17
Bienvenida de Nuevo
Hermione se despertó al día siguiente. Por primera vez desde lo que parecía una eternidad se sentía descansada y relajada. No abrió los ojos, ya que quería disfrutar de esa sensación un poco más. Se acurrucó más profundamente en la almohada, que era sorprendentemente dura y cálida. Entonces su confusa mente todavía dormida notó unos fuertes brazos envueltos suavemente a su alrededor sosteniéndola cómodamente. Hermione abrió los ojos lentamente. Se encontró acurrucada contra el pecho de Tom, mientras él la abrazaba protectoramente. Cuando alzó la vista sus ojos cogieron la mirada de esos hermosos ojos grises. Hermione se puso rígida. ¿Por qué estaba en su cama?
Bueno, pensó llena de pánico, lo había besado ayer, eso mismo ya era bastante malo, pero ¿por qué había, obviamente, dormido en su cama?
—Buenos días, Hermione —. dijo Tom con voz profunda y melodiosa.
Hermione pudo ver la diversión brillando en sus ojos. Estaba bastante segura de que había sido capaz de adivinar sus pensamientos con bastante precisión. A pesar de que no era exactamente difícil en este momento ya que ella aún no podía dejar de verlo con ojos muy abiertos.
—¿No tuviste más pesadillas? —. Tom finalmente le preguntó mientras escondía una sonrisa en sus labios.
Fue entonces cuando cayó en la cuenta. Anoche había vuelto a tener una de sus pesadillas. No podía recordar lo que había estado soñando, pero debió de haber sido realmente malo. Entonces apareció Tom, recordó Hermione. ¿Realmente le había pedido que se quedara con ella?
Hermione lo miró y respondió a su pregunta en voz baja: —No.
Tom la acercó más a él y pudo sentir como le colocaba un beso en la frente, mientras decía, —Bien.
No pudo evitar relajarse al sentir que la abrazaba con tanta suavidad. Ella cerró los ojos y apoyó la cabeza contra el pecho de Tom. Era extraño. Normalmente se sentiría totalmente agotada después de tener una de sus pesadillas. Pero esa mañana se sentía bien y descansada. Y era la primera vez desde que había perdido a Harry y Ron que ella no se sentía sola. ¿Cómo había logrado durar tantos meses con esa soledad omnipresente? Fue entonces cuando se dio cuenta de lo mucho que la soledad le había hecho sufrir. Hermione no quería soportar más esa dolorosa soledad. Era insoportable. Uno a uno, sus amigos y miembros de su familia habían muerto hasta que sólo quedó ella. Luego había sido arrojada en el pasado terminando en un extraño mundo donde no conocía a nadie. Había luchado durante tanto tiempo. Había hecho su parte para asegurar la paz en el mundo. ¿No había llegado el momento de dejarse ir?
¿De dejar de luchar?
Hermione estaba cansada. Cansada de la necesidad de vigilar su espalda. Cansada de tener que guardar su varita en una funda rápidamente accesible. Cansada de ver esas terribles imágenes cada noche, cuando dormía. Hermione estaba cansada de vivir con miedo.
Había sacrificado tanto. ¡Demasiado!
¿No se merecía un poco de felicidad? ¿No era hora de que dejara el campo de batalla? Había estado allí durante un tiempo ya. ¿Su guerra no había terminado? ¿Se podía permitir el guardar sus armas y empezar a vivir su vida? La entenderían sus amigos si lo intentaba ...
... ¡No los olvides! ... Pero olvidaría cómo habían luchado juntos. Se olvidaría de las imágenes que le atormentaban cada noche.
¿Aceptarían a Hermione si cerrara ese capítulo de su vida?
De repente, Hermione sintió los dedos de Tom rozando la piel desnuda de su lado mientras le preguntaba en un tono tranquilo: —¿Qué es esto?
Sentía una sensación agradablemente electrizante revoloteando sobre la piel de Hermione cuando él la tocaba. Bajó la mirada hacia ella. Su pijama se había subido un poco dejando al descubierto su vientre y sus costados. Los delgados dedos de Tom actualmente estaban rozando la maraña de cicatrices blancas en la piel de Hermione que comenzaban en su costado, extendiéndose hacia arriba hasta llegar a su hombro derecho. Esas cicatrices eran donde los restos de un hechizo muy oscuro la habían golpeado. En aquel entonces había tratado de proteger a Harry y casi había perdido su vida cuando la maldición había desgarrado su cuerpo. Ahora Tom trazaba con los dedos la larga y gran cicatriz que se extendía desde su vientre a su costado. Había conseguido esa cicatriz el día en que había luchado en el Ministerio, el día en que había sido arrojada al pasado..
—¿Cómo te la hiciste? —. Tom volvió a preguntarle en voz baja. Hermione vio que su mirada se oscurecía un poco, siguiendo la línea de su cicatriz.
—Bueno, no lo sé —. dijo tímidamente. Ella, por supuesto, no podría decirle exactamente a Tom como se hizo esas cicatrices. Entonces, un brillo travieso iluminó sus ojos mientras le decía con voz inocente: — Tengo tantas que me olvido. Pero.. — Ella se acercó y dejó al descubierto su hombro donde sabía que tenía una fina y blanca cicatriz que también estropeaba su piel. —Me acuerdo como me hice esta —. le dijo Hermione mientras se señalaba la cicatriz en su hombro izquierdo.
Observó a Tom alzando las cejas antes de continuar, mirándolo con ojos enormes, —Sabes, un astuto y perverso Slytherin, le lanzó una maldición muy oscura a la pobre e inocente de mí durante un duelo en DCLAO.
Pero si Hermione pensaba que esa demostración haría que Tom se sintiera avergonzado de sí mismo, entonces se había equivocado gravemente ya que ahora podía ver una sonrisa formándose en su rostro.
—¿Él lo hizo? —. dijo con voz petulante mientras tocaba la fina cicatriz. —Sabes, tal vez si no hubieras provocado a dicho Slytherin él nunca hubiera sentido la necesidad de atacarte.
—¿Qué? —. Hermione resopló. —¡Nunca te he provocado!
Ella entrecerró los ojos mientras él se echaba a reír divertido.
—Aunque, me sorprende —. dijo mientras observaba la cicatriz. —Que se curará tan bien. Ya que la maldición disminuye y debilita mucho el proceso de curación.
Hermione todavía lo miraba fijamente con el ceño fruncido y luego dijo: —Lo sé. Me tomó semanas para que sanara.
—¿No fuiste a la enfermería? —. le preguntó Tom a la ligera.
Hermione se limitó a negar con la cabeza.
—Bien, porque eso lo habría hecho peor. Esa maldición invierte cada magia curativa que es utilizada en la herida infligida.
Los ojos de Hermione se abrieron. No lo sabía. Realmente fue algo bueno que no hubiera regresado a la enfermería después de la primera vez.
—¿Lo sabías y aún así me acompañaste a la enfermería y no le dijiste nada a Madame Dulan cuando trataba de curarme la herida? —. Hermione le preguntó con incredulidad.
Tom se encogió de hombros, —Bueno, todavía nos odiábamos mutuamente en ese entonces.
Ella lo miró bastante molesta. Tom sólo volvió a reírse y luego le sonrió dulcemente. —Oh, vamos, Hermione. Eso fue hace mucho tiempo. No te enojes conmigo.
Hermione suspiró. Tom debería considerarse afortunado por ser capaz de sonreír tan encantadoramente de lo contrario ahora mismo lo habría maldecido. Pero como lo era, volvió a estar hechizada por su sonrisa que de repente parecía muy inocente. Tom se inclinó hacia ella y la besó suavemente. Hermione fue tomada por sorpresa. Ella aún no había decidido si estaba bien el besarlo. Él era Tom Riddle, después de todo. Pero al sentir sus labios sobre los suyos de alguna manera se encontró respondiendo al beso.
Cuando Tom terminó el beso Hermione abrió los ojos y lo miró. No estaba sorprendida por encontrarlo sonriéndole con aire de suficiencia. Sin embargo, extrañamente, no estaba molesta por su sonrisa. En vez de eso Hermione se inclinó sobre él y observó satisfecha cómo los ojos de Tom se abrían con sorpresa, pero entonces ella sólo buscó su reloj de pulsera que había dejado en su mesita de noche en algún momento durante la noche.
