14
Una Navidad Sola
Al día siguiente, Hermione se despertó por un molesto sonido que venía de la ventana. Se dio la vuelta en la cama para poder volver a coger el sueño un poco más, pero el sonido chirriante no se detuvo. Finalmente, de mala gana se levantó de la cama y se acercó a la ventana descorriendo las cortinas. El alféizar de la ventana estaba cubierto de por lo menos dos pulgadas de nieve y gordos copos de nieve caían por el callejón Diagon. Tres búhos estaban sentados en el alféizar de la ventana y golpeaban con el pico el cristal, exigiendo que los dejaran entrar
Hermione frunció el ceño ante los tres búhos. ¿Quién le enviaría algo? Realmente no conocía a mucha gente aquí en los años cuarenta. Abrió la ventana para permitir que las aves pasaran. Las lechuzas volaron con gracia por la habitación y se sentaron en la cama. Hermione vio que cada uno de los búhos llevaba un paquete. Fue entonces cuando cayó en cuenta. Hoy era Navidad.
¿Cómo podía haberlo olvidado?
Tan pronto como los búhos vertieron sus paquetes en la cama despegaron de nuevo, ulularon amistosamente cuando pasaron por su lado y salieron volando por la ventana. Hermione miró los tres paquetes en la cama mientras distraídamente cerraba la ventana. Se sentó en la cama y tomó uno de los paquetes en la mano. Había una carta adjunta al paquete.
Querida Hermione,
Te deseo una muy feliz Navidad. Espero que estés disfrutando de las vacaciones. Hoy toda mi familia está aquí para visitarnos. Realmente voy a tener que esforzarme, déjame decirte que, tengo una gran familia.
Así que, donde quiera que estés (¿por qué no nos lo dijiste?) Espero que te diviertas
Bye bye, Richard
Hermione le sonrió a la tarjeta que Richard Weasley le había enviado. Luego abrió el paquete. Vio un enorme paquete de ranas de chocolate. Hermione no sabía que ellas estuvieran a la venta a principios de los años cuarenta. Aunque estaban envueltas de manera diferente. Aparte del chocolate que Wealsey le había dado también había una enorme bufanda de aspecto cálida de color rojo brillante. Era perfecta. Cogió otro paquete. Este era de Lupin se dio cuenta Hermione mientras leía sus felicitaciones navideñas. Lupin le había regalado, por supuesto, un libro.
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El último paquete era de Longbottom. Era el más pequeño de los tres, y cuando Hermione lo abrió vio un collar de plata. Lo tomó en la mano y admiró su belleza. Tenía pequeñas piedras azules labradas en la plata. Le encantó. Hermione puso los regalos en su mesita de noche y los miró pensativamente. Qué agradable era que los tres chicos le hubieran enviado algo. Ellos sólo la habían conocido por unos pocos meses y ya la consideraban una amiga. Para su sorpresa Hermione sintió que lágrimas corrían por sus mejillas. Se llevó la mano a la cara y luego miró desconcertada las lágrimas que ahora colgaban de sus dedos.
¿Por qué lloraba? ¿No era agradable que ellos le regalaran algo por Navidad? Eran sus amigos, ¿no?
Sí, lo son, pensó Hermione. Pero ...
Ellos eran amigos, pero sabían tan poco de ella. No conocían a la verdadera Hermione. Ella no les había dicho nada, sólo mentiras. Eran gente agradable y no se parecían en nada a ella. No habían tenido que vivir por lo que ella había vivido. Ella había visto muchas cosas. Cosas horribles. Cosas que la habían cambiado. Le agradaba Longbottom, Weasley y Lupin, pero al mismo tiempo sabía que nunca podría llegar a ellos. No así. Era como si vivieran en un mundo totalmente diferente. Vivían felices con sus familias. Sus únicos problemas eran los próximos NEWS del siguiente año o tal vez que no notaran su enamoramiento.
Ella por su parte, había luchado en una guerra. Había visto a gente morir. Personas que amaba. Habían sido arrancadas de su lado de las más crueles de las maneras. Y a cambio había matado. No importaba si lo había hecho para salvar a sus amigos o para salvarse sí misma. Había quitado la vida. Los había mirado a los ojos cuando se la había arrebatado. Había usado maldiciones que nunca se debería haber utilizado. A veces se sentía como si hubiera vendido su alma. ¿Cómo lo había llamado Dumbledore? ¿Por el bien mayor? Sí, eso era lo que ella había hecho. Había luchado fuego contra fuego. Y al final su equipo había ganado, pero ella lo había perdido todo.
Lo peor era que a medida que el tiempo pasaba se había acostumbrado a la forma de la guerra volviéndose insensible. Incluso hoy en día no se arrepentía de haber matado a esas personas. Por supuesto, que se sentía mal por eso y sabía que tomar una vida era algo despreciable, pero lo haría de nuevo si pudiera salvar a sus amigos. Lo que más la asustaba era que sabía que podía hacerlo.
¡Pero sus amigos estaban muertos! ¡Todos! No tenía a nadie. Sólo a ella. Hermione cerró los ojos, tratando desesperadamente de no pensar en ellos. Pero no podía detener las imágenes que proyectaban su cabeza.
Luna estaba muriendo en los brazos de Hermione. Ella gritaba de dolor mientras la sangre corría por sus ojos, sus oídos y su boca.
Neville luchó por su vida. La maldición que le había golpeado había destruido su pecho dejándole una horrible y fatal herida.
Ginny había sido golpeada por una maldición desviada durante una pelea. Habían sido capaces de aparecerse en un lugar seguro. Pero la maldición era imparable. Ginny murió después de dos semanas de terrible sufrimiento. Eso destrozó a Harry.
Los padres de Hermione habían sido calcinados hasta morir atrapados en su propia casa.
Así que muchos ... muchos de sus amigos habían muerto. ¿Seguramente no había vuelta atrás para una vida normal? De alguna manera sabía que nunca se repondría de todo lo que le había sucedido. Hermione levantó sus rodillas y envolvió sus brazos alrededor. No había manera de que las imágenes dejaran de pasar por su cabeza. Y sabía con que imagen acabaría.
Ron fue golpeado por la maldición de Bellatrix. Hermione lo vio en cámara lenta, como a través de un velo borroso la maldición verde golpeaba a su novio en el pecho.
