- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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Cuando los primeros rayos del sol comenzaron a salir el movimiento en la casa comenzaba a aumentar poco a poco. Ana y Matilde eran las primeras en levantarse para preparar el desayuno de los señores de la casa, quienes despertaban poco después que ellas. Los siguientes eran los hijos de la pareja, que se les unían en el desayuno y por último se despertaba el joven de cabello cobrizo.

— Buen día, familia — saludó el joven de imponente estampa y sonrisa de comercial enmarcada por esos hoyuelos en sus mejillas. Se sentó en su puesto de siempre luego de besar en las mejillas a su madre y hermana y palmear el hombro de su padre. — Ana, quiero un recipiente con fruta y un vaso de jugo natural

La voz de exigencia del chico hizo que la cocinera comenzara a trabajar en el desayuno del joven patrón. Aunque lo odiara de sobremanera por su altanería, solo tenía que acatar. Hace mucho que había olvidado los por favor de parte de él y su hermana.

— ¿Y el por favor donde queda, Emmett?—inquirió Esme en un intento de regañarlo, pero su hijo fingió no escucharla

— Tu madre habló, Emmett— insistió Carlisle con seriedad

— Por favor, cocinera

Alice intentó ocultar una risa de burla al escuchar como su hermano era reñido por esa palabra que había omitido y luego por la respuesta que este les había dado a sus padres tras sus peticiones. Aun no comprendía en su mente por qué pedir por favor si ellas estaban para seguir sus órdenes ¿Para eso les pagaban, o no?

Unos pasos rápidos se escucharon resonando por la escalera de madera fina de la casa Cullen que unía a los dos pisos y pronto vieron una figura esbelta, pero no por eso sin musculatura trabajada, pasar por fuera del comedor.

Esme se levantó de su asiento para ir a detener a su sobrino antes de que se fuera. Necesitaba hablar con él y aclarar algunas cosas y si no lo hacía ahora quizás después sería muy tarde. Carlisle solo la miró salir del lugar y suspiró. Los chicos sonrieron con malicia pensando que, tal vez, regañarían a su primo por lo ocurrido la noche anterior.

Edward estaba de pie frente a la puerta de salida, colocándose una bufanda alrededor de su cuello y con su bolso en el suelo.

Al menos esta vestido para ir a la escuela pensó la castaña acercándose a él con cautela. Edward solo la miró de reojo, pero no hizo nada más y siguió con lo que estaba haciendo.

— Edward, tenemos que hablar— empezó Esme

— Ahora no, tengo que ir a clases— tomó la mochila del suelo y se la colgó en el hombro

— Primero vamos a hablar— insistió

— Ayer me dijeron que los estudios eran importantes si quería ir a la universidad y ser alguien en la vida, así que ahora no— replicó el chico y salió de casa para subirse a su automóvil y arrancar el motor. Salió casi derrapando en el suelo de lo rápido que iba.

Esme suspiró y se dio la vuelta para volver a la cocina donde estaban sus hijos y su marido aun sentados desayunando. Carlisle solo la miró sin decir nada y ella negó, indicándole con ese gesto que no habían hablado.

Los dos hermanos, en cuanto acabaron de comer, se levantaron para ir a cepillarse los dientes e irse al instituto. Ese día querían llegar temprano para ver lo que sabían ocurriría en el instituto.

En el automóvil del joven de cabellos cobrizos, la música que iba a un volumen bastante elevado lo mantenía alejado de los pensamientos que lo atormentaban y del resto del mundo que lo rodeaba. La música le ayudaba a relajarse, a sentirse un poco más libre en ese mundo de mentiras y cinismo. Deseaba en algún momento poder irse de la casa de sus tíos, vivir con su madre y simplemente vivir su vida alejada de todas esas cosas que tanto odiaba y que lo incomodaban tanto.

Cuando llegó a ese lujoso colegio— o mejor dicho palacio— aparcó el auto donde siempre lo hacía y se quedó en el interior de este para esperar a que el resto de la gente llegara. La gran mayoría de ellos no lo hacía aun y no quería estar solo dando vueltas por los pasillos de ese gran lugar.

