El Gobblewonker

Estaban los gemelos comiendo el desayuno, cada cual tenía un envase de miel de maple. Acababan de terminar de comer cuando a Stanley se le ocurrió hacer una carrera con la miel de maple.

Stanford estaba ganando pero eso fue hasta que Stan se hartara de lo lento que iba su miel de maple y le pegara a la parte de abajo del recipiente haciendo que esta cayera demasiado rápido en la garganta haciendo que tosiera.

— Hiciste trampa, de otra forma no me habrías ganado — le reto Stanford mientras agarraba la revista que recibían en la cabaña y encontró algo que le llamo la atención.

— Mira esto Ford — mostrándole la revista pero para su decepción Stan se interesó más en una bola de hámster tamaño humano que en el artículo que Lee quería que leyera.

— Con esa cosa sería imparable — dijo de forma soñadora pero Stanford le llamó la atención al otro artículo.

— Nosotros vemos cosas mucho más raras de las que muestran aquí, ¿Sacamos alguna foto a las hadas? — termino preguntando a lo que Ford negó con la cabeza.

— Solo este puñado de polvo de hada y los recuerdos — mostrándole el puñado de polvo brillante que tenía en un frasquito.

— ¿Por qué guardaste eso? — intrigado su hermano a lo que Stan solo se encogió de hombros.

Fue en ese momento que llego la tía Mabel con una gran sonrisa.

— Niños, ¿Saben que día es hoy? — más emocionada que de costumbre.

— ¿Feliz aniversario? — trato de adivinar Stanford.

— ¿Mazel tov? — trato de adivinar Stanley y con eso lograron que su tía le pegara a cada uno con el diario que había estado llevando en la mano.

— Día de diversión familiar. Hoy no trabajamos para poder divertirnos — decía mientras revisaba la heladera y sacaba un poco de leche para agregar al café.

— ¿Sera como el último día de diversión familiar? — preguntó preocupado Stanford.

Habían estado creando decoraciones para la tienda y la tía había usado tanto brillo que tardaron días en sacárselo del pelo.

— Aún algunos pájaros me atacan la cabeza a veces — se quejó Stan fritándose el pelo enojado.

— Sé que eso no fue lo más divertido que se me pudo ocurrir, pero quién quiere vendarse los ojos y subir a mi auto — lo dijo con un tono de emoción tan grande que ninguno de los dos pudo evitar gritar "yo", hasta Stanford tardo en darse cuenta de lo que había dicho.

Como había propuesto la tía, los dos se subieron al auto con las vendas en los ojos, cosa que hizo el viaje mucho más espeluznante de lo que hubiera sido de poder ver, en especial porque ellos no sabían que Mabel no estaba mirando el camino, porque estaba tratando de sintonizar algo en la radio.

— Con los ojos vendados mis otros sentidos se agudizan, soy como un superhéroe — decía Stan mientras que le tocaba la cara a su hermano pero fue interrumpido porque el auto pegó un salto.

— ¿Tía, tu también tiene los ojos vendados? — preguntó Stanford preocupado no sabiendo lo que pasaba con su tía.

— No pero con mis cataratas es como si los tuviera — mintió mientras hacía como si el sol le molestara a los ojos, — ¿Es ese un pájaro carpintero? — dicho eso se salió del camino.

Después de unos minutos más de un viaje movido, llegaron al lago donde los dos niños se sacaron la venda cuando se les dijera y se quedaron mirando a su tía sin entender.

— Es temporada de pesca — mostrándoles un cartel que anunciaba el inicio de la temporada.

— ¿Qué estas tramando anciana? — preguntó Stanford no creyéndose que su tía quisiera hacer eso solo para pasar tiempo con ellos.

— Les va a fascinar, todo el pueblo está aquí — viendo a las otras personas que estaban pescando y como se estaban divirtiendo.

— Eso es tiempo en familia — dijo pensativa pero fue interrumpida por Stanford.

— ¿Desde cuándo te interesa pasar tiempo en familia? — eso puso levemente triste a Mabel pero lo disimulo antes de volverles a hablar.

— Vamos, va a ser genial, sé que a los niños de su edad les encanta esto, nunca pude convencer a mis amigas de que vengan a hacer esto conmigo porque "son demasiado femeninas para esto" — diciendo lo que decían sus amigas haciendo comillas con los dedos.

— Creo que si quiere pescar con nosotros — Stanley sintiéndose atrapado y no sabiendo como zafarse de eso.

