Título: Ultima Ratio
Disclaimer: No soy dueña de Harry Potter y todo lo reconociblepertenece a J.K.Rowling. Esto es una traducción de Ultima Ratio, la autora original es Winterblume.
25
Separando Caminos
—Sólo un poco más —susurró Hermione mientras gotas de sudor corrían por su frente.
En ese momento estaba de pie en medio de una clase desierta, con los ojos cerrados por la concentración, tratando de aprovechar toda su magia. Tenía que controlar conscientemente cada gramo de poder dentro de ella. Sólo teniendo su propia magia completamente en control, podía encontrar esa extraña que estaba enterrada profundamente dentro de ella. Eso era lo que estaba buscando: La Magia Mayor.
En la última clase de transfiguración, de repente la Magia Mayor había elegido mostrarse de nuevo. A Hermione no le gustaba mucho que ésta pareciera tener mente propia. Claro, hasta el momento la Magia Mayor no le había hecho daño de ninguna manera, más bien la había ayudado, pero Hermione preferiría tener algún tipo de control sobre ella.
Así que ahora que por hoy las clases habían terminado, había decidido tratar de hacer algunos progresos con la Magia Mayor. De esta manera ella también convenientemente pasaba por alto el hecho de que podía haber seguido una estrategia mejor y más sensata, terminando de leer el primer manuscrito de Peverell. Su último capítulo fue sobre la Varita de Saúco, después de todo. Tal vez ahora Peverell profundizaría en la magia tras la varita.
Sí, tal vez, pensó Hermione vacilante. Tal vez revelaría por qué había sido enviada atrás en el tiempo y el cómo iba a ser capaz de volver. Así que, ¿Por qué no terminaba el libro? Entonces nuevamente Hermione no podía entender el libro de todos modos y había decidido leerlo más tarde. Sí, ese era el plan.
Estás evitando el libro, ¿no? Una voz pequeña pero persistente interrumpió su línea de pensamiento con reproche.
No, no es eso, Hermione pensó mientras trataba de calmar la culpa que se alzaba en su interior. Tenía la intención de leer el libro. Solamente no había encontrado el momento para hacerlo.
¿Por qué no ahora mismo? La misma voz exigió saber.
Bueno, porque en este momento trataba de encontrar la siempre evasiva Magia Mayor. Se alegraba de haber encontrado una excusa, Hermione ignoró por completo la verdadera razón por la que, desde ayer, no había tocado el manuscrito de Peverell.
El manuscrito era peligroso. ¿Y si seguía leyendo y luego realmente encontraba una manera de utilizar la magia para volver a su época? ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Viajar de nuevo a través del tiempo sólo para terminar en un lugar donde no quería estar?
Hermione apretó sus manos en puños y apartó de nuevo sus vagos pensamientos. Ella los ahogó junto con la culpa y se concentró de nuevo en su tarea. Cuando llamó a su magia, volvió a notar el pulso habitual de poder impregnado alrededor del castillo de Hogwarts y sus habitantes. Sospechaba que esto era efectivamente los hechizos que protegían el castillo. Parecía influir simplemente en todo.
Con una excepción, Hermione pensó determinada cuando finalmente encontró la Magia Mayor escondida debajo de la suya propia. Le dio un codazo con cautela al extraño poder. Quería despertarla de nuevo como lo había hecho durante su clase de transfiguración, pero cuando ella la tocó, no pasó nada. Hermione puso un poco más de poder tras su enfoque para tratar de aprovechar la Magia Mayor. Estaba insensible y no estaba en absoluto impresionada por sus intentos de despertarla. No funcionó nada.
Los ojos de Hermione se decepcionaron. Luego abandonó su dominio sobre la Magia Mayor. El momento en que su mano tocó el poder que disminuía, éste se fue en un pequeño tirón. Ella se puso rígida y contuvo la respiración cuando entonces la Magia Mayor comenzó a moverse y al mismo tiempo a crecer. No pasó mucho tiempo para que se envolviera completamente alrededor de ella. Al igual que durante la clase de transfiguración, Hermione sintió como estaba desvinculada de las salas del castillo.
Esta vez no fue tomada por sorpresa por la conducta de la magia, sino que trató de mantenerla. Era difícil y le costaba mucha fuerza de voluntad, pero se las arregló para mantener la Magia Mayor envuelta alrededor de ella.
La respiración de Hermione ahora era irregular, como si acabara de correr una milla. No había manera de que ella fuera capaz de sacar su varita y realizar un hechizo. Lo cual era lo que originalmente había querido probar.
Mantener la Magia Mayor para que no se derrumbara era increíblemente agotador. Utilizar un hechizo ahora era imposible.
Cada vez se hacía más difícil mantener el estado actual de la magia envuelta a su alrededor. Con un suspiro, Hermione finalmente no pudo contenerla por más tiempo. Ella la soltó y al instante la Magia Mayor se rompió otra vez hasta que se ocultó por completo. Cuando la Magia Mayor se marchó, Hermione se tambaleó y tuvo que agarrarse al borde de una mesa cercana para no perder el equilibrio. Se sentía mareada y su respiración aún estaba acelerada, pero ahora una sonrisa de triunfo apareció en su rostro. ¡Lo había logrado! Era posible después de todo poder utilizar la Magia Mayor e incluso controlarla en algún grado. Lo único que necesitaba era tiempo y entrenamiento.
Se enderezó y respiró profundamente. Sin duda, sería bueno tener algo como la Magia Mayor a su disposición. Pero para ello tendría que practicar la suya.
Lo que también sería mucho más seguro era la lectura del manuscrito de Peverell. Ella no quería admitir su renuencia a seguir leyendo el libro y no permitió que su culpable conciencia disfrutara de ese pensamiento durante mucho tiempo.
A propósito, ella realmente planeaba terminar el manuscrito. Honestamente. Pero no hoy… Ahora estaba realmente cansada de su intento de usar la Magia Mayor. Así que Hermione sacó su varita y la agitó hacia la puerta de la clase, eliminando así todo el bloqueo y los conjuros que había puesto antes. Luego salió de la sala.
Decidió buscar a Tom ahora. No lo había visto desde que las clases habían terminado.
_._._._._
Algún tiempo después, Hermione seguía caminando por el castillo. Ya había estado en la biblioteca, la sala de los requisitos e incluso bajó a las mazmorras, pero no encontró a Tom en ningún lugar. Era extraño. Él le había dicho después de DCLAO que hoy se reunirían más tarde, pero hasta ahora no había visto ni un pelo de él. De alguna manera su ausencia la hacía sentir muy incómoda. Ella sabía que no había ninguna razón para estar tan inestable sólo porque no lo podía encontrar inmediatamente. Probablemente había olvidado su cita y ahora estaba sentado en algún lugar u otro, leyendo un libro o volviendo a ordenar a sus estúpidos seguidores alrededor.
Aún así, Hermione no pudo evitar sentirse extrañamente preocupada mientras daba la vuelta a una esquina y entraba en otro pasillo iluminado por el sol que caía a través de las numerosas y enormes ventanas que flanqueaban un lado. Ella se encontraba actualmente en la primera planta, pero tenía la intención de subir las escaleras hasta la Lechucería. Estaba desesperada y no tenía idea de dónde más buscar a Tom, porque sentía que ya había revisado por todas partes. Así que Hermione caminó por el pasillo.
Sus pasos apresurados resonaron muy alto sobre el suelo de piedra. Al pasar por una de las ventanas su mirada vagó hasta el Gran Lago, mientras desviaba la mirada del tranquilo paisaje algo atrajo su mirada. Se detuvo en seco y miró por la ventana. Alguien estaba sentado a la orilla del Gran Lago, justo debajo de ese enorme sauce. A pesar de que esa persona estaba demasiado lejos para reconocerla, Hermione sabía que era Tom. Ella frunció el ceño. ¿Qué estaba haciendo allí? Todavía era Enero y afuera hacía bastante frío. Mientras miraba por la ventana tuvo de nuevo esa sensación de que algo no estaba bien.
Hermione se volvió en el acto y se dirigió de vuelta en la dirección por la que había estado viniendo. No pasó mucho tiempo hasta que llegó al vestíbulo, abrió la puerta y salió. El aire frío le golpeó inmediatamente y ella sacó su túnica del uniforme apretándola a su alrededor antes de continuar su camino hacia el Gran Lago. Pronto pudo ver el imponente árbol de sauce que estaba en la orilla. La persona, vestida con un uniforme negro de Hogwarts, seguía sentado al pie del gran árbol, inmóvil.
El suelo estaba helado y una fina capa de nieve era aplastada bajo sus pies mientras Hermione se apresuraba hacia ese lugar. Finalmente estuvo lo suficientemente cerca como para ser capaz de reconocer a la persona, con sobresalto se dio cuenta de que realmente era Tom. Estaba sentado con la espalda apoyada contra el tronco del árbol, dejando que su cabeza colgara en un gesto muy característico. Por ahora Hermione estaba muy alarmada porque sabía que algo estaba mal con Tom. Rápidamente llegó hasta él hasta que estaban frente a frente y lo miró fijamente. No había demostrado haberse percatado de su presencia, pero entonces, muy lentamente, Tom levantó la cabeza y la miró. Hermione se estremeció cuando vio el odio ardiendo en sus hermosos ojos grises.
—¿Pasa algo? —Le preguntó preocupada, frunciéndole el ceño.
Hermione se tensó cuando vio la ira filtrándose en su mirada.
—Él no puede hacer eso —Tom de repente silbó con rabia apenas contenida—. Él no tiene derecho a hacerlo.
Él siguió mirándola mientras el enojo se hacía visible en todo su hermoso rostro. Era inquietante, ya que Tom normalmente tenía sus emociones firmemente en control. Incluso podía sentir los rastros de su magia oscura girando alrededor de él.
Como él no dijo nada más, sino que sólo la miraba, Hermione levantó las cejas inquisitivamente y trató de animarlo a seguir adelante.
—¿Tom?
Él rompió el contacto visual con ella y volvió la cabeza a un lado. Hermione frunció el ceño, pero luego se agachó delante de él. Todavía sin obtener ninguna reacción del chico.
—¿Qué pasó? —Le preguntó mientras escaneaba su figura.
Lo vio temblar ligeramente al oír la pregunta. Pero como aún no respondió, Hermione le puso suavemente una mano en el hombro.
Lo que le sucedió le ha perturbado mucho, pensó preocupada mientras lo miraba.
Después de un rato volvió a hablar y esta vez la rabia lo había abandonado y su voz era entumecida cuando le dijo con vacilación, sin mirarla: —Se enteró de que dejé el orfanato durante las vacaciones.
Los ojos de Hermione se abrieron en shock cuando lo miraron fijamente. Ella supo de inmediato de quién estaba hablando Tom: Dumbledore.
Una conversación que habían tenido durante las vacaciones de Navidad surgió en su mente. Había sido un día después de haber encontrado a Tom en el orfanato cuando él le había dicho que era Dumbledore quien le obligaba a permanecer en ese lugar durante las vacaciones. También le había dicho que sería expulsado una vez Dumbledore descubriera que lo abandonó.
Hermione se sentó al lado de Tom. Había nieve en el suelo bajo el árbol, todavía el lugar estaba húmedo y frío, pero a ella no le importaba mientras miraba al chico. Él evitaba sus ojos y observaba vagamente el espacio. Su rostro estaba en blanco y Hermione no pudo decir qué estaba pensando ahora mismo, pero podía ver que sus manos temblaban ligeramente. Se movió un poco más hacia él y le preguntó en tono ansioso.
—¿Qué te ha dicho, Tom?
Él no respondió de inmediato. Pero luego volvió lentamente la cabeza y la miró. Su rostro estaba en blanco, pero la ira ardía en sus ojos. El corazón de Hermione se apretó cuando vio la desesperación e incluso el miedo detrás de la ira.
—Él... Él va expulsarme de la escuela —dijo finalmente en tono frío.
