- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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Pronto los rayos de sol comenzaron a hacer presencia en la ciudad de Seattle. Claro que no eran demasiado fuerte y poco calentaban a esa altura del año, pero al menos los acompañaba y les indicaba a todos que un nuevo día comenzaba.

Pronto las calles comenzarían a atiborrarse de la gente que se dirigía a los centros comerciales o a las distintas tiendas en búsqueda de los últimos presentes antes de navidad, niños que salían con sus padres a pasar un día de juegos y buenos momentos o que simplemente se disponían a dar una vuelta para jugar con la nieve que se había acumulado.

Por fin la mañana había llegado y tanto Carlisle como Eleazar podrían salir de sus turnos para dirigirse a sus casas a pasar el tiempo con sus familias. Carlisle quería poder estar con su amada Esme y sus dos pequeños torbellinos de cinco y dos años, Emmett y Alice. Por otro lado Eleazar quería estar con Carmen y su pequeño Jacob de la misma edad que su primo.

Los dos le dieron un última vuelta a sus pacientes, para luego firmar las fichas y salir del hospital. Ya no tendrían que volver hasta la mañana siguiente para comenzar con su turno de día.

Justo cuando ellos iban saliendo ingresaba dos oficiales de policía que habían sido enviados para interrogar a la joven Masen acerca de lo que había ocurrido la noche anterior. Ellos tenían que darle un informe lo antes posible al fiscal de distrito para que él se lo informara al juez y analizaran que sería lo que ocurriría desde ahora en adelante con el caso de la muchacha.

Se presentaron con la enfermera en jefe y con el médico de turno para que les dieran la autorización y los llevaran a la habitación en el área de observaciones donde los habían internado. A ella aun la estudiaban para saber que tanto shock tenía y al pequeño por el golpe en la cabeza.

Al entrar en la habitación tanto la madre como el pequeño se encontraban comiendo su desayuno mientras ella trataba de hacerlo olvidar todo lo que había ocurrido la noche anterior. No quería que su niño se quedara con aquellas horribles imágenes en su frágil mente.

Los dos oficiales se presentaron ante la chica, que los miró en cuanto sintió la puerta abrirse. Edward los miraba impresionado e ilusionado, adoraba a los policías y de grande soñaba con ser uno.

La enfermera, sabiendo que era lo que ocurriría, conversó con él médico y los dos pensaron que sería bueno que el niño no estuviera presente, así que inventaron que le harían un examen para asegurarse que no había daño en la cabeza del pequeño y se lo llevaron en una silla de ruedas.

— Señorita Masen, estamos aquí para realizarle unas cuantas preguntas con respecto a lo que pasó ayer— comenzó uno de los oficiales

— Esta… Está bien— aceptó un poco confundida

El segundo policía tomó una grabadora desde su bolsillo y lo colocó cerca de la chica para poder grabar todo lo que ella dijera. Cada una de sus palabras sería importante para esclarecer que fue lo que ocurrió la noche anterior y averiguar por qué todo había terminado con Jay Jenks muerto por un golpe en la cabeza.

— Señorita Masen, según dice el informe que realizó el oficial Swan ayer por la noche, usted trabaja como prostituta ¿Es eso verdad? — le preguntó y ella afirmó con un "si"— También dice que lleva haciendo esto desde hace un buen tiempo y que no quiso decir quién era el padre del menor, pero obviamente lo sabe.

— Si, lo sé— afirmó ella y el oficial asintió

— Bien… ¿Ayer estaba trabajando, señorita Masen? — le preguntó el otro policía y ella asintió— Le voy a pedir que por favor responda con palabras para que quede grabado

— Si, él era un cliente que llevaba un tiempo viniendo por mis servicios— le contestó

— ¿Cuánto tiempo?

