Capítulo 13
La Varita de Riddle
Al día siguiente, Hermione se levantó un poco tarde ya que no pudo conciliar el sueño la noche anterior. Ella hurgó en su baúl y encontró una falda y una blusa. Después de todos esos meses en los años cuarenta todavía no se acostumbraba a la ropa. Echaba mucho de menos sus pantalones vaqueros favoritos.
Al menos todavía boicoteaba el peinado de los años cuarenta, pensó Hermione mientras se cepillaba el pelo, volviéndolo aún más espeso de lo que ya era. Finalmente, lo amansó en una cola de caballo. Después de lavarse la cara salió de su habitación y se dirigió a la habitación de Riddle. Se preguntó cómo se sentiría hoy. El día anterior había estado en una condición realmente mala.
Hermione llamó a la puerta y esperó. Cuando nadie le respondió llamó de nuevo y gritó: —Hey, Riddle, ¿estás despierto? ¡Abre la puerta!
Después de un rato le oyó acercarse a la puerta y abrirla. La mirada de Hermione al instante vagó por su rostro. Todavía estaba un poco pálido y los moretones en su rostro se veían horribles, pero él parecía estar más tranquilo que ayer. Hermione le sonrió.
—¿Cómo te sientes hoy?
Él la miró con su máscara impasible y dijo: —Mejor.
—Eso es bueno, ¿no? — le respondió Hermione alegramente. —¿Qué hay de un desayuno? ¿Quieres venir conmigo para conseguir algo de comer?
—Sí —. respondió Riddle en voz baja.
—¡Okay! Sígueme entonces. Te mostraré el camino —. Hermione le guiñó un ojo antes de dirigirse al bar.
Riddle la siguió y notó aliviada de que ahora podía caminar sin apoyo, aunque no muy rápido. Al llegar a la primera planta Hermione entró en el bar y se acercó a una mesa y se sentó. Riddle se sentó frente a ella. Su mirada vagó por la habitación. Hermione notó que él estaba usando la ropa que ayer le había comprado, pantalones negros y un jersey verde oscuro. Cuando había estado en la tienda que había sido tentada a comprarle un jersey rojo Gryffindor que un verde pero obviamente le quedaba mejor después de todo.
—Buenos días, ¿qué puedo hacer por ustedes? — Hermione salió de sus cavilaciones cuando oyó la voz de Luisa.
La camarera del Caldero Chorreante estaba de pie en la mesa con su bloc de notas en las manos.
—Buenos días, ¿podrías traernos algo para desayunar? Y un café estaría bien —. respondió Hermione.
—Por supuesto —. Luisa escribió algo en su bloc de notas antes de mirar a Riddle. —Tú bebes de ser el amigo del que Hermione había estado hablando —. Ella frunció el ceño mientras miraba las contusiones en la cara de Riddle. —¿Qué te pasó, querido? — Luisa le preguntó con preocupación a Riddle.
Hermione podía ver que el rostro de Riddle se cerraba antes de fruncirle el ceño a Luisa. Hermione tuvo que contenerse de rodar los ojos. Cuando él no desempeñaba su papel de estudiante encantador, resultaba bastante desagradable. Pero, de nuevo, ¿realmente debería sorprenderse?
—Bueno, él no estaba dispuesto a hacerme compañía, así que tuve que convencerlo de alguna manera —. le dijo Hermione a Hermione en tono serio antes de que una sonrisa estallara en su cara y se echara a reír.
Luisa sonrió y negó con la cabeza. —Está bien, está bien. Voy a traeros el desayuno entonces.
Cuando Luisa se había ido, Riddle miró a Hermione con sus penetrantes ojos grises. Su rostro no volvió a mostrarle nada, aunque Hermione sabía que él estaba pensando en algo. Él no le dijo nada, pero continuó mirándola fijamente. Después de algún tiempo Hermione había tenido suficiente por lo que le preguntó, irritada,
—¿Qué pasa? ¿Qué estás mirando?
Él no le contestó al principio, pero frunció el ceño. Luego le dijo lentamente, —¿amigo?
Hermione estaba confundida. —¿Qué? ¿Perdiste la capacidad de completar oraciones?
—¿Le dijiste a esa mujer que yo era tu amigo?
Oh, ¿así que era eso? Hermione lo comprendió. Por supuesto, Lord Voldemort nuevamente estaba confundido por el concepto de la amistad.
—Bueno, yo tenía que decirle algo como eso para conseguirte una habitación aquí. ¿Qué le iba a decir? Que la habitación era para un compañero de estudios-que-aparentemente-me-odia? Creí que era demasiado de explicar.
Riddle rompió el contacto visual con ella. —¿Quién dijo que te odio? —él preguntó en voz baja.
Hermione le sonrió. —Eso sólo fue una suposición de mi parte. Aunque la última maldición que me lanzaste finalmente me lo reveló.
—Si piensas que te odio ¿por qué me ayudaste ayer, DeCerto? — Riddle le preguntó con fuerza.
Hermione levantó las cejas por su repentino cambio de actitud. Pero ella respondió a su pregunta con sinceridad. —Porque necesitabas mi ayuda, Riddle.
Él la miró de nuevo. Hermione se sorprendió por el torbellino de emociones que podía ver en sus ojos grises. Parecía genuinamente confundido. Hermione se acercó a él y le puso la mano en su antebrazo izquierdo. Podía sentirlo tenso ante el contacto por lo que ella le sonrió amablemente.
—No te preocupes más. Ahora te encuentras aquí eso es todo lo que importa. No volverás al orfanato.
—No me puedo quedar — susurró Riddle. Hermione vio una mirada de desesperación en su rostro antes de que él la controlara.
—¿Por qué no te puedes quedar aquí? — Hermione le preguntó con suavidad.
Riddle se miró las manos y respondió en voz baja: —Tengo que permanecer en el orfanato o sino él me expulsara.
—¿Quién? ¿Dumbledore? — Hermione le preguntó con cautela.
Riddle asintió con la cabeza.
—Mira, yo no sé lo que está pasando entre tú y Dumbledore. Pero estoy segura de que no te enviaría al orfanato si supiera cómo eres tratado allí —. le dijo Hermione suavemente.
Riddle no hizo ningún comentario sobre eso, pero siguió mirando a sus manos por lo que Hermione continuó: —Si te hace sentir mejor, yo no le diré a Dumbledore que estabas aquí. Y si alguna vez se entera, me puedes culpar por todo el asunto, ¿de acuerdo?
Riddle la miró con vacilación y Hermione le sonrió para tranquilizarlo. Le soltó el brazo cuando Luisa llegó con su desayuno. Comieron en silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos.
