Los personajes pertenecen a S.M yo solo uso mi imaginación.
Capítulo 12: Precaución.
Pov Bella.
Ya han pasados 4 días de que Edward me dijo que mi padre fue asesinado y que como veían las cosas lo más probable es que el que lo halla echo seguramente no se quedaría tranquilo con la muerte de mi padre, eso quiere decir que tanto mi madre, mi hija y yo estamos en un latente peligro, hace unos días fui a la comisaria para saber que me podrían decir sobre este hecho, quería saber si tenían alguna pista o alguna indicio de quien podría ser el asesino que me quito a mi padre, pero la respuesta fue la misma cada vez que preguntaba, aun no sabían nada.
Estos días cada una hora pasa una patrulla por fuera de mi casa verificando que este todo en orden, Antonia por otro lado está feliz que su padre pase tiempo con ella, pero al igual que la casa, en el colegio de mi niña era vigilado por un agente en cubierto, mi madre seguía trabajando con Esme, pero no sin tener protección. Después de salir de mi estado ausente, comencé a escribir de nuevo, mande los últimos capítulos a mi editor y este me mando un correo que me felicitaba además informándome que dentro de unos meses publicarían mi libro, me explicaba que debido a todo lo que estaba pasando, se demoraran en publicarlo ya que no puedo salir hacia Seattle, esperarían un par de meses para ver si ya todo se calmaba.
Mi relación con Edward ha evolucionado lentamente, se podría decir que estábamos saliendo y reencontrándonos, cosa que tenía a nuestra hija muy feliz, ya que como cualquier niña de su edad quiere que sus padres se quieran y estén juntos como una familia. Alice está más que contesta pues se ha enterado de que tiene tres semanas de embarazo, Jasper no cabe de la alegría y se ha preocupado el doble de su esposa, pocos días después del entierro de mi padre Jasper abrió un consultorio pues el habia estudiado psicología y hasta ahora le ha ido muy bien, yo he tenido un par de charlas con él para poder llevar mejor mi perdida y de verdad que es muy bueno. Rosalie y Emmett están mas que chochos con el embarazo de mi rubia amiga ya tiene entre tres o cuatro meses, y la felicidad le salen por los poros, dentro de la siguiente semana sabrán que esperan si una niña o un niño.
—¿Bella? —me llamo Edward.
—¿Ah? —conteste aun perdida en mis pensamientos.
—¿Dónde tienes la cabeza pequeña? —me abrazo mi deposito un beso en mi frente.
—En todo lo que ha pasado últimamente —dije mirando mis manos que tenía sobre mi regazo.
—Tienes que estar tranquila, ya verás que nada va a pasar, ni a ti, ni a tu mamá, y mucho menos a nuestra pequeña —dijo mientras me apretaba más a él. Me sentía tan bien cuando me abrazaba, me sentía segura, protegida.
—Edward —le llame acomodándome en el sofá levantando mi rostro para verlo.
—¿Sí? —contestó mientras acariciaba mi cabeza.
—¿Quién crees que haya sido? —le pregunté, él se tensó, pero al instante se relajó.
—No lo sé pequeña, ¿porque me preguntas? —su actitud se volvió nerviosa y trataba de no mirarme.
—solo curiosidad —respondí sabiendo que tarde o temprano sabría lo que me estaba ocultando.
—¿Bella? —separe de él sentándome de mejor manera para poder mirar sus rostro, que recién en este momento sus ojos estaban sobre los míos.
—Dime —dije aun embobada por su mirada.
—Tengo que salir de viaje —me miró esperando mi respuesta, pues sabía que le era difícil por todo lo del asesinato de mi padre.
—¿Por cuánto tiempo? —no puedo decirle que no valla, pero tengo miedo de que pase algo cuando él no esté, no tanto por mi sino por nuestra hija.
—Por dos semanas —en su mirada había tristeza y dolor por dejarnos aquí.
—Quiero que vallas y estés tranquilo, regresa lo más rápido que puedas —tenía que hacer que él no se preocupara más de lo que ya estábamos, pues si yo le mostraba un poco del terror que tenía, sabía que él no se iría.
—Necesito una cosa más —añadió deslizando sus dedos por mis mejillas—, solo es para irme más tranquilo —dijo y sus dedos jamás dejaron mi mejilla, su toque quemaba, miles de corrientes pasaban por mi cuerpo y se alojaban en mi estómago.