— Unos… tres a cuatro meses— le contestó

— ¿E iba muy a menudo? — inquirió nuevamente

— A veces sí. Este mes vino en repetidas oportunidades, pero a veces se ausentaba por una larga temporada

— ¿Y qué fue lo que pasó anoche? ¿Por qué terminó en aquel estado? — preguntó el segundo oficial

— Bueno… Ayer, después de que acosté a mi pequeño y que me aseguré que estaba profundamente dormido, me preparé para esperar a que llegara mi primer cliente de esa noche, el señor Jenks. Como cada noche él me mandó un mensaje ya que una de mis reglas es que no toquen el timbre del departamento o pueden despertar a Edward y no quiero que él sepa lo que hace su madre.

Los dos oficiales no mostraban sentimiento alguno. Los dos permanecían inmóviles, serios y sin expresiones en sus rostros. Eso asustaba a la chica de sobremanera.

— ¿Qué más ocurrió? — preguntó uno de los hombres

— Le abrí la puerta y, como con cada cliente, lo guie hasta la habitación que utilizo para trabajar y que mantengo con llave durante el día. Los dos entramos y comencé con mi trabajo, pero el señor Jenks no venía como las otras ocasiones.

— ¿Cómo venía?

— No lo sé… Venía… ¿Drogado? Si es que se le puede decir así— respondió sin saber muy bien si esa era la palabra correcta

— ¿Cómo estaba?

— Sus ojos parecían desorbitados y no actuaba de manera normal. Por lo general él era bastante atento y nunca me trataba mal, siempre era muy cuidadoso. Pero anoche no estaba igual… Actuaba irracionalmente.

— ¿Qué más? — le instó el policía

— El comenzó a tocarme de manera que nunca antes lo había hecho y hacía cosas que no me agradaban, a las que no estaba acostumbrada— respondió estremeciéndose al recordar los manoseos que le había realizado el hombre en distintas partes de su cuerpo, sobre todo en sus pechos y partes íntimas— Además me besaba, pasaba su lengua como un loco y me golpeaba cuando trataba de huir— colocó uno de sus brazos sobre sus magulladas costillas

— ¿Y ahí fue donde lo golpeaste?

— No… Bueno, sí— suspiró— Comencé a tratar de alejarme y a gritar para que los vecinos me escucharan y pidieran ayuda, pero eso solo provocó que mi pequeño despertara y que comenzara a llamarme desde el otro lado de la puerta. Tomé algo, no sé bien qué, y lo golpee para que el cayera al suelo y yo pudiera salir después de colocarme una camiseta larga que me cubriera el cuerpo

La chica volvió a suspirar y cerró los ojos repasando las imágenes en su mente. Recordó el abuso, el primer golpe que le dio y la cara de horror que tenía su pequeño niño cuando abrió la puerta y le preguntó por si era su papá.

— Luego salí con mi hijo y me lo llevé lejos tratando de pensar cómo hacer que se ocultara para que el sujeto no lo viera, así que se me ocurrió jugar a las escondidas con el hombre malo y lo metí en un armario, pidiéndole que se quedara ahí hasta que yo viniera a buscarlo. El aceptó y se quedó ahí.

— ¿Entonces el señor Jenks quedó en el cuarto? ¿Qué hacía su cuerpo en la sala? — inquirió el policía

— El me vino a buscar y tiró el teléfono que había alcanzado a agarrar para llamar a la policía. Luego me tiró contra una mesa y comenzó a hacer lo mismo de antes, pero yo intentaba escapar con más fuerza. Él se desesperó y me golpeó en el estómago. Mi pequeño salió del armario y se lanzó para morderlo en la pierna con toda la fuerza que pudo, haciendo que Jenks me soltara y me lanzara al suelo.

Volvió a recordar aquellas imágenes y se estremeció al recordar como su niño volaba en el aire y se estrellaba contra el mueble que había a su lado, dándose de lleno en su carita tan hermosa e infantil. No pudo evitar soltar lágrimas al ver nuevamente la imagen de su pequeño inconsciente, tendido en el suelo y con una herida en su pómulo.

