- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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Todo en el hogar parecía estar sin vida, sin brillo y es que, perdiendo a una de las luces que más iluminaba el lugar era difícil que todo se sintiera como siempre.

Desde hace unos días que algunos pequeños llevaban sintiéndose mal y se encontraban en cama. Algunos salían de la gripe y otros caían, pero todo parecía ser un círculo de nunca acabar.

Los primeros en caer habían sido los casi recién nacidos, entre los que se encontraba Jasper. Gracias al cielo ellos se iban recuperando sin mayor problema. Luego el rango etario fue creciendo, llegando a incluir incluso a los que pronto cumplirían la mayoría de edad y algunos funcionarios.

Gracias al cielo, y para tranquilidad de Esme y Carmen, su pequeño sobrino y su amiguita aun no caían ante la enfermedad. Además habían evitado llevar a sus hijos a este lugar a jugar con sus amigos, al menos hasta que todo el caos pasara.

— Es bueno que ya todos comiencen a sentirse mejor— mencionó Carmen mientras revisaba unos documentos sobre uno de los pequeños que había llegado hace poco

—Sí, ya estaba comenzando a desesperarme la situación— siguió Esme— Es complicado tener a unos o dos niños enfermos, pero más es un caos

Carmen asintió completamente de acuerdo con su hermana.

—¿Y? ¿Fuiste a ver a Bree?— le preguntó casi al viento. Esme suspiró y dejó los documentos que tenía en sus manos sobre el escritorio

—Si fui— contestó y se quedó en silencio mientras Carmen la miraba esperando a que continuara— al principio no quiso recibirme, pero luego de unos minutos esperando apareció

Habían pasado un par de semanas desde que habían ido a verla para repetirle lo de la primera vez. Las dos hermanas estaban seguras de que la chica era su hermana perdida y quería corroborarlo.

Intentaron convencerla de que se hicieran las pruebas genéticas, pero se negó rotundamente. Tampoco aceptó que se las hicieran a Edward, ya que desde hay podían obtener la información, pero ella no quería que sometieran a su hijo a estas cosas o que le dijeran algo que no fuera a ser cierto... Algo que no podía ser cierto.

—¿Y las pruebas?— Esme negó y Carmen suspiró— No lograremos que quiera.

— Pero tengo una idea...

Esme no alcanzó a decirle a su hermana cual era el plan que tenia ya que la puerta del despacho se abrió de par en par dejando ver a la cuidadora de Edward agitada y preocupada.

Las dos hermanas supusieron al instante lo que ocurría y no dudaron en seguirla al cuarto donde debía estar Edward.

Hasta el momento Ángela era la única en el hogar a la que le habían comentado lo especial que era Edward por la posibilidad de que fuera su sobrino. Se habían visto obligadas a hacerlo para que la chica les informara de inmediato cualquier cosa referente a este y ella así lo hacía, guardando completo silencio ante los demás.

Al llegar a la habitación se dieron cuenta de lo que ocurría.

Edward estaba recostado en su cama. Estaba más pálido de lo normal y sus mejillas era lo único que estaba sonrosado, su cabello tenia mechones mojados por el sudor y que se pegaban a su rostro y sus ojos brillaban más que en otras ocasiones.

Definitivamente estaba enfermo. La gripe lo había atacado.

— Ángela, ve a buscar a la enfermera Sue por favor — le pidió Esme a la vez que entraba en el lugar y se acercaba a la cama del pequeño— Hey, Edward ¿Qué pasa, pequeño? ¿No te sientes bien?

— Me lele— lloró quejumbrosamente a la vez que se removía inquieto en la cama. Se veía que estaba incómodo

—¿Qué te duele?— le preguntó Esme con voz dulce

— Todo— lloró nuevamente— Quero a mi tito Dego

—Voy a llamarlo— dijo Carmen, saliendo nuevamente de la habitación.

Desde lo ocurrido en la nieve hace dos semanas atrás que Diego venía a ver al pequeño al hogar. Cada día que no lo trabajaba se venía a verlo y pasaban horas juntos ya fuera jugando, riendo, comiendo o simplemente durmiendo la siesta.

Era tanta la cercanía del chico con su posible sobrino que se vieron en la situación de tener que hablar con él para saber toda la historia en torno a Bree y su pequeño y fue así como se enteraron de como los conoció, lo mucho que los amaba y que le importaban.

