Notas al final.


Travesura


Capítulo 3: Primer y segundo paso.


Eran las doce de la noche y la fiesta estaba en su punto más ruidoso. Los ahora desgarbados invitados bailaban en sintonía del gran ambiente victimas del alcohol. Las mesas se habían hecho a un lado para despejar aún más la pista porque de repente a todo el mundo le había dado la fiebre del baile. Incluso sus padres también estaban en medio de ese aquelarre, mientras su hermano mayor platicaba muy cómodo en una esquina con una chica rubia, bastante parecida a su mayor rival.

Tamborileó los dedos encontrándose ahí, en una de las mesas vacías que habían sido arrinconadas, comiendo un poco de espuma de zanahoria y mirándola danzar como si este fuera el día más feliz de su vida. Torció la boca disgustado, pero en el fondo, su corazón no podía evitar hacerlo sonreír por ocasiones al verla tan alegre. Su mejilla estaba roja de apoyarla tanto contra la palma de su mano, aburrido al verla desaparecer de su vista y entonces aguantar las miradas insinuadoras de otras personas ahí. Estaba tan irritado, que haber invitado a Naruto ahora parecía una buena idea.

Después ella regresaba y se rodeada de un montón de mujeres, todas con ropas tanto elegantes como atrevidas. Aun con sus piernas expuestas con zapatillas de tacón alto y bien marcadas, con escotes provocativos y rostros coquetos, no pudo dejar de mirarla a ella, tal vez, la mujer más prohibida del circulo de cuerpos voluptuosos que le echaban de repente una mirada.

Una de ella se acercó hasta él contorneando las caderas, dando taconazos que se escuchaban incluso sobre el ruidoso ambiente.

— Hola, ¿Qué haces aquí tan sólo? — preguntó melosa, inclinándose para que él pudiera echarle un vistazo a su escote, soplando su aliento cerca de su cara para que pudiera percibir lo embriagada que estaba. «Esta chica quiere pene» hubiera dicho Suigetsu, y todos hubieran reído como simios — ¿Por qué no vamos a bailar?

— No me gusta bailar — contestó seco, su voz madura y magnética provocaba en las mujeres una invitación a algo que conscientemente él no quería, incitándolas a no rendirse.

— Vamos — animó acariciando uno de sus brazos y se removió incómodo, tampoco es que fuera de piedra.

— De verdad no tengo ganas.

Antes de que la mujer contestara algo más, llegó un hombre y la llamó por su nombre alegremente, apartándola de él y empezando a moverse como dos culebras pisadas ante la nueva canción de género vulgar. Cuando apartó su vista de ellos y la enfocó otra vez en Sakura, la atrapó apartando la mirada.

La música cambió de repente a una no romántica, pero que se tenía que bailar en pareja. Rápidamente el idiota pelirrojo la tomó de la cintura y se puso a dar vueltas con ella igual que un retrasado mental, mientras otra vez, sentía las miradas de algunas mujeres encima de él.

¿Excompañeras universitarias de Sakura? Probablemente. No se sintió incómodo ni irritado como sería su costumbre, ya que, si su apariencia actual podría engañar a mujeres de la edad de Sakura a creer que por lo menos rebasaba los dieciocho, su plan podría tener resultados satisfactorios los siguientes días.

Aguardó en calma durante las siguientes dos horas, cuando el ambiente poco a poco se relajaba a medida que caían los jóvenes borrachos y los más viejos se marchaban. El cariño de Mikoto hacia Sakura le hizo quedarse hasta esa hora, pero lo más seguro es que pronto Fugaku los hiciera irse también. Hace horas que los esposos debían marchar a su hotel, para disfrutar de su primera noche como marido y mujer. Apretó sus manos furiosas de sólo pensarlo y cuando vio al novio alzar su copa en un último brindis antes de despedirse, sonrió.

Los novios tomaron de sus copas y se despidieron de los invitados, deseándoles que pudieran disfrutar del resto de la noche, como seguramente ellos planeaban hacerlo.

Fugaku aprovechó eso para finalmente ofrecerle a Mikoto marcharse del lugar y recibir una respuesta positiva. Mientras viajaban en el auto, la sonrisa triunfante de Sasuke se reflejaba en la ventana, atestiguada por la luna menguante que siempre fue un fiel seguidor de sus deseos más secretos. Itachi también lo vio, y en el fondo de su corazón, estuvo feliz de que por fin su hermanito hubiera superado el enamoramiento que sin duda esta noche lo hubiera lastimado, o al menos, así fue como tradujo esa sonrisa.

— Pero no será suficiente — susurró el más joven Uchiha para sí mismo.