Hermione lo miró con sorpresa. Dumbledore no podía hacer eso. Sabía que Tom tendría que irse si iba a ser expulsado de Hogwarts. Se sintió enferma al recordar cómo lo había encontrado en el orfanato. Había estado tan lastimado… Una imagen de Carter con un cinturón en la mano manchada de sangre pasó por su mente. Una feroz resolución comenzó a apoderarse de ella. ¡No iba a permitir que eso continuara!
Hermione ignoró la completa falta de emoción en su rostro, se acercó a Tom y tiró de él hacia ella antes de echarle los brazos al cuello. No había manera de que ella le permitiría a Tom ser enviado a ese repugnante lugar, pensó con sombría determinación. Podía sentir cómo Tom lentamente deslizaba sus brazos alrededor de su cintura antes de inclinar la cabeza hacia abajo, apoyándola en su hombro.
—No puedo volver —susurró. Su voz era fría, pero Hermione todavía podía oírla temblar ligeramente.
Pasó una mano suavemente por su pelo oscuro y luego le dijo en un suave tono, pero al mismo tiempo firme: —Te lo dije antes, ¿cierto? No voy a dejar que vuelvas allí.
Él no contestó nada, pero Hermione podía sentir sus brazos estrechándola más.
—No vas a ser expulsado —Trató consolarlo—. Y aunque lo fueras, todavía no te permitiría volver al orfanato.
Volvió su cabeza y luego colocó un beso en su mejilla antes de terminar el abrazo. Cogió su mano entre las suyas y la sostuvo. Su mirada fija otra vez vagó sobre él con preocupación. Él evitó mirarla, con la cabeza agachada. Hermione frunció el ceño. Era horrible verlo así.
Podía sentir la ira hirviendo en ella. Tom había sufrido en ese asqueroso orfanato durante el tiempo suficiente, no había manera de que ella permitiera que nadie lo llevara allí. Ni siquiera Dumbledore, pensó furiosa. ¿Qué estaba pensando el hombre de todos modos? ¿No sabía acerca de Carter? Hermione estaba decepcionada con el viejo profesor y muy furiosa. De ninguna maldita manera iba a dejar que Tom regresara a ese lugar terrible.
Carter nunca volvería a levantarle la mano a Tom.
Hermione tuvo que respirar profundamente para conseguir que sus ardientes emociones estuvieran de nuevo bajo control. Esto lo estaba haciendo Dumbledore después de todo, por lo tanto necesitaba una mente tranquila para encontrar una manera de resolver el problema. Con fuerza, al menos, no sería capaz de lograr ninguna cosa.
Su mirada vagó de nuevo a Tom y ella inconscientemente se mordió el labio. Todavía tenía su cabeza colgando hacia abajo y no la miraba. ¿Qué era lo que le daba a Dumbledore tanto poder sobre Tom? Él era capaz de quitarle la varita al chico todas las vacaciones del verano y obligarlo a regresar al orfanato. Ahora podría expulsar a Tom. Dumbledore tenía algo que usaba para amenazarlo. Necesitaba saber qué era.
—Tom —Hermione comenzó suavemente, aunque ahora había una cierta cantidad de severidad en su tono—, tienes que decirme porqué Dumbledore podría expulsarte así como así.
Tom levantó la cabeza un poco y ahora la miraba con sus ojos grises. Todavía podía ver la insoportable desesperación en sus ojos, pero ahora también había recelo. Obviamente, él no quería decirle.
—¿Por qué te obliga a regresar al orfanato en cada descanso? ¿Por qué puede quitarte la varita? —Hermione nuevamente le preguntó, esta vez su tono era estricto—. ¿Qué es lo que tiene sobre ti, Tom?
La chica pudo ver cómo Tom retrocedía, alejándose un poco. El recelo en sus ojos se intensificó, entonces él apartó la mirada. Fuera lo que fuera, Dumbledore lo utilizaba para chantajear a Tom, él era muy reacio a confiar en ella. Hermione se inclinó un poco hacia adelante, luego ahuecó las mejillas de Tom en sus manos y con cuidado le levantó la cabeza para que él se viera obligado a mirarla de nuevo.
—No te puedo ayudar si no confías en mí —dijo en voz baja mientras miraba fijamente a sus ojos.
Todavía no hablaba, pero Hermione necesitaba saber lo que había sucedido. No podría convencer a Dumbledore de dejar que Tom permaneciera en Hogwarts si ella no tenía toda la información que necesitaba.
Lo soltó de nuevo y lo observó con atención antes de decir: —Sea lo que sea que hiciste, me puedes decir. Yo no te abandonaré.
Ella frunció el ceño cuando Tom lentamente exhaló. ¿Y si tenía miedo de que ella se fuera si se enteraba de lo que había hecho? Hermione todavía podía ver la reticencia en sus ojos antes de que él se volviera para romper el contacto visual y se quedara mirando sus manos. Pero entonces, de repente, habló con voz suave.
—No tienes ni idea de lo mucho que significaba para mí saber que era un mago —Tom la miró. La desesperación aún ardía en sus ojos mientras continuaba—. Crecí en ese orfanato y siempre supe que era diferente, pero no lo entendía. No sabía qué era lo que me hacía tan diferente. Tenía este poder extraño y podía hacer que las cosas sucedieran a mi alrededor, pero yo no sabía por qué.
» Me dijeron que estaba loco, que debería estar encerrado —Tom miró a Hermione. Parecía dudar en seguir adelante, pero luego decidió continuar, ahora con un tono duro en su voz—. No me importaba lo que pensaban de mí, ellos no importaban, no podían entender. Pero no quería que me arrojaran a un psiquiátrico tampoco.
» Y entonces... Ya sabes... Dumbledore apareció en el orfanato. Él fue el que me dijo lo que yo era. Cuando me reveló que el extraño poder dentro de mí era magia, de repente todo parecía caer en su lugar, todo tenía sentido. Así que dejé el orfanato y me fui a Hogwarts —Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Tom—. Fue la felicidad de ser capaz de salir de allí, pero Hogwarts era aún mejor. Finalmente yo no tenía que fingir u ocultarme por más tiempo.
» Mi primer año pasó inmediatamente, pero luego fui enviado de vuelta al orfanato. No se me permitía permanecer aquí durante las vacaciones. —Había una cierta cantidad de amargura en su voz cuando dijo eso—. Yo no quería volver. No quería renunciar a mi libertad.
» Estar allí era como si nunca me hubiera ido. La Sra. Cole todavía me odiaba, los otros niños todavía me despreciaban y durante el año se habían olvidado de lo que yo podría hacerles —Hermione notó la frialdad que de repente se filtraba a través de su voz—. Pero yo podría haber vivido con todo eso si no me hubieran prohibido usar magia.
» Me cortaron todo. —Tom silbó, la acusación clara en su tono.
Hermione tomó su mano entre las suyas. Ella podía entender lo que estaba tratando de decir. Obviamente, había estado solo y se había sentido abandonado. Cuando sintió su mano en la suya, Tom pareció calmarse un poco. Él la miró y Hermione sonrió suavemente para animarlo a seguir adelante. Obviamente era difícil para él ser abierto con ella ahora mismo. Estaba segura de que nunca antes había confiado en alguien como lo hacía ahora. Podía oírlo suspirar suavemente. Luego desvió la mirada de ella, pero aún continuó su historia. Aunque su voz era tan suave que apenas podía entenderla.
—Un día, estábamos en el patio exterior del orfanato y nadie nos observaba. Los otros niños decidieron... Burlarse de mí otra vez. Hasta entonces siempre me había contenido a mí mismo, pero no se detuvieron... Y perdí el control.
Hermione lo miró preocupada. Tom aún no se encontraba con sus ojos. Un presentimiento se construyó en ella. Este sentimiento incluso se intensificó con la siguiente declaración del chico.
—Yo siempre tenía mi varita conmigo a pesar de que sabía que no podía usarla.
Hermione trató de suprimir el mal presentimiento y preguntó en tono vacilante: —¿Qué hiciste?
Tom la miró a los ojos cuando dijo en un tono completamente desprovisto de cualquier emoción: —Saqué mi varita y maldije a uno de los niños.
Hermione frunció el ceño. Eso era malo. Estaba prohibió el uso de la magia en menores de edad. Así que Tom, al usar la magia de esa manera, se habría puesto en problemas. Y había utilizado la magia delante de muggles. Eso era muy malo.
—Ya veo, las salas del Ministerio se dieron cuenta del uso de la magia. Pero eso todavía no explica por qué Dumbledore puede chantajearte. —Hermione frunció el ceño. Eso no explicaba nada a menos que...
Ella lo miró con dureza: —¿Qué hechizo usaste?
Tom la miró fijamente durante un rato. Su rostro estaba cubierto por una máscara en blanco, pero Hermione podía decir que estaba considerando la posibilidad de decirle. Sus ojos grises la miraron y aunque Hermione le devolvió la mirada, ella no era capaz de decir qué estaba sintiendo en ese momento. Sus ojos eran fríos, pozos grises que le enviaron escalofríos como dardos por su espina dorsal. Luego, después de un largo rato, pareció haber decidido si decirle la verdad o no. Abrió la boca y dijo con voz suave pero completamente controlada.
—Haz Zoubar.
Los ojos de Hermione se abrieron en estado de shock.
¿Haz Zoubar? Dejó de respirar mientras examinaba a Tom con incredulidad. ¡Él no usó esa maldición a los once años! Hermione tenía la mala suerte de conocer la maldición. Era magia muy profunda y oscura. Era una maldición diseñada para transformar temporalmente el odio de una persona en poder mágico, para luego atacar al oponente causando dolor y lesiones graves. Era similar a las maldiciones Imperdonables que también se basaban en el estado emocional de la persona quien la echaba. Sólo podía ser utilizada cuando el lanzador tenía realmente la intención de dañar, poseer o incluso matar.
Tenía otra similitud con las Imperdonables: El uso de esa maldición valía un billete de ida directamente a Azkaban. Era tan mala como las Imperdonables, aunque no era tan ampliamente conocida. Probablemente debido al hecho de que el lanzador necesitaba una buena cantidad de habilidad para lanzarla. Cuando Hermione miró a Tom, tenía una sensación de hundimiento en el estómago. No sabía qué decir a continuación.
Cuando ella no reaccionó ante esta revelación, además de mirarlo. Tom trató de explicarse: —Estaba tan enojado en ese entonces que solo perdí el control.
Una arruga apareció en el rostro de Hermione. Entonces ella dijo, ahora sin suavidad en su voz: —Pero, Tom… ¿La maldición Haz?
Tom la miró, pero no dijo nada mientras Hermione ahora lo miraba sombríamente. ¿Por qué Tom siempre necesitaba usar magia oscura en los demás? Ni siquiera iba a preguntarle cómo se las había arreglado para encontrar un libro que hablara sobre esa magia oscura cuando solo había tenido once años.
—¿Qué pasó después? —Entonces ella le preguntó con voz ronca. Allí estaban los primeros signos de ira que se acumulaban en ella.
—Fallé el hechizo. —Tom respondió, su tono de voz era nivelado.
—¿Qué?
—Al principio funcionó como debería haberlo hecho —dijo con voz suave, aunque sus ojos volvieron a apartarse de ella—, pero entonces de alguna manera la maldición se rompió y la magia arremetió contra el otro niño. A mí también me golpeó y me desmayé. Lo siguiente que recuerdo es que me desperté en San Mungo.
Él instantáneamente miró a Hermione, pero al ver el ceño fruncido por el enojo en su rostro, rápidamente desvió la mirada de nuevo.
—Un montón de gente quería hablar conmigo —continuó con su relato—, Aurores, funcionarios del Ministerio. Me interrogaron. Me dijeron que magia oscura había sido utilizada en las instalaciones del orfanato. Me preguntaron lo que sabía sobre el incidente. Mentí y les dije que no podía recordar nada.
—¿Y te creyeron? —Hermione preguntó escandalizada.
Tom la miró y luego dijo en tono vacilante: —No estoy seguro. Pero al menos nunca sospecharon de mí. Yo también había sido golpeado por la maldición cuando rebotó. Y todavía era un estudiante de primer año en ese entonces. Estaban convencidos de que nunca ningún primer año podría realizar esa maldición porque…
—… porque es demasiado poderosa. —Hermione terminó la frase por él en voz baja.
