Chapter 3
Aquel encuentro dejó huellas distintas en las dos chicas, Emma se marchó de la cafetería contrariada por la actitud de aquella mujer con sus hijas, pero por otra banda no podía evitar sonreír al pensar en aquella chica borracha entre las cajas del guardarropa. Aquella noche al acostarse durmió con un leve aroma a manzanas a su alrededor.
Por su parte Regina, cansada del fin de semana y enfadada como estaba; con su madre por exponerla delante de aquella desconocida, con su compañera de cuarto por haberla dejado sola en tan mal estado la noche anterior y sobre todo con ella misma, se fue a dormir pronto y centró toda la semana en sus estudios. El lunes a primera hora ya tenía lista la ropa que había cogido prestada de Emma, limpia y doblada para devolvérsela, pero no fue capaz hasta el sábado por la mañana de atreverse a volver a ver a la rubia, algo en ella la frenaba para volver a encontrarse con aquella chica tan distinta a las demás.
Caminaba decidida a dejar el paquete que había preparado con la ropa en la puerta, quizás podría fingir tocar al timbre y simplemente dejarla allí, pero el recuerdo de la cara de felicidad de su hermana con aquel helado la llenó de remordimientos y con la mano temblorosa tocó el timbre deseando no encontrar a nadie.
¡Enseguida abro! – Escuchó detrás de la puerta, mientras esperaba se fijó un poco más en la casa, se trataba de una pequeña edificación de 2 plantas, de estilo victoriano, con un porche precioso, con un pequeño banco y cojines de colores a un lado.
- ¡Regina! - Le sonrió la rubia, vestida con vaqueros y camiseta, parecía que se había levantado hacia poco, pues aún tenía la cara ligeramente hinchada y el pelo despeinado.
- Buenos días… he venido a devolverte la ropa – Contestó la morena tendiéndole el paquete.
- Vaya, ¡Gracias! Ya pensaba que tendría que llamarte, te llevaste mí único jersey decente.
- ¿Llamarte? ¿Pero, cómo….? – Regina no la entendía, actuaba como si fueran buenas amigas.
- Bueno si…. Tengo que pedir disculpas por eso… Cuando fui a recoger tu bolso, cogí tu móvil y me hice una llamada al mío para guardar tu número, espero que no te moleste…- Emma había levantado las manos en señal de disculpa, las echó hacia atrás y se rascaba la cabeza de manera nerviosa.
- Espero que no hicieras nada más con mis cosas – La morena no sabía si estaba más molesta o sorprendida por aquella situación.
- ¡Oh no! ¡Por supuesto que no! Ven entra prepararé café.
Emma entró en casa y Regina la siguió sin tiempo a excusarse, la rubia no le dejaba margen de actuación y aquello la contrariaba. La siguió a la sala de estar que conectaba con la cocina, Emma le hizo señas para que se sentase en el taburete y dejó la ropa encima de la mesa, mientras la otra chica preparaba el café.
- No puedo quedarme mucho tiempo
- No te preocupes, haré el café súper rápido. Por cierto… - La rubia dejó la cafetera en el fuego y se acercó a Regina, se puso delante de ella y con una gran sonrisa le ofreció su mano.
- Creo que no nos hemos presentado correctamente, mi nombre es Emma Swan y soy de Storybrooke Maine, estoy en mi último año de Administración y Dirección de Empresa, y eres la primera chica que rescato de una discoteca, lo prometo – La última parte la dijo mientras levantaba la mano en señal de juramento.
Esperó pacientemente a que Regina le estrechara la mano y contestara. Regina sorprendida y divertida le respondió tímidamente.
- Yo soy Regina Mills, crecí en Boston y estudio Literatura, fui presidenta y representante de estudiantes en el instituto y pertenezco al grupo de debate de la Universidad, soy una chica responsable, así que normalmente no tengo que ser rescatada.
Emma rió ante la respuesta – No pareces el tipo de chica que se emborracha cada noche
- Y no lo soy
- ¿Qué tipo de chica eres entonces?
