18
Nada de Secretos
Hermione se despertó a la mañana siguiente en su dosel de Gryffindor y al principio se sintió un poco desorientada. Durante las vacaciones se había acostumbrado a su pequeña habitación en el Caldero Chorreante. Pero la charla que sucedía a su alrededor fue suficiente para decirle exactamente donde estaba. Abrió las cortinas de su cama y se levantó.
—Buenos días —. dijo Rose con voz chillona.
—Buenos días —. murmuró Hermione mientras se pasaba una mano por el pelo ya alborotado.
—Ah, estás despierta —. dijo la voz de Lucía.
Hermione levantó la vista y casi gimió al ver a todas sus compañeras de dormitorio reunidas y que ahora la miraban expectantes. ¿Qué querían ahora? Lucía le empujó juguetonamente en el costado mientras le decía:
—Ayer te vimos en la sala común —. Aquí añadió algo que seguramente sería una pausa dramática, antes de que le susurrara: —Con Tom Riddle.
—¿Por qué te encontraste con él? —. Viola le preguntó con su habitual voz pedante.
Era casi divertido, pensó Hermione, ver a las otras chicas compartiendo miradas emocionadas las unas a las otras. ¡Honestamente consíganse una vida!
—¿Te invitó a salir? —. le dijo Lucía con entusiasmo en su voz chillona mientras tiraba de la camisa de Hermione.
—¿Qué te hace pensar eso? —. Hermione frunció el ceño.
Nunca podría imaginarse a Tom hacer algo como eso. No se correspondería con su carácter el pedir una cita educadamente a una chica con flores en las manos. Lo más probable es que sólo agarraría a la chica que le interesara, empujándola a algún rincón oscuro y comenzaría a besarla. Como hacía con ella en cada oportunidad, pensó mientras su mente vagaba a anoche donde Tom la había besado en la sala de clase de Aritmancia.
¡Maldita sea, no debería permitir que hiciera eso! Una voz furiosa le gritó enfurecida.
—Vino a verte a la sala común y luego se fueron juntos —. Rose ahora casi gritaba de emoción.
—Sí, Hermione —. dijo Lucia mientras empezaba a saltar de arriba y abajo. —¡Le gustas! ¡Le gustas a Tom Riddle!
—Oh, eso, salieron—. Rose consiguió decir entre risitas.
Hermione ahora las miraba con los ojos muy abiertos. Claro que esas chicas eran más bien superficiales y estaban más interesadas en los chismes que circulaban en este castillo que en cualquier otra cosa en general. Pero lo que ellas le estaban diciendo le hacía sentir a Hermione un poco mareada. Desde que la había besado por primera vez durante las vacaciones había sentido pánico por sus sentimientos hacia Tom, ya que para empezar eran inapropiados y peligrosos. Pero, ¿qué sentía Tom realmente hacia ella? Su comportamiento hacia ella había cambiado totalmente. Eso era innegable. Pero, ¿Cúal era la motivación detrás de ese cambio? Hermione observó cómo Lucia ahora se dejaba caer en su cama ridículamente rosa y la miraba con ojos nebulosos.
—Oh, piensa en ello. Tom Riddle, eres una chica afortunada —. dijo con aire soñador. —Daría cualquier cosa por sólo sostener su mano. Él es tan lindo y un verdadero caballero.
Hermione le frunció el ceño. Bueno, Tom era bastante guapo ¿pero perfecto caballero? Era evidente que Lucía nunca había visto al verdadero Tom Riddle, pensó Hermione divertida.
—Pero pensé que no te gustaba —. dijo Diana volviéndose hacia Hermione.
—Sí, no lo hace —. dijo Hermione pensativa. Más bien lo odiaba desde el fondo de mi corazón.
—¿Y ahora está tratando de conquistarte? —. Lucía gritó encantada. —Eso es tan romántico.
Hermione tuvo que emplearse para evitar poner los ojos en blanco, exasperada. —Si tú lo dices —. dijo en voz baja.
—Tienes que decirnos todo lo que pasó ayer —. Rosa elevó la voz.
Hermione la miró por un segundo y luego le dijo, contenta de haber encontrado una excusa: —Es un poco tarde. Nosotros no queremos llegar tarde a clase.
—Oh, vamos, Hermione —. se quejó Lucía.
—No, no, Hermione tiene razón —. dijo Diana con voz severa. —No podemos llegar tarde a clase. Así que todas daros prisa.
Hermione estaba muy agradecida por la actitud respetuosa hacia las reglas de Diana, ya que ahora le dio una excusa para dejar los chismes de chicas. Así que, se metió en el cuarto de baño y cerró la puerta. Cuando volvió a salir un momento más tarde cual fue su desagradable sorpresa al encontrarse a sus cuatro compañeras de habitación esperándola ansiosamente. Parecía que querían molestarla con más preguntas mientras se dirigían al Gran Comedor para el desayuno. Por supuesto, ella tuvo razón. Las chicas la asediaron con preguntas, comentarios sobre lo guapo que era Tom, acerca de cómo pensaban que era un novio perfecto. Durante todo este tiempo sus preguntas estuvieron acompañadas por estallidos de risas tontas. Cuando finalmente llegaron al Gran Salón Hermione estaba considerando seriamente maldecirlas. Sin duda, sería una sensación satisfactoria.
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Tom estaba sentado en la mesa de Slytherin con el Diario Profeta en sus manos. Actualmente estaba estudiando un artículo con atención. A primera vista no había nada especialmente interesante en ese artículo. Pero de alguna manera había captado sus ojos y Tom se había parado para leerlo correctamente.
Allanamiento de morada en medio de Londres
El 18 de diciembre se produjo un robo en un piso de Islington. La víctima de este robo que tuvo lugar a mediados de la tarde, era el Sr. Nicolas Flamel. El Sr. Flamel llamó a los Aurores inmediatamente al entrar en su piso. El Auror Grimes fue uno de los primeros en llegar. Afirmó que el Sr. Flamel tuvo mucha suerte de no estar en casa en el momento en el cual el robo se produjo, ya que los Aurores encontraron rastros de una pelea en el apartamento. Según el Auror Grimes los ladrones obviamente se enredaron entre sí, lo más probable por la división de los bienes robados. El Sr. Flamel dijo que la única cosa robada fue un inestimable libro que guardaba en su biblioteca privada.
El Sr Nicolas Flamel es el más reconocido alquimista de nuestro tiempo. Él es el inventor de la poción Reservo, que hasta cierto punto te permite detener el tiempo alrededor de un objeto inanimado, y es el supuesto dueño de una piedra filosofal. (Para más información ver pág. 6 a 8)
Tom puso el periódico a un lado y frunció el ceño. Eso era extraño. El 18 de diciembre había sido el comienzo de las vacaciones de Navidad. Tom podía recordar ese día muy bien. Se las había arreglado para escaparse del repugnante orfanato y había estado vagando por las calles de Londres. Lo cual no era muy agradable en invierno pero aún era mucho mejor que alojarse en el orfanato. En esa ocasión durante las vacaciones se había encontrado por primera vez con Hermione. De pronto recordó cómo se había encontrado con él. En ese momento todavía Tom había estado muy molesto por su mera presencia y en consecuencia había estado bastante irritado de tener que encontrarse con ella. Pero antes de que pudiera haberle dicho nada de repente habían sido atacados por un hombre con una capa negra que obviamente había estado, persiguiendo a Hermione. Al final se las habían arreglado para aparecerse en el Callejón Diagon, pero la calle donde se había encontrado con Hermione era la Islington. ¿Era sólo una extraña coincidencia o Hermione estaba involucrada de alguna manera en este allanamiento de morada sobre el cual el Diario Profeta estaba informando? En ese entonces él le había preguntado sobre los hombres con capas negras, pero ella había evitado el tema.
¡Como siempre hace! pensó Tom frustrado.
Hermione fue increíblemente evasiva cuando le preguntó. Nunca había conocido a alguien tan cerrada. Normalmente siempre tarde o temprano podía hacer que la gente le revelara sus secretos. Era muy convincente después de todo, pensó Tom preocupado. Pero la pequeña sonrisa rápidamente decayó de su rostro mientras sus pensamientos vagaron de nuevo a Hermione. ¿Por qué iba a entrar por la fuerza a una casa? No, no podría haber sido ella, razonó Tom.