—Sí. —Tom inclinó la cabeza.
—Pero eras culpable —dijo con enojo. Ahora podía sentir su magia corriendo furiosamente, reflejando la revoltosa emoción dentro de ella. Aún así, trató de controlar su aumento de temperamento.
Tom no contestó nada a su última declaración por lo que Hermione preguntó, su voz era aguda y fría: —¿Por qué no le preguntaron a los otros niños? Ellos podrían haberlo dicho.
Tom obviamente podía ver su cólera aproximándose, pero aún así le respondió con voz firme: —Cuando los Aurores llegaron al orfanato, me encontraron a mí y al otro niño inconsciente en el patio. Como era un orfanato muggle al instante obliviaron a cada uno de los niños, ese es el procedimiento estándar en este caso.
Los ojos de Hermione se endurecieron.
—¿Así que nadie fue capaz de decir que fuiste tú quien lanzó la maldición? —Le preguntó con indignación.
—Sí.
—¿Qué pasó con el niño que atacaste? —Su voz era entrecortada.
—Cayó en coma. —Tom respondió con un tono completamente carente de emoción.
En la boca de Hermione se formó una delgada línea mientras miraba a Tom con ira.
—¿Volvió a despertarse? —Su voz ahora era tan fría como el hielo.
—No —susurró.
Hermione lo miró fijamente. No podía detener más su temperamento y el enojo la bañó cuando finalmente entendió las consecuencias que conllevaban las acciones de Tom.
—¿Sabías lo podría suceder cuando lanzaste la maldición? —Le preguntó en voz baja y apenas controlada.
—No —aseguró Tom rápidamente—. No sabía lo mucho que podía hacer la maldición.
—Y, sin embargo, la utilizaste. —Fue su respuesta abrupta.
Tom la miró y ella podía ver las emociones arremolinándose en sus ojos, pero en este momento, a ella no le importaba cómo se sentía. Sólo lo miró con furia y tuvo que luchar para no perder la compostura. Ella no iba a preguntarle si se sentía culpable por haber maldecido a ese niño inocente. De alguna manera ya sabía la respuesta a esa pregunta.
—¿Dónde entra Dumbledore en todo esto? —Le preguntó en cambio secamente.
—Llegó al hospital cuando escuchó lo que había pasado —explicó Tom en voz baja—. Entonces quiso hablar conmigo, creo que usó Legeremancia… No sé, no sabía nada de ese tipo de magia en aquel entonces. Él no me entregó a las autoridades, sin embargo, cuando se enteró de lo que había hecho, me hizo prometer que nunca utilizaría ese hechizo de nuevo…
Hermione resopló con ironía.
—… y me dijo que si quería quedarme en Hogwarts, tendría que seguir sus reglas. Así que en cada descanso de verano me quitaba la varita antes de volver al orfanato.
Tom terminó su discurso y miró a Hermione. Ella lo estaba mirando de manera muy sombría.
Esto explica mucho, pensó, todavía enfurecida por lo que Tom le había dicho. La maldición que había usado estaba a la par con los tres Imperdonables, y Dumbledore sabía lo que Tom había hecho. Si se decidía a decírselo a los Aurores, ser expulsado de Hogwarts sería el menor de los problemas de Tom.
A pesar de que Tom había sido un niño cuando había utilizado la maldición, los Aurores seguramente comenzarían a investigar. Hermione sabía que Tom tenía un buen número de esqueletos en su armario, no podía permitir que los Aurores investigaran en su vida. De vuelta a su período de tiempo nunca había oído hablar de este incidente. Ahora ella se preguntaba por qué Dumbledore no le había dicho esto a Harry durante sexto año. Diablos, en realidad se preguntaba por qué había acallado todo el asunto. Simplemente era detestable.
No era tanto el hecho de que Tom hubiera usado tan horrible magia oscura lo que la sorprendía ahora. Siempre había sabido de lo que era capaz de hacer. Ni siquiera era el hecho de que le había hecho daño permanentemente a ese niño. Por supuesto, era terrible lo que había hecho y estaba disgustada por el hecho de que él hubiera destruido el futuro de ese niño. Lo que realmente le molestaba era la idea de que Tom ya sabía cómo utilizar esa maldición a la edad de once años. Hermione ni siquiera sabía que algo como esa maldición existía a los once. Por no hablar de usarla.
Sus ojos destellaron furiosamente cuando miró a Tom.
¿Qué estaba mal con él?
Sabía muy bien que había algo oscuro y siniestro dentro de él, pero ahora parecía que ese lado malo siempre había estado allí. Al parecer, no lo había desarrollado porque tuviera que crecer en terribles circunstancias. No, siempre había sido una parte de él. Le habían ofrecido la maravillosa oportunidad de dejar el orfanato para ir al mundo mágico y, ¿qué fue lo primero que hizo con sus nuevos conocimientos? Lo usó de la peor manera posible haciendo daño a los demás.
Hermione sintió su ira burbujear lentamente. Estaba furiosa, ¿cómo podría haber hecho Tom algo así? Y después de esta experiencia uno habría pensado que nunca volvería a usar la magia oscura. Pero no, todavía estaba fascinado por ella. Apretó sus manos en apretados puños y trató de tranquilizar su furiosa magia y no hechizar a Tom en el acto.
—¿Me odias ahora? —Tom de repente le preguntó con una voz muy suave.
Los ojos de Hermione se rompieron de nuevo en él. Estaba sentado frente a ella y otra vez dejó que su cabeza colgara hacia abajo evitando mirarla a los ojos. Ella no le respondió. Estaba demasiado furiosa y le habría gritado si él dijera algo ahora.
Como no respondió a su pregunta, Tom lentamente levantó la cabeza. Sus ojos vagaron de forma vacilante hacia los suyos. La miró y su rostro no regalaba nada, aparte de sus ojos, ellos se arremolinaban por la emoción. Sus ojos grises estaban escaneándola con ansiedad, casi con miedo, y había recelo en ellos. Casi parecía como si tratara de armarse de valor contra de algo. Parecía como si estuviera esperando que ella se levantara y alejara de un momento a otro. La furia de Hermione se calmó completamente cuando ella le devolvió la mirada.
¿Pensaba que lo abandonaría?
Hermione no podía tomar eso. Ella no quería que él tuviera miedo de que lo dejara. Así que se acercó a él y puso suavemente una mano en su brazo. Se tensó cuando ella lo tocó.
—Lo que hiciste estuvo muy mal, Tom. Y estoy muy enojada contigo por hacerlo —Hermione podía ver como se encogió cuando dijo eso—, Pero no, yo no te odio. —Terminó con voz firme.
Tom la miró con sorpresa escrita en su rostro. Hermione frunció el ceño. ¿Qué había pensado? ¿Que lo dejaría por esta historia? En realidad sabía cosas mucho peores acerca de él. Pero tal vez Tom no estaba acostumbrado a gustarle a la gente después de haber visto su lado oscuro.
—Te dije que no te iba a abandonar a pesar de lo que hiciste. —Hermione le tranquilizó suavemente.
Tom pareció relajarse un poco al oír eso. Eso sacudió a Hermione, que él realmente esperara que lo abandonara después de esa confesión. No es de extrañar que hubiera estado tan reacio en confiar en ella.
Él no debería tener que preocuparse por eso, pensótristemente mientras examinaba el alivio en su rostro.
Era extraño que hubiera creído que lo abandonaría. Sí, esa historia fue bastante horrible y Hermione tuvo que admitir que todavía estaba enojada con Tom por haber hecho algo así, después de todo había destruido el futuro de ese pobre niño. En realidad no había excusa para eso. Sin embargo, en comparación con las otras cosas que sabía sobre Tom, este incidente parecía caer en el fondo. Incluso había sido algo así como un accidente que el niño hubiera caído permanentemente en estado de coma.
Su mirada vagó de nuevo a Tom. Él todavía la miraba con la cara en blanco, pero podía sentir cómo apretaba de forma fuerte su mano. ¿Por qué había estado tan asustado de que ella lo dejara?
Por otra parte, no tenía ni idea de lo mucho que ella realmente sabía sobre sus crímenes. Él nunca le había dicho que había asesinado a su padre y a Myrtle la Llorona. Para ser justos, Hermione DeCerto no podría saber nada de los crímenes que había cometido hasta ahora. No tenía motivos para creer que ella podría saber más. Así que, esta historia que acababa de decirle era realmente la peor cosa que ahora sabía de él, al menos desde su punto de vista.
Hermione sintió la ira dejándola completamente. Este incidente fue hace años y años. Ella no debería estar enojada con él. Le apretó la mano para tranquilizarlo y le sonrió débilmente. No le iba a juzgar por este error que había cometido. Obviamente otros ya hacían eso.
Todavía había otro problema que nos ocupaba, pensó. Entonces ella le preguntó en tono grave: —Cuando hoy has hablado con Dumbledore, ¿qué es exactamente lo que te dijo?
—Yo... Sólo que me va a expulsar —susurró Tom, es evidente que aún estaba sorprendido de que ella no le hubiera dejado ya.
—Sí, ¿pero por qué razón? —Hermione preguntó—. Él no puede usar esa historia de ti lanzando la maldición Haz. Eso no sólo te expulsaría, sino que te llevaría directamente a Azkaban.
—Él sólo va a hacer algo para que me expulsen y tendré que confesar lo que sea que él haya inventado en mi contra, porque de lo contrario sería acarreado a Azkaban — respondió, la amargura filtrándose en su tono—. Es por eso que siempre puede darme órdenes. Si me niego a obedecer, les diría a todos lo que hice.
Hermione lo miró por un momento mientras la golpeaba sobre cuánta razón tenía.
—Lo entiendo —Finalmente dijo lentamente—, pero lo que no entiendo es cómo puede probar lo que hiciste. Seguramente te hizo Legeremancia y vio lo que habías hecho, pero una confesión forzada por Legeremancia no es ninguna prueba. Realmente no creo que puedas ser condenado por eso. Además de eso, tenías sólo once años cuando pasó.
Tom rió sin alegría antes de decir: —Es Albus Dumbledore. ¿Quién lo acusaría de mentir? Si decide que soy malo, entonces todo el mundo lo va a creer, sin importar la edad que tenga, o tenía. Y él decidió hace mucho tiempo que soy un caso perdido. Nadie va a dudar de su opinión, después de todo es el mago más poderoso aún con vida —Tom escupió y luego continuó con desprecio—. O por lo menos es toda la esperanza que tenemos, porque si no lo es, entonces, ¿quién va a vencer a Grindelwald?
La boca de Hermione estaba presionada en una delgada línea mientras miraba a Tom. Se dio cuenta realmente de la gravedad de la situación. Dumbledore parecía tener la sartén por el mango aquí. Él sabía lo que Tom había hecho durante ese verano, lo había visto en la mente de Tom. A pesar de lo que ella acababa de decir, si Dumbledore le mostraba a alguien el recuerdo de lo que había encontrado en su mente, había una posibilidad de que el chico fuera condenado. Por lo menos daría lugar a una investigación que podría meter a Tom en graves problemas.
Así que desde que Dumbledore había averiguado sobre el crimen de Tom, lo había usado para amenazarlo y chantajearlo. Este hecho enfureció a Hermione muchísimo. No iba a dejar que Dumbledore continuara con eso. Un destello determinado apareció en sus ojos mientras miraba a Tom. Él no iba a volver nunca a ese orfanato.
Ella se levantó de su lugar en el frío suelo y trató de tirar a Tom con ella.
—Vamos. —Le ordenó mientras tiraba de su brazo.
Tom le frunció ceño.
—¿A dónde?
—Tengo que hablar con Dumbledore. —Hermione le respondió.
—Él no va a cambiar de opinión. —Le dijo con voz plana.
Ella continuó tirando de él mientras decía: —Ya veremos. Ahora, levántate.
