- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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Las sirenas alrededor del edificio se hicieron escuchar con fuerza, alertando a todo el mundo. Claro que no les extrañaba después del gran alboroto que se podía escuchar un piso más abajo y uno más arriba del de Bree y su niño. Todos sabían ya que algo no estaba bien en ese lugar, que algo malo había ocurrido.

Los oficiales subieron rápidamente hacia el piso que les habían indicado para entrar en el departamento y toparse con aquella horrible escena.

En el lugar estaba todo destruido, los muebles desordenados, vasos rotos por todo el lugar y, apoyada en una muralla, se encontraba una chica de no más de 25 años, vestida solo con una camiseta larga, con un pequeño en sus brazos, meciéndolo dulcemente mientras lo acunaba y le cantaba una canción de cuna. El cuerpo de un hombre estaba a su lado, ensangrentado en la zona de la cabeza y casi completamente desnudo, solo utilizaba ropa interior.

— ¿Qué demonios ocurrió aquí? — preguntó para sí mismo uno de los oficiales, completamente impresionado por la escena que estaba frente a sus ojos.

Charlie Swan, en los años que llevaba de servicio, se había topado en muchas oportunidades con situaciones como esta al estar a cargo del área de abusos donde había implicado menores, pero nunca había visto algo como esto.

Otro oficial se acercó al cuerpo del hombre y tocó su cuello, comprobando que este ya estaba sin vida y no había nada más que hacer. Les informó que se trataba del conocido político Jay Jenks.

Charlie suspiró y se acercó a la joven para intentar saber qué era lo que había ocurrido, pero ella se alejó al instante y le gritó que no se acercara. El hombre solo elevó sus manos para darle a entender que no le haría nada mientras le explicaba que era un oficial y que solo quería ayudarle.

— ¿Cómo te llamas, chica? — le preguntó y ella elevó levemente su mirada. Algo en los castaños ojos del oficial le dieron confianza, esa que había dejado de sentir por el sexo opuesto hace mucho tiempo.

— Bree… Bree Masen— contestó en un susurro casi inentendible

— Bueno Bree, yo soy Charlie Swan y prometo que no te hare nada malo, solo quiero ayudarles a ti y a…— quedó en silencio para que la chica le dijera quien era el niño

— Edward… Es mi hijo— le explicó ya dejando que las lágrimas cayeran por sus ojos con desesperación— Es mi hijo y no despierta. He intentado que lo haga pero no lo consigo. Esa bestia lo lanzó contra el mueble y se golpeó… Ya no sé qué hacer.

— Shh, tranquila que todo estará bien— trató de calmarla— ¿Puedo ver cómo está? — le preguntó y ella asintió

El oficial se acercó con cuidado al pequeño para revisarlo. Colocó sus dedos en el cuello y comprobó que aún tenía pulso, lo que lo calmó y lo hizo soltar un suspiro de alivio. Al menos el niño estaba vivo.

Luego pasó a revisar la herida de su pómulo. Le pidió a una de las paramédicos que le facilitara una gasa y, después de limpiar un poco la sangre, divisó el corte que ahí había. No era muy grande, pero de seguro necesitaba atención en un hospital.

— ¿Cómo está? — inquirió la joven madre

— Está bien, aunque debemos llevarlo a un hospital para que lo atiendan… Igual que a ti— le sonrió

— No quiero— dijo afirmando más fuerte a su pequeño contra su pecho— No podemos ir ¡No lo haré!

— Tranquila, tranquila. No te alteres— le rogó— Solo necesitamos asegurarnos que vas a estar bien, al igual que tu pequeño

— No puedo… Me lo quitaran y no quiero eso ¡No se lo llevaran!

— Tranquila, nadie se lo llevara— trató de calmarla Charlie, pero no sabía hasta qué punto lo que le había dicho sería verdad. Todo dependería de lo que había ocurrido esta noche.

Después de hablar un poco con ella, al fin aceptó irse con los paramédicos y los oficiales hacia el hospital.

Le entregaron un pantalón holgado que habían encontrado en la habitación de la chica y un par de abrigos para ella y su pequeño, para luego guiarlos hasta la ambulancia donde Charlie se fue con ella en la parte trasera.