Emma acompaño aquella frase con una sonrisa ladeada, mientras miraba fijamente a los ojos chocolate que tenía delante, ojos profundos que la hacían querer más. Aquella actitud incomodó a Regina que no sabía si quería entender aquella frase, Emma se dio cuenta y abofeteándose mentalmente por su actitud se acercó a la cafetera, repartió el café en dos tazas y se sentó frente a la morena. No quería incomodar a Regina pero se sentía totalmente idiota cada vez que miraba a los ojos a aquella chica.
- Cuando despertaste, lo último que pensé era que no te asustarías al amanecer en un lugar extraño - Continuó Emma intentado dejar pasar aquel momento.
- Sí que me asusté, pero al recordar que había quedado con mi madre, me dio más miedo llegar tarde – Emma no pudo evitar reír ante aquel comentario.
- Puedo entenderte y eso que solo la vi diez minutos – De golpe la rubia paró de reír – Creo que eso no ha sido adecuado, perdona, es tu madre y no la conozco.
- No te preocupes, entiendo porque lo dices, por cierto… quería darte las gracias por el helado de Zelena, fue un bonito detalle por tu parte, me gustaría pagarte el helado.
- No tienes que agradecerme nada, parecíais muy tristes y la verdad es que no me gustó nada lo que dijo tu madre, así que solo quise arreglar la situación, no tienes que pagarme nada – La rubia había cambiado su expresión, parecía más seria, Regina la miraba sorprendida, no dejaba de preguntarse, quien era esa chica y porque la trataba de aquella manera, no podía dejar de sentirte alagada.
- No por favor, insisto, me dejaste dormir en tu casa sin conocerme, me ayudaste con mi madre e hiciste feliz a mi hermana en un sólo día… ¿Por qué?
- ¿Por qué, no? La próxima vez me invitas a una cerveza y todo arreglado – Emma volvía a sonreír.
- ¡Buenos días Rubia! Vaya… estas bien acompañada – Una morena de pelo largo entró en la cocina, vestida con un pijama con pantalón corto y camiseta de tirantes.
- Hola Ruby, ella es Regina la chica que fui a buscar al Rabbit Hole – Aquella morena se acercó a Emma y la besó en la frente, le guiñó un ojo y sonrió a Regina, la recordaba perfectamente, aunque su aspecto había cambiado.
- Buenos días, encantada de conocerte.
- ¿No te acuerdas de mí? – Dijo Ruby divertida.
- Ruby estaba en el guardarropa el sábado pasado y fue quien me llamó – Intentó explicar Emma más mal que bien, antes que su amiga metiera la pata y las dejara en evidencia, la rubia no había tenido tiempo de explicar lo que había pasado realmente aquella noche.
- ¿Te llamó? ¿Tú no estabas allí? – Regina estaba empezando a cansarse de verdad de toda esa situación, había salido con su compañera de cuarto, Katherine, para olvidar su ruptura con Robin y había bebido de más porque estaba cansada de que todo le saliera mal después de intentar siempre ser la chica perfecta y no conseguirlo, tenia lagunas de aquella noche, apenas recordaba nada, pero en su cabeza se había imaginado que había hablado con Emma y la rubia al ver su estado simplemente la había llevado a su casa, y ahora aquella morena le decía que había llamado expresamente a la rubia, que había hecho para que tuviera que llamarla? ¿Y porque a ella? – Emma explícame que pasó el sábado. – Exigió.
- No pasó nada, yo trabajo algunos fines de semana en el Rabbit Hole desde hace 2 años, siempre han sido flexibles con el horario, pero hace unos meses lo tiene un nuevo propietario, un tal Gold, y con él no puedo hacer cambios tan fácilmente, como esta semana tenía un examen importante, Ruby fue a trabajar por mí, ella siempre ha sido camarera pero ese día me tocaba a mí estar en el guardarropa así que bueno, parece la parte más sencilla del trabajo para todo el mundo menos para ella, que acabó mezclando bolsos y chaquetas. Cuando fuiste a buscar tu bolso no lo encontraba y tú no colaborabas, así que me llamó para que fuera a ayudarla.
