Capítulo 12

Las Secuelas de la Guerra

Hermione se despertó de su sueño por una fuerte explosión. Salió disparada de la cama al mismo tiempo que agarraba la varita de debajo de la almohada antes de que ella estuviera realmente despierta. Miró a su alrededor, pero no vio atacantes en la habitación. ¿Ese ruido sólo sonó en su sueño? Un bostezo se le escapó mientras miraba hacia abajo a su reloj de pulsera. ¿Las tres de la mañana?

Es demasiado pronto para preocuparse por las pesadillas, pensó malhumorada.

Se acostó de nuevo cuando pudo escuchar otra explosión. Se levantó rápidamente y se dirigió hacia la única ventana de la habitación. Esas explosiones venían de algún lugar de fuera. Hermione corrió las cortinas. Ahora tenía una extensa vista del callejón Diagon y más allá podía ver Londres. Hermione jadeó horrorizada cuando su mirada cayó sobre la ciudad. El cielo nocturno se iluminaba con un brillo prohibitivamente rojo y naranja. Columnas de humo negro se elevaban de aquí para allá por los edificios de la ciudad. En el cielo, en contra del brillo en llamas que se cernía sobre la ciudad, Hermione pudo ver filas y filas de aeronaves. Había tantos que el aterrador sonido de sus hélices se oían como un trueno sobre el caos en la ciudad. Esos monstruos en el aire abrieron sus vientres de metal para liberar una carga mortífera. Bomba tras bomba era lanzada sobre la ciudad. Cada una se estrellaba contra los indefensos edificios con una horrible explosión.

El estómago de Hermione se anudó en una mezcla de miedo y repugnancia cuando fue testigo de la alemana incursión aérea que atacaba Londres. Las lágrimas corrían por su rostro sin que se diera cuenta. Había oído y leído acerca de la Segunda Guerra Mundial, pero verlo y experimentarlo era tan terrible que sintió náuseas. Toda esa gente inocente por ahí, hombres, mujeres y niños, estaban muriendo. Las manos de Hermione se apretaron en puños mientras observaba impotente cómo las bombas caían sobre la ciudad. Sabía que estaba a salvo aquí en el callejón Diagon. Las fuertes salas protegían este pueblo mágico. Pero ¿qué demonios pasaba con la gente de ahí fuera?

—¡Riddle! — Hermione susurró sorprendida.

Él estaba ahí en esta ciudad en llamas, sin la protección de las salas. Además, Hermione se recordó con una punzada en el pecho, sin su varita. ¿Y si el orfanato fue golpeado? No sería capaz de salvarse sin su varita. Eso sería incluso bastante difícil con una varita. Hermione continuó observando la horrible escena que se desarrollaba frente a ella sin poder ayudar o hacer cualquier cosa. Los bombarderos alemanes continuaron dejando caer su detestable carga por lo que parecía ser una eternidad. A medida que finalmente terminaron se alejaron volando dejando atrás una ciudad rota y destruida. Mucho después de que los bombardeos hubieran acabado el fuego seguía ardiendo encendiendo amenazadoramente el cielo.

Hermione cayó dormida en un inquieto sueño en las tempranas horas de la mañana. Estaba tumbada hecha un ovillo en el suelo delante de la pequeña ventana. Se despertó de un sueño plagado de pesadillas unas pocas horas después de haberse quedado dormida. Se tambaleó y volvió a mirar por la ventana. El exterior ya no estaba oscuro y los rayos del sol de la mañana se abrían camino a través de las nubes en el cielo. Hermione todavía podía ver el humo negro en la ciudad. Algunos de los incendios seguían ardiendo. Hermione no podía creer lo que había presenciado esa noche. Para ella la Segunda Guerra Mundial era una parte de la historia. Algo tan lejano que se había transformado en viejos hechos y fechas en un libro. Pero ahora esto se estrelló alrededor de ella y vio la dura realidad de las personas que se vieron afectadas y perdieron la vida.

Con un suspiro, se apartó de la ventana y de la vista que le mostraba. ¡Guerra! ¡Qué idea tan estúpida! Y sin embargo, parecía que seguía en la humanidad. Ella misma no era ajena a ella. Había luchado en la guerra contra Voldemort y que había visto su cara mala. Independientemente del lado en el que lucharas no había forma de que salieras de la guerra y aún permanecieras siendo limpio e inocente.

Hermione se acercó a su armario y sacó algo de ropa. Se lavó y se vistió antes de salir de la habitación dirigiéndose a buscar algo de comer. Aunque todavía era muy temprano Hermione ya vio a algunos clientes sentados en la mesa tomando su desayuno. Se acercó a una mesa libre y se sentó. Después de unos momentos Luisa la camarera y la dama del Caldero Leaky se acercó a su mesa.

—Buenos días —. ella le sonrió a Hermione amablemente. —¿Qué le sirvo?

—Oh, sólo unas rebanadas de pan tostado y un café, por favor —. respondió Hermione con voz cansada.

—Ahora mismo. Parece que necesita el café. No pudiste dormir, ¿eh? Con todos esos ruidos que los muggles estaban haciendo no es de extrañar —. Luisa negó con la cabeza. —Pobrecitos. Me alegro de que estemos a salvo aquí en el Callejón Diagon.

—Sí —. dijo Hermione. —¿Con qué frecuencia ocurre algo como esto?

Luisa la miró con tristeza. —Con demasiada frecuencia, si usted me pregunta. Sólo espero que pronto puedan resolver por lo que ellos estén luchando.

Hermione asintió con la cabeza. Pero sabía que la guerra continuaría durante casi los próximos dos años. Luisa se fue a traer la orden de Hermione y Hermione se abandonó en sus propios pensamientos. No quería admitirlo, ni siquiera a sí misma, pero estaba un poco preocupada por Riddle. Él había estado allí anoche. Tal vez había sido herido. Tal vez su orfanato había sido golpeado por una de esas bombas. Hermione sabía que su orfanato ya no existía en su época. Pero ella no sabía cuándo había sido destruido. Estaba jugando nerviosamente con un mechón de su cabello cuando Luisa le trajo el desayuno. Dejó el plato y la taza delante de Hermione y le sonrió antes de irse nuevamente. Hermione empezó a desayunar, pero sus pensamientos estaban en otra parte. Riddle estaba vivo en su tiempo. Así que no era posible que hubiera muerto anoche en ese ataque aéreo, Hermione se motivó.

¡Pero tal vez está herido! le espetó una voz interior.

¿Sí? ¿Y qué? Otro lado le respondió airadamente. ¡Él era el enemigo! ¿Qué le importaba si estaba herido o no? Él se merecía algo así de todos modos.

