- Titulo: Nadie dijo que sería fácil
- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)
- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
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Gracias al cielo las fiestas ya habían pasado y, después de unos cuantos días más de descanso, los pequeños volvieron a la rutina de las clases. O al menos los hijos de Carmen y Esme, quienes iban en colegios privados de la ciudad
Al principio les había costado que retomaran la rutina, pero pronto se volvieron a acostumbrar a levantarse temprano. Además ellas tenían que seguir con sus trabajos, al igual que sus esposos, y que ellos estuvieran en clases o en el jardín en el caso de Alice les aliviaba bastante esa carga.
Ambas hermanas habían conversado de lo ocurrido con el pequeño Edward y la menor al principio que Esme había enloquecido, pero que Carlisle se lo confirmara y luego verlo con sus propios ojos cuando le tocó cuidar una noche de Edward la hizo pensar que no era tan así. Las manchas de nacimiento no eran algo raro, pero que fuera la misma que ellos tenían y en la misma zona que su padre le hacía pensar que si podían estar emparentados de alguna manera.
— Es raro, pero no perdemos nada con intentar descubrir si la madre de Edward es nuestra hermana secuestrada— le dijo Carmen a su hermana mientras las dos caminaban hacia el patio donde los niños se encontraban en recreo.
Edward parecía que ya se había adaptado mucho mejor al ambiente y a los niños no parecía importarles las cicatrices que el pequeño tenía en su labio superior. Jugaba alegremente con todos ellos pero habían notado algo nuevo, Edward adoraba pasar tiempo con Rosalie y el pequeño Jasper a quien le habían estado enseñando a caminar tomándole de las manitos. Parecía como si se hubiesen conocido de toda la vida.
— Es un buen niño— sonrió Esme al pensar que ese niño podía ser su sobrino. Un hijo de su hermana perdida
— Si, su madre hizo un buen trabajo con él— siguió Carmen, también sonriendo por la escena
Luego las dos se quedaron en completo silencio, mirando lo que estaba ocurriendo justo frente a sus ojos.
— Iré a ver a la madre de Edward… Y lo llevaré— soltó después de unos minutos Esme y Carmen la miró seriamente— Y lo llevaré.
— ¿Estás segura de eso? — preguntó Carmen— No solemos llevar a los niños después de llegan con nosotras...
— Edward no es como los demás, hermana. Míralo, sus padres no han fallecido, tampoco son asesinos ni lo maltratan. Su madre ha tratado de criarlo lo mejor que ha podido. Tú viste el vínculo que tiene con ella... Creo que podemos hacer una excepción... — dijo Esme con una sonrisa llamando al pequeño para darle la noticia.
El niño se acercó corriendo a las dos mujeres que se habían agachado a su altura para poder hablar con él.
— Edward ¿Quieres que te cuente algo? — le preguntó Esme con una gran sonrisa, agarrando las manos del pequeño. Este asintió confundido por lo que la mujer de ojos parecidos a los suyos le está proponiendo— Si te portas bien, está tarde vienes conmigo a ver a tu mamá— le dijo con alegría a lo que el niño abrió la boca, sorprendido y alegre.
— ¿De vedad? — inquirió lleno de júbilo.
— Si, pero tienes que portarte bien en tus clases hoy porque sino no vas a poder acompañarme— le dijo y el niño asiente con una sonrisa y va corriendo alegre a contarle a su amiga — Ves, no es como los demás— susurró Esme entrando de nuevo al edificio a caminando por el lugar hasta el despacho junto a su hermana.
— Ya me ha quedado claro que piensas que es diferente y especial, pero eso no quita que te estés saltando las normas, hermana...
— Charlie lo comprenderá. El vio al niño, sabe que necesita a su madre
Pasaron el resto de la mañana en el despacho, hablando de actividades, excursiones y fiestas que podrían organizar este año para los niños. Llevaban un tiempo organizando un viaje a la montaña con los chicos para que la conocieran ya que había muchos que nunca habían ido en sus vidas, así que habían hablado con varias empresas y ellos costearían todos los gastos de transporte, alimentación y equipamiento para los pequeños.
De un momento está reunión entre dos se vio interrumpida por unos gritos desde el pasillo. Ambas salieron corriendo para ver qué era lo que estaba sucediendo y se encontraron a Edward llorando en el pasillo, acompañado por la maestra Ángela y esta trataba de convencerlo, o más bien, explicarle algo.
— ¿Qué sucede? — preguntaron las dos hermana a la vez acercándose a la cuidadora y al pequeño.
— Edward le sacó el juguete a un compañero de malas maneras y se enfadó cuando yo se lo devolví al pequeño. Se colocó a llorar porque no quería compartir el juguete— contestó la chica.
— Edward, eso está muy mal— lo riñó Carmen, sutilmente
— Pedo si él empezó— gritó, todavía llorando.