Después de haber terminado Hermione se apoyó en su silla y miró a Riddle. Su rostro tenía unas sombras más pálidas que de costumbre y él todavía se veía un poco cansado y enfermo. Necesitaría algún tiempo hasta que él volviera a ser su propio yo odioso de siempre. Hermione sintió la repentina necesidad de asaltar el orfanato y maldecir Carter. Ese vil hombre sin duda se lo merecía. Pero porque era una bruja agradable y no un Mortífago Hermione resistió ese impulso. Reorientó su atención hacia Riddle, y le dijo:
—Entonces, ¿qué es lo que quieres hacer hoy?
Riddle levantó una ceja y la miró inquisitivamente.
—Bueno, son las vacaciones por lo que deberíamos hacer algo divertido — Hermione se explicó.
Riddle frunció el ceño y preguntó con voz suave —¿Algo divertido?
Hermione se echó a reír al ver su expresión perpleja y dijo, todavía riendo: —Bueno, debe ser algo razonable. No podemos ir por ahí atormentando a la gente que es como normalmente tú te diviertes.
Riddle frunció el ceño.
—Oh, vamos, Riddle. Sabes que es verdad —. Hermione se rió de él. Luego continuó con voz más conciliadora: —Podríamos pasear por el callejón Diagon. Creo que necesitas un par de cosas de todos modos ya que dejaste todo en el orfanato. Y me gustaría ir a Flourish y Geare, la librería. ¿Qué te parece?
Riddle se miró las manos, y respondió: —Está bien.
Hermione le sonrió amablemente. Se alegró de que él hubiera aceptado acompañarla. Ella quería animarlo un poco ... aunque pensándolo bien querer alegrar el Señor Oscuro era un plan bastante inquietante.
Hermione se levantó y le dijo a Riddle, —Espera aquí. Vuelvo en un momento.
No esperó a que le respondiera, caminó directamente hacia la escalera que conducía a las habitaciones. Se fue a su habitación y buscó su billetera la cual guardaba en el bolsillo de su capa después de que ella la hubiera buscado junto con un vial de poción. Luego se puso la capa negra y su bufanda. Era diciembre después de todo y afuera hacía mucho frío. Después recogió la capa que pertenecía a su uniforme escolar. Ayer no había pensado en comprarle a Riddle una capa. Pero ahora necesitaría una o cogería un resfriado. Así que Hermione hechizó su capa escolar y la hizo más grande para que le quedará bien a Riddle. Aunque todavía tenía que comprarle una capa real. Los encantos en la capa no se mantendrían para siempre. Volvió al bar del Caldero Chorreante con la capa sobre su brazo. Riddle seguía sentado en la mesa donde ella lo había dejado. Al acercarse a la mesa, él la miró, su rostro seguía sin mostrar ninguna emoción, pero Hermione le sonrió de todos modos. Estaba de alguna manera acostumbrada a su frialdad. A veces incluso podía ver emociones bajo su máscara en blanco.
—Está bien. Vamos —. le dijo mientras le entregaba la capa negra.
Riddle tomó la capa y la observó pensativamente por un tiempo antes de volverse hacia Hermione, entrecerró los ojos y le dijo lentamente, como si cada palabra fuera de gran tamaño.
—Gracias.
Hermione casi le da un ataque al corazón cuando Lord Voldemort le dio las gracias, a una hija de muggles. Pero se las arregló para ocultarlo bien y sólo le sonrió.
—De nada.
Riddle se levantó de la mesa. Mientras se ponía la capa sintió un fuerte dolor en la espalda. Estuvo a punto de sisear de dolor, pero logró suprimirlo. La capa le sentaba muy bien aunque podía sentir el encanto que DeCerto había usado en ella obviamente para agrandarla. Debía de haber encantado una de sus propias capas ya que le quedaba bien. Estaba sorprendido de estuviera poniendo tanto esfuerzo en él. Otra cosa que tenía que añadir a la larga lista de cosas que no entendía de ella.
DeCerto estaba a su lado esperando. Cuando terminó de ponerse la capa ella le entregó un frasco.
—Toma, bebe esto —. le dijo con voz suave.
Ridlle nuevamente estaba sorprendido de que su orden no lo agravara. DeCerto parecía tener el don poco común de dar órdenes a la gente de alrededor sin que sonara como una orden.
—Es una poción de alivio del dolor — le informó mientras le sonreía. —Eso debería ayudarle a tu espalda. Y no te preocupes que no nos iremos por mucho tiempo. Pero creo que un poco de ejercicio te ayudaría al proceso de curación.
Riddle cogió el frasco. Él vaciló sólo un segundo antes de tragarse la poción. Si ella hubiera querido envenenarlo ya habría tenido tiempo suficiente de hacerlo. Después de beberse la poción al instante sintió que el agudo dolor en su espalda disminuía hasta que sólo fuera un latido entumecido.
—Bien —. DeCerto le sonrió mientras le volvía el vial ahora vacío. —¡Ahora, vamos!
Antes de que Riddle tuviera la oportunidad de protestar ella lo agarró del brazo y lo condujo fuera del Caldero Chorreante al callejón Diagon. Riddle se había tensado involuntariamente cuando la chica lo había tocado. No la entendía y eso lo ponía nervioso. Realmente odiaba no entender las cosas. DeCerto tenía muchos de secretos. Normalmente se le daba bien descubrir información de las personas. Pero ella parecía crear nuevos secretos antes de que él incluso fuera capaz de descubrir los anteriores. Cuando salieron del Caldero Chorreante el frío aire de diciembre atravesó la piel de Riddle. Tomó una profunda bocanada de aire fresco y se sintió un poco mejor.
¿Cuándo fue la última vez que había estado fuera? No podía recordarlo. ¿Cuánto tiempo esta vez había estado encerrado en el sótano?
Los últimos estaban borrosos en su memoria. Sólo recordaba la frialdad de su prisión en el sótano y el hambre insoportable, la sed ... y el dolor. Todavía podía oír el clic de la cerradura. Cada vez que Carter lo había visitado, Riddle antes oía como abría la puerta de metal. Ese sonido le decía que pasaría por más dolor. Se estremeció al recordar el dolor y la impotencia. Riddle podía sentir una mano apretándole el brazo con suavidad. Miró a su lado. DeCerto lo miraba con ojos enormes y preocupados. ¿Por qué estaba preocupada?
—¿Estás bien? — ella le preguntó.
Riddle se limitó a asentir ya que estaba demasiado perplejo para responder. ¿Por qué siquiera se preocupaba?
—Está bien —. ella le sonrió de nuevo.
Después lo arrastró al callejón Diagon. Había varias personas paseando por el callejón haciendo sus compras. Después de un tiempo DeCerto había llegado a su destino, obviamente, entraron en una tienda. Dentro de ella rápidamente cogió algunos elementos que estaban probablemente destinados a él.