La chica parecía muy choqueada por todo lo ocurrido y eso se notaba en la forma en la que afirmaba a su hijo como si alguien lo fuera a arrebatar de sus brazos. Además temblaba de pies a cabezas, la mano con la que afirmaba la gasa en el pómulo de su hijo tiritaba sin control y le susurraba cosas en el oído a su niño.

De un momento a otro el pequeño comenzó a removerse un poco en los brazos y un quejido por su parte hizo que todos los presentes se alertaran. Abrió sus ojos poco a poco y le sonrió dulcemente a su mamá.

— Mamita… ¿Etas ben? — le preguntó realmente preocupado

— Mi niño, estoy bien. Pero no deberías haber hecho lo que hiciste, mi solcito— le besó la frente con cariño

— Yo no iba deja que el hombe malo te hiciera nana, mami— le aclaró el pequeño y ella solo lo abrazó aún más

Charlie miraba con ternura la imagen recordando momentos parecidos entre su mujer y su pequeña hija, e incluso aquellos entre él y su princesita adorada. Era lindo ver a esa chica con su pequeño y el amor que los dos se tenían.

Al llegar al hospital la ambulancia se detuvo y las puertas traseras se abrieron, dejando ver a dos médicos que Charlie conocía a la perfección. Uno era Marcus Tanner, médico general, y el otro era Carlisle Cullen, pediatra. Ellos estaban acompañados por enfermeras y demás personal.

El pequeño se asustó al ver a tantas personas y se tensó en los brazos de su madre. Ella no estaba mucho mejor ya que le aterraba la idea que le quitaran a su niño y eso no se lo podía sacar de la cabeza.

La paramédico entregaba toda la información de los pacientes que tenían que atender a medida que bajaban la camilla donde los habían ubicado a los dos, claro que solo los habían atado con las correas para que no fuera a caer con los movimiento de la ambulancia.

Los dos médicos escuchaban con atención la información que les daban tanto el oficial como la paramédico mientras se los llevaban a una de las salas del área de urgencias para poder revisarlos.

— Hola, Bree. Mi nombre es Marcus Tanner y soy médico general ¿Me permitirías poder revisarte? Juro que no te haremos nada malo— se presentó el médico con una sonrisa y tratando de ser lo más amable que podía

A pesar de eso la chica aún no estaba completamente convencida de dejarse ayudar por todas esas personas y eso Edward lo percibía desde sus brazos. Su mami no confiaba en ellos y eso lo asustaba.

— Miren que valiente y gran caballero tenemos aquí— halagó el médico de cabellera rubia tratando de ganarse la simpatía del niño— ¿Hace cuánto que no teníamos a un guerrerito como este? — le preguntó a la enfermera y ella le respondió— Hola pequeño ¿Cómo te llamas?

Edwad— le contestó con miedo

— Que lindo nombre, Edward. Yo soy Carlisle y soy pediatra ¿Sabes lo que es un pediatra? — el niño asintió— Vaya, que inteligente que eres.

Edward lo miraba con recelo, aun no confiaba en ellos y eso el médico lo notó. Metió su mano en su bata y de esta sacó una paleta para ver si así lograba algo con el niño.

Eddie miró a su mamá y ella le asintió, haciendo que el niño tomara confianza y cogiera la piruleta que el médico le tendía. Luego le sonrió y le dijo un leve "Gacias" con ese tono tan infantil.

— ¿Edward, quieres ir a conocer un lugar muy especial? — le preguntó el doctor y el niño volvió a mirar a su mamá, quien le volvió a sonreír.

Eta ben— asintió bajándose de la camilla con ayuda de Carlisle. Él le tomó la mano y los dos salieron del lugar, dejando a Bree con el alma en un hilo al no saber qué era lo que pasaría con su niño.

— Tranquila, el doctor Cullen es muy profesional en lo que hace y cuidará de tu hijo— le explicó el otro doctor con una sonrisa— Ahora nos encargaremos de ti para que puedas estar pronto con tu hijo.

El doctor comenzó a revisar a la chica con la ayuda de una enfermera y bajo la atenta supervisión de Charlie, que esperaba ansioso a que terminaran afuera de la sala de examen. Necesitaba saber qué era lo que había ocurrido y que hacía el señor Jenks en su departamento, y muerto.

