- Titulo: Nadie dijo que sería fácil
- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)
- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
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Los días continuaron pasando son relativa calma, pero la preocupación en el hogar era notable. Edward parecía cada vez más decaído, deprimido e incluso un poco malhumorado. Habían intentado de todo para que el pequeño estuviera mejor, pero el parecía que no lo hacía.
Todo lo que ocurría con el niño se atribuían principalmente a las malas noches que estaba pasando. Le costaba conciliar el sueño y cuando por fin lo conseguía lo atacaban las pesadillas, lo que hacía que su dormir fuera inquieto y muy movido.
Por las mañanas les costaba mucho despertarlo y cuando lo lograban el lloraba o hacía rabietas por todo, volviéndose ya molesto para sus compañeritos de grupo y una gran preocupación y utilización de tiempo para sus cuidadores.
Ángela le había comentado esto a la enfermera del lugar y a Esme, quien a su vez habló con su esposo, y concluyeron que sería bueno que Edward viera a su madre, por lo que Charlie trataría de mover algunos contactos que tenía y conseguir alguna posibilidad para que esto se pudiera realizar.
Los pasillos del centro penitenciario se le estaban haciendo eternos al oficial de policía que había llegado primero a la escena del crimen y que había adquirido un cariño especial por la joven madre y su pequeño hijo.
Habló con uno de los guardias del recinto y le explicó el motivo de su visita y a quien venía a ver. Este de inmediato se comunicó con otro compañero para que fueran a buscar a Bree y la llevaran a la sala de visitas.
Charlie ingresó en el lugar y se sentó en el asiento para esperar a que trajeran a la chica en la otra sala con la que se conectaba a través de una ventanilla y un teléfono que estaba en la pared.
Aún era temprano, por lo que el lugar estaba completamente vacío, y eso les daría un poco más de privacidad y calma para poder conversar sin problemas.
Las puertas de entrada del otro lado se abrieron y por ellas entraron dos mujeres. Una era una oficial del recinto y la otra era Bree.
La chica venía con un overol naranjo, su cabello cogido en una coleta que dejaba ver mejor su rostro triste y con unas esposas en sus muñecas. Sabía que con ella no era necesario usarlas, pero era parte de las precauciones que se tomaban en el lugar para que no fueran a huir.
Se sentó frente al oficial y de inmediato tomó el teléfono. Sabía que él podía decirle como estaba su pequeño, si lo estaban cuidando como ella lo hacía.
— Hola, Bree— la saludó Charlie con una sonrisa y ella le devolvió el gesto
— ¿Cómo está mi hijo? — preguntó de inmediato la chica. Algo en su interior le decía que su niño no lo estaba pasando para nada bien. Su instinto de madre se lo decía.
— El… Está bien, pero ha tenido unos cuantos problemas para dormir— le contestó el hombre, haciendo que ella lo mirara con el ceño fruncido
— Edward nunca los ha tenido— comentó con preocupación y confusión— Él siempre ha dormido muy bien.
— Desde que llegó que tiene pesadillas y le cuesta dormirse a pesar de todo lo que hacen. Puede jugar todo el día, pero aun así no puede dormir bien— continuó el hombre
— Eso es raro. Edward siempre se dormía después de que cenara, se bañara y le hiciera sus masajes de relajación— le explicó la chica.
— ¿Masajes de relajación?
— Si, siempre le he hecho esos masajes por recomendación de una pediatra naturista que conocí hace un tiempo. Ella me dijo que podía ayudarle a dormir muy bien y sin sobresaltos.
— Puede ser que eso esté faltando. Los niños cenan y se bañan, pero no pueden hacerle masajes a todos— dijo Charlie, encontrándole sentido a todo eso. A su pequeña Isabella le costaba mucho dormirse si es que no se le leía un cuento o si le colocaban televisión antes de ir a la cama— Se lo comentaré a la directora para que vean cómo solucionarlo.
La madre asintió, esperando que de verdad pudieran ayudarle a su pequeño. Ella no quería que pasara por malos momentos mientras ella no estuviera a su lado.
Estuvieron hablando por un buen rato de cómo iba su caso y cosas por el estilo, además de seguir conversando acerca de su niño. También se les unió la encargada del recinto y el fiscal, que venía a interrogar a Bree.
Los cuatro estuvieron hablando de la posibilidad de traer a Edward para que hablara con su madre y estuviera más tranquilo. Charlie les dijo que el pediatra que había atendido a Edward había hablado con él para que intentara arreglar algo debido a los problemas que estaba teniendo el pequeño y ellos, analizando la situación, decidieron que sería muy bueno para el niño. El fiscal hablaría con el juez y arreglarían un día para que Ed estuviera con su mamá.