Le había echado un somnífero para animales a la copa del pelirrojo sin que nadie lo viera. Afortunadamente las copas las servían en una mesa especial para que la gente sólo se acercara sin la necesidad de servirse ellos mismos, y tuvo que calcular más o menos la que él tomaría para hacer el brindis. Les echó somníferos a otras cinco copas porque tampoco era un dios que hacía cálculos precisos, pero que más le daba. Sakura no se había acabado la primera copa que usó, y que mantuvo en la mesa donde los novios se sentaban a comer, que bueno que decidió usar la misma porque lo hubiera lamentado por ella.

Y así, su primera noche de bodas, estaría arruinada porque el pelirrojo no pudo aguantar quedarse dormido como un caballo. Y por lo mucho que conocía a Sakura y sabía lo loca que la volvían los detalles, estaría enojada con él sí o sí.

¿Inmaduro? Si ¿Exagerado? Tal vez ¿Podría afectar la salud de algunos? Posiblemente ¿Lo haría de nuevo? Por supuesto. Tampoco era tan inocente como para creer que en el tiempo que fueron novios no hubieran consumado aquello. Pero si por una vez, en su conciencia, podría estar el hecho de que evitó su primera vez como la esposa de alguien, pues estaba satisfecho, sólo esperaba poder apurarse a completar las otras once fases de su plan.

-o-

— ¡Ya me voy!

Los sábados tenía entrenamiento con su equipo, pero ya había previsto sacar un permiso por compromiso familiar, y marcharse a otro lugar.

Si bien sus fuentes no mentían, el colorado trabajaría todos los días hasta el jueves, para poder marcharse libre a su luna de miel. Como el buen perdedor que era, estaría esclavizado dejándole la oportunidad de trazar la siguiente parte de su plan: la primera confrontación directa en años.

Estaba transpirando de más y decidió tranquilizarse. Un calambre le recorría las piernas y sentía un hormigueo en su espalda, similar al suave toque de unos dedos sobre su piel. Se sentía muy ansioso por verla, decirle cosas y escucharla. Pasara lo que pasara aquella mañana, marcaría un antes y un después en su historia de amor.

Sujetó sus agujetas y cuando su mamá le tendió el desayuno en la icónica tela con el símbolo familiar, marchó a su destino. La casa de Sakura estaba muy lejos para irse sólo en patineta, así que cuando estuvo fuera del alcance de los ojos de Mikoto, se acercó a la primera parada y tomó el autobús.

Nunca antes había visitado su casa, pero al pedirle indicaciones a su fuente confiable; Gaara, el primo del idiota, supo más o menos donde tenía que bajarse y hacia dónde caminar. Cuando finalmente llegó al lugar, sonrió victorioso al ver que la camioneta apenas se estaba alejando, y Sakura entraba a la casa despreocupada. La pelirrosa no iría al trabajo en dos semanas así que no necesitaba apurarse para actuar, tendría todo el tiempo del mundo.

Caminó hasta tocar el timbre del lugar y cuando la puerta fue abierta, la bella mujer puso una cara irresistiblemente de sorpresa.

— Sasuke-kun — exclamó, sin saber cómo reaccionar. En su tono de voz reconocía la alegría al verlo, también la confusión por encontrarlo sin Mikoto o Itachi y la duda de saber por qué después de tres años y medio de incomodidad y rechazo, él estaba ahí.

— Vine a felicitarte — dijo él, como si le leyera la mente.

Como si la conociera tan bien como para saber hasta en lo que pensaba.

Como si la hubiera observado mucho durante tantos años.

— Oh gracias, pasa — contestó ella, abriéndole las puertas de su casa, cometiendo la primera equivocación — No era necesario que vinieras tan temprano, además, ya me habías felicitado ayer.

La pelirrosa le ofreció asiento y caminó hasta la cocina para servirle un poco de jugo de naranja, porque ella sabía muy bien que a él le encantaba.

— Si, pero, no te dije todo lo que sentía por ti — dijo, y al ver que ella iba a comentar algo añadió — Me refiero a verte casada y feliz, ya sabes, hasta mi mamá te dio un discurso.

Sakura sonrió aliviada, en sus ojos podía ver como se quitaba un gran peso de encima. Eso le dolió.

— Entonces dime — propuso. Dejó de lado lo que tenía que hacer en la cocina y se sentó justo al lado de él.