Y Harry ...
Su último amigo. No tenía a nadie más. Era tan fuerte y valiente. Finalmente lo había conseguido había parado el mal. Pero el cruel destino había jugado a su detestable juego de nuevo. Obligando a la propia Hermione a matar al último de sus amigos.
Hubo un golpe brusco en la puerta de su habitación. La cabeza de Hermione se alzó. Estaba tan perdida en sus recuerdos que se había olvidado por completo de dónde se encontraba. Hubo otro golpe.
Hermione estiró las piernas de modo que estuviera sentaba normalmente en la cama y luego dijo: —Adelante
Riddle abrió la puerta y entró en su habitación. Hermione alzó las cejas. Él nunca antes había venido a su habitación sin que ella tuviera que arrastrarlo. Pero ahora él estaba aquí, tan guapo como siempre, sus ojos grises la escrudiñaron. Estaba aparentemente tranquilo.
Hermione lo miró y le preguntó: —¿Hay algún problema?
—No —. Riddle la miró con su mirada insondable. Luego agregó: —Llegas tarde.
Hermione miró su reloj. Tenía razón. Eran más de las diez ya. Había planeado levantarse a las nueve. Ayer le había dicho que iría a su habitación alrededor de nueve y media y luego se irían a desayunar. Hermione se volvió hacia él.
—Sí, lo siento —. trató de sonreír, pero no lo consiguió. —Me han enviado regalos — le informó innecesariamente.
La mirada de Riddle se desvió de su rostro hacia la pequeña pila de regalos en su mesita de noche. Se acercó a la pila y la miró cuando él dijo en voz baja,
—¿Y por eso pareces tan deprimida?
Se dio la vuelta y la miró sentada en la cama. Estaba a sólo unos pasos de ella y sus ojos grises taladraron sus ojos marrones. Hermione tuvo que apartar la mirada. Podía sentir las lágrimas frescas ardiendo en sus ojos. Después de un tiempo, él se sentó en la cama junto a ella. Pero ella seguía sin mirarlo, en cambio miraba hacia abajo a sus manos en su regazo y trató de reprimir las lágrimas que sentía que se le acumulaban en los ojos.
—¿Qué pasa, DeCerto? — le preguntó Riddle con voz suave.
—Nada —. susurró Hermione y su voz tembló ligeramente.
Cerró los ojos para tratar de recuperar la compostura. Pero todo lo que podía ver era a sus amigos muertos tirados frente ella.
—Algono va bien, — dijo Riddle suavemente. —¿Qué pasó?
Hermione vio a Ron tendido ante ella, con la cara como si estuviera dormido. Pero sabía que estaba muerto. Luego vio la cara de Harry. Su piel gris y sus ojos ahora estaban vacíos y sin vida.
Hermione no pudo evitarlo por más tiempo. Sintió que las cálidas lágrimas corrían por sus mejillas. Entonces le susurró con voz apenas audible,
—Los echo de menos.
Hubo una pausa en la que Hermione trató de enjugarse las lágrimas. Pero no sirvió de nada ya que fueron reemplazadas por otras.
—¿Longbottom? — Riddle le preguntó en un tono un tanto frío.
Hermione lo miró y frunció el ceño en confusión. Él la miró con la cara en blanco. Entonces Hermione pudo ver que su mirada se dirigía a la pila de regalos en la mesita y lo comprendió.
—No, no a ellos —. susurró.
Qué bueno ... que bueno sería echar de menos a unos amigos a los cuales podías volver a ver. No, ella no volvería a ver a sus amigos. Estaban muertos. Más lágrimas corrieron por sus mejillas. Hermione todavía miraba a Riddle. Él veía sus lágrimas, pero a ella no le importaba. Riddle la contempló fijamente. Su cara estaba cubierta por la máscara impasible que siempre parecía llevar.
—¿Tus amigos de antes de venir a Hogwarts? — le preguntó lentamente. —¿De Francia?
... del futuro.
—Sí —. dijo Hermione en voz baja. —Los extraño. Los extraño mucho.
Se llevó las manos a la cara y trató de enjuagarse las lágrimas que ahora caían rápidamente hacia sus pantalones. Entonces sintió que una cálida mano le tocaba el hombro suavemente.
—Tal vez los volverás a ver —. oyó decir a Riddle.
Hermione sollozó. No volvería a ver a sus amigos. Incluso si de alguna manera lograra volver a su tiempo, nadie la esperaba allí. Estaba sola. Se volvió hacia Riddle, quien todavía sujetaba su hombro. Hermione pudo ver él la miraba. ¿Había preocupación en sus ojos?
—Después de que la guerra haya terminado, puedes regresar a Francia —. sugirió Riddle suavemente.
Su guerra ya había terminado, aún así todavía no había nada por lo que ella pudiera volver. Hermione sollozó de nuevo y luego, sin pensar, sin tener en cuenta lo raro que era, envolvió sus brazos alrededor de Riddle y hundió la cara en su pecho. No podía dejar de llorar mientras se aferraba a él.
—Ellos están muertos —. logró decir entre sollozos. —Todos están muertos.
Hermione lloró y lloró mientras se aferraba desesperadamente a Riddle. Necesitaba que alguien la sostuviera. No podía soportar estar más sola.
Entonces pudo sentir que sus brazos la abrazaban. Hermione sollozó aún más al sentir sus brazos tranquilizadoramente alrededor de ella. No podía contenerse más. Toda la tristeza y el dolor que se había acumulado en su interior fluía a través de ella. Todo el tiempo Riddle la estuvo sosteniendo.
_._._._._
Riddle se despertó y bostezó cansadamente mientras alcanzaba el reloj que había puesto sobre la mesa la noche de ayer. Eran las nueve y ya. Se dio la vuelta en la cama y se sentó. Se sentó allí por algún tiempo tratando finalmente de despertarse. Realmente no era madrugador.
Después de que estuvo tan despierto como él podría se puso de pie y se arrastró hacia el baño arrojando su camisa al suelo por el camino. Era una bendición no tener que compartir su habitación, pensó mientras entraba al cuarto de baño. No tenía molestos compañeros de habitación que fueran a enfurecerlo con sus estupideces. Realmente era horrible tener que compartir su dormitorio en Hogwarts con esos idiotas engreídos. Pero de todos modos el próximo año la abandonaría, pensó, mientras una sonrisa arrogante se formaba en su rostro. Dippet seguramente lo haría jefe de Prefectos. ¿Quién más era digno de tener en consideración? Entonces Riddle pasaría a instalarse a los cuartos de Jefes y tendría un espacio para sí mismo.
