaltados ojos, tenía muchas tonalidades de color esmeralda en ellos y con cada cambio de color mi corazón saltaba más en su lugar, debía estar más cerca de ella que en toda mi vida. Me bastaba con alargar un poco el cuello, solo un poco y podría alcanzar sus labios y besarlos de la forma en que tantas veces he imaginado. Si me dejaba caer, solo un poco, podría aprisionar contra el piso su cuerpo con el mío… solo un poco… solo un poco…
- ¡Los cubre mesas están sobre el refrigerador! – el grito inoportuno de Billy proveniente de la sala nos hizo saltar. Como reflejo alcé mi espalda alejándome de ella, Leah aprovechó para levantarse con rapidez. Tomó los cubre mesas de donde estaba y salió del cuarto. Como si arrancara, intenté disculparme pero ya era demasiado tarde, ella ya no estaba en el cuarto. Me pareció extraño que no hubiese intentado matarme por lo que pasó o al menos golpearme. Pero me encontraba tan pasmado por la increíble cercanía de hace solo unos segundos que no le tomé más atención a eso. Simplemente me dediqué a recordar, mi mente, malévola como es, rellenó la continuación de todo y nos terminó juntando en un beso. Pero el tiempo de ocio duro poco ya que me obligué a reaccionar e ir a ayudarla.
Pusimos la mesa casi sin mirarnos, ella desviaba su mirada cada vez que cruzábamos nuestros caminos. Noté que Leah intentaba mantenerse lo más normal posible a pesar de que no lo lograba, al contrario, estaba tensa y rehuía mis ojos la mayor parte del tiempo. Aunque eso cambió una vez que nos sentamos a la mesa. Los chistes de Billy seguidos por los míos y el sarcasmo siempre presente de Leah apaciguaron el ambiente. Nos reíamos a nuestras anchas como si todo en el mundo estuviera bien, como si nada pudiese ir mal, al contrario, me aventuraba a decir que a los ojos de terceros parecíamos una… familia feliz. Tal y como debería ser. Tal y como debería ser…
- Bien chicos, es hora de que mis viejos huesos descansen – dijo Billy saliendo de la cocina, acabábamos de terminar de lavar los platos y ordenar todo – es tarde ya, no se queden hasta muy tarde, que descansen – se despidió dejándonos solos. Entonces caí en la cuenta de que era más de media noche y que Leah estaba en mi casa y que debíamos dormir, a pesar de que por mí me quedaba hablando con ella el resto de la noche u haciendo otras cosas el resto de la eternidad, pero seguramente estaba cansada así que sería mejor que nos fuéramos a descansar, mi lado más loco del cerebro dijo que fuéramos al mismo colchón, bajo las misma sabanas, compartiendo el mismo calor. Pero mi lado racional me dijo que fuera todo un caballero y me durmiera en el sillón a una distancia poco aceptable para mí, ya que estaría muy lejos. Lamentablemente ganó mi lado más aburrido.
- Ven – le dije a Leah suavemente y con amabilidad caminando hacia mi cuarto, ella me siguió dubitativa ya que no tenía idea de donde la llevaba debo admitir que esa sensación me gustaba mucho. Llegué a la última puerta del pasillo y la abrí para conducirla allí. Entré mirando mis cosas, llevaba algunos días sin pisar mi pieza. Al girarme la vi parada en la puerta sin querer entrar, miré a todos lados y por primera vez en años mi cuarto estaba limpio y ordenado, llevaba un par de días sin dormir en él y seguramente Billy había entrado a ordenar, por más que miraba no veía algo que pudiese detenerla, ni si quiera el olor estaba mal, a menos que no le gustara la colonia que uso – no hay nada oculto preparado para atacarte aquí adentro Leah – le dije burlonamente. Me daba un poco de risa su recelo a entrar.
Ella no me respondió, solo suspiró antes de dar el primer paso a mi habitación. Entró mirando todo con curiosidad, se puso un poco más adelante que yo. Entonces me di cuenta que era la primera vez que ella entraba aquí. El pulso se me aceleró cuando vi la escena en plenitud, yo, un chico adolescente, acalorado y hormonal frente a la mujer que ama a pocos metros de mi cama… nos pude ver rodando sobre las sabanas completamente sudados…
- ¿Qué hago en tu habitación? – me preguntó con voz ronca, yo tragué en seco intentando encontrar mi voz donde fuera que se hubiese ido. Si no lograba sacarme la imagen del cuerpo de Leah bajo el mío no iba a lograr hablar nunca, y lo peor, mi propio organismo me traicionaría mostrando mis pensamientos.