- Así que viniste corriendo para salvar tu culo y que yo no te dejara en evidencia delante de tu jefe. – A Regina le estaba sentando realmente mal saber el porqué Emma la había ayudado.
- Más o menos si – Ruby seguía en la habitación y parecía divertirse mucho con la situación.
- ¡Cállate Rubs! – Emma veía como Regina se enfadaba cada vez más – Ruby me llamó y me explicó la situación, fui a arreglarlo y cuando llegué estabas durmiendo entre unas cajas dentro del guardarropa, te llevé al baño a que te despejaras, nadie preguntaba por ti intenté llevarte a casa pero no sabias decirme donde vivías, lo mejor que se me ocurrió fue traerte aquí, no quiero que pienses que lo hice para salvar mi culo, podría haberte dejado allí sin más…
Regina estaba enfadada, esa situación la superaba, siempre había tenido el control de la situación y a partir de ahora lo tendría, ya había llevado a Emma su ropa ya no tenía nada más que hacer allí, dejó las buenas maneras y simplemente se levantó para marcharse.
- Bueno todo aclarado, vuelvo a agradecerte lo que hiciste por mi hermana, aquí tienes la ropa, debo irme ya, es tarde…
Regina caminaba hacia la puerta sin esperar respuesta alguna, Emma la siguió con una mirada llena de tristeza.
- Gracias por traer la ropa Regina, te hubiera ayudado igualmente si hubiera estado allí trabajando
- Adiós Emma
- Adiós…
Regina se fue sin mirar hacia aquella casa, por su mente pasaban miles de cosas que le hubieran podido pasar aquella noche, por suerte aquella rubia la había ayudado, aún así algo le había hecho daño al pensar en las verdaderas intenciones de Emma, solo la había ayudado por interés propio, por alguna extraña razón eso le hacía sentir estúpida.
Había pasado más de una semana desde aquel sábado, Regina había decidido pasar página, hizo lo que se le daba mejor y se centró en sus estudios, dejó aquella historia como una anécdota más pues no había pasado nada, de vez en cuando pensaba en aquella chica y en su manera de tratarla sin apenas conocerla.
Por su parte Emma se sentía mal, aquel último encuentro le había dejado un sabor amargo, pensó varias veces en enviarle un mensaje a Regina, pero no se atrevía, así que un jueves después de clase decidió ir a estudiar a la biblioteca, concretamente al lugar dónde ya había visto a Regina alguna vez. Y acertó, allí estaba.
Esa chica es guapísima, pensó mientras se sentaba a una distancia prudencial, pensaría en algo antes de acercarse. Preparó sus libros, sacó sus apuntes de la maleta y la miró, parecía que sonreía mientras miraba sus libros, intentó calcular sin éxito cuánto tiempo podía llevar estudiando, pero después de un rato y sin pensar, volvió a guardar las cosas para molestia de sus compañeros de mesa que sólo veían a la rubia moverse inquieta a su lado, y se acercó.
- Hola Regina… - Dijo demasiado alto, a pesar de no querer llamar mucho la atención.
- Oh… Hola Emma – La morena parecía sorprendida de encontrarla allí.
- ¿Qué tal va el estudio? ¿Tienes algo importante?- Se inclinó Emma para leer el título del libro – Recursos Lingüísticos, suena bien…
- Estoy repasando para unas pruebas que tengo la semana que viene, es mejor de lo que parece, créeme – La morena le dedicó una sonrisa cansada.
- ¿Sabes? Creo que deberías contarme un poco más sobre esas pruebas, fuera.
- ¿Cómo?