Poco a poco fueron llegando los automóviles con los estudiantes. Algunos llegaban en sus propios autos, otros llegaban con sus choferes y algunos con sus padres. A lo lejos logró divisar el Jeep de Emmett, el Audi de Jacob y el BMW de Isabella, aunque lo que él siempre había deseado era ver ese Mercedes Benz rojo que tanto amaba entrando por esos grandes portones, pero sabía que eso no ocurriría nunca.

Sus primos y la amiga de estos se bajaron de sus automóviles y se encaminaron hacia el interior del recinto. El suspiró e hizo lo mismo que ellos cogiendo su mochila.

Se aseguró que su Volvo quedara bien cerrado con el seguro puesto y se encaminó hasta su casillero. Tenía que coger unos cuantos libros para irse a la primera clase que tenía esa mañana y que era una de las que más le gustaba, biología. Era de las pocas materias que se le daban bien.

Caminó a paso lento hasta el casillero bajo la atenta mirada de todos los estudiantes, o al menos de los que eran conscientes de su existencia. La gran mayoría de ellos les seguían la corriente a sus primos por el miedo a que la agarraran contra ellos, así que preferían seguir las bromas de sus primos y hacerle la vida imposible.

Al llegar a su destino tomó el candado e ingresó la combinación que llevaba años usando. Era la fecha de cumpleaños de Rosalie y sabía que así nunca lo olvidaría. Sintió el clic de la seguridad abriéndose, pero nunca esperó encontrarse con lo que ocurrió en cuanto abrió la puerta de este.

Un ruido ensordecedor se escuchó en el lugar y sintió que algo se estampaba contra su rostro y cuerpo, dejándolo completamente mojado.

Soltó la mochila que llevaba colgada en su hombro haciendo que callera en el suelo y, ya con las manos vacías, se las llevó a su rostro para pasarlas por este y así quitar la pintura que le había caído.

Tras él podía escuchar las risas de sus primos e Isabella, pero más bien eran las risas de todos los que se encontraban en esos momentos en el pasillo del colegio recogiendo sus cosas o dirigiéndose a sus respectivos salones ¡Odiaba esas risas!

Suspiró en unas cuantas ocasiones tratando de no gritar ni lanzarse sobre las personar que tenía claro había planeado todo esto. La frustración y la rabia estaban a flor de piel en él y sabía que si actuaba cegado por ellos nada bueno podía salir de todo esto.

Cuando se calmó un poco cerró el casillero y tomó su mochila con furia para poder irse a los camerinos y cambiarse por la ropa que andaba trayendo en su bolso.

Pasó por el frente de sus primos y la amiga de estos, quienes reían de buena gana por lo bien que les había salido su broma. Casi siempre fallaban, pero esta vez ni siquiera Edward se había esperado tanto de ellos, no pensaba que su capacidad mental diera para tanto.

— Genial idea, muy originales. Regístrenla como suya, no vayan a robarla— dijo con una sonrisa falsa al pasar por frente a ellos y siguiendo con su camino hacia los camerinos del gimnasio. Eso solo hizo que los jóvenes dejaran de reír al instante.

Algunos maestros que habían escuchado el alboroto salieron a los pasillos para saber qué era lo que ocurría y vieron a Edward manchado por completo con pintura verde.

— ¿Qué le ocurrió, joven Masen? — preguntó uno de los maestros

— Nada, profesor— le contestó cortante y siguió con su camino

Un chico de la misma edad del joven, ojos rasgados y de color castaño, tez ligeramente bronceada y cabello castaño oscuro miraba todo en silencio desde una de las escaleras. Suspiraba al ver al joven en esa situación y no dudo en seguirlo al instante, así que cogió sus cosas y lo siguió de cerca.

Una vez en los camerinos se quitó la ropa manchada y comenzó a limpiarse con la misma camiseta que se había quitado. También se lavó el pelo lo más que pudo para quitar el exceso que había quedado en este.