Después de que comprobar la hora sus ojos volaron a Tom, —¿Sabes qué hora es? ¡Tenemos que estar en Kings Cross a las once!
Tom le arrebató el reloj y miró la hora, mientras lo ponía alrededor de la muñeca de ella. —Son sólo las nueve. Tiempo suficiente para llegar allí —. le dijo a la ligera.
—¡En serio! ... Sólo las nueve —. murmuró Hermione en tono de reproche mientras empujaba a Tom para sacarlo de la cama.
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Hermione se sintió desfallecer cuando miró su reloj. Habían tardado siglos para empacar todo, volver al Caldero Chorreante y luego, de nuevo, empacar las cosas que habían dejado en el hotel. Y Tom no era de ninguna ayuda. Por el contrario, parecía estar bastante divertido por su pánico. Hermione lo fulminaba con la mirada. Ahora mismo estaban sentados en el metro de Londres dirigiéndose a la estación de Kings Cross. No podían aparecerse allí. Siempre estaba atestado de muggles. Así que tuvieron que coger el metro. Como si ya no fuera tarde, pensó Hermione molesta. No quería perderse el Expreso de Hogwarts. Eso llamaría innecesariamente la atención hacia ella. Y, por cierto, en sus seis años en Hogwarts nunca había perdido el Expreso de Hogwarts.
Miró su reloj.
—Sabes, no vamos a llegar más rápido aunque lo revises cada minuto —. le dijo la voz burlona de Tom.
Los ojos de Hermione lo fulminaron. Tom estaba sentado tranquilamente en el asiento a su lado y parecía estar completamente a gusto.
—Si no fueras tan dormilón, ahora no estaríamos llegando tarde —. le susurró Hermione, que para su molestia, la sonrisa en el rostro de Tom se amplió un poco más.
—De hecho, me desperté mucho antes de que tú lo hicieras —. Tom no dudó en informarle con voz ligera
—Aún así es culpa tuya que estemos llegando tarde. Podrías haberme despertado —. Hermione le respondió disgustada por su buen humor.
Tom repentinamente se inclinó hacia ella y acomodó su cabello detrás de la oreja antes de ronronearle seductoramente al oído: —Ah, pero Hermione, yo no me atreví a despertarte. Te ves tan atractiva cuando estás dormida.
Su corazón se aceleró cuando volvió a sentir a Tom tan cerca. Pudo sentir su cálido aliento contra su piel y su mano deslizándose suavemente por su pelo y luego por su espalda. Cuando su mano había llegado a su cintura Hermione sintió que Tom ponía su brazo alrededor de su cintura de modo que él pudiera tirar de ella. Ella no estaba en condiciones de continuar lo que él estuviera haciendo pero su mente parecía haber dejado de funcionar nuevamente. ¿Qué le estaba haciendo Tom? En este momento, lo que debía hacer era saltar sobre sus pies y obtener tanta distancia como fuera posible entre Tom y ella. Pero no hizo tal cosa. En cambio, cerró los ojos y suspiró alegremente mientras se apoyaba contra Tom. Ella ni siquiera notó las miradas escandalizadas que los demás pasajeros le estaban dirigiendo al ver a esa joven comportándose tan lascivamente en medio de un vagón del metro.
Después de algún tiempo Tom le preguntó en voz baja: —Oye, ¿qué soñabas? ¿Por qué tenías pesadillas?
Hermione miró a Tom, que la examinaba con curiosidad en sus ojos.
—Yo ... — comenzó con voz incierta, pero volvió a detenerse. ¿Qué le diría? ¿Tal vez una parte de la verdad? No estaría de más, pensó Hermione mientras observaba los ojos grises de Tom. Luego dijo con voz suave pero firme: —Me sucedieron algunas cosas terribles en el pasado, Tom. Cosas muy malas. Y todavía a veces sueño con ellas.
Hermione observó como los ojos de Tom se llenaban de preocupación. Pero también había algo más, algo más oscuro, cuando él la miró.
—¿Qué pasó? —. le preguntó Tom.
Pero cuando Hermione no respondió, Tom continuó y ahora había un matiz peligroso en su voz, —¿Quién te hizo daño?
Hermione le echó los brazos al cuello mientras le susurraba, —No importa. Está en el pasado.
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Al final, se las arreglaron para llegar a tiempo a la estación de Kings Cross, a pesar de que tuvieron que apresurarse para llegar a la plataforma 9 ¾. Pero cuando entraron por la barrera que separaba el mundo muggle del mundo mágico pudieron ver que todavía el rojo Expreso de Hogwarts estaba en las vías. Hermione se sintió aliviada, aunque la sonrisa arrogante en el rostro de Tom la apagó un poco. La última cosa que le faltaba era que él le dijera algo así como —¡Te lo dije!
Así que, Hermione estaba agradecida cuando en lugar de burlarse de ella Tom la tomó de la mano y la condujo a través de las personas en la plataforma, que despedían a sus hijos y les deseaban una agradable estancia en Hogwarts. Los estudiantes ya estaban en el tren, sentados en los compartimientos y charlando ruidosamente, observó Hermione mientras seguía a Tom al tren.
Después de que él hubiera puesto su baúl en el tren Tom se volvió hacia Hermione y le dijo: —Tengo que ir al compartimiento de prefectos.
—¿Tienes que quedarte allí durante todo el viaje? — Hermione le preguntó. En su período de tiempo los prefectos sólo tenían que reunirse poco antes de que el tren llegara a Hogwarts.
Tenía una mueca en el rostro mientras le respondía: —Por desgracia, sí. Realmente no puedo recordar por qué quise ser prefecto. Es un dolor escuchar a esos idiotas vociferando sin cesar sobre nada realidad.
Hermione se rió tontamente y luego le dijo imitando una voz seria: —Bueno, siempre puedes utilizar Legeremancia y entretenerte viendo la mente de los otros prefectos.
Tom la miró pensativamente antes de decir: —En realidad ya lo hice. Pero realmente tampoco tiene mucho misterio.
Hermione lo asfixió con una mirada muy severa. —¡En serio, Tom, no puedes utilizar la Legeremancia tan irresponsablemente!
Él la miró y pudo ver una de sus infames sonrisas formándose en su boca. Luego se inclinó hacia ella apoyando una mano en la pared del tren, atrapando a Hermione entre la pared y su cuerpo.
—Realmente es necesario que aprendas a divertirte, Hermione —. le susurró sensualmente al oído.
Hermione se tensó cuando se inclinó hacia ella. Volvía a estar tan peligrosamente cerca de ella. Y no tenía ni idea de cómo reaccionar. En realidad sólo había una cosa que debería hacer. Pero por alguna razón no podía encontrarla para apartarlo.
Hermione ladeó un poco la cabeza y luego le dijo en una voz que sonaba mucho más segura de como realmente se sentía, —Tienes que aprender a no hacer mal uso de tu magia.
El único efecto que su ligera reprimenda tuvo en Tom fue que su sonrisa se hiciera aún más amplia. Luego deslizó sus brazos alrededor de ella y la atrajo hacia él.
—Ya me conoces. Yo nunca haría algo así —. susurró con ironía en su sedosa su voz antes de rozar suavemente sus labios contra los suyos.
Él volvió a besarla. Y ella nuevamente no hizo nada para detenerlo, pensó Hermione frustrada. Parecía como si su cuerpo no quisiera obedecerla más y reaccionaba a Tom de una manera que realmente no debería. Después de un tiempo Tom la volvió a soltar echándose hacia atrás.
—¿Quieres que te ayude a llevar tu baúl hacia un compartimento? —.le preguntó con voz suave.
Hermione tartamudeó: —No, está bien. Puedo hacerlo —. luego respiró hondo y trató de calmarse. —No quiero que pierdas tu importante estatus(1) de prefecto porque llegaste tarde por mi culpa —. dijo en broma antes de tomar el mango de su baúl en la mano poniéndolo tras ella en dirección a los compartimentos.