- La última vez que nos vimos quedamos en que me debías una cerveza, así que podría cobrármela ahora y así descansamos, te veo un poco fatigada y yo también he tenido un día duro
- No recuerdo que la conversación fuera exactamente así…
- ¡Chut! – Se escuchó desde la mesa de atrás
- Oh vamos… lo necesitas… - Susurró Emma medio suplicando.
- Está bien… pero porque sino acabaran expulsándonos de aquí – Cedió Regina poniendo los ojos en blanco.
La rubia feliz como estaba por conseguir una tarde con Regina, la ayudó a recoger sus cosas y la guió a la puerta.
- ¿Dónde vamos?
- Conozco un bar que no está muy lejos de aquí, hay cervezas de importación y podemos picar algo si nos entra hambre. Cómo está cerca de mi casa luego puedo llevarte con mi moto a tu residencia
- Bueno, espero no llegar muy tarde, mañana tenemos clase
Caminaron un rato por el campus, Emma no paraba de preguntar cosas sobre lo que ella creía que tenía relación con la literatura, mientras Regina reía escuchando sus ocurrencias.
Llegaron al bar sin darse cuenta, era un lugar oscuro cubierto todo de madera, las pareces estaban forradas de pizarra dónde se podían leer todo tipo de escritos de los estudiantes, desde frases obscenas a reflexiones profundas, escogieron una pequeña mesa al lado del ventanal, Regina no podía negar que ese lugar tenía su encanto, aunque tenía una ligera idea de porque había luces tenues en el local y sospechaba que era más por razones de limpieza que por intimidad. Emma acostumbrada como estaba cogió una carta y se la pasó a Regina.
- ¿Qué quiere beber? Vengo bastante así que puedo aconsejarte
- ¿Hay vino?
- Vaya… no sabía que eras tan sofisticada… Sí que hay… pero me temo que en eso no podré aconsejarte mucho…
- No te preocupes
Llegó el camarero.
- ¿Qué os pongo chicas? - Emma miró a Regina esperando a que pidiera.
- Yo quiero una copa de vino de California, por favor.
- Y yo una Birra Moretti
- Ahora mismo
- ¿Birra Moretti? No suena muy bien
- Es una cerveza italiana es muy suave y esta rica, si te portas bien te dejo probar
- No me gusta mucho la cerveza
- Porque no has probado cerveza de verdad
- Será eso…
El camarero trajo las bebidas, y Emma después de limpiar la boquilla de la cerveza la bebió a morro, mientras Regina cogía la copa y olía el vino antes de probarlo.
- Desde luego eres toda una chica sofisticada
- No lo soy, simplemente la cerveza no me agrada
- Prueba ésta te gustará, vamos… - Emma parecía una niña pequeña, Regina cogió la cerveza y bebió un pequeño sorbo.
- Tengo que reconocer que es muy suave
- ¿Lo ves?
- ¿Y qué me dices del vino? ¿No te gusta? Prueba – Emma dudaba, el vino no le gustaba nada, olió el líquido negro y no pudo evitar una mueca de asco, que hizo sonreír a Regina.
- Pareces mi hermana pequeña con esa cara, no lo bebas si no quieres
- Si sí lo bebo pero no creo que me guste… - Emma lo probó y no quitó la cara de asco, Regina no podía parar de reír aquella rubia parecía tener cinco años.
- No me gusta nada, no sé cómo puede gustarte
Pasaron la tarde entre copas de vino y cervezas, hablando de todo y nada, Emma contó a Regina cómo había conseguido ser la capitana de atletismo en el instituto y cómo una lesión le provocó no poder volver a competir y perder la beca universitaria o cómo la expulsaron una semana por gastar una gamberrada al profesor de música que le tenía manía, Regina se sorprendía ante aquellas historia y el poder que tenia Emma para contarlo todo con una gran sonrisa, al lado de la vida planificada y perfecta de Regina, Emma no había parado de vivir aventuras en aquel pueblo que nadie conocía.
Después de tres cervezas y dos copas de vino con unos nachos en medio, pagaron la cuenta y se dispusieron a marcharse, ya era de noche y el frio las golpeó de lleno.