—Sabes, yo no tengo dinero —. dijo Riddle cuando vio a DeCerto añadiendo una bufanda de aspecto caro pero cálida al montón enorme de cosas que cargaba en sus brazos
Riddle oyó su voz ahogada tras el montón de cosas —No te preocupes por eso.
Luego se acercó al mostrador para pagar las cosas. Después de un tiempo DeCerto se volvió hacia él con una enorme bolsa en una mano y con la otra mano agarraba la muñeca de Riddle tirándolo fuera de la tienda. Riddle no podía entenderla. ¿Por qué estaba haciendo todo esto por él? ¿Qué ganaba al ayudarlo? Las personas que ayudaban a otras personas normalmente querían algo a cambio. Pero ¿qué podía querer DeCerto? Por lo general, las chicas le hacían favores porque se sentían atraídas hacia él, porque pensaban que era guapo y deseable. Pero DeCerto nunca se había sentido atraída hacia él. Por momentos incluso parecía estar asqueada de él. Por otra parte algunas personas en Slytherin creían que era un cruel hijo de puta pero todavía le daban coba, ya que él podría darles poder. Aunque DeCerto no parecía querer poder. Ella no era el tipo de persona que hacía eso. Entonces, ¿qué era entonces? ¿Por qué DeCerto era tan agradable con él?
¿Tal vez sea Dumbledore? pensó Riddle.
DeCerto se llevaba bien con Dumbledore. Tal vez Dumbledore la estaba usando para conseguir que Riddle dejara el orfanato. Eso le proporcionaría una excusa a Dumbledore para finalmente expulsarlo de Hogwarts. Algo que Riddle sabía que el profesor le encantaría hacer.
Riddle podía sentir que el odio ardiente brotaba en su interior al pensar en el profesor de transfiguración. Desde ese incidente años atrás, Dumbledore tenía un poder sobre Riddle. Y él había utilizado ese poder desde entonces. Dumbledore no Mtenía derecho a hacer eso. Él no tenía ninguna prueba contra de Riddle.
¡Maldito!
Pero Riddle no podía arriesgarse a una confrontación directa con Dumbledore. Al menos, no todavía. Él era demasiado poderoso y demasiado influyente en estos momentos. La amenaza de Grindelwald se cernía sobre el mundo mágico. Muchos creían que sólo Dumbledore podía finalmente detenerlo. Entonces, ¿quién se opondría al salvador en favor de un pobre e insignificante huérfano?
¿Así que todo era un elaborado plan de Dumbledore? Sin embargo, la siguiente pregunta era, ¿DeCerto participaría en ese plan tan manipulador? Riddle miró a la bruja. Ella caminaba a su lado distraídamente sin soltarle la muñeca mientras miraba con ojos desorbitados los escaparates. Si todo esto fuera sólo un acto entonces era una actriz muy buena. Riddle sintió una extraña punzada en el estómago al pensar que estaba fingiendo. De repente alguien tiró de su brazo. Volvió la mirada hacia DeCerto. Se había detenido ante un escaparate, y como todavía lo estaba agarrando de la mano él también se detuvo.
—Nunca había visto esta tienda —. Riddle la oyó murmurar suavemente para sí misma. Luego se volvió hacia él y habló con más fuerza, —Vamos a entrar, ¿de acuerdo?
La mirada de Riddle se desvió de su rostro entusiasta a la tienda que estaba mirando. Era la librería Anderson. Riddle miró a DeCerto. ¿Estaba encantada ante la perspectiva de entrar en una librería? Era una chica realmente rara. Había esperado entrar a alguna tienda de ropa de lujo. DeCerto seguía mirándolo fijamente, obviamente esperando una respuesta. A Riddle realmente no le importaba entrar a la librería. A él más bien le gustaba explorar libros antiguos. Pero nunca tuvo dinero para comprar algo en realidad por lo que siempre había preferido ir a la biblioteca de Hogwarts.
Se encogió de hombros y DeCerto pareció tomar eso como un "sí" porque al instante entró en la tienda. Riddle la siguió a y apenas tuvo tiempo de verla antes de que desapareciera tras una de las enormes estanterías. Caminó a un ritmo más solemne por la tienda. Pasó una sección de libros sobre transfiguración, se estremeció y siguió adelante. La siguiente sección parecía mostrarle libros sobre animagos. Riddle negó con la cabeza. No podía ver el uso de poder para transformarse en algo parecido a un conejo. Pasó unas cuantas más secciones de libros sin interés hasta que algo captó su mirada. Era una estantería oculta en la parte trasera de la tienda. Riddle se detuvo ante ella y leyó algunos títulos.
Las Artes Oscuras y Cómo Controlarlas
Las Maldiciones Más Potentes
Los Más Oscuros Encantamientos
Él arqueó una ceja. ¿No estaba en el callejón Knockturn, ¿verdad? Cogió un tomo de aspecto antiguo. Algunos de estos libros eran realmente fascinantes. Nunca se había topado con ellos en la Biblioteca de Hogwarts. Y eso era decir mucho. La biblioteca de Hogwarts era uno de las más grandes de toda Gran Bretaña. No hacía falta decir que Riddle se había leído casi todos los libros de la Sección Prohibida. Slughorn y Gullible habían estado siempre muy dispuestos a darle permiso para que Riddle entrara a la Sección Prohibida.
Estaba leyendo los libros por algún tiempo, cautivado por los conocimientos que ofrecía hasta que oyó una risa tras él. Se dio la vuelta y se encontró con DeCerto. Ella lo estaba mirando con aire de suficiencia.
—Sabía que te encontraría aquí — dijo, y le sonrió.
Riddle vio una enorme pila de libros en sus manos. Era evidente que no había estado socializando mientras que él estaba leyendo estos libros.
—¿Encontraste algo? — le preguntó la chica mientras miraba el libro en su mano.
Era el antiguo tomo que había cogido primero. Ese libro era fascinante y estaba repleto de maldiciones que incluso Riddle nunca había oído hablar. DeCerto tomó el libro de sus manos.
—"Las Maldiciones Más Potentes"? —preguntó mientras miraba la portada. —¿Es bueno?"
Riddle asintió.
—Está bien —. DeCerto añadió el libro a la ya gran pila que cargaba en sus brazos. Entonces volvió a mirarlo. —¿Quieres algo más?
Riddle levantó las cejas y no pudo lograr excluir toda la incredulidad en su voz cuando dijo: —¿Vas comprar eso por mí?
—Claro —. dijo casualmente. —Ahora, vamos, vamos. Se está haciendo tarde.