— Jenks tomó a mi hijo y lo lanzó, haciendo que se golpeara. Eso me hizo desesperarme y lanzarme contra él, pero volvió a tirarme al suelo diciendo que ojala mi hijo estuviera muerto. Eso me enfureció y tomé un candelabro que había caído al suelo para golpearlo en la cabeza. El cayó tendido a mi lado, pero no me importó. Me puse de pie y me acerqué al cuerpo de mi hijo, que no despertaba… Y luego llegaron sus compañeros.

— ¿Eso es todo? — preguntó el primer oficial

— Si, eso es todo— suspiró, limpiándose las lágrimas que caían por su rostro viendo como el policía tomaba la grabadora y la apagaba— ¿Qué pasará ahora?

— Le llevaremos esto al fiscal, pero lo más probable es que la lleven a juicio por homicidio— le contestó como si nada uno de los policías y eso la dejó impresionada

— Ho… ¿Homicidio? — tartamudeo sin creerlo

— Si, homicidio

— Y… ¿Y mi hijo? ¿Qué pasará con él? ¿Qué le harán?— inquirió, asustada

— En estos casos se les suele llevar a algún hogar de protección de menores, quizás eso es lo que ocurra— dijo el hombre tomando su gorra y despidiéndose de la chica, dejándola muerta de miedo— Sería mejor que comenzara a llamar al padre del niño si es que no quiere que eso pase.

La chica se quedó llena de pánico. Ella no quería que la separaran de su hijo, menos ahora después de tantos años en los que se había esforzado por darle todo a su hijo, desviviéndose por él y haciendo todo para que el tuviera la mejor vida posible.

En su mente no dejaba de pasarse uno y mil planes para salir de ese lugar sin que nadie lo notara. Tenía dinero, guardado en la caja fuerte de su departamento pero lo tenía, y podía utilizarlo para escapar de esa ciudad e irse a otra. Tal vez volver a California sería lo mejor en esos momentos… O tal vez no.

Cuando regresaron con su pequeño este venía muy alegre porque había podido ver su cuerpo por dentro y eso lo hacía feliz. Además se había entretenido tomándose fotos de distintas partes de su cuerpo.

Bree no dejaba de pensar en lo que le habían dicho y hasta el apetito lo había perdido. No había querido almorzar, no había comido su merienda y mucho menos había comido toda su cena. Los médicos le preguntaron si se sentía bien, y lo estaba pero el nudo en su estómago no la dejaba comer nada.

Ahora es el momento para huir pensó cuando todos los pacientes del área de observación estaban dormidos y el personal se turnaba para cuidar de ellos, pero pronto se arrepintió.

No, aún no es el momento. Edward aún está en observación por el golpe… No quiero que le pase algo malo a mi niño.

Bajo ese pensamiento intentó quedarse dormida para descansar, pero no lo lograba por completo. A primera hora de la mañana había decidido que saldrían sin ser vistos. Aprovecharía el cambio de turno para poder huir con su pequeño y evitar que se lo quitaran.

Cuando los primeros rayos de sol comenzaron a iluminar el lugar ella se despertó y comenzó a sacarse la bata que le había facilitado. En esos momentos el arrepentimiento por haber robado una ropa desde una habitación la noche anterior desapareció y se dedicó solo a arreglarse para poder escapar del lugar.

Llamó a su pequeño con cuidado y, abrigándolo con una manta, lo tomó en sus brazos acomodándolo bien y saliendo del lugar para irse cuanto antes sin ser vistos.

Nadie nos separará, mi pequeño sol pensó ella abrazando más a su hijo, quien iba dormido plácidamente.

Salió de la habitación tratando de no levantar sospechas. Las enfermeras conversaban mientras se entregaban los pacientes, los médicos se daban reportes de lo que había ocurrido en la noche y de la evolución o retroceso de sus internados.

— ¿Señorita Masen? — la llamaron a sus espaldas, pero no se detuvo a voltearse para ver quién era. Simplemente siguió caminando— Señorita, espere

Alguien la siguió a paso presuroso y la tomó por un hombro, haciéndola voltearse. Era el pediatra que había atendido a su hijo hace unos días cuando llegaron a urgencias.