Por otro lado se encontraba el doctor Cullen con el niño dando unas cuantas vueltas por el área de pediatría de urgencias. Le mostraba cada uno de los murales, salas de juego y demás cosas que había en el lugar supervisando además que su herida en el pómulo estuviera cubierta con la gasa para que no se infectara.

Luego lo llevó a otra sala donde lo esperaba una enfermera con todas las cosas listas para revisar al niño. En ese lugar había muchos dibujos de dinosaurios por todos lados y en el centro una camilla con forma de uno de ellos que sonreía dulcemente.

— Bien Edward ¿Quieres que juguemos a algo? — le preguntó el doctor y el niño lo miró con curiosidad— Vamos a jugar a los médicos ¿Vale? Así veremos cómo estás

El pequeño entendió de inmediato que era lo que el hombre de cabello castaño claro le decía, pero no le daba miedo. El señor se veía amable y lo trataba bien, como su antiguo doctor en la otra casa.

Carlisle se arrodilló frente al pequeño y le tendió la mano para ver si es que el pequeño confiaba en él. Para su suerte Edward aceptó su mano y se dejó guiar hasta la balanza para pesarlo y luego medirlo con la misma máquina, tirando hacia arriba un fierro.

El doctor lo felicitó por ser tan alto y estar dentro de su peso, algo que hizo que sonriera. Luego lo tomó en sus brazos y lo sentó en la camilla de dinosaurio.

La enfermera se acercó para quitarle la parte de arriba de su pijama teniendo cuidado con la gasa, que ya se había manchado con la sangre de la herida del pequeño. Una vez listo Carlisle se acercó con su estetoscopio y ella le midió la temperatura con un termómetro timpánico. El pequeño se asustó un poco al sentir el aparato en su oído, pero cuando le dijeron que solo era el termómetro se relajó.

Para suerte de todos no tenía fiebre, su presión, frecuencia respiratoria y cardiaca estaban normales y no se escuchaba ningún ruido anormal en sus pequeños pulmones y corazón. Su garganta estaba en perfectas condiciones, fue revisando esto que Carlisle notó la cicatriz que tenía el pequeño en su paladar y que se dio cuenta de que había tenido una cirugía. De seguro una fisura de paladar pensó.

— ¡Estas muy sano, Edward! — lo volvió a felicitar el doctor mientras le sonreía ampliamente y terminaba de revisarle las cicatrices que tenía en su labio— Nunca había visto a un niño tan sano

— Mi mami me cuida mu ben— le sonrió ampliamente, sintiendo un calorcito en su pecho al hablar de su mami. Edward amaba a su mamá porque ella lo trataba muy bien y lo quería, cuidaba y le daba muchos regalos y dulces ricos.

— Eso se nota, pequeño— le dijo el doctor mirándolo con alegría— Ahora ¿Me dejarías verte esa herida que tienes en tu cara para sanarla?

— No, me lele— sollozo el niño negando con su cabecita

— Es por eso, para curártela y que no te duela más— le explicó el doctor— Prometo que no te haré daño

— ¿Lo pometes? — le preguntó y Carlisle asintió

Con mucho cuidado, y con ayuda de la enfermera, quitó la gasa que cubría la herida. Esta se había pegado un poco y habían tenido que humedecerla con suero para lograr sacarla.

En cuanto estuvo fuera pudieron ver la herida del pequeño que, a pesar de no ser tan grande y solo medía cerca de un centímetro, era un poco profunda y necesitaría unos puntos. De todas maneras prefería llamar a su cuñado, mejor amigo y cirujano pediátrico, Eleazar.

Le pidió a la enfermera que por favor llamara a Eleazar, que estaba de turno al igual que él. Mientras esperaban él se quedó cuidando del pequeño, era una suerte que esa noche la sala de urgencias estuviera despejada.

En la otra sala se encontraba la chica ya revisada por el médico y vestida con una bata que le habían facilitado para que se cambiara aquella ropa llena de sangre tanto de ella como del político.

Cuando el doctor salió le informó a Charlie que ya había acabado y que podía pasar a verla para que hablaran. El oficial suspiró y se adentró en la habitación.