Hermione miró a Riddle. Volvía a verse un poco pálido. Pensó que lo mejor sería regresar al Caldero Chorreante para que pudiera descansar un poco. Afortunadamente ella había sido capaz de comprar todo lo que había planeado comprar. Esta librería era bastante buena. En su tiempo esta tienda ya no existía. Hermione se sorprendió cuando pasó por la tienda. ¿Era la nueva - o más bien vieja - librería del callejón Diagon? Había tenido que entrar. Había valido la pena, Hermione pensó mientras miró alegremente la pila de libros en la mano. Incluso si la tienda pareciera ser un poco sombría. La sección de libros sobre las Artes Oscuras se lo confirmó. Sólo esperaba que el libro que Riddle había cogido no fuera demasiado oscuro. Pero tal vez ese libro podría evitar que se aburriera. Un Lord Voldemort aburrido no podía ser algo bueno, pensó mientras se dirigía hacia el mostrador de la tienda.
Unos minutos más tarde salieron de nuevo al Callejón Diagon con los libros guardados de manera segura en una bolsa. Encantó la bolsa de modo que fuera más ligera antes de dirigirse por el callejón en dirección al Caldero Chorreante. Riddle la siguió. Hermione notó que caminaba mucho más lento que antes y que daba respingos a cada pocos pasos.
La espalda le debe estar doliendo otra vez.
El efecto de la poción de alivio de dolor parecía estar disminuyendo. Esas heridas en la espalda eran bastantes profundas. Por fuerza le tenía que doler. Pero Hermione no podía darle más poción de alivio del dolor ya que era una poción muy fuerte. Tal vez le daría otro vial en la tarde. Esperó a que Riddle la alcanzara. Cuando llegó a ella Hermione lo tomó del brazo para ayudarlo a caminar. Pudo ver como Riddle levantaba una ceja cuando ella lo agarró del brazo, pero no dijo nada.
—Volvamos al Caldero Chorreante, ¿vale? — le dijo Hermione sonriéndole.
Se dirigieron hacia el callejón y luego entraron en el Caldero Chorreante. Hermione estaba muy contenta cuando llegaron al bar ya que Riddle se estaba apoyando pesadamente sobre ella. Hermione saludó a Luisa que estaba atendiendo a los huéspedes en las mesas. Luego se dirigió hacia la escalera y rápidamente llegaron al segundo piso donde estaban situadas las habitaciones.
Antes de que Riddle pudiera abrir su puerta Hermione le dijo: —Tengo que revisarte las heridas y cambiarte los vendajes. Vamos — le hizo un gesto para entrara a su propia habitación.
Riddle vaciló y Hermione tuvo que volver a agarrarlo por el brazo y tirar de él para que entrara a su habitación.
—Estoy bien —. dijo Riddle a la defensiva.
Hermione lo miró con los ojos entrecerrados. —¿En serio? — dijo incrédula. —Entonces, ¿por qué casi tuve traerte de vuelta aqui?
Riddle se limitó a mirarla mal humor y no dio un paso más en su habitación. Hermione suspiró ante su terquedad. Entonces tomó una mano entre las suyas con más suavidad que antes. No podía obligarlo para que cooperara por lo que ahora trataría suavemente de persuadirlo.
—Tengo que revisarte las heridas, Riddle. No quieres que lleguen a inflamarse, ¿verdad? — le dijo en voz baja. —No voy a tardar mucho tiempo, ¿de acuerdo?
Ella apretó su mano para tranquilizarlo y luego tiró suavemente de él hacia la cama donde lo sentó. Hermione se dirigió a su baúl y sacó la caja con sus pociones de curación. Con la caja en la mano, se sentó en la cama junto a Riddle. Luego tomó su brazo derecho y tiró de la manga de su jersey. El vendaje blanco que había evocado ayer todavía estaba envuelto alrededor de su antebrazo. Con un movimiento de su varita se desvaneció en el aire. La piel todavía estaba hinchada y horriblemente amoratada. Hermione examinó su brazo con cautela. Por lo que ella sabía el hueso roto parecía estar reparado.
—¿Todavía te duele? — le preguntó a Riddle.
Después de una breve pausa, le contestó en voz baja: —No mucho.
Hermione asintió con la cabeza y tomó el ungüento de moretón de su kit de pociones. Aplicó un poco de ungüento sobre las zonas magulladas en su piel. Luego agitó la varita y conjuró otro vendaje que se envolvió apretadamente alrededor del antebrazo de Riddle.
Hermione lo miró y le dijo: —Creo que los huesos están reparados. Pero todavía deberías seguir usando el vendaje durante algún tiempo para sostener los huesos.
Hermione puso el ungüento de moretón en la caja de madera, luego se volvió de nuevo a Riddle. —Ahora déjame ver tu espalda.
Riddle que había estado examinado su brazo recién vendado la obedeció de mala gana. Después de que se hubiera quitado el jersey verde y la camisa negra de debajo Hermione le hizo que se tumbara frente a ella sobre la cama. El vendaje sobre su espalda seguía en su sitio, pero Hermione pudo ver que en algunos lugares la sangre se había filtrado a través de la venda, volviéndola completamente roja. Agitó su varita y la venda se desvaneció al igual que antes el vendaje en su brazo. Su espalda todavía se veía terrible. Toda la zona estaba llena de contusiones verdes y moradas y los cortes parecían crudos y dolorosos. Hermione sintió que una ira ardiente burbujeaba en su interior. Ella sólo quería irrumpir en el orfanato, y golpear a Carter tanto como él había golpeado a Riddle. ¿Cómo podía un monstruo como él permitir que alguien le hiciera algo como esto?
Hermione agarró su varita con fuerza y comenzó a limpiar sus heridas con cautela. Después de que hubiera quitado la mayor cantidad de sangre seca que pudo sin reabrir las heridas le aplicó las pociones de curación en la dolorida espalda. Durante todo el proceso el cuerpo de Riddle estuvo muy tenso y Hermione sabía que le estaba haciendo daño. Pero ella tenía que atender sus heridas. Después cuando hubo terminado, nuevamente conjuró un vendaje y lo envolvió sobre su espalda.
—Está bien, ya he acabado —. le dijo a Riddle, en voz baja.
Riddle se sentó en la cama e hizo una mueca cuando su espalda se curvó. Hermione le entregó la camisa y el jersey. Mientras se ponía la ropa de nuevo Hermiones le dijo,
—Se ve mejor, pero necesitará algún tiempo para sanar.
Se acercó a la bolsa llena de libros y hurgó en ella. —¿Qué tal si te acuestes un rato y descansas? Te traeré algo de comer después —. le dijo mientras buscaba los libros en la bolsa.
Finalmente Hermione encontró lo que estaba buscando. Cogió el antiguo libro encuadernado en cuero que le había comprado a Riddle. Luego le entregó el libro a Riddle que ahora estaba junto a la puerta.
—Toma —. Hermione le sonrió. —Puedes leer un poco si te aburres, pero trata de descansar, ¿de acuerdo?
