Sexta nota: Roce
Se agazapó, pendiente de los movimientos de su futura víctima. Ésta, ajena a sus maquinaciones, conversaba despreocupadamente con Alfred. ¡Qué risa! Seguro no se esperaba lo que vendría en unos instantes. Dio un paso adelante. Dos. Se preparó para el ataque. Entonces, saltó.
—¡Yao, tus pechos son míos ahora!
Rió cuando el mayor reaccionó como era usual, gritando y tratando de quitárselo de encima. A Yao de verdad tenía que gustarle el roce de sus manos. ¡Claro! Si no, ¿cómo se explicaba que aún no le hubiese arrojado al suelo y noqueado de un golpe?
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Como hoy es el cumple de Corea del Sur y he estado escribiendo puras cosas deprimentes, aprovecho ambas para subir un drabble más relajado de Yong Soo ;)