Los pensamientos de Hermione vagaron de nuevo al día en que lo había visto por última vez. Había sido golpeado por una maldición en ese entonces. Recordó cómo lo había defendido y como lo había agarrado para aparecerse. Eso le había recordado a la guerra donde ella había estado luchando. Nunca había abandonado a nadie. Ese mismo sentimiento de proteccionismo la había superado otra vez y por eso había salvado Riddle.

Bebió un último trago de su café antes de dejar la taza, suspiró y se levantó de la mesa. No estaría de más si le echaba un breve vistazo. Para satisfacer su curiosidad. Lo más probable es que él estuviera bien de todos modos.

Hermione salió de la Caldera Leakey y se acercó a la zona de las Apariciones del callejón Diagon. Mientras caminaba transfiguró su túnica de bruja en algo menos visible en el mundo muggle. Cuando llegó al lugar de aparición, giró sobre sus talones y se sumergió de nuevo en la desagradable sensación de presión. Volvió a aparecer en el otro extremo de Londres, en una apartada callejuela. Después de asegurarse de que ningún muggle había visto su peculiar forma de viajar salió de la callejuela. Entonces caminó por la calle en dirección al orfanato de Riddle. Mientras paseaba por la calle instantáneamente fue golpeada por la atmósfera de desesperación que dominaba en el mundo muggle de Londres. Esta zona de Londres parecía haberse quedado a salvo de la mayoría de las bombas. Pero la gente que veía todavía parecía bastante agitada mientras corrían por las calles. Después de unos minutos de caminata Hermione se encontró con un terrible espectáculo. Allí, en el lado derecho de la calle en la que estaba caminando había un enorme cráter donde alguna vez había estado una casa. Las casas contiguas también habían sido destruidas. Pero sus restantes estructuras al menos todavía podían ser reconocidas como casas. Hermione se apresuró por la calle con la esperanza de que el edificio que estaba buscando no compartiera su mismo destino.

Se sintió inmensamente aliviada cuando estuvo delante del triste y gris edificio que era el orfanato de Riddle. Parecía que no había sido golpeado por las bombas alemanas. No tenía de que preocuparse después de todo. Se estaba dando la vuelta para regresar al Callejón Diagon cuando recordó al patrón del orfanato el Sr. Carter y la forma en la que había tratado a Riddle. Ahora que estaba aquí de todos modos al menos podría ver a Riddle para asegurarse de que estuviera bien.

Pero, ¿cómo podía hacer eso? No quería entrar ahí y hablar con ese despreciable hombre de nuevo. Entonces, ¿podría echarse unos cuantos hechizos de repelentes de muggles y un encanto para que no la notaran? Con ellos podría caminar tranquilamente y nadie siquiera se fijaría en ella. Excepto Riddle por supuesto. Era un mago por lo que sería capaz verla bajo los encantos.

Sí, eso definitivamente sonaba como un plan, pensó Hermione.

Se acercó a una zona aislada directamente al lado de la pared externa del orfanato antes de sacar la varita y lanzarse a sí misma los hechizos necesarios. Después de haberse echado los encantos volvió hacia la puerta de entrada y la abrió. Mientras caminaba hacia la entrada del edificio del orfanato tuvo que recordarse que no podía usar magia a partir de ahora. Riddle todavía era menor de edad y por lo tanto no se le permitía usar magia durante las vacaciones. Si usaba magia en las cercanías del orfanato al único que culparían sería a él

La varita de Hermione estaba guardada a buen recaudo en su funda de varita cuando salió por la puerta de la entrada. Afortunadamente, el pasillo estaba vacío, así que Hermione continuó caminando sin ser molestada. Llegó a la puerta de al lado y la abrió. Ahora estaba en el recibidor de la entrada. Aunque 'recibidor' no era la palabra adecuada para describirla. Quizás cámara era la mejor forma de llamarla. Era pequeña y gris, en otro tiempo fue blanca, las paredes la hacían ver bastante deprimente. En frente de Hermione había una doble puerta de cristal que obviamente la conducía a las instalaciones del comedor. En su lado izquierdo había algunas puertas y en su lado derecho había una escalera que la llevaba hacia arriba. Hermione decidió buscar primero a Riddle por las escaleras. El diseño del edificio le sugería que las habitaciones de los huérfanos estaban en el segundo piso. Hermione subió las escaleras. Ella tenía razón. Las habitaciones de los huérfanos estaban aquí. Hermione afrontó a un pasillo que tenía a ambos lados muchas puertas. Los niños corrían por el pasillo saltando de una habitación a otra y jugando en las habitaciones. Hermione notó cómo todos ellos llevaban una similar túnica gris. Recordó que Riddle también la había llevado. Tal vez aquí era una especie de uniforme. Aunque uno bastante feo, opinó Hermione. Caminó lentamente por el pasillo. Tenía que tener cuidado de que ninguno de los niños accidentalmente tropezara con ella ya que para ellos era invisible. Los propios niños tenían aspecto de estar bien cuidados y parecían relativamente felices. Pero Hermione no estaba sorprendida de que algunos de ellos se vieran bastante delgados. Ellos vivían en tiempos de guerra después de todo. Afortunadamente, la mayoría de las puertas por las que pasaba estaban abiertas. Sólo tenía que mirar dentro para confirmar que no era el cuarto de Riddle. Y las pocas que estaban cerradas se abrían rápidamente. Pero cuando finalmente llegó al final del pasillo aún no había encontrado a Riddle. Ella miró por la ventana que estaba al final del pasillo. Tenía una visión general del patio del orfanato. El patio estaba cercado por un enorme muro de cemento. Algunos de los huérfanos estaban jugando allí. Pero Hermione no podía ver a Riddle allí.

¿Dónde estaba?

Hermione regresó por donde había venido bajando las escaleras. Terminó en el recibidor de la entrada. Una rápida mirada a la instalación del comedor le confirmó que Riddle no estaba allí. Se preguntó dónde debería buscarlo ahora cuando una de las puertas junto a ella se abrió. El Sr. Carter salió seguido de una de las chicas del personal. Ella parecía muy joven se fijó Hermione asombrada. Apenas más mayor que algunas de su curso.

—Te lo dije Emma. Los juguetes nuevos son muy caros —. Hermione escuchó al señor Carter dar una reprimenda a la chica. —Se está volviendo cada vez más difícil encontrar un donador.

—Sí, señor Carter — respondió la muchacha con timidez.

—Ahora puedes irte, Emma. Estoy seguro de que todavía tienes cosas que hacer —. dijo Carter.

Con eso la chica se alejó rápidamente.

—Ya, ya, Peter —. Hermione escuchó decir a una mujer desde el interior de la sala. —Haces trabajar mucho a mis chicas.

El Sr. Carter se dio la vuelta y le dijo sonriendo a la persona dentro de la habitación. —Pero, Michelle, me conoces. Yo nunca haría una cosa así.