Cuando dijo eso la mirada de Riddle vagó del libro a la cara de Hermione. Su rostro era una máscara impasible de nuevo, aunque estaba segura de que quería decir algo. Pero no lo hizo. Él sólo asintió brevemente y luego se fue a su habitación.
Hermione negó con la cabeza ante su extraño comportamiento. A veces realmente no sabía cómo lidiar con él. Era difícil siempre tener que adivinar lo que estaba pensando o sintiendo. Esa máscara impenetrable que llevaba era difícil de romper. Ahora mismo, por ejemplo, no sabía si había estado tratando de darle las gracias por haberle comprado el libro o si hubiera querido matarla por entrometerse en sus cosas. ¿Por qué tenía retener sus emociones?
Tal vez eso es algo de Slytherin, razonó
Pero eso no es cierto, ¿verdad? Hermione recordó su sexto año. Fue entonces cuando Harry había tenido esas clases extras con Dumbledore. En ese momento Dumbledore le había contado sobre el pasado de Voldemort. Harry siempre había hablado de ello con ella y con Ron. Ya de niño Voldemort parecía haber sido reservado y extraño. Por otra parte, si ella se hubiera criado en el repugnante orfanato, también habría sido reservada. Debía haber sido doblemente difícil para él, en contraste con los otros niños. Él era un mago, así que cosas extrañas estaban obligadas a pasar a su alrededor y nadie, incluido él mismo, sabría por qué.
Durante la infancia de Hermione también había habido algunos extraños incidentes. Cuando estaba en la escuela de primaria algunos de los otros chicos siempre la habían molestado. Un día, de camino a casa uno de esos niños la había empujado e insultado. Hermione había sentido mucha impotencia y mucha rabia. Fue entonces cuando una ráfaga de magia había salido de su cuerpo, y había atacado a los otros niños. Hizo volar las mochilas escolares para después dejarlas caer como una lluvia de libros, papel y bolígrafos. Los chicos se habían asustado yéndose llorando a casa. Hermione no pudo evitar sonreír ante el recuerdo. Sus explosiones de magia accidental habían sido sobre todo muy divertidas.
Pero la de Riddle debió haber sido realmente mala. Él era un mago excepcional, Hermione lo tuvo que admitir a regañadientes. Así que sus estallidos de magia debían de haber sido mucho más poderosos que los suyos. Y los años cuarenta no eran recordados precisamente por su aceptación a las extrañas personas que se diferenciaban de la norma. Así que, ¿tal vez esa era la razón de su comportamiento reservado? Su crianza debió ser un tiempo difícil. Y entonces le ofrecieron la maravillosa posibilidad de entrar en un mundo mágico sólo para ser clasificado en una casa donde su herencia estaba mal vista. Ocultar sus emociones debió ser la única manera que él tuvo de sobrevivir.
Era eso. O sino estaba chiflado.
Hermione cogió el libro de Peverell de su baúl. Planeaba leerlo un poco más. Ese libro muy bien podría ser el único camino que tenía de regresar a casa. Se sentó en la cama, apoyada en la pared con una almohada detrás de la espalda y luego abrió el libro. Por ese entonces ya había leído algunos capítulos del libro. Pero hasta ahora, ni la Varita de Saúco, ni ninguna otra Reliquia había sido mencionada. En los primeros capítulos Peverell describió la naturaleza de la magia, o lo que él concebía como la naturaleza de la magia. Era increíblemente difícil seguir el hilo de sus pensamientos. Era tan abstracto, sus ideas y su impresionante conocimiento de la magia eran tan profundo que Hermione no conocía a nadie que pudiera rivalizar con él. Incluso Dumbledore trabajó junto a Flamel para entender el libro, ¿qué posibilidad tenía ella de entender las teorías de Peverell?
{{{{{{{{+}}}}}}}}
Era la una y media cuando Hermione subió las escaleras hacia el segundo piso del Caldero Chorreante. Frente a ella levitaban dos platos de carne asada que olían deliciosamente bajo un encanto de inmovilidad y en sus manos llevaba dos botellas de jugo de calabaza. Se detuvo frente a la habitación de Riddle y tocó. Él le abrió después de unos momentos. Rápidamente la mirada de Hermione lo escaneó para comprobar si estaba bien. Alegremente observó que su rostro no estaba tan pálido como lo había estado hace unas horas y parecía estar menos cansado.
—Hey, Riddle —. le saludó y como se había acostumbrado a no esperar un saludo a cambio continuó instante. —¿Tienes hambre?
Ella agitó su varita y los platos volaron hacia la pequeña mesa y se colocaron en ella. Luego se volvió hacia Riddle, e hizo un gesto hacia los dos platos en la mesa.
—¿Te importa si me uno ti? — le sonrió.
Hermione pudo ver una sombra de sorpresa en su rostro y su mirada se volvió más suave cuando dijo en voz: —No.
Hermione le sonrió alegremente y luego se acercó a la mesa y se sentó. Riddle la siguió y se sentó frente a ella.
—Estoy feliz de que tengas una mesa en la habitación —. le informó alegremente. —De lo contrario me habría visto obligada a comer en mi cama y la salsa se derramaría por todas partes.
—Podrías simplemente haber conjurado una mesa —. sugirió educadamente pero Hermione pudo ver una sonrisa enroscándose en sus labios.
—¿Y qué? ¿Y perderme tu compañía? — lo miró con fingida sorpresa. —No me gusta comer sola—, continuó. —Creo que me he acostumbrado tanto a comer en el Gran Comedor con todos los otros estudiantes que se siente extraño comer sola
Cuando terminaron Hermione agitó su varita y los platos se desvanecieron en el aire. Entonces se echó hacia atrás en su silla y miró Riddle. ¿Por qué tenía que volver al orfanato en cada vacaciones? No lo entendía. Tenía algo que ver con Dumbledore de eso estaba segura. Era él quien había confiscado la varita de Riddle. Y él le había enviado o más bien había obligado a Riddle a volver al orfanato. Pero ¿por qué lo hacía?
Después de un tiempo de consideración Hermione cogió el suficiente valor para preguntarle: —¿Dónde está tu varita, Riddle?
La cabeza de Riddle se alzó y la miró con suspicacia. —¿Qué?
—Tu varita mágica —. repitió Hermione. —¿Dónde está?
—¿Por qué? — preguntó lentamente.
—Es obvio que no lo tienes. Entonces, ¿dónde está?
—¿Por qué necesitas saberlo? — le preguntó con los ojos entrecerrados.
—No necesito saberlo —. dijo Hermione. —Tengo curiosidad.
Riddle la miró durante algún tiempo. Sus ojos grises parecían escudriñarla. Cuando Hermione estuvo segura de que no iba a decirle nada él le dijo con voz controlada,
—Está en Hogwarts.
Hermione alzó las cejas. En silencio, pidiéndole una explicación. Él suspiró y apartó la mirada antes de que dijera en voz baja,
—Dumbledore me la quitó.
