Capítulo 5
¿Qué se Siente Ser Odiada?
Cuando finalmente Hermione dejó la enfermería ya estaba anocheciendo, así que se dirigió al Gran Comedor para cenar. La historia de su pequeño duelo durante DCAO debería ya haber alcanzado al resto del cuerpo estudiantil. Realmente no deseaba estar envuelta en rumores, pero por el momento no podía hacer nada para cambiarlo. Su plan original de mantener un perfil bajo estaba lentamente desmoronándose a su alrededor. ¿Qué diría la profesora McGonagall si pudiera verla ahora, arruinando la línea del tiempo? "Probablemente me hechizaría sin dudarlo", Hermione sonrió.
Alcanzó la puerta del Gran Comedor y pasó por ella. La mayoría de los estudiantes y a se encontraban sentados en sus mesas correspondientes y estaban comiendo. En el momento en que Hermione entró, el murmullo en el comedor se desvaneció. Todos los estudiantes empezaron a observarla. Aunque en realidad, no estaban observándola, si no que más bien todos le enviaban miradas hostiles. Ella se había preparado para ser mirada de esa forma por los Slytherins. Después de todo, había peleado con su líder malvado. Pero no eran solamente las miradas agresivas de los Slytherins las que tenía que soportar. No, miradas similares eran enviadas desde la mesa de Ravenclaws y Huffelpuffs y, Hermione notó impactada, incluso desde Gryffindor. ¿Qué había hecho mal? ¿Todo este alboroto no podía ser sobre el duelo, cierto?
Rápidamente, una Hermione muy incómoda se dirigió a la mesa de Gryffindor. Podía sentir como esos ojos seguían cada uno de sus movimientos. Al llegar junto a la mesa buscó desesperadamente un puesto vacío para sentarse y salir del foco de atención. Pero cada vez que encontraba uno desaparecía milagrosamente cuando ella se acercaba. Obviamente nadie quería que se sentara a su lado. Hermione no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba pasando. Antes se había llevado bien prácticamente con todos, ¿Por qué la estaban ignorando ahora? Después de unos momentos, Lupin captó su mirada, silenciosamente invitándola a sentarse junto a él. Agradecida, caminó hacia él y se sentó.
―Gracias. ―le susurró suavemente.
El asintió con su cabeza sin sonreír.
Las conversaciones habían vuelto a surgir a su alrededor pero todavía podía sentir la hostilidad dirigida a su persona. Nadie le estaba hablando. Quería preguntarle a Lupin qué había pasado pero no se atrevía a hacerlo mientras todos pudieran escuchar la conversación. Rellenó su plato con un poco de carde y papas fritas y empezó a comer, pero en realidad ya no tenía mucha hambre. Podía escuchar su nombre siendo mencionado en unas cuantas conversaciones que se realizaban a su alrededor. Después de pasar unos momentos empujando las papitas en el plato se puso de pie y abandonó el Gran Comedor. A medida que caminaba fuera del lugar, alguien chocó contra ella. Fuerte. Hermione pudo sentir un dolor agudo proveniente del corte en su hombro. El empujón fue suficientemente potente para azotarla contra la pared. Un grupo de chicas de Ravenclaw pasó a su lado, era claro que una de ellas había sido quién la había atacado, todas la miraban como si fuera un trozo particularmente repulsivo de basura. Incluso algunas sonrieron con malicia al ver cómo Hermione sujetaba su doloroso hombro herido. En el momento en que continuaron su camino, pudo escuchar como una de ellas decía:
―¡Perra!
Las otras chicas se rieron cruelmente. Sorprendida y un poco dolida por su comportamiento, Hermione camino hacia la Sala común. Cuando atravesó la entrada del retrato y se adentró a la sala la encontró vacía. Los demás todavía estaban reunidos en el Gran Comedor, comiendo. Como no tenía nada más que hacer, subió las escaleras que dirigían a los dormitorios. La meticulosidad del cuarto la molestaba en esos momentos.
"¡Estúpida Legifer!"
Se sentó en su cama.
"¿Qué rayos pasó con las Ravenclaw?" Hermione se apoyó en la almohada.
Esa hostilidad no podía ser explicada solamente por su duelo con Riddle. Es cierto que había sido estúpido de su parte involucrarse en una pelea precisamente con él. Pero en esos momentos no había tenido otra opción. ¿Pero por qué los demás la odiarían por ese duelo? Bueno, también había perdido algunos puntos. Pero no tantos. No, era algo más. Algo que pasó durante el tiempo en el cual había estado en la enfermería.
Entonces escuchó como alguien subía las escaleras. Al abrirse la puerta, sus cuatro compañeras de cuarto entraron, Ellas miraron molestas a Hermione, aunque Viola se veía más indiferente que hostil. Lucia se acomodó en su cama junto a la de Hermione, sentándose lo más lejos posible de ella y empezó a escribir en su pequeño diario rosado. Viola desapareció dentro del baño y Diana se puso a buscar algo entre sus cosas. Rose se concentró en uno de sus ensayos, aunque de vez en cuando levantaba sus ojos del pergamino para enviarle una mirada asesina a Hermione. En este punto, la castaña ya estaba bastante molesta. Ella no había hecho nada para merecer este tratamiento.
Después de unos momentos le gritó a ninguna chica en particular. ―¿Cuál es su problema?
Diana ignoró su arrebato por completo y Lucia la observó con el ceño fruncido, pero sin decir nada. Rose levantó la mirada de su ensayo y siseó ―Nosotras no tenemos ningún problema. Pero tú eres una pequeña puta rastrera, ¿no es así?
Hermione estaba asombrada por lo cortante que sonaba su voz. Rose normalmente nunca hablaba de esa manera. Y nadie, ni siquiera Diana, la reprimió por sus insultos. Como no sentía deseos de discutir con ellas en estos momentos, Hermione cerró las cortinas de su cama. Tomó su libro de Aritmancia y empezó a leer los capítulos que se iban a abordar la siguiente clase. Ella realmente tenía otras cosas que preocuparse que esas estúpidas estudiantes que intentaban molestarla. Otros ya lo habían intentado antes. Luego de unas cuantas horas de lectura el libro se deslizó de sus manos y Hermione cayó al mundo de los sueños.
―¡Inútil sangresucia! ―El mortífago gritó y golpeó a Hermione en un costado. Ella se encontraba acurrucada en posición fetal en el suelo a sus pies. ¿Cómo pudo ser tan descuidada? Había dejado su escondite para ir a la villa y conseguir algo de comida. Ellos no habían logrado conseguir algo para comer por días. Una guerra despiadada se estaba llevando acabo ahora entre Voldemort y el Ministerio. Los mostífagos de Voldemort estaban por todos lados. Cada vez se volvía más y más difícil encontrar un lugar seguro para armar su tienda. No había ningún mortífago que no conociera sus caras. Ellos no podían ir tranquilamente a una tienda y comprar algo de comer sin arriesgarse a ser descubiertos.
―¿Dónde está Potter? ―Otro mortífago preguntó. Eran cinco de ellos los que la estaban rodeando. Hermione no contestó. Así que el mortífago apuntó la varita hacia ella y siseó:
―¡Crucio!