Realmente odiaba no tener cosas propias. Por lo podía recordar nunca había poseído nada. En el orfanato todo había sido de la "comunidad de bienes". Los juguetes, los libros, todo le pertenecía a todos los huérfanos. La señora Cole siempre había tratado de hacerles ver lo bueno que era compartir cosas y quería que estuvieran agradecidos por lo poco que tenían. Porque todos habían sido de donaciones que algún rico gilipollas u otro quien había hecho eso para conseguir una cálida sensación al donar unas cuantas libras a los pobres huérfanos.
Riddle odiaba a compartir cosas. Realmente no podía entender por qué debía sentirse agradecido por ser tan condenadamente pobre que ni siquiera podía permitirse el lujo de tener libro propio. Las únicas cosas que había poseído realmente en ese entonces eran las cosas que había robado a los otros huérfanos. Hasta que Dumbledore se los quitó, por supuesto.
Su viejo odio por el profesor de transfiguración se alzó dentro de él otra vez. Había obligado a Riddle en ese entonces a que devolviera todas esas cosas a sus antiguos dueños. Incluso había tenido que pedirle disculpas por robárselos. Bueno, parecía que había odiado a Dumbledore desde el principio. Era un sentimiento mutuo. En ese entonces Riddle había abandonado el asqueroso orfanato para ir a Hogwarts. Sólo para terminar metido en un dormitorio lleno de ricos y malcriados mocosos, que tenían todo lo que podría desear. Mientras él se quedaba sólo con sus libros de segunda mano y túnicas usadas.
Riddle salió del baño y se vistió. Se miró al espejo y miró la ropa que DeCerto le había comprado. Nunca nadie antes le había comprado nada. Por supuesto, algunos de los Slytherins le habían dado unos regalos, pero sólo porque querían algo de él. Pero DeCerto, al parecer, no esperaba nada de él. Le había comprado las cosas y no le había pedido nada a cambio. Incluso le había comprado un libro sólo porque a él le había interesado. Era extraño y nuevo para él. Nunca había tenido a alguien que le comprara cosas sólo porque le gustaban.
Riddle se acercó a la mesita de noche y sacó su reloj. Arqueó las cejas al ver que ya habían pasado las diez. No se había dado cuenta de lo mucho que había tardado en prepararse. Su espalda le dolía y no podía moverse con normalidad por eso necesita más tiempo de lo normal. Riddle se preguntó dónde estaba DeCerto. Ella debería de haber venido a estas alturas. Ayer le había dicho que iba a venir a las nueve y media. ¿Tal vez aún estaba dormida? Como Riddle estaba hambriento decidió bajar solo y tomar un buen desayuno. Así que salió de su habitación, cerró la puerta y se fue por el pasillo hasta las escaleras. Cuando estaba a mitad del camino por el pasillo vaciló y miró hacia atrás.
Era muy raro que DeCerto se levantara tan tarde. ¿Tal vez le había pasado algo? Él suspiró y se dio la vuelta. Mientras caminaba de regreso se preguntó por qué se preocupaba por ella. Pero de alguna manera, parecía que lo hacía. Cuando estuvo de pie ante la puerta de su habitación, respiró hondo y entonces tocó. Esperó algún tiempo, pero nadie le respondió así volvió a llamar.
—Adelante — oyó decir a DeCerto.
Riddle abrió la puerta y entró en la habitación de DeCerto. Vio que estaba sentada en su cama y casi se cae al ver lo que llevaba puesto. Fueron sin duda los pantalones más cortos que había visto en vida que llevara una mujer. Ni siquiera le cubría la mitad del muslo. La camisa que llevaba puesta apenas era mejor. ¿Dormía con en esas cosas? Nunca había visto a una mujer vestida con algo tan ajustado y corto. Incluso para él un camisón era corto. Y él había visto a algunas mujeres en camisones.
¿Por qué había abierto la puerta cuando estaba llevando puesto algo como eso? Él entrecerró los ojos ante la idea de que alguien más pudiera haberla visto con esa ropa. No le gustaba la idea.
—¿Pasa algo? — DeCerto le preguntó, de pronto sacándolo de sus cavilaciones.
—No —. respondió Riddle. —Llegas tarde.
Miró su reloj y parecía estar sorprendida de que fuera tan tarde. Así que se había quedado dormida, pensó Riddle. Pero cuando DeCerto lo volvió a mirar se dio cuenta de que algo iba mal. Sus ojos estaban hinchados y rojos. Parecía que había estado llorando.
¿Quién la hizo llorar? Riddle pensó con enojo. Se sorprendió de estar enojado en absoluto.
—Sí, lo siento —. dijo DeCerto con una voz plana. De alguna manera su habitual jovialidad había desaparecido. —Me han enviado regalos —. continuó, pero sin ningún entusiasmo en su voz.
Riddle miró el montón de paquetes en su mesita de noche. Ah, sí, lo había olvidado por completo. Hoy era Navidad, ¿no? Se acercó a la mesa y miró los regalos. Había un libro y un paquete de chocolates pero lo que captó su atención fue el collar de plata que estaba sobre una caja de terciopelo.
¿Quién le había enviado joyas? ¿Un hombre?
Echó un vistazo a la carta que estaba adjunta a la caja. Longbottom ... por supuesto, pensó con furia.
Ese imbécil iba a donde fuera DeCerto. Incluso fueron juntos al Club Slug. No eran pareja, ¿no? Riddle apretó los puños. Entonces se acordó de que DeCerto parecía haber estado llorando.
—¿Y por eso pareces tan deprimida? —preguntó, tratando de hacer que su voz sonara indiferente.
Enfrentó nuevamente a la chica y la miró. Examinó su rostro y luego miró sus ojos. No iba a tolerar que coqueteara con Longbottom, de todas las personas. DeCerto apartó la vista. ¿Qué le pasaba? Normalmente nunca se retiraba de un asalto de miradas entre ellos. Parecía que no iba a contestar a su pregunta, por lo que se acercó a la cama y se sentó a su lado. Pero ella seguía ignorándolo.