Cuando Hermione anduvo por el tren se dio cuenta de que ya estaban en movimiento. Tuvo que caminar por casi toda la extensión del tren, hasta que finalmente encontró a sus amigos de Gryffindor sentados en un compartimiento. Hermione abrió la puerta y entró en el compartimiento. Le sonrió a sus tres ocupantes. Lupin estaba sentado justo al lado de la ventana con un libro en sus manos. Longbottom y Weasley estaban sentados uno frente al otro y obviamente estaban jugando a snap explosivos. Las tres cabezas se alzaron cuando Hermione entró en el compartimento.
—¡Hermione! —. exclamó Longbottom mientras le sonreía con alegría. —Ya pensaba que habías perdido el tren.
—Sí, ¿por qué tardaste tanto, Mione? —. le preguntó Weasley.
—Hola —. Hermione saludó a sus amigos alegremente. De alguna manera había echado de menos su despreocupación y su tranquilidad. —Sí, estoy contenta de haber logrado llegar.
—¡Ven, siéntate! —. dijo Longbottom dando unas palmaditas en el asiento a su lado. —Tienes que contarnos acerca de tus vacaciones.
—Por favor, Marc —, dijo Lupin con voz serena. —Primero deja que se asiente —. Luego miró a Hermione y sonrió. —¿Cómo estuvieron tus vacaciones, Hermione? ¿Divertidas?
Hermione le sonrió mientras se sentaba junto a Longbottom. —Fueron muy emocionantes —. les dijo, y se inclinó hacia atrás en su silla.
El expreso de Hogwarts, pensó Hermione con cariño, ¿Quién habría pensado que se iba a volver a subir?
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Llegaron a la estación de Hogsmeade tarde en la noche. El viaje en tren había sido bastante agradable para Hermione. Le gustaba volver a tener a sus tres amigos de Gryffindor a su alrededor. Después de todo los había echado de menos. Ellos la distraían de sus preocupaciones. Eso era algo bueno porque Hermione no quería volver a pensar más en Tom. Ahora estaba de vuelta en Hogwarts, con muchos lugares para mantenerse fuera de su camino. Cuando subieron a los coches que les llevaría de vuelta a Hogwarts Hermione admiró de nuevo la belleza de los threstrals enganchados delante de los vehículos.
—¿Qué estás mirando? —. le preguntó Longbottom.
Se obligó a apartar la mirada de las asombrosas criaturas y le sonrió a Longbottom. —Nada —. luego lo tomó del brazo y tiró de él hacia el carruaje donde Lupin y Weasley ya estaban esperándolos. —¡Vamos!
Cuando Hermione se sentó en el carruaje ella miró por la ventana. Su mirada cayó rápidamente en Tom. Estaba preocupado obviamente por sus deberes de prefecto y ahora mismo estaba tratando de no perder a uno de los primeros y segundo años. Hermione frunció el ceño. No se había dado cuenta de que lo había estado buscando hasta que sus ojos habían caído sobre él.
Las vacaciones han terminado, Hermione se dijo. Ya es hora de volver a la realidad. ¡Todavía tengo una misión que cumplir!
Sintió el movimiento del carruaje, cuando comenzó a conducir hacia el castillo. Acababan de llegar a los límites del terreno de Hogwarts cuando Hermione de repente sintió un cosquilleo hormigueando por todo el cuerpo. No era exactamente una experiencia dolorosa, pero ciertamente tampoco era agradable. Parecía como alfileres y agujas en su piel Era similar a la sensación de la sangre corriendo cuando una parte de tu cuerpo se te había entumecido. Hermione se frotó los brazos mientras miraba por la ventana del carruaje. La sensación de alfileres y agujas en su piel la abandonaba lentamente.
¿Que era esa extraña sensación?
Cuando Hermione miró por la ventana en busca de la causa de esa repentina y extraña sensación se dio cuenta de que ya habían entrado en los terrenos de Hogwarts. ¿Tenía alguna conexión entre ese sentimiento y la entrada en Hogwarts? Hermione se preguntó y dejó que su mirada viajara hacia el castillo. Se quedó sin aliento por la sorpresa cuando sus ojos se posaron en el castillo. Ya era de noche y el castillo se erguía orgullosamente, iluminado por las ventanas, todavía estaba a cierta distancia. Pero lo que hizo que Hermione se quedara sin aliento fue ese brillo azul vivo que envolvía todo el castillo. La luz se irradiada fuera de los muros de piedra del castillo y parecía vibrar más brillantemente en intervalos regulares, como si el castillo estuviera vivo y respirara.
—¿Pasa algo? —. Hermione escuchó que la voz de Lupin le preguntaba.
Se apartó de esa extraña vista delante de ella y se volvió hacia Lupin.
—¿Puedes ver eso? —. le preguntó débilmente mientras apunta hacia el castillo que brillaba intensamente azul.
Lupin frunció el ceño mientras miraba el castillo. Longbottom y Weasley se asomaron por la ventana del otro en su carruaje y se quedaron mirando el castillo.
—¡No! ¿Qué quieres decir, Hermione? —. oyó la voz ahogada de Longbottom a su lado.
—Sí, no hay nada fuera de lo normal —. dijo Lupin mientras su mirada vagaba por el castillo.
Los ojos de Hermione se disparó de vuelta al castillo, pero el brillo azul todavía estaba allí. ¿Por qué no podrían verlo?
Respiró profundamente para calmarse y luego dijo: —Simplemente parecía que el Gran Castillo aún no estaba iluminado. Pensé que los elfos domésticos se habrían olvidado de que hoy comenzaba el próximo semestre.
Longbottom se reclinó en su asiento y negó con la cabeza a Hermione, y luego le dijo divertido: —¿En serio. ¿Habría sido tan malo? No puedes esperar a que la escuela empiece, ¿eh?, A mi no me importaría que las vacaciones se extendieran un poco más.
Ella respiró aliviada. Parecía que sus amigos no se habían dado cuenta de que algo andaba mal. Aunque Lupin le lanzó una mirada curiosa. Los ojos de Hermione vagaron de regreso al castillo. Todavía estaba allí. Esa vibrante luz azul.
¿Qué en nombre de Merlín era eso?
Cuanto más cerca estaba su carruaje del castillo Hermione más podía sentir ese palpitar. Era como si una pequeña vibración pasara por su propia magia. Y todo había empezado cuando el carruaje había pasado por los límites de Hogwarts, recordó Hermione. ¿Era eso una nueva protección que los profesores habían puesto durante las vacaciones? Pero entonces, ¿por qué era la única que podía sentir y ver esa magia? Hermione ahora estaba segura, de que ese brillo azul era mágico. La sensación de la fuerza era demasiado familiar para no darse cuenta.
Pero aún así, ¿por qué era la única que podía verlo?
Su mirada vagó sobre el castillo iluminado en azul. Los terrenos de Hogwarts estaban protegidos por fuertes encantos y hechizos, para proteger el castillo y a sus habitantes. ¿El hormigueo que había sentido al entrar en los terrenos de Hogwarts combinado con ese brillo azulado, donde los hechizos estaban, protegían Hogwarts?
Los pensamientos de Hermione vagaron de nuevo a los otros extraños incidentes que habían tenido lugar en torno a ella. El lagarto negro que había transfigurado en el cáliz, por ejemplo. Había usado la Magia Mayor para superar las protecciones naturales de la criatura. Entonces la siguiente vez Hermione había utilizado la Magia Mayor para destruir los muros mentales de Tom cuando ella había utilizado en él la Legilimancia. Después había usado la Magia Mayor cuando había encontrado a Tom y a Carter en el orfanato. En ese entonces de repente había sido capaz de sentir los hechizos protectores del Ministerio. Y Hermione había sido capaz de apartarlos. Su siguiente acción había sido agarrar Tom y Aparecerse con él directamente a través de las salas del callejón Diagon.
Todos esos incidentes tenían una cosa en común: la Magia Mayor. Hermione se quedó mirando el brillo azulado. ¿Podría ver ahora de alguna manera las salas que rodeaban Hogwarts?
¿Era eso una nueva manifestación del poder de la Magia Mayor dentro de ella? Hermione ya había leído una buena parte del manuscrito de Peverell. Pero aún no había llegado a leer algo sobre la Varita de Saúco.
Tengo que terminar ese libro rápidamente, decidió mientras seguía mirando al castillo. Aunque Hermione secretamente temía que no iba a ser capaz de entender la teoría de la varita, aunque se la encontrara en el libro. Apretó sus manos en puños. Eso era inaceptable. No quería admitir que el libro estaba muy por encima de su inteligencia.