A eso de la una del día Charlie se despidió de Bree para poder irse a su casa, prometiéndole que pronto le traería a su pequeño. La chica le sonrió agradecida y se fue con la oficial que la había traído de regreso a su celda.
Cuando llegó a casa lo primero que sintió fue a su pequeña niña corriendo hacia sus piernas y chocando directamente con ellas. Él bajó la vista y vio esos hermosos ojos cafés que tanto amaba, su cabello castaño con ondas en las puntas cayendo libre por su espalda y su carita redonda que estaba iluminada por una hermosa sonrisa.
Amaba a su princesita de cuatro años cumplidos hace solo hace tres meses.
Reneé también apareció en escena, vestida con un elegante vestido azul ceñido a su esbelta figura, con su cabello suelto y una gran sonrisa. Se acercó a él y lo besó dulcemente en los labios, ocasionando que su pequeña se quejara por esa imagen y se pusiera nerviosa.
Desde hace un tiempo que Bella se enojaba cuando su madre abrazaba a su padre o lo besaba. Según les había dicho Carlisle era algo completamente normal en su desarrollo. Los pequeños solían tener un "enamoramiento" sobre el padre del sexo opuesto, pero pronto se pasaría y su niña volvería a ser como antes.
Pasaron el día en completa calma. Después de comer, Isabella tomó su siesta como todas las tardes, dándoles un tiempo para que los dos se mimaran y disfrutaran de un momento a solas mientras veían una película.
Cuando llegó la hora de irse, tomaron los bolsos donde llevarían su ropa y las cosas para ayudarle a los Cullen con la cena de año nuevo.
Hace mucho que llevaban planeando esta cena de año nuevo y, aprovechando que Carlisle, Eleazar y Charlie tenían libre, la harían para estar todos juntos como los buenos amigos que eran.
Esme, Carmen y Reneé eran amigas desde pequeñas, se conocían como a sus propias palmas. Sus esposos, por otro lado, se habían hecho grandes amigos a medida que se iban conociendo y ahora eran un buen grupo de seis amigos que estaban para apoyarse en todo lo que necesitaran y de vez en cuando festejaban estas fechas en conjunto.
Se subieron en el automóvil después de colocar a Bella en su sillita de seguridad, algo que a la pequeña no le gustaba pero que debían hacer para que no saliera malherida en caso de un accidente. De todas maneras Charlie era muy prudente al manejar y nunca habían sufrido ni siquiera un pequeño choque.
Pronto llegaron a la casa de los Cullen, esa hermosa edificación de aspecto moderno pero a la vez conservador. Desde el interior se escuchaban los gritos del pequeño Emmett mientras jugaba y a Alice llorando.
Bajaron las cosas que llevaban y a la pequeña, para encaminarse hacia la puerta y tocar el timbre.
— Charlie, Reneé, Bella. Pasen, adelante— los invitó a pasar Esme a la vez que los iba saludando a cada uno— Que bueno que ya llegaron, así me pueden ayudar a hacer la cena.
— Claro amiga ¿Qué necesitas que haga? — le preguntó su amiga
— Por ahora solo que me ayudes a preparar las ensaladas para después solo aliñarlas— le respondió con una sonrisa a la vez que aparecía Carlisle con Alice en sus brazos.
La pequeña venía con su cabeza apoyada en el hombro de su padre y su chupón en la boca. Se notaba que había estado llorando, confirmando lo que ellos ya sabían.
El rubio se acercó a saludar a sus amigos y a su pequeña ahijada con un beso en la mejilla y un apretón de manos.
Reneé no tardó en preguntar qué había pasado con su "campanita" para que estuviera así y ahí le contaron que había despertado un poco irritable de su siesta porque los gritos de Emmett la habían despertado.
— De todas maneras ya había que despertarla. Llevaba casi tres horas durmiendo— comentó Esme, justo cuando su pequeño Emmett pasaba corriendo por el frente de todos— Emmett, ven a saludar a tus tíos.
El pequeño se acercó a ellos y los saludó a los dos, invitando después a su amiga para que fueran a jugar y Bella no lo dudó. Los dos salieron corriendo hacia la sala de juegos donde el niño tenía todos sus juguetes.
Los adultos se dedicaron a hacer todas las cosas para la cena y pronto se les unieron Carmen y Eleazar en esa labor.