—¿Qué pasa? — Riddle le preguntó.
—Nada —. contestó DeCerto suavemente.
¿Esperaba que se creyera eso?
—Algo no va bien. — Riddle trató de sonar comprensivo. —¿Qué pasó?
Riddle podía ver que lágrimas empezaban a correr por sus mejillas. Sintió una punzada en el estómago al verla llorar.
Luego dijo con una voz tan suave que él casi no pudo entender — Los echo de menos.
Así que era eso, ¿no? Riddle sintió que la ira se acumulaba en él. ¿Estaba echando de menos a su estúpido novio? Nunca pensó que DeCerto fuera tan superficial.
—¿Longbottom? — le preguntó.
A su pregunta DeCerto lo miró. Riddle pudo ver la confusión en sus ojos. ¿Por qué estaba confundida? Longbottom le había enviado un regalo de Navidad. Riddle miró el pésimo collar sobre la mesita, y ahora ella lo echaba tanto de menos que estaba llorando.
—No, no a ellos —. susurró.
¿No a ellos? Riddle estaba confundido. ¿No lloraba por Longbottom? Se había sorprendido cuando había mencionado el nombre. Ella ni siquiera había pensando en él. De alguna manera Riddle se sintió inmensamente aliviado por eso.
Pero entonces, ¿por qué estaba llorando? La miró. Ella lo miraba y las lágrimas corrían por sus mejillas. ¿Qué le había puesto tan triste? ¿A quién echaba de menos? No podía ser alguien de Hogwarts, razonó. Los tres idiotas de Gryffindor eran sus únicos amigos allí, pero al parecer no los echaba de menos. Entonces, ¿quién más podría ser?
—¿Tus amigos de antes de venir a Hogwarts? — preguntó lentamente. —¿De Francia?
—Sí —. dijo DeCerto con voz temblorosa. —Los extraño. Los extraño mucho.
Más lágrimas corrieron por sus mejillas y ella trató de limpiárselas. Parecía tan desesperada. Nunca había visto a DeCerto así. La había visto llorar antes. Pero esta vez era diferente. Irradiaba tanta desesperanza y tristeza que el destello de ardor en sus ojos el cual la caracterizaba había desaparecido totalmente. Riddle no podía soportar verla así. Levantó una mano y la puso con vacilación sobre su hombro. Él no era bueno reconfortando a la gente.
—Tal vez volverás a verlos —. trató de animarla.
Pero eso la puso aún peor, ya que DeCerto comenzó a sollozar. Luego lo miró. Riddle pudo ver la desesperación y la tristeza en sus ojos. No quedaba nada de su alegría.
—Después de que la guerra haya terminado, puedes regresar a Francia —. le dijo Riddle, en realidad no quería decir lo que dijo. De alguna manera no quería que volviera a Francia. No permitiría que se fuera.
DeCerto comenzó a sollozar de nuevo. Entonces, de repente se lanzó sobre él y le echó los brazos al cuello. Riddle se tensó cuando se aferró a él. Ella apretó su cara contra su pecho y lloró. No sabía qué hacer. Nunca había esperado que DeCerto, de todas las personas, lo abrazara.
Pero entonces ella le susurró con voz apagada y llorosa: —Ellos están muertos. Todos están muertos.
Riddle se sorprendió por eso. Sabía que ella había tenido que huir de Francia a causa de la guerra allí. Pero no sabía que la guerra había estado tan peligrosamente cerca de DeCerto que sus amigos hubieran muerto en ella. No quería pensar en si hubiera sido ella la que hubiera muerto.
Puso sus brazos alrededor de ella y la atrajo hacia él. Nadie, aparte de él mismo tal vez, tenía permitido hacerle daño. La chica se aferró a él y pudo sentir su temblor cuando siguió llorando en su pecho.
Hermione no podía dejar de llorar mientras se aferraba a Riddle. Todos los recuerdos, recuerdos horribles que había intentado tanto reprimir, inundaban su mente. Durante la guerra había tantas visto cosas horribles. Cosas que nadie debería tener que presenciar. Los había vivido, pero nunca había tenido tiempo para hacer frente a esos recuerdos. Siempre había estado luchando. Nunca había tenido tiempo para pararse y tratar con toda la pena y el dolor que había tenido que soportar. Así que en lugar de hacer frente a esas cosas las había suprimido, en el fondo de su mente donde esperaba nunca volver a revivirlas. Pero ahora se habían liberado de su escondrijo e invadían sus pensamientos una vez más. Se sentía como si nunca fuera a ser capaz de detener las lágrimas que corrían por sus mejillas. Había pasado por tantas atrocidades, que incluso si llorara por toda una vida no tendría suficiente. Hermione apretó el tejido del jersey de Riddle con más firmeza en sus manos y hundió la cara en su pecho. Se sentía tan perdida y sola. No le importaba a quien pertenecían esos brazos que estaban envueltos a su alrededor, siempre y cuando alguien la sostuviera y ahuyentara la dolorosa soledad.
Hermione no sabía cuánto tiempo había llorado en el pecho de Riddle pero finalmente el torrente de lágrimas disminuyó y luego sus sollozos murieron completamente. Se sentía mejor ahora. Sus recuerdos todavía estaban allí y nunca más la abandonarían, pero ahora parecía un poco más soportable y menos doloroso. Soltó de Riddle y se alejó un poco de él en la cama. Luego lo miró a los ojos. Sus ojos grises la miraban intensamente. Hermione antes no estaba completamente segura pero ahora, sin duda podía ver preocupación en sus ojos. No se reflejaba en su rostro, pero ella podía ver lo que irradiaban sus ojos. Nunca había visto esa expresión en él. Parecía mejorar sus características ya que así se vía aún más guapo. Hermione sabía que no debería haber llorado delante de él. Era Lord Voldemort. ¿No era la fuente de todos sus problemas? Pero no se sintió mal. Incluso había sido bueno. Le había gustado la forma en que la había abrazado. Lo necesitaba. Hermione se secó las lágrimas del resto de la cara.
—Lo siento —. susurró, su voz era áspera por todo el llanto. —No debería haberte cargado con todos mis problemas
—Está bien —. dijo Riddle en un tono suave, sus ojos nunca dejaron de mirarla.
—Es sólo que ... hoy es Navidad y yo nunca había estado sola en Navidad —. dijo Hermione en voz baja.