Pero, de nuevo, es Hermione. Tal vez realmente fue ella.
Su mirada volvió a echar un vistazo sobre el artículo. ¿Por qué esos hombres de las capas negras habían estado detrás de Hermione? ¿De verdad había forzado la casa de Flamel? Las manos de Tom se apretaron en puños. Odiaba no saber acerca de las cosas que sucedían en su vida. No era sólo la cuestión sobre los hombres de las capas negras que irritaban a Tom. No, había un montón de cosas que Hermione le ocultaba obstinadamente. ¿Qué había hecho en Francia? ¿Por qué parecía saber mucho acerca de Tom? ¿Cómo había logrado aparecerse a través de las salas del callejón Diagon? ¿Por qué era capaz de hacer toda esa magia tan avanzada? Había tantos secretos girando a su alrededor y ella no reaccionaba a sus habituales tácticas para obtener información de las personas.
Esta situación era intolerable.
La bruja le pertenecía y no iba a aceptar que lo mantuviera en la oscuridad sobre su vida. Pero no podía empezar a interrogarla ahora. No cuando todavía no confiaba completamente en él. No, el primer paso sería asegurarse de que aceptara que era de su propiedad. Antes de que pudiera tratar de descubrir sus secretos tenía que asegurarse de que Hermione se rindiera ante él y que no huyera.
La mirada de Tom vagó por el Gran Comedor hasta que aterrizó en la entrada. Efectivamente encontró a Hermione junto a la puerta. A su alrededor había unas cuantas chicas de Gryffindor, riendo tontamente. Hermione parecía que iba a maldecirlas en cualquier momento, notó Tom divertido. Sus ojos vagaron por su cuerpo. De pronto sintió la necesidad de caminar hacia ella y abrazarla. Quería asegurarse de que todo el mundo supiera que era suya y que mantuvieran sus manos alejadas de ella. Pero no podía hacer eso, todavía no. Tenía que ser paciente. Pero al final, lo sabía, Hermione se sometería a él. Sus ojos se encontraron y Tom y le sonrió, sabiendo que ella no podía resistirse por mucho tiempo.
Cuando Hermione entró al Gran Comedor su mirada se dirigió automáticamente a la mesa de Slytherin, en busca de Tom. Rápidamente lo encontró sentado tranquilamente en su asiento habitual y parecía estar escaneándola ahora mismo. Luego Hermione vio como una de sus arrogante sonrisas se formaba en su rostro.
El perfecto caballero, de verdad, pensó con ironía.
Pero cuando sus ojos recorrieron su figura, Hermione tuvo que estar de acuerdo con Lucía. Tom realmente era muy guapo, porque 'lindo' era sin duda una palabra incorrecta para describirlo, parecía tener siempre un halo de oscuridad rodeándolo. Luego apartó la mirada de Tom y continuó dirigiéndose a la mesa de Gryffindor. Hermione vio ya sentados a Lupin, Weasley y Longbottom en la mesa de Gryffindor. Entonces, se acercó a ellos y se sentó junto a Lupin.
—Buenos días, Hermione —. Lupin la saludó con voz tranquila.
—Buenos días, Mione —. le sonrió Weasley.
—¡Siéntate! ¡Siéntate! —. Longbottom le sonrió. — ¿Dormiste bien?
—Sí —. respondió Hermione sentándose junto a sus tres amigos.
Cogió la taza de café frente a ella. Hoy necesitaba un poco de cafeína, decidió.
—Por lo tanto, ¿lista para el próximo semestre? —. Weasley le preguntó.
Pero antes de que le pudiera responder algo, Longbottom espetó: —Amigo, la conoces. Ella va a estar bien —. Luego dijo en tono grave mientras miraba con tristeza a Weasley y negaba con la cabeza, —Somos nosotros de los que estoy preocupado —. suspiró dramáticamente antes de continuar, aunque no pudo ocultar la sonrisa en su rostro más, — He oído que Legifer también dará clases a los chicos.
Weasely alzó los brazos en el aire exageradamente y exclamó: —¡Oh, no! ¡Por favor, perdónanos! ¡Estamos condenados!
Hermione les entrecerró los ojos, mientras comenzaba a reír incontrolablemente. —Sabes —, dijo lentamente. —Si eso realmente sucediera, no te reirías más.
Los dos Gryffindors dejaron de reír. Luego la miraron con rostro grave. Pero esa nueva seriedad duró sólo unos pocos segundos antes de que volvieran a echarse a reír. Cuando Hermione los miró una pequeña sonrisa comenzaba a enroscarse alrededor de su boca. Eran tontos e infantiles. Pero se alguna manera, era bastante agradable tener a esas despreocupadas personas a su alrededor. Sin duda, la distraían de sus problemas.
—Basta de tonterías —. dijo Lupin con severidad mientras se levantaba de la mesa. —En caso de que no lo hayas notado, es hora de clase.
—¡Aww, Amarys! —. dijo Longbottom con voz quejumbrosa. —Eres un aguafiestas.
Sin dejar de reír se levantaron de la mesa de Gryffindor y se dirigieron a la clase de Encantamientos. Hermione siguió a Longbottom y Weasley cuando sintió una mano en su antebrazo. Volvió la cabeza y se encontró a Lupin frunciéndole el ceño. Retraso el paso a su lado dejando que los otros dos chicos se alejaran por delante antes de que le preguntara en un tono suave,
—Hermione, ¿por qué ayer te viste con Riddle?
Sus ojos se abrieron un poco mientras continuaba mirando a Lupin. Pero, por supuesto, pensó presa del pánico, Lupin la había visto el día anterior en la sala común, junto a Tom. ¿Qué podía decirle? En este momento no quería hablar de su relación con Tom. Sobre todo porque ni siquiera sabía qué era exactamente lo que estaba pasando entre ellos.
—Oh —. dijo Hermione, cuidadosamente manteniendo su voz controlada para que pareciera indiferente. —Él sólo quería devolverme algo que había perdido —. No era exactamente mentira.
Lupin entrecerró los ojos antes de decirle, la preocupación teñía su voz, —No te amenazó, ¿verdad? Quiero decir, él está obligado a estar enojado después de la trampa que le pusiste antes de las vacaciones.
—No, no —. Hermione rápidamente trató de tranquilizar a Lupin. —Nada de eso."
Se había olvidado por completo de ese incidente por los rumores hace tantas semanas y cómo se lo había devuelto a Tom. Todo había cambiado tanto. La dinámica de su relación con Tom era completamente diferente ahora. Aunque Hermione no estaba segura si ese progreso era bueno.
—¿Estás segura? — Lupin le preguntó y todavía había una cierta preocupación en su suave voz. —Me puedes decir si te está acosando.
—No, de verdad. No te preocupes—. Hermione le sonrió nerviosamente.
—Está bien —. le dijo Lupin finalmente aunque no parecía muy convencido. —Pero si te hace algo debes decirnos a Richard, a Marc o mí de inmediato. Te lo dije, Riddle es peligroso. No debes tomarlo a la ligera.
Hermione asintió con la cabeza.
De repente Longbottom los llamó, —Hey, ¿qué están esperando? Pensé que no querían llegar tarde a clase.
Caminaron juntos el resto del camino hasta el salón de clases de encantamientos. Longbottom y Weasley siguieron perdiendo el tiempo. A veces, Hermione se les unía, sólo tenía que mover la cabeza y sonreír a sus bromas. Al entrar en el salón de clases de encantamientos los tres chicos se dirigieron a sus asientos en la fila de atrás. Fue entonces cuando Hermione de repente se acordó de su compañero de asiento. Y, por supuesto Tom ya estaba sentado con elegancia en su asiento justo debajo de la ventana. Uno de sus brazos colgaban casualmente sobre el respaldo de su silla y ahora la miraban con arrogancia, una pequeña sonrisa se levantaba en las comisuras de su boca. Hermione nuevamente fue golpeada por lo guapo que realmente era. No era de extrañar que toda la población femenina del castillo le gustara. Lupin tenía razón después de todo, pensó Hermione, Tom era definitivamente peligroso. Pero no de la manera que Lupin le había querido decir.