— Sé que puede alegrarlos, los sombreros de pesca de los Pines — poniéndoles unos gorros con más brillo que tela y que tenían bordados Stan 1 y Stan 2. Los chicos los miraban incrédulos.

— Los hice yo y estaremos los tres solos con esas hermosas gorras pescando durante diez horas — eso si que no le gusto a los niños.

— ¿Diez horas? — preguntó escandalizado Stanford mientras que Stan lo miraba preocupado, no quería estar allí pero tampoco quería lastimar los sentimientos de su tía.

Estaban pensando en cómo no ir cuando un hombre alto y un poco robusto grito desde el muelle que había visto algo y siguió gritando mientras tiraba todo lo que había a su alrededor.

Estuvo gritando hasta que una señora lo parara preocupada, pero eso duro poco porque ya estaba mostrándoles a todos su bote destruido y echándole la culpa a un monstro llamado Gabelwonker.

Eso interesó mucho a Stanford, quién le mostró la revista a Stanley recordándole del premio por una foto de algo raro y como podían dividirse la ganancia por la mitad.

Eso emociono mucho a Stan quien trato de convencer a Mabel de que fueran a la isla, después esmeraron a celebrar poder ir a una cacería de monstros pero pararon cuando el viejo se uniera a ellos pero no pudieron decir mucho porque un bote se estaba acercando a ellos. En él estaba Fiddleford y estaba emocionado de verlos.

— ¿Dijeron cacería de monstruos? — emocionado por lo que acababa de escuchar y a los dos les encantó ver a Fidds.

— Fidds — celebró Stan feliz de verle.

— ¿Cómo estas Stan uno? — Haciendo el golpe de puño con él, seguido de un ruido de explosión, sabía que eso le gustaba — después te devuelvo el libro que me prestaste Stanford — le había prestado un libro hacia unos días y no lo había terminado de leer.

— Si quieren puedo llevarlos en mi bote, le mejore el motor hace unos pocos días — orgulloso de su trabajo y logrando emocionar a los chicos.

— Piénselo bien, puede ir a perder el tiempo en una épica cacería de monstruos o divertirse de lo grande pescando con su tía abuela Mabel — poniendo pose triunfadora, cosa que se vio opacada por el mal estado del bote en el que estaba sentada.

Los chicos primero vieron al bote de Fiddleford y después al de Mabel para y sin dudarlo mucho irse en el bote del chico reparador.

Eso puso muy triste a Mabel pero no iba a dejar el bote, ya esos dos se darían cuanta de su error pero no estaba tan segura de aceptarlos de vuelta en su bote cuando eso pasara.

Cuando estaban yendo se dieron cuenta de que no tenían protector solar y por eso volvieron a comprar un poco a la tienda que estaba cerca del lago.

Una vez que no les faltara nada, Stanford les contó cuál era su plan y de paso respondió la pregunta de su hermano de qué era lo que había comprado y que llevaba en muchas bolsas.

Les contó como el mayor problema para los que seguían monstros era que se quedaban sin rollo o no encontraban la cámara. Pensando en eso fue que él compró dieciséis cámaras descartables.

Después de perder varias cámaras en la explicación Stanford asigno los puestos. Nombrando a Stanley vigía, a Fiddleford se encargaría del timón y él sería el capitán.

— ¿Quién te dio el título de capitán? — se quejó enojado Ford.

— Porque todo esto fue mi idea — respondió enojado Lee.

— ¿Por qué no puedo ser yo el capitán? — preguntó desafiante.

— No me parece buena idea — dijo pensativo con una mano en la pera.

— Entonces seré co capitán — emocionado por haber descubierto una solución al problema, con una gran sonrisa en su rostro.

— No existe el título de co capitán — como respuesta, Ford tiro una de las cámaras al agua.

— Esta bien sé lo que quieras — dijo dándose por vencido, — lo que vamos a hacer para atraer a la criatura es atraerlo con esto — dijo señalando un barril de comida para peces.

Todo eso paso ante la mirada atenta de Mabel quien ofendida fue a tratar de hablar con alguien pero lo único que consiguió fue se fueran dejándola sola.


Por su parte los niños ya estaban llegando a la isla Undetrasero, Stan jugando con un pelícano que estaba en la proa, cosa que molestaba a Stanford que quería que se tomaran el tema en serio, tan en serio como se lo estaba tomando él, por lo menos.

Fue gracias a eso que prácticamente chocaron con la isla y antes de que Stanford pudiera quejarse, Stanford1 declaro que habían llegado.

Viendo que el ambiente estaba tenso fue al cartel y con algo de esfuerzo logro tapar parte del cartel.

