Dos


Tenía el rostro pegajoso de tanto llorar, dolor de cabeza, y una gran pesadez extensa en todo su cuerpo. Y Miranda ante lo demacrado de su ser, decidió que debía postergar su auto-desprecio para otro momento, y conciliar el sueño.

Pero como siempre no pudo cerrar los ojos. Ella venía teniendo un recuento muy largo de insomnios insalubres, que habían mermado de peor forma su pobre vida laboral –su desastrosa vida laboral-. Miranda tenía una gran lista de días sin pegar ojo, de semanas donde se moría de sueño en el día, pero en la noche no podía siquiera estar quieta en un puesto de su cama, y… decidió que no había fin en seguir intentándolo y se levantó de la ésta, para rodear a su habitación. Pero asimismo no se le ocurrió prender la luz.

Pensó en tal vez llamar a su novio, contarle lo de hoy, decirle que había perdido su trabajo —de nuevo—, que no sabía qué tenía que hacer de aquí en adelante, porque no tenía ni un centavo. Pensó en… tal vez llamar a sus amigos y pedir ayuda, pero… se sentía tan impotente, tan estúpida, tan… inútil, tan…

Ahí la sintió. Había una presencia en el pasillo, en la puerta de su cuarto, en su cuarto, en…

Miranda al saber que era acechada buscó refugio en la cama que había dejado, y… la presencia se acercó también ahí. La desconocida que estaba en su cuarto, hasta se sentó en su cama –extrañamente el colchón no crujió ante el peso-, y se puso muy cerca de su cuerpo. Extrañamente no le hizo nada —pero Miranda sabía que esa persona lo deseaba —, y solo la vio temblar hasta el amanecer.


Penúltimo episodio, fuera de tiempo, y fuera de lugar, este reto fue mucho para mí, pero... debo terminar, jajaja

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