Respiró hondo y agarró su mochila un poco más fuerte. Luego lentamente se acercó a Tom. Se sentó en el asiento de al lado. Todavía le sonreía con satisfacción o mejor dicho vanidosamente mientras sus ojos grises brillaban suavemente.
—Buenos días —. susurró con su voz melodiosa.
Hermione lo miró antes de contestar en voz baja, —Buenos días, Tom.
Se acordó de su primera clase de Encantamientos en los años cuarenta. En ese entonces había estado bastante asustada cuando se había visto obligada a sentarse al lado de Tom. Si no recordaba mal Tom había estado igualmente molesto por su presencia. Pero ahora, parecía estar bastante satisfecho con la disposición de los asientos, si ese brillo extrañamente posesivo era dirigido hacia ella, no había nada que pudiera hacer.
Tom miró a la bruja sentada a su lado. Parecía estar un poco nerviosa, observó divertido. Una sonrisa se levantó de las comisuras de su boca, porque parecía que él era la causa de su nerviosismo. Le gustaba que tuviera una influencia tan enorme sobre ella. Tom sabía que Hermione todavía no estaba muy segura sobre la relación entre ellos. No sabía por qué, pero desde que había llegado aquí a Hogwarts hace unos meses atrás ella había parecido a odiarlo. Había luchado contra él en cada oportunidad. Incluso ahora ella estaba tratando de convencerse a sí misma que todavía no le gustaba. Era de alguna manera divertido, pensó Tom cuando sus ojos se posaron sobre ella, como estaba tratando de resistirse. Debido a que era inútil. Terminaría sometiéndose a él.
Antes de las vacaciones de Navidad, sí, la había despreciado y en consecuencia la había tratado de esa manera. Un error que parecía correcto pero que ahora finalmente se daba cuenta de su valor. Se sorprendió de que le hubiera tomado tanto tiempo verla por lo que realmente era. Una bruja muy poderosa y talentosa. Extraña en sus formas, pero sin duda valiosa. Nada que ver con las demás personas a su alrededor. Para él, la gente nunca había sido importante. Así que siempre los había utilizado sin tener escrúpulos. Había manipulado y seducido para que hicieran cosas que quería que hicieran. Si no lo hubieran obedecido, él nunca había dudado en utilizar la fuerza para coaccionarlos. Pero Hermione, él descubrió, era más que una de esas piezas en su tablero de ajedrez. Mucho más.
Sus ojos volvieron a vagar a su rostro y su sonrisa se ensanchó aún más al ver su pequeño rubor. Ella se había dado cuenta, obviamente, que la había estado observando. Eso era bueno, que tuviera tal impacto en ella. Recordó las primeras semanas después de que hubiera llegado a Hogwarts. En aquel entonces nunca había logrado obtener una reacción de ella. Había estado severamente molesto por su falta de reacción. Pero ahora, notó satisfecho, que ella le respondía. Todavía podría estar tratando de negarse que se sentía atraída hacia él, pero ahora que estaba decidido a conquistarla no tenía ninguna posibilidad de resistirse a él. ¿Quién podría, en realidad? Cada vez que había puesto su mente en algo al final siempre lo conseguía, pensó Tom con altivez. Ahora bien, cuando había decidido que ella le pertenecía no había mucho que pudiera hacer al respecto. Porque ese sentimiento codicioso y posesivo no le había abandonado. Cada vez que la miraba se apoderaba de él.
Hermione notó que Tom seguía contemplándola descaradamente. Le molestó sentir su cara arder un poco. ¿Por qué era capaz de inquietarla así? Ella apartó la mirada. ¿Cómo se las arreglaba para confundirla así? Esta atracción que sentía hacia él era incorrecta. No tenía otra manera de describirla. Ella sabía muy bien quién era. Durante las vacaciones de Navidad podría haber descubierto que no era del todo malvado, pero eso no quería decir que ahora era una buena persona. De hecho, había una sóla cosa que debía hacer ahora y eso era el permanecer lejos de él.
Hermione levantó la vista al oír que la profesora Merrythought entraba en la sala de clases. La profesora Merrythought no era una mujer muy alta, pero aún así no era fácil pasar por alto. Esa mujer siempre irradiaba una voz contagiosa la cual hacía que Hermione, le gustara más. Ahora mismo, la vieja señora se había parado frente a su clase y les sonreía.
—Muy buenos días a todos —. dijo con su voz amable. —Espero que todos hayan tenido unas buenas vacaciones y estén dispuestos a aprender algo más de encantos.
La profesora puso su vieja bolsa de cuero en el escritorio antes de apoyarse en la mesa y mirar a través de las gafas.
—Ahora que el nuevo semestre ha comenzado vamos a empezar con algo diferente —. dijo la profesora mientras aún les sonreía. —¿Quién conoce el encanto Infucatus?
Hermione frunció el ceño. De alguna manera le sorprendió, ya que nunca había oído hablar de ese encanto. ¿Cómo podía ser? Tal vez debería haber leído el libro de texto con antelación? Su mirada se posó en su libro de encantos encuadernado de rojo delante de ella. En serio, ¿cómo podía haber aflojado tanto? Hermione se preguntó frenéticamente. Eso no se parecía para nada a como era ella. Después de la lección realmente debería ir a la-
Hermione interrumpió su perorata mental y una pequeña sonrisa comenzó a formarse en su boca. "La biblioteca", terminó su pensamiento. Ahora la sonrisa que jugaba alrededor de su boca tenía un toque de nostalgia. Sí, la biblioteca una vez había sido su cura para todo, de vuelta en los viejos tiempos - cuando aún había asistido a Hogwarts. En este momento, sólo por un segundo, de alguna manera se había olvidado que estaba en el pasado y había vuelto a ser la ratón de biblioteca sabelotodo que una vez había sido.
.. La chica inocente y feliz que un día había sido. Qué extraño.
Sus ojos vagaron a Tom sentado a su lado. No estaba en lo más mínimo sorprendida al ver su mano en el aire. Rodó los ojos interiormente, por supuesto, él sabía la respuesta a la pregunta de la profesora Merrythought. Tom era incluso más sabelotodo lo que ella nunca había sido.
—¿Sí, Sr. Riddle? —. la profesora de encantos le sonrió alentadoramente.
—El encanto Infucatus puede alterar el color de cualquier objeto que esté dirigido a acuerdo con los deseos del lanzador —. dijo Tom con voz suave.
—Eso es completamente correcto, Sr. Riddle — la profesora Merrythough le sonrió a Tom. —¿Y también sabes el conjuro del encanto?
Hermione vio con incomodidad como Tom sacaba su varita. Todavía verlo con una varita le ponía un poco incómoda. Empezó a agitar la varita con un movimiento elegante. Se puso rígida cuando se dio cuenta de que dirigía el encanto en su dirección.
—Infus —. susurró Tom en un tono ligero.
Hermione no sintió nada cambiar. La profesora, sin embargo, parecía estar impresionada por lo que Tom había hecho ya que dijo con voz amable, —Excelente, Sr. Riddle. Diez puntos para Slytherin.
Hermione pudo ver que algunos de los Slytherins de la clase le sonreían con satisfacción, así que se miró las ropas. ¿Debería estar realmente sorprendida? Los bordes rojos y dorados de su túnica negra escolar y su emblema de Gryffindor habían cambiado. Ahora eran verdes y plata de Slytherin. Hermione miró a Tom. Él no le prestaba ninguna atención ya que estaba escuchando atentamente a la profesora Merrythought que ahora explicaba la magia detrás del encanto de cambio de color.
Hermione se acercó un poco más a Tom y le dijo irritada: —Ahora, ¿puedes volver a cambiarlo?
Una sonrisa se formó en su rostro, pero seguía sin mirarla. —Me gusta así. Te queda bien.
Hermione siguió fulminándolo con la mirada de modo molesto lo cual sólo hizo reír Tom en voz baja. Por supuesto, sería capaz de cambiar el color por a sí misma. Pero el hechizo que usaría para hacer eso sería demasiado avanzado y llamaría la atención de todos hacia ella. Además quería saber el encanto contrario del encanto Infucatus.
Después de un momento Tom se volvió hacia ella y le susurró en voz baja, —Confuto.
