Hola mis hermosos, no se me ocurre nada que poner acá pero no quiero dejar de escribir.

Stanford contra la hombría

Mabel estaba atendiendo a uno de los idiotas de Gravity Falls, ese en especial le estaba preguntando por si tenía cosas que fueran navideñas, cosa que carece de sentido cuando son pedidas en verano y para colmo ella estaba aburrida porque la mayoría de los turistas se habían ido y no había señas de que hubiera de que más turistas fueran a aparecer, por lo menos por unas cuantas horas.

Estaba viendo de reojo al idiota cuando sus dos sobrinos entraron corriendo quejándose de que tenían hambre.

— Dame de comer anciana o juro que me lo comeré a él — Lee señalando a su hermano, con una sonrisa que trataba de ser maniática pero que no lo lograba.

— Tenemos que esperar a que ese cliente se decida a comprar algo y se vaya — señalándolo mientras que hablaba con voz aburrida.

Lamentablemente para ellos, el idiota estaba tratando de decidir si comprar una playera de puma o una de pantera y parecía que iba a tardar mucho.

— ¿Quieren que nos vayamos y lo dejemos encerrado? — dijo Mabel a lo que los dos chicos aceptaron y se fueron corriendo después de trabar la puerta.


Ya en la cafetería se fueron a sentar a una mesa que estaba vacía y fueron atendidos por un camarero que tenía ojos celestes y el pelo atado en una coleta.

— Hola Gabe, guapo, ¿Dónde estuviste ayer? — sonriendo tratando de verse bien para él.

— Estuve haciendo un show de marionetas en la biblioteca, ¿Qué les puedo servir? — termino preguntando, no mostrando mucho interés en ellos.

— Queremos un plato de waffles para que los caballeros compartan y yo tomare una taza de café y le robare comida a estos dos, bombón — el mesero anotó todo y se fue.

— ¿Los tres vamos a comer de lo mismo? — preguntó indignado Stanford que estaba sentado delante de su tía y STANLEY.

— Yo quiero comer hot cakes — se quejó Lee pero su tía no pareció importarle.

— Deben agradecer que les estoy comprando comida, con lo caro que es este lugar no debería comprarles nada — dijo ella enojada y Stanford noto que en el fondo del lugar había una maquina con la cual se podía medir la hombría y que tenía de premio unos hot cakes gratis.

— No se preocupen, yo invito el desayuno, lo ganare ganándole a ese medidor de hombría — eso hizo que lo miraran incrédulos.

— ¿Tu vas a demostrar tu hombría? — dijo incrédula Mabel.

— Pero si hasta te daba miedo ir a clases de box, te escondías atrás mío — al escuchar eso Mabel se rio con más ganas.

— Eso no era así y no entiendo porque te ríes tía — ofendido por las risas de su tía.

— Porque tu no eres el varonil varoninton — dijo ella divertida y a Lee eso le hizo reír, molestando más a su hermano.

— Claro que lo soy, soy tan varonil como Lee y más — enojado pero lo único que consiguió fue que se volvieran a reír.

— Por favor no tienes músculos y hueles a crema de bebé y no podemos olvidar el incidente, eso que paso ayer — lo que estaba hablando era de cómo lo había encontrado escuchando y cantando una canción pop usando solamente una toalla, las dos cosas lo avergonzaron y le tiro el cepillo que había estado usando como micrófono.

— Estabas escuchando ese grupo pop para chicas, BABBA — divertido Lee pero Lee le hizo callar.

— Yo soy increíblemente masculino, miren mi pecho — mostrándolo pero no había nada que mostrar, hasta la luz se reflejó en su pecho, casi dejándolos ciegos.

— Ya van a ver, par de incrédulos, se van a comer sus palabras, con unos buenos hot cakes — dicho eso fue a la maquina con toda la seguridad que podía proyectar y después de ver los niveles a los que se podía aspirar apretó la palanca con toda su fuerza. Eso hizo que las luces subieran primero y después volvieran a bajar quedando en debilucho y de la maquina salió un papel rosa con el dibujo de un bebé.