—Estoy aquí — dijo Riddle en voz baja.
Hermione le sonrió. —Sí, estás aquí.
Luego se inclinó hacia adelante y lo abrazó mientras le susurraba al oído, —Gracias.
DeCerto soltó a Riddle pero la extraña sensación electrizante que su contacto le había evocado en su piel todavía perduraba. Riddle estaba molesto de que ella casi pudiera evocarle una reacción, pero al mismo tiempo le gustaba esa sensación ya que no era necesariamente mala. Vio cómo DeCerto se secaba las lágrimas de la cara. Todavía se veía un poco temblorosa, pero no parecía como si se volviera a poner a llorar. Riddle se preguntó qué le había pasado. Había sonado casi como todo el mundo que ella conocía estuviera muerto. ¿Cómo sucedió eso? Claro que Grindelwald era activo en Francia, pero no en esa medida, ya que todavía no era una guerra abierta. Por lo tanto, no era muy probable que todo el mundo que conocía DeCerto estuviera muerto a menos que ella y sus amigos hubieran estado peligrosamente cerca o hubieran participado en combates. Riddle estaba seguro de que había algo más en lo que le estaba diciendo DeCerto. Algo andaba mal.
Nunca antes había visto a DeCerto así. Estaba destrozada por completo. Aunque Riddle nunca lo admitiría delante de ella sabía que ella era una persona fuerte. Así que lo que le había ocurrido debía haber sido grave y la había lastimado increíblemente.
Riddle vio que DeCerto deslizaba una mano bajo la almohada y sacaba su varita y la funda de la varita bajo ella. Él alzó las cejas sorprendido. No conocía a muchas personas que durmieran con su varita debajo de la almohada ... En realidad sólo lo hacía él. DeCerto era bastante paranoica, ¿no? O, Riddle pensó con enojo, algo o alguien la había obligado a actuar de manera defensiva. Vio como expertamente ponía la funda en su antebrazo derecho y luego guardaba la varita en ella. Luego se volvió hacia él.
—Me he despertado un poco tarde —. dijo con su voz agradable. —Dame diez minutos y luego bajaré al bar.
Riddle asintió con la cabeza y se levantó de la cama. Al salir de la habitación le lanzó una última mirada. Y aunque sus ojos todavía se veían hinchados y rojos y su cara parecía más bien pálida de alguna manera se veía bien. Riddle nunca antes se había dado cuenta de lo bonita que era. A pesar de que la impresión podría haber sido causada por la ropa prohibitivamente corta que llevaba en estos momentos, razonó.
Hermione se sentó en la cama y miró a la puerta de la habitación por la que acababa de salir Riddle. ¿Qué se había apoderado de ella? Lo había abrazado. Realmente lo había abrazado. Conscientemente. Por supuesto, había estado de un humor más bien histérico pero todavía era Voldemort. Debería estar agradecida de que no la hubiera atacado en el acto. Pero lo realmente disparatado era que parecía estar genuinamente preocupado por ella. Hermione sabía lo buen actor que era Riddle. Pero no era tan bueno. Así que, ¿desde cuándo Lord Voldemort se preocupaba por otras personas?
Hermione negó con la cabeza en señal de frustración. Este Tom Riddle no era en absoluto como el Lord Voldemort de su tiempo. En muchas ocasiones Riddle había actuado como su homólogo del futuro, cuando la había torturado con la maldición Cruciatus por ejemplo, pero había muchas más cosas de Riddle. Más emoción, más compasión, más ... humanidad.
Hermione lo encontró más bien inquietante. Estaba acostumbrada a odiarlo, pero ahora hasta había disfrutado cuándo la había abrazado. Había sido agradable y confortable. ¿Qué le pasaba? Primero ella fue y lo salvó, ¿y ahora le gustaba que la abrazara? Hermione suspiró profundamente y luego se levantó de la cama. No podía quedarse aquí por siempre debatiendo si la cordura finalmente la había dejado o no. Así que se acercó al cuarto de baño y se lavó la cara rápidamente. Luego hurgó en su baúl para encontrar algo de ropa. ¡Oh, cómo extrañaba usar pantalones! pensó Hermione mientras cogía del baúl una falda azul oscura.
Fiel a su palabra, diez minutos más tarde se dirigió al bar del Caldero Chorreante y sus ojos escanearon el lugar en busca de Riddle. Lo encontró sentado en una de las mesas con una taza de café frente a él. Hermione se acercó a él. Riddle la miró al oír cómo se acercaba. Su mirada era tan dura e impenetrable como siempre, pero no pudo evitar darse cuenta de que había una cierta suavidad que arrastraba su mirada cuando sus ojos se posaron en ella.
—¿Te sientes mejor? — preguntó Riddle con voz suave cuando Hermione se sentó.
Hermione lo miró y luego le dijo en voz baja: —Sí.
—Entonces, ¿qué es lo que quieres hacer hoy? — Riddle le preguntó inocentemente mientras la miraba fijamente con sus ojos grises.
Hermione le alzó las cejas inquisitivamente.
—Bueno, es Navidad, así que deberíamos hacer algo divertido —. dijo Riddle mientras una sonrisa aparecía en su rostro.
Una pequeña sonrisa apareció en la boca de Hermione al recordar esas palabras. Ella las había usado el día anterior para animar a Riddle. ¿Estaba tratando de levantarle el ánimo? Hermione nunca hubiera pensado que Tom Riddle hiciera algo así. Pero ahí estaba, sentado frente a ella y sonriéndole, así que en realidad trataba de ser amable con ella. Y todavía tenía esa inesperada preocupación brillando en sus ojos.
—Vamos a ir a un lugar fuera del callejón Diagon. — dijo Hermione en voz baja. —Conozco bastante el callejón Diagon, pero no Londres.
En realidad eso era parcialmente cierto, pensó Hermione. Porque conocía muy bien Londres, el futuro Londres. Pero del Londres de los años cuarenta, realmente no había visto mucho hasta ahora.
—Tienes suerte entonces —. dijo Riddle mientras la sonrisa de su rostro se agrandaba. —Porque yo conozco muy bien las calles alrededor de Londres.