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Nicolas Flamel salió de la chimenea al caos bien organizado que era el despacho de su amigo.
—Buenas noches, Albus —. dijo Flamel en voz baja, volviéndose hacia el mago sentado detrás del escritorio.
Dumbledore levantó la vista y Flamel se sorprendió al ver lo cansado y agotado que su amigo parecía. Incluso el brillo en sus ojos parecía haberse atenuado un poco.
—Nicolas —. Dumbledore le dio la bienvenida. —No te esperaba a estas horas.
—Espero no molestarte —. dijo Flamel.
Dumbledore se levantó de su silla y se acercó a Flamel. Flamel no pudo evitar fijarse en la ridícula y extravagante túnica que llevaba Dumbledore. Nunca había entendido por qué su amigo insistía en ese absurdo estilo de ropa. Pero tenía que admitir que ese llamativo color amarillo de alguna manera era bastante divertido. Sobre todo si le sumabas los diminutos detalles de pequeños unicornios, que estaban bordados aquí y allí en la tela. Ridículo, pero también divertido, pensó Flamel divertido. Pero luego la sonrisa que había estado formándose en su boca decayó rápidamente. El motivo de su visita era cualquier cosa menos divertido.
—Por favor, siéntate — Dumbledore señaló uno de los dos sillones de aspecto cómodo.
Ambos se sentaron. Dumbledore movió su varita y al instante dos tazas de té aparecieron en un lado de la mesa. Flamel tomó su taza y mordisqueó el té. Menta, por supuesto. Dumbledore era un hombre considerado, incluso recordaba el sabor favorito de té de Flamel.
—Así que, ¿qué te trajo aquí, a este extremo del país? —. Dumbledore le preguntó mientras examinaba Flamel a través de sus gafas de media luna.
—Me temo que es una mala noticia la que vengo a traerte, Albus —. respondió Flamel lentamente. Él realmente no quería decírselo a su amigo, pero no tenía otra opción.
Dumbledore levantó las cejas ante eso, —¿Espero que no le haya pasado nada a Perenelle?
—No, no —. respondió Flamel rápidamente. —Perenelle está bastante bien. Te envía sus mejores deseos.
Flamel se movió incómodo en la silla antes de que continuara, —Lo siento mucho Albus, el manuscrito de Peverell. Fue robado.
Flamel pudo ver el choque parpadeando en los ojos de Dumbledore. Pero al final se sorprendió de lo tranquila que sonaba su voz cuando dijo,
—¿Cómo pudo suceder eso?
Flamel miró los ojos de su amigo. Él sabía cuánto tiempo Dumbledore había trabajado para finalmente conseguir el manuscrito Peverell. Era una pena que alguien se las hubiera arreglado para robárselo de las manos de Flamel.
—Alguien entró en mi apartamento. Conoces los hechizos que uso en las salas de protección, Albus —. le dijo Flamel su amigo. —El que en forzó la entrada, sabía lo que estaba haciendo. Luego encontraron donde escondía el libro y volvieron a lograr romper mis hechizos. No tengo ni idea de cómo lo hizo. Esos hechizos eran poderosos. Pero el libro ahora está perdido —. Flamel terminó su historia en un tono grave.
Miró los ojos azules de Dumbledore. Su amigo parecía estar conmocionado y sorprendido del inesperado robo. Tan sorprendido como Flamel había estado cuando él había descubierto el robo. El cómo se las había arreglado para apartar los hechizos de protección seguía siendo un misterio para Flamel. Sólo alguien con mucha experiencia en romper las salas de protección podría haberlo hecho. O un mago muy poderoso.
—Hay más —. continuó Flamel. —Había rastros de una pelea en mi apartamento. Llamé a los Aurores y confirmaron mis sospechas.
Flamel vio que Dumbledore se recostaba en su silla. Tenía una expresión pensativa en su rostro. ¿Sabía quién podría haber robado el precioso libro?
Flamel expresó su pregunta: —¿Puedes pensar en alguien que tuviera la intención y que supiera cómo poder robarme el libro?
Los ojos de Dumbledore vagaron de nuevo a Flamel antes de responder con su voz cautelosa, —Tengo algunas ideas, Nicolas. Hay varias personas a considerar. Pero no puedo estar seguro. Conozco a algunos magos que hubieran sido capaces y hubieran estado dispuestos a ir a tales extremos para conseguir lo que quieren.
Dumbledore suspiró cansadamente antes de continuar en voz baja: —Uno de ellos es muy probable. Encajaría con su carácter de volver a robar. Aunque espero que no fuera él. Pero es muy ingenioso y creo que hubiera estado interesado en el conocimiento que el manuscrito de Peverell podría proporcionarle. Sé que él estaba en Londres en ese momento. Voy a vigilarlo, Nicolás.
Flamel miró el rostro de Dumbledore. Se preguntó quién era el mago del cual su amigo estaba hablando. Cuando Flamel escaneó a Dumbledore se volvió a dar cuenta de lo agotado que su amigo parecía estar.
—Te ves cansado, Albus. ¿Qué has hecho en las últimas semanas? Intenté ponerme en contacto contigo después de que descubrí el robo. Pero no podía encontrarte en ningún sitio.
—Ah, sí. Tenía algunas cosas que atender —. respondió Dumbledore.
—¿Gellert? — Flamel le preguntó con ansiedad.
—Sí —. fue su rápida respuesta.
—¿Lo encontraste? —. le preguntó Flamel.
Dumbledore volvió a suspirar antes de decir con voz grave: —Yo podría haberlo atrapado, Nicolas. Creo que podría haberlo cogido. Pero estaba un paso por delante de mí. Me temo que vacilé mucho en afrontarle. Mi miedo me dejó vacilar donde no debería haber flaqueado. Ahora él otra vez se está escondiendo.
—No te culpes siempre, Albus. No eres responsable de todo el mundo. Y ciertamente no eres responsable de las acciones de Gellert. Él ha escogido su propio camino —. dijo Flamel con voz firme.
Los ojos de Dumbledore brillaron en Flamel. Y Flamel se sorprendió al ver esa incertidumbre inusitada en sus ojos azules.
—Sabes, Nicolas, una vez fui como él. Y también sabes lo que eso me ha costado.
Flamel negó un poco la cabeza antes de decir con voz suave: —No puedes culparte por siempre por esas cosas, Albus. Eso pasó hace mucho tiempo, y has cambiado.
—¿'Hace mucho tiempo', Nicolás? —. Dumbledore suspiró. —Tú, más que nadie, deberías saber lo que significa mucho tiempo.
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Hermione se echó hacia atrás en su asiento y escuchó alegremente al ruido a su alrededor. Había echado de menos a Hogwarts, teniendo dieciocho años, se suponía que no tendría que estar aquí. Pero, como se había perdido su último año en Hogwarts, debería estar bien quedarse un poco más, pensó. Aunque, lo que no le gustaba, era el discurso ridículamente largo que había tenido que soportar. Dippet parecía hablar y hablar durante horas. Su estilo pomposo era bastante aburrido. Todo eso sucedió antes de que tuvieran algo para comer. De vuelta en su tiempo Dumbledore siempre había tenido misericordia con ellos y no había hablado durante mucho tiempo. Dippet, al parecer, sólo le gustaba el sonido de su propia voz. Gracias a Merlín que había terminado.
—…Y entonces mi hermana explotó el árbol de Navidad —. Hermione prestó atención a la conversación entre sus tres amigos de Gryffindor. Weasley obviamente les está contando sobre su, más bien extraña, Navidad.
—Deberías haber visto a mi madre —. Weasley sonrió ampliamente. —¡Estaba tan feliz!
—Espera, espera —.interrumpió Lupin a Weasley. —¿Tu madre estaba feliz de que tu hermana explotara el árbol de Navidad? —. Lupin miró con incredulidad a Weasley.
Weasley se echó a reír y dijo: —Sí, bueno, mi hermana tiene ocho años, ya sabes, y nunca había mostrado ningún signo de magia. Nosotros pensábamos que no era mágica —. Weasley se encogió de hombros. —Pero luego hizo esa magia accidental. Y fue realmente espectacular. El árbol simplemente desapareció de esta manera.