Cuando él terminó de hablar una mujer entró a la habitación. Estaba en sus cuarenta y tantos años y era más bien regordeta, tenía el pelo castaño con algunas canas.

—Lo que tú digas, Peter — dijo ella divertida.

El Sr. Carter se rió asquerosamente. Hermione sintió que su disgusto por él se alzaba. Y mientras miraba los afilados rasgos de la mujer sintió que ella tampoco le gustaba.

—¿Qué pasa con el pequeño Simon? — pregunto la regordeta mujer perezosamente. —¿Sigue dando problemas?

—Oh, no —. respondió el señor Carter. —Esos pequeños parásitos sólo necesitan una mano dura eso es todo. Son simplemente niños normales —. pareció considerar algo antes de continuar. —No como Tom.

Aquí la cabeza de Hermione se alzó prestando máxima atención

—Ese chico es un desgraciado bastardo.

Hermione alzó las cejas ante el insulto.

—Sí, sí. Es un chico realmente espeluznante —. dijo la mujer regordeta con cara de asco. —Algo no está bien en él.

—Sí —. dijo Carter con firmeza. —Parece que el chico se ha alejado bastante del camino de Dios.

La rechoncha mujer se cruzó de brazos ante su declaración.

—Desde que empecé a trabajar aquí he tratado de llevarlo de nuevo por el camino correcto — declaró el Sr. Carter con una voz dura. —Pero él siempre parece volver a sus retorcidas formas, independientemente con la frecuencia que lo golpeó con la correa.

Hermione no podía creer lo que estaba escuchando. ¡Enfermo hijo de puta! ¿Y alguien como él velaba por los niños?

—Sí, tienes razón —. la mujer regordeta estuvo de acuerdo con Carter. —Por cierto ¿por cuánto tiempo ha de permanecer en el sótano?

Carter se encogió de hombros ante eso. —Por lo menos un día más.

Hermione los miró a ambos, incrédula. ¿Qué le pasaba a esa gente? Dejó de escuchar la ofensiva conversación y se dio la vuelta para echar un ojo a la escalera. ¿Sótano?

Una de las escaleras la conducía hacia arriba donde estaban las habitaciones de los huérfanos. La otra la llevaba hacia abajo. Hermione no le había prestado ninguna atención a aquella escalera. Se acercó a las escaleras y bajó la que la conducía hacia abajo. Después de un rato llegó a un oscuro y sucio sótano. Las paredes eran de cemento sin nada más y las telarañas colgaban del techo. Había sucios charcos de agua en el suelo. Hermione dio un paso vacilante por el pasillo. Sus ojos necesitaron un tiempo antes de que se adaptaran a la penumbra de aquí abajo. Dio unos cuantos pasos más por el pasillo lleno de basura. Después de algún tiempo dando tumbos en la oscuridad se topó con una puerta de aspecto sólido. Se acercó a la puerta y trató de abrirla. Estaba cerrada con llave. Hermione miró a su alrededor. Esa puerta parecía ser la única que había. Así que era muy probable que Riddle estuviera tras esa puerta, Hermione se motivó. Buscó en el interior de sus bolsillos en busca de algo que le ayudara a forzar la cerradura. Ella encontró un clip.

Esto debería valer.

El saber cómo abrir una cerradura de manera muggle le había resultado enormemente útil durante la guerra. Hermione una vez lo había aprendido de Fred y George. Dobló el clip y lo metió en la cerradura. No era tan buena en manipular las cerraduras como Fred y George habían sido, eran bastante buenos de modo que después de unos cuantos minutos la cerradura se abría de golpe.

Hermione abrió la puerta lentamente. El interior de la habitación parecía estar un poco más iluminado que el pasillo debido a la pequeña ventana rallada en lo alto de una de las paredes. Desafortunadamente el vidrio de la ventana estaba roto, dejando así que entrara el aire frío de diciembre. Hermione entró. Era una habitación muy pequeña. Y estaba tan sucia como el pasillo. El moho estaba creciendo en las grises paredes y el suelo estaba húmedo y sucio. Pero Hermione no le prestó atención a eso. Sus ojos se centraron en la figura tirada que estaba tumbada en medio de la habitación. Corrió hacia el bulto en el suelo. Hermione reconoció a Riddle acurrucado en una bola y tirado en el sucio piso de la habitación. Se quedó a su lado. Vio que sus ojos estaban cerrados y su rostro estaba deformado en una máscara de dolor. Tenía moretones y sangre seca por toda la cara, que contrastaba claramente con su pálida piel. Para el horror de Hermione también pudo ver que la parte trasera de su camisa estaba empapada en sangre.

—¿Riddle? —dijo en voz baja mientras le tocaba el brazo con suavidad.

Riddle se apartó de su toque.

—Soy yo, DeCerto —. dijo Hermione con voz suave.

Riddle lentamente abrió los ojos y la miró sin comprender. Hermione se estremeció al ver el dolor en sus hermosos ojos grises.

—¿Qué estás haciendo aquí? — preguntó con voz ronca.

—Bueno, ¿qué te parece? Estoy disfrutando de mi día en este ambiente tan acogedor, por supuesto —. bromeó suavemente mientras le quitaba de la cara un mechón de cabello oscuro. —Vamos, levántate — le pidió Hermione mientras tiraba suavemente de su brazo.

Riddle hizo una mueca de dolor mientras trataba de incorporarse. Con la ayuda de Hermione se las arregló hasta ponerse en una posición sentada. Se dio cuenta de que él se sostenía protectoramente el brazo derecho contra su pecho y su espalda parecía estar extremadamente rígida. Eso y los moretones de la cara le dijeron todo lo que necesitaba saber. Estaba segura de que el horrible hombre, Carter, había golpeado a Riddle. Hermione tuvo que apoyar a Riddle para que no se cayera. Ella tenía su brazo derecho envuelto alrededor de sus hombros. Él temblaba ligeramente ya fuera por el dolor o por el frío, Hermione no lo sabía.

—Tenemos que salir de aquí —. le susurró en voz baja. —¿Crees que puedes caminar?

Riddle giró la cabeza y la miró inquisitivamente. Hermione vio que sus ojos todavía estaban nublados por el dolor. Ella casi se estremeció al mirar las oscuras contusiones que empañaban su hermoso rostro.

—¿Por qué estás aquí? — le preguntó una vez más con su voz ronca.

Hermione le sonrió con tranquilidad antes de contestarle seriamente. —Para sacarte de aquí.

Él no se movió y la siguió mirando con desconfianza, como si él asumiera que ella tenía una segunda intención.

—Ahora basta de preguntas —. le dijo Hermione con su voz de "ninguna tontería más" que tantas veces había utilizado cuando Harry o Ron habían planeado una vez más una de sus aventuras estúpidas e imprudentes. —Necesito que te levantes, Riddle. No te puedo llevarte, ¿sabes?"