Cuando ocurrió lo del homicidio él no se encontraba en Seattle ya que estaba visitando a su familia y cuando regresó se enteró de todo. Comenzó a hacer las averiguaciones para encontrar a Edward, pero ellos lo encontraron primero. También fue a ver a Bree y conversaron largo rato, en los que también lloraron y se apoyaron.

El chico de verdad parecía quererlos y preocuparse por ellos, así que le permitieron que se acercara al niño. Lo único malo que tenía es que no sabía nada del padre de Edward.

Esme tocó la frente del pequeño y se dio cuenta de lo caliente que este se encontraba. Las gripes siempre comenzaban con fiebres muy altas y era la forma que tenía el cuerpo de demostrar que se estaba defendiendo, pero también tenían que tratar de controlarla y mantenerla lo más baja posible.

Se levantó de la cama y fue a uno de los closet para sacar un nuevo pijama para el pequeño. El que tenía puesto estaba mojado y si lo dejaba así sería peor.

Una vez el pijama de Spiderman estuvo en su poder se dirigió nuevamente a la cama y destapó un poco al pequeño. Edward se quejó al instante y sollozó rogando porque lo volviera a cubrir.

— Solo vamos a cambiarte el pijama y te podrás volver a acostar— le informó comenzando a sacarle el pantalón— Mira, es de Spiderman ¿Te gusta?

El niño no dijo nada, solo tiritó por el frío que sentía en ese momento.

Justo cuando Esme tenía a Edward sentado en sus piernas y se disponía a colocarle la camiseta nueva llegaron Ángela y Sue. Esta última venía con un pequeño botiquín en sus manos y vestida con su uniforme con diseños infantiles.

— ¿Qué le paso a este pequeño príncipe?— preguntó a la vez que se acercaba a la cama

—Gripe— contestó Esme escuetamente, mirando como la mujer sacaba un termómetro electrónico desde el botiquín.

— Entonces vamos a hacer todo para curar al pequeño— sonrió, tomando un pañuelo y secando el hueco axilar del niño. Edward se quejó un poco, pero no hizo nada.

Sue volvió a coger el termómetro y, después de presionar un botón, volvió a tomar el brazo del pequeño y colocó el aparato hacia atrás, asegurándose así de que no se lo sacaría.

— Sujétele el brazo un momento— le pidió a Esme

Edward se volvió a quejar y trato de huir de los brazos de Esme. Se sentía mal y solo quería que lo dejaran tranquilo para poder dormir.

Esme lo mantenía firme en sus brazos, afirmando el termómetro en su lugar. Sabía lo que Edward quería, pero necesitaban saber que tanta temperatura tenia para poder tomar una decisión sobre llevarlo o no a urgencias.

— No, no ¡Ay! Défame— se quejaba mientras trataba de separar sus brazos. Se sentía apretado

—Está bien, pequeño. Ya casi terminamos— le decía Ángela, quien se había acuclillado frente al pequeño

— No me duelas

—No te estoy dañando, Edward— le decía Esme mientras lo seguía manteniendo firme, pero él seguía quejándose y removiéndose— No me puedo detener, Edward. Tengo que saber cómo estas ¿Vale? Está todo bien

—Mi piedna— se quejó, aunque no le sucedía nada a esta. Esme tenía sus piernitas atrapadas entre las de ella, pero ni siquiera las estaba presionando ni tocando

— Ya vamos a terminar— repitió la enfermera mientras preparaba las otras cosas para seguir revisando al niño

—Esto no se ve bien— dijo Ángela mirando el termómetro y captando la atención de las demás— Marca 38,8 grados y sigue subiendo

Todas se miraron y supieron que tenían un problema. La temperatura de Edward podía ser muy alta y eso les podía dar complicaciones a la hora de controlarla.

Gracias al cielo Edward había dejado de removerse y ahora se mantenía quieto, apoyado en el pecho de Esme. Bostezaba de vez en cuando y había comenzado a respirar por la boca al tener la nariz congestionada. Se veía demasiado indefenso.

— Diego ya viene en camino— anuncio Carmen ingresando en la sala.

Le rompió el corazón ver a Edward en el estado en el que estaba. Después del paseo se había vuelto un niño más alegre y juguetón, por lo que se le hacía difícil verlo en ese estado.