Y si estaba aliviada, porque durante mucho tiempo se sintió culpable de herir su joven corazón. Pensó que talvez marchándose lejos de él y dejándolo crecer, se daría cuenta que todo era realmente una tontería, y quien sabe, hasta cabía la posibilidad que terminaran dándole asco sus pensamientos en un sentido cómico por supuesto. Pero cada vez que iba de visita a casa de los Uchihas y notaba la seriedad y falta de cariño con la que la recibía a la distancia, llegó a la conclusión que había generado justo lo más extremo, y eso era el odio y el rencor.

Sin embargo, el joven que estaba sentado frente a ella, lucía más maduro, y su mirada reflejaba cosas diferentes. Catorce años seguía siendo muy poca edad, pero estaba orgullosa de que pudiera ser, aunque sea un poco, más adulto.

Estiró su mano hasta su cabeza y acarició sus cabellos negros como cuando era más pequeño y acomodó uno de esos largos mechones detrás de su oreja. Él la miró, sin atreverse a hacer o decir nada, entonces decidió detenerse, para que su más querido niño de sus años como niñera, al fin pudiera liberar su corazón.

— Primero quiero decir que me gusta verte sonreír, cuando lo haces, enseñas todos los dientes y parece la cara de una chica que está dispuesta a vivir miles de aventuras — comenzó el joven — ayer sonreíste mucho. Me gusta el color de tu cabello, aunque es rosa y demasiado cursi, te hace única y destacas en seguida a pesar de que pocas veces te lo arreglas, excepto ayer claro.

Sakura acarició su larga melena risueña. Cuando era más joven y lo llevaba corto, recordaba aquellos picos rebeldes que Sasuke muchas veces dijo que hacían juego con los suyos, y eso no era precisamente un alago.

— Me gusta tu frente, ayer casi no se veía enorme — bromeó — Me gustan tus pasos de baile improvisados, como si vivieras atrapada en los ochentas. Me gusta tu comida, recuerdo que hacías unas bolas de color café que Itachi y yo llamábamos bolitas de popó, pero tú decías muy enojada que te enfocabas más en los nutrientes que en el sabor. El otro día que le mandaste una cazuela a mi mamá, la probé y sabía muy bien. Ahora no sé si mejoraste o nos dabas esa comida del mal a propósito.

Sakura soltó otra risa recordando el pasado, en ese entonces, Sasuke apenas tenía ocho añitos.

— Ayer te luciste como un ángel, y me sentí muy feliz al verte a ti feliz. También me sentí muy triste por haber dejado de hablar contigo por… ya sabes por qué — contestó bajando tímidamente la cabeza — Lo que quiero decir es que… lo siento Sakura, lamento haberlo arruinado.

Sakura sintió su corazón apretarse y sin esperar la aprobación de su niño lo abrazó. Sabía muy bien que le disgustaban los abrazos de oso como se lo estaba dando ahora, pero sus brazos delgados rodearon su cuerpo correspondiéndole.

— Yo también lo siento, no debí haberme alejado de ti — respondió Sakura — ¿quieres unas galletitas?

Cuando el pequeño Sasuke se disculpaba por haber hecho algo malo en el pasado, Sakura siempre le ofrecía galletitas para que viera que en realidad ella no le guardaba rencor. Lo había convertido en un chiste personal, y Sasuke le siguió la corriente.

Sakura le preguntó si acaso no tenía práctica y él le respondió que la habían suspendido, contento de que ella tuviera noción de sus actividades. La casa estaba un poco tirada, y él la ayudó a levantarla. Se sentaron frente al televisor a ver programas de chistes y luego juntos se pusieron a hacer la comida, comprar refrescos y un poco de botana. Convivieron en una tarde genial, con Sakura contando bastantes anécdotas universitarias y Sasuke mencionándole que aquel niño rubio y molesto finalmente se había hecho su mejor amigo. Sakura dijo que ya lo sabía, porque su madre le había comentado esa y un sinfín de cosas más. Su corazón bombeó alegremente, ella nunca dejó de prestarle atención.

— ¿También te dijo que tengo un club de admiradoras? — preguntó Sasuke como si fuera una nimiedad — Me volví alguien muy popular.

— Tú siempre fuiste muy popular Sasuke-kun — le respondió — Recuerdo que cuando te iba a buscar a la primaria, había muchas niñitas mirándote enamoradas.

— Pero ahora son más — siguió picando — No sólo son las de mi grupo, las de los otros también, incluso de grados superiores, todas dicen que soy muy guapo.

— Y presumido — añadió divertida.

Él agarró un poco de popcorns y se las aventó a la cara. Ella carcajeó.

— ¿Tú crees que soy guapo Sakura? — preguntó como si nada.

La pelirrosa se sujetó del mentón pensativa, haciendo un ruido con la boca, tardándose más tiempo del necesario en contestar. Con eso, se ganó otra bola de popcorns en el cabello.