Carlisle no sabía que era lo que estaba ocurriendo, pero algo dentro de él le decía que tenía que ayudarles a esa chica y a su hijo… Algo le hacía recordar a su mujer.

— Suélteme… Déjeme ir, por favor— le rogaba la chica mientras él la afirmaba. Edward, con tanto movimiento, se despertó y miró con intriga a los dos adultos

— ¿Qué es lo que ocurre? ¿A dónde cree que va con el niño? Ninguno de los dos tiene el alta aún… De hecho iba ahora mismo a revisar a Edward

— No podemos quedarnos… quiero… Quiero el alta voluntaria para los dos— le dijo presurosa. Lo único que quería en esos momentos era fugarse de ese lugar

— Esta bien, te daré el alta de Edward… Pero primero tengo que revisarlo y asegurarme que está bien. Además debe esperar a su doctor— le indicó él tratando de llevarla a una habitación, pero ella se resistía.

— No, démela ahora mismo— le exigió

Está en esta habitación— escucharon a alguien a la vuelta del pasillo donde ellos estaban

— Mami…— la llamó Edward. Se veía asustado

Tengo que irme pensó, mirando hacia la otra salida donde estaba el médico. Él le tapaba el pasillo y no podía arrancar por ese lado.

— Ella es— dijo la enfermera que venía con unos oficiales y otra mujer a su lado— Ella es Bree Masen y su hijo

— Señorita, debe acompañarnos— dijo el primer oficial, acercándose a ella

— No, no puedo ir con ustedes— le dijo ella, abrazando a su solcito

— ¿Qué es lo que ocurre acá, Carmen? — preguntó Carlisle, intrigado por lo que estaba ocurriendo

Los demás médicos y enfermeras que salían de sus turnos miraban lo que ocurría a medida que pasaban por su lado para dirigirse a la salida. Sabían que algo no debía estar bien si los oficiales y la asistente social estaban en ese lugar.

Carmen era la cuñada de Carlisle y solo era unos años menores que él y su esposa Esme. Era la trabajadora social de uno de los orfanatos y hogares de menores más prestigiosos de todo Seattle y que había pertenecido a su familia por generaciones. En este mismo es que trabajaba la pareja de Carlisle como directora.

— Buen día, Carlisle. Venimos con una orden del juez Randall Mitchell para llevar a la señorita Masen al juzgado para ser procesada por cuasidelito de homicidio y para llevarme al pequeño al hogar mientras se realiza la investigación— le contestó, aunque se notaba que no estaba muy feliz con lo que tenía que hacer

— ¡No! — dijo Bree en cuanto escuchó esas palabras. No la separarían de su hijo— ¡No se llevaran a mi bebé!

— Señorita, no haga las cosas más difíciles— le pidió un oficial, intentando acercarse a ella

— ¡No, ya dije que no se lo llevaran! — les volvió a gritar, asustando a Edward a la pasada. Él se aferró más a su madre.

— Señorita, tenemos que llevarla y será por las buenas o por las malas— le dijo el otro policía, acercándose y cogiéndola por el brazo.

— A ver, podemos calmarnos todos y hablar las cosas con tranquilidad— preguntó Carlisle al ver el nerviosismo tanto de la madre como del pequeño.

Él se aferraba con miedo a su madre, dejando blancos sus pequeños dedos. Y ella se veía demasiado inquieta e impaciente por salir corriendo de ese lugar con su pequeño y sin que nadie los separara.

Los oficiales y Carmen asintieron, comenzando a caminar tras Carlisle y la joven madre hacia un cuarto donde podrían conversar con más tranquilidad.

Al llegar, los oficiales se quedaron de pie en la entrada para evitar que Bree fuera a huir y atraparla ante cualquier intento. Carmen, Carlisle y la chica se sentaron en unos sillones que había en el lugar y que les servía de sala de descanso a los médicos que trabajaban en el hospital.