Y así fue como Hermione Granger dio un tour por todo Londres de la mano de nada más y nada menos que Tom Riddle. La ciudad era muy diferente de la del Londres en su tiempo. Por supuesto que la guerra había dejado sus feas huellas en la ciudad, pero también había otras cosas. Bonitos lugares que Hermione nunca había sabido que existían. El Londres del futuro era una ciudad enorme y rápida. Aquí, en el pasado, aún todo parecía más lento y no tan apresurado, el tráfico en las calles, la gente caminando por las aceras.
Riddle realmente estaba muy familiarizado con Londres. Él sabía dónde se encontraban las mejores vistas de los famosos sitios de Londres, también conocía las bellezas ocultas de la ciudad como el bonito parque en el cual se tomaron un descanso sentándose en uno de los bancos. Era increíble como Riddle nunca se perdía mientras caminaban por este desconcertante laberinto de callejones. Hermione nunca había lo hubiera imaginado, pero tenía que admitir que el día fue realmente muy divertido.
Actualmente estaban sentados en una pequeña cafetería con vistas al Támesis. Hermione había decidido que deberían tomar un descanso. Riddle todavía estaba herido y no quería que se esforzara demasiado. Cogió la taza de chocolate caliente mientras observaba como los barcos navegaban por el Támesis. Era...
¿pacífico?
Hermione no podía recordar la última vez que se había sentido tan segura y a gusto. Los dos últimos años de su vida habían sido una batalla constante. Siempre había estado luchando contra sus enemigos y si no hubiera estado luchando, hubiera estado en alerta, esperando un próximo ataque o entrenado sus habilidades de combate. Había sido testigo de cosas terribles para muchos, había visto tanta miseria, que se habría sentido culpable por sentir cualquier cosa menos fría determinación. Nunca tenía un momento en cual ella podría haberse relajado u olvidado de la guerra que se libraba en torno a ella. Harry, Ron y ella siempre habían estado luchando mientras seguían sugiriendo el siguiente Horrocrux. Habían estado preparados para la batalla en todo momento. Desde hace dos años Hermione nunca había bajado la guardia. Eso habría sido demasiado peligroso. Pero sentada aquí, en este pequeño y acogedor café bebiendo una taza de chocolate caliente, Hermione no podía evitar sentirse relajada y segura. No esperaba ningún ataque, ninguna persona trataría de maldecirla y de hacerle daño. Respiró y se apoyó cómodamente en su silla. Lo más extraño de esta situación era que estaba sintiendo todo eso en presencia de Tom Riddle
Hermione echó una mirada a Riddle. Estaba sentado frente a ella, mirando pensativamente el río que fluía lentamente. Se preguntó en qué estaba pensando. Mientras lo escaneaba se dio cuenta de que los moretones en su rostro se habían desvanecido desde que lo había encontrado en el orfanato. Hermione se estremeció al recordar cómo lo había encontrado y lo herido que había estado. Pero pronto, sus heridas se curarían y no quedarían nada de esas lesiones, al menos nada visible. Hermione temía saber cuánto tiempo había estado sucediendo esto. La primera vez que conoció Carter lo había engatusado para sacarle alguna información. Él le había dicho que había sido el patrón del orfanato durante cuatro años. Hermione esperaba que Riddle no hubiera tenido que soportar ese abuso durante los últimos cuatro años. Hace cuatro años, él todavía era un niño. Y ningún niño debería tener que pasar por algo como eso. Hermione quería saber por qué tenía que volver al orfanato. ¿Por qué Dumbledore le había quitado su varita? y ¿Por qué había forzado a Riddle a volver a esa triste excusa de orfanato? ¿Dumbledore sabía a lo que estaba condenando a Riddle? Pero Hermione no le iba a preguntar eso otra vez a Riddle. Obviamente, él no quería hablar de ello. Por lo tanto, esperaría hasta que se sintiera con ganas de hablar.
Cuando lo observó, sepultado en sus pensamientos, de repente sus ojos grises brillaron hacia ella y parpadearon. Una vez más, Hermione estuvo sorprendida por ese imposible color gris. Los ojos de Riddle eran del tono gris más claro que había visto en su vida, alrededor de la pupila ellos eran de un moteado color azul oscuro. Era una pena, de verdad, que un día se convirtieran en ese furioso color rojo carmesí.
Vio a Riddle fruncir el ceño y mirarla con confusión. Se había dado cuenta obviamente que observaba su rostro, pero Hermione no apartó la mirada. Ella sonrió y luego le dijo con voz suave,
—Sabes, puedes ser muy agradable cuando quieres.
Hermione lo miraba divertida mientras sus cejas se alzaban con sorpresa. Luego controló sus expresiones de nuevo antes de decirle con su voz suave: —¿De dónde viene eso de repente?
Hermione ahora le sonrió ampliamente y luego le dijo, todavía divertida: —Bueno, acabé acostumbrándome a que estuviéramos maldiciéndonos entre sí, que es un buen cambio, ¿no te parece?
Riddle se encogió de hombros y seguía teniendo su máscara en blanco.
—Lo echo de menos —. dijo Hermione con voz burlona. —Siempre podía lanzarte una maldición.
Riddle se recostó en su silla y la miró. Luego él sorprendió a Hermione con su siguiente pregunta: —Oye, ¿por qué vives sola en un hotel durante las vacaciones?
—¿Q ... ¿qué quieres decir? — Hermione le preguntó con suspicacia inestable.
Ella, por supuesto, no podía decirle a Riddle la verdad sobre su estancia en el Caldero Chorreante. ¿Qué podía decirle? Sabes, yo me quedó en este hotel como un campamento base para hacer mis viajes para robar aquí en Londres. Así robé un libro el otro día. Espero que me pueda ayudar a viajar en el tiempo cincuenta años al futuro. Riddle pensaría que estaba loca o, peor aún, se la creería y trataría de conseguir el libro él mismo.
—Bueno, ¿por qué no te quedas con tu familia? — Riddle le preguntó mientras seguía mirándola penetrantemente.
La verdad es que definitivamente no era una opción aquí y Hermione no quería hablar de su familia de todos modos, así que decidió volver a observarlo ligeramente y a burlarse de él.
—¿Eso piensas? Si me hubiera ido con ellos, me habría perdido tu más que grata compañía —. dijo con voz empalagosa mientras le sonreía a Riddle desarmándolo.
Riddle la miró sin comprender por algún tiempo, luego una de sus sonrisas maliciosas marca de la casa comenzaron a formarse en su rostro. —Eres un misterio, DeCerto.