- Vas a dormir… -·"conmigo" – aquí, yo dormiré en el sillón – dije sacando a la fuerza la frase correcta y no la que yo quería decir. Mi voz sonó más débil de lo que pretendía
- Oh – dijo simplemente, luego de mirar mi cama por unos segundos volvió a hablar – olvídalo, yo me quedo con el sillón – se giró para salir de allí pero la detuve tomando su brazo. Su calor me hizo perder el hilo de mis pensamientos por un segundo ya que me lo imagine por toda mi piel… sacudí mi cabeza en un intento de recordar porque la detuve… ¡ah sí!
- Claro que no, tú te quedas aquí y yo en el sofá, eres mi invitada.
- ¿Desde cuándo te hago caso Jacob? – me respondió ella sin voltearse, pero su tono era serio, por lo que no era un sarcasmo.
- Bueno, desde nunca, pero lo harás ahora, al menos por Billy, se molestará si te ve en el sillón, evítame problemas y quédate aquí – no me respondió, ni si quiera se giró a mirarme – por favor – agregué esperando que me dijera algo. Luego de unos tensos segundos lo hizo.
- Dormiré sobre la cama – me dijo volteándose sin mirarme, al parecer en el piso había algo más entretenido que en mí. Sacó la almohada que había encima y el cobertor para pasármelo.
- Leah…
- Cierra la boca y recíbelo o yo me iré al sillón sin importarme nada ¿entendido? – no hablé, simplemente tomé lo que me estaba ofreciendo.
Nos quedamos uno frente al otro en silencio, Leah aun miraba el piso probablemente contando las tablas del piso y yo observándola atentamente, debatiéndome en si darle o no las buenas noches. Me acerqué un paso de los probablemente tres que nos separaban, noté como Leah tensó su cuerpo pero no levantó la vista, su respiración se hizo lenta y la mía aún más, segundo paso, y ella empuño las manos a sus costados, vi como un mechón de su cabello se alargó a través de su hombro cayendo por el costado de su rostro, si no tenía cuidado perdería un brazo el día de hoy, pero a estas alturas me daba lo mismo.
Tres.
Alargué mi extremidad tomando suavemente el mechón rebelde de cabello acomodándolo lenta y sutilmente detrás de su oreja, me acerqué lentamente mis labios hacia su rostro con las intenciones de cometer una locura de las grandes, lo iba a hacer, lo juro, pero me detuve a centímetros de su cara temiendo asustarla si llegaba a realizar mi plan. Lo que menos quería era que ella se fuera por culpa de uno de mis impulsos, le daría un beso, eso me lo prometía a mí mismo, pero no aun, quizás, mañana, cuando tuviésemos un poco más de confianza en el otro y estuviese seguro que ella no desaparecerá al segundo de haberlo hecho
- Buenas noches – dije a pocos centímetros de su rostro en un susurro solo para ella y antes de cometer una locura, como tirarla a la cama y besarla, salí de allí cerrando la puerta a mi espalda y sin poder evitarlo sonreí como un idiota.
Me tomó un buen tiempo calmarme, pero saberla tan cerca no me ayudaba. Y menos aún saber que estuve a punto de besarla de manera intencionada esta noche y ella no me lanzó lejos. Eso es un avance enorme en nuestra relación.
Me estoy volviendo un conformista, pero era mucho mejor esto que lo que teníamos hace un mes, donde no podíamos estar en una misma habitación sin querer matarnos el uno al otro. Este avance me daba las esperanzas suficientes como para continuar con mi trabajo en ganarme su confianza y cariño
No podía dormir, mis ojos no se cerraban en lo absoluto, parecían imanes de misma carga, se repelían entre ellos. Podría decir incluso que me dolía mantener mis parpados juntos, y cada vez que lo lograba lo único que podía ver era a Leah en mi habitación, conmigo rodeándole la cintura en un abrazo y durmiendo como si lo hiciera en el cielo. Me volvía loco saber que estaba tan cerca y no podía tocarla, o no poder besar sus labios aunque los tuviese a centímetros. A veces pensaba que amarla de esta manera era una tortura, un castigo, como si se me prohibiera querer así y lo único que pudiera hacer era morir por estar con ella…
Me levanté de mi sitio al ver que no había forma de conciliar el sueño, darme vueltas en el sillón no me estaba ayudando. Eran más de las dos de la mañana. Me acerqué a la mochila que estaba en una de las sillas del comedor y busqué en ella lo que había adquirido unas horas antes de encontrarme con Leah, debo reconocer que no fue fácil hallarla, al contrario, de todas las florerías de Port Ángel y Seattle solo una tenia lo que andaba buscando, sería la primera de muchas que ella recibiría en secreto, es una estupidez lo sé, ella no sabe quién se las enviará ni porque, ni si quiera el significado de todas las flores que planeo darle, pero yo lo sabré, sabré que con cada una le estoy diciendo algo importante, quizás con la esperanza de que descubra todo. Falsas esperanzas, pero que le voy a hacer.