Weasley trataba de recrear la explosión del árbol de Navidad, el cual era irreconocible, pero al mismo tiempo era muy divertido. Longbottom estaba tirado en el suelo riéndose alocadamente.
—Mi papá tardó casi un día en reparar todo el daño de la casa —. Weasly concluyó el fiasco. —Toda mi familia estaba totalmente feliz con el árbol y con mi hermana. Aparte de la tía Enriqueta, por supuesto —. Weasley continuó al ver la mirada interrogante en el rostro de Hermione, —Ella ha estado sorda como una tapia por lo menos cien años. No se dio cuenta de que algo iba mal hasta que su peluca ardió al quemar los restos del árbol de Navidad. No estaba muy feliz por eso, la tía Henrietta. Me dijo que era una peluca bastante cara.
Weasley sonrió.
—¿Compraste un nuevo árbol? —. Longbottom consiguió preguntar entre risas.
—No, no, mi madre insistió en que usáramos los restos carbonizados del viejo. Dijo que era un árbol afortunado o algo así —. Weasley sonrió.
Cuando terminaron sus consumiciones los cuatro amigos se levantaron de la mesa todavía riendo infantilmente. Entonces Longbottom le pasó un brazo por los hombros y le dijo con picardía: —Oye, Hermione, ¿qué clase de broma piensas para este semestre? Esa poción de humo fue divertida, pero ahora tenemos que hacer algo aún mejor.
Ella le sonrió. Era bueno volver a tener a sus amigos a su alrededor. Eran tan refrescantes y estaban tan libres de preocupaciones.
Sí, ella estaba feliz de estar de vuelta en Hogwarts.
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Qué tedioso, pensó Tom mientras escuchaba el discurso insoportablemente aburrido de Dippet. ¿Trataba de aburrir a la gente hasta la muerte? Si es así, entonces él estaba en el camino correcto. Pero el aburrimiento de Tom no se había mostrado en su rostro. Ni una sola vez había abandonado su expresión de atención cortés. A pesar de que el imbécil pomposo fuera ridículo. Pero él era el director, después de todo por lo que Tom necesitaba asegurarse de que Dippet le gustara. En realidad eso no era demasiado difícil. Era tan fácil engañar a todos esos idiotas, pensó Tom y se permitió que una pequeña sonrisa tomara forma en su rostro. Su fachada de estudiante modelo era simplemente perfecta. ¿Quién sería capaz de ver a través de ella? Era casi triste lo fácil que era manipular a todos. Todos estaban tan deslumbrados por la fachada del encantador y brillante huérfano que había creado de sí mismo que nunca nadie había tratado de verlo bajo esas máscaras. Qué sorpresa se llevarían, pensó Tom mientras su mirada se apoderaba de la gente sentada en el Gran Comedor, si lograran conocer a su verdadero yo.
Finalmente, su mirada cayó sobre la mesa de Gryffindor y sobre la bruja sentada allí.
Hermione era diferente. Desde el principio ella parecía ser inmune contra sus intentos de seducirla. Nunca había estado seducida por su belleza ella siempre pudo ver a través de su interpretación y nunca cayó en la trampa. Lo conocía bastante bien. No sólo conocía su fachada de estudiante modelo la cual mostraba a todos en Hogwarts, no, se las había arreglado para verlo bajo ella.
Lo extraño era que a pesar de que la chica había visto un atisbo de su verdadero yo, aún se había quedado con él. Incluso le había ayudado. Tom casi se estremeció cuando se vio obligado a volver a pensar en el orfanato en y Carter. ¡Ese asqueroso Muggle! Tom siempre había deseado mostrarle como era el verdadero dolor. Ser capaz de maldecirlo. Ahora, Hermione lo había hecho por él. Él todavía no podía entender por qué había decidido a ayudarlo. Pero de alguna manera ya no importaba. Cuales quiera que hubieran sido sus motivos era obvio que él le gustaba(2). Tal vez no quería admitirlo en el momento, pero Tom lo había sentido cuando la había besado. Definitivamente él le gustaba. Incluso después de todas las cosas que le había hecho y todas las cosas que había descubierto de él. Tom nunca hubiera pensado que aún podría gustarle a alguien después de que se hubiera enterado de ese lado oscuro de él. Honestamente, tampoco nunca antes se había preocupado por eso.
Sus ojos se posaron sobre la figura de Hermione sentada en su mesa riendo alegremente. Que él le gustara le ponía las cosas mucho más fáciles. Eso le ayudaría a aceptar que ahora ella le pertenecía a él. Tom sabía que todavía no estaba muy segura acerca de su relación. Habían sido enemigos durante mucho tiempo y ella se resistía a olvidar sus diferencias. Tendría que jugar sus cartas con mucho cuidado o de lo contrario la ahuyentaría. Pero independientemente de lo que pasara, pensó Tom mientras miraba a Hermione con avidez, esa bruja era suya. No había nada que pudiera hacer al respecto de este hecho.
Tom la vio levantarse de la mesa, seguida por los tres idiotas de Gryffindor. Sus ojos se entrecerraron mientras miraba airadamente a los tres chicos. Siempre estaban alrededor Hermione. No le gustaba en absoluto.
A continuación, un deseo asesino de hacer daño se apoderó de él mientras observaba cómo Longbottom tocaba a Hermione. Él realmente tenía el descaro de poner su brazo alrededor de sus hombros. Tom apretó los puños. Eso era otra cosa que tenía que enseñarle. Él era el único el cual ella necesitaba.
—Oh Tom. Estoy tan feliz de volver a verte —. Tom escuchó que una voz femenina le susurraba en lo que probablemente quería de ser una voz seductora.
Se dio la vuelta y se encontró a Melanie Nicolls de pie detrás de su silla. Su pelo negro estaba trenzado en una larga cola y ahora se inclinaba hacia poniéndole una mano suavemente en el hombro.
—Te he echado de menos —. le susurró.
Tom casi puso los ojos en blanco. ¿Qué es lo que quería de él? Claro, se la había follado una vez, era bastante bonita después de todo, pero después de eso había perdido por completo su interés en ella. Si seguía provocándolo así, le iba a demostrar que era una idea muy estúpida enfurecerlo. Lanzó una mirada hacia donde estaba Hermione, pero no podía verla más. Muy bien, gracias a Nicolls le había perdido el rastro a Hermione. Los ojos de Tom vagaron de nuevo a la chica en cuestión. Ella seguía mirándolo expectante. Él entrecerró los ojos con ira y luego se levantó de su asiento antes de decirle a Nicolls en tono frío:
—Si me disculpas, tengo algo de lo que ocuparme.
Vio un destello de decepción en sus ojos marrones antes de irse y dirigirse a la salida. En realidad tenía algo de lo que ocuparse. Tenía algo que recuperar. Sin embargo sus sentimientos eran contradictorios. En realidad no quería ir a la oficina del profesor de transfiguración, pero él quería recuperar su varita. Por lo tanto, no tenía mucha elección allí. Otra razón por la que odiaba tanto al viejo mago. El viejo tonto siempre le ponía en situaciones en las que Tom se viera obligado a hacer algo que no quería hacer.
Sin embargo sus pasos lo llevaron a los muchos pasillos del castillo hasta pararse frente a una vieja puerta de madera. Tom tocó a regañadientes. Él realmente no quería estar aquí. Siempre lo hacía sentir débil e inferior. Una sensación que despreciaba y había jurado destruir. Pero hoy tenía que soportarla una vez más.
—Entra —. Tom oyó la voz que odiaba viniendo desde el interior de la oficina.
A regañadientes abrió la puerta y entró en el despacho del profesor de transfiguración. La mirada de Tom recorrió el interior. Tuvo que dejar de arrugar la nariz ante el desorden en la oficina. Todos los objetos de valor estaban esparcidos por todo el lugar. Objetos por los que Tom mataría tener. Como aquel dispositivo de plata que parecía un viejo reloj de sol muggle. Pero Tom sabía que en realidad era un amplificador de magia. Permitía al usuario intensificar su magia durante un breve momento.
—Buenas noches, Tom —. la voz de Dumbledore le sacó de sus reflexiones regresándolo a la situación en cuestión. —Te he esperado —. continuó Dumbledore en su tono irritantemente condescendiente.
