Volví con ganas de más.

La tienda maldita

Era un día aburrido en la tienda de la Cabaña del misterio y los gemelos Stan estaban trabajando, como siempre pero claro que no estaban solo, Helen Brown y Fiddleford McGucket estaban con ellos y hacían lo que podían para divertirse, cosa que era bastante complicado por lo poco que se podía hacer pero aun así se las ingeniaban. Por ejemplo Stanford estaba haciendo girar el globo terráqueo mientras le tiraba un pedazo de goma de mascar y veía a que país le caía y Stanley trataba de convencerlo de que deje de hacerlo y todo eso siguió hasta que Mabel apareciera por la puerta diciendo que se iba y les dejaba el lugar para que ellos lo cuidaran.

Helen no tardo ni dos segundos en mostrarles una cortina y la escalera que estaba detrás de ella.

— Miren una escalera secreta — lo dijo con ese tono que usan los presentadores de programas de televisión, esos en los que las personas ganan premios.

— Estoy seguro de que a la señora Pines no le va a gustar eso — no le escucharon porque es una personas muy nerviosa y el que él estuviera asustado no era para nada raro y fue así como subieron divertidos con lo que estaban haciendo.

Ya arriba admiraron la reposera y la hielera que estaban mirando al tótem, este tenía una mira en la parte de arriba y había un balde con piñas. Sacaron unas cuantas piñas y las tiraron al blanco, Helen y Ford le pegaron pero Lee se quedó corto aunque fue por poco.

— Por eso papá insiste que practiques boxeo, si sigues así serás un debilucho —burlándose pero eso fue interrumpido cuando una minivan llegara a la cabaña.

— Sin Mis amigos, nos vemos después — saludo a los dos Pines y se fue volviendo a bajar por las escaleras y saliendo corriendo.

Los dos Pies se quedaron ahí y Ford empezó a reírse de la nada.

— No me digas que te enamoraste de Helen, aunque la verdad no es fea — divertido por la cara que estaba poniendo su hermano.

— Claro que no, me cae bien, no es como si me pasara las noches pensando en ella sin dormir — tratando de sonar tranquilo pero fallando miserablemente.

Eso fue exactamente lo que hizo esa noche y al día siguiente mientras que otra vez cuidaban la tienda de recuerdos, una aburrida Helen prendió el equipo de música y Stan se puso a bailar un poco y cuando estaba bailando Helen noto a Stanley, quien estaba haciendo como que anotaba y con una sonrisa lo invito a bailar.

— No sé bailar — tratando de acabar el tema pero Stan que estaba parado detrás del mostrador se rio.

— Ahora no pero cuando éramos niños bailabas "El baile de la oveja", mamá le ponía un traje de oveja y le hacía cantar una ridícula canción sobre flores — divirtiéndose del recuerdo y sacando de su billetera una foto que guardaba de su hermano.

— ¿Cómo podemos saber que ese no eres tu? — lo decía porque al niño de la foto no se le veían las manos.

— Dos cosas, primero están los anteojos, yo siempre use anteojos rectangulares para que nos puedan diferenciar y después está el hecho de que a mi no lograron obligarme a ponerme ese disfraz, yo me ponía uno de lobo y saltaba encima de él arruinándole la canción, por eso es que la dejo de cantar, ahora que lo pienso creo que le hice un favor — sintiéndose orgulloso de lo que había hecho cuando era más pequeño.

— Según mamá tu te tirabas encima de mí y yo terminaba empujándote para que después lloráramos los dos enojados y ella nos tenía que calmar, creo que tengo esto todavía — revisando su propia billetera y sacando una foto de Ford con disfraz de lobo, tratando de verse intimidante pero se veía más tierno que nada. Eso enojo a Ford que trato de sacarle la foto pero el reloj anuncio que era hora de irse y Helen se despidió mientras que guardaba el tag con su nombre en su bolsillo pero Stanley la paro llamando su nombre.