Caminé de manera inconsciente hacia mi habitación. La puerta no estaba cerrada, solo junta. Mi curiosidad innata me obligó a concentrar mi mirada en lo que había al otro lado. Entonces la vi, allí, sobre mi cama, durmiendo de lado, abrazándose a sí misma, como si intentara conservar el calor, un calor que yo podría darle si solo me dejara hacerlo, o que podría obtener si tan solo se acostara bajo las sabanas… no, lo mejor que podría hacer es dárselo yo e incluirle carisias entremedio.
Pero sabía que era imposible, si Leah se llegara a despertar y me viera en la habitación me sacaría los ojos, y si osara en tocarla me extirparía los brazos y se los daría a los tiburones y luego me tiraría a mí al mar y todo eso con solo una patada en el trasero. Pero sentí mucha angustia verla así, como tratando de encontrar calor aferrándose a sí misma, ese abrigo que conmigo lo encontraría sin ningún problema.
Caminé nuevamente al pasillo en busca de algo con que abrigarla. Abrí el armario y busqué algo parecido a una manta para taparla, tenía que haber algo por ahí. A tientas indagué con la mano y pronto toqué algo parecido a fibras de lana, tiré de ella y se desplegó una manta de colores vivos, la miré con detenimiento y recordé que era.
La manta de colores había sido el último regalo que mi madre me había dejado, era toda tejida por ella misma, con colores muy vivos que aún no perdían su brillo a pesar de los años, ya me había olvidado de ella, quedando arrumbada en el armario. Mi corazón saltó y sonreí al ver otra vez aquel preciado regalo que al hacerme mayor fue quedando atrás, era perfecto para acobijar a la mujer que amo.
Me acerqué silencioso hasta la cama y cubrí su cuerpo con ella suavemente, "perfecto" pensé, Leah no se despertó pero si cambio de posición y se abobilló aún más cubriéndose con la manta, me quedé muy quieto evitando incluso respirar. Una vez que terminó de acomodarse volví a hacerlo sintiéndome aliviado de que mi intromisión había sido todo un éxito. Aunque hubiese preferido que hubiese sido yo quien la acobijara y le diera calor.
Exigiéndole a mi cuerpo que se moviera, y recordándome que ya había abusado enormemente de mi suerte el día de hoy, me encaminé a la puerta para macharme. Me apoyé en el marco para contemplar a aquel hermoso ángel que dormía sobre mi cama. Desde mi posición podía saborear perfectamente del dulce aroma de Leah, mezcla de flores y mar, pero que ahora se fusionaban con los aromas de mi habitación, era una delicia estar ahí, de pie observándola, mi mente voló hacia lugares que no serían propios de contar y me perdí entre mis pensamientos llenos de ella.
No sé en qué momento me acerqué, cuando me di cuenta ya estaba frente a ella mirando sus rasgos de forma concentrada. Debo tener algún síndrome suicida ya que me encontraba agachado frente a su rostro mirándola de cerca. Estaba pacífica. No podía decir que con un semblante feliz, porque no era así. Pero estaba tranquila. Sus ojos cerrados, sus pestañas largas tocando sus pómulos. Mis ojos se dirigieron de manera inevitable hacia sus labios, rojos, rellenos… se veían suaves y cálidos, húmedos, apetitosos…
- Déjala dormir tranquila – di un salto cuando el susurro de Billy tronó a mi espalda. Giré y me encontré con mi padre en su silla mirándome serio. Movió su cabeza en una señal de que quería que lo siguiera y yo aun con la sorpresa y la adrenalina en mis venas lo seguí sin si quiera pensar en las consecuencias de eso. Lo único que se repetía en mi cabeza era el hecho de que me había visto a punto de robarle un beso a Leah… demonios, eso no es bueno al menos para mi integridad corporal.