El familiar dolor agonizante de la maldición Cruciatus recorrió su cuerpo de pies a cabeza. Y aunque era familiar, no había forma de acostumbrarse a esa agonía. Penetraba su cuerpo hasta su mismísimo núcleo mágico, destruyendo todo a su paso. No había nada más que ese dolor consumidor hasta que finalmente se detuvo. Una mano tomó su brazo y la obligó brutalmente a sentarse.
―¿Dónde está Potter? ―El mortífago volvió a preguntar.
Hermione lo miró y sacudió su cabeza. Jamás iba a decirles. Entonces el mortífago le escupió en la cara y la abofeteó. Ella cayó sobre uno de sus costados. Sangre fluía desde una de los bordes de su boca.
―¡Horrible pedazo de mierda! Le gritó. ―Debería matarte ahora mismo sabes, ¡Puta muggle!
Hermione lloró. Eventualmente la iban a matar. Pero no antes de intentar obtener la información que buscaban utilizando todos los medios posibles…
Al despertar sintió cómo las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. "¡Contrólate, por Merlín!" Se reprendió. Tener a toda la población de Hogwarts excluyéndola no es una razón para llorar. Podría complicar su trabajo para regresar a su propio período, pero no es una razón para desesperar. Hermione se levantó, cambió de ropa y luego dejó el dormitorio. Las demás no le habían hablado ni una sola palabra. Ellas estaban derechamente ignorándola. Pensó en ir al Gran Comedor para desayunar pero cambió de opinión. De todas formas no podría comer teniendo a todos enviándole miradas hostiles, así que se dirigió al salón de Historia de la Magia.
La clase de Historia era horrible. El profesor Binns era mortalmente aburrido mientras hablaba sobre una guerra de los Duendes u otra. El resto de los estudiantes estaban ignorándola la mayor parte del tiempo. Pero en los momentos en que no la ignoraban, entonces estaban intentando maldecirla. Durante la clase su frasco de tinta explotó. Ella quedó cubierta de tinta negra de pies a cabeza, pero nadie intentó ayudarla a limpiar el desastre. Todos se habían reído de ella con maldad.
Ya más avanzado el día, Hermione caminó al Gran Comedor para almorzar. No deseaba estar allí, pero como se había saltado el desayuno ahora estaba bastante hambrienta. Más allá en el corredor pudo ver a Longbottom, Weasley y Lupin. Había llegado el momento de descubrir el misterio del por qué estaba siendo rechazada, pensó.
Al alcanzarlos los saludó diciendo, ―¡Hey!
Longbottom la miró. Hermione pudo ver la decepción en sus ojos. ¿Por qué él se sentía decepcionado de ella? Él no dijo nada, simplemente se alejó de ellos. Hermione no pudo evitar sentirse adolorida por su comportamiento. Lupin y Weasley aparentaban estar menos ofendidos de caminar junto a ella, así que se quedaron.
―Ahora, ¿Puede alguien decirme que está pasando? ―Ella dijo impaciente.
Weasley y Lupin se miraron uno al otro un tanto incómodos hasta que Lupin finalmente dijo: ―Bueno, es sobre Riddle y tú.
―¿Qué es esto sobre Riddle y yo? ―Preguntó cuando el no siguió explicando.
―Ellos saben que le pediste una cita y… ―Aquí Lupin dejó de hablar.
―¿Disculpa? ―Hermione preguntó indignada.
―¿Tú le pediste a Riddle una cita. Cierto, Hermione? ―dijo Weasley con más fuerza.
Hermione los miró asombrada. "¿Qué?"
―No, ¡no hice una cosa así! ―dijo disgustada por lo que ellos estaban insinuando.
Weasley levantó una de sus cejas. ―¿No lo hiciste?
―¡Por supuesto que no! ―Hermione estaba molesta ahora.
―Eso es lo que pensé. ―dijo Lupin.
Hermione se volteó nuevamente hacia Lupin. ―Entonces dime qué está pasando aquí.
Lupin carraspeó un poco y luego le dijo. ―Hay un rumor, Hermione. Dice que tú fuiste a hablar con Riddle y le pediste una cita, pero él se negó.
―¿Yo hice qué?
―Hay más, me temo. ―Lupin continuó. ―Después de que él te rechazó, tú te enojaste y empezaste a gritarle e insultarlo. Entonces como él no quería salir contigo, entonces lo amenazaste.
―¿Yo amenacé a Riddle? ―Toda esta situación era grotescamente chistosa, Hermione pensó. Ella, ¿amenazando a Riddle?
"¡Es todo lo contrario!"
―Lo siento, pero eso es lo que dice el rumor. ―Lupin la miró con lástima. ―Para vengarte de él por rechazarte lo atacaste durante la clase de DCAO.
―¿Estás bromeando, cierto? ―Hermione no podía creer lo que estaba escuchando. ―Él estaba atacándome a mí. Yo tenía que defenderme, ¿cierto?
―Bueno, tú usaste unos hechizos bastante serios contra él, Hermione. ―Weasley intervino. ―Como esa brillante luz. Derritió un maldito agujero en el piso de piedra.
Hermione se encogió de hombros. Sí, ese hechizó era realmente peligroso. Pero ningún hechizo era lo suficientemente fuerte contra Lord Voldemort. Él se lo merecía.
―Sus hechizos tampoco eran inofensivos. ¿Pero, de todas formas, quién comenzó esos estúpidos rumores? Como si fuera a pedirle alguna vez una cita a Riddle. ―Hermione rodó sus ojos.
―No lo sé. ―Lupin frunció el ceño. ―Pero lo malo es que todo el mundo lo cree.
―Seh, incluso Longbottom ―Hermione dijo amargada.
―Él es estúpido, Hermione. ―Weasley intentó consolarla. ―Simplemente es demasiado sensible a cualquier cosa relacionada a Riddle. Realmente lo odia, lo sabes.
Hermione suspiró. ―Solo espero que se den cuenta de lo errados que están.
Este rumor lo explicaba todo. Tom Riddle era un chico realmente popular. Hermione tuvo que aceptar eso a regañadientes. Él se había construido una perfecta reputación entre el cuerpo estudiantil e incluso entre los profesores. Para ellos era el pobre pero brillante huérfano. Tan valiente y apuesto. Las chicas perdían la cabeza por él y los chicos lo respetaban y querían formar parte de sus amistades. Los tenía a todos girando en las puntas de sus dedos. Hermione dudaba que existieran muchas personas que conocieran al verdadero Tom Riddle. Probablemente Dumbledore era uno de ellos. Y sus seguidores de Slytherin, los futuros mortífagos, lo conocían y le temían. ¿Pero aparte de ellos? Hermione no pensaba que existieran muchas personas que siquiera sospecharan de él. Y ahora ella, la nueva estudiante, había atacado a su chico de oro. Por supuesto que iban a odiarla, atacarla y, en definitiva, hacer su vida lo más miserable posible. Hermione pensó en las palabras que Riddle le había dicho.