— Esta vez sí se pasaron— comentó alguien a las espaldas de Edward. Este levantó la vista y vio al chico que lo había seguido

— ¿Qué haces acá? — le preguntó sin dejar de limpiarse

— Vine a acompañarte— se encogió de hombros y se sentó en una de las bancas que había en el lugar— Lamento no haberte avisado, pero cuando llegué ya habías abierto el casillero y ya estabas manchado

— Tú no tienes que advertirme de nada, Seth. Ahora vete antes de que te metas en problemas— le reclamó el cobrizo.

— Me da igual, no voy a dejar a mi amigo solo en este momento

— Dos cosas. No te puede dar igual porque estos chicos se van a encargar de desgraciarte la vida si es que así lo desean, así que se un poco más consciente de tu seguridad y déjame tranquilo; y lo segundo, no somos amigos— espetó Edward con molestia

— Da igual lo que digas. Sé que lo somos y que solo lo dices para que no me hieran, pero tú me ayudaste cuando llegué a acá, me acogiste y me tendiste una mano, así que no te voy a dejar solo ahora que me necesitas

— ¡Yo no necesito a nadie! — Le gritó— ¡Estoy bien solo!

— Claro, claro. Repítelo hasta que te lo creas— dijo con cansancio el moreno— Mientras eso ocurre ¿Qué tal si te apuras para que nos vayamos al laboratorio de biología? De seguro el maestro ya va a comenzar la clase.

Edward suspiró con cansancio. Sabía que con Seth no iba a conseguir nada ya que llevaba un buen tiempo tratando de alejarlo de su lado y no lo había conseguido. Aunque ahora se arrepentía de intentarlo ya que, aunque no lo quisiera demostrar, le gustaba que él estuviera para apoyarlo y muchas veces lo había salvado de las bromas que le hacían sus primos o los demás estudiantes.

Cuando acabó se colocó la camiseta y el pantalón que andaba trayendo. Era un alivio que ese día anduviera trayendo otra tenida de ropa. Después de su primer accidente en el laboratorio de biología cuando se manchó con un tinte que aprendió que siempre tenía que andar con una muda además de su delantal por si al maestro se le ocurría hacer algún experimento improvisado.

El timbre sonó avisándoles a los estudiantes que debían ir a clases y ambos chicos se echaron a correr por el pasillo para no llegar atrasados al laboratorio.

Llegaron justo cuando el maestro se disponía a cerrar la puerta. Él les sonrió y les afirmó la puerta hasta que entraron, ambos agitados por la carrera matutina.

— Bien estudiantes, el día de hoy comenzaremos con un tema nuevo y muy interesante: el sistema nervioso— comenzó la clase el maestro mientras ellos tomaban asiento y muchos se quejaron.

— Creo que el verde te sienta bastante bien, Masen— susurró uno de los chicos que estaba sentado tras de él. Mike Newton, o como a Edward le gustaba decirle: Newtonto.

— ¿Por qué mejor no te callas, Newton? — espetó Edward con molestia

— ¿Pasa algo allá atrás? — preguntó el maestro y ambos negaron, volviendo a centrarse en la clase.

En esa escuela daba igual si Edward compartía o no clases con sus primos o Isabella, siempre había alguien que se encargaba de molestarlo. Newton, Mallory, Ateara, Lahote… Siempre alguien.

El resto de la mañana pasó sin mayores sobresaltos, claro que Edward no dejó de ser el centro de atención de todo el mundo en la escuela por el resto de la mañana. Todos murmuraban cuando pasaba a su lado, se le quedaban mirando o le decían una que otra estupidez. A pesar de eso Seth no se le separaba y trataba de evitar que les prestara atención a esas personas.

A la hora de la comida Edward no quiso ir a comer al casino. Sabía que en este lugar estarían sus primos y sus secuaces, así que prefirió solo comprar algo rápido para comer e irse a otro lugar más alejado donde pudiera estar solo por un momento.

Tomó la bolsa con su comida y salió en dirección a un árbol que estaba cerca de las graderías de la cancha de futbol americano del recinto estudiantil. En ese lugar no debería haber nadie y podría estar tranquilo, pensar solo en él.

