Los personajes pertenecen a S.M yo solo uso mi imaginación.

Capítulo 6: Genes

Pov Bella.

Después de hablar con Edward y contarle todo lo que paso, escuchar sus críticas, ver su rostro la decepción y dolor, volvimos a casa, mi humor estaba por los suelos, pero cuando Antonia me miraba yo sonreía como si nada pasara, ya en la casa prepare algo para cenar, ambas teníamos hambre y mis padres habían salido a comer a la casa de unos amigos, después de cenar Antonia me ayudo limpiando la sala, el comedor y luego lavando la loza que habíamos utilizado, mientras me ayudaba me hacía muchas preguntas sobre su padre, yo con un poco de dolor le contaba algunas cosas, cuando éramos dos jóvenes, pero nada más, ella ahora tenía que convivir con Edward para tener esa relación de padre e hija. Luego que termináramos nos dimos una ducha, nos cambiamos de ropa poniéndonos nuestros pijamas y nos acostamos, yo sabía que ella tenía muchas preguntas sobre lo que sucedió hoy y sobre todo lo que escucho, yo me estaba preparando mentalmente para cada una de sus preguntas, que estoy segura que vendrían antes de que se durmiera.

—¿Mami? —pregunto mi hija un poco de duda.

—Sí, amor —me acomode en la cama quedando con ella frente a frente.

—¿Tu amas a...a um... a papá? —sé que esa pregunta le costaba después de vernos discutir y ya que hace poco que sabe la verdad, pero su pregunta me dejo congelada, estaba preparada para todo tipo de preguntas menos para esa, pero me habia prometido no ocultarle nada más a mi hija.

—Sí, lo amo —confesé mirando a mi pequeña princesa.

—Y entonces ¿porque no se casan? —frunció el ceño como si estuviera resolviendo un problema de matemática muy complicado.

—Mi vida, las cosas, son un poco más difícil —dije tratando de ocultar la tristeza en mi voz y que ella pudiera entender toda esta situación.

—Te amo mamá, eres la mejor mama del mundo —me miro y puso una sonrisa hermosa su cara, yo lo único que hice fue darle un beso en su frente abrazándola junto a mi pecho, sus palabras me infundían confianza en que estaba haciendo un buen trabajo.

—Yo también te amo y eres lo mejor que hay en mi vida —susurre sonriendo acariciando su pequeña cabecita.

—Mami, ¿me tatareas la canción? —pidió Antonia, ella no sabía que Edward la habia compuesto para mí, así que comencé a tararear aquella canción de cuna, no alcance a terminar la canción cuando mi hija ya estaba durmiendo.

Me deslice muy despacio para no despertarla, baje las escaleras, saque de mi bolso mi laptop (notebook), hacen días que estaba escribiendo una novela, como me habia marchado de Seattle donde estaba la editorial, gracias al cielo, mi editor comprendió mi situación y nos comunicábamos vía correos electrónicos, pero él quería nuevos capítulos y yo tenía que trabajar en ellos a la hora que sea necesario .

Después de que le contara a Antonia quien era su padre, la lleve a la casa de Edward para que conociera a Esme, Carlisle, ellos están felices de tener una nieta, su primera nieta, hable con Esme y ella como una mujer, es como una segunda madre que es para mí me comprendió el porqué de la situación ya que como ella, es mama y daría su propia felicidad para que a sus hijos no les faltara nada.

Cuando supe que estaba embarazada comprendí ese sentimiento de amar a una persona hasta el punto de dar todo porque esa persona este bien, de querer dar lo mejor de ti para que a tus hijos no les falte nada, ser su guardián, su escudo, ese día mi vida cambio rotundamente, tenía alguien por quien luchar, por quien seguir adelante. A pesar de los años que estuve con Jacob, las veces que tenía que aguantar las caricias de alguien más que no fuera Edward, fui valiente, tuve la fuerza necesaria para tomar una decisión y gracias a que esa noche Jacob quiso violarme, supe que era lo mejor para mi hija y para mí, de ahora en adelante, todas las decisiones que tome serán por el bien de mi hija.