Jacob se fue a unir con su primo y Bella en la sala de juegos, pero fueron interrumpidos pronto por sus mamás que venían a buscarlos para bañarlos y cambiarles la ropa por la nueva que les habían comprado para la ocasión.
— Hoy fui a ver a la señorita Masen— comentó Charlie mientras le ayudaba a sus amigos a colocar la mesa para poder cenar después de que se cambiaran ropa.
— ¿Y? ¿Cómo estaba? — preguntó Eleazar
— Tranquila, pero no dejaba de preguntar por Edward
— ¿Y le contaste lo de los problemas para dormir? — inquirió Carlisle
— Si, y ella me dijo que era raro porque Edward nunca los había tenido. Ella le tenía una rutina de cenar, ducharse y le hacía masajes para que se relajara
— Puede ser que eso le haya afectado. El cambio de rutina— comentó el rubio y Eleazar asintió— Emmett tampoco duerme si no le pones música y Alice no lo hace si Esme no le hace masajes de relajación
— Jacob es parecido. Él no se duerme si uno de los dos no está a su lado— siguió Eleazar
— Entonces… ¿Qué hacemos?
— Yo creo que habrá que hablarlo con Esme y Carmen para que lo analicen en el centro
— ¿Hablar que cosa? — inquirió Esme que venía llegando con sus dos pequeños ya vestidos con sus hermosos trajes blancos
Los tres hombres le explicaron lo que había descubierto y a medida que Carmen y Reneé se les unieron también se los contaban. Ella estuvieron de acuerdo en que ese podía ser el problema de los problemas en el sueño del pequeño y sabían que tenían que hallarle alguna solución.
Los adultos también se cambiaron de ropa y se sentaron a cenar a eso de las diez y media de la noche.
La comida que habían preparado estaba exquisita. Desde la carne hasta las ensaladas, el acompañamiento y el postre… Todo estaba preparado de una manera magistral y era digno de cualquier restaurante de categoría mundial. Sus mujeres cocinaban demasiado bien.
Al acabar las risas de los niños no se hicieron esperar. Los gritos de Emmett y Jake que jugaban de un lado a otro de la casa escapando de Bella que trataba de jugar con ellos a los policías, pero se escondían a modo de broma y eso hacía que su amiga se molestara. Alice, por su parte, iba a pequeño paso tras su hermano, primo y amiga tratando de jugar, pero no lo conseguía así que rendida se sentó en la alfombra y jugó sola con sus muñecos bajo la atenta mirada de sus padres que sonreían al verla.
— Quiero proponer un brindis— dijo Carlisle levantándose con su copa en su mano— Por que pasemos muchos años más juntos, como la familia que somos y que nuestra amistad no se acabe nunca
Todos levantaron sus copas y luego se las llevaron a sus bocas para beber un sorbo. Luego todos se miraron y sonrieron desenado que el brindis de su amigo se hiciera realidad para siempre.
Se sentaron a conversar y los niños, un poco más agotados, se sentaron con ellos para esperar las doce de la noche y celebrar la llegada de ese nuevo año.
En la televisión se veían los distintos programas que transmitían las celebraciones a lo largo del mundo y del país con un reloj cronometrado que anunciaba los minutos que faltaban para la llegada del 2014.
Pronto el último minuto apareció en la pantalla y tanto Carlisle como Eleazar y Charlie comenzaron a preparar las copas para todos y los vasos de jugo para los niños, cosa que segundos antes de las doce todos tuvieran sus tragos en la mano.
— ¡Feliz año nuevo! — gritaron todos abrazándose fuertemente y mirando desde la sala los fuegos artificiales que eran lanzados desde un lugar cercano a la casa de los Cullen.
Los niños saltaban felices y abrazaban a todo el mundo para luego quedarse viendo el espectáculo desde el balcón, pero Alice no estaba muy feliz y se había asustado con los gritos y los fuegos, largándose a llorar de inmediato.
Esme trataba de calmarla mientras lloraba con el ritmo de las canciones que eran tocadas en la televisión mientras salían hacia el balcón para acompañar a sus hijos a ver el espectáculo pirotécnico.
Miraban atentamente e impresionados la pirotecnia que estaban lanzando cerca de su casa. Los vidrios llegaban a vibrar por la explosión y los niños tenían sus ojos brillantes por la emoción al ver todas esas luces y explosiones.
Cuando estaban aproximadamente en la mitad del espectáculo Esme sintió como el teléfono de la casa comenzaba a sonar y decidió ir a contestar. Dejó a Alice con su padre y entró a la casa para coger la llamada que ella creía podía ser de sus padres o suegros.