"No inicies una guerra conmigo. Lo vas a lamentar profundamente".
¿Quizás la guerra entre los dos ya había iniciado? Y ahora estaba experimentando su primer ataque. Ella estaba bastante segura de que había sido Riddle quién inició esta oleada de rumores.
El almuerzo fue igual de agradable que la clase de Historia anterior. Hermione había intentado comer lo más rápido posible para que le fuera posible irse otra ver del Comedor. De alguna forma esas miradas no eran muy reconfortantes. Después de un desagradable hechizo de mucosa que la había golpeado en la espalda ella de alguna forma terminó perdiendo su apetito. Así que dejó el Gran Comedor y se dirigió a su clase de Encantamientos. Eso sería muy agradable considerando quién era su compañero de puesto. Hermione suspiró. Ella hacía eso bastante últimamente, notó.
"¿Me pregunto por qué?"
Y además había empezado a usar mucho el sarcasmo.
Al llegar al salón donde se impartía la clase de Encantamientos, se sentó en su puesto deseando poder sentarse en cualquier otro lugar. Los estudiantes llegaron uno después del otro y cada uno se sentó en su respectiva mesa. Pero no antes de lanzarle una muy desagradable mirada. Se está volviendo repetitivo, pensó Hermione. Pero mientras no le arrojaran maldiciones ella no se iba a molestar.
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Riddle ingresó con paso elegante a su clase de Encantamientos. Acababa de informarle a Primus Lestrange de su siguiente reunión. Lestrange se encargaría de informar a los otros. Esas reuniones lentamente se habían transformado en un inconveniente. Riddle había iniciado años atrás ese pequeño grupo para tener a alguien con quién practicar la Artes Oscuras; o mejor dicho en quien. Pero hoy en día él no necesitaba en realidad practicar. ¿Así que quizás había llegado el momento de disolver el grupo? Por otro lado, esas reuniones eran la mejor instancia para reclutar. Allí podía fácilmente a todos esos estúpidos pequeños sangrepura a su causa. Los herederos de unas cuantas familias sangrepura, ricas e influyentes, ya eran leales a él. Además eran bastante útiles para él tratándose del trabajo sucio. No, tenía que mantener esas reuniones. Los beneficios eran demasiado grandes para ser ignorados. Así que tendría que seguir adelante con ellas por más aburridas que fueran. Quizás podría lanzarle una Cruciatus a alguien en la siguiente, eso sería entretenido.
Él dobló en una esquina en su camino al salón de clases cuando una chica chocó contra él. ¿No podían acaso esas imbéciles mirar a dónde van?
Él puso su sonrisa encantadora, nadie podía negársele cuando la usaba. Luego dijo, ―¿Estás bien? ¿No te lastimé, cierto?
La chica, una Ravenclaw, se sonrojó escandalosamente. Era bastante bonita. Riddle pensó que la conocía de alguna parte. Su nombre era algo así como Devin… o Dunhill. No estaba seguro. Y en realidad, no le importaba.
Ella contestó con una voz chillona y saltona, ―No, estoy bien. Fue mi error.
"Sí, fue tu maldito error. Desearía tanto maldecirla ahora".
Riddle estaba por continuar su camino cuando ella preguntó. ―Tom, me gustaría preguntarte si estás bien. Después de la nueva alumna te atacó tan descaradamente.
"¿Tom? "¿Quién le dio el derecho de llamarlo Tom? Un odio abrazador comenzó a desarrollarse en su interior. Cuando la volvió a mirar, ella se recogió un poco en su sitio. Maldición, su odio debió reflejarse en su rostro. Así que él arregló ese detalle y le volvió a sonreír. ¿Pero por qué ella tenía el atrevimiento de llamarlo "Tom"? Ahora que observaba desde más cerca, ella resultaba bastante familiar. "¿De dónde la conozco?" Riddle se cuestionó. "Ah, ¡sí!" ahora podía recordar. La había follado. Eso era. Tuvo que suprimir una sonrisa al recordarlo. Muy fácil; esas chicas eran simplemente demasiado fáciles de obtener. Pero eso de todas formas no le daba el derecho de llamarlo "Tom".
Él le contestó con voz dulce; —No te preocupes. No fue nada grave, solo un par de cortes.
Al escucharlo, la chica murmuró algo indignadamente que sonaba bastante similar a "¡Cómo se atreve!". Pero no estaba seguro, en realidad él no estaba prestando atención.
Luego ella dijo; —¿Es cierto? ¿Te atacó porque la rechazaste?
Ante esa pregunta Riddle casi se puso a reír. Oh, su pequeño rumor se estaba esparciendo sin ningún problema. Pero, de todas formas, contestó con voz vacilante, —estoy seguro que ambas cosas no están relacionadas.
La chica le sonrió de una manera que definitivamente ella consideraba coqueta, pero que en realidad resultaba ser simplemente ridícula. —Eres muy amable, Tom.
Realmente él debía irse en ese mismísimo momento o corría el riesgo de romper a reír en una riza desquiciada. —Ahora debo ir a clases. Fue un agrado conversar contigo.
Y con eso él se alejó de la crédula chica.
Su rumor había funcionado de maravilla. DeCerto era ahora rechazada por toda la escuela. Él había disfrutado de sobremanera crear ese pequeño ataque sobre su vida social. Pero esa chica todavía era un misterio. Sus habilidades de duelo habían sido una sorpresa, así que debía averiguar más sobre ella. Quizás la chica termine uniéndose a su grupo después de todo, definitivamente sería una poderosa seguidora. Pero por alguna razón dudaba que él pudiera persuadirla a ella de unirse. DeCerto había parecido odiarlo desde el primer día.
Por lo menos ella lo había distraído de sus otros problemas, en los cuales parecía estar enfrentando un callejón sin salida. Pero definitivamente iba a usar el anillo…
Al llegar a su clase, DeCerto ya se encontraba sentada en su mesa. Riddle pudo ver cómo los otros estudiantes la miraban hostiles. Ella estaba leyendo su libro de encantamientos y parecía bastante ajena despreocupada de la animosidad del resto de la clase. Riddle se sintió un tanto irritado por eso, caminó hacia su puesto y se sentó.
—DeCerto. —La saludó.
—Riddle. —Ella dijo con voz indiferente sin levantar la mirada de su libro.
Su acción lo exasperó aún más. ¿Por qué esa chica insistía en ignorarlo? ¿Y por qué le importaba después de todo? Pero le importaba.
—Así que, ¿Cómo ha estado tu día? —preguntó con voz dulzona. "Bueno, ¿Qué tan bueno ha podido ser tu día? ¿Con toda la escuela odiándote?"
Pudo ver como los nudillos de su mano que sujetaba el libro volverse blancos. Ella levantó su mirada y sus ojos estaban brillando de rabia. Probablemente había asumido que él fue quien inició el rumor. Le sonrió.
Ella le contestó con una voz igual de dulce que no combinaba realmente con su cara en esos momentos. —Y dime, ¿Cómo están tus cortes?
