Después de un tiempo tan largo en las tinieblas habiendo publicado solo un capitulo cada muerte de obispo, trato de empezar mi retorno, claro que este no será definitivo sino hasta que vuelva a tener mi netbook.

Espero les guste.

Pequeño Ford.

La cabaña estaba funcionando como siempre lo hacía, la única diferencia era que los gemelos Stan estaban jugando a las damas delante de la caja registradora mientras que estaba siendo vigilada por Helen.

Como siempre Stanley estaba perdiendo y al igual que siempre Stanford estaba anotando en una libreta sus victorias. Eso era algo que molestaba demasiado a Lee, no por el hecho de que anotara porque Ford anotaba hasta con qué frecuencia usaba el baño, lo que le molestaba era como celebrara después de que terminara de anotar.

A Stanley le estaba aburriendo el perder siempre en todo juego que jugara con su hermano y pensó que nunca sería mejor que él en nada pero eso por suerte cambiaría, de una forma muy ridícula pero cambaría.

Fue durante el festejo de Ford que Fiddleford entrara en la tienda con la escoba listo para barrer mientras trataba de pensar en alguna cosa nueva que pudiera tratar de inventar con la basura que había podido recolectar, cosa que paro de hacer al ver a los chicos y al ver que no era nada productivo no sintió culpa en pedirles que le ayudaran.

— Algunos de ustedes puede pasarme ese frasco con ese cerebro que está ahí, el de mujer — lo había pensado mejor y decidió que iba a empezar sacándole el polvo a esa cosa, bien sabía que la señora Pines no lo iba a hacer.

Ford con toda la confianza que tenía se paro dispuesto a pasarle lo que había pedido pero fue parado por un comentario de Helen.

— Creo que es mejor que lo haga Stan, me parece que es un poco más alto — eso le encantó escuchar a Stan y al mismo tiempo ofendió mucho a Ford quién pensó que ella estaba mintiendo.

— Medimos lo mismo, siempre fue así — ofendido y defendiéndose a pesar de que la personas que dijera semejante burrada fuera la persona que le gustaba.

— Yo los veo iguales — concordó Fiddleford intercambiando su mirada de uno al otro buscando esa diferencia de estatura y no encontrándola, estaba claro que ella veía algo que él no.

Con la intención de demostrar la razón que ella tenía fue a buscar una cinta métrica y los paro espalda con espalda y después de medirlos declaró con una sonrisa de oreja a oreja:

— Si, Stan es medio centímetro más alto — al escuchar eso Stan empezó a pegar saltitos de alegría, sabía que se veía tonto pero no le importaba, no podía creer que le había ganado en algo a Ford, no era la cosa más increíble de la vida pero en algo era mejor que su hermano.

— Eso no tiene importancia es demasiado poco, no es algo que se tenga que tener en cuenta para nada — cruzándose de brazos frustrado con como habían cambiado rápidamente las cosas, como le habían robado el centro de atención.

No tienes porque echarte a menos — le decía Stan con una sonrisa, esperando que su comentario fuera considerado gracioso y para colmo consiguió que Helen se riera un poco.

— Decir eso no fue para nada amable de tu parte Stan — le reprochó Fiddleford no gustándole que se burlara de su hermano de esa forma, en gran parte por la cantidad de bully que había sufrido y que seguía sufriendo, no solo por su nombre sino por su acento sureño, cosa que no era tan rara en la zona pero igual era algo para burlarse, como si los bullys necesitaran razones valederas para hacer lo que hacen, ya le habían amenazado muchas veces con destruir su banjo e las ocasiones en las que lo habían encontrado tacando el instrumento solo.

Y cuando Ford estaba empezando a creer que las cosas no podían empeorar apareció Mabel, tenía curiosidad, queriendo saber que era lo que estaba pasando, estaba vestida con su camisa desabrochada en los primeros botones, el saco se lo había sacado y en lugar de sus zapatos tenía unas pantuflas de color rosa con brillos, la falda de color celeste era una de las pocas cosas que no había sufrido cambio alguno.

Viendo a todos lados como tratando de adivinar que pasaba se acercó a los jóvenes para preguntar sin dirigirse a nadie en particular:

— ¿Qué es lo que está pasando aquí? — como no sabía cuál iba a responder hacía un planeo con la mirada.