Tom la miró con escepticismo, pero luego se puso de pie de todos modos. Hermione tomó su mano entre las suyas y comenzó a caminar de regreso al castillo mientras tiraba de Tom tras ella.
Lo condujo a través de los pasillos del castillo, mientras sostenía su mano con fuerza, hasta que finalmente se presentaron delante de las dos gárgolas que custodiaban la oficina del director. Hermione esperaba que no fuera demasiado tarde aún. Las cosas serían mucho más complicadas si Dumbledore ya le había dicho a Dippet sobre sus planes de expulsar a Tom.
Hermione susurró la contraseña a la oficina del director: —Infigo.
Obviamente Dippet había cambiado la contraseña durante las vacaciones ya que las criaturas de piedra que bloqueaban la entrada no saltaron fuera de su camino. Hermione perdió la paciencia y luego simplemente sacó su varita. No tenía el tiempo para adivinar la contraseña correcta, así que agitó su varita en un movimiento enojado hacia las dos gárgolas. El poder detrás de su hechizo era lo suficientemente fuerte como para despertar a las esculturas de piedra y obligarlas a saltar fuera del camino. Se alegró de que en ese momento Tom estuviera demasiado molesto para cuestionar cómo se las había arreglado para hacer eso, sólo lo tiró detrás de ella mientras subía las escaleras hacia la oficina del director. Cuando finalmente se presentaron delante de la puerta que conducía a la oficina, Hermione pudo oír voces.
—Vamos a ver, Dumbledore —La voz de Dippet resonaba a través de la puerta—. ¿Por qué Riddle haría algo así? Recuerde que fue él quien señaló al verdadero culpable.
—Rubeus Hagrid es inocente —respondió la voz tranquila de Dumbledore.
—Sí, lo has dicho antes, pero toda la evidencia dice lo contrario —dijo la voz de Dippet—. ¿Por qué Riddle, de todas las personas, haría algo como eso? Es un prefecto y se convertirá en Jefe de Casa el próximo año. ¿Qué dirá de la escuela si tenemos que expulsar a uno de nuestros mejores estudiantes?
Hermione levantó las cejas cuando agarró el tema de su conversación. Así que Dumbledore tenía previsto utilizar el incidente de la Cámara Secreta del año pasado para conseguir expulsar a Tom. Ella lanzó una mirada de reojo a Tom. Su cara estaba nuevamente cubierta por una máscara en blanco. Hermione apretó su mano antes de llamar a la puerta de madera, que la llevaba a la oficina del director.
—Entra —dijo la voz de Dippet.
Hermione abrió la puerta y entró a la habitación mientras seguía tirando de Tom con ella. La oficina de Dippet era como lo recordaba en sus visitas anteriores, aún ordenada, incluso hasta el punto de considerarla estéril y poco atractiva. Dippet estaba sentado detrás de ese imponente escritorio. Llevaba un chaleco ricamente bordado en negro encima de una camisa blanca. Y en este momento su mirada severa había caído sobre ella.
Dumbledore se paró frente a la mesa y él también se quedó mirando a los recién llegados. Parecía que se había detenido a medio paso, delante del enorme escritorio intimidante. Pero ahora había dejado de pasearse y escaneaba a Hermione por encima de sus gafas de media luna. La miraba ligeramente sorprendido, pero entonces Hermione pudo ver como su mirada se endurecía y una mirada oscura cruzó su rostro mientras sus ojos se posaron en Tom, que estaba ligeramente detrás de ella.
—Sr. Riddle, justo la persona de quien estábamos hablando —dijo Dippet en su estricta voz.
Hermione notó como Dippet la ignoraba por completo. Ella estaba segura de que ni siquiera sabía su nombre, a juzgar por esa mirada confundida que cruzaba su rostro cada vez que la veía.
—Tenemos un pequeño problema aquí —Dippet abordó a Tom mientras lo miraba con severidad—. Por supuesto, te acordarás de los acontecimientos del año pasado, que desgraciadamente, llevaron a la expulsión de uno de nuestros estudiantes. Ahora tengo que preguntarte de nuevo: ¿Tuviste algo que ver con la apertura de la Cámara de los Secretos?
Hermione podía sentir a Tom tenso. Entonces sus ojos grises fueron de Dippet a Dumbledore que ahora miraba a Tom con expectación. Su mirada claramente le estaba diciendo a Tom que debía admitir esto o de lo contrario tendría que afrontar las consecuencias.
Antes de que Tom pudiera responder a la pregunta, Hermione lo cortó en voz alta: —Director, eso es exactamente por lo qué estamos aquí —Entonces sus ojos se posaron en Dumbledore y ella dijo—. Tengo que hablar con usted acerca de Tom, señor. —Hermione se sorprendió de que su voz no se sacudiera, sino que incluso sonara fuerte.
Podía ver como los ojos del profesor se desviaban de ella, de vuelta a Tom. Tenía de nuevo esa frialdad en la mirada. De alguna manera molestaba a Hermione ver ese brillo fuerte e incluso el tono calculador en sus claros ojos azules. El tipo de brillo que normalmente iluminaba su rostro había desaparecido por completo.
Entonces Dumbledore habló y hasta su voz estaba desprovista de toda la amabilidad que normalmente conectaba al profesor: —Yo ya hablé todo con Tom, Srta. DeCerto. No hay nada más que decir.
Hermione se mordió el labio nerviosamente mientras oía la firme voz de Dumbledore. Ese frío brillo en sus ojos la hizo sentir muy insegura de sí misma. Por primera vez, entendía cómo alguien podría tenerle miedo, pero entonces Hermione pudo sentir la fría mano de Tom agarrándola un poco más fuerte. Fijó sus ojos en Dumbledore y se encontró directamente con la mirada sospechosa.
Entonces ella dijo con una voz perfectamente tranquila y firme: —Usted no tiene toda la información para tomar una decisión, señor. Por favor, déjeme explicarle.
Hermione vio la sospecha en sus ojos intensificarse pero después de un rato dijo: Muy bien, señorita DeCerto. Voy a escuchar lo que tiene que decirme.
—Sí, eso es una muy buena idea —Dippet, que había seguido la conversación, anunció en voz pomposa—. Estoy seguro de que todo este incidente es solo un simple malentendido.
Una mirada casi aliviada cruzó el rostro de otra forma tan severo mientras continuaba, casi como si hablara para sí mismo: —No sabría cómo explicar esto a los gobernadores de la escuela. La expulsión de nuestro mejor estudiante. No, no. No sabría.
Entonces se volvió hacia Dumbledore y le dijo: —Por favor, hable con ellos, Albus. Esto necesita ser aclarado.
Hermione ahora estaba muy contenta por la impaciencia de Dippet cuando se trataba de hacer frente a los estudiantes. Tendía a dejar esas tareas en sus profesores. Era lo mejor, Hermione decidió. Necesitaba hablar con Dumbledore a solas de todos modos.
Así fue que dejaron la oficina del director y Hermione siguió a Dumbledore por los pasillos de Hogwarts hasta su oficina, mientras tiraba de un Tom ahora muy reacio. Llegaron rápidamente a su oficina, Dumbledore los hizo pasar antes de sentarse detrás de su escritorio y luego hizo un gesto a las sillas frente a él.
—Por favor, siéntese y le daré la oportunidad de explicarse. —Hermione se sintió descorazonada cuando pudo oír una cierta aspereza en su tono.
Sin embargo, ella apretó la mano de Tom tranquilizadoramente y luego se acercó a Dumbledore y tiró de Tom con ella. Ella se sentó en el cómodo asiento y vio como Tom se sentaba en la silla al lado de ella, aunque seguía estando muy tenso. Los ojos de Hermione vagaron de nuevo a Dumbledore y lo encontró mirándola fijamente.
Respiró profundamente para calmarse y luego dijo, volviéndose hacia Dumbledore: —Señor, fue mi culpa que Tom dejara el orfanato durante el descanso.
Observó cómo Dumbledore levantaba las cejas. A pesar de eso, se dio cuenta de que no estaba sorprendido, sino que parecía que su sospecha había sido confirmada.
—Srta. DeCerto, no tiene que mentir por el Sr. Riddle. —Dumbledore finalmente le dijo con voz grave.
—No miento—dijo Hermione en tono fuerte.
Dumbledore le echó a Tom una mirada desaprobadora antes de hablarle a Hermione.
—Sé que Tom puede ser muy persuasivo si tiene que serlo, pero lo que él te dijo… No tienes que ayudarlo a salir de aquí. Si Tom está en problemas, entonces es sólo por su culpa.
—Señor, me permito disentir —respondió Hermione. Su voz seguía siendo alarmantemente calmada. Estaba asustada al menos en sus adentros, ya que sabía que ella no estaba tan imperturbable como su voz sugería—. No es culpa de Tom que esté en problemas ahora. Es mía. No le puede castigar.
Dumbledore suspiró con cansancio y luego se volvió hacia Tom. Hermione pudo volver a ver un destello duro en sus ojos cuando dijo con voz fría: —Tom, necesito hablar a solas con la Srta. DeCerto. ¿Podrías esperar fuera, por favor?
Hermione le frunció el ceño a Dumbledore. ¿Por qué enviaría a Tom lejos ahora? Aunque, pensándolo bien, podía entender sus acciones. Dumbledore seguramente pensaba que Tom la estaba amenazando y forzando a mentir por él. Por supuesto que Dumbledore quería hablar con ella a solas. Así Tom no podría influir en ella más.
—Sí, profesor —dijo Tom en un tono completamente carente de emoción.
Hermione miró a Tom con preocupación. Él se estaba levantando de la silla, su rostro estaba cubierto de nuevo con esa máscara en blanco. Luego se dio la vuelta para caminar hacia la puerta. Mientras lo hacía, sus ojos le echaron un corto vistazo. Hermione miró a los ojos grises y fue nuevamente golpeada por la desesperación que ardía en ellos. Parecía estar muy asustado.
La chica se vio sacudida por esa desesperación. Ella nunca dejaría que Dumbledore lo enviara de vuelta.
Hermione pudo oír el ruido sordo de la puerta de la oficina y sabía que había algo más que la puerta de madera separándola de Tom. Una vez había irrumpido en la oficina de Dumbledore, sabía que había un par de sales en el aire, protegiendo la oficina del profesor de transfiguración. Incluso si lo intentaba, Tom no sería capaz de oír esta conversación.
Hermione volvió a mirar expectante a Dumbledore.
—No me di cuenta de que eras amiga del Sr. Riddle —dijo Dumbledore en voz baja mientras la exploraba con sus claros ojos azules.
—Oh, pero lo soy —dijo Hermione con cautela.
No le gustaba mucho que ella tuviera que tener cuidado en torno a este Dumbledore más joven, pero no debía permitir que sus viejos sentimientos nostálgicos sacaran lo mejor de ella. Este Dumbledore no la conocía, al menos no todavía, por lo tanto, él no tenía ninguna razón para confiar en ella.
—¿Cree que es su responsabilidad proteger a su amigo? —Dumbledore le preguntó con simpatía, incluso amablemente.
—Sí —dijo Hermione sin dudarlo. Ella siempre protegería a sus amigos. No importaba qué.
Dumbledore suspiró suavemente y la miró de una manera extraña, casi triste.
—Respeto su lealtad hacia sus amigos —dijo suavemente, pero luego pareció que se preparaba para romperla con una terrible verdad—, pero tiene que saber que el Sr. Riddle es un caso especial.
—¿De qué manera, profesor? —Hermione le preguntó, aunque sabía lo que estaba tratando de decir.
Dumbledore suspiró otra vez y luego se recostó en su silla.
—Srta. DeCerto, puedo ver que te gusta. Le honra que intente ayudarlo —Hizo una breve pausa como para decidir cómo proceder mejor, luego continuó en voz suave—, pero antes de hacer eso usted debe preguntarse si Tom merece su ayuda.
Hermione se quedó momentáneamente sin habla. Ella sabía que Dumbledore no era precisamente un fan de Tom, pero admitirlo abiertamente era difícil de tragar. Siempre había sabido que Dumbledore era un hombre muy indulgente, le gustaba dar segundas oportunidades. Pero, obviamente, había renunciado con Tom.