Tom trató de no fruncir el ceño por el odio a su profesor que ahora le hacía un gesto hacia la silla frente a su escritorio. Invitando silenciosamente a que Tom se sentara. En realidad era más bien una orden. Tom podía sentir que ese odio ardiente volvía a burbujear dentro de él. Lentamente se acercó a la silla y se sentó.
—¿Cómo estuvieron tus vacaciones, Tom? — Dumbledore le preguntó con voz amable.
Tom no podía oír el desprecio en las palabras de Dumbledore, pero él estaba convencido de que estaba allí.
—Muy bien, gracias, señor —. le respondió Tom con voz tensa.
Entonces Dumbledore le preguntó mientras lo miraba expectante, —¿Hay algo que tengas que decirme?
La ira inundó la mente de Tom cuando a su vez miraba al profesor. ¿A dónde quería llegar?
—No, señor —. respondió finalmente con una voz fría pero tranquila.
Ahora los ojos de Dumbledore escaneaban a Tom intensamente. Tom casi se estremeció cuando esa mirada penetrante lo golpeó. Pero no lo hizo. No quería mostrar ninguna debilidad frente a Dumbledore. En vez de eso, puso más firmes sus escudos de Oclumancia. No sabía si Dumbledore trataría de hechizarlo con Legirimancia o no. Pero Tom no podía permitirse el lujo de revelar sus secretos. No le iba a regalar nada, pensó mientras volvía a mirar esos ojos azules. Tom estaba muy tenso, entrecerró los ojos y su boca se convirtió en una delgada línea mientras volvía a mirar fríamente a su profesor.
Después de un rato Dumbledore suspiró suavemente. Tom se sorprendió al ver a una mirada cansada, casi triste, en su rostro. A continuación, el profesor se levantó de su silla y se acercó a uno de los cajones de la estantería detrás del escritorio. Tom negó con la cabeza al ver la estúpida túnica amarilla, que Dumbledore llevaba. En realidad, ¿Que estaba mal con ese hombre? Dumbledore agitó su varita sobre la caja antes de que la abriera y sacara una varita. Los ojos de Tom se abrieron y sus manos se volvieron puños al reconocer su pálida varita de madera. Dumbledore se sentó en su escritorio. Tom casi gruñó cuando tuvo que ver su varita en manos de aquel estúpido viejo chocho.
—Espero que entiendas por qué no puedo permitir que tengas tu varita en las vacaciones —. habló Dumbledore y nuevamente parecía haber una tristeza incompresible tiñendo su voz.
La dura mirada de Tom volvió a vagar de la varita a la cara de Dumbledore.
—Este acuerdo es más seguro —. dijo el profesor con voz grave.
Tom tenía la impresión de que Dumbledore quería que entendiera algo. Pero a él no le importaba.
—Es más seguro para las personas a tu alrededor y, también, es más seguro para ti mismo —. Dumbledore finalmente acabó con su pequeño discurso.
No, no, ciertamente no estaba más seguro sin su varita, pensó Tom con furia. En cambio, respondió: —Sí, señor —. apenas era capaz de impedir que su voz temblara de odio.
Dumbledore volvió a suspirar, lo cual aumentó aún más la ira de Tom, luego le ofreció la varita de madera a Tom. Se inclinó hacia adelante y lentamente extendió la mano para que aceptara su varita. La mano de Tom se apretó alrededor de la suave madera. Pero Dumbledore no renunció de inmediato a ella. En su lugar, dijo en un tono grave,
—Ten cuidado de la manera en que utilizas tu magia, Tom. Porque puede volverse en tu contra.
Los ojos de Tom volvieron a brillar furiosamente a Dumbledore. De repente vio sorpresa en el rostro del profesor cuando el hombre lo miró a los ojos. ¿Tal vez había visto en sus ojos el odio de Tom? No podía saberlo. Entonces Dumbledore finalmente soltó la varita. Tom rápidamente la tomó, la guardó en el bolsillo y se levantó de la silla antes de que se fuera de la oficina lo más rápido posible pero sin llegar a correr.
Tom cerró la puerta detrás de él. Se alejó a una cierta distancia de la oficina del profesor de transfiguración, hasta que pudiera permitirse respirar aliviado. Durante todo ese tiempo era muy consciente del pequeño peso en el bolsillo de su túnica. Metió la mano en el bolsillo y sacó su varita.
¡Qué sentimiento tan glorioso! La suave y fresca madera. Su magia fluía agradablemente sobre la varita. Y la varita vibraba con su magia, rogándole que la utilizara. Se sentía aliviado, el ser capaz de hacer eso otra vez. Sin su varita, sin su magia en realidad, Tom se había sentido incompleto, vulnerable y débil. Era repugnante, realmente, esa debilidad. Pero ahora, pensó mientras su mano estrechaba la pálida madera de su varita, volvía a tener su libertad.
Una sonrisa terriblemente oscura y siniestra se formó en su hermoso rostro.
Ahora, su poder estaba de vuelta.
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Más tarde ese mismo día Hermione se encontraba acurrucada en uno de los mullidos sofás de la sala común de Gryffindor con un libro en las manos. Lupin estaba sentado en una mesa cercana jugando una partida de ajedrez mágico con Diana. Hermione se preguntó qué estaría haciendo Tom ahora mismo. Desde que se habían separado en el Expreso de Hogwarts no había sido capaz de volver hablar con él. Estaba más que molesta con ella misma cuando se sintió echándole de menos de alguna manera.
¡Realmente, contrólate Granger! se reprendió. ¡Está de vuelta en Hogwarts, él no te necesita más!
Era cierto, ¿no es así? La única razón por la que Tom se había quedado con ella durante las vacaciones era porque él no tenía otra alternativa. De todos modos sería lo mejor si no pasaran más tiempo juntos, decidió Hermione. Sabía que le había gustado ese sentimiento inapropiado, lo había sentido bastante correcto cuando la había besado. No tenía sentido negarlo ante sí misma. Parecía que había desarrollado un afecto hacia Tom que se excedía más allá de los límites de la amistad. Era un encaprichamiento tonto. Porque incluso la amistad entre ellos era ...
Hermione dudó en pensar 'equivocada'. Porque eso era lo que era, después de todo.
Se pasó una mano por el pelo y volvió a mirar a su libro, sin ver las palabras. Se había sentido tan bien, estando alrededor de Tom. Tal como él se había comportado con ella, por primera vez desde lo que parecía una eternidad se había sentido relajada y segura
Protegida.
Desde que la maldita guerra la había sumergido no había sido capaz de sentirse segura. Habían ocurrido demasiadas cosas a su alrededor. Se había sentido constantemente en tensión. Finalmente había bloqueado sus sentimientos. Esa había sido la única manera de sobrevivir a todas las cosas horribles que había visto. Porque la base de todo lo que había hecho era el dolor y la soledad. Ese terrible dolor se convirtió en su compañero, al menos su constante presencia no le había dejado caer en el fondo. Después de algún tiempo había logrado acostumbrarse. Sin embargo, siempre había estado con ella. Había estado con ella durante la guerra y después también la había acompañado cuando había tropezado en el pasado.
Ahora, Hermione pensó frustrada, Tom le había quitado temporalmente ese dolor y esa soledad. Por un glorioso corto tiempo, se había sentido liberada de su dolor. Era injusto. Ahora que había recordado una existencia sin su omnipresente dolor éste la había golpeado aún más fuerte, y volvía a perseguirla nuevamente.
El dolor y la soledad.
Quería sentirse libre otra vez. Estaba mal y era egoísta, lo sabía. Pero ahora que sabía cómo se sentía una vida sin sus fantasmas rondando a su alrededor, quería volver a experimentar esa liberadora sensación.
Ella quería que Tom los ahuyentara una vez más.
Su hilo de pensamiento fue interrumpido cuando un grupo de chicas empezaron a reír tontamente de forma fastidiosa. Hermione levantó la vista de su libro y su mirada cayó sobre un grupo de chicas de tercer año o cuarto que estaban sentadas en un sofá junto a la entrada de la sala común. Estaban riendo tontamente y de hecho cada una de ellas estaba ruborizada.