— Ahora si podemos hablar con calma ¿Qué es lo que pasa, Carmen? — inquirió el pediatra, preocupado por la situación de su joven paciente y su madre

— Tenemos la orden del juez…

— Eso ya lo dijo— reclamó la chica, no dejándola continuar— Pero a mí no me importa. No me van a separar de mi hijo… Actué en defensa propia y la de mi hijo.

— Eso no lo juzgo yo, señorita Masen. De eso se encargaran los fiscales y el juez… A mí solo me han enviado a llevarme a su hijo a nuestro hogar mientras dura la investigación y se ve que es lo que ocurrirá con usted— le aclaró la mujer de cabello castaño

La puerta del lugar se abrió y por esta entró el director del hospital junto al oficial Swan. Los se veían demasiado serios, sin emoción.

El policía se acercó a la joven y trató de calmarla para que no se armara un gran escándalo cuando tuvieran que separarla de su hijo, pero no sabía que tanto resultaría. Carlisle también le ayudaba con el pequeño.

Estuvieron conversando por lo menos una media hora con los dos, pero nada los pudo preparar para lo que no se podía evitar.

— Es momento— dijo la mujer de cabello castaño

— No, por favor— rogó la joven madre, aferrándose a su pequeño— No nos separen

— Señorita Masen, no haga las cosas más difíciles— le pidió uno de los oficiales, acercándose a ella y cogiéndola por el brazo

Bree suspiró, sabiendo que no podría hacer nada por quedarse con su hijo. El cuarto estaba repleto con personas que la detendrían si intentaba huir y no llegaría demasiado lejos.

Dejó que algunas lágrimas cayeran de sus ojos mientras olía por última vez el aroma de su pequeño solcito. Ese olor a su jabón de baño infantil y su colonia a juego que le daban siempre ese toque a limpio que ella se encargaba de mantener.

Levantó su mirada para quitarse las lágrimas y sonreírle dulcemente a su hijo mientras le explicaba lo que pasaría ahora, pero el niño solo negaba inconforme con lo que su madre le decía. Él no quería separarse de su mamá y menos irse con esa mujer que le daba un poco de miedo a pesar de su amable rostro.

Cuando terminaron de despedirse, Carmen se acercó para coger al pequeño niño de los brazos de la joven mujer, pero este se aferró con fuerza al fino cuello de su mamá y les decía que no quería irse.

Carlisle y Charlie tuvieron que entrometerse en la escena para lograr que él se soltara, pero en cuanto lo liberaron el empezó a removerse en los brazos de Carmen y lanzaba patadas y gritos para que lo soltaran. Charlie tuvo que coger al niño para que no lastimara a la mujer y la acompañaría hasta el hogar.

— ¡Mami, no quero idme! — lloraba el pequeño, desesperado— ¡Me potaré ben, lo judo! ¡No me deje!

A Bree se le oprimió el pecho al escuchar esas palabras salir de la boca de su hijito. Quería decirle que no era porque él se hubiese portado mal ni nada por el estilo, pero las palabras no salían de su garganta y los sollozos ahogados no ayudaban demasiado

— ¡Mami! ¡Mamita! — escuchaba los gritos de su hijo desvanecerse a medida que se alejaban por los pasillos y ya no aguantó más.

Se dejó caer sobre sus rodillas en el suelo y lloró como nunca antes lo había hecho, ni siquiera cuando había despertado del coma y se había enterado que sus padres no seguían con vida.

Que los oficiales se acercaran para colocarle las esposas solo la hicieron caer en la cuenta de todo lo que estaba ocurriendo y lo mucho que había perdido en estas pocas horas. Su vida, su libertad y lo más importante para ella, su hijo. Ahora sí que había perdido todo.

Por otro lado Edward no dejaba de llorar en los brazos del oficial Swan. Además pateaba y se removía como si lo estuvieran trasladando a un matadero.

Todas las personas los miraban cuando pasaban por los pasillos del hospital y algunos pequeños que venían recién llegando se asustaban al verlo en ese estado, pensando que a ellos también les pasaría algo malo en el interior del recinto.