Dumbledore pareció haber visto esa mirada de sorpresa en su rostro y continuó en un tono suave: —Lo dije antes, Tom tiene la capacidad de encantar muy bien a las personas. Sé que mis acciones pueden parecer un poco duras para usted, pero son necesarias. Hay algo muy oscuro y peligroso en él, y es un experto cuando se trata de cubrir la parte más oscura de su carácter.
Oh, él tenía razón, Hermione lo sabía aún mejor que él. Sin duda había una parte terriblemente oscura en Tom. ¿Pero Dumbledore no podía ver que abandonarlo en ese vil orfanato sólo alimentaría el peligroso odio dentro del chico?
Hermione miró al viejo mago directo a los ojos mientras respondía con voz tranquila: —Incluso si usted tiene razón, señor, todavía no puede castigar a Tom por una cosa que no ha hecho. Yo le hice abandonar el orfanato. Si necesita castigar a alguien, debería ser a mí.
—Ya veo, usted insiste en proteger a Tom —Dumbledore dijo con tristeza—.Yo no sé cómo él logró persuadirle para que lo ayudaras, Srta DeCerto, pero cambiarías de opinión si supieras por qué él tiene que quedarse en el orfanato.
—Yo sé sobre ese incidente después de su primer año, señor —dijo Hermione en voz baja.
Por primera vez durante esta conversación, pudo ver una mirada de genuina sorpresa en el rostro del viejo mago.
—¿Tom le dijo eso? —preguntó algo incrédulo.
—Sí.
—¿Qué le dijo? —Dumbledore preguntó con suspicacia.
—El hecho de que utilizó la maldición Haz sobre uno de los huérfanos —dijo con voz firme.
—Yo no hubiera esperado que confiara en ti. —Dumbledore parecía estar realmente sorprendido.
—Y sin embargo, lo hizo —Hermione procedió con cautela. Ella quería usar esa poca duda que podía ver brillando en sus ojos—. Señor, si usted le ha juzgado injustamente en este caso, tal vez no debería expulsarlo debido a otro juicio que hizo de Tom.
Dumbledore la miró por encima de sus gafas de media luna. Parecía reflexionar sobre sus últimas palabras. Mientras permanecía en silencio, Hermione buscó desesperadamente una manera de salir de esto. Parecía tan completamente convencido de que Tom necesitaba ser expulsado del mundo mágico… De alguna manera, tenía que admitir, incluso lo podría entender. Pero aún así, ella no iba a dejar que eso sucediera.
—Señor, sé que usted protegió a Tom después de que se enterara de lo que hizo. Lo salvó de los Aurores y no dijo nada acerca de su crimen —Hermione golpeó a Dumbledore con una mirada perfectamente calmada, aunque por dentro se sentía terriblemente insegura de sí misma. Pero tenía que seguir adelante. Era la verdad, después de todo, así que le preguntó—. ¿Por qué salvó a Tom en primer lugar si ahora continúa castigándolo por una cosa que él hizo cuando tenía once años?
—No lo estoy castigando, pero Tom es demasiado poderoso para su propio bien —dijo Dumbledore y Hermione se sorprendió de lo cansado que de repente parecía—. Él no puede estar solo con ese poder, necesita reglas y restricciones. Si no hay nadie estrictamente controlándolo, puede ir por un muy mal camino.
Dumbledore hizo una pausa, pareció estar perdido en sus pensamientos. Tenía una expresión casi de dolor en su rostro. Luego dijo en voz baja: —Eso es una experiencia horrible. No quiero que Tom pase por eso.
Hermione miró confundida a Dumbledore.
Había más. Dumbledore estaba hablando de algo más que Tom. Podía ver una mirada triste e incluso dolorosa en el rostro del viejo mago. Hermione conocía muy bien esa mirada, porque ella siempre la veía cuando se miraba en un espejo. Esa expresión, que hablaba de pérdida y dolor.
Ahora que veía el rostro de Dumbledore, Hermione finalmente entendió su motivación. Podía ver por qué insistía en tirar a Tom lejos de ese 'mal camino'. Él trataba de salvar a Tom de la oscuridad porque el propio Dumbledore sabía por experiencia lo que le esperaba al final del camino.
Sus pensamientos se dispararon de nuevo a su pasado. Después de que Dumbledore hubiera muerto al final de sexto año de Hermione, Rita Skeeter había publicado un libro sobre él. Hermione recordó lo enfurecida que había estado porque Skeeter, de entre todas las personas, había sido quien lo había escrito. Sin embargo, había leído el libro y a regañadientes tuvo que admitir que Skeeter había hecho un trabajo medianamente decente. Harry había estado muy enojado cuando lo había leído, Hermione recordó que el libro iluminaba el pasado bastante colorido de Dumbledore. A Harry no le había gustado mucho que su ídolo de repente hubiera quedado reducido a un ser humano normal, que era capaz de cometer errores.
Y había cometido errores. Dumbledore una vez había sido amigo de Grindelwald y había creído en los mismos principios inhumanos que Grindelwald todavía seguía: La supremacía absoluta de los magos.
Ya en su juventud, Dumbledore había sido un mago increíblemente talentoso. Al igual que lo era Tom ahora. Había sin duda una creencia oscura detrás de las acciones del joven Dumbledore. La misma oscuridad que ahora era visible en Tom. Entonces, después de que Dumbledore se hubiera graduado de Hogwarts, su madre murió y él se había quedado solo con la responsabilidad como jefe de familia, pero eso también significaba que no tenía que responder ante nadie más. Nadie lo estaba controlando más, al igual que Tom, que nunca tuvo padres que cuidaran de su bienestar o que le pusieran reglas. La nueva libertad de Dumbledore había dado lugar a un trágico incidente, Hermione lo sabía. Durante una disputa entre él y Grindelwald la hermana de Dumbledore, Ariana, fue golpeada por una maldición y había muerto. Hermione solo podía imaginar lo culpable que Dumbledore debía de sentirse al respecto.
Pero esa historia le decía a Hermione una cosa, el propio Dumbledore había ido por este "mal camino" del cual ahora trataba de proteger a Tom. Sabía dónde podría conducirlo. ¿Al alejar a Tom de la oscuridad, estaba Dumbledore tratando de corregir sus propios errores?
Los ojos de Hermione se suavizaron un poco cuando ahora miraron al viejo mago. Ella sabía que él tenía buenas intenciones, sólo que de manera equivocada. Dumbledore parecía estar perdido en sus pensamientos, o tal vez en sus recuerdos, pero Hermione todavía le preguntó suavemente.
—¿Podría ser, que usted no esté aquí tratando de salvar a Tom, sino a alguien más?
Ella pudo ver al instante como la expresión pensativa dejaba su rostro. Estaba bastante inquieta al ver una mirada de sorpresa y luego de sospecha cruzar el rostro de Dumbledore antes de que otra vez la golpeara con su dura mirada.
—¿Qué quiere decir? —Dumbledore le preguntó bruscamente.
—No importa. —Hermione respondió y erigió rápidamente sus escudos de Oclumancia, por si acaso.
Ella decidió cambiar el tema.
—Profesor, en este momento hay una horrible guerra cubriendo todo el mundo. ¿De verdad quiere devolver a Tom al mundo muggle, donde podría ser víctima de esa guerra?
—Aquí también hay una guerra que está haciendo estragos en el mundo mágico. —Dumbledore se echó hacia atrás y Hermione se dio cuenta de lo frío que su tono era ahora.
—Hogwarts es seguro. —Hermione intervino con cautela.
—No para Tom. —Fue la respuesta fría de Dumbledore.
Hermione apretó los labios en una fina línea. Esto no estaba yendo a ninguna parte. Frustración ahora hervía en ella.
—¿Así que usted quiere que él vuelva al orfanato donde pueda ser controlado estrictamente? —Hermione le preguntó con voz firme, luego su mirada vagó de Dumbledore a la ventana de la oficina. Se quedó pensativa en el paisaje exterior, mientras sus pensamientos corrieron de vuelta al primer encuentro que tuvo con Carter.
—Una vez tuve una conversación con el Sr. Carter, el patrón del orfanato de Tom. ¿Sabes lo que me dijo? Me dijo que Tom necesitaba una 'mano dura' y que tenía que ser 'castigado estrictamente'. —Hermione no podía evitar que la amargura se filtrara en su voz. Sus ojos se posaron de nuevo en Dumbledore y ella le preguntó mientras lo miraba sin parpadear—. Profesor, ¿de verdad cree que Carter es el hombre adecuado para el trabajo?
El mago solo la miró y respondió, su tono era distante y casi frío: —Sé que no es perfecto, pero devolviendo a Tom al orfanato es el único modo que veo en este momento.
Hermione lo consideró durante un tiempo y luego le preguntó: —¿Alguna vez ha hablado con Carter?
—Sí —respondió Dumbledore ininterrumpidamente.
Hermione lo miró por un segundo. Ella en realidad no había esperado que él se hubiera encontrado alguna vez con Carter. ¿Cómo podría haber conocido a ese hijo de puta, y no haberlo visto por lo que era? ¡Un sádico cerdo!
—Entonces estoy segura que usted sabe qué clase de hombre es —dijo finalmente con una voz muy controlada.
—Sé que es difícil para Tom tener que vivir en un orfanato —respondió Dumbledore y Hermione de repente pudo ver como ese brillo duro volvía a dejar sus ojos.
Pero curiosamente la nueva suavidad en su voz sólo logró subirle el temperamento. Una arruga apareció en su rostro cuando él continuó.
—Pero si eso impide que Tom se convierta en algo que un día lamentará ser, entonces estoy dispuesto a sacrificar temporalmente su libertad. Le ahorrará muchos dolores de cabeza.
Hermione alzó las cejas con indignación. La ira hervía en ella cuando vio la sinceridad en el rostro de Dumbledore.
—¿Libertad? —preguntó. Su voz no era más que un susurro, pero temblaba por su furia contenida. Entonces siseó en voz cortante—. Aquí estamos sacrificando algo más que libertad.
Sus ojos se posaron de nuevo en su rostro y se bloquearon en los claros ojos azules. Si el viejo profesor había hablado con Carter, ¿por qué no se había dado cuenta de lo malo que era Carter? ¿Por qué Dumbledore no le había hecho Legeremancia a Carter para averiguar lo que esos cerdos le habían hecho a Tom? O Dumbledore lo sabía, pero simplemente no le importaba. Hermione apretó los labios en una fina línea mientras continuaba escaneando con frialdad al profesor. ¿No le importaba en lo absoluto cómo era tratado Tom? ¿Realmente alguna vez se había tomado el tiempo para hablar con Carter? Porque entonces Dumbledore se habría dado cuenta sin duda de cuan intolerante era.
Hermione perdió la calma y le espetó a Dumbledore—: ¿Cuándo usted habló con Carter no vio el cerdo perjudicial que era?
Dumbledore levantó las cejas en su arrebato, pero entonces él dijo en su voz tranquila: —Hablé con el Sr. Carter justo después de que su predecesora, la Señora Cole, abandonara el orfanato de Tom. Me di cuenta entonces de que el Señor Carter sería más estricto de lo que la Señora Cole solía ser y sabía que iba a ser más difícil para Tom estar bajo su cuidado. Pero el orfanato todavía era la única manera de frenar a Tom durante las vacaciones de verano.
» Soy capaz de vigilarlo e impedirle que haga algún daño mientras está en la escuela. Sin embargo, durante el verano Tom tendría la oportunidad de hacer sus fechorías ya que no estoy en Hogwarts en ese momento. Así que decidí quitarle la varita durante las vacaciones y enviarlo de vuelta al orfanato donde al menos sería vigilado con atención.
Hermione miró a Dumbledore con ojos muy abiertos. Ella todavía hervía de rabia, pero finalmente fue capaz de entender su plan. Aunque eso no hizo que a ella le gustara más.