Hermione luego colocó uno de sus brazos debajo de su hombro izquierdo y trató de levantarlo. Él suavemente gimió de dolor cuando ella trató de levantarlo. Finalmente ella se las arregló para conseguir levantarlo. Se tambaleó bastante y Hermione tuvo que apoyarlo un poco para que no se cayera. Ella tomó su brazo izquierdo aparentemente ileso y se lo puso sobre sus hombros para que pudiera apoyarse en ella. Después envolvió su brazo derecho alrededor de su cintura para sostenerlo.

—Ahora tenemos que subir las escaleras —. le dijo. —Y luego nos largaremos de aquí, ¿de acuerdo?"

Riddle no le respondido por lo que Hermione tomó su falta de objeción como un "sí" y lo condujo fuera de la asquerosa habitación. Él la siguió, pero obviamente tenía dificultades para caminar. Hermione podía oír su respiración trabajosa apoyándose pesadamente sobre ella. De vez en cuando lo oía gemir de dolor. Cuando llegaron al pie de la escalera Hermione estaba agotada pero ella no iba a ceder ante eso. Ajustó su agarre en Riddle, de modo que lo sostuviera de manera más segura y luego lo ayudó a subir las escaleras. Con la mano izquierda se agarró a la barandilla para evitar perder el equilibrio y para tirar de ambos. Cuando casi habían alcanzado el siguiente escalón Hermione se detuvo y sentó a Riddle en uno. Ella tomó suavemente una de sus mejillas para llamar su atención y entonces le dijo en voz baja.

—Voy a comprobar si hay moros en la costa. Vuelvo en un momento.

Riddle la miró con sus ojos grises, insondables y luego asintió secamente. Hermione le sonrió un poco antes de levantarse nuevamente y se apresuró hacia los próximos escalones. Llegó a la sala de la entrada y confirmó que Riddle casi no podía ser visto desde ese punto de vista. A continuación, se quedó quieta en las instalaciones del comedor para asegurarse de que nadie estaba dentro en estos momentos. Después fue al recibidor en dirección al pasillo que conducía afuera. El recibidor también estaba vacío. Lo pasó y abrió la puerta principal. El frío aire de diciembre la golpeó cuando salió del edificio del orfanato. Recorrió el patio delantero. Tampoco había nadie ahí. Volvió a entrar al edificio nuevo y caminó por el pasillo. Tendría que correr el riesgo ahora. Esperaba que nadie les viera salir.

¡Y si alguien intenta detenernos, voy a hechizarlos! pensó Hermione con fiereza. Hacer magia siendo menor de edad o no, yo no voy a dejar que Riddle se quede aquí.

Hermione llegó a la entrada de nuevo y corrió hacia las escaleras. Respiró aliviada al ver aún a Riddle sentado en el escalón donde ella lo había dejado. Hermione pudo ver que la parte trasera de su camisa estaba cubierta de sangre. Se apresuró unos pasos hacia abajo y se agachó delante de él. Él tenía su cabeza apoyada contra la pared, pero abrió los ojos cuando la había oído llegar. Parecía estar completamente agotado. Hermione sólo esperaba poder salir de aquí.

—Vamos —. dijo mientras agarraba otra vez su brazo.

Con un poco de esfuerzo se las arregló para levantarlo de nuevo y tambalearon hasta los últimos escalones de la entrada. Riddle ahora se apoyaba en ella, incluso en mayor medida que antes. Hermione necesitaba salir de ahí rápido. Tropezaron a través del recibidor de la entrada y el pasillo hasta llegar a la puerta principal. Hermione la abrió y salieron juntos. Ahora sólo los separaba el patio delantero de un punto seguro de aparición. Hermione llevó Riddle en dirección a la salida y casi habían llegado a la puerta de metal cuando Hermione escuchó un grito. Volvió la cabeza y vio a un hombre en la puerta por la que acababan de salir. Ella dejó de respirar cuando reconoció a Carter. Él agitaba sus brazos furiosamente hacia ellos. Hermione le oía gritar enfurecido.

—¡Alto! — antes de que él comenzó a correr hacia ellos.

Hermione entró en acción de nuevo. Apretó a Riddle ignorando su doloroso gemido de protesta cuando ella lo arrastró hacia adelante con fuerza.

—¡No te escaparás, pequeño bastardo desagradecido! — gritó Carter tras ellos.

Hermione notó que ahora su grito estaba terriblemente cerca. Pero ellos sólo estaban a un paso de llegar a la puerta de metal. Hermione la abrió. Mientras pasaba por encima del umbral Hermione se arriesgó a echar una rápida ojeada hacia atrás. Carter casi los había alcanzado. Estaba a sólo unos metros detrás de ellos. Podía ver su rostro rojo de furia gruñirles, o más bien sólo a Riddle ya que ella seguía siendo invisible a sus ojos. Hermione tenía que ser rápida ahora. Sostuvo a Riddle con fuerza y tiró de él hacia la derecha. Ellos alcanzaron la cubierta de la pared de hormigón que vallaba toda la zona del orfanato. Carter no era capaz de verlos ahora. Hermione examinó la calle de cualquier transeúnte. Se sintió enormemente aliviada ya que no vio a nadie en las inmediaciones. Entonces ella redobló su dominio sobre Riddle de modo que él gimió de dolor, pero no podía evitar eso. Oyó los pasos de Carter cuando casi había llegado a la puerta de metal. Hermione cerró los ojos y se concentró en su destino antes de que pasara más tiempo y desapareció con Riddle un segundo antes de que Carter atravesara la puerta. Él había esperado ver a Riddle huir por la calle y se quedó absolutamente perplejo cuando no pudo ver ni su escondite, ni su cabello.

Mientras tanto, a pocas millas de distancia Hermione y Riddle aparecieron en un callejón oscuro a pocos pasos de distancia del Caldero Chorreante. Riddle se tambaleó y se seguramente se habría caído si Hermione no lo hubiera apoyado.

—Casi, casi, Riddle —. le susurró dulcemente.

Luego ella se quitó el abrigo y flexionó su muñeca derecha para que su varita cayera en la mano. Se sintió aliviada al sentir la suave superficie de la madera en la mano. Agitó su varita hacia el abrigo y lo transfiguró en una capa negra para envolverla alrededor de Riddle. No quería ser interrogada por los otros huéspedes del Caldero Chorreante del por qué Riddle estaba en tal estado.

