Decimoséptima nota: Culpa compartida

—Estoy cansado —murmuró el castaño, y apoyó su cabeza en las piernas del que ahora era su enemigo. Germania se lo permitió, desviando la mirada y revolviéndole los rizos rebeldes.

—La culpa no fue sólo mía —dijo en un intento de disculpa mientras, allá a lo lejos, se desmoronaban los últimos restos del Imperio Romano de Occidente.