En cuanto escuchó eso pareció que algo se activó en el pequeño, quien comenzó a removerse nuevamente y a quejarse como lo había estado haciendo hace un rato.

Para su fortuna el termómetro sonó anunciando que ya tenía la temperatura de Edward.

—Ya estamos— dijo Esme levantando el brazo de Edward y quitando el aparato para mirarlo— 39,9 grados

Todas se preocuparon al instante. Eso era demasiado alto y tenían que bajársela.

—Iré a pedir un recipiente con agua a la cocina. Ángela, gracias por avisarnos pero vuelve con los niños que Jessica no podrá con ellos sola. Nosotras nos hacemos cargo de Edward

La chica asintió y se fue al salón donde la debían estar esperando sus pequeños. Los había dejado con su asistente, pero Carmen tenía razón, la chica no podría sola con todos ellos.

Carmen también salió del lugar para ir a buscar todo lo necesario a la cocina y al mueble donde guardaban toallas. Necesitaba al menos una pequeña para colocarle en la frente.

Mientras tanto Esme se quedaba con el pequeño y la enfermera en el cuarto, terminando de revisar a Edward que no quería que nadie lo tocara ni se acercara a él. Estaba molesto.

Al terminar lo volvieron a recostar en la cama, con la esperanza de que los paños fríos y el descanso hicieran que la temperatura comenzara a descender. La enfermera no podía darle nada al pequeño hasta que lo viera un médico, así que solo les quedaba esperar a que llegara Carlisle o Eleazar, a quienes ya habían llamado para decirles lo que pasaba.

Edward solo se quedaba ahí, recostado y mirando lo que pasaba a su alrededor.

Carmen llegó al poco rato con los paños y el agua. Se los tendió a su hermana y ella se encargó de colocárselos en la frente al pequeño.

Diego llegó a los minutos más tarde y entró casi corriendo en la habitación para saber cómo estaba su niño favorito.

— ¿Qué le paso a mi enano?— preguntó, sentándose en la cama y besándole la mejilla a Edward. Ahí notó lo caliente que estaba— Esta muy caliente

— Tenía 39,9 grados— le contó Esme y él la miró sin creer lo que escuchaba— Le hemos estado colocando paños húmedos y abrimos un poco el lugar para que entrara un poco de aire

— ¿Y ya le dieron algo para la fiebre?

— No podemos darles medicina a los pequeños mientras no sean vistos por un médico, pero ya llamamos a uno para que viniera. Ahora sólo debemos esperar

Diego asintió y tomó el paño que Esme afirmaba sobre la frente del pequeño. Se recostó al lado de este y le contaba historias.

Esme se dispuso a salir para ir a buscarle un poco de jugo y tratar de que bebiera un poco para que no fuera a deshidratarse. Estaba sudando demasiado y eso no era bueno.

— ¿Cómo está?— preguntó Carmen cuando vio a su hermana pasando con una vaso en sus manos

— Igual. La fiebre no cede— suspiró

Estaban conversando amenamente cuando escucharon que Diego llamaba una y otra vez a Edward, lo que captó por completo su atención. Sonaba desesperado y preocupado, nada bueno podía estar pasando.

Caminaron rápidamente hacia la habitación y, cuando entraron, vieron lo que pasaba. Edward estaba tieso en la cama, con su mirada completamente perdida en un punto, temblaba y respiraba con dificultad. Además que murmuraba cosas sin sentido.

— Iré a buscar a la enfermera— dijo Carmen, saliendo a toda velocidad del lugar

Esme, por su cuenta, se acercó a la cama y trató de ayudar en lo que podía.

Ambos colocaron al pequeño de costado para evitar que se ahogara y comenzaron a llamarlo para que reaccionara.

Esme nunca había visto a una persona convulsionar y Diego solo había asistido a una en el centro de ski, pero no era un niño de menos de 4 años. Esto era nuevo y muy estresante para los dos.

Ninguno sabía qué hacer y estaban comenzando a desesperarse. Más aún cuando veían que Edward no salía de ese trance.

Pronto llegó Carmen con la enfermera, las dos muy preocupadas por lo que sucedía. Se acercaron a la cama y trataron de ayudar al pequeño, pero no había mucho que pudieran hacer más que verlo removiéndose en la cama y quejándose.