— Esta máquina debe de estar rota, por Dios, es del año de la pelusa, debe de funcionar a vapor o algo — tratando de sonar seguro, riéndose de los nervios que le daba mentir de esa forma tan descarada.

Estaba tan ocupado quejándose que no vio como la señora Brown se acercaba a él, lo empujaba y se ponía delante de la máquina, se preparó y sin mucho esfuerzo imitó a Lee pero a diferencia de este, ella hizo que la luz llegara a lo más alto.

— Hot cakes gratis para todos — grito ella humillando a Lee como nunca antes en su vida.

— Necesito bello en el pecho ya — y con todos celebrando, mientras que su hermano y tía se reían, se fue corriendo. Lamentablemente se cayó pero se paró lo más rápido que pudo y después de decir que estaba bien se fue.

— Me cuesta creer que seamos parientes — viéndolo, cosa que ofendió a Lee.

— No será el más coordinado pero es lo suficientemente cerebrito como para que eso no importe — tratando de defender a su hermano pero a Mabel no le importó porque en ese momento llegó el raro Gabe y dejó la comida, asustando bastante a Mabel que había estado desconcentrada.

— Aquí tienen — fue todo lo que dijo antes de irse.

— Gracias guapo, hermoso — dijo nerviosa y transpirando bastante, cosa que a Lee le pareció más que gracioso.

— Te gusta ese tipo — divirtiéndose de cómo estaba reaccionando su tía y más cuando esta le tapara la boca pero tuvo que parar cuando Lee le lamiera la mano y mientras que esta se limpiaba la mano en su camisa siguió hablando.

— Puede que sienta algo por él pero la verdad es que no sé qué hacer, hace años que no tengo una cita y no sabría ni cómo hablarle si quedar en ridículo — mostrándose nerviosa, cosa demasiado rara en ella.

— Yo te ayudaré porque yo sé mucho sobre el tema, sé lo que les gusta a los hombres y puedo hacer que pases de ser una vieja solitaria que solo tiene un cerdo como compañía a ser una mujer con novio — eso no le gustó nada a Mabel pero iba a dejar que él se divirtiera, recordando que cuando ella tenía la edad que tenía él habría querido ayudar a alguien que estuviera solo.

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Mientras que Stanley se comía el desayuno de los dos, Stanford estaba caminando por el pueblo, quejándose en voz baja de cómo habían demostrado que no era hombre.

— No tiene sentido, Lee es igual de enclenque que yo pero nadie estaba dudando de que él no fuera hombre — ofendido y paso por un hidrante que estaba roto y los ridículos de los policías estaban corriendo alrededor de este, sin las camisas mientras que gritaban.

Negando con la cabeza sorprendido de los idiotas que eran se chocó con una persona y tomo lo que dijo como una duda de su hombría y se fue corriendo al bosque.

Ya en el bosque trato de hacer sentadillas pero no logro casi nada y ya cansado saco de su bolsillo una bolsa de carne seca, se siente insultado por lo que dice la mascota de la marca y lo deja a un lado.

A los pocos segundos el suelo empezó a temblar y pasaron corriendo delante de él varios venados y hasta la señora Brown que estaba corriendo entre ellos.

Seguido a eso apareció una criatura que estaba muy cubierta de pelos, con patas que parecían de toro y hasta tenía uno cuernos que le salían de la cabeza, hasta tenía un tatuaje con el símbolo de marte en un brazo.

Stanford estaba tan asustado que grito y se escondió atrás de un tronco caído pero al darse cuenta de cómo eso era algo que su hermano haría, salió de su escondite y trato de encarar a la bestia que estaba en frente de él.

— No me comas, soy puro hueso, no tengo para nada buen sabor — pero eso no pareció molestar en lo más mínimo a la criatura.

— ¿Vas a terminarte eso? — preguntó señalando la bolsa y este se la tira.

Mientras que la criatura como Stanford aprovecha para darle un vistazo y tratar de adivinar que es.

— Eres una especie de minotauro — preguntó confundido.