Tom le había hecho daño a ese niño durante las vacaciones de verano después de su primer año, así que Dumbledore había decidido quitarle la varita siempre que Tom tuviera que regresar al orfanato. Trataba de evitar que Tom alguna vez le hiciera daño a alguien más, pero él mismo siempre se la devolvía cuando pudiera vigilarlo. Por lo tanto Tom tenía que volver cada verano.
Eso también explicaba por qué Dumbledore le había enviado durante este parón navideño. Hermione sabía que el profesor de transfiguración había dejado la escuela durante el último descanso. Esa probablemente era la razón por la que había enviado Tom de vuelta. Eso explicaba el plan de Dumbledore pero aún así...
—Después de su primer encuentro con Carter, ¿alguna vez volvió a encontrarse con él? —Hermione le preguntó lentamente.
Esto era importante. Si Dumbledore se había encontrado a Carter de nuevo, significaría que Dumbledore podría haberle hecho Legeremancia, o hubiera descubierto de alguna otra manera cómo Carter había tratado a Tom.
—Sólo brevemente durante este fin de semana. Antes de eso, tuvimos contacto a través de cartas. —Dumbledore respondió con calma.
—¿Cartas? —Hermione exclamó incrédula—. ¿Usted nunca pensó necesario comprobar cómo estaba Tom durante las vacaciones?
—Srta. DeCerto, puede estar segura de que intenté todo para cuidar de Tom pero también había otras cosas que exigían mi atención. —El tono de Dumbledore ahora era frío mientras la golpeaba con una mirada penetrante.
Hermione sabía de qué estaba hablando en este momento: Grindelwald, por supuesto. Su némesis personal. Así que Dumbledore había descuidado cuidar de Tom porque había estado tratando de encontrar formas de detener a Grindelwald. Era irónico, pensó Hermione, que tratando de destruir a un mago oscuro, Dumbledore estaba ayudando a crear otro aún más poderoso.
Ella no debería estar tan sorprendida por la negligencia de Dumbledore sin embargo, Hermione pensó enfurecida mientras examinaba al hombre. Después de todo había dejado a Harry al cuidado de los Dursley cuando él había sabido perfectamente que Harry sufriría allí. Después de que él hubiera dejado al bebé Harry con los Dursley, en realidad nunca lo había vuelto a comprobar. Al menos no durante los diez años siguientes. ¿Así que, por qué iba a dedicarle más atención a Tom cuando ni siquiera 'El Elegido' había sido tratado mejor?
Pero eso también significaba que Dumbledore no lo sabía. No tenía ni idea a lo que estaba condenando a Tom regresándolo con Carter.
Ahora Hermione se balanceaba entre la comprensión de las acciones del viejo profesor o el odio por hacerle daño a Tom así. Podía ver por qué Dumbledore enviaba a Tom de vuelta al orfanato sin su varita, pero, ¿qué pasaba con Tom? Hermione se preguntaba enfurecida. En ese entonces él todavía era un niño. Sus pensamientos saltaron de nuevo a la víspera de Año Nuevo y la historia que Tom le había dicho entonces. Él le había dicho cómo Carter le había hecho tanto daño que Tom casi había muerto.
Sea cual sea el plan de Dumbledore, nunca debió haber permitido que algo así sucediera. Si realmente se sentía responsable de Tom, entonces no solo debía concentrarse en cómo prevenir que Tom hiciera cosas malas. No, Dumbledore también debía asegurarse de que Tom no sufriera ningún daño. Obviamente algo que el profesor no había previsto en su plan.
Hermione suspiró y luego dijo algo irritada: —Profesor, sé que intenta ayudar a Tom, pero ¿no puede ver que este es el camino equivocado? ¿Cree que puede obligar a Tom por siempre? Incluso si usted le quita la varita a Tom y le obliga a vivir con muggles, todavía seguirá siendo un mago. Lo único que va a lograr mediante la expulsión de Tom enviándolo de regreso al orfanato es que su odio se intensifique.
Dumbledore todavía la miraba con sus ojos azules claros.
—No, Srta. DeCerto. Esta es su única oportunidad, él no puede quedarse aquí. Ha demostrado una y otra vez que no es de confianza. Ahora lo hizo de nuevo: En contra de su palabra abandonó el orfanato. Estoy bastante seguro de que éste no es el único crimen que ha cometido durante el descanso.
Hermione tuvo la desagradable impresión de que Dumbledore ahora estaba hablando del robo en la casa de Flamel. Sin embargo, otra cosa de la que Tom era inocente. Pero no podía decirle a Dumbledore que había sido ella.
—Tom ha estado conmigo durante todas las vacaciones, señor —Le dijo a Dumbledore en cambio, aunque ella no se sentía tan tranquila como su voz sonaba—. Nunca tuvo el tiempo para hacer algo sin que me diera cuenta. Y él ni siquiera tenía una varita.
—Hermione, tienes que confiar en mi juicio en esta ocasión —Dumbledore dijo finalmente. Ella notó el repentino uso de su nombre de pila—. Conozco a Tom desde hace bastante tiempo y puedes creerme cuando digo que he intentado de todo para salvarlo…
Luego añadió con tristeza: —Nada ha funcionado. Todo fue en vano. Esta es la última oportunidad que tiene Tom para llevar una vida normal.
¿Una vida normal? Hermione pensó enfurecida. ¿Qué pensaba hacer Dumbledore si su plan no funcionaba de la manera que él quería? ¿Lanzar a Tom en Azkaban?
—¿Todavía quiere expulsarlo? ¿Realmente no puedo convencerle de lo contrario? —preguntó ella con voz helada.
Dumbledore se la quedó mirando y el duro brillo en sus ojos le dijo que de hecho no había tenido éxito.
—Profesor, sé que usted no cree mi historia, pero todavía no me ha preguntado por qué hice que Tom dejara el orfanato en primer lugar —dijo con una voz muy suave.
En realidad Hermione no quería decirle a Dumbledore cómo abusaban de Tom cada vez que tenía que regresar al orfanato. Estaba bastante segura de que Tom no quería que él supiera, pero ella realmente pensaba que el profesor debía conocer la verdad. Era responsable por el sufrimiento de Tom después de todo. Aspiró profundamente antes de volver a mirar a Dumbledore. Todavía la observaba fijamente con esa mirada fría que perdía cada pizca de calor que normalmente conectaba con él.
—Por favor, Señorita DeCerto, comparta su historia conmigo — dijo Dumbledore con frialdad—. Pero no espere que cambie de opinión.
Hermione miró hacia otro lado, de nuevo hacia la ventana. Ahora aguanieve caía húmedamente por el castillo y los terrenos circundantes. Se veía frío y poco atractivo. El tiempo era tan malo como el estado de ánimo de Hermione. Ella soltó su mirada fija de la ventana y miró a Dumbledore. Él la miraba fijamente con sus penetrantes ojos claros azules. Podía ver el escepticismo e incluso la sospecha en ellos.
Hermione dijo con voz perfectamente constante: —¿Sabía que Tom es golpeado en el orfanato?
La expresión de Dumbledore no cambió. Pero Hermione pudo ver una pequeña chispa de sorpresa en sus ojos.
—¿Él le dijo eso? —Le preguntó y Hermione tuvo que reprimir un escalofrío al oír la frialdad en su tono.
—No, lo vi —respondió, su voz era firme y no transmitía ninguna de las emociones que ahora corrían a través de ella.
Todavía había incredulidad e incluso sospecha en los ojos de Dumbledore. Pero Hermione continuó ya que también podía detectar un poco de duda en el rostro del profesor.
Suspiró suavemente antes de comenzar: —Tiene que saber que antes de las vacaciones, no me gustaba mucho Tom. Pocos días después de las vacaciones me lo encontré por pura coincidencia. Ni siquiera sabía que vivía en Londres.
Hermione decidió no decirle a Dumbledore cómo se había topado con Tom, justo después de que hubiera robado el manuscrito de Peverell. Así que ella convenientemente saltó esa parte de su historia y continuó: —De todos modos, decidí visitarlo en el orfanato y ¿sabe dónde lo encontré? —Le preguntó a Dumbledore, incapaz de reprimir toda la acusación en su voz.
Antes de que el viejo mago pudiera decir algo ella se apresuró y ahora ni siquiera intentaba prohibir la ira en su tono.
—Tom estaba encerrado en una habitación en el sótano. Y estaba mal herido porquesu querido señor Carter había considerado necesario darle una paliza.
Hermione sabía que su furia ahora era claramente visible en su rostro mientras miraba a Dumbledore. Él a su vez estaba mirándola de vuelta, una profunda arruga apareció en su rostro, pero sea lo que fuera que él pensara, Hermione aún podía ver la desconfianza en sus ojos. Él no le estaba creyendo.
—Si no me cree, señor, échale un vistazo a mis recuerdos. —Le espetó en un arrebato de ira.
Sus ojos se encontraron con los suyos y empujó la imagen de cómo había encontrado a Tom acurrucado en el suelo de esa sucia cámara en la vanguardia de su mente.
—Eche un vistazo —resolló—. Sé que se puede.
Sorpresa cruzó el rostro de Dumbledore, pero entonces pudo sentir el cosquilleo de la Legeremancia tirando en su mente. Hermione bajó las protecciones de Oclumancia para admitirlo. Se estremeció cuando sintió otra presencia en su mente. Pero necesitaba que Dumbledore viera este recuerdo o de lo contrario no le creería. Si trataba de echar un vistazo a sus otros recuerdos sin embargo, Hermione no iba a dudar en empujarlo fuera de su mente. Después de un tiempo pudo sentirlo dejar su cabeza y de inmediato dejó que sus escudos volvieran a su lugar. Dumbledore la miró y pudo ver algo como el remordimiento en sus ojos.
—Ahora puedo entender por qué usted está tratando de ayudarlo —dijo en tono tranquilo—. Estoy muy sorprendido por como Tom ha sido tratado.
Dumbledore se recostó en su silla y la miró pensativamente. Hermione no tenía idea de lo que él estaba pensando en ese momento. Pero después de esta revelación estaba bastante segura de que no devolvería a Tom de nuevo al orfanato. Eso sería cruel y simplemente incorrecto.
Dumbledore suspiró con cansancio y luego continuó con voz grave: —Parece que me he equivocado con Tom.
Hermione respiró aliviada. Ella lo sabía. Sabía que sólo tenía que confiar en Dumbledore y entonces él la ayudaría. Él siempre la había ayudado. ¡Qué gran pérdida había sido para su bando cuando había sido asesinado al final de su sexto año! Hermione pensó mientras examinaba el viejo mago con cariño. Sólo deseaba que él hubiera sido capaz de ver lo fuerte que Harry se había convertido al final. Dumbledore habría estado tan orgullosa de él.
Hermione fue sacada de sus recuerdos cuando Dumbledore volvió a hablar: —Procuraré que el Señor Carter sea reemplazado.
Ella parpadeó confundida, pero luego dijo: —Tiene razón. A ese hombre no le deberían permitir vigilar niños.
Hermione se sintió un poco culpable. Todo el tiempo había estada preocupada por Tom pero aún había otros niños en ese orfanato. Sólo Merlín sabía lo que Carter les había hecho.
Pero entonces Dumbledore continuó: —Por el momento, Tom todavía tendrá que quedarse en el orfanato. Pero me aseguraré de que no salga herido.
Hermione sintió como si su mundo se derrumbase a su alrededor mientras miraba boquiabierta al viejo mago con los ojos muy abiertos. Su cabeza daba vueltas y su sangre se volvió fría de la conmoción.
—¿Qué? —exclamó escandalizada—. Seguramente no planea que Tom vuelva, ¿verdad?
Él no había entendido la gravedad, al parecer. Hermione negó con la cabeza mientras trataba de comprender la situación. Había estado tan segura de que Dumbledore no enviaría a Tom de vuelta si lo sabía.
—¡Usted no entiende! —Ella casi le gritó, el pánico y una buena cantidad de rabia se apoderó de ella—. No estoy hablando de una pequeña reprimenda. ¡Tom es abusado allí!