— Soy más alto que Ford — respondió Stan con orgullo irradiándole por todos los poros de su cuerpo solo era comparable al que tenía Ford cuando se sacaba un diez en un examen, tan feliz estaba que no se había sacado los anteojos que había estado usando por insistencia de su hermano que había argumentado que por eso le había podido ganar un partido anterior.

— Solo es medio centímetro — se defendió Ford y se ofendió aun más al ver lo grande que era la sonrisa de su tía.

— Ford, no trates de tirar abajo a tu hermano — se estaba divirtiendo mucho con eso y más cuando Stan se rieras de su chiste pero eso no le ofendió a Ford tanto como que Helen también se riera y por eso se fue caminando ofendido a la casa, sin saber que Fidds lo estaba siguiendo.

No hubo mucho que Fidds pudiera hacer para consolarlo y después de ver como este sacaba de su chaleco de color marrón su diario para empezar a leer, fue en ese momento en el que se dio cuenta de que se había ido a su mundo y como no le iba a prestar atención volvió a trabajar.

Fue leyendo el diario que encontró algo que le podría llegar a ayudar a vengarse de Stan, para que se arrepintiera de reírse de él. No era algo que su hermano hiciera seguido y por eso era que le molestaba tanto las burlas de este, porque generalmente era el que se la pasaba tratando de subirle el ánimo y asegurarse de que no pensara de sí mismo como un fenómeno.

Siguiendo las instrucciones escritas llego a donde había unos cristales que cuando reflejaban la luz esta se veía de distintos colores.

Cuando una mariposa pasó por uno de esos rayos de colores creció de forma exagerada llegando a medir un poco más que un águila y vio como un pequeño ciervo saltaba su pie tratando de seguir con su camino.

Sin pensarlo dos veces fue a arrancar un pedazo de cristal con la ayuda de un destornillador y se lo guardó en un bolsillo de su chaqueta de color marrón y una vez en la casa fue al cuarto, donde esperaba tener un poco de privacidad y después de atarlo a una linterna se iluminó con un rayo del mismo color que le había pegado a la mariposa, solo le bastó unos segundos para llegar a la estatura deseada y una vez que lo logró fue a mostrárselo a su hermano.

Stan se sorprendió al ver a su hermano pero eso cambio a los pocos segundos a enojo.

— ¿Cómo hiciste para crecer tan rápido? — Stan sentía que le había robado algo, algo que lo estaba haciendo especial y mejor que su hermano por lo menos en una cosa.

— Puede que sea la comida que nos da la tía o que yo empecé a crecer antes que tu — trato de mentir pero lo único que consiguió fue que su hermano lo mirara como si fuera realmente idiota, como muchos solían mirar a Stan en su casa.

— No puede ser eso, tuviste que haber hecho alguna otra cosa, dime qué hiciste ¿Acaso tienes una hada madrina que te cumplió el deseo de crecer? — y empezó a buscar la supuesta hada por todo el cuarto, con especial hincapié en el ropero pero no encontrando nada y frustrándose al no encontrar nada.

— Lee, por favor para — trato de detenerlo pero no lo logró, este siguió corriendo por el cuarto como gallina sin cabeza.

— Algo que tuviste que usar, no pudo haber pasado sin magia de algún tipo —y después de pensarlo fue corriendo a la cocina, dándole sin planearlo tiempo a Ford para que escondiera la linterna que había estado usando.

Cuando Stanley volvió tenía la mano cerrada en un puño y al abrirla se podía ver que estaba casi llena de azúcar y mostrando el azúcar por todos lados camino tratando de atraer a la hadas que él estaba seguro habitaban la habitación.

No es una hada, use esto — sacando la linterna de su escondite y mostrándosela y para que le creyera turo una moneda de veinticinco centavos y la agrando delante de ellos.

Con lo que no contó fue con que Stan le sacara la linterna y se fuera corriendo, eso lo obligo a perseguirlo, cosa que era algo complicado teniendo en cuenta lo pésimo que siempre le iba en clases de gimnasia pero a diferencian de en el colegio, en ese momento tenía una verdadera motivación para correr.

Cuando llegaron al frente de la casa se pelearon encogiendo y agrandando partes del cuerpo del otro con la sola intención de molestarse y gracias a la pelea la linterna se les escapo de las manos terminando a los pes de Susan que había ido a ver como conseguía llevar a cabo sus planes, es decir esperaba que estando ahí se le ocurriera algo.