Ahora estaban llegando a la raíz del problema, pensó Hermione. —¿Por qué hizo eso?
Riddle le devolvió la mirada. Sus ojos eran fríos y su cara estaba en blanco. No iba a decirle, se dio cuenta Hermione decepcionada.
—No veo que sea de tu incumbencia. — dijo Riddle con frialdad.
—¡Está bien, está bien! — dijo resignada. —No te estoy obligando a que me lo digas.
Volvió a mirarlo. Luego dijo con cautela: —Pero también fue él quien te he envió al orfanato.
Riddle no dijo nada, pero siguió mirándola sin expresión. Hermione no podía entenderlo. ¿Dumbledore enviaba a uno de sus estudiantes a una zona de guerra? ¿Sin armas? ¿Por qué haría eso? Concediendo de que era Riddle aún así todavía era una cosa vil de hacer. Hermione recordó el ataque aéreo que había presenciado. Había sido tan espantoso aún cuando ella había estado a salvo en callejón.
—Es sólo que ... — Hermione se miró las manos. —Es peligroso ... podrías haber muerto.
Lo miró de nuevo y se sorprendió al notar que la frialdad había dejado a sus ojos.
—Ayer por la noche, con ese ataque aéreo sobre Londres ... — Hermione susurró. —Pude verlo todo. Si tú hubieras estado ... — ella vaciló, pero luego continuó, —Es por eso que fue al orfanato. Para ver cómo estás.
Se estremeció al pensar en lo que podría haber pasado si no lo hubiera hecho. Todavía estaría tirado en esa horrible habitación en el sótano. Tal vez aún más herido de lo que ya estaba. Hermione estaba mirando su antebrazo derecho. Pudo ver una parte de la venda blanca que todavía protegía sus huesos recién reparados.
—Y estoy contenta de haberlo hecho —. susurró.
{{{{{{{{+}}}}}}}}
Más tarde ese día, Hermione estaba acostada en su cama con el manuscrito de Peverell en sus manos. Cuanto más se leía el libro más se daba cuenta de lo excepcional que era en realidad. Este texto fue escrito hace siglos de años y, sin embargo, no rivalizaba con nada de lo que había leído antes. Hermione sabía que al menos algunas partes de la magia descrita en el libro eran oscuras pero las teorías de Peverell eran todavía asombrosas e increíbles. Ellas chirriaban en la propia naturaleza de la magia, jugando con ella para que al final Peverell lograra crear algo completamente nuevo. Sus modos de entender la magia eran diferentes a todo lo que había oído hablar. Pero el libro era tan sorprendente como complejo. Las teorías de Peverell eran difíciles de entender. Él ahondó tan profundamente en la estructura de la magia, que Hermione tuvo problemas para seguirlo. Ella necesitaba una cantidad ridícula de tiempo para leer solamente una página del libro. De alguna manera sabía que el libro estaba muy por encima de su inteligencia, pero eso era inaceptable. No sólo por su orgullo herido de no ser capaz de entender un libro, sino que ella realmente necesitaba entender los inventos de Peverell. Necesitaba saber cómo funcionaba la Varita de Saúco. Sin ese conocimiento estaría varada en el pasado por siempre. Y eso era algo con lo que no podía correr el riesgo. Su sola presencia aquí podría tener consecuencias fatales. Ella sin saberlo, podía cambiar un pequeño detalle del pasado que podría convertirse en una alteración dramática en el futuro. Hermione no iba a cambiar el futuro que sus amigos habían creado. Habían muerto para garantizar ese futuro por lo que ella, como única superviviente, era la responsable de mantener la paz. Mientras Hermione leía el libro a menudo se encontraba con notas privadas de Peverell incrustadas en sus explicaciones teóricas. Era algo así como un diario.
Comprender la naturaleza de la magia es mi deseo más importante, ya que me he metido con cada aspecto de la magia hay un campo de conocimiento que me impresiona particularmente. Así que yo mismo me he dedicado a estudiar el arte de la creación de objetos mágicos. Es una de las ramas más difíciles de la magia y la más gratificante. Este extraordinario arte trata de la creación de cosas que contienen y emanan de la magia.
La belleza de este arte era innegable. Se iniciaba con un objeto mundano, que podía ser cualquier cosa, desde un antiguo cubo de madera a una espada hecha del más fino hierro, y cambiaba este objeto en algo excepcional. Los objetos se llenaban de magia y se convertían así en una parte de la propia magia.
He estudiado toda obra que se ocupaba de la creación de objetos mágicos. He hablado con los maestros de este arte y he aprendido de su habilidad. Pero cuando profundicé en este fascinante arte rápidamente encontré sus límites, sus inaceptables límites. Estuve sorprendido y conmocionado por lo rudimentario que realmente era este arte. Pero todo mereció la pena, aún con todos los avances que se habían logrado en esta rama de la magia, en este momento todavía estaba en su tosca infancia. Pero tenía la intención de cambiar eso.
El primer obstáculo que me topé fue la dificultad gratuita y la complejidad con la cual los magos conferían su poder al objeto. El primer paso para crear un objeto mágico es también el más importante. La magia, es trasmitida del mago al objeto, es la base de todas las siguientes manipulaciones de la Magia y por lo tanto el objeto. Si la magia es débil o impura el objeto mágico en sí será defectuoso.
Así que tuve que mejorar primero la parte básica de la creación del objeto mágico. Inventé un nuevo hechizo que podía transferir fácilmente magia a un objeto. Su encantamiento es 'Confero' y es un encanto verdaderamente poderoso. Permite canalizar mi magia directamente al objeto y después puedo anclar la magia transferida dentro de la misma. Con este nuevo hechizo voy a ser capaz de crear cosas realmente sorprendentes.
Hermione se quedó mirando las palabras que Ignotus Peverell había escrito hace tantos siglos y después cerró el libro lentamente. Por hoy ella no podía leer más. Su cabeza hace rato le estaba empezando a doler y se sentía mareada. Cuando miró su reloj de pulsera se sorprendió al ver que había estado leyendo sin parar durante las últimas cinco horas. No le extraña que ahora le doliera la cabeza. Era inútil tratar de forzar el conocimiento a su mente. Así que, se tomó un descanso.
Se levantó de la cama y escondió el manuscrito de Peverell en su baúl con los habituales encantos para proteger el libro. Luego se fue al baño, abrió el grifo y se salpicó un poco de agua en la cara. Al levantar la mirada vio su imagen reflejada en el espejo. Su rostro estaba pálido y tenía círculos oscuros bajo los ojos.
Tienes un aspecto terrible, le dijo a su reflejo.