Dumbledore todavía la miraba con gravedad, pero Hermione se estremeció al ver la determinación en sus ojos. Luego dijo, tratando de sonar tranquilizador: —No se preocupe, me aseguraré de que Tom no vuelva a ser golpeado. Pero por el momento no estoy dispuesto a dejar que se quede por más tiempo aquí, en Hogwarts.
Hermione lo miró con incredulidad. Ella abrió la boca para protestar, pero Dumbledore continuó cuando vio su indignación. Su voz era una mezcla de pesar e incluso culpa, pero todavía no se tambaleaba, la determinación estaba siempre presente en su rostro.
—El trato de Tom en el orfanato está mal y es despreciable, y por supuesto tiene que detenerse, pero esto no cambia el problema de fondo. He tratado de llevar a Tom desde hace bastante tiempo hacia el camino correcto, ya no puedo hacerlo más. Él no está dispuesto a cambiar. Ahora hemos llegado a un punto donde ya no es posible ayudarle a expensas de los demás.
—Pero... Pero... —Hermione tartamudeó mientras miraba al profesor con los ojos muy abiertos— ¡No! —Entonces realmente gritó.
Hervía de rabia y no le importó más mantener la calma. Ella se puso de pie y miró al mago furiosamente. Tuvo que detenerse a sí misma para no chasquear su muñeca y liberar su varita. Incluso ahora su magia fluía a través de ella furiosamente.
—¡No puede hacer eso! ¡No lo puede enviar de vuelta! —Hermione le espetó a Dumbledore venenosamente—. No importa lo que usted le diga a Carter, no podrá asegurar que no volverá a hacerle daño a Tom.
Los pensamientos de Hermione volvieron a dispararse a la última vez que había visto a Carter. Eso había sido en esa asquerosa cámara en el sótano, él había estado a punto de azotar a Tom. Recordó que ella entonces había perdido el control y había maldecido a Carter. ¿Y si ese terrible hombre ahora querría vengarse por eso? Dumbledore no podía enviar a Tom de nuevo a las garras de ese monstruo.
—En este momento realmente no hay mejor solución. Ya no voy a arriesgar la seguridad e incluso la vida de otros estudiantes simplemente para dar cabida a Tom. —Dumbledore le dijo con calma. Él no estaba en lo más mínimo impresionado por su arranque de ira, ni siquiera había parpadeado. Hermione se sorprendió de que estuviera dispuesto a sacrificar el bienestar de Tom para proteger a otros de su supuesta 'maldad'.
—Tiene que confiar en mí cuando digo que haré todo lo posible para impedir que Tom sufra algún daño —concluyó.
¿Hacer todo lo posible? Hermione corrió una mano por su pelo. Esto no estaba sucediendo en este momento. ¡No podía estar pasando!
Pero aquí estaba sentado Dumbledore, mientras la miraba expectante. ¿Pensaba que ella accedería a su cruel plan? Le hervía la sangre de rabia al pensarlo. Ella no iba a hacer eso, no iba a dejar que Dumbledore procediera con su plan para destruir a Tom. La ira y la desesperación la desgarraron con fiereza. Incluso su magia había dejado su cuerpo y crujía a su alrededor con enojo. Ella miró al mago ante ella. Pero Dumbledore estaba mirándola con curiosidad. Él no estaba en lo más mínimo afectado por la presión del furioso poder que ahora flotaba en el aire.
Hermione respiró profundamente y luego soltó el aliento lentamente. No iba a lograr nada por tratar de maldecir a Dumbledore. Necesitaba volver a su autocontrol. Hermione miró los claros, ojos azules y trató de calmar su temperamento. La furia abandonó su rostro y de repente se transformó en una fría máscara en blanco, sin regalarle nada. Ella incluso pudo sentir que su magia se había detenido haciendo estragos a su alrededor. Había sido un furioso torrente fluyendo dentro de ella sin rumbo fijo. Ahora se había envuelto alrededor de su mente con frialdad, ayudando a aclarar sus pensamientos. Ella seguía mirando a Dumbledore, aunque sus ojos, ya no ardían con ira. Ahora solo estaban calibrándolo con frialdad. Luego poco a poco volvió a sentarse en la silla cuando un plan comenzó a formarse en su mente.
Hermione cerró los ojos brevemente. Sabía que lo que haría a continuación probablemente cortaría todos los lazos que tenía, o pudo haber tenido con este Dumbledore del pasado. Ella en realidad no lo quería como su enemigo, sobre todo porque todavía necesitaba la Varita de Saúco. Pero en este momento, ella no veía ninguna otra manera de salir de esto. No iba a dejar que enviara a Tom de vuelta. Por lo tanto siguió con ese nuevo plan antes de que fuera a perder los nervios.
Abrió la boca y casi se estremeció al oír la unifamiliar frialdad en su propia voz: —Señor, sea lo que sea que tenga de Tom. Yo todavía tengo un recuerdo muy claro de cómo lo encontré en el orfanato.
Se inclinó un poco hacia delante en la silla y lo miró fijamente sin parpadear antes proceder: —Así que, si quiere expulsarlo, le mostraré a cada uno como es tratado en ese lugar. Eso no le dará una luz muy favorable.
Casi podía ver la decepción filtrándose en su mirada cuando la miró. Hermione estaba irritada cuando la culpa se apoderó de ella, pero ¿qué otra cosa podía hacer a parte de jugar sucio?
Dumbledore negó con la cabeza un poco, y luego dijo en una triste pero igual firme voz: —Srta. DeCerto, no me importa cómo el público me esté evaluando. Si tengo que perder mi prestigio a los ojos de la opinión pública para salvar a Tom, que así sea.
Hermione estaba en una confusión interna. Pero nada de ello se mostró en su rostro en blanco cuando siguió mirando fríamente a Dumbledore. Debería haber sabido que atacar su reputación no funcionaría, Dumbledore nunca le había dado gran importancia a la forma en que era visto en público. Pero todavía había una cosa que podría utilizar. Hermione se sintió horrible por hacerlo y se odiaba a sí misma por chantajear a su viejo profesor. Era bastante enfermo que esta amenaza viniera de ella, una nacida de Muggles.
—Tal vez —dijo Hermione lentamente.
Se apoyó cómodamente en la silla y forzó una sonrisa cruel en el rostro. Odiaba lo que estaba a punto de hacer, pero no había otra manera, así que le sonrió con suficiencia mientras internamente se encogía al ver el arrepentimiento en sus ojos mientras la escaneaba. La sonrisa malvada nunca dejó su rostro mientras ejecutaba su plan. La voz que ahora salía de su boca sonaba extraña a sus propios oídos. Daba miedo y estaba tan llena de desprecio y malicia que era apenas reconocible.
—En el clima actual donde el odio contra los muggles está aumentando lentamente, ¿usted no deseará que la información de un muggle usando la violencia física contra un chico mago dé vueltas alrededor, ¿no profesor?
Una tristeza se arrastró en la mirada de Dumbledore cuando la miró. El destello que de otra manera hacía sus ojos irradiar de serenidad ahora había desaparecido por completo. Hermione tuvo que luchar para mantener la cruel máscara que todavía cubría su rostro.
—¿De verdad iría tan lejos? —Le preguntó Dumbledore en voz baja, la decepción era clara en su tono—. ¿Arriesgaría vidas de personas inocentes?
¡No, nunca! Hermione gritó en sus pensamientos. Pero su mente estaba expertamente ocluida y su rostro completamente cerrado.
Así que Dumbledore no tenía forma de saber que estaba mintiendo cuando respondió suavemente con una voz que sonaba casi aburrida: —No arriesgaría nada, señor. Es su decisión.
Dumbledore la miró durante mucho tiempo, pero Hermione le sostuvo la mirada, a pesar de que se sentía como una despreciable escoria bajo esa mirada escrutadora. Ella no quería nada más que contarle todo. Que no era la malvada criminal que ahora suponía que era, cómo había viajado aquí desde tiempos de guerra y pena. Ella quería que él entendiera que no era una bruja oscura tratando de liberar a su socio en el crimen.
Pero a pesar de su deseo de confiar en el viejo mago Hermione permaneció en silencio. Su rostro era una máscara en blanco solamente perturbada por la pérfida sonrisa, que seguía tirando de las comisuras de su boca. Ella no estaba regalando nada de su lucha interior. A pesar de que las siguientes palabras de Dumbledore la golpearon profundamente, no dejó caer su máscara.
—Parece que he estado equivocado acerca de usted, Srta. DeCerto —dijo Dumbledore suavemente, pero Hermione ni siquiera tembló al ver la decepción en sus ojos. Entonces él reconoció su victoria con voz grave—. Voy a cumplir sus deseos.
Hermione inclinó la cabeza ligeramente, a pesar de que nunca rompió el contacto visual con el mago. Entonces se levantó lentamente de la silla. Quería salir rápidamente de la oficina. La decepción en los ojos de Dumbledore era más que insoportable.
Antes de que pudiera alejarse Dumbledore dijo en voz baja: —Espero que sepa lo que está haciendo, Srta. DeCerto. Espero que lo sepa.
Hermione asintió con la cabeza, más por reconocimiento que porque quisiera contestar afirmativamente. Entonces se apartó de Dumbledore y se acercó a la puerta que conducía fuera de su oficina. Todo el tiempo preguntándose si la vieja e inocente Hermione, quien había muerto, obviamente, durante la guerra, habría hecho lo mismo.
Probablemente no.
Ahora podía sentirlo, incluso más que hace dos días cuando había estado en la parte superior de la torre de Astronomía. Las cosas habían cambiado. Ella había cambiado. Se había vuelto más fuerte, más cruel. Estaba dispuesta a hacer muchas cosas si la ayudaban a su propósito. Por primera vez desde que llegó al pasado, se preguntó en qué casa la habría puesto el Sombrerero Seleccionador si ella no hubiera intervenido. ¿Habría terminado de nuevo en Gryffindor? ¿La casa de los valientes y honestos?
Hermione levantó la mano y tomó la manija de la puerta que conducía fuera de la oficina de Dumbledore. Sentía que estaba dejando atrás algo más, que la desordenada pero acogedora oficina del profesor de transfiguración. Sin mirar atrás, Hermione abrió la puerta y salió al oscuro pasillo. Con un ruido sordo cerró la puerta detrás de ella.
Se dio la vuelta y se encontró a Tom en el pasillo. Sus ojos se suavizaron cuando cayeron sobre él. Parecía estar relajado, pero las leves diferencias en su postura podían decirle lo tenso que estaba en realidad. La expresión pétrea en su rostro no regalaba su tensión interior. Ella le lanzó una pequeña sonrisa antes de acercarse a él. Se detuvo justo en frente de él, y levantó la cabeza para mirarlo. Su rostro aún no mostraba ninguna emoción en absoluto, pero Hermione podía ver su ansiedad brillando a través de esos ojos increíblemente grises.
Ella levantó la mano y puso la palma de su mano suavemente en su pecho. La tela verde de su suéter sin mangas se sintió áspera en su piel. Pero podía sentir el calor de su cuerpo a través del material, mientras seguía mirando su rostro. La culpa de haber abandonado a Dumbledore y con él, una parte de la vieja Hermione, todavía la desgarraba, pero se atenuaba cuando se ahogaba en los ojos de Tom.
—Él no va a expulsarte. —Finalmente le susurró con voz suave.
A través de su mano, que aún estaba en su pecho, pudo sentir que Tom soltaba un suspiro tembloroso al oír sus palabras. Entonces él se acercó a ella y la envolvió con sus brazos antes de atraerla hacia él, casi con desesperación. Pudo sentirlo enterrando el rostro en su pelo rizado.
—Gracias. —Le oyó susurrar.
Una sonrisa tomó su rostro al oír sus palabras. Era sorprendente escuchar a Lord Voldemort agradeciéndole. A pesar de que ya era la segunda vez que lo hacía.
—De nada —dijo Hermione en voz baja.