— Soy un hombre tauro, mitad hombre…. mitad tauro — dudo en el medio de su explicación como si no estuviera seguro de lo que decía.

Stanford lo vio como no entendiendo algo antes de hablar.

— ¿Yo te invoque? — todavía asustado del hombre tauro.

— Me invoco el olor de la carne — dicho eso grito carne y golpeo algunas cosas que estaban a su alrededor, para terminar oliendo a Stanford para concluir — huele a problemas emocionales — eso sorprendió bastante a Stanford.

— Tengo problemas, problemas de hombría, una mujer sacó mejor puntaje en un video juego que mide la hombría y tanto mi hermano como mi tía se burlaron de mi — lo miro unos segundos antes de seguir — tu pareces bastante varonil, seguro puedes ayudarme con algo — feliz de haber descubierto eso.

— Súbete a mi velluda espalda — dijo después de haberse dado vuelta, al ver la espalda llena de moscas, Stanford dudo seriamente si debía subirse pero al final lo hizo y el hombre tauro fue corriendo llevándose por delante muchas cosas, como pinos y piedras, hasta que atravesó una montaña, llegando de esa forma al lugar donde vivía.

Stanford quedó muy impresionado con las cosas que había en ese lugar, que iban desde equipos de gimnasia con pesas a mesas de metegol y blancos para tirar dardos, en otras palabras todo lo que se podía decir que era varonil, estaba en ese lugar.

— Este lugar es increíble — fue todo lo que pudo decir.

— Los nomos viven en los árboles y las sirenas en el mar… porque son inútiles pero los hombrearos vivimos en las montañas — terminó diciéndolo en voz alta.

Después de eso, hizo sonar un gong, llamando la atención de todas las criaturas que estaban en esa montaña.

— Bestias, aquí les traigo un niño humano — después de mostrarlo, presentó a algunos de los hombre tauro del lugar, como Ipefisterón, Testosterón y a si mismo que se llamaba Chusbarck, después le preguntó cómo se llamaba y cuando dijo que se llamaba Stanford a ninguno parecía que le gustaba ese nombre.

— ¿El pulverizador? — lo dijo como pregunta pero les pareció gustar.

— Stanford, el pulverizador quiere aprender los secretos de nuestra hombría — al ver como dudaban, Stanford trato de rogar.

— Por favor chicos, ustedes no saben lo que es ser menos fuerte que tu hermano, más si este es un cobarde y miren esto — mostrando su pecho el cual no tenía un solo pelo.

Le dijeron que iban a preguntar al consejo y se juntaron para hablar, como lo harían los jugadores de futbol americano pero al poco tiempo se estaban golpeando ante la mirada de Stanford, quién ya dudaba que hubiera sido buena idea ir ahí.

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En la cabaña, Mabel estaba tejiendo algo en su camisón, cuando Lee fue a donde estaba con una cámara colgada de su cuello.

— Yo te voy a ayudar a tener una cita y va a ser la mejor que hayas tenido, primero una foto del antes para comparar — dicho eso le sacó una foto, pero como el flash era demasiado, la encandilo y salió horrenda en la foto.

— Ahora vamos a ver cómo actúas, aquí tienes a Helen, quien tomara el papel de Gabe — lo había hecho vestir como hombre y esta estaba parada al lado de Fiddleford que la miraba como sintiendo compasión por ella.

— ¿Por qué es ella la que se hará pasar por Gabe en lugar de Fidds? — no estaba entendiendo lo que estaba pasando y la verdad es que le parecía bastante gracioso.

— Deja de dudar lo que hacemos aquí y ve a hablar con ella como lo harías con Gabe, yo estaré aquí juzgando como lo haces pero no te pongas nerviosa — eso no la tranquilizó demasiado pero igual fue a hablar con Helen, no podía evitar estar nerviosa y cuando llego a donde estaba Helen.

— Vamos a comer, hasta te dejo pagar— Fiddleford se tapó los ojos mientras que Lee soplaba el silbato que tenía colgado del cuello.

— Va a ser más complicado de lo que pensaba — ya no tan seguro de lo que estaba haciendo.