— ¿Diga? — contestó Esme, preparándose para el fuerte grito de emoción de su suegra o para el saludo calmado de su madre pero nada de eso ocurrió.
— Señora Esme lamento molestarla, pero tenemos un problema en el hogar— le informó Claire, una de las chicas que trabajaba en el centro y que estaba de turno esa noche
— ¿Qué es lo que ocurre? — preguntó Esme, preocupada porque algo estuviera pasando
— Es Edward Masen. Está subido en uno de los tejados y no podemos sacarlo. Embry intentó bajarlo, pero no está cerca de la ventana y tenemos miedo de que caiga todo si es que él se sube.
— Voy de inmediato. No hagan nada y solo dedíquense a mantenerlo quieto en el lugar o a llamarlo
Esme colgó la llamada al instante y salió hacia el balcón para contarles a los demás lo que estaba ocurriendo en el hogar. Pro al final terminó optando por solo decírselo a su marido en cuanto vio a todos entretenidos mirando los fuegos artificiales.
Ambos le contaron a Charlie lo que ocurría, entregándole a la pequeña Alice y diciéndole que volverían cuanto antes o que los llamarían en caso de cualquier cosa. El asintió y les deseó suerte.
Los dos salieron lo más rápido que pudieron y se montaron en el auto para salir de su casa hacia el hogar.
El trayecto hacia ese lugar tomaba unos veinte minutos, pero ese día Carlisle lo había hecho en menos de lo que duraba realmente. En diez minutos ya estaban estacionándose en el lugar.
Se bajaron corriendo y entraron en el lugar, después de ver la pequeña figura del niño subida en el tejado de uno de los costados del edificio. Estaba sentado y parecía tranquilo.
Subieron corriendo junto a la chica que los había recibido y fueron hacia la planta más alta. Algunos niños, sobre todo mayores que Edward, intentaban ayudar a controlar la situación y querían prestarse para ir a buscarlo al tejado, pero los adultos no los habían dejado por miedo a que cayeran o que los dos se fueran hacia abajo por el peso.
— ¿Cómo está? — preguntó Esme, llegando al lado de Claire
— Solo está sentado ahí y no nos presta atención— le contestó, desesperada
— Edward... — lo llamó Carlisle, asomándose por una de las ventanas por la que seguramente Edward había salido. El niño no lo miró— Edward, pequeño
Al segundo llamado el pequeño se dio la vuelta y vio al doctor que lo había atendido hace unos días en el hospital. Le dio una sonrisa leve y siguió mirando hacia el horizonte.
— Edward, ven a acá pequeño— le pidió Carlisle
— No, me guta estar aquí— reclamó el pequeño, sin prestarle atención
— Pequeño, pero desde acá es más seguro— insistió Carlisle
— Pero dede ahí no puedo ved mi casa— volvió a insistir el pequeño
Carlisle no lo pensó más y se encaramó en el marco de la ventana para poder subirse en el techo y acercarse al niño. Esme miraba con miedo lo que hacía su esposo, pero sabía que era lo mejor para poder sacar al niño del peligro en el que estaba.
El rubio comenzó a gatear por el techo hasta que estuvo a una distancia prudente del niño. No quería acercarse mucho o se podía asustar, pero si quería estar lo bastante cerca para alcanzar a reaccionar en caso de que algo ocurriera.
Al colocarse cerca del niño se dio cuenta de lo que estaba mirando. Desde el techo se podía ver el espectáculo pirotécnico que aún se lanzaban en algunos sectores de la ciudad, además de un gran edificio.
— ¿Ahí vivías? — preguntó Carlisle
— No sé. Se padece a done vivía con mi mami— contestó, encogiéndose de hombros
— ¿Entonces por qué estás aquí arriba? Te puedes lastimar
— Po que adento los niños no dejan de guitar y no me guta. Ademá dede aquí pedo ve los fuebos— le volvió a contestar
Lo decía con tanta simpleza que parecía que de verdad no se daba cuenta del peligro en el que se encontraba en esos momentos subido en el tejado.
— Mi mami me difo una vez que si etabamo lejitos podía midad la luna, que ella siempe nos cuidadía done estuviedamos ¿Es vedad?
— Por supuesto que sí.
Se quedaron mirando los fuegos hasta que acabaron. Después de eso Carlisle lo llamó y le pidió que se acercara lentamente hasta que lo tuvo en sus brazos y comenzó a arrastrarse hasta que llegó a la ventana donde lo cogieron los demás y luego ayudaron a Carlisle para que volviera a entrar.