El timbre de mi celular me saco de mis profundos sentimientos y me di cuenta que no habia escrito ni una letra, mire el identificar era Alice, me desilusione que fuera ella, quería con todo el alma que fuera Edward, descolgué y me lleve el teléfono a mi oído.

—¿Hola? —pregunte, quería asegurarme que fuera Alice.

—¿Bella? —su voz chillante me confirmo que era ella

—Sí, Alice ¿qué pasa? ¿porque me llamas tan tarde? —pregunte desilusionada, pero esperaba que no se notara en mi voz.

—¿Te he despertado? —negué al escucharla.

—Más o menos, ¿por? —mentí, ella no tenía que porque saber que sufro de insomnio.

—Es que como sé que mañana Edward ira por la niña pensaba... —que no sea compras, que no sea compras, me repetía una y otra vez en mi cabeza—¿podríamos ir de compras? —pregunto. Sonreí, últimamente adivinaba todo, debería ir a jugar un boleto de lotería, de seguro ganaría algo.

—Alice, de verdad que no quiero, no es por ser pesada, pero no tengo ganas —dije rogándole al cielo que no insistiera, pero al parecer ella no iba aceptar un no por respuesta.

—Amiga, sé que han pasado cosas y quiero que vengas para que me ayudes con la boda ¿sí? —su voz detonaba que estaba haciendo pucheros como me los imagino y esta mujer sabe que no le puedo negar nada.

—Está bien, cuando tu hermano venga por Anto nos vamos —dije sin mucha ganas.

—ok, entonces nos vemos —se despidió Alice.

—Nos vemos —dicho esto colgó, solté un suspiro dejando el teléfono en la mesa, cubrí mi rostro con ambas manos.

Trate de concentrarme, pero me fue imposible, cerca de las 5 de la mañana decidí irme a la cama, subí las escaleras hasta llegar al baño, necesitaba relajarme un poco antes de dormir, sentí unos pasito detrás míos, era mi hija, sonreí, sus ojitos daban cuenta que tenía sueño, pero que no podía dormir, le señale la cama y ella se acostó acomodándose, me acosté a su lado y ella abrazándome rápidamente se quedó dormida, yo por mi parte no podía, cerré mis ojos esperando que el sueño por fin llegara a mí, no sé cuánto tiempo paso hasta que me quede dormida profundamente.

La mañana siguiente desperté cuando mi hija me llenaba de besos, me fije que ya estaba vestida, ella me dijo que la abuelita Reneé la habia vestido muy temprano en la mañana y que habia tomado desayuno, con mucho pesar me levante de la cama, camine hacia el baño arrastrando mis pies, me quite el pijama y abrí la llave del agua caliente, espere unos segundos para que la temperatura se regulara, cuando ya estuvo lista me metí debajo del chorro de agua, sintiendo como el agua recorría por mi espalda, cada musculo de mi cuerpo, cada fibra estaba cuando tensa, pero el agua caliente ayudaba a que se relajara hasta cierto punto que podía sentirme un poco mejor. Al fin termine, salí de la ducha tomando una toalla y envolví mi cuerpo secándolo, me vestí lentamente decidiendo si era apropiado cada prenda, me coloque una blusa azul cruzada en la cintura, unos jeans y unas botas de taco bajo, me seque el cabello y baje a tomar desayudo, mi madre ya tenía el desayuno listo para mí, tomo un sorbo de café y sentí mi teléfono vibrar, lo revisé pensando que sería Alice por la salida de compras que tendríamos, pero me equivoque.

"Hola... hoy pasare a buscar a la niña, como a las 12pm, quisiera que pasara el día conmigo y mi familia, aunque ya sé que ella ya lo ha hecho anteriormente, te agradezco que se la trajeras a mi madre y a mi padre. Cuando la pases a buscar estará lista... Cuídate E".