— ¿Podríamos ir contigo? — extendiendo su mano como si la quisiera detener.

Helen se dio vuelta para volver a encararlo y lo pensó antes de responder.

— No sé si convenga, mis amigos son demasiado locos y no estoy segura de que puedas con ello — no queriendo meter a los niños en un problema.

— Claro que podemos, hacemos boxeo, podemos con cualquier cosa — señalándose con el pulgar seguro de sí mismo o por lo menos pareciéndolo.

— ¿Cuántos años tienes? — tratando de adivinar pero la verdad es que ella no era muy buena para eso.

— Tenemos trece, ya somos unos adolescentes — esperando que ella se lo creyera y mientras que ella iba a saludar a sus amigos, los dos chicos hablaban.

— ¿Ya tenemos trece? No sabía que este año habría habido un dos por uno en los cumpleaños — pensativo Ford, cosa que enojo a Lee, quién le dio un leve golpe en la nuca.

Eso ofendió a Ford pero no dijo nada, solo salieron de la casa y se encontraron con Helen que estaba ya hablando con sus amigos, que eran una chica a la que aparentemente le gustaba el rock, con su pelo que tenía partes teñidas de rosa, con ropa negra y que estaba jugando con su celular, dos chicos que estaban con jeans y playeras, uno rubio y otro castaño, también había un gordito que tenía una playera como la que usan los tenistas y un shortcito; por último estaba un chico rubio con pelo algo largo y que estaba hablando con Helen como si fueran muy amigos y eso molestaba mucho a Lee e hizo que Ford girara los ojos y fuera a donde estaba Helen.

— Acá llego el rey de la diversión — señalándose con los pulgares a lo que Lee se golpeó la frente con la palma de la mano.

— Él no es bueno para las primeras impresiones, no es tan bueno como yo — a diferencia de su hermano, él se señaló con un solo pulgar pero al no escuchar nada solo se quedó callado.

— ¿Estás haciendo de niñera? — preguntó uno de los rubios

— Cállate Thistler, ellos son los gemelos Stan y son mis compañeros de trabajo — no le había gustado como había hablado de ellos.

— Stanley, Stanford, les presentó a Lee y Rick, ese es Thomson, quien por cincuenta centavos se comió un insecto y ya saben quién es Thistle — Thomson se enojó cuando contara lo que había hecho pero a ella no le importó.

Después de los saludos, se subieron al auto y cuando estuvieron arriba Thomson les dijo que no golpearan el techo, porque a su mamá eso no le gustaba pero fue lo primero que hicieron, mientras que vitoreaban a Thomson.


Mientras que eso pasaba, en la cabaña estaba Mabel mirando la tele y todo estaba bien hasta que el programa que estaba viendo terminó y una película cursi apareció, asustada empezó a buscar el control remoto pero como no lo encontraba, les gito a los chicos y como estos no le respondían, indignada se resignó a ver el programa.

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Cuando llegaron a donde iban, se dieron cuenta de que era un mini mercado que estaba cerrado y rodeado por una reja.

— Admiren, la tienda maldita — divertida Helen admirando el lugar donde habían ido.

— ¿Por qué la cerraron, fue sanidad? — curioso Stanley.

— Asesinaron personas en ese lugar y dicen que desde entonces esta maldito — dijo el amigo de Helen que tenía el nombre que era igual a como llamaban Stanley.

— No sabía que este pueblo tenía historias tan interesantes — dijo Stanley mientras que Stanford temblaba al lado de este.

— Por favor no me digan que hablan en serio — tratando de no demostrar lo asustado que estaba pero el que agarrar le brazo de su hermano no le ayudaba mucho.

— Tranquilízate Stanford, no puede ser tan malo — dicho eso empezaron a trepar la reja y el único que no se animó a bajar de un saltó fue Stanford.

— Dale tírate, yo te agarro — dijo Lee pero él se negó rotundamente, había sido suerte que subiera.