—Dime que es y ten por seguro que lo haré —él me regalo una sonrisa y yo le conteste.
—Quiero que te vayas a vivir a mi casa, con tu madre también —mis ojos estaban abierto como platos, quería que no fuéramos a vivir a su casa, ósea junto con Carlisle y Esme. Iba a contestar pero él me corto...
—Por favor, sé que es pronto, pero aparte que me sentiré más seguro y más tranquilo sabiendo que están a salvo, pero también quiero que vivamos como una familia, quiero que al volver de mi viaje estés ahí, que me recibas no como la madre de mi pequeña, si no como mi novia, mi mujer... Bella ¿aceptas ser mi novia? —No podía creer lo que acababa de escuchar, no puedo creerlo esto tiene que ser un sueño, agache la mirada, tenía que aclarar mis ideas y no podría hacerlo si miraba a sus ojos, el tomo mi barbilla y la levanto para mirarme— ¿Y, que me dices? —me golpee mentalmente no había dado mi respuesta, estaba tan sumida en mis pensamientos. Me abalance sobre él y le di un beso, que demostraba lo mucho que lo amo, y que quería ser todo para él.
—¿Eso es un sí? —me pregunto en cuanto rompimos el beso, yo solo asentí. Me beso de nuevo, pero este beso estaba lleno de pasión, lleno de necesidad, de desesperación.
Su boca dejo la mía para seguir por mi cuello, mil sensaciones recorrían mi cuerpo, sus manos abarcaban todo mi cuerpo sobre la ropa, luego de unos segundos se detuvo levantando la cabeza y me miro, en su mirada me estaba pidiendo permiso para seguir y yo no quería que parara. Asentí y el devoro mi boca, me tomo el brazos y fuimos hasta mi cuarto cerró la puerta con seguro solo por precaución, pero sabíamos que nadie se aparecería por aquí por algunas horas.
La pasión y la lujuria lleno mi cuarto, nuestros jadeos y gemidos llenaban cada rincón de la casa, era como estar en el instituto de nuevo. Después de entregarnos nos quedamos acostados en mi cama, estaba feliz por fin podría decir que estaba completa aunque en realidad no me podía sacar de la cabeza que alguien anda por ahí buscando la manera de hacernos daños y sé que no descansara hasta lograrlo. Me tense y Edward no lo paso por alto.
—Amor ¿pasa algo? —susurro, sonrió al escuchar la palabra "amor" y que bien se escucha.
—Estoy preocupada —dije, no quería mentirle aunque sé que no ganaría nada con hacerlo puesto que se me da mal el mentir.
—Tranquila ya verás que todo saldrá bien —como me gustaría el creer en sus palabras pero sé que es difícil puesto que él se iría por un par de semanas para resolver unos asuntos en Inglaterra.
—¿Cuándo te vas? —pregunte necesitaba tratar de calmarme para no preocuparlo.
—El lunes, así que como mañana no trabajo y Antonia no tiene clases, llevaremos sus cosas para que se instalen en mi casa —dijo acariciando mi espalda desnuda, suspire, tal solo un roce mi cuerpo se estremecía.
Sábado, hoy era el día en que nos iríamos a la casa de los Cullen, Antonia con cabía de tanta felicidad ya que nos iríamos a vivir con sus abuelos Esme y Carlisle, mi madre estaba feliz por mi relación con Edward, pero se ponía triste el dejar la casa y la entiendo, pero creo que era lo mejor, ya que tenemos que seguir adelante, porque mi padre así lo hubiera querido. Y aquí estaba en mi habitación haciendo las maletas y poniendo mis cosas de más valiosas en las casa para llevarlas conmigo, Edward después de la tarde de pasión que tuvimos ayer, dijo que después que volviera y esto se calmara todo esto nos iríamos a vivir solos los tres como una familia.
—¿Mami? —llamo mi hija y sonreí sentándome en la cama prestando toda mi atención en ella.
—Dime amor —traía unos juguetes de cuando ella una bebe.
—¿Estos juguetes los puedo regalar? —mi pecho me hincho de felicidad de ver a mi hija pensar en hacer un acto de solidaridad, como regalar sus juguetes que ya no usa.
—Claro —dije y tome una caja y con un marcador puse " Juguetes para regalar"—, aquí en esta caja echas los juguetes que quieras regalar y cuando ya esté lista le decimos a tu papa para que lo vallamos a dejar a algún jardín de infantes, ¿te parece? —me acerque y me puse a su altura, ella me regalo una sonrisa y asintió, tomo la caja y corrió a su habitación, yo seguí con lo mío.