Llevaba ya la mitad de su sándwich cuando su teléfono comenzó a sonar. Lo sacó de su bolsillo y vio que se trataba de Diego y de inmediato la disyuntiva de si contestar o no comenzó a darle vueltas en la cabeza. Quería hablar con su tío, pero sabía que lo iba a reñir por lo que había hecho el día anterior.

Ayer, justo antes de irse a la casa de sus tíos, Diego se le había acercado para hablar con el de algo muy serio, pero sabiendo que de seguro sus tíos ya lo habían llamado, Edward le dijo que no podía y huyó del lugar evitando así que lo regañara. Pero ahora no podía huir nuevamente y sería mejor que le contestara el teléfono antes de la que bola creciera más y más.

— ¿Diga? — contestó calmadamente, fingiendo que no sabía con quien hablaba

Edward, soy Diego— dijo la voz al otro lado y automáticamente cerró los ojos. Se escuchaba molesto— ¿Se puede saber en que estabas pensando ayer cuando huiste de clases? ¿Acaso estás loco? Tu deber, antes que divertirte en la nieve, es ir a clases y estudiar. No tienes nada más que hacer que eso.

Los gritos y reclamos siguieron por un buen rato sin siquiera darle tiempo para poder defenderse o explicarle lo que pasaba a Diego. Este estaba realmente molesto y no quería escuchar las escusas baratas que tenía el chico para darle. Ya se las había dado muchas veces y no quería seguir oyéndolas una y otra vez.

— ¿Me dejas explicarte? — le rogó el chico, interrumpiéndolo de pronto

¡No, no te dejaré! ¡Lo que hiciste ayer está mal y vamos a hablarlo seriamente! — Le informó— Por ahora tengo cosas que hacer, pero ten por seguro que vamos a conversar acerca de esto, jovencito. Te llamo más tarde para ver si voy hoy en la tarde a verte o nos juntamos mañana si es que no estas castigado.

Sin darle tiempo a decir nada al chico, colgó la llamada. Edward solo se quedó escuchando el repique del sonido del teléfono que le anunciaba que la conversación se había acabado.

Se sentía mal por haberle mentido a Diego y que él se hubiese molestado, pero si el supiera lo que vivía en el colegio no lo regañaría y menos lo recriminaría por las decisiones que tomaba. Además, él era de las pocas personas a las que le permitía que le dijera algo o reprendiera cuando cometía un error.

Volvió a centrarse en su emparedado hasta que acabó con el último trozo y luego cogió la botella de jugo para beber un gran sorbo. Le había dado sed con el pan.

— ¡Al fin te encuentro! — gritó con júbilo Seth, apareciendo justo detrás de Edward.

— ¿Qué demonios haces acá y cómo me encontraste? — espetó con cierta molestia

— Es sencillo, amigo. No eres muy difícil de entender, aunque creo que a tus primos si les cuesta un poco— sonrió el chico— Aun no comprendo cómo pueden ser primos si son tan distintos

Créeme que yo tampoco lo comprendo y me pregunto lo mismo que tú pensó en su interior el cobrizo guardando la botella con algún resto de jugo en su interior. La guardaría por si le daba sed y más tarde la llenaría con agua.

Sin decir nada se puso de pie y el chico lo miró con intriga, pero luego sonrió y se levantó como el chico. Después de todo compartían todas las clases y Edward tendría que ir con él a todos lados. A veces Edward se llegaba a preguntar si es que el chico se informaba de cuál sería su horario antes de tomar el suyo.

Seth no dejaba de hacerle preguntas con respecto a un montón de cosas triviales como videojuegos, programas y películas y eso a Edward no sabía si lo molestaba o le simpatizaba. Le gustaba la compañía del chico, pero a veces quería que se mantuviera a un kilómetro de distancia de él.