Stanford siguió dudando hasta que Rick, que había subido después de él y lo agarro para tirarlo, siendo agarrado por el otro adolecente.

Se felicitaron por lo que habían hecho hasta que Thistler tratara de abrir la puerta del local pero esta estaba cerrada pero después de mirar atentamente el lugar a Stanley se le ocurrió algo.

— Déjame tratar — acercándose a la puerta, lo que hizo que Thistler se burlara pero eso no lo paro y subió al techo y se dirigió hacia donde estaba la salida de la ventilación y empezó a golpear.

— Vamos Stanley, demuestra que las clases de boxeo no fueron una pérdida de tiempo — lo alentaba Stanford y los otros empezaron a gritar su nombre alentándolo.

Cuando pudo entrar pasaron unos pocos minutos antes de que les abriera la puerta del frente.

— Fue bueno que este niño viniera — dijo Rick mientras entraba.

— Desde ahora te llamaremos doctor diversión — comentó Lee felicitándolo.

Stanford le choco los cinco y Helen le desarreglo el pelo de forma cariñosa mientras que entraba.

No sabían que mientras que ellos estaban dentro el cartel cambiaba de abierto a cerrado.

Estuvieron investigando el lugar, Stanley encontró un diario, el cual le sirvió para darse una idea de hace cuánto tiempo llevaba cerrado, era desde 1995, es decir unos dieciocho años cerrado.

Pero eso no le importó cuando Helen le diera la electricidad al lugar, activando las máquinas y todo lo que había en ese lugar.

— ¿Qué vamos a hacer? — le preguntó Stanley a Helen.

— Haremos lo que queramos — feliz y todos se dividieron para ver que podían hacer.

Desde jugar a guerras de comida hasta ponerle pastillas de menta a una botella de gaseosa y ver como explotaba, se divirtieron un montón.

Stanford estaba jugando con los otros hasta que encontró algo que no había visto hacía ya bastante tiempo, eran unos dulces de un color rojo pero no ese rojo pálido que tienen la mayoría de los dulces, era un rojo demasiado vivo para lo que era y estaba en una bolsita con el dibujo de un duende que estaba parado encima de una hoya de oro.

— No lo puedo creer, es el duende afortunado — feliz de la vida fue a hacia los dulces agarrando la primera bolsita y vaciándola dentro de su boca, ni se notaba el tiempo que estaba en ese lugar, por lo menos él no lo notaba.

Stanley estaba sentado con Helen en donde estaba la caja registradora admirando como se divertían todos mientras tomaban un helado.

— Esta noche es increíble — dijo Helen haciendo una pausa.

— ¿En serio? — preguntó Stanley sintiéndose orgulloso de poder estar ahí y haber ayudado para que pudieran entrar.

— Claro, los chicos se están divirtiendo, hasta Tambry está menos pendiente de su teléfono y tu hermano se está volviendo loco con ese duende afortunado — Stanley miro a su hermano y realmente dudo si tenía que ir a decirle que dejara de comer eso, en especial por lo vencido que debía de estar.

No lo sabía pero su hermano ya estaba delirando con duendes a los que trataba de robarles sus hoyas de oro.

Helen estaba pensando cómo decir algo y cuando se le ocurrió lo dijo:

— La verdad es que dude que pudieras estar con mis amigos pero eres muy maduro para tu edad — señalándolo con el helado.

— Claro que soy maduro— estaba tan distraído que se terminó golpeando con el helado en la majilla.

Estaban en eso cuando uno de los chicos que estaban poniéndole hielo al pantalón de Thomson dijera en voz alta que necesitaban hielo y Stanley se ofreció para ir a buscarlo y corriendo fue a la heladera.

Sacar el hielo no fue difícil pero en el momento en el que lo sacó vio un cerebro con los nervios que lo conectaban a los ojos y una boca.

Cuando los ojos se acercaron a él se asustó, cerró la heladera y tiro la bolsa de hielo mientras que pegaba un grito de miedo.