Mientras tanto en la montaña le estaban diciendo a Stanford como se negaban a enseñarle como ser varonil pero los termino de convencer usando la psicología inversa, cosa de la cual ellos aparentemente no tenían la menor idea.

Con eso aceptaron y como primera prueba lo llevaron a donde estaba el agujero del dolor.

— Para ser un hombre hay que poder enfrentar sus miedos y para eso tiene que poder meter la mano en este agujero — para mostrarle uno de ellos puso la mano en el agujero y empezó a gritar golpearse en la cara por el dolor que le causaba lo que fuera que estaba en ese agujero.

— ¿Están seguros de que tengo que hacer esto? — preguntó viendo el agujero inseguro.

Todos los hombre tauros les dijeron que si y cuando puso la mano dentro de agujero le costó no desmayarse del dolor.

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En la cabaña Lee estaba viendo como su tía como esta se trataba de maquillar, cosa que según este la iba a dejar más bonita.

Lamentablemente eso no salió tan bien como esperaban y cuando Fiddleford estaba pasando comiendo un sándwich y al verla se fue corriendo, mientras gritaba.

— Buenísimo, ahora su abuelo me va a llamar enojado por haber traumado a su nieto — dijo Mabel hastiada.

Después de eso empezó un grupo de pruebas para los dos gemelos, para Stanford fueron cosas físicas y para Stanley fueron cosas que pusieron a prueba su paciencia, tratando de poner a su tía lo más presentable posible y hacer que fuera menos agresiva cuando hablara con un hombre.

Stanley no recibió nada a cambio de lo que hizo pero en cambio a Stanford le dieron un taparrabos y lo llenaron de tatuajes temporales por todo el cuerpo.

Cuando terminaran las pruebas fueron a relajarse a unas aguas termales y ahí le dijeron que tenía que pasar otra prueba antes de ser llamado un hombre.

Lo llevaron a una parte de la montaña donde no había estado antes y ahí entró un hombre tauro que era viejo y caminaba muy lento.

— ¿Él es el mayor o el más sabio? — preguntó curioso.

— No, él es solo la ofrenda, ese es Lideral— señalando al más grande de los hombre tauros, uno que medía como un edificio de varios pisos.

Con movimientos lentos se do vuelta para verle de frente, se sacó una lanza del pecho que tiro frente a Stanford y le dijo que para ser llamado hombre iba a tener que atacar y llevarle una cabeza del multioso, como Stanford estaba dudando Chusbarck revisó su mochila sacando el cd de BABBA, cosa le dio vergüenza y por la cual acepto ir a atacar el multioso.

Le costó bastante llegar a la cueva del multioso pero nada lo iba a parar, estaba demasiado decidido en ser un hombre.

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En la cabaña habían logrado calmar a Fiddleford y que se sumara, sentándose en la cabeza de dinosaurio mientras que Lee y Helen estaban sentados en el sillón de la tía Mabel, que esta estaba enfrente de ellos.

Lamentablemente y a pesar de haberse estudiado todas las revistas de moda que pudo, la tía quedo horrible, muy transpirada, con el maquillaje corrido y el fez algo arrugado.

— Hazte un favor y ríndete, tu tía es tan irreparable como la cosa que gira mostrando los pasteles en la cafetería — eso le dio una idea a Lee.

— Lávate la cara y vamos a la cafetería — le ordeno y ella hizo lo que le dijo, se puso un sweater encima por si acaso pero no hizo ningún otro cambio.


En la cueva Stanford entro con el mayor sigilo que pudo pero todo fue arruinado porque piso un hueso, cosa que llamo la atención del monstruo.

El multioso tenía ese nombre por ser un oso que tenía varias cabezas desperdigadas por el cuerpo.

— ¿Qué es lo que haces aquí niño? — no gustándole que alguien se metiera en su cueva.

— Vengo pelear contigo, quiero una de tus cabezas, porque veo que tienes varias — tratando de sonar osado, más valiente de lo que se sentía y eso enojo al multioso que lo atacó y después de una gran pelea lo tiro al suelo estrangulándolo con la lanza que le habían dado.