— Miren chicos, la isla trasero — eso solo le dio gracia a Stanley e hizo que Stanford se enojara más.

— ¿Qué te pasa, el miedo mató tu sentido del humor? — preguntó creído Stan.

— No tengo miedo — se quejó Stanford pero Stanley empezó a hacerle cosquillas, cosa que solo logró molestar más a su hermano y no paró hasta que escucharan un ruido horrible.

— Por favor díganme que eso fue el estómago de uno de nosotros — dio Stan asustado.

— No creo que ningún estomago humano haga ese tipo de ruidos — dijo igualmente asustado Fiddleford.

Tan ocupados estaban estando asustados que no notaron la zarigüeya que apareció y se llevó el farol que habían estado usando, yéndose por la niebla hasta que no se le pudiera ver.

— No veo nada — se quejó Stanford tratando de ver a pesar de la niebla.

— Tal vez no valga la pena — dijo Fiddleford pero Stanford estaba tan seguro de querer la foto que les emociono contándoles cómo serían las cosas de poder tener esa foto, lo bien que les iría si la tuvieran. Eso los alentó a seguir y Fiddleford por si acaso agarro un palo que había en el piso, planeando usarlo como arma.

Llegaron al otro lado de la isla donde había algo que tenía la forma de un monstro pero cuando se acercaron se dieron cuenta de que se trataba solamente de un monstro de madera, en el cual había muchos castores jugando y abrazándose.

— Pero lo que escuchamos era un monstro — se quejó indignado Stanford y cerca de donde estaban volvió a sonar el ruido y para decepción de todos se dieron cuenta de que no era más que un castor mordiendo una motosierra y eso haciendo que se encendiera por unos segundos.

— Al final resulto que el viejo solo estaba loco — dijo Stanford abatido.

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Mientras tanto Mabel le estaba dando consejos a un niño que había visto en un bote.

— Cuando lanzas una línea mucha gente no lo sabe pero debes usar un nudo de barril, es un secreto que te comparto — eso había sido algo que aprendiera cuando era joven.

Lamentablemente lo que logró hablándole así fue asustar al niño.

— ¿Quién es usted? — preguntó asustado.

— Tu puedes llamarme tía Mabel — orgullosa pero los padres del niño la amenazaron con llamar a la policía y ella se fue lo más rápido que pudo.


— ¿Qué le diremos a la tía Mabel? La dejamos sola por nada — se quejó Stanford para luego tirar una piedra al lago.

En ese momento la tierra se estremeció un poco y del agua salió la criatura que habían estado buscando, asustando a los tres exploradores que empezaron a correr siendo perseguidos por el monstruo y mientras huían le iban tirando cámaras, en un vano intento de lastimar la criatura.

Mientras eso pasaba Mabel estaba escuchando como una abuela estaba pasándola bien con sus nietos, cosa que la ofendió y les abucheo.

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El monstruo los siguió, haciendo que se chocaran con la estructura donde estaban los castores y estos los atacaran.

Deshacerse de ellos fue complicado y cuando lo lograron estaban demasiado cerca de una catarata y pensando que atrás de esta iba a haber una cueva, por suerte para ellos, si la había y por el tamaño de esta el monstro se quedó trabado.

Aprovecharon eso para sacarle unas fotos pero en ese momento una piedra le cayó encima y la forma en la que callo la cabeza fue demasiado rara, cuando Stanford se acercó y golpeó el monstro, notó que era de metal y después de treparlo, encontró una compuerta y al abrirla encontró al viejo que habían visto gritando y le explicó como nadie le prestaba atención y como había construido un robot para lograrlo, eso les pareció raro hasta que les dijera que era algo común en las personas viejas. El buscar atención, no el construir monstros.

— Creo que fue cruel que dejaran a la señora Pines sola — eso le dolió a los gemelos que decidieron agarrar el destruido bote e ir con Mabel.


Mabel no estuvo feliz de recibirlos pero al final lograron convencerla y pasaron lo que quedo de la tarde pescando, jugando juegos y sacándose muchas fotos, la verdad es que no había sido tan aburrido como pensaron que sería.

También esperaban que haciendo eso no volviera a hacerles pasar por algo lleno de brillo en lo que les quedaba de vida.

Sé que me apuro en partes pero espero que igual les guste como escribo.

Acepto ideas para cambios de roles, igual pondré los cambios hechos hasta ahora.

Mabel = Stanley

Dipper = Stanford

Wendy = Helen (esposa de Stanford en mis fic)

Soos = Fiddleford