Después de eso ella lo ayudó a apoyase en ella de nuevo y se dirigieron hacia el Caldero Chorreante y entraron en el bar. El bar estaba atestado de gente que estaba de viaje en el callejón Diagon. Ella maniobró a Riddle por las escaleras que conducían a las habitaciones sin levantar sospechas y con un poco de esfuerzo logró llevarlo a su habitación. De frente a la puerta ella estabilizó a Riddle y rebuscó en sus bolsillos hasta encontrar la llave de la habitación. Después de un rato la sacó de uno de sus bolsillos y abrió la puerta. Al entrar en su habitación, dejó escapar un suspiro de alivio. ¡Lo habían conseguido!

Llevó a Riddle a su cama, donde lo sentó. Luego se agachó frente a él y le miró a la cara. Su respiración aún era dificultosa y Hermione se preguntó si se había roto algunas costillas. Su rostro estaba más pálido de lo normal y él la miraba con cautela.

Hermione le sonrió y le dijo amablemente: —Ahora estás a salvo. Esta es mi habitación en el Caldero Chorreante —. hizo un gesto a su alrededor. Volvió a mirarlo a los ojos y luego le dijo: —Estás herido, Riddle. Tengo que ver tus lesiones. ¿Está bien?

Ante eso Riddle se encogió un poco alejándose de ella y se sostuvo el brazo derecho con más firmeza contra su cuerpo.

—No te voy a hacer nada malo. Sólo quiero sanar esas heridas —. lo tranquilizó Hermione. —Soy bastante buena en eso —. añadió con un guiño.

Luego se levantó y se acercó al baúl de la escuela que estaba en un rincón de la habitación. Abrió la tapa y rebuscó entre sus pertenencias. Después de un rato encontró con lo que estaba buscando. Sacó una caja de madera la cual la había llamado su "botiquín de primeros auxilios" Abrió la tapa y revisó su suministro.

¿Sanación de huesos? Probablemente.

¿Ungüento moretón? Por supuesto.

¿Desinfectante? Sí.

¿Poción para cerrar cortes? Obviamente.

¿Poción para aliviar el dolor? Por supuesto.

Con las pociones y cacerolas se volvió hacia Riddle. Seguía sentado en la cama con rigidez y evidentemente la estaba mirando.

—Ahora, déjame ver tu brazo — pidió Hermione.

Riddle entrecerró los ojos antes de decir tentativamente. —¿Por qué estás haciendo esto, DeCerto ¿Por qué me estás ayudando?

Hermione suspiró ante su terquedad. Por desgracia, ni siquiera ella misma sabía por qué lo estaba ayudando. Era Lord Voldemort después de todo. Pero ahora que había empezado a ayudarlo, no podía dar marcha atrás, ¿verdad?

—Oh, vamos. No todos tenemos intenciones ocultas como los Slytherin siempre parecen tener. Estás herido, yo quiero ayudarte. ¿Es tan difícil de creer?

Riddle siguió mirándola con recelo mientras Hermione lo miraba con las cejas levantadas. Tiempo después Riddle muy lentamente extendió su brazo herido hacia ella. Ella le sonrió y le dijo:

—¿Ahora, fue tan difícil?

Riddle no dignificó una respuesta por lo que Hermione se sentó a su lado en la cama y le cogió el brazo con cautela. Luego sacó su varita. Ante eso Riddle se puso tenso, pero no retiró el brazo. Hermione lo tomó como una buena señal y murmuró un conjuro mientras agitaba su varita sobre el brazo. Instantáneamente, la parte de la camisa que le rodea el antebrazo desapareció. Hermione podía ver el daño en su brazo. Su antebrazo estaba hinchado y oscuras magulladuras estropeaban su piel. Pero eso no sería lo peor, supuso Hermione. Palpó su brazo y confirmó su suposición. Riddle gimió suavemente de dolor mientras ella examinaba su brazo. Alzó la mirada hacia él.

—Está roto —. le informó —Tengo que recolocarte los huesos. Esto te va a doler un poco.

Tomó su varita otra vez y echó un encanto para adormecer el brazo aunque sabía que no serviría de mucho. Luego ella convocó a su magia para lanzar el hechizo más complejo de recolocar los huesos. Recordó la última vez que había usado ese hechizo en particular. Eso había sido poco después de su viaje en el tiempo. Ella también había tenido el brazo roto. Aunque hubiera sido su brazo izquierdo.

Hermione miró a Riddle. —¿Listo?

Él asintió con la cabeza por lo que Hermione canalizó su magia a través de la varita en su brazo. Riddle siseó de dolor cuando los huesos de su brazo se acomodaron de nuevo. Después del conjuro, Hermione agitó su varita y conjuró más vendas de la nada. Con otro movimiento de su varita los vendajes se enrollaron estrechamente alrededor del brazo de Riddle.

—Está bien, eso es todo. Ahora bebe esto —. le dijo Hermione mientras le entregaba un pequeño frasco.

Él lo tomó con su mano izquierda, pero no lo bebió. Hermione rodó los ojos por su comportamiento desconfiado.

—Es para sanar los huesos. Eso ayudará a reparar los huesos rotos.

Él miró la poción evaluándola y luego se la bebió. Hermione suspiró. No estaba siendo un paciente fácil. Ella tomó el frasco vacío del que había bebido y entonces le pidió,

—Ahora, quítate la camisa.

Él arqueó una ceja y Hermione lo miró de nuevo frustrada.

—Tu espalda está herida, Riddle. Aún tengo que ver a eso.

Todavía se negaba a quitársela por lo que Hermione le dijo: —No es nada que no haya visto antes.

Ella no sabía muy bien a lo que se refería. Si a ver a un hombre medio desnudo o a unas heridas en la espalda. Porque honestamente realmente había visto muchas antes de él.

Afortunadamente, no siempre estaban relacionadas entre sí. pensó con una sonrisa.

Riddle la miró de mala forma y se quitó la camisa. Hermione tuvo que ayudarlo un poco, ya que no podía usar su mano derecha. Se dio cuenta de que tenía una vieja pero enorme y fea cicatriz en el brazo izquierdo, que comenzaba en el antebrazo y llegaba a la altura de su brazo. Hermione brevemente se preguntó cómo se había hecho eso, pero ahora mismo tenía asuntos más urgentes que atender.

Ella le dijo Riddle, que se acostara en la cama. Riddle nuevamente vaciló, pero Hermione esta vez no le hizo caso y lo empujó de modo que él estuviera acostado frente a ella. Al examinar su espalda una furia hacia Carter se alzó dentro de ella. La piel de la espalda de Riddle y sus costados estaban llenos de oscuros moretones. Pero eso no era lo peor. Tenía muchos cortes profundos por toda la espalda. Estaban plantados furiosamente sobre su pálida piel. Ni un sólo punto de la piel estaba intacta. Varias de las heridas eran más bien recientes, mientras que otras parecían ser más antiguas y estaban cubiertas con más sangre oscura. Algunas de las heridas seguían sangrando aunque, sumando la sangre seca su espalda estaba totalmente ensangrentada. Hermione tomó su varita y limpió la mayor cantidad de sangre seca que pudo sin volver a abrir las heridas. Después aplicó varias de las pociones a las heridas, que ella había preparado. Riddle soportó todo el procedimiento sin decir nada. Sólo a veces se retorcía o gemía suavemente por el dolor. Hermione trató de trabajar con rapidez para no prolongar más su dolor. Después de que hubiera asistido las heridas conjuró otro vendaje. Este cubría su espalda. Hermione miró a su espalda vendada. Sabía que tendría que repetir la atención sus heridas para evitar la inflamación y para asegurarse de que se curaran correctamente, pero por ahora había terminado.