— Hola de nuevo— saludó el oficial para llamar la atención de la chica que mantenía su mirada fija en sus manos que descansaban sobre su vientre— ¿Puedo sentarme aquí? — preguntó Charlie mostrando una silla, pero la chica solo asintió sin prestarle atención del todo. Él tomo la silla y la acercó a la camilla donde descansaba la muchacha, quien tenía miedo de lo que podía llega a pasar ahora— ¿Bree, verdad? — preguntó el oficial, aunque sabía la respuesta. La chica solo volvió a asentir— ¿Puedo hacerte unas preguntas? — asintió nuevamente, aunque con visible miedo— Tranquila, no voy a hacerte nada malo. Yo solo quiero ayudarte y entender que es lo que pasó.

— Vale... — susurró la muchacha, para luego levantar su mirada por primera vez desde que Charlie entró en la sala. El castaño tomó una grabadora desde su bolsillo y la encendió, para luego dejarla sobre la masilla que estaba a un lado de la camilla

— ¿Bree, qué fue lo que ocurrió esta noche en tu casa? — la chica se quedó pensativa por un rato en saber si responder o si decir la verdad en caso de que se decidiera a hablar— No tengas miedo

La chica se quedó viendo directamente a los ojos al oficial. Aun sentía que podía confiar en él pero no sabía porque. Ella sólo sabía que podía decirle todo que había ocurrido.

— Estaba trabajando— respondió casi en un susurro

— ¿Trabajando? — la chica asintió— ¿Trabajado cómo? — Bree guardó silencio— ¿Eres... prostituta? — la chica volvió a mirarlo a los ojos y contestó con un suave "Si" apenas audible

— Más bien soy una "Scort"— aclaró y el oficial asintió

— ¿Desde cuándo?

— Desde mi adolescencia— suspiró recordando lo difícil que había sido todo eso cuando apenas comenzó

— ¿Por qué empezaste? — inquirió. Quería saber que era lo que ocurría en la vida de esa chica que parecía ser modelo y que no tenía la apariencia de una prostituta.

— Perdí a mi familia siendo muy joven en un accidente de autos, quedando sola en el mundo. No tenía tíos, mis abuelos estaban muertos... Estaba sola. Me enviaron a distintos orfanatos, pero esos lugares son horribles y no soportaba vivir en ellos, menos sufrir los maltratos de las otras chicas que envidiaban "mi belleza"— volvió a suspirar dejando que una lágrima traicionera callera por su rostro, la que limpió al instante— Luego quedé embarazada y tenía que mantener a mi bebé, así que continué con todo esto, pero siempre tratando que Edward no se percatara de lo que ocurría a su alrededor. Él no tenía por qué saber lo que hacía para mantener el estilo de vida que teníamos.

Bree dejó escapar las lágrimas sin control y sintiéndose ahogada por los recuerdos de lo que había sido s vida hasta esos momentos. Incluso los recuerdos que tenía junto a Alec llegaron a su mente y no pudo evitar sentir una cierta alegría, después de todo esa había sido la mejor época que había vivido desde la muerte de sus padres y en sentía algo por ese chico, aun quería que volviera para formar la familia que siempre habían soñado.

— Bree... ¿Sabes quién es el padre de Edward? — inquirió Charlie, pero sabía que debía ser así si le había puesto su apellido. La chica solo guardó silencio— Confía en mí, no haré nada malo— Bree sólo se encogió de hombros después de unos minutos y Charlie suspiró. Sabía que en ese ámbito no conseguiría muchos progresos, o al menos por el momento— Bree, te prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para que no les pase nada a ti y a tu hijo— tomó la mano de la chica y la acarició para hacerle saber que podía confiar en él y que decía la verdad

— ¿Por qué?

— ¿Por qué te ayudo? — inquirió y ella asintió— Porque algo me dice que eres una buena chica que solo quiere progresar... Además vi como adoras a tu hijo y como él también te ama... No podría separarlos— le sonrió

La chica le sonrió y le agradeció por todo lo que estás haciendo por ella y su hijo. Charlie sintió un calor en su anterior, sentía que estás haciendo lo correcto y que esa chica no lo defraudaría. El descubriría que era lo que había pasado con el señor Jenks y haría todo lo que estuviera en se manos para ayudarle a Bree y a Edward.