¡Esa puta insufrible! ¿Cómo se atrevía a hablarle de esa forma? Él se inclinó hacia ella y susurró para que sólo ella pudiera escucharlo. —¿Cómo conoces todo esos hechizos, DeCerto? ¡Dime!
Sus últimas palabras fueron dichas con tanta fuerza y autoridad que Hermione sintió escalofríos recorrerle la espalda. Pero ella no iba a decirle. Así que susurró igual de suave que él;
—Bueno, ¿Cómo conoces tú todos esos hechizos?
Sus ojos grises estaban clavados en ella nuevamente, brillando de odio. —Tarde o temprano me voy a enterar, así que, ¿Por qué lo haces esta situación más difícil para los dos?
¡Ese idiota! Hermione estaba realmente molesta ahora. ¿Por qué tenía que ser tan imbécil? ¿Y por qué, oh Merlín por qué, tenía que ser ella la única que lo puede ver tal cual es, malvado?
Y ahora él estaba tan cerca que ella podía ver su imposible color de ojos otra vez. Ellos eran de un tono gris puro con pequeños puntos de azul oscuro alrededor de su pupila. Su cara estaba bien proporcionada y su pelo oscuro caía elegante sobre sus ojos. Él era muy atractivo. Y eso molestaba aún más a Hermione. ¿Cómo podía decir esas cosas y lucir de esa forma? Por lo menos en su tiempo, Lord Voldemort tenía la decencia de lucir igual de maligno que su alma.
Hermione sacudió su cabeza con incredulidad. —Pff, como si fuera a decirte a ti algo.
Allí estaba otra vez. La forma en que ella le habla y lo mira. Había odio en sus ojos, pero con odio Riddle podía vivir. No, también había una gran cantidad de desprecio. Como si él fuera algo inferior a ella. Lo peor de todo eran los atisbos de lástima que podía ver de vez en cuando en los momentos en que ella le hablaba.
El frunció el ceño y siseó; —llegará el momento en que me suplicarás de rodillas que te deje decirme todos tus patéticos secretos.
Al escucharlo DeCerto se carcajeó. ¿Cómo puede reírse después de tal declaración de guerra? Luego ella se inclinó hacia él. Riddle se tensó cuando pudo sentir su brazo rosando el suyo.
Ella susurró a su oído enfatizando cada palabra: —En tus sueños.
Antes de que Riddle tuviera la oportunidad de responder, la puerta de la clase se abrió y la profesora Merrythought entró. Hermione se recostó en su silla y miró de reojo a Riddle. Él todavía la estaba mirando. Su cara era una máscara blanca como siempre, pero de alguna forma Hermione podía interpretar los pequeños matices de su rostro. Debajo de esa aparente falta de emocionalidad ella podía ver incredulidad y rabia, e incluso para su sorpresa, un poco de confusión. ¿Lord Voldemort estaba confundido? ¿Por ella? Sintió la urgencia irresistible de estallar en risotadas pero se contuvo y en cambio le sonrió tiernamente. Notó satisfecha como eso pareció molestarlo incluso aún más.
Todas esas emociones que él intentaba ocultar le dijo a Hermione algo sobre Tom Riddle. Él todavía no era Lord Voldemort, por lo menos no él Lord Voldemort que ella conocía de su tiempo. Él había sido cruel y despiadado. No conocía la misericordia y jamás habría parecido confundido ante ninguna situación. Hermione sabía que Riddle no era para nada un chico agradable y normal, él ya había matado por lo menos cuatro personas. Pero no era como el Voldemort de su tiempo, ese Voldemort no tenía emociones. No porque fuera mejo ocultándolas, sino que él no tenía emociones como cualquier otro ser humano. Hermione se preguntó qué había pasado en esos cincuenta años que lo cambió tanto. Ella solo sabía que en algún punto de ese proceso él iba a perder su humanidad. "¡Que terrible!" pensó cuando una inexplicable oleada de tristeza se apoderó de su mente.
La profesora Merrythought la sacó de su ensimismamiento al decir con su amable voz: —La última clase vimos cómo usar el encantamiento Procella para crear viento, hoy avanzaremos hacia el resto de los encantamientos de clima.
La profesora Merrythought le sonrió a la clase con alegría, era claro que ella disfrutaba mucho enseñar. Hermione recordaba a la profesora Merrythought de su época, ella había sido una de las evaluadoras de sus TIMOs. En esos años ya era una anciana. Hermione había estado extremadamente nerviosa pero podía recordar como Merrythought la había ayudado a calmarse. Ahora a Hermione le agradaba aún más.
—Ahora, ¿Quién puede decirme cuales son el resto de los encantamientos de clima? —la profesora preguntó.
Hermione vio a Riddle levantar su mano a su lado. Ella rápidamente escaneó el salón de clases, él era obviamente el único que conocía el resto de los encantamientos. Bueno, aparte de ella por su puesto. Hermione decidió levantar su mano. Después de todo Riddle parecía ya estar interesado en ella, así que no existía necesidad de ocultar su conocimiento.
Merrythought le sonrió a ambos amablemente y luego dijo: —Si, Señorita DeCerto, ¿Puede decirme el nombre de los encantamientos?
—Si profesora. Aparte del encantamiento de viento, existen otros cuatro del mismo tipo. El primero es el encantamiento Pluvia el cual hace posible crear lluvia. El segundo es el encantamiento de nieve, cuya pronunciación es la misma que el de Pluvia pero posee movimientos de varita ligeramente distintos. El tercero es el encantamiento Caligo, que se usa para crear una neblina densa alrededor del conjurador. El último es el encantamiento Solismico, que es conocido como el encantamiento de luz solar. En realidad no crea rayos de sol, sino que es el contra hechizo para el resto de los encantamientos de clima.
Después de su pequeño discurso, Hermione pudo ver como la sonrisa de la profesora Merrythought se volvía cada vez más grande. Riddle frunció el ceño en su dirección y el resto de la clase le envió miradas hostiles, pero a Hermione en realidad no le importaba lo que pensaran el resto de los estudiantes, así que le sonrió a la profesora, quien dijo:
—Muy bien, señorita DeCerto. Esos son ciertamente todos los encantamientos de clima. Se ha ganado 10 puntos para Gryffindor. —Ella se giró hacia el resto de la clase y continuó la lección—. Hoy vamos a practicar el encantamiento de nieve. Resulta bastante fácil de realizar una vez se ha dominado el encantamiento de lluvia. La única diferencia, como explicó correctamente la Señorita DeCerto, es el movimiento de la varita.
Luego Merrythought empezó a hablar sobre el cómo el encantamiento fue inventado, las distintas formas en las que se le puede usar y mostró cual era el movimiento correcto de varita. Hermione no prestaba mucha atención porque ya sabía como realizar todos los encantamientos de clima. El único relativamente útil de todos ellos era el que servía para crear niebla, podía ser utilizado para ocultarse. Desafortunadamente el contra hechizo era igual de fácil de realizar, así que no resultaba realmente seguro de usar mientras te escabulles dentro de el territorio enemigo.
Después de unos momentos de soñar despierta Hermione escuchó a la profesora decir: —Ahora, quiero que practiquen el encantamiento de nieve. No olviden que el conjuro es Pluvis.