Cuando se iban a subir al automóvil, primero lo hizo Carmen para que Charlie le entregara a Edward y pudieran marcharse del lugar, pero el niño lo impedía afirmándose del marco de la puerta. Entre la mujer y el oficial soltaron sus deditos para poder subirlo y que luego lo hiciera Charlie.

Durante casi todo el camino no dejaba de gritar y llorar realmente fuerte a pesar de todas las palabras tranquilizadoras que ambos adultos le decían. Él solo quería que lo llevaran de regreso a donde su mamá. Seguía pateando para que lo soltaran, dándole un par de veces a Charlie.

Pronto el imponente edificio comenzó a sobresalir en la escena y se posicionó frente al automóvil. El lugar se veía bastante agradable. El gran edificio de arquitectura antigua se mantenía bastante bien y estaba pintado con un color rojo colonial en las murallas y los pilares de un pulcro color blanco. Las ventanas iban en el mismo tono de las columnas y solo se veía una gran puerta de madera en la entrada enmarcada con un arco de piedra. El jardín principal estaba decorado con un hermoso jardín que alegraba a cualquiera que lo viera con todos esos colores otorgados por el pasto, los árboles, arbustos y flores que había en el lugar. A cada costado del lugar se veían unos caminos que se unían con el principal y que daban hacia el patio trasero del lugar.

El auto se detuvo frente a la entrada y el chofer que los llevaba se bajó para abrirles la puerta a los del asiento trasero, quienes se bajaron con el pequeño ya un poco más calmado y adormecido después de tanto llorar.

Edward estaba agotado después de gritar y llorar por lo que fue cerca de media hora desde que salieron del hospital hasta que iban por la mitad del camino. Ahora solo iba en los brazos de Charlie, con su cabeza apoyada en el hombro del oficial y con sus brazos colgando de sus lados. Aun sollozaba y sorbía su nariz de vez en cuando y sus ojos y mejillas iban de un tono rojizo. Su cabello también estaba todo revuelto, más que de costumbre.

Tocaron el timbre del lugar y pronto tuvieron a una chica de cabello rubio y largo abriéndoles la puerta. Era Jessica, una de las voluntarias del recinto con apenas 25 años de edad.

La chica los saludó con una sonrisa e intentó alegrar al pequeño niño, pero este solo le renegaba y lloriqueaba cuando lo iba a tocar.

— ¿Dónde está mi hermana, Jessica? — preguntó Carmen después de que la chica intentara interactuar con Edward

— Está en su oficina hablando con un nuevo sostenedor— le contestó y, tanto ella como los otros dos adultos, comenzaron a caminar hacia la sala principal del lugar.

Carmen tocó la puerta y pronto escucharon un "adelante" desde el interior. Abrieron y entraron al lugar donde Esme se encontraba sentada frente a su computadora, tecleando algunas cosas.

— Ya llegaste— le sonrió, levantándose de su asiento— Hola Charlie

— Hola Esme— se saludaron con un beso en la mejilla, pero ella estaba interesada en el pequeño.

— ¿Y este pequeño?— le tendió la mano, la cual él solo miró con desconfianza— Mi nombre es Esme y soy la directora del lugar ¿Cuál es tu nombre?

Edward solo se quedó en completo silencio, escondió sus ojos en el cuello de Charlie y lo abrazó por el cuello. No quería ver a la señora que lo había separado de su mami y que lo había llevado a ese feo lugar.

— No es muy hablador— comentó Esme, un poco acongojada pero aun con la sonrisa en su rostro.

En ese momento se abrió la puerta de la oficina y por ella entró Ángela. Ella era la encargada de cuidar a los pequeños de entre tres y cinco años. Tenía el cabello castaño, ojos cafés con una mirada bastante agradable y usaba unos anteojos de marco oscuro que le daban un toque de seriedad, pero bastante suave.

— Jessica me dijo que me necesitaban— señaló la chica cuando todos se le quedaron mirando en la sala. Todos menos Edward que aun ocultaba su rostro.