Le acarició suavemente la cabeza mientras decía: —He terminado puedes levantarte.

Hermione cogió su camisa que había tirado al suelo. Lanzó un rápido Scorgify para deshacerse de toda la sangre. Se dio la vuelta hacia Riddle y le entregó la camisa. Él lo aceptó y comenzó a ponérsela. Hermione frunció el ceño cuando se fijó en los moretones de su rostro. Se sentó en la cama junto a él y cogió la cacerola con ungüento de contusión. Cuando Riddle terminó de ponerse la camisa Hermione tomó su barbilla en una de sus manos e inclinó la cara hacia ella. Él la miró con los ojos muy abiertos. Tuvo que sonreír ante eso. Luego tomó un poco del ungüento de la cacerola y lo aplicó sobre los oscuros moretones de la cara. Después de eso lo miró a la cara alegremente mientras le decía:

—Trate de no frotarte. Necesita un tiempo para que surta efecto —. después de considerarlo durante un rato más, añadió. —¿Qué tal si consigo algo de comer? Pareces muerto de hambre.

Sin esperar una respuesta, se levantó y caminó hacia la puerta. Antes de que saliera de la habitación se volvió hacia él y le dijo: —Y no te pierdas por ahí

Se fue antes de que tuviera tiempo de replicarle. Hermione caminó hacia el bar del Caldero Chorreante.

—Oh, hola —. Luisa le dio la bienvenida. —No te vi regresar. ¿Qué puedo hacer por ti?

—¿Me podrías conseguir unos sándwiches? — preguntó Hermione. —Ah, ¿y no tenéis otra habitación libre? Para un amigo.

—¿Otra habitación? Vamos a ver ... — Luisa estudió las reservas de habitaciones. —Ah, el huésped de la habitación contigua a la tuya se marcha hoy. ¡Tu amigo podría coger esa!

—Perfecto —. Hermione le sonrió.

—Bien. Y ahora te voy a traerte los sándwiches —. replicó Luisa con alegría.

Después de algún tiempo Hermione regresó a la habitación con un plato de sándwiches en una mano y dos botellas de cerveza de mantequilla en otra. Al entrar en la habitación vio que Riddle se había quedado dormido sobre su cama. Hermione avanzó tranquilamente hacia él y puso el plato y las botellas sobre la mesita de noche. No quería molestarlo. Pareció muy cansado y agotado cuando ella se había marchado. Seguramente necesitaba un poco de descanso. Tomó su capa y se la puso por encima con cuidado para no despertarlo. Hermione bajó la mirada a su rostro dormido.

Se veía tan inocente cuando dormía. Hermione negó con la cabeza. 'Voldemort' e 'inocente' eran dos palabras que nunca deberían estar asociadas entre sí.

Su mirada se posó en la túnica gris del orfanato que todavía llevaba. Incluso después de su hechizo Scorgify todavía se veía sucia y harapienta. Hermione sentía enferma sólo de mirarla. Ese orfanato era detestable. No podía creer que Riddle se viera obligado a volver allí por cada verano. ¿Y Dumbledore? ¿Sabía lo que pasaba en el orfanato? No, eso no era posible, pensó Hermione. A pesar de que tenía una aversión hacia Riddle. Eso era evidente durante las clases de transfiguración. Pero Dumbledore nunca iría tan lejos como para castigar a Riddle regresándolo a ese hombre abusivo.

¡Estás hablando del hombre que enviaba a Harry con los Dursley cada verano! Y a él le caía bien Harry. Le espetó una voz en su cabeza.

Bueno, había una buena razón para eso, se respondió Hermione airadamente.

Salió de la habitación de nuevo y se dirigió al callejón Diagon. Ahora mismo necesitaba un poco de tiempo para ella y un soplo de aire fresco para despejar la cabeza. Todavía tenía problemas para procesar lo que había pasado hoy. Primero que el ataque aéreo sobre Londres y luego el repugnante orfanato. ¿Y cómo diablos terminó por salvar a Lord Voldemort? Hermione estaba sumida en sus pensamientos mientras salía del Caldero Chorreante y se dirigía al callejón Diagon. Estaba atestada de gente.

Bueno, era casi Navidad, ¿no?

Esas personas probablemente estaban haciendo sus compras navideñas. Con una punzada en el estómago Hermione se dio cuenta que esta iba a ser la primera vez que iba a pasar la Navidad completamente sola. El año pasado no había sido tan divertido, ya fuera por la guerra que se libraba en torno a ella o porque sus padres habían muerto, pero al menos tenía a Ron y a Harry. ¿Qué dirían si la vieran ahora?

Tal vez estarían enfadados conmigo, pensó Hermione con tristeza.

¿Cómo podía haber ido y ayudado a Riddle? ¿De todas las personas? ¡Él era el mal! Definitivamente Lord Voldemort merecía ser golpeado. Él realmente se merecía algo mucho peor. ¿Por qué tenía que regresar a echarle un vistazo? Sabía que no iba a resultar herido durante el ataque aéreo, de otro modo Voldemort no hubiera existido en su época. Entonces, ¿por qué había ido al orfanato? ¿Qué le había sucedido al plan inicial de no involucrarse con él? Eso había funcionado muy bien. Desde su llegada a Hogwarts eso había empeorado gradualmente. Y ahora Tom Riddle estaba durmiendo .habitación

Pero ella nunca podría haberlo dejado en esa triste excusa de orfanato. Carter, había lastimado realmente a Riddle.

¿Y qué? resopló una voz airada en su cabeza. ¡Ese hombre asesinó a tus padres!

Las imágenes de su casa ardiendo resurgieron de su memoria. Las imágenes del incendio ...

Hermione se sentó en un banco. Se sentía enferma. Sus padres no habían sido los únicos que habían muerto por Voldemort. Muchos de sus amigos habían muerto. Ninguno de ellos merecía morir. Y los que no murieron no volvieron a ser los mismos. ¡Al igual que la Sra. Weasley! Hermione recordó como había sido antes que de la guerra estallara. La señora Weasley siempre había sido bondadosa, protectora y amable. Después, durante la guerra donde muchos miembros de su familia habían muerto habían convertido a la señora Weasley en una mujer rota y desesperada. Un cascarón vacío en comparación con su antiguo yo.