Hermione escuchó el familiar ruido de papeles y el arrastrar de sillas que normalmente seguía a las declaraciones como la anterior. Un suave murmullo invadió el salón de clases. Merrythought empezó a caminar alrededor de los estudiantes y ayudaba a quienes tenían problemas con el encantamiento. Hermione se dedicó a observar a los demás probar suerte con el encantamiento de nieve. Algunos de ellos lograron que aguanieve cayera a su alrededor, mojando todas sus cosas. El único que logró algo que lucía similar a nieve real fue Lupin, pequeños copos de nieve caían sobre su escritorio. Merrythought lo había notado, recompensándolo con 5 puntos. Hermione le sonrió, él le correspondió la sonrisa y la saludó desde lejos. Hermione pudo ver que Longbottom, quien estaba sentado junto a él, continuaba ignorándola. Realmente la deprimía que él ni siquiera estuviera dispuesto a mirar en su dirección.
—Así que, ¿A cuál escuela asististe en Francia, DeCerto? —escuchó como Riddle preguntaba inocentemente a su lado.
"Sutil, Riddle. Sutil". Pensó mientras se volvía hacía él con una ceja arqueada.
—Shh, estoy intentando aprender aquí. —Hermione le sonrió, luego movió su varita mientras pensaba;
"¡Pluvis!"
Pequeños y suaves copos de nieve empezaron a caer delicadamente sobre el pelo negro de Riddle. Antes de que él pudiera maldecirla Hermione se giró hacia Merrythought, quien estaba dando la lección por terminada.
—Quiero que escriban un ensayo de 30 centímetros sobre los encantamientos de clima. Debe ser entregado la próxima semana.
Hermione rápidamente se puso de pie y salió del salón de clases. No quería seguir discutiendo con Riddle por ahora.
Riddle blandió su varita con pereza y la nieve que caía sobre él se detuvo. Esa chica realmente era todo un caso. La observó mientras ella dejaba el salón de clases. Luego, se puso de pie, tomó sus cosas y salió de allí. Ella todavía lo estaba contradiciendo. Incluso después de todas las cosas que había hecho y dicho. Ningún otro estudiante se había atrevido antes a hablarle de ese modo, y ciertamente no una chica. Pero aquí está ella, manteniendo su posición frente a él. Había visto el fuego en sus ojos, eso simplemente no podía ser. Él estaba fascinado por su fuego pero al mismo tiempo necesitaba desesperadamente extinguirlo. Necesitaba que ella lo mirara con el mismo miedo y sobrecogimiento que los demás. Pero por alguna razón sentía que iba a perder algo si DeCerto se transformaba en una más del montón. Al otro lado de la siguiente esquina del corredor, escuchó unas voces y se detuvo para prestar atención a la conversación.
—tener la audacia de sentarte junto a él después de todo lo que hiciste, DeCerto.
Riddle reconoció esa voz, le pertenecía a Susan Yaxley, una Slytherin de sexto año. Ella no le agradaba, siempre intentaba (y fallaba) de seducirlo. Ahora parecía que estaba hablando con DeCerto. Ella continuó hablando con un tono cortante y malvado de voz:
—habría sido mucho mejor si te hubieras quedado en Francia, estúpida perra. Quizás así Grindelwald te habriá matado.
Riddle levantó sus cejas al escuchar eso. Se formó una extraña sensación en su estómago ante el pensamiento de DeCerto siendo asesinada por Grindelwald.
—Si… quizás eso habría sido mucho mejor. —DeCerto contestó suavemente y sonaba como si en realidad estuviera hablado consigo misma. Luego, la escuchó alejarse caminando.
Riddle estaba sorprendido por la severidad de su voz.
"¿Qué fue eso?" Nunca antes había escuchado ese tono en la voz de DeCerto, la cual estaba normalmente repleta de emociones. El sentimiento predominante que la dominaba cuando hablaba con él era odio, pero esa repuesta que le dio a Yaxley había estado vacía de cualquier cosa, totalmente plana.
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"¡Estúpida vaca!" Hermione caminó hacia la oficina de la profesora Legifer. Eran cinco minutos para las seis y ella tenía que cumplir con su detención. Una detención por ser un poquito descuidada. Estaba furiosa. ¿Qué mierda sería lo siguiente? ¿Una detención por tener el corte de pelo incorrecto? Al llegar a la oficina golpeó la puerta un poco más fuerte de lo necesario.
—¡Adelante! —La rabia de Hermione alcanzó nuevos niveles al escuchar la voz de Legifer.
Abrió la puerta y entró a la oficina. Legifer estaba sentada en su escritorio donde había estado evaluando unos ensayos. Hermione casi negó con al cabeza.
—Ah, Señorita DeCerto. —Legifer le sonrió con crueldad. —Cinco puntos menos de Gryffindor.
Hermione la miró con incredulidad; —¿Por qué?
Legifer indicó el reloj que colgaba en la pared. —Llegaste tarde.
El reloj indicaba que eran las seis y un minuto. Hermione sintió su odio dispararse pero logró mantener su boca cerrada. Por primera vez en su vida pudo comprender cómo Harry debió sentirse respecto a Snape. Legifer todavía le sonreía con altanería.
—Entonces, Hermione, Como claramente no sabes que es la limpieza, quiero que leas estos ensayos. —señaló una pila gigante de pergaminos que se encontraba frente suyo en su escritorio.
—Estos le pertenecen a mis estudiantes de primer año. Creo que puedes aprender mucho leyéndolos. —Legifer elaboró con su voz chillona y tomó uno de los ensayos, levantándolo para que Hermione pudiera leer su título.
"¿Los deberes de una bruja dueña de casa?" Hermione sintió que podría explotar en cualquier momento pero hizo todo lo posible por no maldecir a la vieja idiota sentada frete suyo.
—Si profesora. —logró decir con una voz bastante reprimida.
Se acercó y aceptó los ensayos de Legifer y la mujer le sonrió de forma arrogante. Luego Hermione se sentó en una silla frete al escritorio de Legifer y miró con furia la torre de pergaminos en su mano. Jamás había pensado que llegaría el día en que iba a desear poder quemar una pila de deberes. Pero ese momento había llegado. Hermione tuvo que reprimir el instinto de mirar alrededor de la oficina en busca de una chimenea. En vez de eso, logró forzarse a tomar el primero de los muchos ensayos. En el comienzo leyó que le pertenecía a Malissa Stanson, una Ravenclaw de primer año. Luego continuó leyendo lo que Malissa había escrito con su letra desordenada:
≪Es la responsabilidad de toda buena esposa de mantener el orden en su hogar, para que así su esposo se pueda relajar cuando regrese del trabajo. Una buena esposa debería preparar una cena para que su esposo pueda tener algo saludable para comer. Una buena esposa debe esperar a su esposo en casa y darle la bienvenida al hogar cuando él regrese de su largo día de trabajo en la oficina.