Al llegar al camerino del gimnasio se prepararon con su tenida deportiva. Esa era la única ropa oficial que tenía el instituto y consistía en un pantalón negro con una franja roja y otra blanca en el costado, una camiseta blanca con dos líneas horizontales roja y negra en el pecho y el escudo de la escuela en el pectoral izquierdo, además de unas zapatillas deportivas blancas y su respectiva chaqueta a juego con los mismos tonos del pantalón.

Edward odiaba ese uniforme con todas sus fuerzas, pero no podía hacer nada más que acatar las normas del instituto si es que no quería meterse en más problemas.

Una vez listo salió hacia el gimnasio donde el maestro ya estaba conversando con algunos de sus compañeros. Por desgracia volvía a compartir clases con Mike Newtonto, Paul Lahote y Quill Ateara, a quienes más odiaba después de sus primos.

El maestro los llamó a todos para salir hacia la pista de atletismo que había detrás del gimnasio. Ese día harían un poco de deporte por lo que primero los mandó a hacer un trote suave por toda la cancha hasta que él les avisara que terminaran.

Luego de eso el profesor los dividió en grupos para qué estiraran y más tarde mandó a cada uno a la prueba en la que eran mejores. Obviamente a él lo mandó a velocidad junto a Seth, Mike, Paul y Quill.

Se quitó la chaqueta y el pantalón de chándal para quedar con la camiseta y un short negro que era mucho más cómodo para correr. Los dejó sobre una de las graderías y fue al centro para seguir calentando.

Se prepararon en la salida en cuanto el maestro les pidió que se colocaran en sus lugares. Mike y sus amigos no dejaban de molestarlo y decirle que iba a perder, pero el simplemente no les prestaba atención.

Una vez estuvieron listos el profesor les dio la partida y ellos comenzaron a correr a la mayor velocidad que podían.

Mike, Paul y Quill daban su mayor esfuerzo y parecía que no podían más, en cambio Edward y Seth lo hacían ver como una carrera sencilla. Deseaban llegar a la meta antes que el primero, pero lamentablemente para ellos no fue así ya que Edward quedo primero con una gran sonrisa en su rostro. Seth se acercó a felicitarle y el joven asintió con una leve sonrisa de satisfacción.

— Quiero una revancha, señor Ackles— gritó Mike completamente molesto porque hubiera ganado Edward y no él.

El profesor no se opuso a la idea que ofreció el chico ansioso por volver a ver correr a los chicos más rápidos de la escuela, eso lo emocionaba. Les indicó que se colocaran de nuevo todos en la salida y esperaran a que él les diera la partida una vez más.

Antes de cumplir con la orden del profesor bebieron un poco de agua y respiraron profundamente para recuperar un poco de energía. La necesitaban después de haberlo dado todo en la anterior. Claro estaba que Edward no había quedado tan agotado y es que, practicando tantos deportes como él lo hacía era obvio que gozaba de una capacidad física superior a la de sus compañeros, pero ellos no sabían de esto.

Una vez más el maestro les dio la partida y una nueva carrera comenzó.

Todos los demás estudiantes se habían detenido de lo que estaban haciendo para apreciar la carrera. Algunos deseando que ganaran Mike y sus amigos y otros, aunque ocultándolo, querían que ganaran Seth o Edward.

La carrera iba nuevamente encabezada por Edward, pero esta vez Mike iba segundo justo unos centímetros detrás de él. Eso hacía que el rubio se molestara de sobremanera y que la rabia creciera en su interior. No podía perder de nuevo contra Masen.

Comenzó a esforzarse un poco más hasta que estuvo al lado de Edward y, haciendo el intento de sacarlo de su estabilidad, se fue acercando a este poco a poco. Sabía que con un solo roce podría caer al instante… Y así fue.

Mike se acercó lo suficiente a Edward como para agarrarle disimuladamente la mano y empujarla, haciéndole perder por completo el equilibrio y que rodara en la pista de tartán, quedando completamente sucio.

Mike siguió corriendo hasta que llegó a la meta, seguido por sus amigos que no dejaban de reír. El único que se había detenido era Seth, quien se había acercado a su amigo para saber cómo estaba.