— Espero no se haya dado cuenta de que esa cosa sirve para hacer que las cosas se hagan más grandes o más pequeñas — dijo Stan pensado que estaba hablando en un tono bajo de voz pero por el silencio en el que estaban ella lo escuchó con total claridad, por lo que su hermano frustrado negó enojado con su hermano pero no queriendo hacer comentario alguno.

Después de ver cómo funcionaba probándola con cosas que estaban cerca de ella, encogió a los pobres gemelos que no tuvieron mucho tiempo para hacer algo y sin dudar los puso en un frasco que llevaba con ella por si encontrara alguna alimaña que le pudiera servir para molestar a Mabel Pines.

Una vez que llegara a su casa fue directamente a su cuarto donde puso a Stan en una bolsita de ositos de goma y este a pesar de quejarse de que no fueran garapiñadas, que es su cosa dulce favorita, empezó a comer algunos con aparente indiferencia.

— Ya hablaremos después cariño — ducho eso volvió a prestar atención a Ford que lo estaba sujetando en su mano izquierda a pesar de lo mucho que este tratara de zafarse de ella.

Sin mucha ceremonia lo puso sobre el mismo escritorio en el que había puesto la bolsa de gomitas donde estaba Stan y después de iluminarlo con una lámpara, como hacían en las películas los policías cuando querían que un criminal confesara algo.

— Habla, dime qué es lo que sabes, porque es seguro que en el tiempo que llevas aquí ya te has dado cuenta de las cosas raras que pasan en este pueblo — le estaba hablando con tono imperativo, un tono que no impresiono en nada a Ford pero que hizo que se fijara en el diario que tenía encima suyo antes de responder, era como si el verlo le diera el valor que necesitaba para poder responderle.

— No tengo idea de lo que estás hablando — respondió Ford con fingida tranquilidad y por suerte para ellos la niña no pudo hacer mucho porque se escucho la voz de su padre que le estaba diciendo que había comprado helado y ella se fue corriendo dejando a su gato blanco con manchas negras para que los vigilara, cosa que este no hizo fue acostarse ignorándolos como si fueran juguetes.

Fue después de que se hubiera comido su helado que se acordó de lo que tenía que estar haciendo y fue a usar el teléfono de la casa para llamar a la Cabaña del Misterio y no tardó mucho en ser atendido por la dueña de la cabaña.

— Tengo a tus sobrinos y si quieres volver a verlos vas a tener que darme las escrituras de la cabaña — Mabel no le creyó nada de lo que le estaba diciendo.

— Mis sobrinos están jugando en el jardín — bastante segura de lo que estaba diciendo, no queriendo ir a fijarse, estaba demasiado ocupada tejiendo como para ir a fijarse.

— Claro que están conmigo, te puedo textear una foto para demostrártelo — eso termino de hartar a Mabel y sin pensar mucho en lo que estaba diciendo le respondió.

— ¿Textear? Si vas a hablar aprende español — dicho eso colgó el teléfono con ímpetu, Susan no lo iba a notar pero le sirvió para tranquilizarse.

Eso enfureció a Susan pero no se iba a dar por vencido, todavía podía ganar, seguía teniendo a sus rehenes.


No era sabido por ella que los gemelos habían tenido tiempo de volver a medirse y después de que Ford se diera cuenta de que volvía a ser más bajo que su hermano y con renovada decisión empezaron a planear como escapar.

— Después te puedes preocupar por ese problema — su hermano sin cortar con los chistes sin importar que estuvieran en problemas.

Fue para no escucharlo que empezó a ver que había en el escritorio donde estaban y encontró un cepillo del cual sacaron unos pelos que se le habían quedado atascados y con ellos formaron una cuerda que les sirvió para bajarse del escritorio de forma segura. Cuando estuvieron abajo se fueron corriendo fuera de la casa.

Una vez que salieran después de esquivar a la loca buscaron frenéticamente una forma de poder llegar a la cabaña y por suerte se encontraron con un gato y agradeciendo que la niña tuviera más de uno se subieron al cuello del animal y dándole órdenes como si se tratara de un caballo cabalgaron hacia su destino.

Lo único malo de esa idea fue que en el momento en el que se bajaran el gato los quiso atacar pero por suerte Gompers los rescató.