Hermione podía sentir casi físicamente la indignación apoderándose de su cuerpo. ¿Qué era eso? No podía leer lo que tenía que leer en el pergamino. Repentinamente estaba tan agradecida de haber crecido entre los ochenta y los noventa. Aparentemente aquí en los cuarenta la emancipación de la mujer todavía tenía un largo camino por recorrer. Lo peor de todo, es que estas inocentes niñas como Malissa Stanson tienen que escribir tonterías como esta. E incluso podían llegar a creerlo.
—¡Continúe leyendo, Señorita DeCerto! —Hermione casi saltó cuando Legifer le siseó. —puedo ver dónde se detuvo.
Hermione le lanzó una mirada a la profesora. Legifer todavía se encontraba sentada tras su escritorio evaluando unos deberes. Ella no la miraba, pero Hermione, que podía ver la sonrisa satisfecha en su rostro, tuvo que luchar para mantener su compostura. Sus manos se cerraron en apretados puños, casi destrozando el ensayo de Malissa.
—Sí, profesora. —contestó mecánicamente, sorprendiéndose a sí misma con lo vacía de emociones que sonó su voz.
Más de tres horas más tarde Hermione salió de la oficina de Legifer. No podía creer que esa vieja la hubiera mantenido allí tanto tiempo. Ella podo haber usado ese tiempo para algo en realidad útil, tal como ir a la biblioteca y buscar libros sobre el viaje en el tiempo. Incluso estar sentada en una silla y mirar la pared habría sido más productivo que esa estúpida detención. Pero ahora eran casi las diez y la biblioteca ya estaba cerrada. Hermione decidió regresar a su habitación, dejar que sus compañeras de cuarto la insulten un poco, ya que obviamente lo disfrutan, y luego dormir un poco y olvidar que este día llegó a pasar. En el momento en el que dobló la siguiente esquina pudo ver a un chico caminando en su dirección. Cuando estuvo cerca lo reconoció como Ledo Avery, un Slytherin de séptimo año y el capitán del equipo de Quidditch de su casa. Y por supuesto, uno de los miembros del pequeño grupo de mortífagos de Riddle. Ella gruñó ante lo último.
"Bueno, pudo haber sido peor. Podría haber sido Riddle".
Avery pareció reconocerla también porque empezó a sonreírle de forma perturbadora.
"¡Genial!". Hermione lo ignoró e intentó pasar a su lado rápidamente. Pero el súbitamente bloqueó su camino.
—¡Miren quién está aquí! ¿No es esta la pequeña señorita DeCerto? —Dijo con su voz pastosa. —¿qué estas haciendo tan tarde en un corredor oscuros y solitario?
A Hermione no le gustó el brillo desagradable de sus ojos mientras observaban su cuerpo de forma hambrienta.
—No creo que eso sea de tu incumbencia. —ella contestó con voz firme pero su mano derecha se tensó, solo necesitaba agitar su muñeca y su varita volaría a su mano.
—Aw, DeCerto, ¿Por qué tan indiferente? —Avery dio un paso más en su dirección. —Yo sé que debes sentirte decepcionada de que Riddle te rechazara. Pero estoy seguro de que podré confortarte muy bien.
Hermione se sintió asqueada cuando él giño el ojo lascivamente. —No lo creo. Y ahora, ¡Fuera de mi camino!
Para su sorpresa el realmente se apartó. Pero cuando Hermione lo pasaba, pudo sentir como su mano se cerraba alrededor de su muñeca izquierda. Ella siseó de dolor cuando el la tironeó hacia atrás y chocó con su pecho.
—Ah, esto está mucho mejor. —el ronroneó en su oído mientras rodeaba su cintura con su musculoso brazo.
Hermione se retorció intentando deshacerse de su agarre pero él la sujetaba con fuerza.
—¡Suéltame! —le gritó indignada.
Pero él se limitó a sonreírle con soberbia. Hermione había tenido suficiente. Primero Legifer y su estupidez, y ahora un sinvergüenza caliente. Ella agitó su muñeca y sintió como su varita aterrizaba tranquilizadora en su mano.
—¡Creo que eso es suficiente Avery! —Hermione escuchó una voz baja decir justo en el momento en que ella iba a hechizar el trasero de Avery al más allá.
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Riddle acababa de dejar la biblioteca después de revisar los libros de la sección prohibida. ¡Por décima vez! ¡No podía encontrar la información que necesitaba! No podía creer que él fuera el primero en tener esta idea. ¿No era ese el paso siguiente más obvio que alguien tenía que hacer? Aparentemente nadie lo había hecho antes. O ellos habían sido lo suficientemente listos para no dejarlo por escrito. Suspirando, empezó a juguetear con el anillo de oro que se encontraba en su mano derecha. Quizás solo se trataba con la política de Hogwarts de prohibir cualquier libro que fuera remotamente útil. Si la información no podía ser encontraba en un libro entonces tal vez podría buscar otras fuentes. ¿Quién podría saber? Seguramente Dumbledore sabía algo.
"Si… como si eso fuera a funcionar". Tom rodó sus ojos. Todo lo que tenía que hacer era tocar a la puerta de Dumbledore y preguntar amablemente.
¿Y que tal McGray? No, eso tampoco daría buenos resultados. McGray era un profesor nuevo, todavía no estaba bajo su encanto. De todas formas Riddle dudaba que él supiera algo, McGray era un perturbador "chico bueno".
¿Entonces quizás Slughorn? Si, esa idea era mejor. Slughorn era un pequeño y escurridizo bastardo que sabía su buena cuota de Artes Oscuras. Mucho más de lo que normalmente dejaba ver. Pero Riddle tendría que planear su forma de actuar con extremada precaución, lo que quería saber era información delicada después de todo. No deseaba que Slughorn empezara a sospechar de él.
Mientras caminaba por el pasillo hacia las mazmorras de Slytherin escuchó una voy cabreada: —No lo creo. Y ahora, ¡Fuera de mi camino!
¡Esa era DeCerto! Él se acercó silenciosamente para poder oír lo que sucedía mejor. Escuchó un par de pasos y luego ruidos de forcejeo, los ruidos provenían de otro corredor. Se acercó sigilosamente, siempre permaneciendo en las sombras, un poco más adelante vio a DeCerto. Con sobresalto se dio cuenta que alguien más la estaba abrazando. ¿Quién era ese? Frunció el ceño.
—Ah, esto está mucho mejor.
Riddle reconoció la voz del chico, ese era Avery. DeCerto ahora intentaba liberarse del Slytherin. Él se dio cuenta con alivio de que obviamente el abrazó no era de consentimiento mutuo. Espera ¿Por qué rayos le importaba? Se había dado vuelta para alejarse cuando la escuchó gritar con voz furiosa;
—¡Suéltame!
Miró hacia atrás y vio como DeCerto agitaba su muñeca y su varita aterrizaba sin demora en su mano. Avery obviamente no había notado esto porque seguía sujetándola. Una sonrisa siniestra se empezó a formar en el rostro de Riddle, iba a disfrutar viendo como ella maldecía a ese idiota. Sí, o quizás él podría "salvarla" y luego intentar extraer información de ella.
El salió de las sombras y dijo: —¡Creo que ya es suficiente Avery!