El profesor también se acercó a ver que el chico estuviera bien, después de todo, su caída había sido bastante estrepitosa y tenía miedo de que algo le hubiese pasado.

— Masen ¿Estas bien? — le preguntó al chico que estaba tendido en el suelo y que trataba de sentarse con cierta dificultad.

— Sí, estoy bien— mintió. La verdad era que le dolían los brazos y piernas y estaba todo magullado en estas. Además sentía como si le hubiesen golpeado el costado derecho con un bate.

Después de asegurarse que estaba bien, o que al menos él se lo asegurara, se dio la vuelta para ver a los otros chicos que habían participado en la carrera. Él había visto claramente la falta que había cometido Mike y no lo dejaría salirse con la suya.

— ¡Newton! — Lo llamó y el chico se acercó a donde él estaba— ¡¿Se puede saber en que estabas pensando?!

— No sé de qué habla, profesor— fingió el chico, pero lo sabía a la perfección

— Sabes perfectamente, Newton. Vi la falta que cometiste contra Masen y todos están en conocimiento que esas cosas son las que más odio, detesto el juego sucio. Te prohíbo que te acerques a mi gimnasio o a mis canchas, solo te dedicarás a limpiar los trofeos y balones, pero nada de participar en los partidos ni carreras por dos semanas ¿Entendido?

— Pero maestro...

— ¡¿Esta claro?! — le gritó

— Como el agua, señor

Newton se alejó molesto por el castigo que el señor Ackles le había puesto por culpa de Masen. Se suponía que esto no iba a ocurrir.

A su vez el maestro ayudó a Edward a levantarse del suelo y lo mandó a la enfermería para que le curaran las heridas que tenían en sus extremidades y le revisaran los golpes. Mandó a Seth con él para que no le fuera a ocurrir nada en el camino. El joven aseguró que no era necesario pero el hombre insistió y ya estaba comenzando a llevarlo el mismo, pero el sonido del timbre que anunciaba el término de la jornada lo salvó.

Edward le aseguró al maestro que estaría bien y que al llegar a casa le pediría a su tío que lo revisara, claro que eso no iba a ocurrir en realidad. Había tenido caídas peores en la tabla de snowboard o cuando iba a navegar en su kayak por algunos rápidos. El hombre mayor asintió no muy convencido, pero lo dejó irse sin insistir más y rogándole que se cuidara.

Seth fue corriendo hasta el vestuario para coger la mochila de los dos donde tenían todas sus cosas y ropa, mientras él cogía su chaqueta y pantalón de chándal para caminar hasta su casillero y recoger allí la camiseta manchada con pintura que había guardado en la mañana.

Al tener ya todo en el interior de su mochila y en la compañía de su amigo, se dirigió a su automóvil a paso lento. Sentía que debajo de la ropa tenía un sinfín de golpes y heridas que no le dejaban caminar con normalidad. Sus piernas le dolían y las sentía un poco acalambradas. Debería haber estirado un poco, aunque me doliera.

Tiró el bolso en el asiento del copiloto y, después de despedirse de Seth y darle las gracias, se subió en el auto para irse a la mansión de sus tíos. Sentía las miradas de todos los alumnos de la escuela sobre él, pero por sobre todo la de sus primos que ya estaban reunidos con Mike y sus secuaces.

El camino lo hizo de nuevo con la música a todo lo que daba el volumen para tratar de alejar los malos momentos que había vivido ese día de su cabeza. Deseaba solo llegar, ducharse y dormir lo más que pudiera, ojala para no despertar nunca más.

Cuando se detuvo en un semáforo en rojo su teléfono comenzó a sonar y en la pantalla vio el nombre de su amada. Era Rosalie. Sonrió ampliamente y presionó el botón para contestar desde su dispositivo bluetooth que siempre tenía puesto en su oreja cuando conducía.

— Hola, princesita— la saludó en cuanto contestó

Hola, mi príncipe azul. Llamaba para saber cómo te fue ayer con tus tíos y cómo estuvo tu día— le dijo ella desde el otro lado de la línea.