— Da igual quien empezara, Edward. No puedes reaccionar de la manera en que lo hiciste… Por ese motivo no vas a ir hoy con la señora Cullen a ver a tu madre— dijo Carmen seria, no dispuesta a darle beneficios al chico si iba a tener actitudes como ésta a pesar de lo bien que lo trataban. Esme se giró mirando a su hermana, completamente impresionada, y esta simplemente se encogió de hombros.
— ¡Yo quiedo ve a mi mami! — gritó el pequeño con toda la fuerza que sus pequeños pulmones tenían
— Edward, no es necesario que grites— lo riñó Carmen, colocándose a su altura y cogiéndolo por los brazos— Iras otro día, pero hoy no. Tienes que aprender que las cosas no pueden ser como tú quieres y a no pelear.
— ¡Yo quiedo a mi mami! ¡No a ti, mala!
La educadora entró con Edward de nuevo a la clase mientras Esme y Carmen se quedaban fuera.
— ¿No crees que fuiste muy dura? — preguntó Esme mirando a su hermana.
— No, no lo fui y lo sabes. Todo este tema con el niño te está ablandando. Siempre hemos actuado así, un mal comportamiento no puede implicar un refuerzo positivo porque de esa manera el niño pensara que haciendo las cosas mal siempre va a conseguir lo que quiere y lo sabes— le dijo Carmen a lo que Esme asintió sabiendo que se hermana tenía razón— Yo iré contigo a ver a su madre. Cojamos las chaquetas— dijo caminando ambas hasta el despacho, agarraron lo que necesitaban y juntas fueron al coche de la mayor.
— ¿Qué le vamos a decir? — preguntó Esme, nerviosa.
— Primero creo que vamos a tener que presentarnos— dijo Carmen con una sonrisa — Después de eso creo que lo que más le va a interesar es saber cómo está su hijo, lo cual tendremos que contestarle y luego te dejo cometer la locura que quieras.
Sin decir nada más en todo el camino llegaron al recinto penitenciario donde permanecía la madre de Edward hasta que fuera el juicio. Al entrar por la puerta vieron a Charlie y ambas se acercaron a él.
— ¿Qué les trae por aquí? — preguntó su amigo con una sonrisa.
— Ver a Bree Masen— dijo Esme intentando mantener la calma.
— ¿Cómo está el pequeño? — preguntó interesado.
— Íbamos a traerlo, pero no se comportó bien hoy así que tendrá que venir otro día...
— ¿Desde cuándo dejáis que vengan los niños a este lugar?
—Desde que a mi hermana se le ha ido la cabeza... — dijo Carmen con un suspiro. Esme simplemente puso los ojos en blanco y Charlie las guio hasta el otro oficial que custodiaba el lugar. Él mandó a que fueran a buscar a la chica y pronto la vieron aparecer.
La chica, al ver al policía, se le quedó mirando y le extrañó verlo con dos mujeres. Se sentó en la silla de siempre y cogió el teléfono para hablar con ellos.
Charlie se retiró para darles privacidad, pero permanecería cerca en caso de cualquier cosa.
Las dos hermanas estaban impresionadas con el parecido de Bree a su padre, de echo la joven esperaba que se presentaran o dijeran algo pero lados estaban alucinando.
— ¿Hola?, ¿Quiénes son ustedes? — pregunto Bree intentando que hablaran,
— Perdón— dijo Carmen respirando hondo— Yo soy Carmen y ella es Esme mi hermana— dijo mientras le ofrecía su mano y Esme hacía lo mismo.
— ¿Qué hacen aquí? — pregunto.
— Somos las dueñas de la casa de acogida donde está tu hijo— dijo Esme mirando la reacción de la chica.
— ¿Mi hijo? ¿Cómo está? ¿Está bien? ¿Come bien? ¿Y dormir, duerme bien? — pregunto casi desesperada.
— Tranquila él está bien. Te lo íbamos a traer para que lo vieras, algo que no solemos hacer, pero se peleó con un compañero y no pudimos traerlo— dijo Esme apenada.
— ¿Seguro que era mi niño? El no pelea con nadie— pregunto con lágrimas en los ojos.
— Si, era él. No sabemos por qué peleo, pero no podíamos premiarlo
— Tranquila, está muy bien cuidado— dijo Esme con una sonrisa al ver la preocupación de la chica.
En pocas ocasiones había visto eso en una madre que la había separado de su pequeño. Por lo general todas se presentaban de manera fría y sin sentimientos cuando ambas hermanas iban hablar con ellas o con los padres.
— ¿Le molesta si le hago una pregunta? — preguntó Esme de sopetón.
— Supongo que no, después de todas las que ya me han hecho... — dijo con un suspiro.