Efectivamente, su túnica cambió de nuevo a los familiares colores rojos y dorados. Hermione negó con la cabeza un poco antes de alejarse de Tom ignorando la sonrisa burlona que le lanzaba y trató de volver a seguir la lección. Tenía la pluma en la mano y escribía todo lo que la profesora les decía. Era muy interesante porque ella misma nunca había profundizado en ese tipo de encantos. Desde que había salido de Hogwarts los encantos que sólo se había tomado el tiempo de aprender eran todos ofensivos o defensivos y los que pudieran ser utilizados durante una pelea. Así que nunca había aprendido algo tan inocente como lo que la profesora estaba enseñando. Era de alguna manera bueno recordar que la magia no era todo combates y batallas, que aún existía esa parte inocente de la magia.
Hermione estaba tan preocupada anotando las explicaciones de la profesora, que no se percató hasta que de repente sintió que alguien le tocaba el pelo. Levantó la vista y descubrió que Tom estaba pasando sus dedos suavemente por su pelo. Estaba sentado con elegancia en su silla y parecía escuchar atentamente todo lo que la profesora decía aunque de vez en cuando escribía algo con su letra clara y elaborada. Su otra mano, sin embargo, le estaba acariciando suavemente el pelo, de vez en cuando jugaba burlonamente con un mechón de su cabello. Hermione estaba tan irritada por sus acciones que no fue capaz de seguir la lección para nada. Esa sensación de hormigueo en el estómago también estaba de vuelta. La sensación que se había dicho así misma que no existía, que no debía existir.
Así que, Hermione pasó el resto de la lección intentando convencerse a sí misma que no le gustaba la sensación de esos dedos que pasaban suavemente por su cabello. Cuando la profesora Merrythought finalmente terminó la lección Hermione estuvo muy aliviada. Por primera vez desde que había sentido que le tocaba el pelo le echó un vistazo a Tom. Ahora había parado de pasar sus dedos por su pelo ya que empezó a guardar su pergamino y su pluma calmadamente. Su mirada se desvió hacia su rostro. Tom no la estaba mirando, pero Hermione pudo ver una engreída sonrisa acurrucarse sus labios.
Ese pequeño ...
Él parecía saber perfectamente, el efecto que tenía en ella. Pero de alguna manera Hermione no podía encontrarse enfandada con él. ¿Tal vez debería estar realmente preocupada por la falta de coraje? Se pasó una mano por el pelo frustrada antes de que agarrara sus cosas y las metiera en su mochila. Al levantarse, dejó escapar un grito ahogado de sorpresa cuando casi choca contra el pecho de Longbottom. No se había dado cuenta de que se había acercado a ella. Lo miró a la cara y encontró un furioso ceño frunciendo. Él no la estaba fulminando con la mirada, en cambio, eso parecía estar dirigido a Tom. A continuación, Hermione pudo sentir que una mano la agarraba alrededor de su muñeca antes de que Longbottom la atrajera hacia él la alejara de Tom.
—¿Qué crees que estás haciendo aquí? —. le preguntó Longbottom a Tom con enojo, su voz temblaba de rabia contenida.
Hermione miró a Tom. Él escaneaba a Longbottom con sus ojos grises, su rostro no delataba nada. A pesar de eso podía ver un brillo peligroso en sus ojos cuando vagaron sobre la mano de Longbottom, que aún sostenía su muñeca. Ahora Tom se levantó lentamente de su silla antes de apoyarse en la mesa y girar su varita despreocupadamente entre sus dedos.
Luego dijo con una voz extrañamente calmada casi aburrida, —¿Qué te parece que estoy haciendo? Sólo estaba tratando de seguir la lección de la profesora —. sus ojos se posaron en la cara de Longbottom antes de añadir en tono arrogante mientras una sonrisa condescendiente jugaba alrededor de su boca: —Por supuesto que eso es un nuevo concepto para ti.
Hermione sintió escalofríos por su espina dorsal al oír la frialdad en la voz de Tom. Estaba apoyado contra la mesa con elegancia, al parecer muy a gusto, pero ahora mismo lo que más irradiaba era esa distante frialdad. Era espantoso, ver ese brillo duro en sus ojos. Hermione había olvidado lo asustadizo que Tom podría ser. Durante las vacaciones de Navidad nunca le había hablado con ese tono amenazante que ahora estaba utilizando.
—¡Mantén tus sucios dedos alejados de Hermione! — Longbottom le bramó enfurecido a Tom.
Tom se apartó de la mesa y se enfrentó a Longbottom, por primera vez durante este argumento. Había dejado de girar su varita entre los dedos, y ahora la tenía bien sujeta. La máscara en blanco estaba de vuelta en su cara pero permitió que un cierto grado de frío odio brillara cuando contempló a Longbottom con sus duros ojos como el acero.
—Cuidado, Longbottom —. dijo Tom con voz suave y serena. —No deberías insultar a la persona equivocada.
La amenaza detrás de sus palabras estaba clara. Hermione miró a Tom con los ojos muy abiertos. En este momento, él era muy intimidante. Realmente se había olvidado que también podía ser de esa manera.
—¡Y tú debes permanecer lejos de Hermione! — Longbottom ahora casi le gritaba a Tom.
Hermione estaba en silencio contenta de que por ahora estuvieran solos en la sala de la clase encantos.
—No puedes amenazarla, ¿entendido? —. Longbottom continuó con voz enojada.
Hermione vio una cruel sonrisa tomando forma en el rostro de Tom.
—Te sorprenderías de lo que puedo hacer realmente —. se burló de Longbottom, con fría diversión.
Luego Tom se apresuró en dirección a la puerta. Al pasar junto a Hermione le rozó suavemente los dedos sobre el hombro. Todavía podía ver esa arrogante sonrisa en su cara, pero también volvía a ver suavidad en sus ojos, cuando brillaron hacia ella brevemente. Ella observó a Tom saliendo con pasos majestuosos y seguros fuera del aula.
—¡Capullo engreído! —. Hermione escuchó resollar a Longbottom.
Él estaba mirando con ira en dirección la cual Tom acababa de desaparecer. La cara Longbottom todavía era de un tono morado por la rabia. Pero la ira pronto abandonó su rostro cuando la miró. La preocupación brillaba en sus ojos cuando la escanearon.
—Él no te hizo nada, ¿verdad? —. preguntó en un tono preocupado.
Las cejas de Hermione se dispararon. Entonces respondió con voz suave: —No, no te preocupes. Estoy bien.
Aunque en realidad, Tom sí le hizo algo. No estaba segura todavía si era algo bueno o malo.
—Está bien —. dijo Longbottom que aún la miraba preocupado. —Pero dime si intenta cualquier cosa —. los ojos de Longbottom vagaron de nuevo a la puerta, por la cual Tom acababa de irse. —Es un bastardo hijo de puta —. dijo enojado.
Hermione quería responder: "Bueno, es el Señor Oscuro, ¿qué esperabas?", Sólo para ver la cara de Longbottom. Pero al final se quedó en silencio. Longbottom continuó mirando la puerta durante unos segundos antes de que finalmente se volviera hacia Hermione y dijera, en un tono más amable,
—Vamos o llegaremos tarde a comer.
Tom salió de la clase de Encantamientos. Mientras caminaba por el pasillo respiró profundamente, tratando de mantener su temperamento bajo control. Su magia todavía rabiaba con furia dentro de él, rogándole que la liberara. ¡Ese insolente bastardo se había atrevido a tocar Hermione otra vez! Las manos de Tom se apretaron en puños al recordar cómo Longbottom la había agarrado por la muñeca. Le había costado mucho autocontrol no maldecir a ese hijo de puta en el olvido. Ah, que dulce placer habría sido lanzarle sus maldiciones oscuras a Longbottom. Pero Tom no podía hacer eso. No en medio de un aula de clase. Y ciertamente no en frente de Hermione. Era incomprensible e irritante, pero ella parecía considerar al idiota Gryffindor como uno de sus amigos. Tom no podía ir y maldecir a sus supuestos amigos. Al menos, no todavía cuando Hermione aún se sentía insegura sobre su relación. Usar abiertamente la violencia contra sus amigos sin duda no le ayudaría a atarla a él. Así que por eso se había ido de la clase de encantamiento para no hacer algo que pudiera lamentar más tarde. Lo había sabido desde el principio, que sería difícil ganarse Hermione. No podía obligarla a que se sometiera a él. Eso no había funcionado antes de las vacaciones de Navidad cuando la había torturado con la maldición Cruciatus. Así que ahora tampoco iba a funcionar. Por extraño que parezca Tom no quería hacerle daño de todos modos. No, si aún tenía otras opciones para ganársela.