— Estaban bastante enojados, pero no estuvo tan mal— otra mentira ¿Cuántas había dicho ya ese día? — Y mi día estuvo bien. Solo un poco accidentado

¿Cómo es eso? ¿Qué te pasó? ¿Estás bien?— preguntó Rosalie, preocupada

— Estoy bien, tranquila. Es sólo que me caí en la clase de deportes y tengo unos cuantos magullones, pero nada de importancia— trató de calmarla

Claro, una caída ¿Te has caído solo o te han tirado? — Rosalie sabía a la perfección todo lo que sufría Edward en ese colegio, incluso Jasper y los señores Hale lo sabían, y no le extrañaba ya que Edward siempre estuviera herido, triste o incluso que quisiera huir de todo; pero también sabía los problemas a los que se metía por no querer contarle a sus tíos todo lo que le ocurría

— Rose, no de nuevo. Voy manejando y no quiero discutir

Si de nuevo, Edward. Esto no puede seguir así o quizás como o donde terminarás ¿Hasta cuándo aguantarás que abusen así de ti? Con el dinero que paga tu familia en esa escuela podrías estar estudiando conmigo y Jasper.

— Y créeme que es lo que más deseo, pero si les digo que me quiero cambiar comenzaran a preguntar por qué y sabrán todo y mi vida en esa casa se volverá un verdadero calvario con mis primos ahí— trató de justificarse. Si su vida ya era una tortura, si llegaba a delatarlos sería peor.

Bueno, cuando termines en un hospital no esperes que yo vaya a cuidarte— sin decir nada más Rosalie colgó la llamada.

Edward suspiró y le dio un golpe al manubrio en un intento de calmarse y descargar energía. Luego continuó con su camino pensando en que más tarde la llamaría, cuando las cosas se hubiesen calmado un poco.

Al llegar a casa Edward bajo del coche después de estacionarlo en el garaje. Subió las pequeñas escaleras que daban directo a la cocina para salir del lugar y adentrarse en la mansión.

En cuanto abrió la puerta vio a Matilde y a Ana. La primera ordenaba unos víveres en el refrigerador mientras que la segunda preparaba un pastel para la cena. Las dos se voltearon a ver quién entraba y quedaron pasmadas cuando notaron el estado en el que venía el chico.

Matilde dejó lo que estaba haciendo y se acercó al chico para preguntarle que le había pasado. Miraba con horror su ropa toda sucia, su rostro lleno de tierra y sudoroso y los brazos llenos de magullones.

Se acercó a él preocupada y le preguntó qué le había sucedido para que llegara de esa manera. Edward suspiró y únicamente le dijo que se había caído haciendo deporte, pero no se lo tragó por completo.

Ella solo movió su cabeza de un lado a otro y suspiró. Luego lo mandó a que subiera a su dormitorio a darse una ducha y cambiarse de ropa mientras ella le terminaba de arreglar las cosas y Ana le preparaba algo para que comiera.

Asintió a las órdenes de la mujer y subió las escaleras con cuidado para que no le siguiera doliendo el cuerpo.

Ya en su cuarto dejó la mochila en el suelo y se acercó a su armario para coger una muda de ropa cómoda y que no le rozara las heridas que tenía. Luego la dejó sobre la cama.

Se metió en el baño y comenzó a sacarse la ropa poco a poco y con cuidado. Su pantalón se había pegado un poco en la rodilla por la sangre que había salido de una de las heridas y le dolió sacarlo. Se terminó de quitar la ropa y se metió en la ducha.

El agua sacaba toda la suciedad que había quedado pegada por el sudor y que había hecho que su pelo se pegara a su rostro. Incluso tuvo que aplicarse champú y jabón dos veces para poder sacar toda la tierra de su cuerpo.

En ese momento se sentía tan desdichado. Si tan solo su madre hubiera tenido una vida normal…

¡Maldición!

Salió del baño y volvió a su habitación para vestirse con la ropa que ya había dejado ordenada.

Una vez vestido se dejó caer en la cama y se ovilló en el centro de esta. Quería tan solo dejarse llevar y alejarse del mundo.