Quede helada por el mensaje de Edward, tan informal, pero que más esperaba, no podía pensar que él iba a estar cariñoso siendo que le oculte a su hija por todo este tiempo. Ahora espero que ahora este haciendo las cosas bien, no quiero nada más que la felicidad de mi hija, verla sonreír y encantada con su padre yo estoy bien, pase lo que pase conmigo y con Edward, lo primero para mi ahora es mi hija. Mire el reloj y ya eran las 11:45, quedaban 15 minutos para que Edward llegara, me puse ansiosa y nerviosa. Me levante de la silla en que estaba y fui a ver a mi hija, ella todavía estaba en mi habitación jugando, le dije que Edward vendría a buscarla para llevarla con sus abuelo, su rostro se ilumino y se puso de pie a una velocidad casi inhumana y comenzó a dar saltitos a mi alrededor completamente feliz, me recordó al instante a Alice, llena de energía, suelto un suspiro sabiendo que sería un día largo al lado de la pequeña Cullen en el centro comercial.

Ella recogió su peluche favorito su león, y bajo a esperar junto a la puerta, mientras yo arreglaba su bolso con algunas mudas de ropa, aunque ella tenía 5 años, siempre conseguía ensuciarse, con un niño nunca se sabe, así que eche todo lo necesario y cerré el bolsito, baje las escaleras sonriendo viendo a mi pequeña tratando de ver por la ventana de la cocina, el motor de un coche aparco frente a mi casa, supe que Edward habia llegado. Por inercia mi corazón comenzo a palpitar como un caballo desbocado, respire varias veces para poder calmarme, pero me fue imposible llame a Antonia y salimos de casa, ella corrió hacia donde estaba Edward.

Allí parado apoyado su cuerpo a la parte delantera estaba Edward, jamás me cansaría de decir lo sexy que estaba, llevaba una camisa negra con botones blancos, unos jeans oscuros y unas zapatillas, sentí un golpe en mi pecho, era mi corazón exigiendo oxígeno. Calma Bella, me repite varias veces, mi hija apretó mi mano y la mire, ella estaba sonriendo, estábamos frente a Edward y yo no me habia dado cuenta.

—¿Estas lista? —le pregunto a mi hija, ella asintió, yo me agache hasta quedar a su alturas para despedirme.

—Te portas bien en la casa de tus abuelos, y le haces caso a tu papá ¿bueno? —mire a Edward y vi en sus ojos un brillo especial, quizás fue por lo que dije de que le hiciera caso a su papa. Mi hija asintió obediente.

—Hola —me saludo parecía un poco nervioso.

—Hola, cuando vuelva de lo de Alice iré por ella —dije y como si hubiera sido invocada ahí estaba Alice, no me habia fijado que ella venia en el auto, sonreí con pesar.

—Hola Bella, ¿lista para un día de compras? —pregunto emocionada, mientras revolvía el pelo de mi hija y la saludaba, Antonia no soltaba mi mano.

—Sí, súper emocionada —dije con sarcasmo y vi por el rabillo del ojo que Edward sonreía con diversión.

—Vamos hija, sube al coche, a la tarde iré por ti —la acomode en el asiento trasero, me di cuenta que tenía una sillita, pero sabía que no era la que yo tenía, mire a Edward que ya estaba sentado detrás del volante sonrió y lo único que dijo fue "Alice" como su so resolviera todo, de echo lo hacía yo solo sonreí, le puse el cinturón y le bese la frente, cerré la puerta un poco intranquila no era que desconfiara de Edward, pero conocía muy bien como era para conducir, es amante de la velocidad quisiera o no, siempre me preocuparía, al parecer se dio cuenta de lo que pasaba y bajo un poco la ventanilla y me sonrió.

—Tranquila, conduciré con cuidado —sonrió y encendió el motor condiciendo, suspire viendo como el coche desaparecía del camino.

—Tranquila, ya verás que tú y mi querido hermano terminaran juntos —dijo Alice mientras pasaba un brazo por mis hombros mirando hacia la misma dirección que yo.

—Lo dudo.

—ok, vámonos —dijo dando saltos y brinco como si fuera una niña chiquita.