Hermione miró por sobre el hombro de Avery y vio a Riddle de pie a tan solo unos metros de distancia. "Genial". Ahora no solo tenía que lidiar con Avery, sino que también tendría que tratar a Riddle. En esos precisos momentos la perspectiva de batallar con un trol de las montañas parecía mucho más tentadora. Mientras tanto Avery la había dejado ir y retrocedió un par de pasos para darse vuelta y mirar a su líder. Riddle caminó con paso firme hacia ellos y se detuvo frente al otro Slytherin. Avery era unos centímetros más alto que Riddle pero ahora mismo parecía acobardado frente al otro. No había duda alguna de quién estaba al mando.
Cuando Riddle habló su voz estaba calmada pero contenía una frialdad mortal. —Avery, creo que sería una buena idea de que regreses a las mazmorras.
—Pero y…
—¡Ahora! —Dijo Riddle, su voz nunca aumentando su volumen pero era claro que no aceptaría ninguna contradicción.
Avery se estremeció y luego asintió. Hermione estaba sorprendida de que no digiera "¡Sí amo!" antes de darse vuelta y alejarse. Ella sacudió su cabeza y se dio vuelta para continuar su camino hacia la sala común de Gryffindor.
—¿DeCerto, no vas a agradecerme? —Escuchó la voz autosuficiente de Riddle detrás de ella. Obviamente había dejado de lado el tono mortífero de su voz y estaba molestándola otra vez.
Hermione giró su cabeza y lo miró. Él estaba de pie en el corredor, luciendo su yo atractivo de siempre y con una sonrisa pícara en su rostro, sus ojos brillando de entretención.
Hermione contestó: —no veo el por qué. Perfectamente pude haber estado besándome con Avery.
Luego ella continuó caminando lejos de él. Pudo escucharlo reír y luego él caminó hasta ponerse junto a ella.
—Que agresiva DeCerto. ¿Qué te tiene tan enojada? Y además, tu "¡déjame!", no sonaba como si estuvieras disfrutando de las atenciones de Avery.
Hermione bufó. —Oh, ¿y tú sentiste la inexplicable necesidad de salvarme o algo así? Déjame decirte una cosa: ¡Puedo cuidarme sola!
Riddle volvió a reír, eso realmente comenzaba a desquiciar a Hermione. —Lo se. Yo recuerdo nuestro duelo después de todo. —Él la miro antes de continuar—. Dime una cosa, esa maldición que usaste, la cuerda ¿Cómo se llama? Nunca había escuchado de esa maldición antes.
"Por supuesto que no". Esa maldición fue inventada en 1974. Pero Hermione disfrutaba saber más de magia que Riddle. En ese momento se dio cuenta que estaban a punto de alcanzar la entrada de su sala común.
—No creo que vaya a decirte, Riddle. No vaya a ser que lo uses en pobres personas inocentes.
Riddle se detuvo abruptamente y en el momento en que Hermione se dio vuelta para mirarlo, él la tomó del brazo con fuerza y la empujó contra la pared. Ella lo miró sorprendida. La mirada en sus ojos tenía ahora un aire depredador. Riddle soltó su brazo y posicionó sus manos en la pared a cada lado de la cabeza de Hermione, atrapándola con efectividad. Él corazón de ella latía muy rápido ahora, no lo quería tan cerca. Era bastante inquietante. Nuevamente él emitía esa energía mágica salvaje, esta rodeaba el cuerpo de Hermione de forma dolorosa y sofocante. Ella levantó su mirada hacia él, sus muy abiertos por el miedo.
—Q… ¿Qué estás haciendo?
Él le sonrió de forma perversa, disfrutando verla tan asustada. Hermione podía verlo en sus ojos. Sus ojos la examinaban, ella se estremeció ante su intensidad.
—¿Por qué eres siempre tan hostil hacia mí? —susurró en su oído. —¿Qué es lo que escondes, DeCerto?
"¡Esto no es bueno!"
Hermione había planeado mantener un perfil bajo en Hogwarts, y ahora a tan solo una semana de llegar al castillo ya tenía al Señor Oscuro tras sus pasos.
Ella apartó su mirada de él y dijo: —Yo… no sé de qué estás hablando.
Riddle soltó una leve risa. Se acercó a ella y ahora su pecho casi la rozaba. Luego tomó su mentón con una mano y la forzó a levantar su cara para que volviera a mirarlo. Hermione sabía que sus ojos estaban abiertos de par en par de terror, pero no podía evitarlo. Riddle le estaba sonriendo satisfecho de manera siniestra.
—DeCerto. —Su voz sonaba autoritaria. —No hay sentido en pelear conmigo, solo puedes perder.
Sus ojos la miraban con tal intensidad que Hermione empezaba a sentirse mareada. Su mano tibia todavía sujetaba su mentón suavemente en su lugar. Estaba a terrada. Estaba atrapada y no había forma de que pudiera usar su varita. Riddle no era estúpido como Avery, iba a notar sin demora si ella intentaba hacer algo. Lo único que quería era alejarse lo más posible de él. Necesitaba escapar.
—Déjame ir, por favor. —Susurró con voz temblorosa.
Su sonrisa arrogante se amplió ante su plegaria y su clara muestra de miedo. Pero sorprendentemente la soltó y retrocedió un par de pasos, alejándose de ella. Hermione soltó el aire, aliviada. Riddle sonrió contento al ver su incredulidad y dijo:
—solo no olvides quién está en comando aquí.
Con esas palabras se dio media vuelta y con el crujido de su túnica negra ya se había ido.
Hermione se apoyó en la pared usándola como soporte y trató de controlar su respiración. Algunas veces en el salón de clases o en el Gran Comedor era fácil olvidar quien era realmente Tom Riddle. Pero ahora ella había estado tratando con Lord Voldemort. Sus manos temblaban terriblemente y se sentía ligeramente enferma. Estaba tan asustada que resultaba desconcertante.
Necesitó unos momentos para calmarse antes de ser capaz de entrar a la sala común de Gryffindor. La calidez y las conversaciones de la sala la confortaron un poco. Ella amaba los colores rojos y dorados de la sala común incluso ahora. Con ellos se sentía en casa. En una esquina lejana vio a Lupin, Weasley y Longbottom. Weasley obviamente la había visto porque la estaba saludando con su mano. Hermione dudó en acercarse porque Longbottom estaba sentado con ellos. Pero decidió acercarse porque Lupin le estaba enviando una sonrisa tranquilizadora. Ella se sentó en el sofá al lado de Weasley.
—hola. —dijo tímidamente, sin mirar a Longbottom.
—hola Hermione. —Lupin dijo todavía sonriéndole. Con su actitud calmada le recordó aún más a Remus Lupin.
—Hey, Mione. —Weasley le sonrió juguetón—. ¿No te molesta que te llame Mione, cierto?
—No, para nada. —Hermione le sonrió.
Lupin carraspeó y dijo mientras le enviaba miras a Longbottom. —¿Creo que alguien debe decir algo?