— Si, por supuesto— le sonrió Esme, invitándola a pasar— Ángela, él es nuestro nuevo pequeño que te había dicho que llegaría hoy. Se llama Edward Masen y tiene tres años y medio.

— Es un gusto conocerte, Edward— lo saludó la chica acariciándole la espalda al pequeño como si intentara hacerle cosquillas, pero él solo se removió y se quejó.

— Aun está un poco irritado— comentó Carmen, sabiendo que era lo normal en estos casos.

— ¡Oh, ya veo! — suspiró la chica mirando con pesar al niño— Edward, mírame— el pequeño siguió escondido— ¿Quieres ir a jugar al jardín conmigo? Hay otros niños de tu edad.

El aludido elevó un poco su mirada desde el cuello del hombre que lo mantenía en sus brazos, pero no se soltó de este. Luego miró a Charlie como si buscara algo y el hombre le asintió, pero no sabía si buscaba su aprobación para ir o para que lo acompañara.

El castaño se agachó para dejarlo en el suelo y que fuera con Ángela, pero el grito que el niño dio y la forma en la que se aferró a su cuello los hizo sobresaltarse. Edward había vuelto a llorar desesperadamente y no quería separarse del hombre a quien ya le había cogido cierta confianza después de que lo separaran de su mamá. No quería que él se fuera también.

— Ya, tranquilo. No me iré— trataba de calmar la respiración errática del niño, pero él seguía asustado.

Se quedaron consolando al pequeño por un tiempo más hasta que su respiración volvió a ser la misma de antes. No se esperaban esa reacción de su parte y los había tomado completamente por sorpresa. En algún momento pensaron que podían llegar a necesitar ayuda de la enfermera del lugar.

Pronto todo volvió a la normalidad y tanto Charlie como Ángela salieron de la oficina, dejando solo a Esme y a su hermana en la oficina.

— Es igual— comentó Esme en un susurro, pensando que solo estaba en su mente.

— ¿A quién? — preguntó Carmen, sacándola de su ensoñación

— A nuestro padre… Es igual a nuestro padre pero en versión pequeña— la miró a los ojos y vio como Carmen la miraba como si estuviera frente a una loca— Hermanita, no me digas que no piensas lo mismo… Ese pequeño es idéntico a nuestro padre.

— ¿Y qué? Es sólo coincidencia. Además, ni siquiera es tan parecido— se molestó Carmen.

Esta no era la primera vez que Esme encontraba parecido a alguno de los pequeños que llegaba al orfanato con su madre, padre o incluso con ellas mismas. Cada pequeño que llegaba con ojos azules o verdes, cabello castaño y piel clara era igual a su familia y podía ser algún pariente lejano… Más bien el hijo de su hermana, esa con la que no alcanzaron a compartir y que ni siquiera llegaron a conocer.

La familia de ambas hermanas había pasado por un duro proceso cuando hace 24 años les fue arrebatada la menor de todos. La pequeña Maggie, su hermana menor, había sido secuestrada desde el hospital por una enfermera a la cual procesaron y que pagó con cárcel su delito. Lamentablemente a la niña nunca la encontraron ya que ella fue llevada a otra ciudad y, por más que la buscaron por todos los orfanatos y hogares, nunca la hallaron. Eso había destrozado a los padres de Esme y Carmen, pero ellas no fueron conscientes de todo lo ocurrido hasta cuando fueron grandes.

Es por este motivo que los padres de ambas decidieron colocar un hogar, con la esperanza de algún día recuperar a su niña. Pero con el pasar de los años las fuerzas se perdían y solo quedó el recuerdo de aquella hermosa bebé.

— Seguiré con mi trabajo que aún tengo que arreglar papeles del pequeño y su madre. Nos vemos en un rato— se despidió comenzando a caminar hacia el exterior, pero antes de hacerlo se volteó a su hermana— Esme… Olvida todo y sigue adelante.

La castaña suspiró y se sentó en su asiento detrás del escritorio para ver la foto donde salían sus dos padres. Aquellos dos adultos de unos cincuenta y tantos, con esas miradas dulces pero que a la vez almacenaban una profunda tristeza.