Esme abrazaba al pequeño en sus brazos como si fuera a desaparecer. Eso asustaba a Edward ya que él no estaba acostumbrado a que otras personas lo abrazaran y sentía un poco de miedo.
La castaña le hizo prometer que no volvería a hacer lo del tejado y él se lo prometió, aunque no sabía porque estaban tan asustados todos y lo abrazaban.
Estando en los brazos de Carlisle, que era el que estaba un poco más calmado con todo lo que había ocurrido, Edward soltó un bostezo y se abrazó al cuello del rubio doctor.
Esme propuso lo del baño y a Carlisle le pareció bien. Comenzaron a caminar bajo la atenta mirada de todos los que estaban en el lugar, pero ellos sabían que cualquier cosa que Esme o Carmen hicieran estaría bien.
Arreglaron todo en el baño y metieron a Edward, quien se relajaba poco a poco con el agua tibia y el jabón que Esme le aplicaba en su pequeño cuerpo. No era su trabajo y no tenía por qué estarlo haciendo, pero sentía algo especial con ese niño. Algo que no sabía qué era.
Al terminar lo cubrió con una toalla y se lo llevó a la habitación donde los demás niños ya se encontraban durmiendo.
Encendieron una pequeña lámpara para no despertar a los demás y recostaron a Edward en la cama. Este ya estaba un tanto adormilado y parecía que caería rendido en cualquier minuto.
Lo secó por todos lados y fue ahí cuando notó algo que le llamó demasiado la atención. No podía estar pasando eso, no podía estarle corroborando lo que ella pensaba.
La mancha café de al menos unos cinco centímetro, con una forma tan característica y que estaba en el costado derecho de Edward, muy cercano a sus costillas, era exactamente igual a la que tenía su padre en el mismo lugar y a la que su hermana y ella tenían en la planta del pie y el tobillo derecho. Esa era la mancha que todos los Platt compartían.
Cuando Esme volvió a la realidad después de que Carlisle le preguntara si estaba bien, continuó con su labor de terminar de hacerle unos masajes a Edward y vestirlo con su pijama.
El pequeño no tardó en quedarse dormido, por lo que lo recostaron y cubrieron con las mantas de su cama. Salieron del cuarto después de apagar la luz.
— ¿Cariño, estás bien? — le preguntó Carlisle cuando ya iban en el auto en dirección a su casa
— Tiene la mancha— contestó Esme, aun sin creerlo
— ¿La mancha? Cariño, pareciera que te refieres a una maldición— se burló el rubio, pero paró al notar que su mujer no lo seguía con las risas— ¿Qué mancha?
— La de mi familia. La que tienen nuestros hijos, mi padre, mi hermana y yo… Carlisle ¿Y si…?
— Mi amor, no te ilusiones. A lo mejor es solo coincidencia
— ¿Y si no? ¿Y si es mi sobrino? ¿Y si su madre es mi hermana perdida? — inquirió con una mezcla de emociones en su pecho— ¿Tú no la viste?
— Si la vi, pero no se me ocurrió compararla con las suyas. Mi amor, veo muchas manchas de nacimiento en mi trabajo y no voy a estar pensando que puede ser familiar tuyo cada uno de ellos
Luego de eso los dos se quedaron pensativos. Carlisle no sabía si había cometido un error al decir esas palabras de manera tan fría, a lo mejor debería haberlo dicho de otra forma. Por otro lado Esme seguía pensando en las posibilidades… Estaba segura que Edward y ella compartían algo más que la coincidencia de una mancha de nacimiento.
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Hola a todos ¿Cómo se encuentran? Espero que muy bien.
Como siempre espero que este capítulo haya sido de su agrado y que me lo hagan saber ¿Qué les pareció? ¿Qué les hizo sentir nuestro Eddiecito?
Bueno, saludos y gracias que tengo que dar van a mi amiga Jennifer (Jnnfrmrz) quien siempre me ayuda cuando tengo bloqueos mentales y siempre me apoya en cada locura. También a:
candy1928: Hola. Si, esta triste… Pero igual vamos a tener sus momentos felices en la historia. A mí también me causa mucha ternura Edward y me dan ganas de abrazarlo, pero no se puede. Gracias por tus palabras de aliento. No leemos.
Yolo: Si, lo sé. Pero era necesario para la historia, le daba más dramatismo.
Esperando verlas en el próximo capítulo y que me dejen saber su opinión, me despido.
Nos leemos.
Babi