La sonrisa plasmada en su rostro incluso se amplió. Hermione no pudo evitar sonreír ante eso. Durante los últimos días casi había extrañado su sonrisa condescendiente.
—¿Qué? — preguntó igualmente divertida.
—No eres fácil de entender. No eres fácil en absoluto —. dijo Riddle. Sus ojos brillaban de emoción diciéndole que intentaría descubrir todos sus secretos.
—Uff, no seas tonto —. le sonrió Hermione a cambio. —Yo soy así de simple. No tengo secretos, ni malvados planes maestros.
—Estoy seguro. — rezumaba sarcasmo en su voz antes de que continuara en un tono más contemplativo: —A veces me pregunto por qué no has sido clasificada en Slytherin.
—¿Qué te hace pensar eso? — preguntó seriamente confundida.
¿El heredero de Slytherin la creía digna de ser parte de la Casa de la Serpientes? Si alguien se lo hubiera dicho hace unos meses, se habría reído en su cara.
—Por ejemplo, ese trampa que me tendiste el día que Slughorn llegó tarde a la clase de pociones —. Él la miró. —Había puesto mucho esfuerzo en arruinar tu reputación—, añadió con una infame sonrisa en los labios.
Hermione se rió. —Sí, tengo que admitirlo: fue brillante.
—Muy imaginativa la historia, por cierto —, dijo Riddle bruscamente. —Mi supuesto gemelo es tu amigo de Francia.
Hermione se puso seria al instante al pensar en Harry. Miró pensativamente a Riddle antes de decir dijo en voz baja: —Esa parte era cierta.
Los ojos de Riddle se abrieron como platos. —¿No te inventaste eso? —le preguntó con incredulidad.
Hermione le sonrió con tristeza, —Él era mi mejor amigo. Y tú pareces a él un poco.
No tenía ni idea de por qué le estaba diciendo esto. Pero desde que Harry y Ron habían muerto nunca había tenido la oportunidad de hablar acerca de ellos. Los extrañaba increíblemente. Su mirada vagó de la cara de Riddle a su cabello negro como el azabache.
—Incluso tienes el mismo color de cabello —. dijo. —Pero el tuyo es más ordenado. El suyo siempre era un desastre —. Hermione sonrió maliciosamente y se inclinó hacia delante. —Más bien parecía así—, dijo mientras le pasaba la mano por el sedoso cabello desbaratando su perfecto peinado.
Parecía desconcertado, su máscara impenetrable en blanco había desaparecido y su pelo estaba parado en ángulos extraños. Hermione no pudo evitar que estallar en risas.
—¿Qué le pasó? — Riddle le preguntó. Él trató de alisarse el cabello y recuperar la compostura.
La sonrisa en el rostro de Hermione inmediatamente desapareció. Riddle pareció darse cuenta ya que la miró un tanto curios.
Cerró los ojos y respiró profundamente. Cuando los abrió de nuevo dijo suavemente, —Lo mataron.
—Supongo que no fueron los Aurores como dijiste en tu historia — Riddle le preguntó con una voz tan suave que Hermione no hubiera creído que pudiera decir.
—No, no era un mago oscuro —. dijo.
Riddle estudió el rostro de DeCerto. Nuevamente tenía una mirada triste y dolorosa mientras miraba por la ventana, sin ver nada. De nuevo se preguntó qué le había pasado.
—¿Cuando sucedió eso? — le preguntó a DeCerto cautela.
Sus ojos color avellana lo taladraron. El dolor seguía presente, pero ahora Riddle también podría esa mirada cautelosa en la cara. Ella pareció reflexionar si debía decirle.
Después de un rato le dijo en voz baja: —Eso sucedió una semana antes de venir a Hogwarts.
Riddle levantó una ceja. Eso fue inesperado. ¿Fue hace sólo dos meses y medio?
—¿Es por eso que huiste de Francia? — le preguntó.
DeCerto suspiró cansadamente antes de decir con su voz suave, —Más o menos.
Riddle miró sus ojos color avellana y pudo ver que no le iba a dar más información. Independientemente de lo que le había pasado, era evidente que no quería decirle. Ese era otro secreto que la bruja le ocultaba, pensó Riddle pensó frustrado. Aunque tenía la sensación de que ese podría el más importante.
Nunca había visto a DeCerto descomponerse como lo había hecho en la habitación. Claro que a veces Riddle había conseguido hacerle perder la calma o intimidarla y asustarla, pero no hasta el punto que había mostrado cuando la había encontrado en su habitación. Había estado tan desesperada, tan ...
¿Vulnerable ...?
No encajaba. DeCerto era una bruja excepcionalmente poderosa. Había soportado hasta la maldición Cruciatus de Riddle y después había tenido la fuerza para burlarse de él. Así que, ¿Qué le había ocurrido para que pudiera estar tan destrozada? Si ella hubiera estado más cerca de la guerra ¿entonces le habría dicho?
Riddle la miró. Todavía estaba sentado frente a él y estaba mirando por la ventana. La luz de la ventana iluminaba sus ojos que ahora brillaban en un bonito color caramelo. Riddle nunca se había fijado en lo bonito que tenía los ojos. En aquel pensamiento él rápidamente apartó la mirada. Su mirada vagó a su pelo tupido. Recordó cuándo vio a DeCerto por primera vez y cómo había odiado su cabello en ese entonces. Ahora mismo, aún no podía entender por qué. Claro que era bastante espeso y aparentemente indomable pero eso sólo hizo que todo fuera más emocionante. Se preguntó cómo se sentiría al pasar la mano por su pelo. Se veía tan suave.
—¿Qué piensas?¿ Deberíamos volver? — Riddle fue sacado abruptamente de sus meditaciones por la suave voz de DeCerto.
Él la miró a la cara de nuevo, tratando de ignorar el hecho de que sus ojos todavía brillaban tentadoramente por la luz procedente de la ventana.
—S ... sí —. dijo Riddle.
Observó a DeCerto levantar las cejas en su tartamudeo.
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La última semana del año pasó con bastante rapidez. Todavía era extraño que Hermione tuviera a Riddle alrededor. Durante mucho tiempo había sido su enemigo y ahora estaba viviendo en la puerta de al lado. Extrañamente sin embargo, ya no le molestaba tenerlo tan cerca. Incluso la ridícula sensación de responsabilidad por él no la abandonó.