Por otros lado, en la habitación del área de pediatría, aun se encontraba Carlisle entreteniendo a su pequeño paciente para que no se asustara o se sintiera inquieto al estar en un lugar que no conocía. El pequeño bostezaba a ratos y demostraba lo cansado que se encontraba, lo que era bastante lógico considerando que ya era cerca de la una de la madrugada y el sólo tenía tres años y medio. Además Carlisle aun lo mantenía en observación por el golpe que había recibido en su cabeza, no se quería arriesgar a que se complicara.

— Hola ¿Se puede? — llamaron desde la puerta de la habitación donde los dos se encontraban

— Claro, adelante— le indicó Carlisle con una sonrisa

¿Quen es usted? —preguntó el pequeño mirando con atención al hombre de cabello castaño oscuro

— Edward, déjame presentártelo— le propuso Carlisle al niño mientras le indicaba a Eleazar que se acercara para que el pequeño lo viera mejor— Su nombre es Eleazar, estudiamos juntos en la universidad y es mi mejor amigo. Siempre me ayuda cuando lo necesito y me escucha cuando tengo algún problema

— Hola Edward, es un placer conocerte— saludó el médico tendiéndole la mano al pequeño, quien lo tomó un poco temeroso— ¿Tú también tienes un mejor amigo?

— Si, a mi mami— le sonrió ampliamente el niño

— Pues Eleazar es como tu mami para mí— le aclaró el doctor de cabello castaño claro

— Bueno Edward, el doctor Cullen me dijo que tenías una pequeña herida ¿Me dejarías verla?

Al principio el niño no parecía demasiado convencido pero luego dejó que el cirujano se acercara para ver la herida de su rostro. Eleazar le sonrió y tomó unos guantes para poder revisar la herida, pidiéndole a Carlisle que mantuviera tranquilo a Edward.

El reviso cada milímetro de la herida para saber qué era lo mejor que podía hacer y evitar que le quedará una cicatriz mayor a la necesaria. No quería que su pequeño paciente tuviera otra marca más en su infantil rostro.

Cuando tuvo ya una decisión se la informó a Carlisle. Sabía que lo mejor era darle un par de puntadas, pero eso sería demasiado traumante para Edward y él ya había pasado por mucho esa noche como para seguir viviendo malos momentos. Terminó optando por intentar usar una nueva técnica que consistía en unir ambos bordes con un adhesivo que se saldría solo y que sería mucho menos traumatizante para el niño.

Le explicaron lo que harían a Edward y le dijeron que no le dolería para nada, lo que lo calmó un poco. Prepararon todo, limpiaron la zona para eliminar cualquier elemento extraño y secaron la herida con cuidado.

— Bueno Edward, este es el pegamento especial— le informó el doctor mostrándole un tubo transparente que tenía en su mano y acercándose más hacia él, quien ya estaba recostado en a camilla— Pero está muy duro y no puedo abrirlo ¿Me ayudas?

Sip— le sonrió y apretó en tubo con sus pequeñas manitos

— ¡Pero qué fuerte eres! — lo halagó y el niño se sintió muy orgulloso de sí mismo— Ahora te vas a quedar quietito y serás muy muy valiente ¿Vale? — el niño asintió y Eleazar comenzó con su trabajo.

Le indicó a Carlisle que se colocara cerca de su paciente, así como a la enfermera para que lo mantuviera entretenido con un peluche con forma de león que mantenían en el lugar para los pacientes. Tomó los bordes de la herida y los mantuvo juntos para aplicar el pegamento.

Para su mala suerte Edward comenzó a llorar en cuanto Eleazar presionó la herida y no paró de hacerlo hasta que le colocaron una bandita de "Cars" unos tres minutos más tarde. El intentaba alejarse a como diera lugar, pero entre los tres pudieron terminar con éxito todo el procedimiento.

— Ya hemos terminado— dijo Eleazar mostrándole una sonrisa al pequeño y dejando que se sentara en la camilla. El seguía llorando, pero no tanto como en un principio.