— ¿Cuánto lleva en este estado?— preguntó Sue

—Casi cinco minutos— contestó Diego, nervioso. Acariciaba el cabello de Edward y le hablaba tratando de calmarlo, diciéndole que todo estaba bien y que estuviera tranquilo.

— Solo hay que esperar. Si pasa de quince minutos nos vamos al hospital— les informó la enfermera y ellos asintieron

Poco a poco la convulsión comenzó a ceder y el cuerpo del pequeño dejó de removerse. Edward parecía estar comenzando a reaccionar poco a poco, pero aún estaba en una especie de trance y no respondía a los estímulos.

La enfermera trataba de calmarlos diciéndole que era normal después de lo ocurrido, pero tanto Esme como Carmen estaban demasiado preocupadas y no dejaban de llamar a sus esposos para informarles de lo ocurrido.

Sin esperar a nada ni a nadie, Diego tomó a Edward en sus brazos y se dispuso a salir del lugar. Había cogido también una manta con la que lo cubrió.

— ¿A dónde vas?— preguntó Carmen

— Al hospital. Esto no puede ser normal— le contestó sin detenerse. Ni siquiera le importó que los chicos estuvieran saliendo de sus salones y lo veían preocupados por la escena.

Salió del edificio con Esme siguiéndolo de cerca. Ella no dejaría que se lo llevara solo.

Lo colocó en el asiento trasero, al cual se subió luego la castaña, y se sentó en su puesto para salir a toda velocidad desde el edificio.

Manejaba a gran velocidad por las calles, pero teniendo cuidado para no sufrir un accidente que empeorara la situación.

En cuanto llegaron al hospital, Diego entró rápidamente y se estacionó lo más cerca que pudo de la entrada a urgencias. Ni siquiera le importó utilizar en puesto de las ambulancias.

Tanto él como Esme se bajaron casi corriendo de sus puestos y entraron en el lugar. Diego llevaba a Edward en sus brazos, cubierto con una manta y aún un poco adormilado después de la convulsión.

— ¡Necesitamos ayuda!— gritó Diego, haciendo que todos los que estaban ahí levantaran sus cabezas. Sólo una enfermera se les acercó

— ¿Qué es lo que sucede, señor?

— Acaba de convulsionar y no sabemos por qué— contestó Esme— Ayúdenos, por favor... Llame a mi esposo, el doctor Cullen.

— No se preocupe, haremos lo que sea posible

La enfermera llamó a un celador para que se acercara con una camilla y poder recostar a Edward.

Diego colocó al pequeño en esta y de inmediato se lo llevaron, pero no les dejaron pasar. En vez de eso los dejaron llenando los papeles de ingreso de Edward a urgencias.

Esme temblaba de nervios y apenas podía llenar los espacios en blanco que estaban en la hoja. Sus manos temblaban y se había dado cuenta que sabía muy poco del pequeño.

— ¿Ya lo habían atendido antes?— preguntó Diego, viendo la ficha con algunos datos ya completados.

— Cre... Creo que la noche en que todo ocurrió

Diego solo suspiró y se sentó en una de las sillas para esperar a que a tendieran a su pequeño guerrerito. Esme se le unió pronto, luego de terminar de completar los antecedentes de lo que había ocurrido hace solo unos minutos.

Ninguno de los dos decía nada. Esme paseaba por el lugar y contestaba las llamadas que le hacia su hermana para saber noticias nuevas, mientras que el chico solo miraba la puerta por donde había entrado Edward, retorciéndose las manos y suspirando. No podía dejar de mover su pie una y otra vez, impacientemente.

— Ten, te hará bien— Esme se posicionó frente a él con un café en sus manos.

— Gracias— le sonrió, cogiéndolo.

Esme se volvió a sentar en la silla donde habían pasado ya por lo menos una hora esperando. Miró al chico y lo vio con su mirada fija en el café. De verdad estaba preocupado.

— De verdad lo quieres— dijo Esme, captando su atención

— Más de lo que se imagina. He estado en la vida de Edward desde que era muy pequeño y lo quiero como a mi hijo... Me muero si le pasa algo y Bree no me lo perdonaría.