Los ojos de Hermione se abrieron como platos por la sorpresa cuando su mirada cayó sobre la causa de su estúpido comportamiento. Tom acababa de entrar en la sala común. Estaba junto a la puerta y examinaba la habitación con sus ojos increíblemente grises, obviamente buscándola. Su mirada cayó rápidamente sobre ella y le sonrió atractivamente, después se acercó a ella. Hermione no podía dejar de notar cómo el ruido en la sala pareció morir a medida que los estudiantes reconocieron a Tom.
—Nunca voy a entender cómo eres capaz de soportar estos inquietantes colores, rojo y dorado —. le dijo Tom burlonamente mientras se sentaba al lado de Hermione en el sofá.
—Bueno, no todos podemos ser pequeñas astutas serpientes y vivir en las mazmorras —. le replicó Hermione ligeramente aunque se sentía bastante sorprendida de que Tom volviera a estar sentado a su lado.
Tom sólo se rió y siguió escaneando la sala común de Gryffindor con curiosidad. Él ignoró por completo las miradas curiosas que los otros Gryffindors le estaban lanzando a Hermione y a él.
—¿Cómo has entrado aquí? —. Hermione le preguntó con suspicacia. —No sabes la contraseña.
Tom la volvió a mirar mientras una malvada sonrisa se formaba en las comisuras de su boca y le respondió con voz sedosa, —Aww, pero soy un prefecto, por supuesto que tengo todas las contraseñas.
—No, eso no es cierto. Los Prefectos no están al tanto de las contraseñas de las otras casas —. le dijo Hermione.
—Eres demasiado inteligente para tu propio bien, Hermione —. fue la única respuesta que recibió de él. Tom se inclinó tranquilamente en el sofá, al parecer muy satisfecho de sí mismo, mientras la sonrisa en su cara se ampliaba.
Ella suspiró.
—Entonces, ¿por qué estás aquí? —. le preguntó resignada.
Tom repentinamente se puso serio cuando dijo: —Yo quería darte algo —. Luego miró alrededor de la sala común y se dio cuenta que los otros estudiantes que los observaban con descaro. —Vamos a ir a un lugar más privado.
Tom se levantó del sofá y le ofreció la mano a Hermione. Ella la tomó y permitió que Tom que tirara de ella desde el sofá. Luego se dirigió a la salida de la sala común arrastrando a Hermione tras de sí. Ella vio el ceño fruncido en el rostro de Lupin mientras sus ojos seguían a Tom y a ella. Lanzó un suspiro de alivio cuando finalmente salieron de la sala común y de las miradas indiscretas de sus habitantes. Realmente no le gustaba estar en el punto de mira. Tom por su parte no parecía importarle en lo absoluto. Ahora estaban caminando por el oscuro y desierto corredor. Todavía le sostenía la mano.
—¿Cómo fue tu reunión de prefectos? —. Hermione le preguntó con una voz extrañamente tímida cuando se dio cuenta de que se habían alejado de sus curiosos compañeros de casa y estaba ahora estaba más o menos a solas con Tom.
—Oh, nada particularmente interesante —. le respondió Tom. —Sólo cosas normales. Como quien ira a patrullar y quién es responsable de los primeros años. Bastante aburrido.
Después de unos cuantos pasos más Tom le dijo con voz suave, —Y fui a la oficina de Dumbledore.
La mirada de Hermione salió disparada hacia él. Su mano la estaba agarrando más firmemente y Hermione pudo ver la inseguridad en su rostro.
—¿Conseguiste tu varita? — le preguntó con suavidad.
Tom asintió con la cabeza.
Hermione apretó su mano para tranquilizarlo y le dijo: —Eso es bueno, ¿verdad?
—Sí —. susurró y luego añadió después de algún tiempo. —Me gusta ir allí."
Caminaron por el pasillo hasta llegar a una puerta. Hermione la reconoció. Era la puerta que daba a la clase de Aritmancia.
—Esto es suficiente —. dijo Tom, la inseguridad había desaparecido de su voz.
Hermione se tensó involuntariamente cuando le vio sacando su varita. Sus ojos vagaron a la pálida madera de su varita. La varita de Voldemort.
Tom no se había dado cuenta de inquietud y agitó su varita hacia la puerta. Hermione pudo oír un suave ruido que provenía de la cerradura de la puerta. Abrió la puerta y volvió a tomarla de la mano antes de entrar al interior. Luego agitó su varita y las velas que estaban colocadas en algunas de las mesas se iluminaron. Hermione no pudo evitar sentirse un poco preocupada al ver a Tom con una varita en la mano. Durante las vacaciones no había tenido su varita. Ese hecho de alguna manera le puso las cosas mucho más fáciles, ahora se daba cuenta.
—Así que, ¿por qué me has traído aquí? — Hermione le preguntó y le sorprendió lo fuerte que su voz sonó. Ya que no se sentía muy fuerte en estos momentos.
Tom, se apoyó despreocupadamente contra una de las mesas y ahora la miraba con atención. Incluso en la penumbra de la clase Hermione pudo ver una sonrisa levantándose en las comisuras de su boca. Luego, lentamente, se acercó a ella y se detuvo justo delante de ella. Hermione no podía dejar de notar ese aire depredador en sus movimientos. Levantó la mirada hacia él. La sonrisa todavía estaba jugando alrededor de su boca y tenía un extraño brillo en los ojos mientras la escaneaba.
Él extendió la mano hacia ella, pasándole un brazo por los hombros y la atrajo hacia él. Hermione se sintió relajada contra su pecho. Sabía que no debería, pero le gustaba la forma en que la sostenía. Ahora sus acciones chocaban con su angustia anterior, pero la sensación de su brazo alrededor de ella de alguna manera la tranquilizaba.
—¿Por qué?, Hermione —. él le susurró con voz sedosa. —Sólo puedo pensar en una sola razón por la que traería a una joven inocente a un lugar como este.
Sí, Tom con su varita era sin duda más peligroso de lo que era sin varita, pensó Hermione. Y mucho más exigente.
Entonces ella le susurró: —¿Que te hace pensar que soy inocente, Señor Riddle?
Miró sus ojos grises. Estaban brillando y ella se sintió aliviada al ver diversión en ellos.
—Oh, tienes razón —. dijo Tom, con los ojos muy abiertos con fingida sorpresa cuando la agarró por los hombros sosteniendo su brazo extendido. —Debo de haberte confundido con una de las otras chicas.
Hermione le dio un codazo en el costado. —Deja de hacer eso o voy a maldecirte.
Tom se rió entre dientes, pero luego la soltó y ella se sorprendió de volver a ver su máscara en blanco.
—Eso es de lo que quería hablar contigo.
Hermione alzó las cejas confundida. —¿De qué? ¿De maldecirte?
Tom la miró seriamente antes de decirle en un tono carente de emoción, —No, tu varita.
Su confusión desapareció cuando observó cómo Tom sacaba una varita del bolsillo de su túnica. Hermione reconoció al instante la varita negra. Era la suya. La que había traído del futuro. Tom le ofreció la varita a Hermione y ella extendió su mano tentativamente. A medida que su mano se cerraba en torno a la suave madera pudo sentir como su magia fluía libremente a través de la varita. Era una sensación agradable. Hermione no se había dado cuenta de lo mucho que había echado de menos su vieja varita. Sonrió hacia la varita negra en la mano y estuvo llena de alegría por su reencuentro. Al mirar de nuevo a Tom lo encontró mirándola aún con su fría máscara.
Hermione le sonrió y le dijo: —Gracias, Tom.
Tom alzó una ceja —. ¿No estás enojada conmigo?
—¿Por qué habría de estarlo? —. le preguntó Hermione.
Él rompió el contacto visual con ella antes de decirle en voz baja: —Yo ... te robé la varita. Y entonces ... —. él la miró y le dijo: —Te puse bajo la maldición Cruciatus.
—Oh, eso —. Hermione le sonrió. —No te preocupes por eso. Te lo dije, no estoy enojada. Por lo menos ya no. Vamos a olvidarnos de eso, ¿de acuerdo?
Ella volvió a admirar la varita en su mano.
—Por cierto no era la primera vez que me golpeaban con la maldición Cruciatus —. le dijo distraídamente.
Hermione vio a Tom ponerse tenso cuando dijo eso. Entonces él gruñó con voz peligrosa, —¿Qué? ¿Quién te hizo eso?