Billy se detuvo cuando llegamos frente al sillón que oficiaba de mi cama esa noche, me hizo un gesto con la mano invitando a sentarme. Así lo hice aun apenado porque me encontrara de esa manera, aunque la razón mayor para mi tristeza fue el no poder llegar a juntar mis labios con ella.
- Bien, estoy seguro que Leah duerme tranquilamente y no despertará hasta un par de horas más, así que podemos hablar tranquilamente mientras no subamos el volumen de voz y nos condenemos a su furia – comenzó a decir de manera tranquila, esperó a que yo dijera algo, pero al ver que no abría la boca se limitó a suspirar hasta que finalmente habló – casi la besas – soltó tan tranquilo, como si estuviese hablando del tiempo. Me quedé congelado en mi sitio ya que no tenía nada con que rebatirle eso ¿Qué podía decirle? "claro que no, solo intentaba sacarle una pelusa de sus labios con mi lengua" esa no es una mala idea…– cosa que no está bien ya que ella es capaz de dejarte lisiado si te llega a pillar haciendo eso y te digo inmediatamente, no pienso compartir la silla contigo hijo – mantuve silencio, no pude ni si quiera reír por su comentario a pesar de que su mirada me decía que era una broma. Billy suspiró al ver que no obtendría respuesta de mi parte – escúchame Jacob. Si estás enamorado de ella deberías decírselo de una vez.
- ¿Qué? Yo no estoy así, digo, no siento eso – dije de manera automática y atolondrada.
- Soy viejo pero no estúpido Jacob – murmuró él sonriéndome – te conozco mejor que a mí mismo, recuerda que eres mi hijo y te crié de esa manera, sé que algo te pasa con Leah por mucho que lo niegues. Lo noté desde que tú animo cambió aquel día en que ella se fue de la reserva. Bueno, ese día lo confirmé, pero lo sospechaba de antes. Algo te ocurre con ella que sobrepasa el cariño que puedes tenerle a alguien parte de tu manada – guardé silencio, intenté pensar que había hecho para ponerme en evidencia frente a mi papá.
- ¿Soy tan obvio? – pregunté casi en un susurro inaudible y sin ser capaz de mirarlo a los ojos. Me concentré en contar las pelusas de la alfombra.
- Sí, al menos para mí, soy tu padre y te conozco Jake… puede que no quieras mi opinión pero yo creo que le deberías decir aunque sepamos que es posible que ella no reaccione bien… bueno, es casi seguro que luego de eso te quiera matar con lentitud, pero tienes la obligación de hacerle saber que la amas – levanté mi mirada ante esa palabra - ¿Qué? ¿Pensabas que yo creía que sería solo un enamoramiento? Claro que no hijo, el brillo en tus ojos es similar al mío cuando veía a tu madre, o el que hay en los ojos de Sam cuando ve a Emily, inclusive en los ojos de Edward cuando tiene frente suyo a Bella… tus ojos indican lo mismo – suspiré derrotado, Billy lo sabe todo. Absolutamente todo y yo solo hago el ridículo al intentar parecer normal, mis ojos hablan por sí solos, brillan con solo verla ¿Cómo hago para que nadie más se dé cuenta? Es casi imposible, pero al menos los brutos de los lobos aún no se dan cuenta, creo… espero…
- No sé qué hacer realmente, tienes razón al decir que no es un enamoramiento, es mucho más que eso, papá, estoy completamente enamorado de ella, nunca, pensé que llegaría a sentir algo así por alguien, creí en algún momento que amaba a Bella, pero esto – dije tocando mi pecho ensimismado en mis palabras, sincerándome con la única persona con quien podría hacerlo – esto es mucho más fuerte, tanto que me cuesta… respirar si no la tengo cerca. Me vuelvo un imbécil con solo tocarla… papá, soy más idiota que de costumbre si me sonríe, es totalmente patético – le dije lamentándome de mi suerte. Billy me palmeó el hombro intentando darme consuelo.
- Muchas cosas no son tan complicadas como uno las piensa Jacob, ahora lo ve así porque estas desesperado. No te crié como un niño cobarde. No te conviertas en un hombre así.
- No lo soy – me defendí de inmediato sintiéndome ofendido por lo que me acababa de decir.