Toda la situación le ponía una tensión sobre ella. Debería estar sorprendida de que aún no se hubiera roto. Además de su problema de viajar en el tiempo estaba Riddle. Era extraño. Era Lord Voldemort después de todo. ¿Cómo se suponía que tenía que tratar con él? ¡Él era malo ... y sin embargo a veces no lo era! Simplemente no encajaba. Y ella estaba atrapada en medio. Pero ahora que había tomado su decisión, tenía que llevarla a cabo. A pesar de lo confuso que era, parecía que Tom Riddle la necesitaba, al menos por ahora. Por el momento, haría caso omiso de lo absurdo que sonó eso. Hermione salió del baño y cogió la capa de su baúl. Lo que ella necesitaba era un poco de aire fresco.
Envolvió con fuerza la capa negra alrededor de ella cuando salió de la caldera Leakey. El cielo estaba gris y el aire de diciembre era cortante contra su piel expuesta. Pero el frío era de alguna manera calmante y le ayudó a despejar sus pensamientos. Hermione comenzó a bajar el callejón Diagon. Había unas pocas personas que hacían sus tardías compras en la calle y se apresuraban a lo largo de la avenida comercial con bolsas que colgaban de sus manos. Hermione caminó por el callejón, sin importarle las ofertas en los escaparates. Sus manos estaban enterradas profundamente en los bolsillos y se arrepintió de no haber llevado guantes. Una pequeña bruja pelirroja pasó por delante de ella. Llevaba una larga bufanda verde y amarilla, tejida ridículamente y estaba cargada con bolsas de las compras. Hermione trató de ignorar el pinchazo familiar en su estómago mientras ella le recordaba a Molly Weasley. Apretó el paso y resistió la tentación de mirar hacia atrás a la chica pelirroja. Parecía que los fantasmas de su pasado no iban a abandonarla nunca.
Hermione dio la vuelta a la esquina. Ahora casi había llegado a la librería que había visitado con Riddle ese mismo día. Siguió andando por el camino cuando sus ojos se lanzaron a una persona sentada en uno de los bancos. Era extraño ya que el tiempo realmente era demasiado frío como para estar sentado alrededor de la intemperie. Cuando Hermione se acercó a la persona se sorprendió al ver que era Riddle sentado en el banco. ¿Por qué estaba aquí? Había pensado que él estaría durmiendo en su habitación en el Caldero Leakey. Estaba herido y desde luego no se suponía que debía estar caminando solo. Pero allí estaba, sentado en el banco con una mirada vacía en su rostro.
Hermione se acercó a él y se sentó a su lado. Vio que Riddle se tensaba al darse cuenta de que alguien se sentaba su lado. Volvió la cabeza y por un momento pensó que pudo ver una pequeña sonrisa en su rostro cuando la reconoció. Pero luego su rostro se transformó en la familiar máscara en blanco y Hermione estaba segura de que estaba imaginándose cosas.
—¿Qué estás haciendo aquí? —le preguntó ella con suavidad.
Él la consideró durante un tiempo con sus insondables ojos grises y luego dijo con voz suave: —Necesitaba un poco de aire fresco.
—Hmmm ... — Hermione se apoyó en el respaldo del banco. —Yo también. Eso ayuda a despejar los pensamientos.
Riddle no le dio una respuesta así que lo miró. Estaba otra vez con la mirada perdida en la calle frente de él. Hermione notó que su rostro parecía de nuevo muy pálido. En realidad no debería estar sentado aquí afuera con el frío.
—Nunca respondiste a mi pregunta — dijo Riddle abruptamente.
Hermione alzó las cejas. —¿Qué pregunta?
—¿Por qué me has ayudado?
Riddle se volvió hacia ella y la escudriñó con sus ojos grises. Ellos seguían siendo tan impenetrables como siempre pero cuando él la miró Hermione podría asegurar, por un segundo, que vio un atisbo de emociones subyacentes. Se sorprendió al ver la desconfianza en sus ojos. Riddle se mostraba muy cauteloso a su alrededor y estaba claro que no confiaba en ella. Hermione se sintió extrañamente triste en eso.
—En Hogwarts éramos enemigos. No veo lo que podrías ganar con ayudarme. Pero me ayudaste. ¿Por qué? — Riddle le preguntó en voz baja.
Hermione se acercó a él en el banco y le sonrió cuando dijo: —Realmente no lo sé —. se encogió de hombros. —Sólo lo hice. Y no me arrepiento.
Se sorprendió al darse cuenta de que era verdad. No se arrepentía de haber ido al orfanato a ver cómo estaba. Y no se arrepentía de haberlo rescatado de esa repugnante habitación en el sótano. Estaba realmente contenta de haberlo hecho.
Hermione lo miró. Su mirada se había suavizado un poco, pero aún había desconfianza, por lo que Hermione le dijo: —Yo quería ayudarte, así que no me debes nada. ¿De acuerdo?
Riddle la siguió mirando fijamente, aparentemente midiendo si estaba diciendo la verdad o no, y después de un rato asintió secamente. Hermione se alegró de que él poco a poco empezara a creerle. A continuación, una fría brisa la golpeó y ella se estaba congelando de nuevo. Miró a Riddle, y se dio cuenta de que estaba temblando ligeramente. Hermione extendió la mano y tomó su mano entre las suyas, estaba helada. Riddle se había tensado ante el contacto y ahora la miraba.
—Está muy fría —. dijo Hermione en voz baja. —¿Por cuánto tiempo has estado aquí?
Riddle no contestó, pero siguió mirándola un poco sorprendido.
—Debemos volver a la caldera Leakey —. dijo Hermione ahora con mayor firmeza. —Si deseas sentarte alrededor a pensar, puedes hacerlo, sólo que en un lugar calido.
Se levantó del banco y sin esperar respuesta y trató de tirar de él para levantarlo. Por sorprendente que parezca, él le obedeció.
_._._._._
Riddle se acercó a la pequeña ventana. Desde allí podía mirar hacia abajo al Callejón Diagon. Podía ver a la gente apresurándose a lo largo de la calle, sus capas envueltas con firmeza alrededor de ellos.
Riddle todavía se sentía enfermo y le dolía la espalda ferozmente. Odiaba estar en un estado tan débil. Ni siquiera era capaz de usar su magia ya que su varita estaba en Hogwarts, guardaba en el interior de la oficina de Dumbledore. Una rabia apenas controlable ardió en él cuando pensó en Dumbledore. Las manos de Riddle se aferraban el alféizar de la ventana con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos. ¿Por qué Dumbledore que lo envió aquí estas vacaciones? Normalmente Riddle sólo tenía que preocuparse por las vacaciones del verano. Recordó lo sorprendido que había estado cuando Dumbledore lo había mandado llamar en Hogwarts. Dumbledore nunca quería verlo, eso estaba bien para Riddle. Normalmente sólo llamaba a Riddle poco antes de las vacaciones de verano para quitarle la varita. Entonces para Riddle fue una desagradable sorpresa cuando Dumbledore le había arrebatado la varita y le había obligado a volver al orfanato estas Navidades.