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Dentro de la casa Mabel estaba preparando una nueva atracción, iba a ser algo romántico, a oscuras y con miles de estrellas florecientes colgando del techo, era un laberinto hecho con tela y la luz iba a ser muy tenue de algunas lámparas tapadas con trapos. Fiddleford le había comentado que eso era peligroso pero al igual que muchos comentarios anteriores, ese fue totalmente ignorado por parte de la empresaria y por eso el proyecto siguió su curso.

Estaba imaginándose la cantidad de personas que podría atraer con su idea cuando alguien toco la puerta, al parecer había una persona que pensaba que era buena idea molestarla, cualquiera habría pensado que vivir en el medio del bosque los desalentaría pero nada es rival a la idiotez innata de algunas personas.

De mala gana fue a abrirá y se encontró con Susan que le estaba apuntando con una linterna mientras sonreía.

— ¿Qué quieres enana? — preguntó no disimulando en lo más mínimo su desagrado.

— Vengo a reclamar esta cabaña, ya verás que no puedes… — no pudo terminar la frase porque Mabel le había cerrado la puerta en la cara y se fue a seguir con su trabajo, antes de seguir se quito el fez porque le estaba molestando tener el pelo aprisionado bajo este.

De esa forma cuando Susan entrara pegándole una patada a la puerta y disparara sin ver fue a la persona equivocada a la que le pegara, le había pegado a Fidds que se había puesto el fez para reírse un poco de lo ridículo que le quedaba y secretamente soñar con la posibilidad de ser el jefe en un futuro algo lejano.

Por suerte vio que atrás de esta estaban entrando lo gemelos y fue a ayudar en lo que pudiera porque la señora Pines era como parte de su familia.

No tardo en encontrar a Mabel y amenazarla con la linterna pero por suerte para los gemelos, esta estaba tan ocupada con su monologo de villana que no notó como le estaban desatando los cordones y volviéndolos a atar entre ellos haciendo que al querer acercarse a Mabel se terminara cayendo de bruces al piso soltando su arma.

Mabel aprovecho ese momento de debilidad para agarrar a la niña y dejarla fuera de su casa mientras le decía que siguiera intentando que ya lo iba a poder conseguir, porque la niña podía ser odiosa pero siempre había tenido un poco de debilidad por los niños y un poco de lastima le daba, por suerte era demasiado poco.

— Podrías tratar con el plan de una amiga la próxima vez — por suerte la niña no le respondió porque no se le habría ocurrió que más decirle.


Mientras que eso pasaba los gemelos y Fiddleford recuperaban su verdadero tamaño y este último cansado de las peleas entre los hermanos dijo enojado.

— Hablen y arreglen esto — ordeno parándose entre ellos, queriendo hacer de mediador.

— Lo que pasa es que él es mejor que yo en todo, hasta pa y ma lo dicen a veces y creí que era bueno poder ganarle en algo, aunque fuera solo en ser un poco más alto — le sonó tonto en el momento en el que las palabras salieron de su boca.

— Eso no es verdad, tu eres mucho mejor que yo en gimnasia y en la clases de boxeo y no tienes que estar escondiendo tus manos todo el tiempo — Stan odiaba que su hermano estuviera tan consternado por sus manos, era algo más que lo hacía increíble y no podía ser algo malo, por lo menos eso era lo que Stan pensaba, por eso y sin importarle lo cursi que pareciera, agarro las manos entre las suyas y mirándolo a los ojos le dijo:

— No eres raro, tienes algunos gustos raros , como cuando sumerges las papas en la malteada pero no son tus manos las que te vuelven raro — dicho eso chocaron los seis, cosa que no fue suficiente para Fiddleford que les obligó a que se dieran un abrazo, cosa que trataron de negarse pero fue la cara de enojo del sureño. Una vez que este estuvo contento los tres fueron a ver qué estaba haciendo Mabel, esperando que no fuera nada raro porque ya habían copado su cupo de cosas raras.

Gracias por leer y espero que se unan a mis rezos porque hace meses que me cortaron el gas por queja de una vecina y hasta el año que viene no tendré calefacción, por suerte mi mamá comprara una caldera eléctrica y el lunes tendré agua caliente.

Podría prometer tratar de subir más seguido pero no es algo que esté segura de poder hacer y más porque me distraigo mucho y comparto la pc con mi novia.

Besitos y nos vemos cuando vuelva a subir algo o en mi foro de Gravity Falls, en el que planeo poner retos, cuando se me ocurra algún tema.