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—Les digo, que él la amenazó —. Hermione oyó que Longbottom le silbaba a Weasley.
Actualmente estaba sentada en la clase de Historia de la Magia y trataba de no quedarse dormida. El profesor Binns era él mismo viejo aburrido. Él estaba hablando sobre la guerra de los duendes o de otro tipo. Su discurso monótono calmaba a Hermione hasta el punto de adormecerla. De alguna manera siempre había atribuido sus lecciones insoportablemente aburridas al hecho de que Binns era un fantasma, incapaz de entender el concepto de suspense por más tiempo. Pero aquí, en el pasado estaba muy vivo y todavía seguía aburriendo. Por lo tanto, para no caer dormida en medio de una clase Hermione había decidido escuchar lo que sus amigos estaban discutiendo. Lupin, Weasley y Longbottom estaban sentados en una mesa detrás de ella en la última fila. Desde que Longbottom había tenido esa disputa con Tom después de encantamientos había estado bastante enojado. Ahora, tenía una acalorada discusión con Weasely que estaba sentado a su lado.
—Estoy seguro de que sólo lo has malinterpretado, Marc —. murmuró Weasley volviéndose a Longbottom.
—No, no lo hice —. resopló Longbottom, en voz bastante alta. Pero Binns parecía no importarle ya que él siguió hablando de la guerra de duendes. Entonces Longbottom continuó un poco más tranquilo, —Viste lo que hizo durante encantamientos. ¿Cómo se explica eso?
—No lo sé —. la voz de Weasley era un poco insegura. —Pero él le tocó el pelo. ¿Qué hay tan amenazante en eso?
—Estaba pasando sus sucios dedos por el pelo como si fuera de su posesión —. siseó furiosamente Longbottom. —Está planeando algo malo.
—Oh no, otra vez con tu teoría de que Riddle es malo —. suspiró Weasley exasperado.
Una pequeña sonrisa se acurrucó en los labios de Hermione al oír eso.
—¡Eso no es una teoría! —. Longbottom le respondió acaloradamente.
—¿Y qué pruebas tienes? —. Weasley le preguntó en voz baja.
—¿Por qué necesito una prueba, cuando se ve claramente que él es un retorcido bastardo —. dijo, su voz temblaba de rabia contenida. —Y ahora está tras Hermione.
La sonrisa desapareció del rostro de Hermione cuando oyó decir eso a Longbottom.
Tiene razón, pensó. Tom estaba realmente detrás de ella. Tal vez no para atacarla, como Longbottom asumía, pero aún así Tom quería algo de ella. ¿Qué era lo que quería?, Hermione no estaba segura. Durante las vacaciones de Navidad su comportamiento hacia ella había empezado a cambiar. La última clase de Encantamientos lo decía todo.
¿Qué era lo que quería?
Pero lo más importante, ¿cómo tenía que reaccionar? Su comportamiento actual era incorrecto y totalmente fuera de lugar. Longbottom tenía razón después de todo, Tom era malo. Había sido testigo de primera mano de lo que era capaz. Él todavía podría ser inocente de los delitos que Voldemort un día cometería pero la tendencia de maldad de Voldemort ya estaba presente en Tom. Hermione sabía eso, pero ¿por qué todavía era incapaz de mantenerse alejada de él? ¿Por qué quería que la volviera abrazar, incluso ahora?
Suspiró suavemente.
Tal vez la única solución a su problema estaba ahora en su dormitorio, guardado en un compartimento secreto en su baúl. Con la ayuda del manuscrito de Peverell, ella esperaba poder ser capaz de salir de este período de tiempo. Dejar a Tom ...
Sintió una desagradable punzada en el estómago mientras se formulaba ese pensamiento.
Había vivido tanto tiempo en este período de tiempo. Generalmente esta década era completamente molesta, pero de todos modos su vida aquí en Hogwarts era pacífica. Algo que no había experimentado durante los últimos dos años. ¿Cómo sería su vida después de haber regresado a su tiempo? ¿Volver a un país desgarrado por la guerra? La guerra había terminado, pero el país todavía estaba en ruinas. Ella misma tendría que construir una nueva existencia. Y tendría que hacerlo sola.
Hermione se quedó mirando al profesor en frente de la clase, realmente sin verlo
No tenía nada que la esperara en su época. Aún así, tenía que volver. Su lugar estaba allí y no aquí en los años cuarenta. Era peligroso jugar con la línea de tiempo. Ya había cambiado demasiadas cosas. No, tenía que controlarse. Había luchado por muchas cosas y esta era una más. Otra misión que cumplir. No había lugar a dudas. Tenía que ser fuerte una vez más.
Hermione cerró los ojos y respiró profundamente, tratando de mantener sus emociones bajo control. Tom, había sacudido su determinación mostrándole una vida sin su pena. Él le estaba haciendo todo esto aún más difícil. ¿Esta pesadilla en la que se había visto sumida nunca iba acabar?
De pronto sintió una mano en su hombro. Hermione abrió los ojos y alzó la vista. Longbottom estaba de pie junto a la mesa y la miraba preocupado.
—¿Estás bien? —. le preguntó con voz suave.
Hermione frunció el ceño y miró alrededor del aula de clase. Parecía que Binns ya había terminado su clase. No se había dado cuenta en absoluto. Sus ojos vagaron de nuevo a Longbottom. Luego le sonrió débilmente.
—Sí —. le respondió a su pregunta.
Le permitió que la tomara por el brazo para ayudarla a levantarse. Juntos salieron del aula de clase. Weasley y Lupin los habían esperado fuera de ella. Hermione no pudo evitar darse cuenta de la conversación silenciosa que tenía lugar entre sus amigos. Parecían estar preocupado por ella. Pero ella no podía encontrar nada para aliviar su preocupación en estos momentos. No iba a ser capaz de encontrar las palabras adecuadas para las mentiras que tendría que inventar para hacer eso.
Hermione todavía se sentía bastante deprimida cuando se sentó en el Gran Comedor para la cena. No sentía hambre. Sus amigos estaban tratando de levantarle el ánimo, pero realmente no funcionaba. Se sentía culpable al ver la forma en la que se miraban los unos a los otros con preocupación. Probablemente pensaban que estaba deprimida porque Tom la había "amenazado" durante Encantamientos. Al menos podía ver a Longbottom lanzando miradas desagradables en dirección a la mesa de Slytherin.
La propia mirada de Hermione viajó a la mesa de Slytherin. Sus ojos rápidamente cayeron sobre Tom. Estaba sentado allí y ahora la miraba con los ojos increíblemente grises. Extrañamente Hermione se sintió un poco mejor, sabiendo que de alguna manera estaba cuidándola. Ella le dirigió una pequeña sonrisa antes de levantarse de la mesa.
—¿A dónde vas, Mione? — Weasley le preguntó mientras se llevaba a la boca lo que parecía ser una bola de masa.
Ella trató de sonreír hacia sus amigos. —De vuelta a la sala común. No tengo hambre.
Luego se alejó en dirección a las puertas. Cuando se marchó sólo pudo oír algunas palabras de una nueva discusión entre sus amigos.
—¿Qué le pasa? —. oyó que Weasely preguntaba con voz preocupada.
—¿No te dije ya? ¡Es Riddle! —. Longbottom respondió enfurecido.
Hermione salió del rango de audición y caminó hacia la salida abandonando rápidamente el Gran Comedor. Luego se apresuró en dirección a la sala común de Gryffindor. El pasillo estaba desierto ya que todo el mundo seguía cenando en el Gran Comedor. Sus oscuros pensamientos seguían girando alrededor de su cabeza cuando de pronto oyó que alguien la seguía. Se dio la vuelta y se sorprendió al ver a Tom paseando por el pasillo. De alguna manera Hermione se sintió aliviada al verlo. Se sentía tan perdida en este momento y no quería estar sola por más tiempo.