Hermione movió su mirada confusa entre los dos. Longbottom estaba jugueteando con la pluma que estaba en su mano mientras miraba con culpabilidad el sueño. Lupin lo codeó suavemente en un costado. Longbottom levantó la mirada y la fijó en ella.
Luego dijo incómodo. —Lo siento, Hermione.
Hermione lo miró con el ceño fruncido, todavía confundida.
—Lupin y Weasley me contaron. —Continuó Longbottom con voz entrecortada—. Que tú nunca le pediste a Riddle una cita y que todo era mentira. Siento mucho haberlo creído. —Longbottom la miró ansioso.
Ahora Hermione entendió que estaba pasando. Él se estaba disculpando por ser tan idiota últimamente. Le sonrió.
—Está bien Marc. No eres el único que creyó esas mentiras.
Hermione se sentía aliviada de que Longbottom le volviera hablar. Ya se sentía lo suficientemente solitaria en este tiempo sin tener a todos odiándola.
—Disculpa aceptada. Pero me debes una agradable cerveza de mantequilla en Las Tres Escobas. —agregó bromeando.
Los tres chicos rieron aliviados. Parecían estar igual de felices por la reconciliación como Hermione.
—Dime, ¿Todo esta bien otra vez? —Preguntó Weasley—. Porque tu estupidez estaba lentamente volviéndome loco. —Le dijo a Longbottom quien reía nuevamente.
Hermione estaba alegre de estar nuevamente en una relación amigable con él. De alguna forma esos tres eran los únicos amigos que tenía en este tiempo. Y ellos le recordaban demasiado a Ron y Harry. Eran su cordón de seguridad que la conectaban con sus amigos perdidos.
—Si, todo está bien. —Ella sonrió.
Los cuatro se quedaron sentados, riendo y bromeando, en la sala común. Hermione disfrutó mucho esa intimidad. Se sentía como en los viejos tiempos, cuando ella había estado en este mismo lugar conversando con Harry y Ron. Una época antes de que todo fuera catastróficamente mal. Un momento en que ella había sido completamente feliz. Parecía que había transcurrido una eternidad entre esos tiempos felices y el ahora. Pero Hermione disfrutaba pretender, aunque fuera por un tiempo breve, ser la Hermione feliz otra vez.
Era casi medianoche cuando subió a su habitación. Las otras chicas ya se encontraban acostadas durmiendo en sus camas. Hermione lo prefería de esa forma. Tomó su piyama y fue al baño. Después de cambiarse y cepillarse sus dientes ella, agradecida, se acostó en su cama de suaves sabanas. Cerró las cortinas rojas que rodeaban su cama, encontrando comodidad en la soledad.
Se preguntó cuando había muerto la vieja Hermione alegre, esa Hermione a la cual había pretendido ser abajo en la sala común. ¿Fue con la muerte de Sirius? Su muerte no solo había sido un golpe fuerte para Harry, sino que para ella también. Sirius había sido la primera victima de la guerra que ella había conocido personalmente. Diggory y el Sr. Crouch habían muerto antes que él pero ella nunca había hablado con ellos. Sus muertes habían sido aturdidoras pero se habían perdido en el anonimato.
Pero había quedado esperanza dentro de ella incluso después de la muerte de Sirius. Esa llama centellante dentro de ella todavía no había muerto.
Luego Dumbledore había muerto y muchos otros después de él. Pero en esos momentos ella había estado constantemente de viaje. Siempre había estado peleando. Nunca había tenido el tiempo suficiente para hacer luto por esas muertes. Quizás ese cambio dentro de ella fue algo más parecido a un proceso, un proceso que terminó con esta amargada y endurecida Hermione. Se sintió triste con este pensamiento pero también sabía que ese proceso era irreversible. No había forma alguna de regresar a su yo inocente.
Sus pensamientos regresaron a Voldemort, él era la razón de toda la miseria de su vida. Todo ese sufrimiento que había tenido se pasar. Y ahora tenía que volver a enfrentarlo. Todavía era igual de aterrador y peligroso como nunca antes. La frialdad y la inhumanidad todavía no estaban presentes pero Hermione este día había visto un atisbo de esa oscuridad. Y no tenía ningún deseo de enfrentarla otra vez. Estaba cansada. Llevaba peleando por mucho tiempo y había perdido todo en el camino. "Necesito regresar a casa incluso si eso significa que estaré sola allí. No puedo soportar quedarme aquí".
Hermione caminó por un callejón. Tenía su capucha bien puesta para que le tapara el rostro. Estaba sola en el medio de la noche caminando por una calle trasera en Londres. Ella estaba buscando un Horcrux y ni siquiera sabía como era. Una creación de Ravenclaw. ¿Pero qué exactamente? Y lo más importante, no sabía donde él lo había escondido. Su antiguo orfanato era su única idea, y era una bastante mala. Ni siquiera ella misma la creía. No podía imaginarlo escondiendo algo tan importante en un lugar que despreciaba tanto. Pero Harry y Ron habían acordado con ella de no tomar nada por hecho. Así que aquí estaba, revisando el lugar. Había convencido a Harry y Ron de que si iba sola la probabilidad de ser descubierta era muchísimo más baja. Sola pasaba desapercibida.
Pero su excursión había sido en vano. El orfanato ya ni siquiera existía. Hermione no había encontrado ningún Horcrux en los lugares cercanos. Era hora de regresar a la carpa y decirle a Harry y Ron que no había sido una expedición exitosa, lo que resultaba desesperanzador.
Repentinamente escuchó un grito inhumano en alguna parte de una oscura intersección. Hizo que su pelo de la parte de atrás de su cuello se erizara. Un estallido de risa maniática siguió al grito. La sangre de Hermione se volvió fría mientras ella miraba en dirección de las voces pero no pudo ver nada en la oscuridad. La riza se detuvo y alguien murmuró un encantamiento antes de que Hermione escuchara el suave "pop" de una desaparición. Jadeo cuando vio la desagradable luz verde tomar la forma familiar en el aire nocturno. Una serpiente enrollada alrededor de una calavera. Hermione se deslizó dentro de la oscura calle. ¿Quizás podría ayudar? En su interior sabía que esa esperanza estaba infundada.
Al acercarse a la luz verdosa se encontró con una escena abominable. Allí, desparramado en el concreto, se encontraba un cuerpo destrozado. Hermione vio cabello largo de un rubio oscuro. El cuerpo había pertenecido a una mujer que vestía ropa muggle. Todo lo demás era apenas reconocible como humano. Sus extremidades estaba rotas, los huesos perforaban la piel en diversos puntos. Un piscina de sangre se estaba formando debajo del cuerpo. Su lado derecho era una masa sangrienta, había sido reducido por algo en una extraña pulpa. Sus intestinos estaban esparcidos en el pavimento. La pálida luz de luna iluminaba la escena dándole un brillo espeluznante.
Hermione suprimió una arcada y retrocedió. Luego se dio la vuelta y corrió lejos. Lejos de la sangre, de la muerte y del enfermizo olor. Tomando grandes bocanadas de aire frio. Pero la sensación de estar sucia nunca la dejó. Y de alguna forma Hermione sabía que ese sentimiento nunca iba a dejarla…