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Ella no va a lograrlo, pensó Tom con pánico mientras miraba la puerta frente a él. Sus manos estaban apretadas con tanta fuerza que las uñas le cortaban la piel. Hermione nunca sería capaz de persuadir a Dumbledore. Ese viejo hombre, odioso nunca dejaría pasar tal oportunidad. Despreciaba a Tom. ¿Por qué de repente cambiaría de opinión? Él siempre había querido expulsarlo, ahora tenía la excusa perfecta para hacer precisamente eso.
De alguna manera, Tom lamentó haber abandonado el orfanato durante el descanso. Tal vez se tendría que haberse quedado allí, soportando el dolor. Negó con la cabeza en señal de frustración. Eso habría significado dos semanas más a merced de Carter. Tom se pasó una mano temblorosa por el rostro. ¿Quién sabría cuánto tiempo tendría que haber permanecido encerrado en esa cámara si Hermione no lo hubiera encontrado?
La cabeza de Tom se disparó al oír la puerta abriéndose. Se quedó mirando con ojos muy abiertos a Hermione mientras se acercaba a él. Se veía tan seria, pensó Tom mientras examinaba su rostro. ¿Eso significaba que había fracasado?
Tom tragó saliva cuando ella se detuvo frente a él, mirándolo a los ojos. Tristeza brillaba en sus ojos.
No lo pudo convencer, se dio cuenta Tom cabizbajo.
No, él no podía volver al orfanato. No lo haría.
Entonces Hermione abrió la boca y Tom temió oír lo que estaba a punto de decir.
—Él no va a expulsarte.
La tensión cayó cuando la comprensión lo golpeó. ¿Realmente había logrado parar a Dumbledore? Él la miró con asombro. En un impulso se acercó a ella y la envolvió con sus brazos antes empujarla con fuerza contra él. Necesitaba sentirla cerca. Enterró el rostro en su pelo rizado y olió ese débil olor a lilas que venía de ella.
—Gracias. —Las palabras salieron de su boca antes de que pudiera haberse detenido.
Entonces sintió los brazos de Hermione serpenteando alrededor de él mientras le decía: —De nada.
Tom estaba inmensamente aliviado. Nunca había esperado que convenciera a Dumbledore. Ella nunca dejaba de sorprenderlo. Aunque ahora también estaba profundamente confundido. Él realmente había esperado que lo abandonara después de haberle dicho cómo había maldecido a ese chico con la maldición Haz. Pero todavía no lo había dejado. Ella sabía lo que había hecho. Mediante el uso de esa maldición había condenado a ese chico a un destino peor que la muerte. Sin embargo, allí estaba ella, a su lado.
Hermione parecía aceptar su lado oscuro. Ella lo aceptaba. En toda su vida, Tom nunca le había mostrado su verdadero yo a nadie. Desde el principio había aprendido que era mejor ocultar esa parte oscura.
Así que Hermione... Lo confundía.
—¡Vamos! —susurró, sacándolo cuidadosamente de sus reflexiones.
Sus ojos color avellana lo escanearon levemente y luego dijo en voz baja: —No quiero quedarme aquí por más tiempo.
Los ojos de Tom se dispararon hacia la puerta siniestra que llevaba a la oficina de Dumbledore y asintió. Soltó a Hermione de nuevo, pero siguió agarrando su mano con fuerza mientras la seguía por el pasillo.
—¿Qué le dijiste? —Le preguntó después de un tiempo.
Ella volvió la cabeza y levantó las cejas hacia él.
—¿Cómo lo convenciste para que me quedara?
—De la misma forma en que trataba de obligarte a volver al orfanato. —Hermione le respondió enigmáticamente.
Tom la examinó por un rato antes de preguntarle lentamente: —¿Chantaje?
Podía ver en su expresión que la sorprendió que hubiera visto la conexión tan rápido.
—Sí —susurró.
—¿Cómo?
Tenía una expresión de tristeza en su rostro cuando le susurró: —No estoy muy orgullosa de ello, nunca más vamos a hablar de Dumbledore.
Tom decidió dejar el asunto. Al menos por ahora. Todavía estaba demasiado sorprendido de que Hermione realmente hubiera logrado persuadir a Dumbledore.
¡O chantajearlo! Pensó satisfecho mientras miraba a la bruja a caminar a su lado.
Entonces se dio cuenta de que la euforia de poder quedarse en Hogwarts se mezclaba con algo más. Ahora que miraba a Hermione, lo golpeó de nuevo: ese sentimiento codicioso. Desde las vacaciones de Navidad había sido un compañero constante. Esa sensación le había quemado cada vez que la miraba, ferozmente exigiendo poseerla. Ahora una vez más, estaba abrumado por esa avidez que sentía cuando su mirada vagó sobre la figura a su lado. Una sonrisa apareció en su rostro mientras examinaba su indomable pelo.
Se preguntó cómo podría haber perdido todo ese tiempo enfrentándose con ella, tratando de someterla antes de las vacaciones de Navidad. Ahora ella era mucho más que un simple oponente que tenía que derrotar. Al ganar contra Dumbledore, había vuelto a demostrar lo valiosa que realmente era. Tom no tenía intención de alguna vez dejarla ir. Con sus acciones de hoy, Hermione finalmente había admitido que era suya, se dio cuenta Tom satisfecho. Ella había parado, obviamente, de luchar contra él.
Tom se alegró de que al final se las había arreglado para ganar su lealtad y de que ella por fin, hubiera abandonado su resistencia en contra suya.
Tiró de ella un poco más cerca de él. Ella levantó la vista y le lanzó una pequeña sonrisa.
Tom estaba bastante satisfecho por el conocimiento de que por fin la tenía, a pesar de notar que la avaricia que sentía estaba mezclada con otra cosa, algo que Tom no podía identificar. Pero no luchó contra esa extraña sensación ya que era bastante agradable. Cálida y confortable.
Tom estaba tan inmerso en sus propios pensamientos que se sorprendió por lo rápido que habían llegado a la sala común de Gryffindor. Demasiado rápido, en realidad. No quería dejar a Hermione ahora. La sensación codiciosa aún lo desgarraba y él no quería dejarla ir. Cuando Hermione se dio la vuelta para susurrar la contraseña a ese absurdo retrato, Tom perdió el dominio sobre sí mismo y la detuvo por la muñeca. Entonces la hizo girar alrededor de modo que cayera contra su pecho. Ella levantó el rostro hacia él y lo miró con confusión en sus ojos.
—¿Qué…?
Comenzó a preguntar, pero Tom no le dejó el tiempo suficiente para poner fin a su pregunta. Presionó sus labios sobre los de ella. Pudo sentirla tensa por la sorpresa de sus repentinas acciones. Pero entonces ella empezó a responder a su beso. Él la abrazó con fuerza contra él y no le dejó mucho espacio para moverse mientras seguía besándola con fuerza.
Sabía que su beso era exigente, casi violento, pero no podía detenerse. No era suficiente. Necesitaba sentirla. Quería sentir su piel desnuda bajo sus dedos. Su mano vagó por su espalda. Cuando llegó a la costura de la blusa, se deslizó debajo y empezó a acariciar la suave piel de su estómago. Su otro brazo aún la sostenía apretada con fuerza contra él mientras seguía besándola apasionadamente. Entonces sus labios dejaron su boca y vagaron por su cuello. Pudo oír su grito de sorpresa cuando la mordió suavemente. Su mano todavía corría sobre su piel caliente cuando su boca se deslizó de nuevo sobre sus labios para capturarla de nuevo en otro beso voluptuoso e incluso feroz.
Cuando finalmente volvió a soltar sus labios, necesitaba tomar aire. La miró y vio un extraño brillo en sus ojos color avellana cuando lo miró fijamente. Tom temió haber ido demasiado lejos cuando Hermione de repente quitó sus brazos de su posición y las deslizó alrededor de su cintura. Luego levantó los brazos y tomó sus mejillas con ambas manos. Las cejas de Tom se alzaron con sorpresa cuando le empujó la cabeza hacia abajo, con bastante contundencia. Sus labios se estrellaron sobre los suyos y empezó a besarlo. Pudo sentir que una de sus manos cayó en su hombro, mientras que la otra vagó a la parte posterior de su cuello. Entonces sus labios dejaron su boca y Tom gimió suavemente con placer cuando ella dejó un rastro de besos a lo largo de la línea de su mandíbula, mientras su mano corría exigente e incluso con brusquedad por su pelo.
En el momento en que lo liberó de nuevo estaba respirando pesadamente. Hermione alzó la vista hacia él, sus ojos marrones centelleando de manera emocionante. Entonces se apoyó en él y apoyó la cabeza contra su pecho. Tom deslizó automáticamente sus brazos alrededor de ella y la abrazó a él, pero rápidamente volvió a soltarla al oír repentinamente pasos que venían desde el pasillo detrás de él. Esperaba que no fuera ningún maestro, pensó mientras tomaba un paso lejos de Hermione. Si un maestro los hubiera visto besarse, ambos conseguirían detención. Aunque Hermione sería castigada más estrictamente ya que era una chica. Tom volvió la cabeza para mirar a quienquiera que iba hacia ellos. Si realmente era un maestro, haría todo lo posible para convencer al profesor de castigarlos por PDA.
Sin embargo, al reconocer a la persona que caminaba hacia ellos, una sonrisa malvada se formó en su rostro. Era ese chico idiota de Gryffindor, Marc Longbottom. A juzgar por el furioso color púrpura en su rostro y la mirada que le enviaba a Tom, ese idiota había visto cómo Tom había besado a Hermione. Tom inclinó la cabeza en un gesto de burla, mientras el chico Gryffindor los pasaba. Estaba inmensamente satisfecho al ver esa mirada en el rostro de Longbottom intensificarse. Tom incluso tuvo que suprimir las ganas de reírse maliciosamente cuando el disgusto se filtró en su mirada.
El idiota de Gryffindor los pasó sin decir una palabra, antes de decir entre dientes la contraseña del retrato y entrar a la sala común. Después de que el pendejo hubiera dejado el corredor, Tom miró a Hermione. Ella se volvió de nuevo hacia él y Tom arqueó las cejas al ver una expresión de tristeza en su rostro. Después se acercó y se apoyó en él, agarrando la tela de su jersey en sus manos mientras enterraba el rostro en su pecho. Tom la envolvió con sus brazos de manera protectora. Fue entonces cuando se dio cuenta de que el estúpido chico de Gryffindor no sólo lo había mirado a él con disgusto ardiendo en sus ojos. Había mirado a Hermione de la misma manera.
Nota de Winterblume
Finalmente terminé un nuevo capítulo. Realmente espero les guste. Fue un poco difícil describir todas las tensiones entre los personajes en este capítulo.
Espero que la conversación entre Dumbledore y Hermione no resultara aburrida ya que es bastante larga. Pensé acortarla de alguna manera. Pero no sabía cómo. ^^ En caso de que lo preguntes: no quiero que Dumbledore sea el malo en esta historia. Claro que lo parece en este capítulo, pero tiene una muy buena razón para desconfiar de Tom. No debemos olvidar eso. Él sabe que Tom asesinó a otro estudiante. Eso es un crimen muy serio después de todo.
Traducción: Haz Zoubar - es alemán viejo. Haz (Hass) significa odio y Zoubar (Zauber) significa magia o hechizo.
NA/: Este capítulo era el ultimo que tenía en mi pendrive, al principio pensaba que ya estaba acabado y empecé a traducir el capitulo siguiente, menos mal que abrí el archivo y me di cuenta que el capitulo no estaba acabado, solo tenía unas 6 páginas más o menos. Así que continúe traduciendo desde ahí, en caso de que noten un cambio en la traducción. También me ha fastidiado poner guiones en los diálogos, lo he hecho aquí para que el capitulo no quedara sucio, pero a partir del próximo pondré comillas.
Respecto al capítulo, no concuerdo en nada con la autora, odie mucho a Dumbledore en este capítulo, me pareció tan hipócrita y muy injusto, me dieron ganas de chocarle la cabeza contra la pared para quitarle esa estúpida sonrisa amable y toda su actitud serena, me ponía de los nervios, como a Hermione. En este fic están saliendo a relucir los defectos que en los libros de Harry Potter tapaban con un tupido velo.