Así pase toda la mañana e incluso después del almuerzo, empaque las cosas de Antonia, y vi la caja de los juguetes, allí estaba todos los juguetes que Jacob le habia regalado, los único que estaban en otra caja y marcado con su letra que decía "llevar", allí se encontraban todos los juguetes que Alice, Jasper, Emmett, Rosalie, Esme, Carlisle, Charlie, Reneé y Edward le han estado regalando, sonreí, termine de empacar todo dejaríamos algunas cosas y de vez en cuando vendríamos a "cuidar la casa" por así decirlo mientras decidíamos que hacer.
Ya estábamos en la casa de Edward, todos nos estaban ayudando algunas cosas las guardaríamos en una bodega hasta tener nuestra casa, Esme me llevo hasta la segunda planta para mostrarme la habitación de Antonia que estaba al frente de la de Edward que supuse que sería también la mía. Abrió la puerta y mi boca se abrió de golpe la antigua habitación de invitados ahora era la habitación de mi pequeña, estaba pintada de un color lila con dibujos de flores, muebles blancos, una cama para ella , no era tan grande, una alfombra de tonos alegre era hermosa, mis ojos se inundaron de lágrimas cuando encima de una de las mesitas de noches habia una foto mi embaraza, y en la otra mesita una de Antonia con Edward.
—¿Te gusta? —pregunto Esme.
—S-Si —logre decir mi voz sonó cortada por la emoción.
—Esa foto me la regalo tu madre justo después que te la saco, ¿espero que no te moleste? —como me iba a molestar si era la mejor suegra que una mujer podía tener.
—Claro que no, es más, no sé cómo agradecerte todo lo que haces por nosotras, por no dejar a mi mama, por estar conmigo, por ayudarme con Antonia y por aceptar tenerme en tu casa —las lágrimas corrían libres por mis mejillas.
—Cariño, no tienes que agradecer nada, somos familia y para eso estamos para apoyarnos, y créeme aunque te estés mudando para así no tener que lamentar otra muerte déjame decirte que me hacer feliz porque puedo disfrutar de mi nieta y de mi nuera. Sonreí con ganas, esta mujer es un ángel.
Así pasamos lo que quedaba del día arreglando la ropa de Antonia en los muebles, el closet, para ser tan chiquita tenía más ropa que yo, claro que con una tía como Alice, que más se podría pedir. El Día domingo paso entre arreglos, almuerzo familiar, risas. bromas, los antojos de Rosalie, ver como corría Emmett por traerle lo que se le antojaba a Rose era impagable, en una se cayó por lo rápido que iba. Y a era de noche y los chico se fueron cada uno a sus casas, yo por mi parte estaba cambiando a mi hija para que se acostara, le leí un par de cuentos, le cante mi nana y se quedó profundamente dormida.
Yo fui a mi cuarto, tome mi neceser y mi pijama y me metí al baño me di una ducha que me relajo hasta no poder más, me puse el pijama, me seque el pelo, me lave los dientes y salí. Allí acostado con tan solo un pantalón de pijama azul, estaba el ladrón de mis suspiros, leyendo unos papeles, que supuse que sería para el viaje. Me acomode a su lado, apoyando mi cabeza en su hombro y el suspiro.
—¿Ya se durmió mi pequeña? —pregunto, sonreí de manera estúpida.
—Sí, ya se durmió —le di un beso en su hombro.
—¿Sabes que no me gusta dejarte? y menos con ese loco suelto —se tensó al instante, me acode y lo mire.
—Edward cálmate ¿sí? —le di un beso en la mejilla- todo estaba bien, ya verás que nada va a pasar —como me gustaría que esas palabras fueran reales desde el día en que me dijo que se iría por un par de semanas tengo un presentimiento pero no se lo diría porque sé que se quedaría y eso no lo permitiría.
—Prométeme que tomaras todas las precauciones posibles —me miro serio.
—Te lo prometo —le dije y para sellarlo le di un beso, pero el rápido lo intensifico.
Esa noche nos volvimos a entregar, pero para mí me sabia a despedida no porque él se fuera de viaje si por esta opresión que tengo en el pecho. Quisiera que esto que esto acaba ya, para poder vivir tranquila sin preocupaciones.