—¿Por qué te fuiste tan temprano? —. Tom le preguntó en voz baja.
Se puso frente a ella y la miró. Hermione podía ver algo como preocupación tras sus ojos, pero no estaba muy segura. Sus expresiones no eran fáciles de leer después de todo.
—No tengo hambre —. dijo en voz baja mientras lo miraba.
—¿Pasa algo? —. le preguntó con voz suave.
Hermione le sonrió con tristeza. ¿Qué podía decirle?
No, no estoy bien porque mi vida es un montón de fragmentos y estoy rota.
Pero no dijo nada en cambio se acercó a Tom envolviendo sus brazos alrededor de su cintura y se aferró a él con fuerza. Cerró los ojos y hundió la cara en su pecho mientras sentía sus brazos a su alrededor tranquilizándola. Se sentía tan bien, su abrazo. Se sentía tan protegida entre sus brazos, como si sus problemas nunca pudieran alcanzarla aquí.
Después de un rato Tom le besó la frente y luego la tomó de la barbilla y la subió suavemente. Hermione se encontró sonriéndole.
—¿Te sientes mejor? —. le preguntó con su voz melodiosa.
Hermione le sonrió mientras asentía ligeramente. Los ojos grises de Tom brillaron hacia ella, satisfecho con su respuesta. Entonces le tomó de la mano y la condujo por el pasillo en dirección a la sala común. Caminaron a través de muchos corredores del castillo en un cómodo silencio y Hermione estaba increíblemente contenta de que Tom le sostuviera la mano. La hacía sentirse no tan sola.
Cuando llegaron al retrato de la Señora Gorda Tom se volvió hacia ella y la miró. Hermione se sorprendió al encontrar de nuevo preocupación en sus ojos cuando él le sonrió. Por mucho tiempo ella sólo le había asociado emociones negativas. Que ahora la mirara con algo más que odio y desprecio todavía era nuevo para ella. Pero de alguna manera era maravilloso.
Ella le sonrió tímidamente. A pesar de que le gustaba ver esos nuevos sentimientos en su rostro aún no podía evitar sentirse insegura a su alrededor. Todo era tan confuso entre ellos. Tom le extendió una mano y tomó suavemente una de sus mejillas. Hermione sintió un excitante cosquilleo de ardor en su piel, donde su mano le había tocado cuando lo miró a los ojos.
—Sabes, me puedes decir si hay algo que te está preocupando —. Tom le dijo con voz suave.
Hermione lo miró con ojos enormes. Tenía tantas preocupaciones, que no sabría por dónde empezar. Pero de ninguna manera podría decirle a Tom sobre eso. Sería bueno hablar con alguien acerca de sus muchos problemas, pero sabía que tenía que resolverlos sola.
Tom la miró, la preocupación seguía brillando en sus ojos grises. Luego se inclinó hacia ella y rozó sus labios suavemente contra los suyos. Hermione todavía tenía que luchar contra esa sensación de revoloteo en el estómago causado por ese breve contacto, Tom se inclinó nuevamente y luego se volvió hacia el retrato de la Dama Gorda.
—Hormiga aterciopelada —. susurró la contraseña de la sala común.
—Tienes razón, hijo mío —. anunció la Señora Gorda alegremente mientras sus ojos vagaban sobre la figura de Tom, aparentemente disfrutando de lo que veía.
A continuación, el retrato se abrió revelando así el camino a la sala común de Gryffindor. Tom se volvió nuevamente hacia Hermione y ella vio la provocadora sonrisa que ahora tenía en el rostro mientras sus ojos vagaban por su cuerpo.
—Si vuelves a tener pesadillas siempre puedes venir a dormir a mi cama —. susurró con voz suave en su oído después de que se acercara a ella de nuevo.
Luego le dio un suave beso en la mejilla y le lanzó una última sonrisa satisfecha antes de que se diera la vuelta y se alejara con pasos seguros. Una sonrisa se posó en el rostro de Hermione mientras miraba su retirada, entonces se dirigió hacia el agujero del retrato y entró en la sala común de Gryffindor.
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Tom estaba caminando a la sala común de Slytherin, sumido en sus pensamientos. Había reconocido al instante esa expresión en el rostro de Hermione cuando ella lo había mirado en el Gran Comedor. Había habido tanto dolor en sus ojos, tanta desesperanza. La primera vez que le había visto esa mirada había sido en Navidad cuando se había descompuesto en sus brazos. ¿Qué le había pasado?
Ese era otro secreto que Hermione le ocultaba. Aunque éste parecía ser muy importante. Algo le había hecho daño, la había roto. Tom estaba decidido a averiguar qué había sido de ella. ¿Tal vez ahora debería haberse quedado con ella? Pero Hermione todavía estaba un poco insegura en su presencia. Lo sabía y tenía que cambiar eso. Pero no ayudaría a su caso si la obligaba. Así que la había dejado sola por ahora.
Mientras giraba otro pasillo una malvada sonrisa se formó en su rostro al ver a ese grupo de Gryffindors caminando por el pasillo hacia él. ¿No eran los amigos redundantes de Hermione? Los fríos ojos de Tom vagaron por la figura de Longbottom. Recordaba cómo había agarrado a Hermione por la muñeca y la forma en la que había envuelto su brazo alrededor de sus hombros. Tom no toleraría tal comportamiento. Nadie, aparte de él mismo, se le permitía tocarla. Podía sentir como su magia se despertaba y como comenzaba a rabiar con furia dentro de él.
Longbottom era patético. Un mago débil. Realmente, sólo era un tonto inepto. ¿Por qué Hermione insistía en ser amiga de alguien tan idiota? La sonrisa de Tom se ensanchó al ver a Longbottom fruncirle el ceño oscuramente. Estaba acompañado por los otros Gryffindor que Hermione que consideraba sus amigos. El pelirrojo era obviamente un Weasley. El otro era Amarys Lupin. Ese parecía ser un poco más brillante que sus dos compinches. Pero no era realmente una amenaza para Tom. Entonces otra vez, ¿quién era una amenaza para él? Tom sonrió vanidosamente.
Luego levantó una ceja a Longbottom que había dejado de caminar y ahora miraba a Tom provocativamente. ¿Qué es lo que ese idiota creía que estaba haciendo? pensó Tom divertido. Sin duda no era buena idea el desafiarlo. Desde que ese viejo loco le había quitado su varita antes de las vacaciones Tom no había sido capaz de usar sus más oscuras maldiciones. Su mano se moría de ganas por sacar su varita y lanzar algunas de esas maldiciones a Longbottom. Pero sabía que no podía maldecirlo. Hermione sin duda oiría hablar de eso. Pero después de que Tom hubiera visto a Longbottom tocarla había decidido dejar su fachada de cortés estudiante modelo en torno a los chicos de Gryffindor. Tenía que poner a Longbottom en su lugar. Y no podía hacer eso manteniendo su máscara de inocencia. Ahora Hermione no estaba, así que ¿por qué diablos no les hacía un poco de daño a esos idiotas? Tom miró burlonamente a los tres Gryffindors.
—Mira esto, tres Gryffindors. ¡Qué honor! —. sonrió encantadoramente, pero un cruel sarcasmo goteaba en sus palabras.
Era divertido ver a Longbottom estrecharle los ojos. Ese imbécil era tan fácil de fastidiar. Casi demasiado simple en realidad, pensó Tom al ver el enojado color púrpura tomar forma en el rostro de Longottom.
—¿Ves? —. Longbottom le susurró al chico Weasley. —Ya te dije que es un mal pendejo. — luego se volvió hacia Tom y le gritó con enojo: —No voy a repetirme, aléjate de Hermione.
Tom se echó a reír por ese lamentable intento de a amenaza. Luego dijo con voz aburrida: —Sabes, no creo que voy a hacer eso.
¿Qué tan fácil era sacar de quicio a ese idiota? Sólo unas cuantas mentiras y amenazas y Longbottom seguramente trataría de maldecir a Tom. Una excusa perfecta para que Tom lo atacara a cambio. Después de todo, él tenía que defenderse, ¿no?
—No tengo la intención de dejar que te salgas con la tuya con tu comportamiento insolente —. les dijo Tom en un tono ligero.