Fuimos en mi auto, Alice no dejo de quejarse por no haber traído su carro alegando que era demasiado lento el mío o que yo conducía como una abuelita. Conduje hasta el centro de Port Angeles, ella me pidió que me estacionara lo más cerca de la entrada por lo que tuve que buscar un lugar, habia demasiada gente ya que nos costó un rato encontrar un buen lugar. Solté un suspiro entrando al centro comercial tomada del brazo de Alice, presentía que este día a hacer largo y terminaría cansada . Alice tomo de mi mano y corrió dentro del centro comercial, literalmente corrió.

Pov Edward.

Como nunca conduje despacio, relativamente despacio, de echo era la primera vez que obedecía la velocidad promedio que estaba establecida, sabía que eso le preocuparía a Bella, así que por el bien de su tranquilidad y por el bien de mi hija, estoy dispuesto a ser más cuidadoso con mi manera de conducir, mientras íbamos de camino a mi casa no pude evitar mira por el espejo retrovisor a mi hija que estaba ahí sentada en su silla mirando hacia afuera por la ventanilla, esta tan tranquila, que se me venía a la cabeza la imagen de Bella, Antonia aunque ciertamente se parece a mí, ahí rasgos de Bella que no pasan desapercibidos para nadie y en un momento la escuche tararear la canción de cuna que compuse para Bella, fruncí el ceño confundido.

—Antonia —sonreí llamando su atención, ella me miro con esos ojos verdes, que son más hermosos que la misma piedra esmeralda, mucho más verdes que los míos— ¿Cómo conoces esa canción? —pregunte, pero algo me decía que Bella se la cantaba y mi pequeña termino aprendiéndosela, pero no quería hacerme ilusiones, quizás una de las tantas veces que vino a ver a mi madre ella se la tarareo.

—Mamá me la canta para que me duerma y no tenga pesadillas —dijo mirando el paisaje. Ella jamás me olvido, pero como logre algún día pensar eso, claro el día en que supe que ella se había casado todo fue tan claro para mi.

—¿Siempre te la ha cantado? —pregunte, estábamos llegando a la entrada de la casa, baje aún más la velocidad esperando su respuesta.

—Sí, desde que yo era muy chiquitita —dijo sonriendo, esa sonrisa es igual a la de su progenitora, que buenos genes tiene esa mujer, ante ese pensamiento salió una sonrisa. Ya habíamos llegado, estacione el coche y apague el motor, la baje y ella corrió hacia la puerta, en donde se encontraba mi madre quien la estaba recibiendo con los brazos abiertos.

—¡Abuelita! —grito, mi hija abrazando a mi madre saludándola.

—pequeña, me alegro de verte —decía mi madre mientras la levantaba del suelo. Entramos después de que saludara a mi madre, mi hija con la misma efusividad que saludo a Esme, saludo a mi padre. Deje su bolso en uno de los sillones y la tome en brazos ella en su manos llevaba un león, le pregunte quien se lo dio y me dijo que se lo había regalo su tío Emmett, y volvió a sonreír de aquella manera que me hacía sentir el hombre más afortunado de la tierra, si definitivamente los genes de Bella y los míos, hacían una combinación envidiable.

No era necesario darle un tour por la casa ya que la conocía, pero algo me llamo la atención y fue que cuando pasamos por al lado de mi piano ella se quedó mirándolo como si quisiera tocarlo. La levante en el pequeño silloncito y la senté a mi lado y comencé a tocar la nana que hacia un rato ella venia tarareando en el coche, mire a mi hija y ella cerro sus ojos comenzando a tararear bien bajito, me sorprendió lo muy afinada que era, se me llenaron los ojos de lágrimas, al saber que a pesar de que Bella no le haya dicho a Antonia que yo era su padre, ella le cantara esta canción. Ella me miro con una gran sonrisa en sus pequeños labios y se lanzó sobre mi abrazándome. Aquel abrazo lleno el vacío que había sentido cuando Bella me contó de mi hija, será un camino largo recuperando el tiempo con mi hija, pero sé que tendré toda una vida para estar a su lado.