— ¿Tienes padres? — preguntó Esme y Carmen la miró sorprendida por lo mal que había hecho la pregunta, era mucho mejor que preguntara si los conocía, como se llamaban pero no de esa manera.
— No entiendo a qué viene esa pregunta— dijo confusa.
— Lo que mi hermana quiso decir es que te pareces mucho a nuestro padre... Y por eso su pregunta — dijo Carmen.
La joven aún estaba confundida y no comprendía que era lo que esas dos mujeres le decían ¿Es que acaso insinuaban que ella podía ser hermana de ellas? Pero eso no podía ser porque ella era hija única, sus padre ya habían muerto y sus abuelos también… Ellas no podían ser de su familia… ¿O tal vez eran primas o algo así? Si, de seguro era eso.
— Pues… No sabía que mis padres tuvieran hermanos. Es bueno saber que tengo primas— se encogió de hombros mientras las dos mujeres se miraban
— Creo… Creo que no es esa la relación que compartimos— dijo Esme
— Verás, nuestros padres perdieron una hija— siguió Carmen
— Más bien la secuestraron desde el hospital— aclaró Esme— Una enfermera la sacó desde el hospital para dársela a una familia, pero no lo logró y luego la abandonó. Lamentablemente nunca lograron encontrar a nuestra hermana.
— Pues… Lamento lo que les ocurrió— Bree no podía siquiera pensar en lo que ellas le estaban diciendo. Sus padres siempre habían sido sus padres y no podía pensar en otra cosa— Pero no creo que yo sea la hermana que buscan. No puedo serlo.
— Maggie…
— ¡Bree, mi nombre es Bree! — les gritó, alertando a los oficiales que estaban cerca. Esme los calmó diciéndoles que todo estaba bien
— Bree, lo siento— se disculpó la mayor de las hermanas— Por favor, solo piénsalo. Eres igual a nuestro padre y Edward, tu pequeño hijo, también lo es. Tiene muchas cosas de mi padre… Velo por ti misma.
Esme sacó una fotografía de su padre y la colocó pegada a la ventana que las separaba. Bree quedó pasmada por el enorme parecido entre ese hombre de la fotografía y su pequeño hijo, incluso con ella… Esto no podía ser real.
Se colocó de pie y comenzó a llamar al guardia del lugar, exigiéndole que se la llevara. Este se acercó de inmediato y la guio fuera del lugar mientras Esme y Carmen le pedían que no lo hiciera, aún tenían cosas que aclarar.
Lamentablemente la chica no aguantaba más estar en ese lugar y tenía que irse ahora ya.
Esme y Carmen solo pudieron suspirar por lo ocurrido y Charlie, que había regresado después de ver toda la situación, les preguntó que ocurría. Ellas le explicaron todo y este comprendió el porqué del comportamiento de la joven madre, entendiéndola a la perfección.
Ambas hermanas se retiraron con un sentimiento de tristeza y desilusión. Sabían que todo esto sería difícil, pero nunca se esperaron esa reacción por parte de Bree… Al fin y al cabo las dos esperaban con ansias el día en que encontraran a su hermana perdida, a la pequeña Maggie.
Mientras tanto en el hogar el pequeño Edward se encontraba sentado en su puesto en el salón de clases donde había quedado castigado durante el recreo. Todos los demás niños estaban afuera, jugando y corriendo por todos lados.
El pequeño lloraba en completo silencio mientras tiraba unos rudimentarios trazos sobre una hoja de papel donde hacía un dibujo sobre él y su mamá acompañados por un hombre y un perro. Siempre había querido conocer a su papá, tener a esa persona acompañándolo como a los demás niños que veía en el parque cuando iba con su mamá. También quería un perrito para poder jugar con él y lanzarle la pelota.
— Mamita…— lloró, sorbiéndose la nariz y dejando salir sus lágrimas para que mojaran la hoja de papel
Ese sollozo llegó a los oídos de un hombre de cabello rubio que pasaba por fuera del salón, camino hacia la oficina de su esposa para ir a buscarla y salir a comer los dos juntos antes de ir a buscar a sus dos pequeños hijos a la escuela.
Se detuvo de plano y se asomó por la pequeña ventanilla de la puerta, encontrándose con esa cabellera rubia oscura que ya había visto en varias ocasiones y de la cual se sentía cada vez más unido.
Abrió la puerta con delicadeza para no asustar al pequeño y comenzó a caminar hacia él. Notó la hoja de papel en la que el niño dibujaba y vio los toscos trazos que había en esta. También se percató de las lágrimas que mojaban este papel y eso le estrujó el corazón.