— Claro Sasuke-kun — contestó entonces. Eran las seis de la tarde y el cielo ya estaba completamente oscuro, una lámpara en la sala los iluminaba y creyó que el brillo en sus ojos fue un reflejo de la misma lámpara al acercarse un poco más a ella — Tú siempre has sido muy guapo.

— ¿Yo podría gustarle a cualquier mujer? — soltó curioso, acercándose a ella como si le fuera a contar una gran revelación, mirándola atento, esperando su respuesta.

Sakura, quien era una persona sumamente suspicaz, tanteó el terreno a donde Sasuke quería llegar, y sus mejillas no tardaron en sonrojarse. No porque quisiera que él se le volviera a insinuar enamorado, sino porque las cosas parecían haberse mejorado y detestaría que se volvieran a complicar en el primer día de tregua.

Acarició su anillo de bodas y pensó bien sus palabras, no quería darle falsas esperanzas.

— Creo que podrías gustarle a cualquier chica — susurró.

Sasuke se alejó con una extraña carcajada y le dijo que parecía haber visto un fantasma, pues tenía cara de asustada. Le dijo que no se comiera sus popcorns en lo que iba al baño, o si no se enfadaría con ella. Sakura rio nerviosa y más sonrojada que nunca asintió, ¿en qué rayos estaba pensando?

El muchacho salió del baño con el agua escurriéndole los cabellos y le pidió una toalla prestada. Verlo secarse el cabello igual que un modelo juvenil fue raro, y él le miró coqueto ante su mirada fija, pero ella supo perfectamente que sólo estaba bromeando.

— Te hice esa pregunta antes porque en realidad hay una chica que me interesa — declaró melancólico, Sakura se sentó en el borde de un sillón — Es un grado más grande que yo, pero no tengo ni idea si yo podría gustarle. Tiene novio, y él y yo lucimos muy diferentes. Su cabello es naranja, sus ojos de un extraño morado y está lleno de piercings. ¿Cómo me vería con piercings?

Sakura tardó en responder mientras pensaba en lo que él le decía. Bueno, se había equivocado, Sasuke no planeaba insinuársele, sino confesarle que ya le gustaba alguien más. Eso era bueno.

— Lucirías como uno de esos miembros de las "visual kei boy bands".

Al ver al chico arrugar su nariz, rio.

A las nueve de la noche Sasuke dijo que se tenía que ir, pero que la visitaría pronto. Sakura propuso lo mismo y con un beso en la mejilla lo vio alejarse. Seguramente le esperaría una buena regañada de su madre por estar fuera de casa tanto tiempo.

El pequeño Sasuke que conoció cuando tenía cinco años, que le dijo que la odiaba a los seis, que se comía amablemente su horrible comida a los ocho y que después de un beso le confesó su amor a los diez; ese pequeño Sasuke ya había crecido, y a sus catorce años ya no quedaba nada de su lindo y travieso niño favorito.

Si ella hubiera tenido su edad, conociéndolo tal y como lo conocía, sin lugar a dudas le hubiera correspondido. Incluso si no tuviera a Sasori a su lado, podría haber esperado a que él alcanzara la madurez para conocerse como dos adultos, y talvez, decidir si podían estar juntos. Sin embargo, Sasuke llegó a su casa a comprobar que lo que en su momento había pensado sobre sus sentimientos era cierto; estaba confundiendo las cosas, su amor de niño nunca había sido real, sólo fue una ilusión que se acabó cuando su presencia dejó de taparle los ojos y pudo ver al resto del mundo. Ahora le gustaba una chica de aproximadamente su propia edad y ella se quedaría como un chiste entre sus amigos: «oye Sasuke, ¿quién fue tu primer amor?» y él diría: «mi niñera» y todos sus amigos reirían a carcajadas.

Ese era su lugar y estaba satisfecha con ello.


¡Hola! Actualizaciones rápidas porque los capítulos son cortos, bendito sea el Hokage. Ya saben por dónde va el plan de doce pasos de Sasuke ¿verdad? Sip, por empujar y luego retroceder, un clásico, pero ahora tiene una ventaja más grande que no tuvo cuando era más pequeño y eso es: su enorme y juvenil carisma (y que está guapo claro). Sasori y Sakura no son de la misma edad y bueno, ya, no los voy a spoilear. Pero los encontronazos pasivo-agresivos de Sasuke y Sasori me darán vida.

Gracias por leer y dejar sus comentarios, me animan a escribir más rápido. Los quiero mucho y nos leemos para la próxima.

~SM