- Entonces no te comportes como uno, si la amas díselo. Con Bella no te costó tanto – dijo sonriéndome.
- Leah claramente no es como Bella, esta no intentaría matarme a la primera oportunidad – le contradije. Billy rio bajito.
- Lo sé… eso lo hace más interesante ¿no?
- ¿Para quién?
- Para mí obviamente – dijo girando su silla y yendo hacia su habitación – será divertido ver como Leah te da una paliza por ser un hombre valiente.
- Ja, Ja – imité sin ganas una risa - a todo esto, ¿Qué hacías despierto? – le pregunté mientras él desaparecía en el pasillo.
- Demasiado café hijo – me contestó en voz normal, sabía que lo escucharía así susurrara la respuesta.
Me quedé un momento pensando en lo que Billy había dicho. Yo no me consideraba un cobarde, nunca en mi vida había sido uno y por lo mismo había decidido conquistarla como diera lugar, definitivamente le diría que la amo, le diría que es mi todo, pero no aun, no antes de saber que le pasa conmigo, de tener alguna certeza de que al menos la pongo nerviosa o que en algún lugar de ella causo alguna reacción diferente a la de querer matarme, luego de eso soltaré la bomba que tengo en mi pecho. Hasta entonces solo me queda conquistarla, en algún momento ella me amará como yo a ella eso estaba decidido. Por las leyendas y por mí.
Me quedé dormido pensando en lo que haría al día siguiente.
(¸.•´ (¸.• † Lirit † °•.¸: perdón! No tenemos perdón de Dios por la demora, pero hay fuertes razones, mis estudios y los de Agnes, estábamos copadísimos y no pudimos actualizar antes… perdón…
Pero hablando del capi, espero les haya gustado, sé que muchas nos querrán matar por llegar dos veces a un casi beso y no concretarlo, pero la tensión sexual es entretenida no creen? Sigan dejando revis, el capi pasado tuvo 25 y yo casi morí de la impresión, un millón de gracias a todas las que se dan un tiempecito en leer las idiotez que pasan por nuestra cabeza. Nos hacen enormemente felices!
DEJEN UN LINDO REVI y nos estamos leyendo en el próximo cap! Love u!
(¸.•´ (¸.• † Agnes †.¸.•: perdon por la espera pero valdra la pena! se los prometemos! lesguto este cap? que dicen leah ya siente mas por jake? al menos no le sako los brazos xD cuando casi la besa , akien le gustaria un buenas noches den la oreja de jake? diga yoooooooooooooooooo jajajajjaja un abrazo a todas y de verdad estamos llenas de cosas, ademas ahora me resfrie, asi que si muero, lirit seguira con el legado de la historia, lo cual es peligroso porque ella es muy sadika xD y pasaran muchas cosas malas! yo la contengo xD en fin un abrazo!
Gracias a : doble vida, Bonnie Boleyn, Karina Cullen Black, fey black, pazzitta, AndreiiCullenHale, Andrecullen18, Tibby-Trick, Psique46, Sukio, Aligeos, Ellie. thecolou , Prettypurple, Tsuki-no-Haruka, Sophie93, carichoextremo,Polynessia,piinkblaCk,Karmele, diosapagana, MaLiGnA BlAcK, Dark-Shinda, JoseCullenGD, susyh, sweetcullen12, Lorraine Cullen Swan, Shara Black, milets, Keiian, indramar, StillDollProduccions, Dream-espered, caminos, danyela, gaby001, bellalize, sharice94, Sprite Moony, drake dark, Pao Redwolf Black, Caperuzzita de Black, Chilli Black, Allison Marie Malfoy-Black, Jo Harv.,maria-fan, momojons, Arya Delacour, Jahzeel, Seleniita Black de Malfoy, MiaRiddley, BeHappyWithLove, crazypaige1306, kerVEROs, misteriO58, Carter86, ReshaAngel, sarlia, pazlux, claa black 1981, Oraculo, Ely Uchiha, saskeyo, Haeleen Black Clearwater, Neko-Tiara, CHELABLACK, zulema hale black, Laurita2206, , meli black clearwater, thalilohe, Blackie-Noir POR LEERNOS Y DEJARNOS COMENTARIOS SIGAN ASI!
si hay alguien que nos lee pero no esta en la lista pues diganlo si quieren aparecer! Y si alguien esta repetido tb!
Seguiremos respondiendo los rewis a todas y cada una de ustedes! besos!
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