Como era de esperar la mirada furiosa de Longbottom se volvió aún más oscura. Tom notó que incluso los otros dos Gryffindors ahora lo miraban enfurecidos y un poco sorprendidos también. Bueno, siempre era un shock si la gente a su alrededor de repente viera a su verdadera naturaleza, pensó Tom mientras disfrutaba de esa expresión de honesta indignación en sus rostros.
—¡Deja a Hermione en paz! —. Longbottom gritó con furia. —¡No voy a permitir que le hagas daño!
Tom se burlaba sombríamente de él, —¿Cómo vas a ser capaz de detenerme? Si quisiera hacerle daño, entonces no podrías hacer nada al respecto.
Observó fríamente divertido cómo Longbottom pareció perder el poco control que aún poseía de sí mismo. Incluso si él hubiera querido, Tom no podría haber detenido la mirada de desdén que ahora le lanzaba a Longbottom. Los otros dos Gryffindors todavía lo estaban mirando con sorpresa y shock.
—¡Seriamente hay algo mal contigo, Riddle! —. Longbottom ahora le gritaba con furia. —Hermione no hizo nada. ¡Mantente alejado de ella!
Tom se burló de él de una manera despectiva, —Debes aceptar los hechos, Longbottom. —. susurró el nombre con tanto desprecio que sonó más como un insulto. —Si decido a castigarla por su insolencia, entonces no hay nada que tu o tus amigos puedan hacer al respecto. Realmente no puedes competir conmigo.
Tom esperaba que Longbottom sacara su varita y tratara de maldecirlo, pero de repente el chico idiota sólo se abalanzó sobre él. Agarró a Tom por el cuello y lo estrelló violentamente contra la pared del pasillo. Tom casi gritó de dolor cuando su espalda chocó contra el duro muro de piedra. Los cortes en su espalda aún no se habían curaron completamente. Y ahora le volvían a picar bruscamente. Tom podía sentir que la sangre comenzaba a correr por su piel. Ese dolor combinado con que alguien le estaba agarrando por el cuello estrangulándolo le hizo perder el dominio de sí mismo. Le recordó mucho a cómo lo trataba Carter.
—¡No te vas a acercar a Hermione! —. Longbottom le gritó con furia.
Pero Tom no contestó nada sólo sacó su varita y la blandió con el patrón habitual.
—Lacesso —. susurró Tom.
La maldición oscura salió de su varita y golpeo el pecho de Longbottom. Al instante soltó el cuello de Tom mientras era arrojado hacia atrás chocando contra el duro suelo. Tom se apartó de la pared en la cual había sido empujado. Estaba realmente enojado. Nadie se le permitía atacarlo de esa manera. Blandió su varita y volvió a enviar la maldición lacesso a Longbottom quien ya intentaba levantarse sobre sus pies. La maldición se estrelló contra él y lo envió volando contra la pared opuesta. Tom no estaba realmente sorprendido de ser capaz de golpear a ese estúpido imbécil dos veces seguidas con la misma maldición. Estaba decidiendo qué maldecir usar a continuación cuando vio por la esquina de sus ojos que le lanzaba un hechizo rojo. No tardó mucho en identificar ese básico hechizo. El hechizo Stupefy, por supuesto. Tom rodó los ojos mientras agitaba su varita con pereza. El hechizo rojo cambió su rumbo y se estrelló inofensivamente contra la pared del pasillo al lado de Tom.
Una cruel sonrisa cruel se acurrucó en sus labios mientras dejaba que su mirada vagara sobre la escena delante de él. Weasley ayudaba al todavía sacudido Longbottom a ponerse de pie mientras Lupin apuntaba su varita hacia Tom. Había sido él quien evidentemente le había lanzado el hechizo aturdidor a Tom. Los tres Gryffindors tenían una expresión ridículamente furiosa en sus rostros. Como si pudieran hacerle daño de alguna manera, pensó Tom con altivez. Y ahora que Longbottom estaba de pie otra vez, Weasely y él levantaron sus varitas y apuntaron a Tom.
Longbottom parecía agitado, pero todavía le gritaba a Tom enfurecido, —¡Enfermo bastardo!
Lo cual sólo hizo que Tom se echara a reír a carcajadas. Eso provocó que la ira de Longbottom aumentara aún más ya que ahora agitaba su varita.
—Reducto —. Longbottom gritó, seguido de Weasley —¡Totalus Petrificus! —. Lupin en cambio le lanzó un hechizo no verbal pero tuvo el genio para reconocer el hechizo como un hechizo simple. Los tres hechizos se precipitaron hacia Tom.
Al menos pueden apuntar bien, pensó divertido riéndose oscuramente.
Luego agitó su varita en un pequeño movimiento. Al instante un orbe brillante de color rojo oscuro apareció frente a él. No era muy grande, era del tamaño de una de esas bolas de cristal que se utilizaban en Advinación. El brillante orbe rojo flotaba delante de Tom. Efectivamente las tres maldiciones que los Gryffindors le habían lanzado gravitaron hacia el orbe rojo. Impactaron contra la superficie de la esfera y se fusionaron en ella. La luz roja se intensificó y Tom notó divertido el asombro en los rostros de sus oponentes.
¡Qué patético!, pensó Tom arrogantemente cuando envió su magia a través de su varita hacia el orbe rojo. El orbe le obedeció y corrió hacia los Gryffindors. Cuando el orbe rojo estuvo lo suficientemente cerca Tom movió su varita he hizo que el orbe se detuviera antes de que explotara en un hermoso color rojo. Los tres fueron arrojados por la fuerza detrás del hechizo de Tom. Chocaron contra la dura la pared detrás de ellos. Antes de que pudieran recuperar el aliento Tom volvió a mover su varita para desarmar a sus oponentes. Observó con satisfacción como las varitas volaban de sus tres dueños y aterrizaban con un fuerte chasquido a cierta distancia en el pasillo. Los tres Gryffindors ahora eran completamente incapaces de continuar la lucha. Y a Tom le había servido sólo una simple maldición para hacerlo. Realmente, ¿cómo de patético era eso?
Dio un paso seguro hacia ellos aún mirando divertido la escena frente a él. Los Gryffindors trataban de levantarse antes de que lo miraran con furia. Tom se limitó a sonreírles.
—No creas que esto ha terminado, monstruo —. Longbottom le gruñó.
La sonrisa en el rostro de Tom decayó. Este imbécil nunca aprendería, ¿verdad? Primero tenía la osadía de tocar Hermione y ahora, ¿seguía insultando a Tom? Eso sólo era intolerable, pensó. Podía sentir como su magia se arremolinaba a su alrededor con enojo mientras agitaba su varita.
¡Noceo! le echó un hechizo no verbal a Longbottom.
Brillantes hilos verdes de magia salieron de su varita y volaron hacia Longbottom. Tom observó con satisfacción cómo esos hilos verdes de magia se perdían alrededor del cuerpo de Longbottom. Cuando la magia de Tom tocó el cuerpo Longbottom, éste cayó de rodillas y comenzó a gritar. Una sonrisa cruel se formó en el rostro de Tom cuando vio como el chico se inclinaba por el dolor. Tom apuntó su varita hacia el Gryffindor para mantener la oscura maldición. La sonrisa todavía se levantaba en las comisuras de sus labios mientras observaba cómo Weasley se ponía en cuclillas al lado de su amigo que trataba de ayudarle en deshacerse de los hilos verdes. ¡Qué esfuerzo tan inútil! pensó Tom que aún sentía su magia correr furiosamente a través de su varita hacia Longbottom. El hechizo que le había lanzado era de magia muy oscura, así que dudaba que alguno de esos Gryffindors supieran la real contramaldición de su ataque. Tom sonrió con maldad hacia el Gryffindor que todavía se retorcía de dolor. Pero después de un rato los gritos dolorosos de Longbottom empezaron a aburrir a Tom y él había estado por suficiente tiempo en este pasillo. Todavía tenía cosas más importantes que hacer. Así que puso fin a la maldición antes de que confiadamente guardara su varita en el bolsillo. Los hilos verdes de magia alrededor del cuerpo Longbottom parpadearon y luego se extinguieron. El Gryffindor dejó de gritar de dolor y sus dos amigos lo sostuvieron, para que no se cayera.