— Edward…— el niño se dio la vuelta al instante en cuanto lo escuchó y lo miró fijamente. Carlisle quedó impresionado por el rostro de tristeza del pequeño, se notaba que sufría de verdad— Hey ¿Qué pasa, pequeño? — le preguntó, agachándose a su altura y abrazándolo contra su cuerpo
— Yo quería ir, quería ved a mi mami— lloró el pequeño con fuerza, ahogándose un poco por la presión en su pecho
— Shh, tranquilo. No llores, pequeño— trataba de consolarlo el rubio, levantándolo en sus brazos. Edward aferro sus piernas de inmediato a la cintura del hombre y sus brazos estaban cruzados detrás del cuello de Carlisle. Su cabeza estaba recargada en el hombro del hombre y sus lágrimas mojaban la camisa, dejando su marca.
— Yo quería…— repetía una y otra vez el niño, inconsolable— No quero tar aquí
— Tranquilo, no pasa nada— le decía Carlisle en un vano intento por calmarlo— ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué no fuiste? — Carlisle sabía las intenciones que su esposa tenía de llevar a Edward a ver a su madre creyendo que así el estaría más tranquilo, por lo que ahora le extrañaba que se hubiese retractado.
— Po que me castigadon, pedo yo no hice nada— sollozó con pesar— Paul le quitó el fubete a Dose y yo solo se lo quité de nuevo pada dáselo a Dose— le contó, aun con lágrimas
Carlisle se dedicó a consolar al pequeño diciéndole que otro día podría ir y que no siguiera llorando, pero Edward poco caso le hacía en un principio. Él solo quería ver a su mamá y no había podido por culpa de Paul.
Cuando por fin se calmó y ya no salían más lágrimas desde sus ojitos, se separaron y Carlisle le pidió que le mostrara su dibujo y se lo explicara. Le impresionó ver que dibujara a un hombre y un perro y pensó que Edward conocía a su padre y podía saber dónde estaba, pero cuando el niño le contó que él siempre había soñado con un papá y un perro como los que veía en el parque toda su emoción se vino abajo.
— Eddie, Eddie…— gritaban desde el pasillo y pronto se abrió la puerta dejando ver a la rubia pequeña que Carlisle había visto hace unos días— Ho… Hola
— Hola pequeña— la saludó Carlisle de regreso— Ven, entra ¿Cómo estás?
— Bien— le contestó, acercándose con cuidado— ¿Qué pasa, Eddie? ¿Por qué lloras?
— Él está un poco triste, Rose— le contestó Carlisle al ver que el niño no respondería
— ¿Es por lo de Paul? — inquirió, acercándose aún más. Ambos hombres asintieron— No te preocupes, Eddie. Yo sé que tú me ayudaste y siento que no fueras donde tu mami
Edward solo se mantuvo apegado al pecho del hombre que aún lo mantenía sentado en sus piernas y no dijo nada. Aún estaba un poco triste por lo que había pasado.
— Eddie, no te molestes conmigo por favor— le rogó su amiga y el negó levemente
— No toy enofado— le aclaró— Solo tiste
— Y yo sé que hacer para que no estés triste— le dijo la chica yendo a un estante y sacando juguetes— Ven, juguemos aquí. Es mejor que estar afuera.
Edward miró a Carlisle y este le asintió, dejándolo en el suelo para que fuera a donde su amiga a jugar. Él lo hizo al instante y poco después Carlisle se les unió, olvidando el motivo por el que había ido a ese lugar.
Al llegar Esme y Carmen los vieron jugando entretenidos por todo el hogar, correteando mientras reían y jugando a distintas cosas. Les alegraba ver que Edward no estaba tan mal como pensarían, pero ellas no sabían lo que el pequeño había vivido.
Al menos ahora estaba mejor y disfrutaba de un momento alegre con su amiga y, aunque él no lo supiera, tío político.
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Hola a todos ¿Cómo se encuentran? Espero que muy bien.
Lamento la tardanza. Sé que suelo subir el capi a primera hora, pero la verdad es que después de por fin terminar las clases en la universidad mi cuerpo se merecía un descanso y hoy dormí hasta tarde. Pero mejor ahora que nunca, así que espero e perdonen.
Como siempre espero que este capítulo haya sido de su agrado y que me lo hagan saber ¿Qué les pareció? ¿Qué les hizo sentir nuestro Eddiecito?
Bueno, saludos y gracias que tengo que dar van a mi amiga Jennifer (Jnnfrmrz) quien siempre me ayuda cuando tengo bloqueos mentales y siempre me apoya en cada locura. También a:
candy1928: Hola. Creo que este volvió a ser triste, lo siento. Pero te prometo que más adelante las cosas mejoraran (o al menos eso espero). Ojala te guste la historia y me sigas leyendo.
Yolo: Hola. Me alegra saber que mi historia te da un momento de relajo en tu ajetreado día a día. Creo que te recordé un poco tarde el fin de semana, lo siento. Para la próxima lo subiré antes, lo juro.
Esperando verlas en el próximo capítulo y que me dejen saber su opinión, me despido.
Nos leemos.
Babi