- ¿Qué vas a hacer para Hallowen? ¿Tienes planes? – Preguntó Emma.
- No he pensado nada, seguramente me quede estudiando
- Yo tengo que trabajar en el Rabbit Hole pero te puedo conseguir entradas gratis para ti y tus amigas si queréis pasar un rato.
- Muchas Gracias Emma, lo pensaré, aunque no me gusta mucho salir y menos en días señalados, siempre hay más gente en los locales y apenas se puede bailar
- En eso tienes razón, sólo era una idea – Emma se encogió de hombros y se atrevió a preguntar algo que le rondaba en la cabeza – Después de conocerte un poco más, está claro que no eres el tipo de chica que se emborracha en las discotecas hasta perder prácticamente el conocimiento, ¿puedo preguntar qué te pasó?
Regina también se encogió de hombros, intentado resguardarse un poco del frio y de la historia que venía a continuación, suspiró y mirando hacia delante contestó.
- Supongo que puedes tener una ligera idea después del comentario de mi madre en Granny's
- Si… pero a mí me gustaría que me lo explicaras tú
- Conocí a un chico en las jornadas de puertas abiertas de la Universidad, también era de Boston así que fue fácil entablar conversación con él, nos enviamos de vez en cuando mensajes y lo invité a casa un par de veces, dio la casualidad que nuestras familias tenían negocios en común así que prácticamente fue todo rodado para comenzar a salir, yo no estaba muy segura de querer empezar a salir con alguien, era mi último año de instituto y quería concentrarme en entrar en la Universidad con buenas calificaciones, pero era tan atento… que acabamos saliendo, aunque la los dos nos admitieron en esta Universidad él escogió Ciencias Ambientales y esa carrera la imparten en una facultad que se encuentra a unas horas de este campus, no supuso ningún inconveniente, de hecho para mí era algo bueno esa pequeña distancia, para así poder centrarnos en nuestras carreras, lo que no sabía era que eso le daría libertad a él para poder estar con todas las chicas que él quería mientras yo estaba aquí…
- Menudo cabrón… ¿Cómo te diste cuenta que te engañaba?
- A él le gustaba salir más que a mí, así que de vez en cuando me comentaba que iba a fiestas universitarias, y realmente no me importaba, un día mi compañera de cuarto Katherine me convenció a última hora para salir a una de esas fiestas cerca de este campus, yo creía que Robin estaba durmiendo así que no quise despertarlo, cuando llegué no sólo estaba allí, si no que estaba en el jacuzzi besándose con una estudiante de primero, cuando me vio salió corriendo a darme explicaciones, pero después de eso ya no confié mas en él, lo peor fue que esa misma noche Katherine lo conoció y me contó que ella también había tenido algo con él sin saber obviamente quien era, después de eso no quise tirar más del hilo, pero lo dejé, me hizo sentir muy mal, después de más de dos años de relación sentir que todo había sido una mentira… - Una lágrima se le escapó del rostro congelado.
Emma estaba muy enfadada con ese imbécil, se giró hacia Regina y vio como le caía una lágrima.
- Lo siento mucho Regina, no te lo mereces – Regina se recompuso rápido no quería montar un drama, ni quería hacer partícipe a la rubia de esa parte de su vida, Emma era viento nuevo y quería mantenerlo así.
- Ya han pasado 2 meses, todo se cura, no te preocupes
- Ven, vamos a mi casa, cogeré la moto y te acercaré a tu residencia hace mucho frio para que esperes el autobús. – Emma quiso cambiar de tema, no quería ver a aquella chica tan triste, era demasiado bonita para estar tan triste.
- Gracias – Contestó Regina sincera
Emma acompañó a Regina a la entrada de su residencia, le pidió que se pensara en ir a la fiesta de Hallowen y se despidió con un beso en la mejilla. La tarde había estado genial, tenía que conseguir conocer más a esa chica.