—Edward —no, eso no podría ser. Esme abrió la puerta con cuidado antes de llamarlo otra vez con suavidad.

—Estoy despierto, tía.

—Matilde me dijo que te caíste en deporte y te habías maltratado —dijo sentándose a su lado en la cama y colocando algo sobre esta—. Vamos a desinfectarte esas heridas y luego bajemos a comer.

—Estoy bien, tía. Gracias de todos modos —murmuró sin moverse de donde estaba.

—Cielo, dime qué te pasa. Estoy preocupada por ti.

—No es nada. Solo quiero estar solo —murmuró ovillándose aún más.

—Está bien. Te dejaré solo pero le diré a Carlisle que venga a curarte —dijo Esme dándole un beso en la mejilla antes de levantarse y salir de la habitación.

Edward se quedó un rato más en la cama antes de ir a su escritorio para hacer sus deberes, observó el morral y con un suspiro buscó los cuadernos que necesitaba.

Se encontró con la ropa manchada de pintura que había tenido que quitarse por la mañana. Con otro suspiro llevó la ropa para lavarla. No era un chico materialista pero esa era su camisa favorita y lo ponía triste pensar que pudo haberse dañado.

Estaba dejando la ropa en la lavadora cuando Esme llegó con su cesta.

— ¿Puedo meter algo de ropa con la tuya? Solo unas camisas de Carlisle —preguntó Esme con una sonrisa.

—Yo… no lo sé…. Creo que mejor no —respondió Edward encogiéndose. Justamente tenía su tía que antojarse de lavar ese día.

— ¿Por qué? ¿Destiñe? —preguntó Esme jovial sacando la ropa que la máquina—. Edward, ¿Qué pasó?

La mirada seria de su tía le hizo tragar fuerte y bajar la cabeza. No quería que su tía supiera que sus hijos y sobrino habían tenido que ver en eso. Si los reprendían después buscarían venganza.

—Yo… —comenzó Edward pero se vio interrumpido por Emmett y Alice, quienes se asomaron a la puerta.

—Mamá, Bella y Jacob vienen a cenar, vamos a hacer una noche de películas —sonrió Emmett.

Edward aprovechó ese momento para escabullirse e irse directo a su habitación.

Como decían, salvado por la campana.

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¡Hola a todo el mundo! Aquí les traigo el capítulo de esta semana, aunque un poquito más tarde que de costumbre. Pero como les dije la semana pasada, me encuentro de vacaciones y recién me dio tiempito de poder subirles el capítulo.

Ahora ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Se entiende más el por qué de la actitud de nuestro protagonista? ¿Qué creen de los chicos? ¿Y Seth? ¿Ahora comprenden por qué no puede ser un Edward/Bella?

Como siempre me gustaría agradecer, en primer lugar, a mi gran amiga Jennifer que siempre me ayuda en los momentos difíciles y más ahora que me había quedado un poco pegada en la parte más o menos final de la historia. También a Sandra, que me ayuda cuando me cuesta escribir algo. Y obviamente a cada uno de ustedes que leen mi historia, pero en especial a:

Yolo: Hola. Jajaja, no desesperes que los capis. Estarán si o si semana a semana. Saludos.

Candy1928: Hola. Ahora apareció Bella ¿Te gustó? Creo que no es lo que todos se esperaban. Y para lo de Bree… Tendrás que esperar y verlo. Cuídate y gracias por seguir leyendo.

Aru1313: Jajaja, tengo tu mentecita trabajando a full. Créeme que tostada ya estoy y eso que apenas llevo una semana. Ahora supiste que era lo que le pasaba a nuestro Eddie, y siento lastimarlo. Saludos y cuídate.

Adriu: Feliz San Valentín más que atrasado jajajaj. Ya supimos que era lo que pasaba con nuestro Eddie ¿Qué te pareció? Saludos.

Mellarkcullen: que bueno que te guste la historia. Saludos.

Sin nada más que decir y deseándoles un buen día, se despide.

Babi_Cullen