Eso llamo la atención de los otros que fueron a ver que estaba pasando.

Le dio bastante vergüenza cuando dijeron que habían escuchado a una niña gritar, cosa que molestó demasiado a Stanley pero consiguió distraerlos con el juego de baile, ese donde pisas los botones imitando lo que aparece en la pantalla.

Lamentablemente cuando estaba por calmarse vio para la pared y en ella se vieron reflejados pero lo que le asustó fue que estaban como esqueletos.

Eso era más de lo que podía manejar solo y fue por eso que fue al teléfono a tratar de llamar a su tía. Eso sin saber que esta estaba sentada en su sillón reclinable con un helado viendo la película que había dicho que no vería y por eso no le atendía.

Enojado colgó el teléfono y fue a donde estaba su hermano tirado en el piso con bolsitas vacías a su alrededor.

— Dime que algo porque estamos en una tienda encantada pero si digo algo los otros me acusaran de ser un llorón — al no recibir ningún tipo de respuesta, le prestó más atención a su hermano y vio como estaba a pasos de estar desmayado, totalmente intoxicado por la cantidad de caramelos que había comido.

— ¿Cuántos de estos te has comido? — asustado por el estado de su hermano, además de que estar con él le hacía sentir más valiente. Porque cuando uno está con una persona que se asusta uno se obliga a ser valiente pero estando Stanford en ese estado se sentía muerto de miedo.

— Demasiados, miles, creo — Stanley negó con la cabeza, tratándose de calmarse mientras que Thistler estaba raspando loterías, tratando de ganar algo, cuando la moneda se le cayó y vio que había dos siluetas dibujadas en el piso.

Llamo a los otros y todos se quedaron viendo hasta que Thistler le retó a Rick que se acostara en una de las siluetas y lo habría hecho pero Stanley lo detuvo con un grito.

— Mejor no, no creo que eso sea seguro — eso enojo a los otros, que estaban esperando seguir divirtiéndose.

— No seas tan amargado, señor aguafiestas — con gana de hacer enojar a Stanley y claramente lo logró.

— Pensé que yo era el doctor diversión — no entendiendo porque le habían cambiado el sobrenombre.

— Bueno ahora estas actuando como el señor aguafiestas, ¿cierto?— retruco el rubio y los otros, hasta Helen le dieron la razón y eso hizo que Stanley enojado fuera hacia una de las siluetas para acostarse en ella y más porque había escuchado a Tambry decir que tenía nueve años.

— Tengo trece años, soy casi un adolecente — para resaltar lo que había dicho se acostó en la silueta pero en el momento en el que lo hizo una luz la ilumino, después iluminó a Tambry y esta desapareció, en su teléfono se escribió como si gritara seguido de un montón de emoticones y después se la vio en una de las pantallas de seguridad, golpeándola como queriendo salir.

La siguiente víctima fue Thomson, quien seguía jugando al video juego y al igual que Tambry fue iluminado pero él fue absorbido por el video juego, donde las flechas lo atacaban siendo cada vez más rápidas.

Thistler trato de convencerlos de que se fueran y al ver que la puerta estaba cerrada, agarro la caja registradora pero cuando la tiro una luz lo encandilo.

— Stanley queriendo tranquilizarlos a todos, saco su diario y ojeando vio la página que hablaba de los fantasmas y les dijo que tenían que averiguar por qué seguía en este mundo — eso a Lee le pareció idiota y después de que se burlara usando sarcasmo, la luz lo ilumino y termino atrapado en el dibujo de una caja de cereal siendo atacado por el personaje de la caja.

Todos se habían puesto de acuerdo en escuchar a Stanley cuando un Stanford maldito apareció volando y todo iluminado.

— Esta cera su tumba — era Stanford pero la voz que se escuchaba no era la de él.