Cálidas lágrimas corrían por las mejillas de Hermione. Se las enjugó con enojo.

Detente ahora mismo, se dijo. ¿Qué pensarían ahora toda esa gente de Hermione? ¿Cómo se había atrevido a ayudar al enemigo? ¿A su asesino?

Pero Hermione había visto tanto dolor y tristeza. Ella no quería tener nada más de eso. No sabía si estaba en su poder detenerlo. Y Riddle había pasado por mucho dolor. Así que estaba claro. Tal vez él no se merecía su ayuda, pero cuando Hermione lo vio tendido en esta sucia habitación, herido, no había sido capaz de contenerse. Había tenido que ayudarlo.

No puedo cambiar eso ahora.

Hermione sabía que nunca sería capaz de regresarlo al orfanato. No ahora que ella sabía cómo era tratado allí. De alguna manera se sentía responsable de Riddle.

¡Simplemente perfecto!

Suspiró frustrada y se levantó del banco. En este momento no quería lidiar con su conciencia culpable entonces ella se acercó a un pequeño boticario. Tenía que comprar más pociones de curación ya que las que tenía casi estaban consumidas.

Hermione salió del boticario con unas cuantas bolsas en sus manos. Luego, se dirigió al Caldero Chorreante. Mientras paseaba por el callejón Diagon caminó por una tienda que al parecer era de alguna predecesora de Madame Malkin. Hermione se detuvo para observar el interior del escaparate. Después de un poco de vacilación entró en la tienda. Había decidido a comprar algo de ropa para Riddle ya que ella realmente no quería que volviera a usar esa asquerosa camisa gris nunca más.

Así que un poco más tarde de lo que Hermione había previsto regresó al Caldero Chorreante. Asintió con la cabeza hacia Luisa al pasar por la barra y se dirigió hacia la escalera que conducía a su habitación. Entró en la habitación sin llamar. Era su habitación después de todo, pensó obstinadamente. Al entrar vio que Riddle estaba despierto. Estaba sentado en la cama y ahora la miraban con cautela. Se veía un poco mejor. Al menos no parecía estar tan agotado, observó Hermione alegremente. Todavía tenía la cara magullada. Necesitaría unos pocos días para que el ungüento de moretón cambiara eso.

—Hey, Riddle —. le saludó Hermione amigablemente.

No devolvió su saludo, pero siguió mirándola fijamente. Hermione dejó las bolsas de sus compras en el suelo, se acercó a él y se sentó en la cama a su lado ya que no había otros asientos en la habitación. Su mirada se posó en los sándwiches intactos en el plato en la mesita de noche. Hermione estaba segura de que Riddle estaba muerto de hambre, pero no había tocado la comida. No creía que lo hiciera por cortesía. No, evidentemente no confiaba en ella. Con un suspiro, se inclinó hacia delante y cogió el plato.

—Sabes, no los he envenenado —. le dijo al poner el plato con los sándwiches en la cama entre ellos.

Hermione no había comido nada desde el desayuno. Ya estaba atardeciendo. Así que tomó un sandwich y se lo empezó a comer. Riddle aún se negaba a comer. Él la estaba mirando con la cara desconcertadamente en blanco.

Realmente tiene un carácter difícil, ¿no? pensó Hermione mientras cogía otro de los bocadillos y se lo ofreció. Él sólo la miraba con sus ojos grises.

—Vamos. Sé que tienes hambre. Tómalo. Está muy bueno —. Hermione suavemente trató persuadirlo para que comiera.

Su mirada vagó desde el bocadillo en la mano extendida de Hermione a la cara centrándose en sus ojos. Su rostro todavía era una máscara impasible pero podía ver la desconfianza en sus ojos. Ella lo miraba de modo tranquilizador.

—Está bien —. le dijo. Luego sonriendo maliciosamente continuó. —¿Lo olvidaste? Soy una Gryffindor. Y a diferencia de ustedes, los Slytherin, los Gryffindor no le echamos veneno a la comida. Si queremos matar a alguien simplemente lo hacemos — le guiñó un ojo. —Con una maldición transparente y honesta.

Hermione no estaba segura, pero le pareció ver que las comisuras de su boca se levantaban un poco. Entonces él se acercó y aceptó el sándwich. Ella le sonrió y continuó comiendo su propio sándwich. Terminaron la comida en silencio aunque Hermione sólo tomó un sándwich. Decidió que Riddle necesitaba más comida que ella. Cuando terminó Hermione desapareció el plato con un movimiento de su varita.

Y le dijo: —¡Casi se me olvidaba! ¡Esto es para ti —. sacó una llave de su bolsillo y se lo tendió a Riddle.

Él frunció el ceño y miró a la llave con los ojos entrecerrados. —¿Qué es eso?

Hermione no pudo evitar sonreír. —¿Qué?, Riddle, pensé que eras más inteligente —. ella sonrió y añadió: —Es una clave.

Él la miró. —Puedo ver eso. ¿Por qué me la das?

—Es la llave de la puerta de la habitación de al lado. No esperabas que te dejara dormir en mi cama, ¿verdad? — Hermione le sonrió.

Riddle parecía confundido mientras su mirada se disparaba desde la llave en la mano de Hermione a la cara una y otra vez de vuelta. Luego le preguntó en voz baja: —Yo ... ¿yo me quedo aquí?"

Hermione alzó las cejas. ¿Qué creía? ¿Que lo llevaría de vuelta al orfanato? —Por supuesto que te vas a quedar aquí. ¡No dejaré que vuelvas a ese asqueroso lugar!

Él la miró y nuevamente tenía esa expresión indescifrable en el rostro. Poco a poco alcanzó la llave y Hermione se lo dio.

—Bien, ahora vamos—. dijo Hermione con voz alegre mientras se levantaba de la cama. —Te mostraré tu habitación.

Le ofreció una mano a Riddle. Él la miró y Hermione todavía podía ver la desconfianza en sus ojos grises. Suspiró y se inclinó hacia adelante y le cogió del brazo. Podía sentirlo tenso ante el contacto.

—Levántate — le pidió suavemente. —Quiero que vayas a tu habitación y te acuestes. Realmente necesitas una noche de sueño reparador.

Hermione no sabía cuánto tiempo Riddle había estado encerrado en esa habitación en el sótano del orfanato pero supuso que debería haber estado por lo menos algunos días. No creía que hubiera podido dormir algo durante ese tiempo. Así que ahora mismo él necesitaba descansar. Y las heridas de su la espalda y su brazo se curarían mejor si no estuviera totalmente agotado. Sorprendentemente Riddle siguió sus órdenes y se levantó de la cama. Hermione supuso que tal vez estaba demasiado cansado como para oponerse.