— Malo— le dijo limpiándose las lágrimas de sus ojos y alejándose del cirujano mientras este se quitaba los guantes y sonreía por la actitud del pequeño. No era la primera vez que escuchaba a un niño molesto tratándolo de esa manera— Quero ir con mi mami

— Ahora mismo te llevo con ella—le informó Carlisle ayudándole a bajar de la camilla y levantándose de su puesto para agradecerle a Eleazar y comenzar a caminar a la sala donde habían dejado a la muchacha.

El pequeño ya iba un poco más calmado ahora que habían salido de la habitación, aunque de vez en cuando se pasaba su manito por la cara ya que le molestaba tener esa bandita sobre su pómulo. Obviamente Carlisle le decía que no lo hiciera o tendrían que volver a colocarle el pegamento si es que se salía y eso hacía que él dejara lo que estaba realizando.

Al llegar a la habitación Carlisle pudo verla recostada en la camilla a través de la ventanilla del lugar. Parecía que estaba dormida, pero sus gestos le hacían saber que no era así.

Abrió la puerta de la habitación y ella, al escuchar el sonido de la puerta, se incorporó al instante temiendo que alguien viniera a hacerle daño. Definitivamente lo ocurrido esta noche la había traumado en cierta forma.

Todos sus miedos desaparecieron cuando vio a su pequeño. Mostró una gran sonrisa en su rostro, abriendo los brazos para recibirlo y abrazarlo con todas las fuerza que tenía. El pequeño salió corriendo para llegar donde su madre y subirse torpemente en la camilla, abrazándose fuertemente contra ella quien le devolvió el gesto y comenzó a besarlo en el tope de su cabeza.

— Mi angelito— susurró contra su cabello que aun olía a shampoo de bebé— ¿Dónde estabas? ¿Qué has estado haciendo?

Etaba con el dotor— le contestó con la sonrisa más tierna que tenía. Adoraba a su niño— El y su amigo me cudadon

— ¿Y te has portado bien mientras el doctor te curaba? — le pregunto Bree con una sonrisa. Edward asintió escondiendo de nuevo la cabeza en el pecho de su madre.

— Él se ha portado excelente y está bien. Solo le curamos la herida de la mejilla con una sutura adhesiva que se saldrá sola dentro de una semana, pero hay que evitar que se la esté rascando o que se moje— le comentó el pediatra y ella asintió, volviendo a los mimos que le daba a su pequeño angelito.

Carlisle decidió que era momento de dejarlos solos para que descansaran, por lo que comenzó a salir del lugar sin hacer demasiado ruido. Se había encariñado con los dos, pero no sabía porque era. Se suponía que el pequeño era solo un paciente más y con ella no había cruzado más palabras que las de hace un momento.

Miró por la ventanilla como la chica acomodaba a su pequeño en la cama y este se abrazaba a su cintura, comenzando a cerrar sus ojos poco a poco y colocando su dedo pulgar en su boca. La imagen era demasiado tierna y le hizo sonreír.

Luego se encaminó hacia la sala de médicos para descansar antes que lo llamaran a una nueva emergencia.

Charlie ya se había ido del hospital sabiendo que por esa noche no conseguiría nada más con Bree. Ella estaba demasiado asustada y en shock como para querer recordar lo que había pasado y de seguro quería estar con su hijo a solas para poder descansar.

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Hola a todos ¿Cómo se encuentran? Espero que muy bien.

Como siempre espero que este capítulo haya sido de su agrado y que me lo hagan saber. En este capítulo ya apareció Carlisle y Eleazar, quienes también serán en parte importantes en la historia ¿Qué les parecieron? ¿Les gusta Eddie? ¿Y Bree? ¿Creen que está muy lenta la historia?

En cuanto a la secuela va por buen camino y hasta el momento parece que será más larga que la primera parte.

candy1928: que Gracioso ver sus hipótesis, aunque también hubiese sido buena esa idea. Si, la vida de Bree es un poco compleja, pero todo por su pequeño solcito. Espero seguir leyéndote por acá.

Liz Valenzuela: Hola. Que extraño sería eso jajaja… Pero no, no es una relación de Bree y Edward. Espero seguir viéndote por acá y que ee dejes tu opinión.

Esperando verlas en el próximo capítulo y que me dejen saber su opinión, me despido.

Nos leemos.

Babi