—¿Tienes una idea del hechizo que acabas de usar? —. los ojos de Tom vagaron a Lupin que era quien había hecho la pregunta en tono sorprendido.
Levantó una ceja, un poco impresionado. Ese chico Lupin realmente sabía un poco. El hechizo Noceo era un hechizo muy oscuro y no era muy conocido. Pero la honesta indignación en la voz de Lupin era absurda.
Tom le sonrió cruelmente al chico cuando dijo en un tono sarcástico: —Créeme no es nada en comparación con mis maldiciones más dolorosas —. su sonrisa se amplió cuando añadió con arrogancia: —¿Quieres que te enseñe?
Tom se rió por lo bajo al ver la indignación en los ojos de Lupin. Luego le echó una última sonrisa maliciosa a los tres chicos de Gryffindor antes de que se diera la vuelta y se alejara tranquilamente.
Sin duda fue entretenido.
Tom dejó a los Gryffindors y salió con confianza en dirección a las mazmorras. Después de esa demostración de su poder esos chicos de Gryffindor seguramente dejarían de oponerse entre él y sus planes para ganarse Hermione. Y si no, pensó Tom mientras una sonrisa aterradora se formaba en su rostro, no tenía ningún problema en explicarles una vez más por qué era una mala idea enojarlo.
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Hermione yacía acurrucada en su cama de Gryffindor. Las cortinas estaban corridas y disfrutaba del silencio en el dormitorio. Las otras chicas aún estaban en el Gran Comedor y, por suerte, Hermione no tenía que soportar su cháchara. En estos momentos se sentía sorprendentemente tranquila y sin oscuros pensamientos rondando más por su mente. En Historia de la Magia se había sentido muy alicaída. Su situación aquí en el pasado le había parecido tan desesperada. Pero desde que Tom la había abrazado tan reconfortantemente la desesperanza de alguna manera la había dejado.
Una de sus manos rozaba inconscientemente la mejilla en la que Tom le había besado mientras su otra mano sostenía el manuscrito de Peverell para poder leerlo. Las palabras de Peverell todavía eran difíciles de entender. Y de ninguna manera había mencionado la Varita de Saúco. Después de un rato Hermione se encontró con una de sus notas personales. Era de alguna manera extraña y ella no sabía qué como leerlo.
¡Esos ridículos idiotas! ¡A que tal absurda ignorancia me enfrento! ¡Es como tirar perlas a los cerdos!No hay insultos suficientes para hacer justicia a la tontería de esas personas.
Después de haber creado esa obra maestra, mi perfecto espejo, viajé a la ciudad de Chester para mostrárselo a mis compañeros magos, ya que quería compartir mi brillantez con ellos. Chester es conocido en todo el país por sus conocimientos y sus logros en el arte mágico, así que estaba convencido de que el pueblo mágico reconocería mi creación como lo que era, un objeto mágico en la perfección.
¡Pero no lo hicieron! Estaban cegados por la rigidez de su propia menos dotada comprensión de las artes mágicas. Así que hablaron mal del noble nombre de los Peverell y hasta llamaron mi creación el mal diabólico. ¿No podían ver la belleza detrás de mi maldición? Yo estaba escandalizado por su estupidez y terquedad ya que esperaba que esos seres llamados eruditos fueran más abiertos de mente. Pero ellos insistieron en que mi forma de magia era de naturaleza asquerosa y pervertida que los llevaría directamente al mismísimo infierno. Incluso quería que abjurara(1). ¡Qué ridículo! Yo nunca haría tal cosa. Salí de esa ciudad y de sus repugnante habitantes estrechos de mente. Nunca volvería a su comunidad. Mi forma de magia, liberada de sus centenarias restricciones, era el único camino verdadero. Así que decidí poner fin con la gente mágica y les di la espalda.
Ahora que ya no tenía que seguir el juramento que juré a la comunidad mágica, estaba finalmente libre. Trabajaría inflexiblemente en sacudir el yugo que tenían hace demasiado tiempo por esa maravillosa fuerza, llamada Magia.
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Tom se escabulló a la sala común de Slytherin. Ya era después de toque de queda, pero todavía tenía algo de lo que ocuparse. Poco a poco se estaba convirtiendo en un inconveniente, las reuniones con sus caballeros, pensó Tom mientras caminaba por los oscuros pasillos. Se preguntaba si realmente valía la pena un esfuerzo más. Pero esos idiotas seguían siéndole útiles. Para que se mantuviera de esa manera Tom necesitaba mantener la influencia que tenía sobre ellos. Aunque influencia no era la palabra adecuada ...
Más bien controlarlos totalmente, pensó mientras una siniestra sonrisa jugaba alrededor de su boca.
Rápidamente llegó al cuarto piso y se encontró con sus caballeros que ya lo estaban esperando ante la entrada de la sala de requerimientos, como debía ser. Tom se acercó a ellos y vio con satisfacción cómo le daban su lugar, hasta inclinaban ligeramente sus cabezas en muestra de su respeto.
—Abre la sala —. le ordenó Tom a Avery.
Avery obedeció al instante y se puso a andar de aquí para allá en frente de la entrada a la sala de requerimientos. Él sabía lo que esperaba que la habitación pareciera. Después de haber pasado por la entrada por tercera vez una puerta de madera apareció donde momentos antes sólo había estado un simple muro de piedra. Entonces Avery dio un paso adelante y abrió la puerta para que Tom pudiera entrar en el interior. Tom entró y dejó que su mirada vagara sobre la sala. Era una habitación bastante grande. El suelo estaba alicatado con negras y brillante baldosas y las paredes estaban talladas de rugosa piedra. A cada lado de la habitación habían enormes ventanas, lujosamente decoradas que dejaba que los últimos rayos del sol cayeran agonizando en la habitación, convirtiéndose en una luz roja sangre. Del techo colgaban lámparas que ardían en una llama parpadeante
Tom se acercó al único asiento en la sala justo debajo de una de las ventanas. Se sentó cómodamente en la silla de madera, aunque en realidad se parecía más a un trono. Estaba hecho de oscura madera y finas figuras estaban talladas en ella. Los apoyabrazos parecían dos serpientes que se encrespaban donde ahora Tom apoyaba un brazo. Su mirada vagó sobre el grupo de sus seguidores. Se habían reunido frente a él a una distancia respetuosa y lo miraban con admiración, Tom notó divertido, que también sentían una buena cantidad de miedo.
—Mis caballeros —. dijo Tom mientras miraba a los Slytherins delante de él. —Ha pasado demasiado tiempo desde que tuvimos nuestra última reunión —luego añadió con voz fría mientras deja vagar sus ojos amenazadoramente sobre sus seguidores: —Espero que se mantuvieran fieles a nuestros ideales mientras tanto.
Una fría sonrisa se alzó en las comisuras de su boca al oír el temor mientras sus caballeros murmuraban afirmaciones.
—Bien —. dijo Tom. —Malfoy, un paso adelante. Tengo un trabajo para ti.
Malfoy dejó el grupo y se acercó lentamente a Tom y luego se detuvo, todavía a cierta distancia de Tom. Tom cogió del bolsillo interior de su túnica la copia doblada del Diario Profeta de hoy. Luego le ofreció el periódico a Malfoy para que lo tomara. El chico de cabello rubio lo cogió y luego miró a Tom con expectación.
—Le han robado algo a un cierto Nicolas Flamel —, Tom dijo a la ligera. —Quiero que averigües todo lo que puedas acerca de ese robo, sobre todo qué es exactamente lo que le han robado.
—Por supuesto —. dijo Malfoy con voz suave.
Tom le hizo un gesto para que volviera a dar un paso atrás. Malfoy inclinó la cabeza con elegancia antes de volver a unirse a los otros Slytherins. Tom no estaba seguro de si realmente Hermione estaba involucrada con el robo en el apartamento de Flamel pero tenía la intención de averiguarlo. Malfoy tenía, a través de su familia, excelentes contactos no sólo en el mundo político, sino también en la división de Aurores.
Tom se volvió hacia el grupo de chicos delante de él mientras una cruel sonrisa se formaba en su rostro. —Ahora vamos a comenzar con nuestra pequeña reunión.
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(1)Adjurar: Retractarse, renunciar alguien a una creencia o a un compromiso públicamente.