¡Cómo odiaba ese lugar! Cada vez que tenía que volver era como si fuera atrás en el tiempo, antes de que él supiera sobre la magia, antes de que él supiera que no era una abominación. En aquel entonces había vivido siempre con el temor de ser abandonado en un manicomio. La señora Cole sospechaba de él y en más de una ocasión lo había amenazado con el manicomio. Pero incluso en aquel entonces Riddle había sabido de alguna manera que él no estaba loco, que él sólo tenía un talento que los demás no podían entender. Los había odiado por no entenderlo, por rechazarle. Su último recurso había sido, el odio. ¿Qué otra cosa le quedaba?
Entonces, un día como hoy Riddle había vuelto de Hogwarts cuando la señora Cole se había marchado y había sido sustituida por aquel hombre. Siempre era una horrible experiencia tener que volver cada verano a ese deprimente lugar, pero Carter lo había vuelto aún peor. A la señora Cole nunca le había agradado Riddle pero por lo menos ella nunca había tratado de cambiarle, tal vez por miedo o por pereza. Pero Carter era diferente ...
Riddle cerró los ojos al recordar la impotencia. No había manera de detener a Carter. Si Riddle lo hiciera, correría el riesgo de ser expulsado de Hogwarts lo que significaba que tendría que abandonar su varita. Para él, eso sería un destino peor que la muerte. Así que tenía que soportar el dolor cada vez que volvía al orfanato. Recordó el dolor en su espalda que palpitaba dolorosamente.
Riddle respiró profundamente, pero eso no lo calmaba. Por el contrario, se sentía como si se estuviera asfixiando. Abrió los ojos y se apartó de la ventana. De repente la habitación parecía tan pequeña ... como ese cuarto ...
Riddle se sintió mal de nuevo. No podía aguantar más estar aquí, se sentía encerrado. Se fue casi corriendo de la habitación, cogiendo sólo su capa. No se detuvo hasta que estuvo fuera, en el Callejón Diagon. Hacía frío y el viento soplaba glacialmente, pero el amplio cielo era de alguna manera tranquilizador. Riddle tomó unas cuantas respiraciones profundas. La sensación ahogo poco a poco se iba yendo. Se dirigió al callejón Diagon. Necesitaba caminar un poco.
Había caminado cierta distancia por el callejón ya que su espalda le estaba empezando a doler gravemente otra vez. Esto precisamente no había ayudado a la cuestión por la cual había salido corriendo del Caldero Chorreante. A pocos pasos Riddle vio un banco. Tal vez un se tomaría un breve descanso y luego volvería de regreso a la caldera. Así que se sentó en el banco, evitando apoyarse de espaldas sobre el respaldo.
Mientras estaba sentado allí, en medio del callejón Diagon, se sintió muy frustrado. Toda la situación era intolerable. Era ridículo que él se viera forzado a volver al orfanato cada año. No quería aguantar eso por más tiempo. Pero no estaba en su poder cambiar eso. Ese era el núcleo de todos sus problemas. Él todavía no era lo suficientemente poderoso.
Pero tal vez no tenía que preocuparse más por eso. DeCerto le había dicho que no le permitiría volver al orfanato. Riddle frunció el ceño ante ese pensamiento. ¿De dónde venía eso? ¿Desde cuándo él confiaba en los demás? ¿Desde cuándo necesita la ayuda de otras personas? Ni siquiera podía confiar en DeCerto. Honestamente, no sabía nada de ella. Estaba molesto por la esperanza que sentía al pensar en ella.
De repente sintió que alguien se sentaba a su lado en el banco. Riddle volvió la cabeza y se sorprendió al ver a DeCerto sentada a su lado mirándolo preocupada. De alguna manera Riddle se sintió aliviado al verla.
—¿Qué estás haciendo aquí? — ella le preguntó con voz suave.
Riddle la miró durante un rato decidiendo si debía responder o no. Pero la pregunta no había sonado exigente, sólo preocupada. Y le respondió:
—Necesitaba un poco de aire fresco.
—Hmmm ... — la bruja sonrió distraídamente mientras se sentaba de nuevo en el banco. —Yo también. Eso ayuda a despejar los pensamientos.
Riddle estaba nuevamente preguntándose por qué demonios le había ayudado. Él no sería capaz de soportarlo si esto realmente era todo un elaborado plan de Dumbledore para finalmente deshacerse de él y echarlo fuera de Hogwarts y fuera del mundo mágico.
—Nunca respondiste a mi pregunta —. le dijo Riddle, en voz baja.
—¿Qué pregunta? — DeCerto le preguntó, aparentemente confundida.
—¿Por qué me has ayudado.
Él la miró, buscando sus expresiones. Si iba a mentirle se daría cuenta.
—En Hogwarts éramos enemigos. No veo lo que podrías ganar con ayudarme. Y sin embargo, me ayudaste. ¿Por qué? — Ridlle necesitaba saberlo.
DeCerto repentinamente se acercó más él en el banco y luego le sonrió con una de sus sonrisas sinceras. —Realmente no lo sé —. dijo, confundiéndolo aún más. —Sólo lo hice. Y no me arrepiento.
Pero ¿cómo podía creerle? ¿Cómo podía estar seguro de que no estaba planeando nada?
—Yo quería ayudarle, así que no me debes nada. ¿De acuerdo? — le dijo DeCerto de repente mientras lo miraba seriamente.
Si ella estaba realmente estuviera trabajando con Dumbledore entonces no tendría ninguna necesidad de mantener esta farsa por más tiempo. Ya había abandonado el orfanato dándole así a Dumbledore la oportunidad de echarlo fuera de la escuela. Pero hasta ahora no había pasado nada. ¿Tal vez DeCerto estaba diciendo la verdad?
Salió de sus pensamientos al sentir una cálida mano apretando la suya. Riddle miró a la chica otra vez.
—Está muy fría —. le dijo ella, un ceño fruncido apareció entre sus cejas. —¿Por cuánto tiempo has estado aquí?
¿Por qué le importa?
—Debemos volver a la caldera Leakey —. le ordenó DeCerto. —Si deseas sentarte alrededor a pensar, puedes hacerlo, sólo que en un lugar cálido.
De alguna manera Riddle no le importaba que le ordenara nada en esta ocasión por lo que permitió que ella tirara de él, de regreso a la caldera Leakey.
{{{{{{{{+}}}}}}}}
Con este capítulo he tardado años en traducir…bueno miento lo traduje en una tarde, pero me costó más de lo habitual, no sé porque cada vez que traducía leía como mil veces el texto para ver si se entendía, así que en ese aspecto esta perfecto