— Sé que no me equivoco ahora, papás… Pero primero me aseguraré para no volverles a romper el corazón— suspiró y besó la foto de ambos reclinándose en su asiento y mirando por la ventana hacia el jardín trasero donde los niños corrían alegres y jugaban con la nieve en su recreo.

Ángela y Charlie llegaron al jardín y vieron a todos los pequeños correteando por el lugar mientras eran cuidados por las ayudantes de la mujer. A esa hora sus alumnos salían a jugar mientras los más grandes estaban en clases que, a pesar de que casi todas las escuelas estaban de vacaciones por las festividades, no se detenían. Luego era su turno para salir.

Ángela le explicó que este era el segundo grupo más pequeño después de los de recién nacidos a tres años. Ella era la maestra y tenía dos ayudantes que cuidaban a los niños si es que ella tenía que salir a una reunión o algo por el estilo.

Tanto el oficial como la maestra trataban de alentar a Edward para que fuera a conocer a sus nuevos compañeritos y los niños parecían muy interesados en el nuevo niño que venía llegando. Sabían que, al igual que todos ellos, si estaba ahí era porque sus papis ya no estaban con él y no había nadie que lo cuidara.

— Hola niño— una de las pequeñas que jugaba en el jardín se acercó a los adultos y a Edward cuando Charlie se acuclilló para que Edward sintiera el suelo bajo sus pies.

La niña tenía el cabello rubio que le llegaba hasta un poco más abajo de los hombros, era liso y brillaba dándole un toque angelical. Sus ojos eran de un hermoso color azul cielo y su blanca sonrisa iluminaba todo a su alrededor. Estaba vestida con un gorro de lana, una chaqueta y guantes de color rosado.

— Mira Edward, te están saludando— lo alentó Charlie

— Rose, déjame presentarte a Edward— comenzó la maestra— Rosalie, él es Edward y estará con nosotros desde hoy.

— Hola Edward… Me gusta tu nombre, es como de príncipe de cuentos de princesas— le sonrió— ¿Quieres venir a jugar con nosotros? Estamos haciendo un hombre de nieve, o eso intentamos.

El pequeño no parecía demasiado convencido y aún estaba aferrado a Charlie, pero al ver que la niña le seguía sonriendo asintió y se separó lentamente del hombre después de que este le asegurara que aún no se iría.

Los dos adultos se pusieron de pie y vieron como los dos niños se alejaban de ellos para jugar con los otros pequeños que estaban en el jardín rodeando a sus maestras y armando un hombre de nieve de su misma altura.

La maestra estaba interesada en lo que había ocurrido con su nuevo alumno, por lo que le preguntó a Charlie todo lo que sabía. Eso sería muy importante saberlo si es que el niño tenía algún problema o trauma después de lo vivido.

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Hola a todos ¿Cómo se encuentran? Espero que muy bien.

Como siempre espero que este capítulo haya sido de su agrado y que me lo hagan saber ¿Qué les pareció? ¿Les hice sentir lástima por Bree y Eddie? ¿Creen que está muy lenta la historia?

candy1928: Hola. Sí, habrá secuela y creo que hasta una tercera parte. Todo depende de la recepción que vaya teniendo la historia ¡Yey, tengo una fan!

Yolo: Hola. Si, lo cambié porque ahora soy la única que aún sigue escribiendo de mi grupo de amigas, así que había que hacerlo. No das la lata, al contrario. Me gusta saber que te agradan mis historias y que las sigues. No sé si te causará estrés… Pero si un poco de tristeza. Cuídate y nos leemos.

Monikako2010: Hola. Si, Edward es muy tiernito, pero creo que es mi angelito jajaja. Gracias por tus palabras y por agregarme a favoritos. Espero seguir viéndote por acá y que me dejes tu opinión.

Esperando verlas en el próximo capítulo y que me dejen saber su opinión, me despido.

Nos leemos.

Babi