Hermione levantó la vista hacia él. Tenía un furioso ceño fruncido en su rostro.
—Relájate —. le dijo. —Está en el pasado —. O, mejor dicho, el futuro.
—¿Ocurrió mientras estabas en Francia? —. le preguntó Tom y aún tenía una cierta cantidad de ira en su voz.
—Sí —. dijo Hermione en voz baja.
—¿Por qué? ¿Cómo sucedió? —. le preguntó con mal genio.
Ella le devolvió la mirada. La ira destellaba en sus ojos haciéndolos brillar un poco rojo carmesí en la penumbra de la habitación.
—No te preocupes, Tom. Ya ha terminado —. dijo con voz suave.
Él le entrecerró los ojos en antes de decirle en un tono demandante, —¿Qué hiciste en Francia? ¡Dime!
Hermione alzó las cejas. Ahora parecía ciertamente enfadado, ya que casi podía sentir su magia oscura en el aire. Pero a pesar del hecho de que ahora la fulminaba furiosamente con la mirada, una pequeña sonrisa se apropió en su rostro.
—Pensé que teníamos un acuerdo —. le dijo con calma. Ahora Tom frunció el ceño confundido, Hermione continuó con voz ligera, —¿No te acuerdas? Cuando me preguntaste por qué tenía que vivir en una tienda de campaña durante tanto tiempo te prometí que te lo diría. Esa historia incluye lo que hice en Francia. Pero yo no voy a decirte nada a menos que me reveles por qué Dumbledore te quita la varita durante las vacaciones.
Tom frunció el ceño por un tiempo. Luego dijo en voz baja: —Podría obligarte a decirme.
A pesar del tono amenazante en su voz Hermione le sonrió y le dijo: —Tengo serias dudas.
Su ceño se hizo aún más oscuro. Pero Hermione no reaccionó a su espantoso comportamiento y siguió sonriéndole. Después de un rato Tom suspiró frustrado.
—Tu insolencia es intolerable.
La sonrisa de Hermione se amplió aún más. —Sí, ese soy yo.
Luego chasqueó su muñeca y su varita le cayó en la mano. Bueno, no era exactamente su varita. Era la varita que le había robado a uno de los seguidores de Tom. Realmente nunca se había acostumbrado a esa varita y ahora estaba muy contenta de volver a tener su propia varita. Hermione miró con cariño su varita negro antes de guardarla en la funda. Luego su mirada se lanzó nuevamente a la otra varita.
—¿Qué se supone que debo hacer con esta ahora? — le preguntó a Tom mientras levantaba la varita.
Él se encogió de hombros con indiferencia y dijo: —No me importa. ¿Tírarla a la basura?
—¿No pertenecen a uno de tus compañeros de Slytherin?
Seguramente no voy a perseguir a Alba para devolverle la varita. Y, además, si mal no recuerdo, él trató de maldecirte con esa varita. —. dijo Tom, ignorando por completo el hecho de que había sido una orden suya de que Alba casi la blasfemara.
—Ya es suficiente —. dijo, tomando la varita de Hermione y murmurando un encantamiento en voz baja.
Sus ojos se abrieron cuando la varita en la mano de Tom se incendió y se quemó en una brillante llama verde hasta que no quedó nada de ella. Estaba un poco sorprendida por sus acciones. Pero como a ella nunca le había gustado esa varita, no le dio demasiada importancia.
Tom se acercó a ella y volvió a envolver un brazo alrededor de sus hombros. Su abrazo, Hermione pensó, era muy posesivo sobre ella. Pero ella no se paró a pensar en ello, ya que ahora podía sentir los dedos de Tom rozando su mejilla suavemente. Cuando sus dedos alcanzaron su barbilla él la sostuvo y la levantó. Entonces suavemente la besó. Los ojos de Hermione revolotearon cerrándose al sentir sus labios sobre los suyos y ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello. Sus voces que protestaban en su mente fueron extrañamente silenciadas cuando sintió a Tom profundizando el beso.
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Más tarde, Hermione volvió a la sala común de Gryffindor y se sintió aliviada al encontrar el lugar desierto. Subió las escaleras que conducían a su dormitorio. Cuando abrió la puerta se encontró con que ya estaba a oscuras. Sus compañeras de habitación ya parecían haberse ido a dormir. Así que Hermione se acercó de puntillas al cuarto de baño y después se fue a su cama. Pero antes de que se acostara cogió el manuscrito de Peverell de su baúl. Se estiró en la cama con el libro sobre su pecho, pero no lo abrió. Tenía tantos pensamientos rondando por su mente.
¿Qué estaba pasando entre ella y Tom? ¿Acaso no había decidido que lo mejor sería mantenerse alejada de él? Pero entonces él sólo aparecía en su sala común y de inmediato tiraba su decisión por la ventana. Una y otra vez le había permitido que la sostuviera, que la abrazara o la besarla.
¡Eso tiene que parar!
No podía besarlo. Realmente no debería. ¿Qué le dirían sus amigos si pudieran verla ahora? Hermione se estremeció al imaginar sus rostros decepcionados al mirarla. Sabía que tenía que dejar de ver a Tom. Pero cuando pensó eso pudo sentir como su corazón se apretaba.
Suspiró con cansancio y rodó a un lado. No quería pensar más en Tom y su extraña relación. Así que decidió investigar uno de sus otros problemas.
¡En realidad, era el más importante de sus problemas! Siseó una voz enfurecida.
Ese brillo azul, que había visto en todo el castillo de Hogwarts, había sido ciertamente alarmante. Necesitaba desesperadamente saber más acerca de la Varita de Saúco. Parecía que poco a poco iba cambiando su propia magia. Eso era más que preocupante. Necesitaba encontrar una manera de volver a su propio tiempo y no preocuparse más con esa malvada magia. Ya había causado estragos suficientes.
Así que leyó unas cuantas páginas más del manuscrito de Peverell. Por desgracia, todavía era tan difícil de entender como siempre. Incluso tenía la impresión de que el libro se estaba haciendo más y más complejo a medida que seguía leyendo. Quienquiera que hubiera sido Peverell, un malvado mago oscuro o un loco erudito, nadie podía negar que había sido un genio. Sus teorías eran fascinantes, pero más allá de cualquier otra cosa eran altamente sofisticadas y casi imposible de comprender. Después de algún tiempo volvió a tropezar con una de las notas personales de Peverell. De nuevo, hablaba de la cuestionable naturaleza.
Ahora que había comprendido el concepto detrás del arte de crear objetos mágicos quería poner mi nuevo conocimiento en uso. El primer objeto mágico que había creado, usando los nuevos hechizos fue un intento bastante crudo. Sin embargo, a pesar de que tenía inmensas deficiencias aún era muy superior a cualquier otro objeto mágico que había visto antes.
Como base había usado un espejo hecho de la más fina plata y adornado con oro. Después de haber transferido con éxito una considerable cantidad de mi magia interior al objeto empecé a doblegar esa magia a mi voluntad. La moldeé y la convertí en una hermosa maldición.
Y cuando hube terminado me las arreglé para cambiar la naturaleza del espejo por completo. Todavía mostraría el reflejo de quien se atreviera a usarlo, pero mi magia cambiaría la imagen del espejo. El reflejo ahora sería de tal inefable belleza y llevaría pura alegría con sólo verlo cualquier persona que viera su imagen en el espejo de ahora en adelante no podrían volver a ver nunca. Los pobres estarían tan profundamente entrampados por su propia vanidad que se consumirían delante de mi creación. Totalmente capaz de comprender la trampa en la que habían caído, pero sin poder escapar de ella.
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Mira chicas si hasta tengo notas de autora en cada capitulo, increible despues de tanto tiempo. Las dejo abajo.
Este capítulo si que es largo, 26 paginas de Word, espero que os guste y os entretenga porque yo si lo he hecho traduciendo, ¿Qué os parece la nueva relación de estos dos? Me parece a mi que Hermione no tiene opción aquí, si Tom quiere algo lo consigue cueste lo que cueste, y ese algo es ella.
(1)Es estado, pero puse estatus porque quedaba mejor (2) Ella le gustaba él es que a ella le gusta [Siempre me he confundido con estas frases]