— Bree...— suspiró la castaña. Aun le costaba acostumbrarse a que su hermana tenía otro nombre y no era precisamente Maggie.

— La vi...— Esme miró a Diego sin entender y este sonrió levemente— Fui a verla el otro día y estuvimos hablando de muchas cosas. Más bien he ido en varias ocasiones.

Diego, a pesar que le hablaba a la castaña, seguía con su mirada fija en la puerta. Esperaba ansioso a que alguien saliera a darles noticias.

Despegó su mirada unos minutos para ver a Esme y sonrió al ver su cara de asombro.

— ¿Qué te contó?— inquirió, ansiosa

— Pues... Nada que no me esperase— contestó, aun sonriendo— Me contó lo que usted y su hermana piensan. Me contó lo de su hermana y que ustedes creen que es ella... Y, la verdad, es que también lo creo.

Esme no podía creer que estuviese escuchando eso ¿De verdad estaba diciendo que pensaba que ellas estaban en lo cierto o solo le estaba tomando el pelo? Si era así, no era para nada gracioso.

Diego bebió un poco de su café como si sus palabras fueran nada, intentando centrarse en otra cosa que no fuera en la imágenes de Edward convulsionando en la cama del hogar.

— ¿De... De verdad lo piensas?— preguntó la castaña, aun sin creerlo

—Sí. O sea, el parecido salta a la vista. Los mismos ojos verdes, pelo castaño chocolate, piel blanca, nariz recta... Son casi idénticas. Es fácil pensar que pueden ser familiares

— Pero ella no lo piensa así— suspiró y bebió un poco de su café

— No creo que sea tan así— aclaró él y Esme lo miró atenta— La tomaron por sorpresa y no supo cómo actuar... La vida de Bree, desde que sus padres murieron, no fue fácil y sufrió mucho sin ellos. Los amaba demasiado y no fue nada sencillo quedar sola... Ahora tampoco es fácil asumir que esas personas a las que tanto amó no son sus padres, por lo que no le puede pedir que las acepte así como así sin más. Deben darle tiempo

— Pero si ni siquiera estamos seguros de que sea ella— comentó Esme— Solo podremos corroborarlo con una prueba de ADN y ella no va a querer

— ¿Y si le dijera que ella autorizó a que le hagan las pruebas a Edward?—comentó sacando un papel doblado muy pequeño desde su billetera— De algo debe servir ¿O no? Después de todo igual serían familiares— sonrió el chico y ella imitó su gesto. No cabía en su emoción.

— No sé qué decirte— dijo cogiendo el papel en sus manos, mirándolo con adoración

— Creo que un gracias sería suficiente— Esme se lanzó a los brazos del chico y lo abrazó dejándolo casi sin respiración.

Estuvieron esperando un rato más hasta que Carlisle salió por la puerta y tanto Esme como Diego se pusieron en pie de inmediato.

— ¿Cómo está Edward? — preguntaron ambos a la vez, preocupados.

— Ahora está estable. Lo que tiene es gripe como el resto de los niños. La convulsión que tuvo fue producto de la fiebre, pero ya la controlamos y le estamos administrando suero con algunos medicamentos. En cuanto este termine de pasarse le daremos el alta — dijo Carlisle con una sonrisa para tranquilizar a ambos.

— Cariño, quiero que le hagas la prueba de ADN— dijo Esme, seria.

—Amor, sabes que me gustaría pero sin la autorización de la madre no puedo hacérsela. Me juego mi trabajo — respondió con pesar el rubio. Se lo había dicho en un sinfín de ocasiones pero su mujer no entendía

— Tengo la autorización— aseguró Esme enseñándole el papel a su marido. Este lo miró y no pudo evitar dibujar una sonrisa en su rostro.

— Ahora mismo la pediré. Edward se encuentra en observación, ahora vendrá una enfermera y podrán ir a verlo— les dijo entrando por las puertas de metal que hace apenas unos segundos había atravesado.

Esme y Diego esperaron a que la enfermera apareciera unos minutos después y así fue. Entraron junto con ella y los guio hasta el box de consulta donde estaba el pequeño.

Edward estaba recostado sobre la camilla con una vía conectada a su manito y con una especie de almohadilla debajo de esta para mantener la mano quieta y que no se fuera a salir la aguja. Estaba vestido con una bata celeste con puntos blancos. Sus mejillas aún estaban sonrojadas y su cabello estaba más revuelto que de costumbre.