Toda la situación seguía siendo confusa para Hermione. En el futuro, junto con Harry y Ron había estado luchando contra Lord Voldemort. Él era su enemigo. Si era verdad, había sido su enemigo desde que había entrado en el mundo de la magia a la edad de once años. En aquel entonces el mundo mágico había sido un lugar lleno de maravillas y aventuras, un lugar emocionante donde grandes secretos y emocionantes conocimientos la acechaban tras cada esquina. Pero incluso en aquel entonces la amenaza de Lord Voldemort ya volaba por encima de todo como una nube oscura. Cuanto Hermione más crecía, esa amenaza se volvía más real y concreta. Voldemort era ese hombre malvado y oscuro que arruinó todo.
En consecuencia, cuando Hermione había llegado al pasado de Tom Riddle todavía, en sus pensamientos, seguía siendo tan malvado y aterrador. Lord Voldemort y Tom Riddle eran la misma persona. Pero de alguna manera durante el proceso, eso había cambiado. Después de que lo hubiera encontrado en el orfanato su visión de él había cambiado. Había descubierto un nuevo lado de él, una parte en la que no era el temible y oscuro adversario, cuando no era frío e insensible. Había visto atisbos de la persona debajo de su fría fachada. A veces era bastante agradable. Él la había consolado en Navidad, cuando había estado tan triste. Él había estado allí y la había abrazado. Hermione nunca lo habría dicho en voz alta, pero cuando Riddle la había sostenido se había sentido sorprendentemente segura y protegida.
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Hermione se acercó a la zona de aparición del callejón Diagon. Riddle la seguía. La zona estaba bastante llena. Le pareció que esa gran cantidad de personas estaban haciendo sus compras de última hora antes de las vacaciones. Era la víspera de Año Nuevo, después de todo. Hermione tuvo que emplearse para encontrar un lugar de aparición libre. Finalmente cuando tuvieron un poco de espacio libre le tendió la mano a Riddle.
Riddle frunció el ceño ante la mano extendida y le dijo: —¿Realmente es necesario?
Hermione le sonrió, —No seas tan aguafiestas. Es la víspera de Año Nuevo, tenemos que hacer algo.
Y es tu cumpleaños, añadió Hermione en sus pensamientos.
Riddle suspiró antes de tomar la mano de Hermione entre la suya. Ella le sonrió antes de volverse en el acto y sumergirse en la sensación de presión que producía la aparición. Aparecieron a pocos kilómetros de distancia en uno de los pequeños callejones de Londres. Riddle frunció el ceño y se volvió hacia Hermione.
—Aquí no es donde queríamos aparecernos, ¿verdad? — le preguntó con curiosidad.
—No, lo siento —. dijo Hermione mientras rebuscaba en los bolsillos de su abrigo. —Acabo de acordarme que se me ha olvidado algo en el Caldero Chorreante. — Hermione miró a Riddle con tono de disculpa y luego continuó: —Voy a buscarlo. ¡Espérate aquí, no tardaré mucho!
Hermione se volvió en el acto y volvió a aparecer de nuevo en el Callejón Diagon. Rápidamente se dirigió hacia el Caldero Chorreante, atravesó el bar y subió las escaleras. ¿Cómo podía haber olvidado lo más importante? Ella había planeado llevar a Riddle a Londres. Habían pasado suficiente tiempo en la populosa zona del callejón Diagon. Necesitaba un cambio de aires. Por eso ayer había recuperado su vieja bolsa de mano de la bóveda del banco de Gringotts. Por supuesto que había sacado todo el material potencialmente comprometedor del interior de la bolsa, al igual que los libros que eran unas décadas más adelante como para pertenecer a los años cuarenta. Había sacado del interior de la bolsa la tienda de campaña. Había vivido la mayor parte de los últimos dos años en esa tienda y de alguna manera la echaba de menos. Aunque temía entrar en la tienda nuevamente ya que la última vez que había estado allí Harry y Ron todavía habían estado con ella.
Sería agradable acampar fuera, lejos del ruido de la ciudad, decidió Hermione. Por eso ahora había recuperado el bolso de mano de su baúl, molesta con su propio olvido, se lo puso en el bolsillo de su abrigo. Luego se dirigió a la zona de aparición en la que se había desaparecido y reapareció en el pequeño callejón donde había dejado a Riddle. No podría haber tardado más de cinco minutos desde que lo había dejado allí, diez a lo sumo, pero cuando Hermione miró a su alrededor no pudo detectar a Riddle en ningún lugar. ¿Dónde estaba?
Tal vez se aburrió, se motivó Hermione. Así que caminó por el callejón y llegó rápidamente a la calle principal. La gente caminaba por las aceras y algunos coches pasaban. Hermione buscó a Riddle, pero de nuevo sin éxito. Eso era extraño. ¿Dónde podía estar? Hermione estaba empezando a preocuparse. Ella no había ido por mucho tiempo así que, ¿dónde podría estar? Caminó por la calle, pero no pudo ver a Riddle por ningún lugar. Después de un rato decidió usar un poco de magia para encontrarlo. Así que se metió en una esquina oculta de una casa y sacó su varita. Lo puso en su palma y susurró:
—Señálame.
La varita en su mano giró como cuando la aguja de una brújula señalaba el Norte hasta que se detenía y señalaba una dirección. Pero a diferencia de una brújula su varita no estaba señalando el Norte ella le mostraba la dirección en la que iba a encontrar a Riddle. Hermione trató de memorizar esa dirección, luego guardó su varita y se alejó en dirección donde la varita le había indicado.
Siguió así durante algún tiempo, comprobando en intervalos con la varita si aún estaba caminando en la dirección correcta. Después de un tiempo las calles y las casas le resultaban muy familiares. No pasó mucho tiempo hasta que Hermione estuvo delante del gris y lúgubre edificio que era el orfanato de Riddle.
¿Qué había pasado?
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Wow esta historia tiene años ...mucho tiempo, y revisando mi pendrive me he dado cuenta que tenia una carpeta con "Ultima Ratio" y tenia 12 capitulos mas traducidos y sin postear! Asi que los ire subiendo, poco a poco porque hace tiempo que no subo nada que se me ha olvidado como hacerlo.