Tuvo que soportar su peso un poco mientras caminaban hacia la puerta. En el camino Hermione recogió las bolsas del callejón Diagon que previamente había dejado en el suelo. Luego dejaron la habitación y se acercaron lentamente a la habitación de Riddle. Riddle se apoyaba sobre ella. Él todavía no era capaz de caminar sin apoyo. Hermione no podía creer que se viera obligado a regresar a ese orfanato por cada vacación. Era horrible.

Cuando llegaron a la puerta Hermione le cogió la llave y abrió la puerta. Entraron en la habitación. Se parecía a la suya. Había una cama en un lado y un armario en el otro. A la izquierda de la puerta de la entrada había otra puerta que daba al cuarto de baño. Hermione dirigió a Riddle a la cama. Sus ojos se posaron en la mesa situada justo debajo de la pequeña ventana.

Hermione sonrió mientras le decía: —Mira. Incluso tienes una silla. Eso es más de lo que podría pedir para mi habitación.

Riddle se sentó en la cama. Él gimió suavemente de dolor cuando su espalda estaba se dobló. Hermione puso las bolsas que había estado cargando en el suelo.

—¿Qué es eso? — oyó preguntar a Riddle.

Hermione le sonrió alegremente. —Me alegro de que me lo preguntes — ,dijo mientras cogía la ropa que había comprado en el Callejón Diagon de una de las bolsas. Ella las colocó cuidadosamente sobre el respaldo de la silla. —Puedes usarlas mañana.

Riddle se quedó perplejo ante la ropa. —¿Me compraste ropa?

Parecía estar muy sorprendido. Hermione no sabía si estaba sorprendido de que alguien le hubiera comprado algo o si estaba sorprendido de que ella fuera quien le hubiera comprado algo.

—Puede que te sorprenda, Riddle, pero estos harapos no son necesariamente modernos. — Hermione le sonrió mientras tiraba de su camisa gris amistosamente.

Luego, tomó la segunda bolsa. Dentro estaban las pociones de curación que había comprado en el boticario. Cogió un gran vial que contenía un transparente fluido azulado, de la bolsa.

—Esto es una poción para dormir —. le dijo a Riddle. —Quiero que te la tomes antes de ir a dormir. Tu cuerpo sanará mejor así. Y esta.. — Hermione tomó un segundo vial más pequeño, de la bolsa. —Es una poción que alivia el dolor. También debes tomártela antes ir a dormir.

Dejó los viales en la mesita de noche y luego lo miró con preocupación. —Si necesitas algo ya sabes donde esta mi habitación así que sólo, ve ¿De acuerdo?

Él la miró fijamente y no respondió a nada por lo que Hermione supuso que era la hora de volver a su habitación. Se había dado la vuelta para alejarse cuando sintió una mano agarrando su muñeca. Ella volvió a mirar a Riddle de manera inquisitiva.

—No te entiendo. Hemos sido enemigos desde que llegaste a Hogwarts. Y ahora, me ayudas. ¿Por qué?"

Hermione se dio la vuelta nuevamente y le sonrió cuando dijo: —Vamos, no ha sido tan malo, ¿no?

—Te puse bajo la maldición Cruciatus —. le dijo Riddle sin rodeos.

—Sí, lo hiciste —. contestó seriamente antes de continuar. —Podemos hablar de mis motivaciones mañana. Has pasado por mucho. Ahora mismo necesitas descansar.

Hermione dejó a Riddle y regresó a su habitación. Cerró la puerta detrás de ella y se acercó a su baúl. Lo abrió y agitó su varita para que el compartimiento secreto fuera revelado. Luego sacó el libro de Peverell. Con el libro en la mano se acercó a su cama y se acostó apoyando la cabeza en la almohada de gran tamaño.

Después de leer el mismo párrafo por quinta vez consecutiva tuvo que admitir que no podía concentrarme en el libro. Sus pensamientos siempre volaban de vuelta a los acontecimientos del día y al joven en la habitación de al lado.

Durante los últimos dos años su único propósito en la vida había sido derrotar y finalmente matar a Voldemort. Cada hora en vela que Harry, Ron y ella misma habían trabajado para al final lograr esa misión. Ese había sido su mundo, sobrevivir y luchar. Durante esos dos años, uno por uno sus amigos y aliados habían perdido la vida en aquella misión hasta que sólo había quedado ella. Pero lo habían conseguido. Al final, Voldemort había sido destruido. Hermione lo había perdido todo en el camino, pero al menos había sabido que sus amigos y su familia se sentirían orgullosos de ella. Después de eso, el destino había jugado a su cruel juego y había enviado a Hermione atrás en el tiempo. Volviéndose a enfrentar nuevamente a su enemigo. Él era tan espantoso y cruel como siempre había sido. Pero había algo más. Lord Voldemort había sido esa extraña, y abstracta imagen de todo lo malo y cruel que era el mundo. Había estado más cerca de ser un demonio que un ser humano real. El Tom Riddle que Hermione había llegado a conocer aquí en el pasado aún era malvado, seguía siendo un asesino, pero no era inhumano. Y Hermione no tenía ni idea de cómo manejar a este nuevo Riddle. Con Voldemort había sido fácil. Él era la personificación del mal por lo que Hermione siempre le había odiado. Riddle era demasiado oscuro, pero también era vulnerable y él sufría. La gente le habían hecho daño, gente como Carter e incluso Dumbledore. Hermione había visto su lado débil y había decidido ayudarlo. Y ahora esa decisión de Hermione la estaba volviendo loca. Había sido correcto, obviamente, sacarlo del orfanato donde había sido objeto de abusos. Al menos esto obviamente habría sido lo correcto de hacer aunque él no estuviera sufriendo.

¿No merecía algo cómo eso? Hermione pensó vacilante. ¿Por todas las cosas que hizo? ¿O haría?

La respuesta era que sí, que merecía sufrir. Pero aún así ella lo había salvado. Y si era honesta consigo misma lo haría nuevamente.

¿Ayudar a Riddle, a Voldemort, era lo correcto? ¿Qué le dirían sus amigos? ¿No sería llamada una traidora? Pero sus amigos no podían decir nada más porque estaban muertos. Voldemort los había asesinado.

Hermione se frotó la frente. Podría sentir un próximo dolor de cabeza. Este dilema moral era horrible. Pero su decisión había sido tomada desde que hoy había entrado al orfanato. Ahora él estaba aquí. Y tenía la equivocada sensación de que era responsable de él. Todo era demasiado grotesco. Ella podía tener una conciencia culpable, pero ahora no había vuelta atrás. Había tomado su decisión y la llevaría a cabo. Tom Riddle se quedaría con ella para el resto de las vacaciones de Navidad.

Hermione suspiró profundamente.

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Siento si hay algun error, pero creo que mas o menos se entiende