A los dos se les encogió el corazón al verlo en ese estado. Esme odiaba ver a los niños enfermos y Diego odiaba ver a "Edward" enfermo.

— Hey...— dijo Diego tratando de captar la atención del pequeño. Este levantó la vista e inmediatamente hizo un puchero

Tito— lloriqueó, intentando incorporarse

Los dos fueron más rápidos y se acercaron al pequeño para que no hiciera fuerzas ni se fuera a arrancar la vía.

Esme quería abrazarlo y consolarlo, pero no estaba segura de cómo podía llegar a reaccionar. Edward tenía mucha mejor relación con Diego que con ellos, por lo que era mucho más seguro que lo quisiera a él en vez de a ella.

Diego se sentó en la camilla y Edward de inmediato se apoyó en su pecho, aun lloriqueando.

Como todos los niños de su edad hacían cuando estaban enfermos o no se sentían muy bien, él estaba un poco reticente a las muestras de cariño y sólo dejaba que su "tío" estuviera a su lado para poder recostarse en él. Ni siquiera quería que le tocara el cabello y reclamaba cada vez que lo hacían.

Poco después regresó una enfermera acompañada por Carlisle para poder realizarle la muestra al pequeño.

Al principio este se quejó y no quería que le hicieran nada, pero entre todos lograron cumplir con su cometido a pesar de los llantos y reclamos.

Al acabar se dedicaron a consolarlo y calmarlo hasta que se quedó completamente dormido apoyado en el pecho de Diego. Ahora solo quedaba esperar a que el suero terminara de pasar para que le dieran el alta.

— Ya con eso podremos salir de la duda— exclamó Diego, haciendo que Esme quitara la vista del pequeño

— Si, por fin podremos saber si es verdad lo que pensamos o no— le sonrió dulcemente— Por fin sabré si recuperamos a mi hermana y si tengo a un sobrinito que cuidar.

— Me alegro por eso, pero yo solo quiero pedirle algo...— dijo el chico, acariciándole el cabello al pequeño y mirándolo con adoración— Por favor, no me separen de él

— Eso nunca, Diego. Eres para Edward como un padre y yo no podría causarle otra pena más.

El chico solo asintió y le sonrió con alegro. Ella no mentía, Edward era un hijo para él y si llegaban a separarlos él no podría llegar a soportarlo.

Ambos se quedaron mirando al pequeño, quien ya dormía plácidamente y sin que nada alterara su estado de completa calma.

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Hola a todos ¿Cómo se encuentran? Espero que muy bien.

Espero hayan pasado una feliz navidad junto a sus seres queridos y que el viejito pascuero, papá Noe o como sea que lo llamen se haya portado bien y les haya traído lo que querían.

Aquí está el capítulo como cada semana y espero que haya sido de su agrado ¿Qué les pareció lo de Eddie? ¿Qué les parece Diego? ¿Qué les parece lo de la prueba de ADN? ¿Serán familia? Espero sus respuestas

Bueno, saludos y gracias que tengo que dar van a mi amiga Jennifer (Jnnfrmrz) quien siempre me ayuda cuando tengo bloqueos mentales y siempre me apoya en cada locura. También a:

candy1928: Hola. Si, a mí también me gusta que nuestro Eddie sea talentoso, pero eso no quita que pueda tener accidentes ¿O sí? Y si los pequeños Cullen y Denali te caen mal no quiero ni imaginarme lo que pasará después, solo eso puedo decir. Nos leemos la próxima semana.

Aru1313: Hola. Si, Diego va a tener su importancia en esta historia, pero no puedo adelantar más. Nos leemos la próxima semana.

Yolo: Hola. Gracias por tus saludos y, como ya dije, ojala lo hayas pasado bien. Como ves, volvimos al drama. Por ahora no te puedo adelantar las preguntas que me hiciste ¿Pero qué crees tú? Nos leemos.

MiVidaEsAvril: Bienvenida a la historia y espero seguir viéndote por ella.

Esperando verlas en el próximo capítulo y deseándoles un feliz años nuevo, me despido. Espero que esta fiesta esté llena de alegría y buenas vibras para que el 2015 sea mejor que este año.

Nos leemos.

Babi