— Lamentamos habernos metido en su tienda sin su permiso, por favor déjenos ir y nunca volveremos — eso pareció convencer al fantasma que abrió la puerta pero les ofreció salchichas y como ellos se fueron corriendo, el fantasma ofendido y les cerró la puerta para declarar que lo de las salchichas era una broma.

Lo acusó de ser mal educado a uno de ellos y lo terminó transformando en una salchicha, cosa que le hizo tener un ataque de pánico.

Hecho eso hizo que terminaran en el techo haciendo que todas las cosas cayeran y usando esas cosas para atacarlos, asustados se escondieron en un mueble.

Ahí dentro trataron de ver porque elegía a quien atacar y llegaron a la conclusión que esas personas habían estado haciendo cosas típicas de adolescentes.

Con eso en mente Stanley le pidió a Helen que se quedara escondida.

Tratando de verse más valiente de cómo se sentía fue caminando hacia donde estaba Stanford y tan claro como pudo dijo:

— No soy un adolecente — eso hizo que dos ancianos aparecieran, uno de ellos estaba sujetando a Stanford por debajo de los brazos y cuando escucho eso dejó a Stanford en una pila de comida chátara.

Entre los dos le contaron como odiaban a los adolescentes y que fue por lo indecentes que eran sus bailes que los dos terminaron teniendo un infarto, cosa que fue lo que los mató.

Cuando Stanley les preguntó si había algo que pudiera hacer para salvar a sus amigos, el señor, quien su tarjeta identidad decía pa, le preguntó si se conocía un baile que fuera gracioso.

Claro que Stanley se lo conocía pero no se animaba a hacerlo y menos en frente de Helen y por eso preguntó si no había otra forma pero por la reacción violenta del fantasma quedo claro que no.

— Conozco el baile de la oveja pero no puedo hacerlo sin un disfraz de oveja — pensando que al decir eso se iba a salvar de tener que hacerlo pero con un chasquido de los dedos de Pa, hizo que usara un disfraz que era ridículamente igual al que hubiera usado de pequeño.

Resignado hizo el baile de la oveja, con el canto y el baile. Eso le encantó a los fantasmas, tanto Ma como Pa se pusieron felices y después de felicitarlo, le dijo que los dejarían ir y puso la tienda como estaba, haciendo que todo volviera a caer del techo al piso.

Cuando se recuperaron, Stanley fue a ver como estaba su hermano y mientras que él estaba haciendo eso, los otros le preguntaron a Helen que había pasado y ella después de pensarlo y ver como estaba sufriendo Stanley, contó una mentira sobre como los había molido a golpes, después hizo el gesto de cerrarse la boca, como si tuviera un zipper y que después tiraba la llave, cosa que Stanley imitó.

Ya enfrente del vehículo, quedaron en que la próxima vez se quedarían en la cabaña, cosa que le encantó a Stanley por el simple hecho de que volvería a pasar tiempo con ella.

Cuando llegaron a la casa, la tía Mabel había tirado una lata de gaseosa por la ventana rompiendo el vidrio y cuando se dio cuenta de que ellos estaban afuera solo dijo:

— Ayúdenme a buscar el control remoto — pero eso se canceló cuando viera el estado en el que estaba Stanford, por eso le dio un antiácido y lo mandó a la cama, claro que Stanley no se salvó y tuvo que ayudar a su tía a buscar el control, una vez que lo encontrara volvió al cuarto y sintiendo pena por su hermano se fue a acostar en la cama de este dejando que lo abrazara, porque eso siempre lo calmaba.

No le importaba si al día siguiente se hiciera el enojado, lo iba a hacer para que durmiera tranquilo.

Con esto termino este capítulo, al cual no creo que le hice muchos cambios pero igual espero les guste.

Planeo hacer toda la serie, cosa que no es fácil pero me gustan los retos.

Elice Afrodita: Me gusta que te haya gustado, la verdad es que tengo la teoría de que Susan fue disparada por el rayo de McGucket demasiado y por eso no conocemos su verdadera personalidad y por eso le pude inventar la que yo quisiera.