Pero antes de dejarse matar le pidió que le pusiera la canción que le gustaba, que estaba en la casetera, que solo tenía que poner play.

Hizo lo que le pidió y la canción que se escucho era la que a Stanford tanto le gustaba.

— ¿Te gusta BABBA? — preguntó incrédulo.

— Es mi grupo favorito pero los hombre tauro se burlan porque me gusta eso — Lee lo o emocionado.

— ¿En serio? Nunca había conocido a nade que pudiera entender lo que me pasaba, pero debo matarte — termino de decir con tristeza y al ver cómo se estaba dando por vencido decidió no hacerlo e ir a hablar con los hombre tauros.

Clavo la lanza en el suelo antes de hablar.

— Me niego a hacerlo — dijo decidido pero solo logró enojar al jefe de los hombre tauros.

— El precio de la hombría es la cabeza del multioso — hablaba seriamente pero lo único que logró fue enojar a Lee.

— Escuchen y háganlo bien, ustedes dicen que para ser hombre hay que ser violento todo el tiempo y hacer tareas que ustedes inventan pero yo creo que son patrañas — eso ofendió a los que lo escuchaban.

— Me gusta la música pop y no creo que deba avergonzarme ni explicarles porque me gusta — eso enfureció a Lideral que le dijo gritando.

— Mata al multioso o no serás hombre nunca — gritándole en la cara lanzándole algo de saliva que Lee ignoro.

— Entonces nunca seré hombre — concluyo a lo que lo abuchearon unos segundos antes de irse a construir algo para después romperlo, pero ya habían roto las esperanzas de Lee y decepcionado se fue de dentro de la montaña.


En la cafetería Lee entro llevando a su tía de la mano y fue a donde estaba Gabe.

— Mira, sé que mi tía no es una supermodelo pero es lo mejor que puedes encontrar en este pueblo y viendo lo viejo que estas no creo que te quede demasiado tiempo para ponerte a buscar algo mejor — eso a Mabel le sonó horrendo y trato de mejorarlo.

— ¿Qué me dices guapo? — tratando de sonar lo mejor posible a pesar de cómo se veía, hasta tenía puestas las pantuflas.

Gabe la miro de arriba abajo y se alejó unos pasos, cosa que le hizo pensar a los dos que habían fallado pero volvió con un papel y una tarta.

— Llámame y esto es por la casa — poniendo el pedazo de pastel en la mesa donde siempre se sentaba.

Se sentaron mientras que Lee se jactaba de cómo había logrado lo imposible y que no iba a dejar que nada lo detuviera para conseguirse una novia para él, todo eso era ignorado por su tía que comía el pastel feliz.

Estaba viendo a su tía comer cuando vio a su hermano pasar por la ventana y empezó a golpear el vidrio para llamar su atención ignorando lo decaído que se veía por lo feliz que Lee estaba.

Cuando entro se dio cuenta y le preguntó que le pasaba.

— No quiero hablar de eso — dijo, cosa que puso feliz a Mabel pero duro porque este empezó a explicar:

— Unos seres mitad hombre mitad toro se hicieron mis amigos pero me pidieron que hiciera algo que era muy malo y horrible, por eso dije que no — estaba muy decaído por haberle pasado eso.

— Para mi eso es varonil pero no tengo porque saber qué es eso — dijo Mabel mientras se encogía de hombros.

Lee se acercó a él y le miro el pecho con cuidado para descubrir un pelo, acto seguido se fijó en el suyo propio y no había nada, cosa que hizo que con unas pinzas le sacara el pelo.

— ¿Por qué hiciste eso? — ofendido de lo que había hecho su hermano.

— Cálmense, ya les crecerán más mientras tanto pueden comer pastel — dicho eso les pidió un pastel a cada uno y se quedaron comiendo los tres, divirtiéndose contando chistes y cosas graciosas.

Espero que les guste, para los que siguen mi otro fic, digo que soy una chica, lo que pasa es que roleo con mi novia Siletek y tanto hablar en masculino se te queda pegado, espero no haber asustado a nadie con ese error.